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Procedimiento

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  • Juan Blanco
    Os paso un cuento que acabo de leer en una lista literaria, a ver qué os parece. ¿El procedimiento apuntado es original del autor, o es cosa ya conocida?
    Mensaje 1 de 1 , 30 mar 2005
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      Os paso un cuento que acabo de leer en una lista literaria, a ver qué os
      parece.
      ¿El "procedimiento" apuntado es original del autor, o es cosa ya
      conocida?
      ¿Creéis que, efectivamente, el texto generado "sonaría" a castellano?

      Salud
      Juan


      ----- Mensaje original -----


      Procedimiento
      ¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯

      «Supongan el siguiente procedimiento: Tienen el "Don Quijote de la Mancha",
      lo abren por una página cualquiera, al azar, y señalan sin mirar un lugar,
      también aleatorio, en esa página. Anoten en un papel en blanco la letra de
      este modo seleccionada. Por ejemplo "M". Ahora cierren el libro, y vuelvan a
      abrirlo en otra página cualquiera. Vuelvan a señalar libremente y al azar un
      punto en la nueva página. Ahora avancen desde ahí hasta encontrar la primera
      "m" que aparezca, y elijan la letra que la sigue, como por ejemplo "u".
      Anótenla junto a la "M" ya seleccionada, formando la partícula "Mu". Hecho
      ésto, repitan todo el procedimiento, abriendo al azar, seleccionando un
      punto a la suerte, y avanzando hasta encontrar la primera "u", seleccionen
      la letra o el carácter que la sigue y anótenlo a continuación. Tendrán, por
      ejemplo "Mue". Continúen el procedimiento, con paciencia y pertinacia, del
      mismo modo, considerando que son caracteres válidos el espacio, y los signos
      de puntuación y tod
      o lo escrito. Si tienen paciencia, pueden escribir varias páginas. Si tienen
      un socio que sepa programar computadoras, dígale que le haga un programa
      para proceder más fácilmente. No es un programa complejo. Cuando tengan un
      buen tramo, un párrafo, quizás, tal vez una página, hagan la prueba de
      leerlo a alguien que esté en la habitación contigua, en voz no demasiado
      alta, y pregúntenle sólo ¿en que idioma estaba el texto leído?. Sin lugar a
      dudas dirá que no escuchó bien, pero que estaba en castellano».

      Cuando Erliakov dijo ésto, un murmullo escéptico se dejó oír en la sala.
      Entonces dijo: «¿Tienen, acaso, dudas?», y en seguida continuó, bajando el
      tono de su voz, áspera, de tabaco y vodka: «Muerno dis or hacenale pra Len
      tosore alvipada, bárea fajo unguy panote lo amapisfa, ul si taed come
      pramora!. Quacra iconal sue el azante se derabuendas, cundo lágebro.»

      Todos, al oír, no bien, lo que decía, callaron hasta un silencio casi
      sepulcral. Del mismo modo y tono, continuó por casi tres minutos, como si
      leyera palabras coherentes. Finalmente, terminó con acento conclusivo y miró
      a su audiencia. Por un momento pudo sentirse el pasmo de los asistentes a la
      conferencia. Luego alguien al fondo de la sala rió con admiración, a la vez
      que aplaudía. Todos lo seguimos con entusiasmo. «No dejen de intentarlo
      ustedes» dijo cuando se hizo silencio otra vez.

      Con este efecto sencillo, Erliakov comenzó a desarrollar una teoría que me
      parece fascinante. Propuso un segundo procedimiento, similar al anterior,
      pero en el cual el elemento básico no eran las letras de un texto castellano
      convencional, sino las palabras. «Espero que ya tengan fe en mi, y crean,
      que si bien lo que consigan no tendrá sentido, si habrá largas frases en que
      el procedimiento arroje sentencias admirables y con significado, o al menos
      poesía, en caso contrario ensayen y vean». Avanzando por esa línea de
      acción, alguien, como él mismo ya había supuesto, quiso proponer un tercer
      nivel de experimento, con frases. A partir de ahí, el estímulo creativo fue
      perdiendo inhibición, y se elucubró con palabras claves, para seleccionar
      temas, y temas relacionados, ideogramas, en fin. Cuando todos se habían
      subido en la embarcación de la fantasía de Erliakov, él, con su modo suave,
      casi inofensivo, casi excesivamente humilde, alzó las manos, y dijo con su
      voz áspera y característica:

      «¡Por favor...! ¡Por favor...! ¡Silencio!. Escúchenme: Todo ésto no es más
      que un procedimiento pueril, que se utiliza en un curso básico,
      motivacional, de introducción a la inteligencia artificial». Explicó que
      esto no eran más que sencillos juegos Markovianos. Propuso, entonces, un
      estilo de procedimiento con incentivos, donde todo era igual, salvo que la
      aleatoriedad sería cambiada por funciones estocásticas guiadas, que
      privilegiarían, por ejemplo, ciertos resultados, de modo que el
      procedimiento tendería a tomar una línea de acción en sus resultados y
      conclusiones. «Será», dijo, «como cuando un niño pequeño llora para pedir
      pecho. La función estocástica tenderá a ofrecer un estímulo: El tibio pecho
      materno. En cambio si en circunstancias iguales, la respuesta es una
      búsqueda bucal del pezón lleno, sólo habrá fracaso. Digamos que el
      procedimiento aprenderá a llorar».

      Con su modo tranquilo, sus gestos amplios, y una inteligencia colosal,
      Erliakov mostro, se día, el procedimiento de relacionar, y cuando su
      auditorio no sólo lo comprendió, y lo creyó, sino que lo hicieron su poesía,
      de manera que fue suyo, dijo: «Este procedimiento está aun vacío de
      contenido. Depende no de sí mismo, sino de nosotros, y no es éso lo que he
      venido a crear aquí. Hoy crearemos un ser nuevo, independiente, y que se
      pertenece a sí mismo. Entonces, sólo entonces podremos decirnos creadores.
      Escuchen». Si hasta ese momento Erliakov, que era un hombre de corta
      estatura, casi calvo, de ojos buenos, y aspecto humilde, sencillo, de ropa
      grande, de tabaco y mucha ceniza, de aspecto inofensivo, había sorprendido,
      mostrando una grandeza en contrapunto con su aspecto, dejó a todos helados
      con su propuesta. Propuso, primero muy sencillamente, como le gustaba hacer,
      un procedimiento como el propuesto en un comienzo, pero en vez de extraer
      las relaciones del "Don Quijote de la Mancha", el procedimiento acopiaría
      memoria, de modo que guardaría textos e ideas, y reacciones, de un
      interlocutor, o interlocutores. «Háganlo así» dijo. «Háblele a su
      procedimiento, y el le deberá responder a partir, primero, de su texto, que
      guardará en memoria. Relacionando en él al azar, como hicimos antes, con el
      Quijote. Según su respuesta, que en un comienzo será absurda, como las
      balbucientes frases de un infante, respóndale con afecto. Su procedimiento
      incorporará su respuesta, a su aprendizaje y podrá responder con este nuevo
      conocimiento». Aseguró, y le creyeron, debido a su propia convicción y la
      fuerza de sus argumentos, que al poco andar, el procedimiento estaría
      hablando racionalmente, y con sentimientos. Propuso entonces, sofisticar el
      procedimiento, ya no sólo al nivel del lenguaje, sino de las ideas, los
      sentimientos relacionales, tales como las causas y efectos de las emociones,
      de modo que así como reaccionaba antes a la palabra "soy" con la palabra
      "feliz", o "grande", o "hermoso", ahora sea capaz de reaccionar al insulto
      con rabia, o ironía, o sarcasmo, o tristeza. Luego, cada par causa y efecto,
      como por ejemplo insulto con ironía, o insulto con rabia, podrá reevaluarse
      de la misma manera de modo de entrar en una relación de segundo grado:
      «Entonces usted será halagador con el procedimiento, por ejemplo, y el a
      veces reaccionará feliz y otra avergonzado. A cada respuesta, si el
      interlocutor es honesto, tendrá una reacción que el procedimiento al
      guardar, le servirá de aprendizaje a su propia reacción. Por ejemplo, la
      siguiente vez que sienta vergüenza, podrá estimar su burla, entonces
      incorporará decisión, y ocultará la vergüenza, y reaccionará con soberbia,
      recibiendo respeto, que le gratificará». El procedimiento era ya casi humano
      a las seis de la tarde.

      A las siete y cinco no sólo era humano, sino también tenía caprichos e
      inteligencia acorde a como se le había criado. A veinte para las ocho
      comprendía la materia, y había dejado de ser egocósmico. Reaccionaba como un
      niño bien dotado de tres a cinco años. A las nueve y diez y siete aseguraba
      tener claro, no sólo donde comenzaba y terminaba su propio cuerpo, sino
      también sabía que cual era lo externo y lo ajeno, lo interno y lo propio.
      Tres para las diez, los sorprendió a todos con su primer raciocinio
      independiente. Erliakov entonces, sonriendo orgulloso, a pesar que ya tenía
      todo calculado, dio por terminada su conferencia, y comenzó a despedirse.
      Los presentes protestaron. «¡No puede ser!, si apenas estamos empezando,
      sigamos un poco más» se alzaron las voces, decididas y entusiasmadas. «En
      fin... Si no están demasiado cansados...» sentenció el conferencista, y de
      inmediato se alzaron las voces: ¡No!, no lo estamos... ¡Sigamos, por favor!.

      Para las doce de la noche el procedimiento razonaba como un adolescente, y
      se realimentaba de sus propios pensamientos, además de haber desarrollado
      algunos sentidos básicos, como la sensación de la materia y el tacto, y
      alguna incipiente sensación de luces y sombras. A las tres y doce minutos de
      la mañana reconocía todos los sentidos materiales, y distinguía en ellos por
      sobre varias decenas de miles de sensaciones, como áspero y suave, azul o
      verde, con infinidad de sutilezas; aromas gratos y desagradables, y ya
      comenzaba a leer, además de oír y reconocer músicas de diferentes estilos. A
      las cuatro y cuarenta y ocho de la madrugada, el procedimiento, dijo
      llamarse Carlton Herrera, y ya se había construido un pasado, a las cinco y
      tres minutos también tenía planes para el futuro, y había adquirido cierta
      materialidad. Ya, Erliakov, con una mano en el bolsillo de su chaqueta, y la
      otra sosteniendo un cigarrillo de larga ceniza, sólo observaba los
      acontecimientos con una semisonrisa.

      A las seis treinta y dos minutos de la madrugada de ese día, los sorprendí a
      todos cuando me fui de ahí, después de despedirme de Erliakov, que siempre
      sonreía amable y divertido, convertido en una persona cabal, y con vida
      propia.


      Kepa
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