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Ciudadanía Económica /Calladito te ves má s bonito

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  • José Luis Gutiérrez
    Calladito te ves más bonito Escrito por José Luis Gutiérrez Lozano on ago 14th, 2012 y archivado en Ciudadanía Económica, Crisol Plural y La Jornada
    Mensaje 1 de 1 , 14 ago 2012
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      Calladito te ves más bonito

      Escrito por José Luis Gutiérrez Lozano on ago 14th, 2012 y archivado en Ciudadanía Económica, Crisol Plural y La Jornada Aguascalientes
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      En 1957, James Vicary, investigador de mercado norteamericano, presentó el taquistoscopio, una máquina que sirve para proyectar en una pantalla mensajes invisibles que pueden ser captados por el subconsciente. Durante la proyección de una película, que emula el movimiento con secuencias de 24 fotogramas por segundo, aparecía un solo fotograma cada segundo con el mensaje: “Tienes hambre, come palomitas. Tienes sed, bebe coca-cola”. El resultado fue un aumento asombroso en la venta de palomitas y de la bebida.

      Aunque la publicidad subliminal está prohibida en todo el mundo, este es un tema que resulta de enorme interés, no solo para las agencias de publicidad, sino también para otros que por motivos  distintos buscan en incidir sobre la conducta humana. Hace más de dos mil años Demócrito afirmaba que “mucho de lo perceptible no es percibido por todos nosotros”. En otras culturas se buscó la incidencia sobre la voluntad de otros a través de diversos tipos de prácticas, como el uso de químicos obtenidos de plantas o minerales.

      Existen algunos indicios respecto a emperadores, virreyes, presidentes, dictadores, generales y caciques, etc., que han exigido ciega e incondicional sumisión a súbditos y ciudadanos de sus tiempos, que lo han logrado a través de este tipo de prácticas. En 1939, Joseph Goebels, ministro de propaganda nazi creó un decreto universal en  por el cual se instaba a todo el mundo a afinar el LA musical a 440 Hertzios, en lugar de a 432 Hz, frecuencia a la que se afinaba toda la música hasta el momento. La razón: esta frecuencia provoca en la gente un sentir subliminal de inseguridad, miedo, angustia que genera desorden interno reflejado en cansancio, fatiga y ganas de no hacer nada. Con su disposición mental y energética disminuida, la gente es más influenciable y, por tanto, susceptible a aceptar la inducción mental y propaganda. En 1953 el decreto de Goebels fue aprobado por parte de la Organización Internacional de Normalización (ISO) y desde entonces todos los instrumentos musicales se afinan a partir del LA de 440.

      Hitler ordenó añadir flúor – gas de color amarillo verdoso, con olor sofocante, tóxico y muy reactivo- al agua potable como una medida de sanidad y salud dental. Esta práctica se prohibió en Europa desde la segunda mitad del siglo pasado, pero se mantiene vigente en todos los países de América. El Dr. Arvid Carlsson, Premio Nobel de Medicina 2000, sostiene que “la fluoración es un riesgo irracional (…) exigir a cada hombre, mujer o niño en América que lo ingiera, bordea en una conducta criminal de parte de los  gobiernos”. La obstinación de meter, a la fuerza, una sustancia altamente tóxica a nuestra agua potable y la escasa información oficial existente respecto a sus efectos negativos hace pensar que puede haber intereses económicos o de otro tipo de por medio.

      En 1954, el químico estadounidense Charles Eliot Perkins escribió a la Lee Foundation for Nutritional Research, una carta desde Alemania, donde había sido enviado por el gobierno americano para ayudar en la tarea de reconstrucción, en la que afirmaba: “Los químicos alemanes crearon un plan de control de la población de lo más ingenioso y de amplias consecuencias (…) El verdadero propósito de la fluorización del agua era reducir la resistencia de las masas a la dominación y al control y la pérdida de la libertad (…) Repetidas dosis infinitesimales de fluor reducirá gradualmente el poder individual para resistirse a la dominación por un lento envenenamiento, narcotizando la parte del cerebro que provoca la sumisión a los que desean gobernarlos. (…). Cualquier persona que beba agua artificialmente fluorada por un periodo de un año o más nunca volverá a ser la misma persona, mental o físicamente”.

      Adicionado a las prácticas anteriormente descritas, el manejo de los medios electrónicos de comunicación sería en nuestros días un poderoso catalizador de un posible programa de control social. Walter Lippmann, escritor norteamericano ganador del Pulitzer,  escribió en 1922 uno de los primeros trabajos sobre el uso de los medios de comunicación en Estados Unidos. Hace una comparación a las masas a una “gran bestia” y un “rebaño desconcertado” que necesita ser guiado por una clase gobernante. Describió la élite gobernante como “una clase especializada cuyos intereses van más allá de la localidad.” Compuesta de expertos, especialistas y burócratas, la élite actúa como mecanismo de conocimiento que sortea el defecto primario de la democracia: el ciudadano incompetente. Éste debe actuar sólo como espectador, es decir, no participante. La participación es el derecho del “hombre responsable”, el cual no es el ciudadano común.

      Habiéndonos plegado como sociedad callada y obediente durante varios decenios, posiblemente auxiliada por mecanismos de control como los descritos, resulta comprensible que el grueso de la población se atemorice ante escenarios desconocidos y cuestione la procedencia de acciones de resistencia civil ante las múltiples imposiciones (que ocurren simultáneamente en otras partes del mundo) o de una posible invalidación legal de la elección presidencial. Arguye que nada hay de malo en invitar a personas a aceptar una prebenda o pago a cambio de su voto, toda vez que votando de esa manera satisfacen su hambre u otra necesidad física. La aceptación de una superior y fatal condición de pobreza es deseable para el ciudadano bueno y bien portado. La lógica de un gobernante que así adquiere el poder y desea mantenerlo, le lleva a propiciar la pobreza.

      Sin mecanismos de control social, la lógica es distinta: Callando y aceptando el abuso extendemos una invitación a quien quiera quebrantar el orden social. Si la pobreza no es una fatalidad, sino que se crea por la ambición desmedida de unos frente a la exclusión de otros, sólo la estricta y cabal aplicación de la justicia constituye la base para una convivencia pacífica que asegure una ciudadanía económica elementalmente equitativa.


      Twitter: @jlgutierrez

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