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Ni el Chapulín Colorado nos salva

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  • Moisés Carrillo G.
    La elección de la dirigencia panista no augura tiempos mejores. El acceso de la ultraderecha combinada con la seudo izquierda de López, sólo presagia
    Mensaje 1 de 1 , 7 mar 2005
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      La elección de la dirigencia panista no augura tiempos mejores. El acceso de
      la ultraderecha combinada con la seudo izquierda de López, sólo presagia
      fuertes enfrentamientos mediáticos más frecuentes que nada más harán que se
      evadan los asuntos relevantes del país. ¿Quién iba a pensar que algún día
      mis esperanzas estarían en el PRI? ¡Con tal de que no nos salgan con un
      Madrazo!

      Transcribo el siguiente artículo del Reforma del día de hoy.

      Espino: la hora de los duros

      Por JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ




      “Sí, claro que es ultraderechista, de palabra, de pensamiento y de acción,
      sólo que ser de ultraderecha es ser honesto y transparente”. Así definió uno
      de sus más cercanos colaboradores, Juan María Armenta, las convicciones
      personales e ideológicas del nuevo presidente nacional del PAN, Manuel
      Espino, que el sábado pasado sorprendió en el consejo nacional de su
      partido, derrotando a Carlos Medina Plascencia.

      El propio Manuel Espino, dijo que él era “ultraderecho”, pero en otras
      entrevistas anteriores reconoció tener muchos y buenos amigos en
      organizaciones como el Yunque, los Tecos o el Muro, aunque él se define de
      “centro” pero también, como le dijo a Alvaro Delgado, “soy peleonero y hasta
      cabrón. Ni modo, crecí en un barrio de peleoneros y eso no me lo he quitado.
      Y en la política, si me tengo que poner los guantes, órale, a ver a cómo nos
      toca”. Espino que fuera durante tres años secretario general del PAN, que
      colocó a muchos de los miembros de ese consejo que lo eligió el sábado, que
      será quien encabece al partido en el poder en la elección del 2006, milita
      en el PAN desde hace 27 años pero no es un ideólogo ni mucho menos: es un
      duro, es un hombre extremadamente conservador en su discurso, que ha estado,
      sobre todo, en la operación política, en el trabajo de las entrañas del
      partido. Y efectivamente, cómo él mismo ha dicho es “un peleonero y un
      cabrón”.

      Proviene de las corrientes más conservadoras del panismo, pero el sábado con
      el apoyo del secretario de Gobernación, Santiago Creel, y del poderoso
      coordinador de innovación gubernamental en Los Pinos, Ramón Muñoz, se impuso
      a Medina Plascencia, a los otros tres precandidatos del PAN, a prácticamente
      todos los dirigentes doctrinarios e históricos del blanquiazul y a mucho
      más. Se sobrepuso al evidente enfrentamiento que ha tenido con Marta Sahagún
      de Fox, sobre la que hizo, siendo Secretario General del PAN, unas
      declaraciones durísimas, en el terreno político y personal. Se impuso a su
      relación con el ex director de giras, Nahum Acosta, un hombre que Espino
      llevó a Los Pinos y que ahora está acusado por la PGR de proporcionar
      información a los narcotraficantes Beltrán Leyva. Pudo saltar las
      acusaciones que, a partir de ese y otros hechos, identifican a dirigentes
      sonorenses y sinaloenses del PAN con relaciones con el crimen organizado
      (Manuel Espino si bien nació en Durango ha realizado su carrera política en
      Chihuahua y, sobre todo, en Sonora, donde se ha avecindado desde hace años).
      Pudo esquivar las acusaciones en su contra por su estrecha relación con el
      ex secretario particular del presidente Fox, Alfonso Durazo, que renunció
      con una muy sonora carta de varias cuartillas criticando el accionar de la
      administración federal.

      La pregunta es porqué: cómo un hombre con un perfil tan diferente del que
      solemos tener del panismo ha llegado a esa posición. Las respuestas están en
      el proceso de sucesión del partido blanquiazul, pero no allí. Carlos Medina
      Plascencia nunca tuvo el apoyo de Santiago Creel, y si bien tenía el
      respaldo de buena parte del Gabinete y de los principales funcionarios de
      Los Pinos, no tenía el respaldo de Ramón Muñoz y aparentemente tampoco del
      presidente Fox. El largo enfrentamiento de Medina Plascencia con Diego
      Fernández de Cevallos también parece haber influido y en torno a Espino se
      conformó un grupo con intereses divergentes pero que tenían como objetivo
      común cerrarle el paso a Medina Plascencia. Para Creel, el ex Gobernador de
      Guanajuato hubiera sido un presidente del partido muy independiente y
      demasiado cercano a Felipe Calderón y Francisco Barrio; para Los Pinos, esa
      misma independencia podía ser perjudicial en los planes trazados para el
      propio secretario de Gobernación (sobre todo cuando las encuestas entre
      militantes y adherentes panistas se muestran mucho más cerradas a la hora de
      optar por su candidato de lo que aparece en las encuestas públicas); para
      los sectores más conservadores del PAN era la oportunidad de colocar a
      alguien de los suyos sin disimulos de ninguna especie y aprovechar la
      necesidad de Creel y Muñoz de fortalecerse en el CEN: si bien nadie puede
      acusar a Medina Plascencia de ser un político progresista y liberal, el
      apoyo de toda el ala doctrinaria le hubiera dado a su gestión un perfil
      mucho más amplio, política e ideológicamente, que a la que tendrá Espino. A
      éste apoyaron desde algunos panistas muy pragmáticos que lo que quieren es
      apostar a lo que consideran seguro, y eso lo ven en Creel, hasta algunos
      nuevos ideólogos de ese partido como Rodríguez Prats que están jugando a la
      sucesión como en el viejo priísmo, como panistas que ven que el poder se les
      está escapando y consideran que lo necesario para el momento es mucha más
      dureza contra sus adversarios políticos, no importa de dónde provenga.

      Conspiró también contra Medina Plascencia, la mala operación política del ex
      candidato y su equipo: hasta horas antes del consejo panista, Medina estaba
      seguro de tener por lo menos 200 votos asegurados, pero nunca obtuvo más de
      176. Los 200 los terminó teniendo Espino. Cometió Medina Plascencia otro
      grave error que es también una muestra de debilidad personal notable:
      descorazonado por la derrota, el mismo sábado, antes incluso de la toma de
      protesta de Espino, abandonó la reunión del Consejo, anunció que también
      abandonaba la política activa y dejó a quienes los apoyaron sin respaldo en
      la negociación del nuevo comité ejecutivo del partido, donde Espino (y
      obviamente Santiago Creel y Muñoz) pudieron acomodar sus fichas como
      quisieron.

      Así en el comité ejecutivo nacional quedaron entre otros representantes de
      los sectores más conservadores del PAN, Gerardo de los Cobos, Francisco
      Fraile, Ana Rosa Payán, Cecilia Romero, Fernando Guzmán y José Luis Luege,
      además de garantizar una posición al propio Ramón Muñoz. Creel colocó a sus
      principales funcionarios: Humberto Aguilar Coronado, José Luis Durán y
      Ricardo García Cervantes. De la gente cercana a Felipe Calderón apenas
      quedan dos integrantes en el CEN panista: César Nava y Rogelio Carvajal.

      La cereza en el pastel estos grupos la tuvieron haciendo repetir en la
      secretaría general del PAN a Alfonso García Portillo. Allí está, en buena
      medida, el secreto del triunfo de Espino: los dos últimos secretarios
      generales del PAN, el propio Espino y García Portillo, los hombres que
      tuvieron el control cotidiano y de la operación diaria del partido, los que
      trabajaron en las entrañas del partido, estaban aliados y lograron, por
      abajo, establecer todos los acuerdos que el panismo tradicional no pudo
      garantizar recurriendo a las fuerzas ortodoxas y tradicionales del mismo. Si
      a eso le sumamos la operación de Creel desde Gobernación y de Muñoz desde la
      presidencia, está claro que el triunfo de Espino siendo en términos públicos
      sorpresivo no era imprevisible.

      Sin embargo cabe preguntarse sobre el futuro del PAN. Habrá que ver, sobre
      todo, cómo con una dirección fuertemente conservadora, se puede implementar
      el tipo de alianza que se plantea Creel con sectores priístas y de otros
      partidos como Convergencia, de cara al 2006. Las posibilidades ahí están,
      los peligros también: el panismo parece haber apostado todo a los duros. Y
      salvo que haya una nueva sorpresa a la hora de elegir a su candidato
      presidencial, la era de los doctrinarios, de los dirigentes históricos y sus
      discípulos, como Luis H. Alvarez, Carlos Castillo Peraza, el propio Felipe
      Calderón, de los seguidores de Gómez Morín, parece haber, en esta etapa del
      partido, concluido. Llegó la hora de los duros.

      Contactos: jfernandez@...







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