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Pasión del Cristo (Mateo)

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  • Carlos Ballesteros
    Mateo 24 1 Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo. 2 Pero él les respondió:
    Mensaje 1 de 1 , 24 mar 2005
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      Mateo 24
      1 Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos
      para mostrarle las construcciones del Templo.
      2 Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí
      piedra sobre piedra que no sea derruida.»
      3 Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en
      privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál
      será la señal de tu venida y del fin del mundo.»
      4 Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie.
      5 Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo",
      y engañarán a muchos.
      6 Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os
      alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
      7 Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en
      diversos lugares hambre y terremotos.
      8 Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.
      9 «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de
      todas las naciones por causa de mi nombre.
      10 Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
      11 Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
      12 Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se
      enfriará.
      13 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
      14 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar
      testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.
      15 «Cuando veáis, pues, = la abominación de la desolación, = anunciada por
      el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),
      16 entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;
      17 el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;
      18 y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto.
      19 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
      20 Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
      21 Porque habrá entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el
      principio del mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
      22 Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en
      atención a los elegidos se abreviarán aquellos días.
      23 «Entonces, si alguno os dice: "Mirad, el Cristo está aquí o allí =, no lo
      creáis.
      24 Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes
      señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos
      elegidos.
      25 ¡Mirad que os lo he predicho!
      26 «Así que si os dicen: "Está en el desierto", no salgáis; "Está en los
      aposentos", no lo creáis.
      27 Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así
      será la venida del Hijo del hombre.
      28 Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
      29 «Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
      oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y
      las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
      30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces
      se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del
      hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
      31 El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro
      vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
      32 «De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas
      y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
      33 Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a
      las puertas.
      34 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
      35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
      36 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos,
      ni el Hijo, sino sólo el Padre.
      37 «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
      38 Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían,
      tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca,
      39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos,
      así será también la venida del Hijo del hombre.
      40 Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;
      41 dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
      42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
      43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a
      venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
      44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no
      penséis, vendrá el Hijo del hombre.
      45 «¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al
      frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo?
      46 Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo
      así.
      47 Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
      48 Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: "Mi señor tarda",
      49 y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
      50 vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que
      no sabe,
      51 le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el
      llanto y el rechinar de dientes.
      Mateo 25
      1 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con
      su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.
      2 Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes.
      3 Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;
      4 las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las
      alcuzas.
      5 Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
      6 Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su
      encuentro!"
      7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
      8 Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que
      nuestras lámparas se apagan."
      9 Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y
      para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."
      10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas
      entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta.
      11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!"
      12 Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco."
      13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
      14 «Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les
      encomendó su hacienda:
      15 a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su
      capacidad; y se ausentó.
      16 Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con
      ellos y ganó otros cinco.
      17 Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos.
      18 En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y
      escondió el dinero de su señor.
      19 Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta
      cuentas con ellos.
      20 Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco,
      diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que
      he ganado."
      21 Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel,
      al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
      22 Llegándose también el de los dos talentos dijo: "Señor, dos talentos me
      entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado."
      23 Su señor le dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel,
      al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
      24 Llegándose también el que había recibido un talento dijo: "Señor, sé que
      eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no
      esparciste.
      25 Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí
      tienes lo que es tuyo."
      26 Mas su señor le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho
      donde no sembré y recojo donde no esparcí;
      27 debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver
      yo, habría cobrado lo mío con los intereses.
      28 Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos.
      29 Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no
      tiene, aun lo que tiene se le quitará.
      30 Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el
      llanto y el rechinar de dientes."
      31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus
      ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.
      32 Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los
      unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
      33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
      34 Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre,
      recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del
      mundo.
      35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de
      beber; era forastero, y me acogisteis;
      36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel,
      y vinisteis a verme."
      37 Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento,
      y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?
      38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
      39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
      40 Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de
      estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."
      41 Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos,
      al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.
      42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis
      de beber;
      43 era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis;
      enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."
      44 Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o
      sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
      45 Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de
      hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo."
      46 E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»
      Mateo 26
      1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus
      discípulos:
      2 «Ya sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a
      ser entregado para ser crucificado.»
      3 Entonces los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el
      palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
      4 y resolvieron prender a Jesús con engaño y darle muerte.
      5 Decían sin embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el
      pueblo.»
      6 Hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
      7 se acercó a él una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy
      caro, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
      8 Al ver esto los discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este
      despilfarro?
      9 Se podía haber vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
      10 Mas Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer?
      Pues una "obra buena" ha hecho conmigo.
      11 Porque pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis
      siempre.
      12 Y al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi
      sepultura lo ha hecho.
      13 Yo os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo
      entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
      14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos
      sacerdotes,
      15 y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le
      asignaron treinta monedas de plata.
      16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
      17 El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le
      dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el
      cordero de Pascua?»
      18 El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro
      dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis
      discípulos."»
      19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la
      Pascua.
      20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
      21 Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me
      entregará.»
      22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo,
      Señor?»
      23 El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me
      entregará.
      24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por
      quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber
      nacido!»
      25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?»
      Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»
      26 Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y,
      dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
      27 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de
      ella todos,
      28 porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para
      perdón de los pecados.
      29 Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el
      día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
      30 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
      31 Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta
      noche, porque está escrito: = Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas
      del rebaño =.
      32 Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
      33 Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca
      me escandalizaré.»
      34 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo
      cante, me habrás negado tres veces.»
      35 Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo
      mismo dijeron también todos los discípulos.
      36 Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a
      los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
      37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir
      tristeza y angustia.
      38 Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos
      aquí y velad conmigo.»
      39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre
      mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero,
      sino como quieras tú.»
      40 Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a
      Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
      41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está
      pronto, pero la carne es débil.»
      42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa
      no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
      43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
      44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
      45 Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y
      descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser
      entregado en manos de pecadores.
      46 ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
      47 Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado
      de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y
      los ancianos del pueblo.
      48 El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé
      un beso, ése es; prendedle.»
      49 Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un
      beso.
      50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se
      acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.
      51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó
      e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
      52 Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que
      empuñen espada, a espada perecerán.
      53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi
      disposición más de doce legiones de ángeles?
      54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
      55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis
      salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el
      Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
      56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los
      profetas.» Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
      57 Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás,
      donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
      58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y,
      entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.
      59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso
      testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte,
      60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos
      testigos. Al fin se presentaron dos,
      61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en
      tres días edificarlo.»
      62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada?
      ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
      63 Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por
      Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
      64 Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora
      veréis = al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las
      nubes del cielo.» =
      65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado!
      ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
      66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
      67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a
      golpearle,
      68 diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
      69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se
      acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»
      70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.»
      71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí:
      «Este estaba con Jesús el Nazoreo.»
      72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
      73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
      «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te
      descubre!»
      74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a
      ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
      75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el
      gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a
      llorar amargamente.
      Mateo 27
      1 Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo
      celebraron consejo contra Jesús para darle muerte.
      2 Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
      3 Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue
      acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los
      sumos sacerdotes y a los ancianos,
      4 diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros,
      ¿qué? Tú verás.»
      5 El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
      6 Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito
      echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
      7 Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como
      lugar de sepultura para los forasteros.
      8 Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
      9 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: = «Y tomaron las
      treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien
      pusieron precio algunos hijos de Israel, =
      10 = y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el
      Señor.» =
      11 Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres
      tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.»
      12 Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió
      nada.
      13 Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
      14 Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy
      sorprendido.
      15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un
      preso, el que quisieran.
      16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
      17 Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que
      os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»,
      18 pues sabía que le habían entregado por envidia.
      19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No
      te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»

      20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente
      que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
      21 Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os
      suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
      22 Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Y
      todos a una: «¡Sea crucificado!» -
      23 «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando
      con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
      24 Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se
      promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente
      diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
      25 Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros
      hijos!»
      26 Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo
      entregó para que fuera crucificado.
      27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio
      y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.
      28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;
      29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en
      su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían
      burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;
      30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
      31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus
      ropas y le llevaron a crucificarle.
      32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron
      a llevar su cruz.
      33 Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
      34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo,
      no quiso beberlo.
      35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a
      suertes.
      36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
      37 Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es
      Jesús, el Rey de los judíos.»
      38 Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha
      y otro a la izquierda.
      39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
      40 «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti
      mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
      41 Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se
      burlaban de él diciendo:
      42 «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje
      ahora de la cruz, y creeremos en él.
      43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad
      le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios."»
      44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con
      él.
      45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora
      nona.
      46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: = «¡Elí, Elí!
      ¿lemá sabactaní?», = esto es: = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has
      abandonado?» =
      47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
      48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en
      vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
      49 Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
      50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
      51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló
      la tierra y las rocas se hendieron.
      52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos
      resucitaron.
      53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron
      en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
      54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al
      ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
      «Verdaderamente éste era Hijo de Dios.»
      55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían
      seguido a Jesús desde Galilea para servirle.
      56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de
      José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
      57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había
      hecho también discípulo de Jesús.
      58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio
      orden de que se le entregase.
      59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
      60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego,
      hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
      61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al
      sepulcro.
      62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los
      fariseos se reunieron ante Pilato
      63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía:
      "A los tres días resucitaré."
      64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea
      que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de
      entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»
      65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
      66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la
      guardia.
      Mateo 28
      1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena
      y la otra María fueron a ver el sepulcro.
      2 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del
      cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
      3 Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.
      4 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron
      como muertos.
      5 El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé
      que buscáis a Jesús, el Crucificado;
      6 no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar
      donde estaba.
      7 Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los
      muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he
      dicho.»
      8 Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y
      corrieron a dar la noticia a sus discípulos.
      9 En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y
      ellas, acercándose, se asieron de sus pies y le adoraron.
      10 Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan
      a Galilea; allí me verán.»
      11 Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a
      los sumos sacerdotes todo lo que había pasado.
      12 Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena
      suma de dinero a los soldados,
      13 advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron
      mientras nosotros dormíamos."
      14 Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os
      evitaremos complicaciones.»
      15 Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas.
      Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
      16 Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús
      les había indicado.
      17 Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron.
      18 Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en
      el cielo y en la tierra.
      19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el
      nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
      20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo
      estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
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