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Los gays en México: la fundacion, la ampliacion, la consolidacion del ghetto

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  • Ricardo Ocampo
    Lo mejor de ANDROIA androia-subscribe@yahoogroups.com LOS GAYS EN MÉXICO: LA FUNDACIÓN, LA AMPLIACIÓN, LA CONSOLIDACIÓN DEL GHETTO Por Carlos Monsiváis A
    Mensaje 1 de 1 , 27 ene 2006
      Lo mejor de ANDROIA
      androia-subscribe@yahoogroups.com


      LOS GAYS EN MÉXICO: LA FUNDACIÓN, LA AMPLIACIÓN,
      LA CONSOLIDACIÓN DEL GHETTO
      Por Carlos Monsiváis
      A Nancy Cárdenas. In memoriam

      Nota preliminar

      En primera instancia estas notas se originan en mis diálogos con un
      grupo amplio de personas, algunos de ellos testigos de los hechos
      narrados, o amigos cercanos de participantes en la primera mitad del
      siglo XX. A lo largo de varios años, he tomado notas de estos
      diálogos procurando unir los testimonios y las constancias escritas
      en un relato de costumbres marginales. Mi intento "arqueológico"
      tiene un origen: si en México ya es un hecho asumido la diversidad,
      son útiles los acercamientos a una de sus representaciones extremas,
      la minoría combatida, invisibilizada por un período muy extenso, y a
      pesar de todo persistente y numerosa. Una advertencia: por la
      información disponible, la mayor parte de estas notas se centra en un
      sector de clases medias y ocasionalmente, de burguesía. Por buenas y
      malas razones ellos representan al conjunto de la vida gay, mientras
      la indagación histórica no diga lo contrario.



      La creación del "El Ambiente" (1920­1960)

      Hay gran copia de efebos cuya impudicia aterra y dicen que son males
      que trajo la posguerra.
      Renato Leduc

      En la década de 1920, sin que se advierta con precisión, ya es
      inevitable la presencia de aquellos gays que, por su dinero o su
      prestigio, se eximen en alguna medida del acoso. Gracias a su
      desafío se vigorizan y por así decirlo se institucionalizan
      las "zonas de estridencia y provocación", en rigor zonas de
      resistencia, la única posible entonces, mínima y máxima. (Con su
      mera oposición al matrimonio, los solterones crean el primer ámbito
      de autonomía.) Si el gay de clases populares o clase media baja,
      bajo el andamiaje del terror que incluye burlas, despidos, golpizas,
      ostracismo, cárceles, incluso asesinatos, no tiene posibilidades de
      actuar, los gays con dinero y/o prestigio establecen el ghetto, el
      universo subterráneo que halla con rapidez códigos, lenguaje y "zonas
      morales". Solterones por lo común (el término mismo es un homenaje
      de la hipocresía a la obviedad), los gays suelen habitar en casas
      saturadas de antigüedades o en departamentos de muy buen gusto, ya
      que no en balde casi todos los decoradores de una larga etapa son
      gays. En el despliegue de sus gustos vinculan lo moderno y lo
      tradicional, localizan la música "afín" a su sensibilidad y en buena
      medida la ponen de moda, y se divierten minimizando el poder de la
      mirada ajena.
      ¿Qué más? También subrayan su modo de vida y su
      independencia del Qué Dirán. Con más dinero por lo general que los
      casados de su clase y su edad, los gays de esta generación se
      visten "enfadosamente", hablan varios idiomas con fluidez, son
      habitués de conciertos y obras de teatro (en especial, son opera
      queens), y son devotos de los y sobretodo, las cantantes
      populares "con estilo". El Ambiente (expresión derivada del slang de
      Norteamérica, donde al principio se les llama gays a los homosexuales
      por su estado permanente de euforia) produce numerosos personajes
      excéntricos, algunos de ellos con talento. Sin duda, lo memorable
      de una etapa de conformación del ghetto es la lista de personajes
      públicos, secretarios de Estado, escritores, artistas, políticos. En
      términos comparativos, la lista es abundante. Luis Montes de Oca
      (secretario de Hacienda del presidente Plutarco Elías Calles), Genaro
      Estrada (secretario e Relaciones Exteriores de Calles), los pintores
      Roberto Montenegro, Alfonso Michel, Agustín Lazo, Manuel Rodríguez
      Lozano, Abraham Angel, los poetas Carlos Pellicer, Xavier
      Villaurrutia, Salvador Novo y Elías Nandino, los compositores Gabriel
      Ruiz y Pepe Guizar, el cantante José Mojica... y actores,
      escenógrafos, decoradores, modistos. En esta sociedad también
      participan miembros de familias porfirianas o ya revolucionarias.
      En un medio pequeño los que son y los que suelen estar se
      conocen y el "entrar al Ambiente" (esto es, asistir sistemáticamente
      a reuniones y lugares, uniéndose a la comunidad a través de la
      frecuentación amistosa, el lenguaje y los gustos públicos) es un
      acontecimiento casi formal. "Es nuevo en el Ambiente/ Cuando entré
      en el Ambiente" La pátina internacional se consigue de la manera
      clásica los viajes a Europa, las temporadas al año en Acapulco
      (Semana Santa y fin de año), la ida a Los Ángeles a vislumbrar
      Hollywood y visitar digamos al galán de la pantalla Ramón Novarro,
      los viajes a Nueva York a bares, fiestas y comedias musicales en
      Broadway. Y el límite del ánimo fiestero no es la opinión sobre
      ellos de sus vecinos, sino la información que los vecinos podrían
      darle a la policía.
      ¿Cómo se interiorizan los epítetos: joto, maricón, loca,
      puto, volteado, pederasta, desviado, invertido, tú la tráis, del otro
      lado? Por los testimonios se clarifica la técnica de asimilación.
      El gay se distancia de las condenaciones, que se le dedican, y suele
      desdeñar las agresiones que de tan hirientes son parcialmente
      irreales: ¿por qué una persona debe asumir las agresiones dedicadas
      a la especie? Y "lo intensamente real" de los gays se centra en el
      coito, en el diálogo con los iguales centrado obsesivamente en el
      sexo. Al ser tan costosa en lo psíquico y lo social la disidencia,
      acrecientan un valor los actos sexuales y el idioma del ghetto. (En
      situaciones de riesgo cada orgasmo vale diez o veinte orgasmos
      convencionales, diría el celo estadístico de los involucrados). Lo
      que se llama "el joteo" es, en un principio, la inversión del habla
      macha de las cantinas, otro lenguaje escénico, otra sucesión de
      fantasías verbales (en el caso de las cantinas, no sin consecuencias)
      que inventan la personalidad anhelada. Si los
      heterosexuales "machean", los gays bien pueden "jotear". Con gestos,
      frases e ingenio muy entrenado, se trazan las psicologías que mezclan
      lo autocelebratorio con la autodenigración. Y el gay, también,
      desprecia a los que comparten su orientación. En sus memorias, el
      doctor y poeta Elías Nandino (1900­1987) expresa en una escena de la
      década de 1930 su "menosprecio de la especie":

      Nunca tuve relaciones con afeminados, ¡nunca!
      Otra vez encontré en la calle a una criatura linda. Primero le
      invité una cerveza y después propuse que fuéramos a mi estudio para
      enseñarle unos libros y platicar más a gusto. Rápido llegamos a las
      caricias y ya que nos íbamos a acostar, mientras nos quitábamos la
      ropa se acercó a un espejo que había y dijo:
      3Ž4¿Verdad que tengo muy bonito cuerpo?
      Al oírlo pensé: "¡Ah caray, éste es de los otros!"
      3Ž4Acabo de recordar que tengo que atender un asunto pendiente,
      contesté. ¿Qué te parece si mejor bajamos, hablo para ver su no es
      necesaria mi presencia, merendamos y luego volvemos a subir?
      3Ž4Por mí ¡encantado! No te apures.
      Fuimos a un café de chinos de mucho ambiente que esta cerca de la
      Escuela de Leyes, en el Centro. Lo senté, hice como que iba a hablar
      y al regresar le dije:
      3Ž4Fíjate que tengo que ir urgentemente a ver un enfermo, pero
      toma, te dejo dinero para que cenes y aquí nos vemos pasado mañana, a
      esta hora.
      Salí como si fuera huyendo de la peste.
      Jamás me gustaron los afeminados ni fui capaz de acostarme con
      alguno. En cuanto veía algún dengue entre mis prospectos
      inmediatamente lo cortaba.
      Lo bonito es amar con hombres.
      (En Elías Nandino, Una vida no velada, de Enrique Aguilar.
      Editorial Grijalbo, 1986).

      El mecanismo de Nandino es transparente, y es el de la
      mayoría de los gays de ese tiempo. Para conservar el prestigio
      íntimo y no "salarse", el gay no debe acostarse con sus iguales.
      En las penumbras se conforma el ghetto. Por eso el verbo que
      se usa como señal es entender, esto es, saber con exactitud el
      significado del otro comportamiento. El entendido domina los
      secretos: quiénes son sus semejantes, en qué consisten las reuniones,
      cuál es el idioma secreto, porqué se asiste a los bailes anuales como
      si se fuera a una batalla, quiénes son los que ocultan de todos menos
      de unos cuantos, aquellos que, porque les consta, los delatan.

      "Soy elegante no por distinguirme de los demás, sino
      con tal de distinguir la vulgaridad de los demás"

      Durante una larga etapa los testimonios no varían, y el código de
      comportamiento de los gays de la sociedad se vuelve un ritual.
      Anótense la languidez, la ironía (en el sentido de wit, de ingenio
      epigramático), la cultura superior al promedio y muy elevada en lo
      tocante a las artes, el nacionalismo sentimental (si alguno). El
      común denominador es el afeminamiento.
      Estos snobs y dandies, los de "la primera generación de
      homosexuales en México", aspiran wildeanamente a ser "una obra de
      arte" o a portar una obra de arte, y en pos de la metamorfosis se
      rodean de objetos del Oriente o de la era victoriana o del
      virreinato, o del siglo XIX mexicano, mientras su guardarropa se
      adelanta a su tiempo. Y 3Ž4sin imaginar siquiera lo descrito por ese
      término3Ž4 suelen ser Camp, esa técnica gay que descubra y exalta los
      estilos desbordados, las madrigueras del manierismo. En su célebre
      ensayo, Susan Sontag define el Camp: "Es una manera de ver el mundo
      como un fenómeno estético, no en la adopción de la belleza, sino en
      términos de artificio y estilización".
      Los gays aman a las divas, sean de Hollywood, de la opera,
      del cine mexicano o de la canción popular, y de ellas desprenden el
      tono fársico o el melodramático, y por ellas adquieren lo esencial
      del repertorio (el museo) de gestos que conforma una cultura y eleva
      a sus "altares" a lo vulnerable y lo absurdamente bello. Su modelo
      inevitable es europeo al principio y luego, ya en forma orgánica,
      norteamericano, y su capital simbólico es la elegancia. En un
      sentido muy preciso, el guardarropa es su "ideología", no tanto por
      la frivolidad ostentosa, sino porque la adoración de la apariencia es
      la proclamación divertida de la disidencia. Cuando Ignacio de la
      Torre, yerno de Porfirio Díaz, le enseña a sus invitados el closet que
      contiene doscientos pares de zapatos, y comenta: "Esto señores, es mi
      biblioteca", no se jacta de su ignorancia, aunque la tenga, sino de
      su pose dandy. (Afirma Oscar Wilde: "Los solteros ricos deberían
      pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que los
      otros").
      Los predisponga o no su naturaleza física, los gays debe ser
      obviamente afeminados, de voz dulzona y cejas depiladas, con el
      darling como muletilla verbal, cobardes por definición, "científicos
      del vesturario", de observación precisa al armonizar una sala o una
      recámara, al intuir las combinaciones del color o al disponer de las
      corbatas que resaltan sin deslumbrar. Ser afeminado es asumir de
      antemano la condición de vencido y transformarla hasta donde se puede
      en las victorias de la forma sobre cualquier pretensión de contenido.

      El nacionalismo revolucionario
      contra los maricones

      La izquierda marxista y el nacionalismo revolucionario coinciden
      ampliamente durante el auge del radicalismo (1925­1940,
      aproximadamente). Un punto de acuerdo es el desprecio hacia los
      homosexuales. En un artículo intitulado "Arte puro: puros maricones"
      (Choque. Organo de la Alianza de Trabajadores de las Artes
      Plásticas, núm 1, marzo de 1934. Reproducido en Textos polémicos, El
      Colegio Nacional, 1999), Diego Rivera se explaya contra el arte
      purismo, "el método lacayesco de ofrecer al burgués que paga un
      producto que no amenace sus intereses", y se enfada:

      Por eso el "arte puro", "arte abstracto", es el niño mimado de la
      burguesía capitalista en el poder, por eso aquí en México hay ya un
      grupo incipiente de seudo plásticos y escribidores burguesillos que,
      diciéndose poetas puros, no son en realidad sino puros maricones.

      Documentos: la visión penal del Estado

      En el artículo 53 del Código Penal de Veracruz (1931) se establece:

      El estado especial de predisposición en una persona, del cual resulte
      la posibilidad de delinquir, constituye peligro socialmente.
      Se consideran en estado peligroso: 1. Los reincidentes y los
      habituales; II. Los alcohólicos, los toxicómanos, los fanáticos, los
      invertidos y demás defectuosos mentales.

      En 1944, Francisco González de la Vega, una eminencia jurídica según
      consta en la enumeración de honores que acompaña a su nombre en sus
      libros, termina su Derecho Penal Mexicano (Editorial Porrua, 1945).
      En el tomo III dedica unas páginas a la homosexualidad donde comparte
      el criterio, avanzado para la época, del jurista español Jiménez de
      Azúa:

      424. El homosexualismo es una fijación irregular del instinto sexual
      que tiende a la satisfacción erótica con personas del mismo sexo,
      llamado amor socrático para los varones y amor lésbico o sáfico para
      las mujeres. Generalmente los homosexuales activos o pasivos se
      clasifican en: a) absolutos; b) anfígenos o sea los que sienten
      entusiasmo por ambos sexos; y c) ocasionales o sea los que por
      circunstancias especiales practican la inversión, pero que vueltos a
      condiciones sociales normales de vida adquieren hábitos ordinarios,
      v. g. los presidiarios.
      El homosexualismo ha sido de las perturbaciones sexuales la
      más discutida dentro del derecho penal y la que representa soluciones
      legislativas más contradictorias. Ya sabemos, por explicaciones
      vertidas con anterioridad en este mismo capítulo, que no sólo la
      práctica de la inversión sexual sino todos los actos de fornicación
      extramatrimonial eran reprimidos penalmente en las épocas en que, por
      exagerada influencia de las ideas religiosas, se confundían los
      pecados de lujuria con los delitos sexuales. Rebasada esta época, en
      la edad contemporánea los países de tradición latina han permanecido
      generalmente indiferentes ante la práctica de los actos de sodomía
      ratione sexus, salvo cuando éstos se realizan con empleo de fuerza
      física o intimidación moral, o cuando se practican en menores
      constituyendo así pederastía, o cuando se efectúan escandalosamente.
      Por vía de excepción algunos Códigos latinos como el chileno sanciona
      al que se hiciere reo del delito de sodomía, y el derogado Código
      español de 1929 punía al que habitualmente o con escándalo cometiera
      actos contrarios al pudor con personas del mismo sexo.
      En cambio, generalmente los países sajones y anglosajones
      sancionan el homosexualismo en sí mismo considerado. Código alemán,
      noruego, la legislación inglesa y la de los Estados Unidos, etc.
      La legislación mexicana no contempla como figura de delito la
      práctica de la inversión sexual debiéndose, sin embargo, notar: que
      el acto homosexual realizado por fuerza o intimidación integra delito
      de violación (v. adelante núm. 517); que cuando recae en menores
      (pederastía) puede constituir delito de corrupción a que se refiere
      el art. 201 del C. P.; que las acciones de lubricidad realizadas en
      personas del mismo sexo sin propósito inmediato y directo de llegar
      al ayuntamiento en púberes sin su consentimiento o en impúberes,
      reúnen las características del atentado al pudor (v. adelante núm.
      443); y que cualquier acto escandaloso por su publicidad efectuado
      por razón de homosexualismo encuadrada en la tipicidad del delito de
      ultraje público al pudor descrito en el art. 200 del C.P.
      Valorando el homosexualismo a la luz del derecho penal, que
      en materia de sexualidad desordenada no debe invadir el puro terreno
      de la conciencia o moral individuales, limitándose a tutelar
      intereses tan preciosos como los concernientes a la libertad o la
      seguridad sexuales 3Ž4mínimum ético indispensable para la vida
      colectiva3Ž4, nos parece correcta la actitud de los códigos mexicanos
      obedientes a la tradición latina de indiferencia ante estos
      problemas, y, en la materia, nos unimos a la opinión de Jiménez de
      Asúa (190) 3Ž4el ilustre profesor desterrado de su cátedra española
      pero, por derecho propio, honorario huésped de las Américas3Ž4
      destacada en los párrafos que en seguida trasladamos: "En la época en
      que todos los actos humanos se ponían a cargo de la voluntad, parecía
      lógico castigar a los homosexuales, no ya en el caso de que trataran
      de practicar por la fuerza sus uniones extraviadas3Ž4 lo cual está hoy
      penado con justicia como abusos deshonestos contra el individuo3Ž4 sino
      incluso cuando sus actos contra natura se realizaban libremente entre
      personas de iguales tendencias o bien mediante un convenio
      voluntariamente estipulado. En estos últimos casos el castigo tenía
      lugar en defensa de las buenas costumbres. Pero aún se mantiene en
      leyes vigentes y en Códigos proyectados este viejo criterio sin
      violencia ni engaño. Estas penas que algunos Códigos y modernos
      proyectos imponen a los homosexuales, están orientados en torpísimas
      concepciones médicas, o mejor dicho en la ignorancia de los problemas
      más elementales de patología sexual. Lejos de afirmarse hoy que el
      invertido es un delincuente, se procura la búsqueda de
      interpretaciones científicas a cuya luz aparece claro que el amor
      socrático y el amor sáfico no son actos delictivos, son hechos
      reveladores de trastornos constitucionales del sujeto. En todo ser,
      varón o hembra, existen además de los rasgos morfológicos de su sexo,
      vestigios de los del sexo contrario, recuerdo de la primera época del
      feto en que el embrión era bisexuado. La secreción interna de la
      glándula genital correspondiente 3Ž4ovario en la mujer, testículo en el
      hombre3Ž4 conserva e impulsa los rasgos sexuales específicos: pero
      otras secreciones internas probablemente emanadas de la corteza
      suprarrenal, por lo menos en su mayor parte (quizás también de la
      hipófisis), pueden actuar, excitando la reviviscencia de los
      caracteres sexuales contrarios. La energía de las hormonas
      homosexuales (ovario en la hembra, testículo en el macho) mantiene
      apagadas las hormonas heterosexuales y da lugar a la mujer
      morfológica y psicológicamente muy femenina y al hombre muy varonil.
      Mientras que el estado hormónico inverso, esto es, la relativa
      debilidad de las hormonas homosexuales, da lugar al hombre afeminado
      y a la mujer varonil (Marañón). No basta, pues, uno de los elementos
      hormónicos para que se verifique la tendencia a la inversión sexual;
      son precisos los dos... Un tratamiento médico opoterápico bien
      dirigido; prudentes operaciones quirúrgicas en ciertos casos; y a lo
      sumo, cuando el sujeto haya demostrado ser peligroso para la sociedad
      y los particulares, medidas asegurativas de custodia y protección,
      constituyen el único tratamiento eficaz contra los homosexuales."

      La provincia: "Si te quedas, aguántate"
      Fuera de la Ciudad de México, de su medio intelectual y artístico y
      de su vida nocturna, impera el espíritu provinciano, mezcla de
      fundamentalismo católico y analfabetismo científico. En las
      regiones, se prodigan las golpizas, los encarcelamientos, las
      expulsiones de las familias, los despidos, las humillaciones
      constantes. En el Istmo de Tehuantepec a los niños de
      modales "afeminados" se les educa como mujeres (el equivalente de los
      berdaches).
      Los casos de Alfonso Michel y Chucho Reyes son
      significativos. Michel, un pintor extraordinario, al volverse a
      Colima, su tierra natal, resulta una provocación y paga las
      consecuencias. En Alfonso Michel. Mito, leyendas, Universidad de
      Colima 1993, Jorge Chávez Carrillo documenta el acoso. Entonces, y
      la práctica continúa hasta la década de 1960, son frecuentes las
      cuerdas (los envíos de presos al penal de las Islas Marías, entre las
      que se incluyen los homosexuales detenidos al azar). En 1932, llega
      la cuerda a Manzanillo, y Michel, también llamado el Chopín, corre
      peligro:

      La Gallina reconoció al "comisionado" parado en la puerta. "Te habla
      Marentes." El Feo lo atajó: "¿Qué pasa" A las seis llega ]a cuerda,
      viene el tren a tiempo... ai tú sabes." Recibió un peso a cambio de
      la noticia y siguió el camino para prevenir y cobrar por ]os avisos.
      El Feo corrió tras Alfonso pero no lo alcanzó ni en el leonero ni en
      otro lado.
      El Feo buscó a Severo. "Encuentra al Chopín y escóndelo a güevo..."
      Chopín pasó la noche en la playa de La Audiencia conducido a punta de
      pistola a un solitario y apartado paraje por Severo Lezama, matón por
      encargo que le debía al Feo la vida...
      En la tarde se movilizaron los soldados de la guarnición de la plaza
      y el destacamento de marinos acantonados en el puerto en la maniobra
      para asegurar a la población durante el embarque de los sentenciados
      a prisión en las Islas Marías, criminales y ladrones.
      El anuncio de apresar a los jotos para desterrarlos como profilaxis
      social agregándolos en la cuerda, se prestaba para que se dijera que
      el gobierno era moral, y también para el chantaje, disimulo y la
      huida a un escondite a cambio de pesos fuertes o alhajas. Jorge
      Michel andaba en Colima en una diligencia en Palacio; ahí mismo lo
      paró el recadero con la noticia amenzadora. Chopin no peligraba en
      Colima si le entregaba el dinero por el aviso.
      En el puerto de Manzanillo se tendió la redada en la Pedregosa,
      buscando a la "Pola Negri". Los de la policía secreta se toparon con
      el garrobo querido del puto; entre órdenes, gritos y mentadas de
      madre arremetieron. Uno de la "secreta" se dobló herido con
      verduguillo por el mayate. En la resistencia lo acribillaron a
      balazos, "Pola Negri" amarrado, aullaba como fiera herida. El portero
      del burdel, don Blas, amaneció muerto de muerte natural, tieso del
      susto. Por el rumbo se completó la cuota. En la noche, esposados y
      embarcados los homosexuales, velaron hasta el amanecer esperanzados
      en un milagro. El barco de la armada levó anclas. Dicen que en
      altamar murió la "Pola Negri".
      Severo Lezama entregó al Chopín a las siete de la mañana sano,
      asustado pero completo. La Gallina le dio un té para el soponcio y un
      almuerzo para la desvelada.

      A Jesús Reyes Ferreira, otro artista notable, se le detiene
      con las acusaciones de "invertido, corruptor de menores y organizador
      de saturnales" en su domicilio "sito en el cruzamiento de la calles
      Ocho de Julio y Morelos" (Las Noticias, de Guadalajara, 19 y 2 de
      junio de 1938). En su muy informado recuento Oblatos­Colonias.
      Andanzas tapatías (Campo Raso, 2001), Juan José Doñán complementa la
      información que solía proporcionar el propio Chucho Reyes, al que se
      le aplica entonces el método de costumbre, a él y a otros detenidos
      se les saca de la Comisaría a las seis de la mañana, se les hace
      barrer las calles rumbo a la estación de trenes y se le envía a la
      ciudad de México. En el camino, los espectadores les gritan, los
      escupen y les arrojan objetos. Entre quienes apoyan la expulsión se
      hallan los integrantes del Izquierdista Bloque de Obreros de Artes
      Plásticas.
      A los jotos se les deshumaniza a fondo. En Historia de lo
      inmediato, el poeta y cronista Renato Leduc da su versión de la Feria
      de San Marcos en Aguascalientes:

      Pero el clou 3Ž4como dicen los franceses3Ž4, o la cereza del helado) de
      la feria, son los puestos de pollo de los maricones. A la salida de
      los gallos, de la partida, de los tablados, no hay feriante ni
      familia local que no pase a saborear el plato de pollo, de enchiladas
      u otro antojito a los puestos alineados en un costado del bello
      Jardín de San Marcos ya bromear sanamente con los afeminados que los
      atienden: son hacendosos, serviciales, amables y discretos... "Unas
      pobres muchachas que se ganan la vida honradamente", según explicó
      uno de ellos al gobernador Rodríguez, quien los conminaba se
      ataviaran y se pintarrajearan menos escandalosamente. En ellos se
      duplica todo el repertorio del cine nacional: Hay la Pinal, la
      Tongolele, la María Félix, Toña la Negra, etcétera. Hay otros con
      motes más originales. Una noche el Brujo Zepeda, matador de toros,
      miraba fijamente al que nos servía. "¿Qué me ves...? , pregunto
      este. Y el Brujo: "La personalidad que tienes. ¿Cómo te llamas?" Y
      el tipo: "No soy más que una triste mesera... Me dicen la Mundial".
      3Ž4"Dame tu dirección", solicitó Zepeda. "Presta un lápiz y un papel"
      3Ž4pidió el tipo. El matador le tendió una pluma y una forma de giro
      telegráfico, único papel que traía. La Mundial examinó cuidadosamente
      la forma, y con la más graciosa de sus sonrisas dijo: "Te voy a
      escribir mi dirección aquí donde dice el beneficiario". Pero era
      admirable la amplitud de criterio y la condescendencia del pueblo y
      la sociedad de Aguascalientes hacía esta desviada subespecie humana
      tanto tiempo marginada... Ahora las cosas están cambiando. El
      homosexualismo es ya casi un timbre de gloria. "Para hacer carrera
      en el Servicio Exterior 3Ž4decía el difunto licenciado Rojo de la
      Vega3Ž4, en México se requiere ser maricón o heredo-porfirista. Algo
      debe tener esto... Conozco infinidad de putas regeneradas... pero no
      he visto todavía un solo maricón arrepentido..."

      No han quedado testimonios de los victimados y perseguidos de
      esa "subespecie humana" que tanto irrita a Leduc. Si en los espacios
      de "cierta tolerancia" de la capital se institucionalizan las
      tensiones y los abatimientos psíquicos, en la provincia la única seña
      de salud mental de los gays es el exilio. Quedarse es asumir el
      castigo, la burla permanente, el trato reservado a los eternos
      menores de edad (Se emplea con ellos el diminutivo, para subrayar que
      nunca son adultos), las golpizas, los asesinatos. Una versión
      convincente de este acoso es el destino trágico de La Manuela en El
      lugar sin límites, la película de Arturo Ripstein, sobre la novela de
      José Donoso.
      ¿Qué "humaniza" en parte? Las cualidades del gay el saberlos
      parte del paisaje social, la costumbre de tratarlos, las sensaciones
      de superioridad que provocan. En su novela La feria (1963), Juan
      José Arreola ofrece un excelente resumen de la mentalidad pueblerina
      en este tema:
      3Ž4¿Y qué me dice usted de los otros?
      3Ž4Los tú me entiendes...
      3Ž4Los del yo no sabía.
      3Ž4Así era desde chiquito.
      3Ž4A mí me daban miedo las mujeres.
      3Ž4¡Ay Dios tú, a mí me dan asco! Fuchi.
      3Ž4Cuando se te acaba el perfume, me tiras con el pomo...
      3Ž4Los que se desgajaron como un cerro aparte el día de
      la maldición.
      3Ž4El día del cataclismo, el día del terremoto original...
      3Ž4¡Ay el temblor! ¡Ay el temblor!
      3Ž4Pues mire usted, a mí me dan risa.
      3Ž4A mí me dan lástima.
      3Ž4A veces son muy buenas personas.
      3Ž4Son buenos cocineros.
      3Ž4Son buenas costureras.
      3Ž4Son muy trabajadores.
      3Ž4Deberían de caparlos.
      3Ž4Ponerlos a todos a vender tamales en la plaza, con mandiles blancos
      manchados de mole.
      3Ž4¡Ay, sí, de mole! ¡Ay, sí, manchados de mole..!
      3Ž4Mire, mejor vamos hablando de otra cosa. Vamos dejándolos en su
      mundito aparte, ahogándose como ratas, agarrándose desesperados a un
      pasaje de San Agustín...
      3Ž4¡Imagínate tú qué compromiso! Tener que salvar mi alma en este
      cuerpo tan grandote...
      3Ž4En este cuerpo de hombre tan feo y tan grandote.
      3Ž4¡Aquí en la cocina del infierno!
      3Ž4Probando atole con el dedito...
      3Ž4Probando atole con el dedote...
      3Ž4¡Atizando el hornillo! ¡Meneando las ollas del diablo Calabrote!

      Arreola capta con agudeza la versión coral del prejuicio. En
      los pueblos y las pequeñas ciudades sólo se admite la existencia de
      los gays si recaban el desprecio unánime, y por eso, quien no pregona
      su condición le niega a la comunidad las oportunidades del repudio:

      3Ž4Pues mire, yo prefiero que sean así como Celso, maricas con ganas y
      de a de veras, como unos que vi en la frontera con la boca pintada y
      con ceja sacada, y no como esos que parecen hombres y que andan por
      allí con la mirada perdida, mordiéndose los labios. No se les nota
      nada, si usted no se fija, pero la apariencia de sus rostros
      testifica contra ellos, como Sodoma publican su pecado. Se hacen
      señas unos a otros y se reconocen sin hablarse y quedan en verse
      quién sabe dónde.

      En la provincia hay dos excepciones parciales de la regla del
      menosprecio, ambas caracterizadas por el alto número de extranjeros:
      Acapulco y Cuernavaca. En Cuernavaca, las reuniones alrededor de las
      albercas corren a cargo de europeos o norteamericanos con dinero.
      Uno de ellos, Joachim von Bloch, se ufana de su pertenencia a la
      nobleza alemana. (A él lo parodia sin fortuna Luis Spota en Casi el
      paraíso). Acapulco es un "mercado de la carne" para los turistas de
      cualquier persuasión.
      Los gays de Guadalajara comparten las pretensiones criollas
      de su entorno, lo que significa orgullo por la prosopia, algo de
      dinero y demasiado tiempo a la disposición: levantarse tarde,
      sobremesas dilatadas, noches en vela, fines de semanas en Chapala o
      Los Ángeles, Los gays sirven a la tradición, ponen de realce las
      genealogías de la "aristocracia tapatía", estudian y coleccionan el
      arte virreinal, redescubren el gran arte popular. La Buena Sociedad
      de Guadalajara admite a "decadentes" notorios y dos de ellos,
      Guillermo Hermosillo, Guille, y Gabriel Orendáin, Gaby, resultan
      legendarios. Son elegantes, administran con parsimonia el escándalo,
      apaciguan con gran elocuencia a sus familias, y son a tal punto
      escuela de modales, ironía y vestuario que sus anécdotas se
      coleccionan. Su notoriedad alcanza el nivel de la cultura popular.
      Según explica Juan José Doñán (Oblatos ­ Colonias), en su honor o en
      su descrédito se inventa una porra emitida en los encuentros entre
      dos equipos, el Atlas y Guadalajara. Al ser Hermosillo y Orendáin
      partidarios del Atlas, los del Guadalajara gritan: "¡A la Guille, a
      la Gaby, a la Ay si tú,/ Atlas, Atlas, Ay Dios tú!". Una anécdota de
      Guille: mientras da a luz la esposa de su amante (y chofer), se
      encierra en su recámara para emitir los gemidos y efectuar los
      movimientos de una parturienta.
      Los gays populares de Guadalajara disponen de un espacio
      legendario, el barrio de San Juan Dios, ya desde los inicios del
      siglo XX sinónimo de vida gay. Doñán recuerda Gente profana en el
      convento (Botas, México, 1950), la colección de estampas del pintor
      Gerardo Murillo, el Dr. Atl. Allí el artista refiere un episodio de
      1919 cuando tras la derrota en Aljibes de los carrancistas, a él lo
      captura una turba, que le quita su ropa, y le adjudica la de una
      difunta, "una blusa color de rosa llena de encajes "entre las
      prendas. Se llevan al Dr. Atl a Ometusca, y allí, cuando el oficial
      a cargo del pelotón ve el aspecto del artista

      se rió de mí a sus anchas, y cuando me preguntó de donde era yo y le
      contesté con cierta humildad, no exenta de sacorronería, que era de
      Guadalajara y del barrio de San Juan de Dios, el capitán tuvo que
      cogerse la barriga para no estallar de brisa "¡Claro, dijo, ya me lo
      figuraba yo!".

      La minoría gay sólo dispone de unos cuantos representantes visibles
      (que no sean "jotos de tortería") y su método para "hacer historia"
      es no desaparecer. En el período 1920-50, son "delegados de la
      especie" los imposibilitados para evitarlo, los carentes del escudo
      de "la doble vida". Por eso, la elección de profesiones no sólo es
      asunto de la vocación (el gusto, la capacidad imaginada o
      autoconcedida) sino de un criterio pragmático: "En este trabajo mi
      manera de ser importa menos". En su turno, los gays de clases
      populares, esa "masa deseante" desconocida, carecen de la conciencia
      de lo diferente y, ven en el comportamiento a la única teoría
      válida. "Lo que yo hago es lo que yo pienso".
      Los gremios favorecidos en la selección de símbolos sexuales
      son los soldados, los marinos, los meseros, los choferes. Se juega
      al bridge y el póker, y el alcohol es simultáneamente escape y
      confesionario, autoengaño y aceptación lacrimosa de los padecimientos
      de la marginación. ¿Cuáles son los pasos de la identidad gay de
      acuerdo a la sociedad? Los contenidos en los siguientes términos:
      aberración, anomalía, enfermedad, marginalidad, condición
      minoritaria. En este sentido, por mal definidas y brumosas que
      resulten las teorías que cada gay sustenta sobre su conducta,
      funciona impecablemente esa sobredeterminación o esa adopción del
      fatalismo. El determinismo interpretativo colma los huecos de la
      explicación que vuelve "racional" el deseo y sus prácticas.

      Las voces de la denigración
      El argot de una minoría en los principios nunca es muy amplio, en la
      medida ya que suele imponerse desde fuera, e implica la adopción por
      sus víctimas del vocabulario peyorativo. Entre otros términos, los
      previsibles: Maricón: de María, la mujer por antonomasia. Puto, el
      equivalente de puta, el que vende de su cuerpo. Joto: la figura de
      la baraja, toda engalanada. Loca: que pierde el juicio creyéndose
      mujer. Item más: Floripondio, mujercito, piripitipi, invertido, Tú
      la trais, sodomita, invertido, pederasta. Para mujeres: tortillera,
      manflora. Y para los prostitutos: el nahuatlismo mayate, el insecto
      que empuja la mierda.

      Los bares: Al fin solos

      Oh cuanta noche habitan nuestros deseos.
      Quevedo. Marco Bruto

      En 1949 ya existe un lugar gay, el Madreselva, un cabaret pequeño
      donde los entendidos beben pero no bailan, ansían pero no suelen
      aventurarse más allá de lo verbal, más allá de lo admitido por el
      juego de las manos bajo la mesa y el "coito visual". Los asistentes
      temen las redadas y por eso llevan dinero extra y prescinden de
      anillos y relojes costosos. En 1951, frente al teatro Lírico, se
      inaugura Los Eloínes, un cabaret amenizado por un conjunto cubano,
      que mezcla obviedades y sigilos, al amparo de un cuadro enorme de
      Carlos Mérida, situado detrás de la barra. El dueño, Daniel Mont, el
      King Kong, convoca a los gays de buena sociedad, que luego del
      teatro, la ópera o la Sinfónica, cenan en sitios chic y 3Ž4con
      frecuencia de smoking3Ž4 se descuelgan en Los Eloínes a "codearse con
      el peladaje". No hay otra: las reglas del Ligue exigen el slumming,
      la nostalgie de la boue, esa "nostalgia del cieno" que obliga a los
      de la Alta a sumergirse en los barrios bajos, e igualar la cacería de
      los proletarios con la fascinación del abismo. En Los Eloínes las
      escenas chuscas se suceden, y una, divulgada mitológicamente,
      describe la entrada en el bar de un profesor de literatura, alto y
      robusto, de voz potente, ansioso de pleito. Se acoda en el mostrador
      y grita: "Vine a ver si aquí hay un hombre". Nadie responde y todos
      siguen hablando sin darse por notificados. Insiste: "Vine a buscar a
      buscar a un hombre. ¿No hay ninguno?". El barman le pide que se
      largue, y don Pancho, el profesor, reitera: "Por última vez, ¿qué no
      hay aquí un hombre?". Un joven se le acerca y comenta en voz
      baja: "No, aquí no hay ningún hombre, y la que se va a la chingada
      para ver si allí lo encuentra, eres tú, pendeja". Un golpe seco "que
      retumba" aseguran un testigo, el profesor cae fulminado y lo sacan de
      Los Eloínes como un fardo.
      La novedad de los lugares es tanta que su atractivo principal
      es su existencia. Entre los más famosos, Las Adelas, a un costado de
      la Plaza Garibaldi, frecuentado por travestis, gays en pos de la
      aventura, turistas y heterosexuales borrachos. En la rockola
      canciones rancheras, como "Un mundo raro" de José Alfredo
      Jiménez: "Di que vienes de allá,/ de un mundo raro,/ que no sabes
      llorar,/ que no entiendes de amor,/ y que nunca has amado". Los que
      salen del lugar a las siete de la mañana observan a la cola de
      señoras con sus botes. A esa hora, Las Adelas se convierte en
      lechería.
      3Ž4 L'Etui, un bar en Avenida Chapultepec y Florencia, afamado por el
      mesero, Chucho, personaje que conoce a todos, transmite recados, es
      servicial y es el periódico de la comunidad: "¿Van a ir al velorio de
      Ramoncito Gay?".
      3Ž4 El Eco, en la calle de Sullivan, que es cabaret y restaurante y
      posee una barra enorme, es la pasarela de los entendidos.
      3Ž4 El Tenampa, el centro de la Plaza Garibaldi, que estalla en la
      madrugada en un girar de opciones sexuales, entre mariachis y
      confesiones alcohólicas a todo volumen.

      La segunda generación de gays
      De un modo imposible de precisar, la sociedad y la opinión pública
      aceptan distraídamente la existencia de los gays, no sin burlas,
      desprecios y la inevitable deshumanización. Sin embargo, allí están,
      en los restaurantes de lujo, en los conciertos, en la plaza de la
      Condesa en Acapulco, en los estrenos de Broadway. En la década de
      1950 la red de amistades y conocencias (el ghetto) es lo bastante
      amplia como para aminorar los hostigamientos y asegurar la
      visibilidad primera. Hay reuniones incesantes y hay
      anfitriones "institucionales", y en los testimonios se cita a dos:
      Wencho Mont y Morley Webb, social hosts insustituibles porque la
      Buena Sociedad Gay (entelequia que organiza fiestas muy reales) los
      frecuenta, los visitantes de Estados Unidos y Europa les llaman al
      llegar a la ciudad, y los "debutantes" de buena presencia buscan
      conocerlos.
      Wencho es un artífice del open house y del estar al día en
      estilos de bada, que enseña obligatoriamente a sus amigos. Morley,
      un norteamericano muy rico, ofrece una fiesta anual de disfraces de
      la que no se exceptúa nadie que sea Alguien en al Ambiente. A ellos
      se agregan otros excéntricos, miembros de familias conocidas, muchas
      de ellas porfirianas. Así por ejemplo los hermanos Ben­Hur y Emilio
      Baz Viaud Ben, diseñador y pintor, vive por largo tiempo en Estados
      Unidos donde se hace amigo de la élite gay, entre ellos Cole Porter,
      Christopher Isherwood, George Cukor, Clifton Webb. Cuando alguien de
      la minoría selecta de los gays viaja a México, Ben Baz es su
      anfitrión, el que les ofrece cocteles y los relaciona
      convenientemente. Su hermano Emilio es un gran pintor apenas
      conocido. Y Arturo Pani, el Raro, es un decorador de interiores cuyo
      sobrenombre le viene de un comentario de su madre. "No, si mi hijo
      no es joto, sólo es rarito".
      Al lado de los recordados, algunos evocan a los "tatuados" por los
      sobrenombres. Entre ellos, la Virgen del Chingadazo, un anticuario
      asaltado por un mayate que de una cuchillada le marca la cara para
      siempre. O La Mujer que Espantó a Drácula, el productor de teatro
      que en sus vanos intentos de seducir practica el strip­tease con
      luces tenues. O El Culo de Nube, orgulloso de su espiritualidad y
      sus sentimientos religiosos. O Deepy, al que llaman así porque
      borracho se pone profundo y se interroga sobre el sentido de la vida.
      (De él se repita su filosofema: "Entre el ser y el no ser hay un
      abismo") O la Confiésome Madre, dueño de una tienda de objetos
      religiosos que a la menor provocación cuenta sus relaciones
      familiares (terribles) y la historia de su tío cura que lo violó y
      ahora lo excomulga.
      Están desde luego los modistos. Uno muy afamados es Henri de
      Chatillon, al que Diego Rivera, sin piedad alguna, retrata probándose
      un sombrero de mujer ante el espejo, y el que debe pedir perdón en
      público por decir en una entrevista: "Las mexicanas tienen las nalgas
      muy feas". Otro modisto: Armando Valdés Pieza que viste a María
      Félix y Dolores del Río, entre pleitos celebrados por la alta calidad
      de los celos.
      Hay anécdotas muy significativas. En una de ellas, un escritor
      costumbrista famoso, sorprende a su hijo, muy amanerado,
      contoneándose en el vestíbulo de Bellas Artes. La grita y lo
      zarandea. El vástago responde: "Compórtate, papá, ¿no ves que te
      están viendo los padres de otros jotos? Esos nunca hacen
      escandalitos". Un caso (mucho más que eso) es el del boicot a un
      cantante español, Miguel de Molina, de voz excepcional. De Molina es
      republicano en la Guerra Civil, durante el sitio de Madrid interpreta
      el Himno de la República en los teatros, y al triunfo del franquismo
      se queda en España en situación muy riesgosa. Se prenda de él un
      marqués, golfo notorio que, al verse rechazado decide vengarse. Una
      noche, el marqués y su grupo de rufianes secuestran a Miguel a la
      salida del teatro, lo pelan al rape, lo golpean salvajemente y le
      hacen ingerir aceite de ricino. Como puede, Miguel se va de España y
      se establece en Argentina. Intenta probar suerte en México, y en
      1944 se presenta en el Teatro Lírico en el momento de un gran
      conflicto. Debido a la disputa por la titularidad del contrato, los
      lideres del nuevo Sindicato de Actores (Mario Moreno Cantinflas,
      Jorge Negrete y Gabriel Figueroa) se oponen, y anuncian que se
      presentarán a cancelar el debut. El presidente Manuel Avila Camacho
      quiere impedir el pleito y pone bajo vigilancia policial a los
      lideres. Cantinflas escapa, entra al Lírico disfrazado y cuando
      Miguel empieza a cantar, se levanta y grita: "¡Maricón! ¡En México
      nomás cantan los hombres! ¡Lárgate!" Unos días después, sin haberse
      presentado, De Molina sale del país.

      Los crímenes de odio: "Lo maté por maricón"
      Si siempre han existido, sólo a partir de la década de 1940 comienza
      a notarse la alta frecuencia de los crímenes de odio contra
      homosexuales. Antes, la hipocresía inmensa reduce al silencio todo
      lo concerniente a los gays, y tal vez por eso 3Ž4hipótesis
      complementaria3Ž4 los crímenes de odio se multiplican al ya comentarse
      e imprimirse las noticias sobre "lo indecible", al divulgarse las
      nociones freudianas y diluirse un tanto la bruma informativa.
      Entonces, se agudizan el miedo y el asco y el machismo ofendido exige
      el sacrificio del corruptor.
      No obstante las veintenas de gays victimados cada año en todo
      el país, no hay temores o rachas homicidas que detengan la fiebre del
      Ligue. Al tanto de los riesgos, los gays están seguros: de algo se
      tiene uno que morir y, además, el sentido del humor adereza la
      resignación. Según relataba Wencho Mont, uno de sus amigos cada que
      observa en los bares a un gay irse con un mayate, canturrea la trova
      yucateca:

      El día que cruzaste por mi camino,
      tuve el presentimiento de algo fatal,
      esos ojos, me dije, son mi destino,
      esos brazos morenos son mi dogal.

      Con cierta regularidad se cumple "el presentimiento de algo
      fatal", y algunos mueren estrangulados por el "dogal" de los brazos
      morenos, aunque lo usual es la saña de incontables puñaladas. Los
      amigos, por serlo y por estar en las agendas, sufren detenciones y
      chantajes, y las familias suelen renunciar a cualquier
      investigación. ¿Qué ganarían? No se hallará al criminal, el morbo
      rodeará el caso y algunas víctimas son casados y con hijos. Además,
      en la prensa se habla de crímenes de homosexuales y no, como es casi
      siempre lo cierto, de crímenes contra homosexuales.
      Algunos casos son célebres. Menciono cuatro:
      3Ž4 el asesinato del sacerdote Fullana Taberner en 1958, asesinado por
      el luchador Pancho Valentino y dos cómplices. El primer día, la
      prensa sostiene las "relaciones íntimas" del cura y el luchador.
      Luego ya no se menciona este vínculo porque el clero oculta la
      existencia de sacerdotes gays..
      3Ž4 el asesinato de compositor Nico Jiménez en 1959, autor
      de "Espinita" ("Suave que me estás matando,/ que estás acabando con
      mi juventud"), en su departamento de la cale Revillagigedo.
      3Ž4 el asesinato en septiembre de 1959 de una prestamista rica,
      Mercedes Cassola, conocida como "jotera" (mujeres que amistan con
      gays para sentirse seguras), y de su amante Ycilio Massine, que
      ejercía la prostitución masculina. El crimen es muy sangriento, a él
      lo castran y con la sangre de ambos escriben injurias en las paredes.
      Como de costumbre, los detenidos y difamados son gente gay. Dos de
      ellos, de inocencia demostrada, pasan varios meses en la cárcel. Y
      una de las consecuencias del caso es el cierre de los bares gay en la
      ciudad de México. El regente del DF, Ernesto P. Uruchurtu o se
      entera de la existencia de homosexuales en México o cree necesario
      extirpar el mal impidiendo la reunión de pecadores.
      3Ž4 el asesinato del intelectual italiano Alvise Querel, en 1968, en su
      departamento en la calle Estocolmo, cerca del Paseo de la Reforma.
      El crimen es típico: abundancia de puñaladas, letreros contra la
      víctima escritos, con su sangre. Y la investigación policiaca es
      inexistente y es maligna. Se detiene a varios amigos de Alvise cuyos
      nombres divulgados por la prensa están en la agenda. En un acto de
      perfecta abyección, el director de Difusión Cultural, el articulista
      Gastón García Cantú, difama al gran escritor Juan Vicente Melo,
      hablando de sus orgías (v. revista Siempre!)
      3Ž4 los asesinatos del compositor Rafael Elizondo y su primo,
      apuñalados en su departamento.

      "Que es faltar a las leyes honradas/ del hombre y de Dios"
      En cualquier etapa, el complemento de la vida gay es la música. La
      opera o las canciones populares son al mismo tiempo autobiografía,
      creación instantánea de estados de ánimo, altares veneradísimos,
      proveedoras de letra de doble sentido, paisaje acústico de las
      predilecciones. A los opera queens se añaden, en una dimensión casi
      siempre complementaria, los fans del bolero, un género valorado por
      su calidad melodramática y su vocación de exceso. Allí se declara lo
      que difícilmente admiten las conversaciones. En 1953 se conoce el
      primer éxito de y para los entendidos, "Tú me acostumbraste", del
      cubano Frank Domínguez, en la versión "desgarrada" y abiertamente
      melodramática de Olga Guillot:

      Tú me acostumbraste
      a todas esas cosas,
      y tú me enseñaste
      que son maravillosas.
      Sutil llegaste a mí
      como la tentación,
      llenando de inquietud
      mi corazón.
      Yo no concebía
      como se quería
      en tu mundo raro,
      y por ti aprendí.
      Por eso me pregunto
      al ver que me olvidaste,
      ¿por qué no me enseñaste
      cómo se vive sin ti?

      El efecto de los boleros se potencian en escenarios propicios
      a la dicha del melodrama: cabarets, departamentos a la luz de la
      madrugada, casas de vecindad. Alguien pone el disco y se desata el
      sentimiento y su ideología, el sentimentalismo. Al oírse por
      ejemplo, el bolero "Prohibido"es enorme el placer de imaginarse
      viviendo lo indicado por la letra:

      Yo no sé si es prohibido,
      si no tiene perdón,
      si me arrastra al abismo,
      sólo sé que es amor.
      Yo no sé si este amor es pecado
      que tiene castigo,
      si es faltar a las leyes honradas
      del hombre y de Dios,
      sólo sé que me aturde la vida
      como un torbellino
      que me arrastra y me arrastra
      a tus brazos con ciega pasión.
      Es más fuerte que yo, que mi vida,
      mi credo y mi sino,
      es más fuerte que todo el respeto
      y el miedo hacia Dios.
      Y aunque sea pecado te quiero
      te quiero lo mismo,
      aunque a veces de tanto quererte
      me olvido de Dios.

      A lo mejor se alude a un adulterio que alcanza el ateísmo por
      amnesia, pero lo probable es que se trata de un affair gay. Los
      compositores y letristas "de Ambiente" ay filtran su experiencia a
      través de las torch singers, o más específicamente, a través de las
      interpretaciones de María Luisa Landín y de la predilecta, Elvira
      Ríos:

      Querido, vuelvo otra vez
      a conversar contigo.
      La noche tiene un silencio
      que me invita a hablarte,
      y pienso si tú también estarás recordando,
      cariño, los sueños tristes de este amor extraño...

      Los sueños tristes de este amor extraño... La idea de filtrar
      lo gay calificándolo de "mundo raro" o de "amor extraño" (lo queer),
      es una de tantas estrategias para decir la verdad. Entonces, la
      marginalidad busca institucionalizar lo inesperado. Además de las
      pasiones alcohólicas en los cabarets, se programa la ruptura de las
      inhibiciones, y en cada ocasión se legitiman los inconvenientes de la
      audacia: "Me desperté y dije: ¿Pero qué hago yo aquí y quién es esta
      maravilla (o ¿quién es este horror)?". Un himno del ligue durante
      décadas es "Una aventura más":

      Yo sé que soy una aventura más
      para ti,
      que después de esta noche
      te olvidarás de mi.
      Yo sé que soy una ilusión fugaz
      para ti,
      un capricho del alma
      que hoy me acerca a ti.
      Aunque me beses con loca pasión
      y yo te bese feliz,
      en la aurora que llega
      llora mi corazón por ti.
      Yo sé que soy una aventura más...
      En una cultura machista ¿tiene sentido que un hombre se
      dirija así a una mujer? La canción sólo se aclara si un hombre se la
      dedica a otro, como sucede en 1968 con "Strangers in the Night",
      (Strangers in the night,/ exchanging glances,/ wanderin' in the
      night/ what's worth the chances...")

      El humor: "¿Cómo estás, mi reina?/ Princesa, porque
      mamá no ha muerto"
      En la reunión, con espíritu ritual, el anfitrión entona un éxito de
      Libertad Lamarque:

      Loca, me llaman mis amigos,
      pues todos son testigos
      de mi liviano amor.
      ¡Loca!!...

      El humor, un favor de la conversación (Borges), juega un
      papel esencial. Al fin y al cabo los homosexuales son gays, alegres
      por definición, que buscan en el ingenio el santuario de su visión
      del mundo, allí donde la burla de sí es el primer signo de
      reconocimiento. Las frases se suceden y algunas se instalan como
      logros:
      3Ž4 (En una discusión teatralizada se hace la mímica de lanzarle un
      zarpazo al rostro del interlocutor) Eras bonita.
      3Ž4 Se fue a Europa sobresaltado y regresó sobrecogido.
      3Ž4 La única mujer que lo ha tenido en sus brazos es su mamá.
      3Ž4 Antes de tener una relación se echaba frascos de perfume en el
      cuerpo para que lo cogieran infraganti.
      3Ž4 Espejito, espejito, díme, ¿quién es la más bonita?/ María Félix,
      pero tú eres la más necia.
      3Ž4 Lo confundió la costumbre, y en vez de decir "Tengo un hambre
      atroz", dijo: "Tengo un hombre atrás".
      3Ž4 Dedicatoria perfecta:
      Aquí debía ir tu nombre,
      pero no lo pongo porque es de hombre.
      La repetición desgastan los hallazgos verbales que permanecen
      como señales de la tribu: "Chula de bonita/ Perdón, fui una loca y me
      ofusqué". Al semen se le llama "shampú de cariño", al joven
      proletario recién ligado se le dice "wash and wear", en las
      reuniones, al filo de la madrugada, estalla la procacidad:

      Anda que te den, que te den por el culo,
      anda por arriba y busca tu chulo,
      anda que te den, que te den por atrás,
      y verás que nunca te arrepentirás.
      (Con música de "Polichinela")
      Los chistes pueden ser pueriles, como los poemitas que se declaman a
      coro:

      Al subir la barca me dijo el barquero,
      las niñas bonitas no pagan dinero
      ¡Yo no soy bonita ni lo quiero ser
      porque las bonitas se echan a perder!

      La opresión desemboca en el hablar en femenino, el método donde la
      diversión se convierte en gozo del oprimido. Del "No merezco hablar
      en masculino", se pasa al "Me divierto muchísimo inventándome la
      identidad". El travestismo verbal, inevitable, va del autofestejo a
      la autocompasión. Y como equilibrio se entonan cancioncitas
      semipícaras:

      El chofer de este camión es un gran manejador,
      pero tiene un gran defecto
      que le gusta el cobrador.
      El chofer de este camión es un gran as del volante,
      pero tiene un gran defecto
      que le gusta su ayudante.

      Cuando la gana llega, la gana gana
      ¿En dónde comienza la historia de una minoría unida por la naturaleza
      del deseo y la cultura de las tinieblas sociales? Necesariamente por
      el Ligue, evidente o discreto, ritual o improvisado. En ese rumor
      que solía transmitirse de generación a generación el Ligue es el
      hábito de reglas muy fáciles de manejar y de riesgos que se olvidan
      al estallar la lujuria. ¿Cómo se liga, dónde se liga? Novo nos
      proporciona una información valiosísima sobre el ligue en la década
      de 1920:
      Garantizado el intercambio de miradas, ese lenguaje primero y último
      de los gays, cualquier lugar es propicio para el Ligue. Lo clásico
      antes de 1950 es la avenida San Juan de Letrán, donde no es
      infrecuente ver a gays "de posibles" que, como jugando, lanzan al
      aire monedas de plata. En 1937, en su poema "Declaración de odio"
      (de Los hombres del alba) Efraín Huerta proporciona la visión
      machista de la avenida:

      Te declaramos nuestro odio, magnífica ciudad.
      A ti, a tus tristes y vulgarísimos burgueses...
      a tus desenfrenados maricones que devastan
      las escuelas, la plaza Garigaldi,
      la viva y venenosa calle de San Juan de Letrán.

      En su acercamiento a Los hombres del alba, "los que tienen en
      vez de corazón,/ un perro enloquecido", Huerta enumera a los
      bandidos, los asesinos cautelosos, los violadores, los profesionales
      del desprecio, y allí incluye a "los maricas con fiebre en las
      orejas/ u en los blandos riñones".
      También se liga en la Avenida Juárez (Sergio Magaña aborda el
      tema en su canción "El Musafer"), y en los balnearios, los bares, los
      baños de vapor, los cines, los sitios próximos a los cuarteles,
      algunos cabarets. El Ligue, la ronda incesante de los cuerpos, es el
      centro de la vida gay, ordenado por una certeza: si lo que se hace no
      es voluntario, tampoco es involuntario.

      Créditos y descréditos de la sordidez
      ¿Qué es la sordidez, aquello alejado de las luces de la
      respetabilidad, lo que impulsa al contacto íntimo con desconocidos, a
      la aventura riesgosa, a la inminencia del chantaje y el arresto, a
      las turbias recompensas de la adrenalina, al abandono por unas horas
      de la personalidad de todos los días, a la conciencia torturada que
      ve en el castigo a su idea fija mezclada indisolublemente con la
      recompensa? La sordidez es lo propio del conjunto que incluye los
      baños malolientes, las butacas ruinosas de los cines, el piso
      resbaloso, las ojeadas de apremio, el cinismo valeroso, la mano
      confianzuda, la mano temblorosa, la pierna que se pega con ansiedad a
      la pierna contigua, las idas y vueltas por la sala del cine, las
      películas observadas a ráfagas en los intervalos de la vehemencia
      masturbatoria...
      En Jacinto de Jesús, Hugo Villalobos entrevistó a buen número
      de informantes e integrando sus relatos en una biografía básica que
      es individual y colectiva, es de un tiempo y de una psicología de
      tribu, donde la experiencia de cada uno suele explicar la de todos y
      a la inversa. "Ni igual, ni semejante, ni distinto", podría ser un
      lema que sitúe a cada uno de los personajes de este libro en relación
      a los demás.
      ¿Cómo se da el despertar a la opción estigmatizada, a los
      amores profundos, al revoloteo sentimental, a los desgarramientos y
      las dudas, a los suplicios producidos por el rechazo cotidiano? Un
      personaje típico clásico, el migrante elegido por Villalobos, deserta
      de la comunidad pequeña en pos de las libertades de la gran ciudad,
      donde entre los estímulos se encuentran el anonimato y el desfogue.
      El provinciano se acomoda en cuartos y departamentos, se asoma a la
      capital a través del ligue, y hace de su cuerpo el instrumento del
      conocimiento. Los saberes de la epidermis se transmiten a la
      sensibilidad y la imaginación, y si el saber es muy reiterativo
      también suele serlo la experiencia urbana.
      El gay que se urbaniza atraviesa el espacio secreto y público
      a la vez donde "la raza maldita" se reconoce gracias a la mirada
      posesiva y la mirada braguetera, y a partir de allí se palpa
      febrilmente, sitúa su identidad con el apoyo inevitable de la burla y
      el choteo, se asegura de su lugar en la sociedad atendiendo a los
      atropellos policiacos, usa del melodrama como intermediación
      literaria y si no va hasta el límite es porque, en los convenios de
      su cultura formativa, el límite ha sido su punto de partida.
      En este universo de la inmersión erótica y sexual (en el
      planeta de los ligues circulares), se ubica una de las estrategias de
      la independencia de la minoría. No es paradoja de segundo orden: el
      idioma intransferible donde también se satisfacen de las obsesiones.
      Tan sórdidas como se quieran, las circunvoluciones del ligue le
      otorgan a los proscritos el vocabulario básico ya no sujeto a las
      imposiciones del exterior, ya no dependiente de los vocablos y
      conceptos que los heterosexuales acuñan a modo de prisiones y cepos
      de infamia. Al ejecutar las acciones condenadas "por la moral y la
      buenas costumbres" (en todo caso, faltas administrativas y no
      delitos), los exiliados de la Respetabilidad encuentran el arma
      defensiva que es su programa inicial de autonomía.
      La homofobia emite las palabras que son decretos de
      ejecución: maricón, puto, joto, invertido, desviado, mariposón. Por
      demasiado tiempo estas agresiones vulneran cualquier identidad
      positiva de sus destinatarios, que antes de la lucha por los derechos
      civiles y la certificación de los derechos humanos, sólo se defienden
      con los recursos paródicos, mientras más enloquecidos más eficaces.
      Así, el trámite de normalización de la conducta (hasta donde era
      posible) lo asignó a estos vocablos (demoliciones sucintas) un rol
      muy distinto. Creados para difamar y pulverizar moralmente los
      insultos se convierten en versiones caricaturales ya no definiciones
      estrictas.
      Ni siquiera la sordidez es fiel a sí misma. De modo
      instintiva, los exploradores y paseantes de las antiguas salas de
      cine, vastas y populosas, descubren que, en su urgencia, los
      monosílabos del deseo vencen o aplazan cualquier censura íntima.
      Ande ya caliente y gríte la gente. Hoy, esto comienza a volverse
      incomprensible, casi desaparecidos los espacios de sombras, borrados
      por las minisalas que no admiten el viaje incesante de las butacas al
      baño, de la mano sobre la rodilla propia a la entrepierna ajena, de
      la luneta a la galería, del miedo a los "ganchos" y los policías a la
      reiteración de los movimientos corporales que provocan el arresto, el
      chantaje, la extorsión. En este punto la experiencia ha sido la
      madre de las ratificaciones. En el caso de los cines "de ambiente",
      la víctima solía volver al lugar del crimen.
      El gay está al tanto de lo que es porque le gusta lo
      prohibido. Al inscribir su impulso en la esfera de la fatalidad, no
      lo que es sino lo que no debió ser, el gay pobre o de provincia
      ignora sus derechos básicos, y se considera inmerso en una
      pesadilla. ¿Qué aniquilamiento de las pretensiones más adecuado que
      el hacinamiento en baños de vapor, en cines de segunda o tercera, en
      las calles y avenidas que son ghettos ambulantes?. La sordidez es el
      más vindicativo de los closets, y son precisamente la pena y el gozo
      que de allí se desprenden los que evitan la observación racional del
      deseo. A los paseantes en los cines se les podría aplicar lo
      dedicado por el poeta Carlos Pellicer a su amigo Salvador Novo:

      Y así hay noches de luna sin gobierno
      en que, para decirnos su amargura,
      arroja paraísos al infierno.

      Una aclaración pertinente: las criaturas de la búsqueda van a
      los cines a arrojar sus paraísos (el sueño del amor pleno, el
      espejismo de la respetabilidad, la resistencia al miedo), porque sólo
      deshaciéndose de ellos en la oscuridad los recuperan en los
      estremecimientos del placer. Esto obtiene la mecánica de la
      represión. Los proscritos vislumbran el paraíso en el triunfo sobre
      las prohibiciones por un minuto, cinco minutos, una hora, una noche,
      lo que sea. El lema de esta actitud podría ser una frase de un
      bolero de Consuelo Velásquez: "No quiero arrepentirme después/ de lo
      que pudo haber sido y no fue". Y el gay se abisma en el círculo del
      eterno retorno: siempre liga como por vez primera, la experiencia no
      lo produce madurez sino maña, el terror al castigo desmadeja su
      voluntad y, para restaurar los daños, nada más tiene a mano el
      desencanto, la indiferencia, la tortura anímica o el cinismo (En los
      marginados, el cinismo ha sido entre otras cosas la aspiración a la
      salud mental).
      La sordidez no es sólo el conjunto de atmósferas lúgubres, de
      escenarios inhabitables, de la impudicia que es la destrucción
      colectiva del pudor, del autoescarnio que anticipa y neutraliza el
      escarnio ("But if Baby. I'm the bottom you're the top", dice Cole
      Porter en una de sus canciones más gay). Luego la sordidez se
      observa de otra manera. Si los cines son ya templos minúsculos del
      consumo, si el sida veda las prácticas más salvajes, si las marchas
      gay en la ciudad de México y Guadalajara obstaculizan la rendición al
      Qué Dirán, la sordidez pierde su inmenso poder retentivo, así no
      desaparezca ni se prescinda de sus compulsiones.
      Con la pérdida de la juventud, al devaluarse lo que de Objeto
      Sexual tiene cada persona, el patetismo se adueña de la escena.
      ¿Cómo enfrentar la conjura de las miradas de rechazo a los que se
      añade la propia? Con las limitaciones de la edad, el patetismo es
      simultáneamente la autocrítica, la confesión de vencimiento, la huída
      por la puerta de la autocompasión y la disculpa social. En
      el "hedonismo a oscuras", entre los resplandores del jadeo, surge la
      pregunta inevitable: "¿Tu ligarías conmigo?". Y con la respuesta se
      inicia la asimilación del patetismo. Escribe Villalobos:

      Conforme transcurría el tiempo, la soledad y el miedo lo asediaban
      cada vez más, incluso las sombras mismas se convirtieron en entes
      siniestros que al igual que él vagaba de callejón en callejón, de
      parque en parque, de sótano en sótano, de refugio en refugio.
      Durante mucho tiempo estuvo convencido de que en las penumbras podía
      librarse, o evadir momentáneamente a la Cuerauáperi, pero Aurelio, la
      obsesión y la paranoia lo hicieron dudar de aquélla certeza, pensó
      que en algunas de las sombras estaban transfigurados algunos de los
      embajadores del destino, quienes lo fiscalizaban. Desde entonces
      también las sombras le provocaron desconfianza.
      Su miedo se acrecentaba, le temía a policías y a cualquier
      persona que transitaba por las banquetas, a los perros, incluso a su
      propia imagen ye repentinamente aparecía proyectada entre las luces y
      las bardas, entre las luces y el piso de concreto. Pero había un
      temor más profundo, el encuentro diario e irremediable consigo mismo,
      por ese motivo evitaba regresar al vecindario y verse en el espejo.
      Esto es parte de la historia invisible.

      Publicado en Debate Feminsita. Año 13. no. 26. octubre de 2002. pp.89-
      115.

      Fuente:
      http://www.gruposyahoo.com/grupo/androia
      ESPIRITUALIDAD GAY-LA FUSION DE LOS CONTRARIOS.


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