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[devocional-miercoles] 16 de julio de 2003.

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  • Annis Romero
    Dios Les bendiga grandemente hermanos, comparto con ustedes este interesante devocional. En el amor de Cristo, Annis ... De: amen-amen@attbi.com
    Mensaje 1 de 1 , 16 jul 2003
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      Dios Les bendiga grandemente hermanos, comparto con ustedes este interesante
      devocional.

      En el amor de Cristo,
      Annis

      -----Mensaje original-----
      De: amen-amen@... [mailto:amen-amen@...]
      Enviado el: Miércoles, 16 de Julio de 2003 12:14 a.m.
      Para: devocional-miercoles@...-amen.net
      Asunto: [devocional-miercoles] 16 de julio de 2003.

      De éste (Cristo) dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él
      creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. - Hechos 10:43.




      Una fe grande


      El Señor, que sondea los corazones, conocía la fe que anidaba en la
      mujer sirofenicia que vino a echarse a sus pies para pedirle que sanara a su
      hija
      (Mateo 15:21-28). Primero puso a prueba esa fe, al no responder palabra.
      Luego
      dijo a la mujer: "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de
      Israel". En efecto, su ministerio personal debía ejercerse en Israel; sólo
      después de su muerte sus discípulos recibieron el mandamiento de ir a
      predicar el
      Evangelio por todo el mundo. Mas la mujer insistió: "Señor, socórreme".
      La
      respuesta de Jesús hubiera podido ofenderla y desalentarla: "No está bien
      tomar
      el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos". Es como decirle sin
      miramientos: -No tienes algún derecho porque no eres una israelita, sino
      sólo
      una extranjera. De parte de esa mujer se hubiera podido esperar una
      respuesta
      llena de enojo. Pero no, en absoluto. "Si, Señor" -dijo ella- "pero aun
      los
      perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos". Con eso
      reconoció que no tenía derecho a los privilegios del pueblo de Dios; pero su
      fe
      en el poder de Jesús la animó a seguir insistiendo. De parte del Señor,
      tras la
      frialdad de su lenguaje se hallaba su amor por esa alma y la hizo objeto de
      la
      gracia divina, diciéndole: "Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como
      quieres" (Mateo 15:28). Y su hija quedó sana.

      Aún hoy, reconocer la indignidad de uno mismo y confiar en el poder
      del
      Señor es la condición para beneficiarse de la gracia de
      Dios.
    Su mensaje se envió con éxito y se entregará al destinatario en breve.