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MÓNICA RADONSKI DE CAPRILES lo apuesta todo al referéndum revocatorio

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  • Víctor Rodríguez
    El Nacional - Domingo 11 de Julio de 2004 A/6 Política MÓNICA RADONSKI DE CAPRILES lo apuesta todo al referéndum revocatorio Aquí no llora nadie Aunque
    Mensaje 1 de 1 , 11 jul 2004
      El Nacional - Domingo 11 de Julio de 2004 A/6

      Política

      MÓNICA RADONSKI DE CAPRILES lo apuesta todo al referéndum revocatorio

      "Aquí no llora nadie"

      Aunque es consciente de las pocas posibilidades que podría tener el
      alcalde Henrique Capriles Radonski de ser liberado en la audiencia
      preliminar, que se realizará el martes, su madre confía en la buena
      fe del juez que lleva la causa.

      De todas formas, ella no pide misericordia sino justicia.

      "La suerte de mi hijo es la de todo el país", dice



      MILAGROS SOCORRO

      ENTREVISTA



      Mónica Capriles de Radonski se presenta ante la fotógrafa sin
      maquillaje. Es muy delgada.

      Madre de tres hijos ya adultos, tiene la silueta de una muchacha, una
      muy espigada (y negada, de paso sea dicho, a enmendar con añadidos
      quirúrgicos a la naturaleza).

      Es entrevistada por ser la madre del preso más celebre del país pero
      en ningún momento deja de sonreír. No da la impresión de haber
      escogido un atuendo especial para la ocasión. Va con un pantalón
      deportivo y una franela sin mangas, ambos azul oscuro. Cuando Sandra
      Bracho comienza a zumbar a su alrededor, se arregla un poco el
      cabello.

      Comienza a hablar sin advertencias para que no se grabe tal o cual
      comentario; y sin abogados alrededor. Es Sandra quien la manda a
      sentar delante de la gran talla que representa la boda del Libertador
      con María Teresa del Toro. Se trata de una obra de Jacqueline Castro,
      premiada en la Bienal Michelena.

      —Por favor, dígame cómo se escribe, ¿con "i" latina o con "y" griega?

      -Con "i" latina. Radonski es un apellido de origen polaco-ruso,
      porque mi bisabuelo era un ruso que emigró a Polonia, donde nació mi
      padre. Yo nací aquí. Mis padres salieron de Polonia después de la
      Segunda Guerra Mundial, por eso mi padre se negaba a irse porque
      decía que si habían sobrevivido a la persecución y a la guerra, por
      qué iban a emigrar ahora. Lo hicieron porque en su país no tenían
      oportunidades de trabajo. Sobrevivieron porque mi padre estaba
      clandestino, en la resistencia polaca, lo que le permitió salvar a mi
      mamá. Ella estaba en el gueto de Varsovia, de donde salía diariamente
      a limpiar las oficinas de los ocupantes alemanes. Cada día venía un
      autobús a recoger a los judíos que podían trabajar, los llevaban a
      los centros de trabajo y en la tarde los devolvían. Un día, en vez de
      salir por la puerta que daba a la parada del autobús, mi madre salió
      por la otra, la que daba a la calle. Mi padre había pagado al
      vigilante para que la dejara escapar. Así mi madre pudo ponerse en
      resguardo con la resistencia. Sus padres habían muerto ya en la
      cámara de gas y ella se salvó porque un soldado, quizás al verla tan
      jovencita, la sacó de la cola de los que iban a morir. Al terminar la
      guerra, como mi madre no quería por nada quedarse en Polonia, se
      fueron a París. Allí oyeron hablar de un país llamado Venezuela, que
      concedía visas a judíos. Así abordaron un barco y llegaron a
      Venezuela, y nunca más regresaron.

      Venían con cien dólares y una película (ambas familias, la de mi
      padre y la de mi madre, se dedicaban a la distribución y exhibición
      de cine). Mi padre era un hombre bellísimo, parecía un artista de
      cine, y tenía mucho carisma. Inmediatamente se puso a trabajar,
      alquiló un jeep y en él iba por el interior vendiendo mercancía hasta
      que abrió su primer cine en Puerto La Cruz.

      Después alquiló el cine Imperial, en Caracas, y abrió el Broadway,
      que él mismo, como era ingeniero, construyó con la ayuda de un
      albañil.

      —La primera vez que entrevisté a su hijo, Henrique, él era presidente
      de la Cámara de Diputados del Congreso —fue electo el 23 de enero de
      1999—, y en esa ocasión habló de sus orígenes judíos pero expresó una
      clara identidad católica...

      —Le explico por qué. Mi familia no era ortodoxa. Desde luego, mi papá
      creía en Dios pero no en un Dios específicamente judío.

      Decía que no podía haber un Dios para cada religión. Y no
      celebrábamos las fiestas judías porque mi madre era reacia a
      practicar los ayunos, por ejemplo. Decía que ya ella había soportado
      todo el hambre de su vida, de la mía y la de sus nietos. Cuando fui a
      casarme (mi marido es de familia judía también, los Capriles son
      judíos. Mi suegro se bautizó como regalo a su esposa cuando
      cumplieron 25 años de casados), yo quería una ceremonia religiosa. Y
      aspiraba a que se realizara por ambos ritos, pero no fue posible.

      La Iglesia Católica contempla el matrimonio mixto pero los
      contrayentes de distintas religiones deben comprometerse a formar a
      su descendencia en la fe católica (lo acepté pensando que los
      católicos, a la hora de negociar, son mejores que los judíos). Y
      cuando tuve mis hijos, los crié en el catolicismo.

      —Sin embargo, cuando Henrique Capriles Radonski estuvo unos días
      escondido (por la orden de captura que pesaba sobre él sin que se
      supiera de qué se le acusaba) escribió una carta, que fue leída por
      Erika de la Vega en la plaza Francia de Altamira, donde aludía a sus
      orígenes judíos como reserva para resistir cualquier persecución. A
      partir de entonces comenzó a formularse como judío.

      —Antes de eso ya lo había hecho. Cuando fue interpelado en la
      Asamblea Nacional, después de abril de 2002, no sé qué diputado
      oficialista lo llamó fascista y nazista. Entonces él respondió que
      mal podía ser nazista cuando sus abuelos y gran parte de su familia
      habían sucumbido en el holocausto. Si él está aquí es porque su
      abuela, mi madre, estuvo 24 meses en el gueto de Varsovia y luego
      escapó. Para nosotros esto es muy difícil porque en vida de mi padre
      jamás hablamos de lo que había ocurrido.

      Mi padre decía que había que dejar el pasado en el pasado, y que no
      se debía hablar de cosas tan horribles porque se hacían presentes. No
      fue sino después de su muerte cuando empezamos a conocer la historia
      de ellos. Pero sí, tú tienes razón, parece que él ha cobrado más
      conciencia de su identidad judía al sentirse perseguido y, sobre
      todo, cuando se vio obligado a entrar en la clandestinidad.

      Él prefiere estar en la Disip que en un escondite. Me imagino que, a
      pesar de la gran distancia que media entre las dos experiencias, él
      se identifica con su abuela, con quien viajó por todo el mundo y de
      quien aprendió mucho.

      —Usted se había negado a hablar con la prensa, ¿por qué lo hace ahora?

      —Antes había querido hacerlo e incluso escribí muchas cartas para
      pedir que se hiciera justicia con mi hijo, que está preso
      estrictamente por presiones políticas.

      Pero el propio Henrique me pidió que no las enviara. Me decía que yo
      no tenía por qué pedir misericordia, ni pedirle nada a nadie. Pero yo
      no estoy pidiendo misericordia sino exigiendo justicia.

      Hasta ahora he estado en eso que llaman "bajo perfil". Nosotros somos
      gente discreta, que no nos gusta aparecer en nada; de hecho, mi vida
      no cambió cuando Henrique entró en la Cámara de Diputados, jamás
      supimos lo que era un guardaespaldas o un policía parado en la
      puerta. Yo aprecio mucho mi anonimato, poder andar por ahí sin que
      nadie sepa que soy la madre del alcalde Capriles, siempre nos hemos
      negado a toda publicidad... pero mi hijo está preso, acusado de
      falsos delitos, y yo quiero sumar mi voz a la de tantos para reclamar
      su liberación.

      —¿Qué es lo que usted quiere decir?

      —Qué más puedo decir: que quiero ver a mi hijo libre. Que aquí no hay
      caso y que Henrique es un preso político. Mientras educaba a mi hijo
      puse muchos límites y normas. Es posible, incluso, que haya sido una
      madre severa pero siempre supe cuándo el castigo era justo. Cualquier
      madre, cuando ve que en la escuela han castigado a su hijo más allá
      de lo que merecía, va al colegio y reclama. Pero aquí, a quién le voy
      a reclamar.

      —¿A quién le quiere reclamar?

      —A nadie. Lo que quiero es clamar para que no dejen solo a Henrique,
      no sólo porque su presidio es injusto sino porque la injusticia que
      se comete con él puede ser la que se cometa mañana con otro, con
      cualquiera que resulte incómodo al régimen.

      —¿La han molestado alguna vez cuando ha ido a visitar al alcalde
      Capriles en la Disip?

      —No. Una sola vez, cuando fui con Liliana Hernández y Julio Borges,
      desde el barrio empezaron a gritarles insultos. Después ellos se
      fueron y yo me quedé. Entonces llegaron dos obreros de
      Infraestructura y comentaron: "Están alborotados en el barrio hoy".
      Les pregunté si a ellos los habían molestado. "No", me contestó el
      obrero, "como a mí me encanta que me llamen escuálido y oligarca,
      estoy feliz". La verdad es que me han tratado con mucho respeto.
      Desde luego, nos atenemos a las normas que imponen allí y nunca ha
      habido problemas.

      Como los abogados pueden ir todos los días, le mando comida. Hacía
      años que Henrique no comía tanta comida de la casa.

      —¿Cómo lo encuentra de ánimo?

      —Excelente. Es impresionante, es él quien nos da ánimo a todos. A
      veces van muchachas y señoras que no aguantan las lágrimas.

      Y yo les digo: "Prohibido llorar aquí". En cuanto a mí, no me permito
      una sola debilidad, ni siquiera cuando termina el horario de visita y
      debo salir dejando a mi muchacho ahí. Yo estoy totalmente de su lado.
      Hace mucho que comprendí que Henrique tiene una profunda vocación de
      servidor público. Qué se hace, eso es lo que a él le gusta, quiere
      luchar por este país.

      Ahora su destino es el de todos: estará preso mientras las libertades
      de todos los venezolanos estén comprometidas. Y saldrá libre cuando
      ya esto no sea así. Antes me preguntabas qué era lo que quería decir
      públicamente. Es esto: lo que estamos viviendo en Venezuela es muy
      grave y puede ponerse peor. En estas circunstancias, el referéndum
      revocatorio es la gran oportunidad para que haya un verdadero cambio
      en Venezuela.

      —¿Usted ha conocido alguna vez al embajador de Cuba?

      —Nunca. Pero no necesito conocerlo para percibir, en él y en todos
      los que están en este Gobierno, del que él forma parte, su asombrosa
      capacidad de mentir.

      Qué facilidad de salir a decir tantas mentiras. ¡Cómo hacen!

      Cómo puede decir el Presidente de la República que con su gobierno 17
      millones de venezolanos se han beneficiado en sus programas de salud.
      ¡Cómo puede decir eso! Y todos dicen los mismos embustes... no sé si
      esto puede perjudicar a mi hijo. Cambiemos de tema.

      —¿Qué cree que va a ocurrir el martes en la audiencia en la que
      comparecerá el alcalde Capriles?

      —Si el juez, de quien me dicen que es un muchacho joven, de la misma
      edad de mi hijo, tiene conciencia y piensa en su futuro profesional,
      el resultado pudiera ser positivo. Pero si no es así, y me dicen que
      lo han puesto allí para condenarlo, Henrique se quedará allí.

      —Cuando considera la posibilidad de que el alcalde Capriles
      permanezca preso, ¿en qué alternativa piensa?

      —En el referéndum.

      —¿Se ha paseado por la posibilidad de que el mandato del Presidente
      no sea revocado?

      —Ay no. Jamás he considerado esa posibilidad. Tengo todas mis
      esperanzas puestas en eso. Y no sólo por Henrique. Yo tengo nietos,
      mis morochitos. Todo lo que tenemos está aquí. Jamás hemos pensado
      irnos de Venezuela y quiero que mis nietos crezcan aquí.



      Pide un deseo

      Hoy, cuando cumpla 32 años de edad, Henrique Capriles Radonski estará
      cumpliendo también 2 meses detenido en la sede de la Disip, en el
      Helicoide, donde fue enviado el 11 de mayo de 2004, cuando el
      Tribunal Segundo de Control emitió una medida privativa de libertad
      en su contra. Se le acusa de 6 delitos, presuntamente cometidos el 12
      de abril de 2002, cuando el alcalde de Baruta ingresó en la Embajada
      de Cuba, en cuyos alrededores se producía una violenta protesta.

      Sobre el cumpleaños del alcalde Capriles, su madre dice: "Lo
      celebraremos en la Disip, igual que el mío. Jamás en mi vida me
      imaginé que iba a celebrar mi cumpleaños en un centro de detención,
      compartiendo la torta con los carceleros, los otros presos, la visita
      de Henrique y la de los otros detenidos. Pasamos un rato muy
      agradable, en realidad.

      No lo he podido pasar mejor. Y este domingo habrá torta para todos,
      será una manera de agradecer a cada compatriota que ha apoyado a mi
      hijo, que ha marchado para defenderlo, que ha hecho cola para
      visitarlo, que está trabajando por el referéndum.

      Eso no hay cómo agradecerlo.

      A todos les doy las gracias muy profundamente y a todos les ruego que
      no dejen de luchar. Ya Henrique no es sólo mío y de su familia, ya él
      es de todos. Por eso me ves tan sonreída y llena de esperanzas,
      porque el destino de mi hijo es el del país completo; y el destino de
      Venezuela no puede sino ser maravilloso."



      "Ahora su destino es el de todos: estará preso mientras las
      libertades de todos los venezolanos estén comprometidas. Y saldrá
      libre cuando ya esto no sea así"



      "No me permito una sola debilidad, ni siquiera cuando termina el
      horario de visita y debo salir dejando a mi muchacho ahí. Yo estoy
      totalmente de su lado"
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