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Se busca: un santo salvadoreño

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    UN SANTO PARA EL SALVADOR http://www.laprensagrafica.com/dominical/dominical1.asp Escribe: Suchit Chávez/ Fotos: Mauro Arias y Mercedes Arias
    Mensaje 1 de 1 , 27 mar 2005
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      UN SANTO PARA EL SALVADOR
      http://www.laprensagrafica.com/dominical/dominical1.asp

      Escribe: Suchit Chávez/ Fotos: Mauro Arias y Mercedes Arias
      rdominical@...

      Los procesos de santificación son largos e intrincados, algunas
      veces hasta la desesperación. En El Salvador se lucha por colocar a
      cuatro posibles santos "autóctonos" ante el reconocimiento del
      Vaticano y del mundo.

      El 8 de diciembre de 1928 a las 2:30 de la tarde la madre Clara
      María de Jesús Quirós, fundadora de las Hermanas Carmelitas de San
      José, era recién abandonada por una asfixia y un violento ataque
      cardíaco: había dejado de sufrir, finalmente, había muerto a sus 71
      años.

      Varias décadas después, en 1980, un 24 de marzo, un disparo
      inclemente atravesaba el pecho de un reconocido religioso: monseñor
      Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado en plena
      celebración de la misa.

      El 14 de junio de ese año, convulsionada época de guerra, otro
      sacerdote, esta vez italiano, rendía su cuerpo a dos disparos
      traidores. El padre Cosme Spessotto había sido asesinado por la
      espalda.

      Finalmente, siete años después, el que fue arzobispo de San Salvador
      durante más de 38 años, monseñor Luis Chávez y González, murió de
      causas naturales un 27 de marzo de 1987.

      Cuatro historias, cuatro vidas, cuatro formas de morir, dos
      nacionalidades (salvadoreña e italiana) y un solo propósito: la
      canonización.

      Son estos los procesos que se están llevando a cabo, por diferentes
      personas, ante el Vaticano, en busca de un santo para El Salvador.

      BEATO O SANTO

      Para el padre Roberto Bolaños, especialista en derecho canónico e
      investigador para la causa de canonización de la Madre Clara, como
      para Guillermo Gómez, también investigador para la causa de monseñor
      Romero; existen dos hechos fundamentales a tomar en cuenta para
      pretender beatificar o canonizar a alguien: sus virtudes en vida y
      su fama de santidad.

      Sin embargo, aquí surge la primera interrogante: la diferencia
      entre "beato" y "santo".

      El padre Bolaños afirma que no existe diferencia entre estos dos
      estados. Este religioso hace hincapié en que el hecho de tener que
      ser declarado beato antes de santo no le resta importancia al culto.
      Gómez es más categórico en sus especificaciones, "la beatificación
      sirve para un culto a escala regional", explica.

      La canonización, en cambio, permite un culto universal de la persona
      elevada a este rango. Este proceso puede distar, a veces, muchos
      años de la beatificación, ya que se necesita ver la incidencia
      del "beato" en la sociedad, según Gómez.

      La Santa Sede al declarar "santa" a una persona le asigna una fecha
      para recibir culto, dentro del calendario litúrgico.

      No hay más que recordar la famosa frase "el día de mi santo", y
      muchos nombres personales que en algunas ocasiones no dejan de sonar
      extraños o foráneos.

      Sin embargo, el tiempo y el proceso para que esto suceda requieren
      paciencia, pericia y un alto conocimiento del derecho canónico, el
      cual establece rígidas reglas a cumplir para considerar a una
      persona como "beatificable" o "canonizable".

      Lo primero es "haber cumplido las virtudes en un grado heroico",
      según el padre Bolaños, y además poseer fama de santidad posmuerte,
      es decir, ser reconocido por los fieles como "santo".

      CANDIDATOS

      Todos los procesos de beatificación que parten desde El Salvador se
      encuentran en fases distintas.

      El padre Hilario Contrán, de la parroquia San Antonio de Padua,
      señala que la beatificación es obligatoria antes que la
      canonización.

      Los trámites católicos no son fáciles, y generalmente toman varios
      años. Y cómo no: se trata, prácticamente, de tener un acceso directo
      al cielo, mediante la intercesión de un beato o santo propio.
      Existen dos fases en la beatificación: fase diocesana y fase
      románica, que se da en el Vaticano.

      La fase diocesana, nombrada por el padre Bolaños y Guillermo Gómez
      como "la más fácil", trata de una ardua investigación acerca de toda
      la vida, la obra y los documentos de la persona.

      Pero previo a esta investigación debe escribirse a Roma para pedir
      el "nihil obstat". En los archivos secretos del Vaticano pueden
      existir (y existen) datos secretos acerca del
      candidato "beatificable".

      El "nihil obstat", que significa "ningún obstáculo", es otorgado por
      el Vaticano cuando se ha comprobado que el candidato posee un
      expediente limpio: sin hijos ilegítimos, antecedentes de conducta
      incorrecta, una clara inclinación al vicio, o tener cualquier
      actitud o conducta que vaya en contra de la castidad, la obediencia,
      el espíritu de servicio, la humildad, la pobreza, y más.

      El "nihil obstat" es el aval que permite iniciar las investigaciones
      del candidato, las cuales pueden demorar un par de años.

      Luego, esta investigación, que incluye un tribunal con testigos a
      favor y en contra del candidato, para darle veracidad y pluralidad
      al proceso, se envía al Vaticano, a la Congregación para la Causa de
      los Santos, para iniciar la fase más difícil, la románica.

      Aquí se evaluarán detalles, testimonios, documentos, incluso hasta
      la forma de presentación de la investigación.

      Un factor interesante lo constituye el hecho de que el proceso de
      beatificación o canonización se inicia desde el lugar donde falleció
      la persona, no importa su nacionalidad.

      Tres de estas cuatro vidas ya se encuentran en espera en el
      Vaticano, ya que los expedientes se revisan por orden de llegada.

      Solo el procedimiento de monseñor Luis Chávez y González se
      encuentra, aún, en fase diocesana.

      Hace poco se tuvo conocimiento de que el procedimiento de monseñor
      Romero había pasado la prueba más difícil: la evaluación por parte
      de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio).

      Esta instancia evaluó si el discurso de Romero poseía
      características políticas ideológicas definidas. Si esto fuera así,
      el proceso se detiene inmediatamente y no prosperaría.

      Sin embargo, se demostró que la palabra de Romero estuvo relacionada
      con un discurso social, pero partiendo de una interpretación dentro
      del evangelio.

      UN CASO ESPECIAL

      Entre los procesos se encuentran dos martirios (Romero y Spessotto);
      sin embargo, "no es lo mismo", según el padre Contrán.

      "El caso del padre Spessotto no tiene las complejidades de Romero, y
      es porque casi no escribió", afirma Contrán al hacer alusión a un
      legado de testimonio de su labor pastoral.

      De igual pensar es Gómez quien explica que la repercusión social de
      Romero es mucho más grande.

      Edín Martínez, director ejecutivo de la ONG Fundación Romero,
      explica que el antiguo arzobispo de San Salvador ya posee fama
      mundial, y pone de ejemplo el que sea llamado San Romero de América,
      además de poseer un monumento en el frontispicio de la principal
      catedral anglicana en Westminster (Inglaterra).

      "La importancia de Romero ya no solo es para la Iglesia católica",
      afirma Martínez.

      Este investigador señala, además, que las cartas de apoyo para la
      causa de Romero prácticamente "llueven de todas partes" tan remotas
      como Nigeria, Holanda y Bélgica.

      El padre Contrán, incluso, revela que en el Vaticano se ventila la
      posibilidad de una canonización inmediata, sin pasar por la
      beatificación, hecho que el papa Juan Pablo II no pudo efectuar con
      la Madre Teresa de Calcuta.

      Sin embargo, lo que hace especial el caso del padre Spessotto es
      que, al igual que Romero, el momento de su muerte tuvo
      características proféticas.

      Al haber recibido amenazas de muerte, el padre Spessotto
      escribió: "Presiento que, de un momento a otro, personas fanáticas
      me pueden quitar la vida". Agregó que morir mártir era una gracia
      que no merecía.

      Sabido es que, para los proceso por martirio, el Vaticano no es tan
      rígido con la exigencia del milagro demostrado, ya que, según
      Gómez, "el milagro lo constituye el martirio mismo".






      MONSEÑOR ÓSCAR ARNULFO ROMERO





      Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios (San Miguel). Entró
      al seminario menor de San Miguel a los 14 años de edad. En 1937
      ingresó al seminario de San José de la Montaña, y siete meses más
      tarde viajó a Roma para perfeccionar sus estudios teológicos.

      Fue ordenado sacerdote a los 25 años de edad, en 1942. La mayor
      parte de su trabajo eclesiástico lo efectuó en San Miguel.

      El 3 de mayo de 1970 recibe la notificación de haber sido nombrado
      obispo, se ordenó el 21 de junio de 1970 y el 23 de septiembre de
      1977 fue nombrado arzobispo de San Salvador.

      En esta arquidiócesis su trabajo fue activo y con orientación
      social. Se dedicó a denunciar a viva voz, en cada una de sus
      homilías, las injusticias sociales, la pobreza, los asesinatos y el
      polarizado clima político de la época.

      Su martirio (asesinato) fue el 24 de marzo de 1980, durante la
      celebración de la eucaristía en la capilla del Hospital La Divina
      Providencia.

      La investigación para su causa fue iniciada, formalmente, en 1991,
      por parte de su postulador monseñor Rafael Urrutia. La documentación
      se envió al Vaticano desde 1997.

      Guillermo Gómez afirma que dentro de una década pueden
      esperarse "resultados".






      MADRE CLARA MARÍA DE JESÚS QUIRÓS





      El más antiguo de los procesos es el de esta religiosa, conocida
      como Madre "Clarita".

      Nació el 12 de agosto de 1857. Su devoción por convertirse en
      religiosa fue evidente desde su niñez, pero su madre la casó a una
      corta edad, entre los 14 y los 15 años.

      Madre Clara tuvo seis hijos, dos de los cuales murieron pequeños. Su
      esposo la abandonó cuando ella todavía no daba a luz a su último
      vástago.

      La ambición de Madre Clara, convertirse en religiosa enternamente al
      servicio de Dios, se fue concretizando con el correr de los años, en
      la medida que sus hijos iban independizándose.

      Esta religiosa, quien luchó a brazo partido por el reconocimiento de
      su congregación, las Hermanas Carmelitas de San José, no alcanzó a
      ver su sueño cumplido.

      En 1928, tras sufrir tres ataques cardíacos en el lapso de poco más
      de un año, su corazón y sus pulmones no dieron para más.

      Según el padre Bolaños, el hecho de que estuviera casada no la
      excluye de un proceso de canonización, ya que cumplió las normas
      correctamente del sacramento matrimonial.

      Una de las características que más se destacan de esta religiosa es
      su obediencia a "la voluntad de Dios".

      Su proceso de canonización se inició desde 1965, pero formalmente,
      desde 1984. Se terminó en 2001, y desde el 19 de enero del año
      pasado se agregó a los archivos por revisar de la Congregación para
      la Causa de los Santos.

      El postulador diocesano para el proceso de Madre Clara es el padre
      Roberto Bolaños quien ya ha escrito dos libros acerca de la
      religiosa.




      PADRE COSME SPESSOTTO


      Nació en el pueblo de Mansué, provincia de Treviso (Italia), el 28
      de enero de 1923. Desde su infancia fue muy religioso. Ingresó al
      seminario a los 12 años de edad, en la orden de frailes
      franciscanos.

      En 1939, con 17 años, inició su noviciado formalmente, y un año
      después hizo su profesión de votos religiosos.

      Fray Cosme, cuyo nombre originalmente fue Santos, fue ordenado
      sacerdote el 27 de junio de 1948 y cambió su nombre por el de uno de
      los primeros mártires de la Iglesia católica.

      El padre Spessotto arribó a El Salvador vía marítima el 4 de abril
      de 1950. Su labor pastoral la desarrolló en San Pedro Nonualco, San
      Juan Nonualco y, finalmente, en Zacatecoluca, donde fue asesinado,
      se presume que por militares.

      Spessotto es descrito en su biografía (elaborada por fray Claudio
      Bratti) como profundamente piadoso, humilde, servicial con enfermos
      o necesitados de ambos bandos políticos y respetuoso del celo
      católico.

      Su causa empezó a ser investigada en 1998 por el sacerdote
      franciscano Claudio Bratti y desde 2000 espera, en los archivos de
      la Congregación para la Causa de los Santos, por una apertura
      fructífera.




      MONSEÑOR LUIS CHÁVEZ Y GONZÁLEZ

      Nació el 24 de abril de 1901, en el departamento de Cuscatlán. En
      enero de 1914 ingresó al seminario conciliar de San Salvador.

      Fue ordenado presbítero el 16 de noviembre de 1924. Trabajó en las
      parroquias de Ilobasco, San Juan Cojutepeque y La Merced, en San
      Salvador.

      A Monseñor Luis Chávez y González se le considera un "adelantado" a
      su época ya que sin tener conocimiento de las reformas que se
      planeaban en el Vaticano, ya hablaba de los cambios que luego se
      vieron reflejados tras el Concilio Vaticano II, en la década de los
      sesenta, en el que participó.

      Fue nombrado arzobispo de San Salvador con tan solo 37 años y ocupó
      este cargo durante 38 años más, del cual dimitió en 1977 para
      entregarlo a Monseñor Romero.

      Escribió 52 cartas pastorales, construyó el Seminario San José de la
      Montaña, le fue otorgada la Orden José Matías Delgado en 1963 y fue
      declarado Ciudadano Meritísimo en 1978.

      Murió en 1987. Su causa empezó a investigarse hace apenas un año, y
      su postulador es monseñor Jesús Delgado.

      FOTO: Fieles católicos, laicos, e incluso personas no salvadoreñas
      esperan con ansias la canonización de Monseñor Romero, según Edín
      Martínez.

      FOTO: Monseñor Luis Chávez y González cuando fue investido con la
      Orden José Matías Delgado..

      FOTO: Madre Clara María de Jesús Quirós, fundadora de las Hermanas
      Carmelitas de San José.

      FOTO: Padre Cosme Spessotto, asesinado en junio de 1980..



      MÁS QUE IMAGINERÍA

      Los santos están rodeados de toda una parafernalia que incluye
      ofrendas, iconografía y patronazgo. La pregunta que de aquí surge es
      ¿para qué sirven los santos?

      El camino a la canonización desde hace mucho tiempo dejó de ser una
      fácil voluntad popular. Es necesario remontarse a la historia del
      cristianismo para entender el porqué de los santos. La elevación de
      personas a tal categoría, desde sus inicios, estuvo muy ligada a la
      muerte por amor a Dios.

      Según el portal católico encuentra.com la santidad "iba unida al
      martirio". Se trataba de años en los cuales el cristianismo era
      vedado, y el morir con sufrimiento por amor a Dios, al igual que
      Jesucristo, era algo que se deseaba con ardor.

      De esta manera, los "santos" eran aclamados por voz popular. Sin
      embargo, el padre Bolaños aclara que debido a lo informal del
      método, "se cometieron algunos abusos".

      Producto de estos abusos, la Iglesia católica hizo una reforma en el
      método para declarar "santa" a una persona. Luego de la conversión
      al cristianismo del emperador Constantino I, en el siglo IV, los
      seguidores de Jesucristo dejan de ser perseguidos y asesinados.

      A partir de ese momento, la santidad por martirio empezó a perder
      vigencia y se empezó a potenciar la santidad como una virtud de
      entregarse por entero a la labor eclesiástica. Los depositarios de
      la santidad fueron, entonces, los clérigos y las monjas, según el
      padre Bolaños.

      La palabra "canonización" proviene, de hecho, de poner un nombre en
      una lista o canon. Para poner a una persona en dicho canon, a partir
      del siglo IX, se empezaron a exigir investigaciones y pruebas de su
      santidad.

      Precisamente, de la forma de morir, o de las actividades en vida, es
      de donde proviene la iconografía típica y el patronazgo que poseen
      los santos, observable sobre todo en los santos antiguos.

      Quién no ha visto la imagen de un doloroso San Sebastián mártir,
      atravesado por múltiples flechas, patrono de los arqueros. O Santa
      Lucía, de quien se cuenta le sacaron los ojos. Su imagen, con un par
      de ojos sobre un platillo, sirve de patrona para los ciegos.

      Uno muy popular en Centroamérica, según el padre Contrán, San Martín
      de Porres, es patrono de los cirujanos. En vida fungió como
      enfermero.

      Otro caso, enmarcado en la persecución cristiana, es el de Santa
      Apolonia, representada con una pinza con un diente. Su martirio
      incluyó la extracción violenta de su dentadura. Sí, adivinó, es la
      patrona de los dentistas.

      En la actualidad, el padre Bolaños afirma que "nos hemos vuelto más
      esencialistas", ya que no existe tal iconografía, a no ser por la
      palma que se les coloca a los mártires.

      ¿PARA QUÉ UN SANTO?

      El padre Bolaños afirma que el papa Juan Pablo II ha hecho mucho
      hincapié en declarar santos. Es el papado con más declaratorias de
      santidad.

      Una de las razones, según Bolaños, es para poner ejemplos de
      santidad y que sirvan de guía para una sociedad cada vez más
      convulsa.

      La otra es porque los procesos de canonización se descentralizaron
      del Vaticano, y ahora las fases diocesanas pueden efectuarse desde
      el lugar donde vivieron los candidatos.

      Esto ha abierto la oportunidad para que infinidad de países manden
      sus propias investigaciones para poder venerar a sus propios santos.

      El padre Contrán, por su parte, afirma que es necesario tener santos
      porque estos son los intercesores directos entre el cielo y la
      tierra. Muchos santos, y algunos que aún no lo son, son usados para
      pedir favores.

      Bolaños, especialista en derecho canónico, afirma que una razón
      fuerte para declarar santa a una persona es que se compruebe que no
      es objeto de culto, porque esto significaría pasar por sobre las
      decisiones de la Iglesia. Sin embargo, el hecho de recibir
      agradecimientos por favores no daña en nada el proceso.

      Además, aclara, no deben confundirse los favores con los milagros
      exigidos para poder declarar beato o santo a una persona. El o los
      milagros deben ser probados científicamente por religiosos y
      médicos, ya que generalmente son de naturaleza curativa. Cabe
      señalar que si de favores recibidos se trata surge la duda: todo
      aquel que cumpla favores ¿es santo?

      El padre Contrán se opone a ello y usa el ejemplo de "San Simón",
      figura muy venerada popularmente, no canonizado y del cual se afirma
      que puede servir tanto para el bien como para el mal.

      El vicario afirma que estos "santos" son capaces de conceder
      favores, pero a través del diablo, y que al ofrecerles
      veneración "se corre el peligro de abrir la puerta a Satanás", tras
      lo cual asegura, hay que practicar exorcismo.

      Muy diferente es el pensar de Sandra de Estrada, comerciante de los
      alrededores de la iglesia El Calvario, que se dedica a vender
      figuras de San Simón. Afirma que este personaje vivió en Guatemala y
      ayudaba "a los bolos".

      "A San Simón no debe faltarle su guaro, su puro, sus rosas y su
      agua", explica. El padre Contrán explica que la veneración de un
      santo, reconocido por la Santa Sede, no posee nada de esas
      características, sino "invocar al Señor, rezar mucho, hacer ayuno y
      penitencia".

      De Estrada afirma que, a su parecer, la gente necesita
      santos "porque la gente necesita alguien a quién pedirle, alguien a
      quién ver. Necesitamos alguien a quién dirigirnos". Y a pesar de no
      coincidir en cuestiones de culto ortodoxo con los sacerdotes, sí
      concuerda en un factor con ellos: "Lo más importante es la fe".
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