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#1496 De: "publicidadsexclusiva" <publicidadsexclusiva@...>
Fecha: Mié, 7 de May, 2008 5:23 pm
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#1495 De: "operadoresperuanosdeturismo" <operadoresperuanosdeturismo@...>
Fecha: Jue, 27 de Mar, 2008 9:54 pm
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#1494 De: "Maria del Pilar Victoria Ulin" <pilarulin@...>
Fecha: Mar, 17 de Jul, 2007 5:54 pm
Asunto: NUEVO FICS, ESTRENO
pilarulin
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Hola a todas, pensaba publicarlo mañana, pero tengo pensado desconectarme y regalarme un dia para no pensar en nada, tener la mente en blanco aunque sea solo el dia de mañana, asi que como no vendre a trabajar pues de una vez lo publico. Ahora al principio publicare de dos capitulos, pero conforme vaya agarrando sabor esto, de uno en uno.

Ojala les guste, sugerencias, comentarios ya saben!!!!! y gracias a mi amiguis Lauris que siempre esta dandome ideas sobre esto.

He aqui la creacion.

 

Bye bye.

 

Pili

No me abandones.

Capitulo 1:

Cuando dos mortales se miran a los ojos

Entra al mundo de la fantasía

Empieza el recorrido de la imaginación

Y sin darse cuenta han empezado a volar al mundo inmortal…….

Dayanh Lacroix, era hija de un General retirado de la fuerzas armadas de Irlanda, toda la vida de Dayanh estaba colmada de reglas y códigos, cuando Dayanh había nacido, habría preferido el General tener un hijo varón, pero había nacido una niña, tiempo después la madre de Dayanh había enfermado y los doctores para salvarle la vida tuvieron que retirar la matriz, por lo tanto ella era la única herencia genética de su padre.

Sus estudios los había realizado en colegios militarizados, sentía que su vida estaba vacía nunca se había enamorado de nadie, aunque su profesión ya estaba decidida por su padre desde que nació, ella siempre había soñado con ser Aeromoza de las mejores líneas aéreas de Europa, pero sabia que bajo el mando de su padre, nunca lo permitiría, así que por eso mientras estuvo al mando de su padre, recibió todos los cursos sobre aviación militar. Y cuando cumplió la mayoría de edad, se había revelado y huido de casa, desertando del servicio militar, pues quería realizar sus sueños, para eso trabajaría y así poder pagar sus estudios, pero a la verdad no era tan fácil como ella pensaba. Sin más remedio, tuvo que aceptar un trabajo de Guardaespaldas donde le pagarían una fortuna. Lo suficiente para poder pagar la Universidad el próximo año.

Todo empezó así……………..

Aeropuerto Internacional de México. Llegada de Westlife 9:45 a.m. Fans

Reportera: Estamos aquí a la espera del arribo del grupo irlandés Westlife, esto es la locura total la Terminal de llegadas internacionales es un verdadero caos, las fans enloquecidas mantienen prácticamente secuestrada esta área el Equipo de seguridad tanto del aeropuerto como de parte de la banda se encuentran nerviosos pues temen no poder contener a tantas fans que en arranques de querer tener un contacto con sus ídolos puedan causar algún caos mayor.

A lo lejos se podía ver que justo el momento en que Shane y Brian llegaban al área de migración a realizar sus tramites correspondientes, atrás caminaban un poco asustados Nicky y Kian, las chicas enloquecidas ya habían logrado burlar el primer cerco de seguridad, cuando apareció Mark, todo fue un caos terrible, las chicas lograron llegar a ellos, y el equipo de seguridad no pudo contenerlas, después de 1 hora agobiante habían podido rescatar a los chicos, el ultimo en subir a la camioneta había sido Mark, su ropa destrozada daba créditos de lo sucedido.

En el conflicto del aeropuerto un guardaespaldas había golpeado a muchas fans que ahora estaban hospitalizadas, pero todo había sido un éxito, de regreso a Irlanda, Louis su manager reunió a los chicos tenia una importante noticia que darles.

Louis: Hola Buenos dias chicos.

Chicos: buenos días

Louis: los reuní porque a partir del incidente del aeropuerto de México, he tomado una decisión, de cambiar todo el equipo de seguridad que les acompaña en la gira.

Shane: cambiar todo, ¿porque?

Louis: Porque la mayoría de sus fans son mujeres, y los hombres por naturaleza somos rudos, y sus guardaespaldas reaccionan de manera brusca y no queremos mas incidentes como el de las fans que salieron golpeadas en México, eso para la prensa es muy grave y crea conflicto en su buena imagen que ustedes dan hacia el publico.

Kian: Entonces ¿que sugieres?

Louis: Por esta gira se cambiaran los guardaespaldas por nuevas adquisiciones.

Brian: ¿nuevas adquisiciones?? No entiendo??

Louis: haremos la prueba integrando al equipo de seguridad a una mujer.

Mark y Kian: una mujer???

Louis: Si, Mark. Sera tu guardaespaldas,

Mark: Mi guardaespaldas??? No se porque presentía que esto cambiaria mi vida

Louis: recepcionista? Dígale por favor al Capitán Lacroix que puede pasar.

Mark: Capitán, pues que vieja amargada vas a darme por guardaespaldas.

Justo en ese momento tocaron la puerta.

Louis; Adelante.

Todos miraban atentos a la puerta quería ver quien era la Capitán Lacroix, todos esperaban descubrir quien era la nueva guardaespaldas de Mark.

Chica: Buenos días. Me sentía un poco fuera de lugar al echar un primer vistazos todos eran guapos, pero unos ojos azules abiertos de par en par me miraban de pies a cabeza.

Louis: buenos días Lacroix

Chicos: buenos días.

Louis: Mark, ella es la Capitán Dayanh Lacroix Von Ferdenailt, su formación académica ha sido en escuelas militarizadas, desde los 6 años, graduada como Capitán por las Fuerzas Armadas de Irlanda, tiene conocimientos de Enfermería, defensa personal, control de situaciones caóticas, y 200 horas de vuelo.

Mark: Y sabe lidiar con fans enloquecidas???. La observe minuciosamente, tenia que ser perfecta antes mis ojos, como podría tener alguien que me cuidara si no era perfecta para mí, pero ella lo era.

Todos rieron con este comentario de Mark.

Dayanh: Por supuesto Sr. Feehily, se como resolver situaciones caóticas, dijo de una manera cortante. Si, el dueño de esos ojazos era mi protegido, pero la primera decepción que tuve fue darme cuenta de que su sarcasmo nos traería muchos conflictos.

Louis: pues básicamente eso es todo lo relevante de todos modos, te doy una copia de su expediente pues a partir de hoy ella se encargara de tu resguardo, así que Mark ella es la Capitán Lacroix,

Mark: pues mucho gusto yo soy Mark. Sus manos reflejaban sinceridad y lo suave de las mismas me hizo sentir una sensación desconocida.

Dayanh: mucho gusto Sr. Feehily. Al sentir su mano una electricidad por mi espalda hizo que perdiera por un momento la noción del tiempo.

Louis: Pues creo que es todo, ella se integra al equipo de seguridad y ya sabe las reglas y compromisos,,,, sobre todo de ustedes, así que no intente sobornarla para que les deje escapar, tiene un código inquebrable de la rectitud y buen servicio.

-       Ya veremos que tan inquebrable es. De una u otra forma tengo que seguir llevando mi mismo ritmo de vida. Fiestas, tragos y mujeres.

Louis: Bueno eso es todo nos vemos la próxima semana por ahora sigan disfrutando de sus días de descanso.

Todos salieron desconcertados, sobre todo Mark, como iba a convencerla de dejarlo escabullirse de los lugares a donde iban de gira, como lograrían meter a las chicas y alcohol a sus habitaciones.

Brian: No se ustedes pero eso de la nueva sombra de Mark no me da buena idea.

Shane: vaya hasta que por fin Mark lo  tendrán quieto en los hoteles.

Kian: como podrás convérsela de que te deje hacer lo que quieras SR. FEEHILY dijo en voz de mando.

Mark: No se pero esa sombra no durara mucho conmigo, necesito un hombre que entienda de mis necesidades y pueda sobórnalo mas fácilmente, Algo tendré que hacer para arreglar este asunto.

Nicky: Es una mujer ruda se puede ver, pobre Mark, esto es ridículo el niño consentido de las fans, es ahora cuidado por una mujer, j aja j aja j aja es bastante ridículo

Mark: yo me encargo de que no dure mucho tiempo.

Capitulo 2:

Ya habían pasados unas cuantas semanas de que Dayanh había llegado al equipo de seguridad, Guillan y Kerry novias de Shane y Brian, veían con buenos ojos que una mujer estuviera al frente de equipo de seguridad, tenían buenas referencias de ella, y estaban seguras que así sus amores estarían mas seguros y no se atreverían a meter mujeres a sus habitaciones, pues no habrían quien consintiera sus travesuras. Así que decidieron ir juntas a conocer en persona a la guardaespaldas, para eso, citaron a Gina novia de Nicky par que las acompañaras.

Al llegar al lugar donde se encontraban reunidos los chicos, Gina reconoció a Dayanh,

Gina: Dayanh Lacroix???

Dayanh: Disculpe???. Su rostro me era familiar, pero no podía recordar de donde.

Gina: es usted Dayanh Lacroix, la nueva guardaespaldas.

Dayanh: Si, tu eres Gina, Claro que era ella, mi antigua y única amiga, tenia tantos años de no vernos, desde que éramos unas niñas.

Gina: si

Dayanh: OH que sorpresa, no me digas que el gran Nicky de fa infancia es el mismo Nicky Byrne?

Gina: Aun lo recuerdas, no puedo creerlo, y si es el gran Nicky por quien fui a parar un par de años al Colegio Militar.

Dayanh: No te preocupes están en buenas manos.

Gina: mira te presento a Kerry novia de Brian, Guillan novia de Shane.

Dayanh: mucho gusto, Dayanh Lacroix

Gina: Chicas ella es una antigua amiga cuando mi padre me envío de castigo a cursar dos años en un colegio militar.

Chicas: mucho gusto.

A partir de ese momento las chicas, llevaban una buena relación con Dayanh,

Hacia tres semanas que había empezado la nueva gira por el continente …..

-       Nueve meses para ser exactos durara este torturoso pensé mientras caminaba detrás de Mark en un centro comercial, ser la sombra de este tipo es desgastante, de lo mas caprichoso, de lo mas Don Juan, se cree el dueño del país de las mujeres.

Mark: Lacroix, entrare en esta boutique,

Dayanh: Le recuerdo que le han reconocido más de un centenar de chicas, y no tarda en armarse un caos de histeria aquí, así que le recomiendo abandonar rápidamente este lugar. Todo el tiempo quería ser el centro de atención, cansaba su actitud.

Mark: Lacroix, puedes dejar de decirme lo que tengo que hacer, dedícate a cuidarme solamente. Siempre estaba discutiendo con ella, nunca podríamos entendernos, solo quería que me dejara hacer mi vida como mejor me placiera.

Dayanh: Es por su seguridad,

Al decir esto sin saber de donde muchas jovencitas rodearon a Mark aquello empezó a ponerse verdaderamente caótico Dayanh intentaba rescatar a Mark, a como diera lugar, y sin pensarlo más lo levanto cual niño en brazos lo hecho en su espalda y salieron de ahí, algunos reporteros que se encontraban en el lugar había logrado captar ese momento.

Bájame ahora mismo gritaba Mark, por todo el pasillo secreto que tenia el centro comercial,

Dayanh: Como guste. En verdad quería que la multitud lo atrapara para que se diera cuenta que no era fácil cuidarlo y mas si el nunca ponía de su parte.

Mark: que le pasa acaso enloqueció, porque me trata como un niño. En mi vida me había sentido tan estúpido hasta ese momento en que me había sacado cargado del centro comercial, estaba más que furioso avergonzado con mis fans.

Dayanh: le recuerdo Sr. Feehily que su integridad física esta a mi cargo, aunque para serle sincera me siento aliviaba que solo sea eso, si fuera lo mental, ya hubiera renunciado.

Mark: Que le pasa!!! Que se cree para hablarme así, Soy Markus Feehily,

Dayanh: Así?, y yo Dayanh Lacroix simples mortales no?, recuerde eso simples mortales. No puede seguir arriesgando así su integridad que cree que pasaría si dejáramos que todas esas maniáticas jovencitas, se le acercaran, seguro que un arranque de histeria lo mataría.

Mark: Es que soy sumamente atractivo, dijo en un tono lleno de orgullo y vanidad.

Dayanh: Pues bien, intente salir de aquí, por sus propios medios, quiero ver como puede controlar a sus fans.

Mark: Para eso estas tu sombrita o no?

Dayanh: Sabe una cosa, logra estresarme cuando me llama sombra. Pero ante todo soy profesional y cumplo con mi trabajo, ahora sígame buscare la manera de salir de aquí sin que nadie lo vea.

Al buscar un salida rápida subieron al elevador, cuando iban descendiendo sucedió el primer acercamiento.

-       De un solo golpe se fue la luz, el ascensor, se detuvo violentamente en ese momento perdí el control y caí en los brazos de Mark, nos  miramos fijamente, los hermosos ojos azules de Mark, entraron de un solo golpe en mi mente y  corazón.

Mark: Estas bien?

Dayanh: Si, disculpa se supone que debería cuidarte

Mark: Tu también eres mortal sombra y le regalo una enorme carcajada.

Después de ese incidente, regresaron al hotel, Mark, parecía que aun con el incidente ocurrido aun no entendido la importancia de no exponerse y Dayanh no dejaba de pensar una y otra vez en los hermosos ojos azules de Mark mirándola fijamente. Cuando llegaron en el Lobby se encontraban Brian y Kian.

Brian: Donde estabas Mark?

Mark: viviendo el momento mas estúpido de mi vida.

Kian: y se puede saber cual fue ese momento mas estúpido.

Mark: Ahora no, me siento muy cansado, la sombra me rescato de unas fans a punto de robarme el ultimo aliento, con tanto forcejeo me ha dejado molido los huesos, solo quiero dormir.

AL día siguiente Louis Walsh había dado órdenes estrictas de que nadie saliera fuera del Hotel, por lo tanto desayunaría ahí mismo. Todos los chicos y miembros de Staff se encontraban reunidos ahí, solo faltaba Mark y Dayanh. Quienes venían llegando al Restaurant.

Mark: buenos días chicos.

Kian: Luces encantador, dime que se siente ser cargado como bebe por una mujer?

Mark: de que hablas Kian? Al escuchar el comentario de Kian, hubiera preferido que la tierra me tragara, y lo único que pude hacer fue voltear a ver a Dayanh con una mirada acusadora mientras ella solo me sonrió.

Shane: de esto.

Y al momento le enseño un periódico donde en primera columna aparecía Mark, siendo rescatado por Dayanh.

Los chicos empezaron a reírse del incidente de Mark………….

Mark: Esto es realmente humillante, de lo más ridículo. Jamás en mi vida me había sentido tan ridiculizado y todo era culpa de Lacroix, ella si ella, me desesperaba porque parecía gozar el momento.

Kian: Al parecer tu sombra tiene la suficiente fuerza en sus brazos para cargar un camión.

Nicky: Te cuidado Mark, un golpe de sus manos  y fracturaría tu hermosa cara.

Mark: Basta! Esto es bastante bochornoso para mi, mejor voy al gimnasio un rato.

Brian: Si, llévate de instructora a tu sombra para que te enseñe a estar tan fuerte como ella.

Ja j aja ja j Se escucharon la risas de todos.


#1493 De: "operadoresperuanosdeturismo" <operadoresperuanosdeturismo@...>
Fecha: Dom, 15 de Jul, 2007 3:10 pm
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#1492 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Lun, 9 de Jul, 2007 5:35 pm
Asunto: *-*-^-^-*-*Recuento de los daños*-*-^ -^-*-* (Cap. 6)
bryan_deutzy...
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Holas!
 
Grax por los regalos y buenos deseos, Pami y Jael nos han seguido ayudando con el festejo que va para largo jeje esta si que ha sido una semana llena de fiesta!!!
Aunque después del show de mi cumple... qué vergüenza! Les juro que jamás había tomado jeje y ese día se me pasaron las copas y el pobre de Bryan tuvo que soportar mi crisis veinteañera jeje (porque yo si cumplí 20 jajaja pobre Jael, le están agregando años jeje pero amiga, está bien que te defiendas, un año de juventud no se puede dejar ir jeje).
Pero como dijo un poeta veracruzano, Jorge Hdez. Utrera, "Soy feliz porque no vivo con la edad que tengo, sino con la que siento", algo parecido a Gabo jeje
 
Bien, cambiando de tema, el poema del fic me agrada, y aunque parece no encajar, veámoslo desde el punto de vista en que ella cree que tiene una estrella casi extinguida... ya me entenderán al leer jeje.
BiSeS
cLaU
 

Cap. 6

 
Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos. 
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida: 
carne, frijoles, pan. 
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.
Jaime Sabines
 
- ¿Ya los viste?
  - ¿A quiénes? –pregunté a Ivi sin detener la lectura.
  - A Kian y May. Míralos, últimamente están muy juntitos –en esta ocasión miré a mi amiga y a mi hermano.
  - Alucinas. ¿Además, qué con eso?
  - Yo quiero que Kian tenga una novia, May terminó una relación tormentosa, y le vendría bien comenzar algo con un chico inteligente, simpático, rubio, ojiazul…
  - ¡Tú-estás-loca! –exclamé cerrando mi libro, previamente colocado el separador- Yo me voy a leer a otro lado porque contigo no se puede –iba rumbo al jardín, cuando me fijé en Ivette, no apartaba la mirada de aquellas dos pobres víctimas de sus malos, sucios, negros y retorcidos pensamientos-. ¡Ivette Egan! –le grité.
 
- Lizy, en serio, ¿no lo has notado? –media hora después la tenía encima-. Es mucho tiempo compartido, May se sonroja cada vez que Kian abre la boca, Egan dice tonterías, tartamudea, May es pura risita tímida, Kian la ha invitado a casa tres veces en una sola semana, May le regaló unos pañuelos a Kian con sus iniciales bordadas…
  - Ivi…
  - ¡Date cuenta!
  - Sí, me voy cuenta que eres una perfecta chismosa.
  - Sólo piensa: May sería la mejor cuñada que podríamos tener –fue entonces cuando reparé en el comportamiento de esas dos importantes personas en mi vida.
  - Ivette, yo no creo que nosotras…
  - Dios nos pone como una mano que hará su santa voluntad –gesticulé graciosamente, parecía de esos predicadores baratos.
  - Y bien, ¿cuál es el plan? –pregunté dándome por vencida, y poniendo mi Cien años de soledad en la mesita del jardín, para empezar mis martirizados veinte años de compañía con Ivette.
  - Mira, yo con mi experiencia cupidesca -¡ay palabrita rimbombante!-…
  Miré con nostalgia al voluminoso libro de pasta dura color verde olivo, sí, la edición conmemorativa de los cuarenta años de la obra, ésa especial lanzada por la editorial Alfaguara en conjunto con la Real Academia de la Lengua Española; mi libro recién obsequiado por Bryan una semana antes y que apenas había comenzado a leer en la mañana. Lo miré con tristeza, porque al fin lo tenía, era mío, lo podría disfrutar, yo había jurado no leerlo hasta que fuese de mi propiedad y finalmente Bryan se había brincado la barda al regalármelo, tanto que lo abracé eufóricamente y lo llené de besos, mi alegría consiguió sonrojarlo, seguramente de la vergüenza por tratarlo así en plena tienda departamental. Ivette no se callaba, observé detenidamente mi Cien años de soledad, le di un beso volado, y me resigné a no leerlo durante las siguientes dos horas, mínimo.
  - En resumen, deben pasar más tiempo juntos, conocerse, la comunicación es la base de toda pareja.
  - ¡Sabia! –señalé a manera de sarcasmo.
  - La cuestión es, ¿cómo lograrás eso? –“¿lograrás?”, yo, Lizy, no, eso sí que no.
  - Ivette, yo no soy buena para unir vidas, si no puedo conseguir novio ni para mí…
  - Un punto más a tu favor, con ello verás en que estás fallando –bufé resignada, Ivi me había atrapado.
 
- ¿Sabías que las estrellas son mágicas? –me preguntó una noche Bryan, el día en que Ivette me enredó con su plan “Rosas para May”.
  - Sí, todo mundo dice que hay que pedir un deseo a la primera –dije, mientras seguíamos recostados boca arriba en la azotea de mi casa, Bryan me interrumpió- …
  - ¡No! No me refería a eso.
  - ¿Entonces?
  - Ya sabes que las estrellas son cuerpos dotados de luz propia –asentí ante su clase astronómica-, ello se debe a factores físicos, químicos o lo que sean, según la ciencia. Pero yo siempre he pensado que la luz de las estrellas se enciende con la esencia de cada persona. Hay quienes dicen que los muertos se hacen estrellas, yo pienso diferente, pienso que cada ser vivo de este universo tiene su propia estrella, y sólo cuando se muere la luz se agota por completo, porque en vida, siempre tendrás una oportunidad más para encenderla –su teoría mágica-cósmica llamó mi atención y mi vista, lo escuché asombrada, cuando al fin calló, observé el manto azul lleno de lucecitas.
  - ¿Cuál es tu estrella? La mía es aquella –dije señalando una de tamaño normal que titilaba rápido, como si se apagara por instantes.
  - La mía no se puede ver –lo miré triste, creyendo que Bryan tenía problemas como para creer que su estrella había dejado de brillar.
  - ¿Por? –pregunté preocupada.
  - Porque la mía se ve de día, ya sabes, el sol –estiré el brazo y lo golpeé en el estómago, ¡mendigo engreído!, él rió-. El plan de Ivette suena maravilloso, sobre todo porque ya imagino los líos en que te meterás –bromeó, cambiando drásticamente la conversación.
  - Quizá, pero bueno, suena magnífico, May mi cuñada, me agrada la idea –nos miramos fijamente a los ojos, soltamos la carcajada por la imagen de May y Kian juntos, y regresamos la vista al cielo.
 
Yo miré mi estrellita, que no era tan pequeña, y estaba rodeada de muchas estrellas, presté atención en su lucha por no extinguirse, sentí como el corazón se me estrujaba. Quise que mi estrella fuera parecida a la de Bryan, así de enorme y llena de luz, bella; y al instante, admiré a Bryan por tener una estrella de tal magnitud…



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#1491 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mar, 26 de Jun, 2007 5:33 pm
Asunto: *-*-^-^-*- *Recuento de los daños*-*-^ -^-*-* (Cap. 5)
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Holas!
Jeje creo que el capo anterior dejó dudas. Liz no estaba embarazada, y no fue por ello que terminó su relación, pero ya saben, esta es una niña muy rara, vive mucho del pasado.. o quizá, no sé!! Mejor analicen su psicología jeje.
Bises
cLaU
 

Cap. 5

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.

Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.

(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).
 
Jaime Sabines
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)
 
Los días siguientes al aborto de May, Bryan y yo nos mantuvimos la mayoría del tiempo con ella. De hecho, una mañana, cuando los padres de May se hallaban trabajando, fui yo quien recibió a la visita inesperada.
  - Hola.
  - Hola, ¿en qué puedo ayudarle? –el timbre de la casa había sonado insistentemente durante un par de minutos, al abrir la puerta, me encontré con una joven alto, de tez blanca y ojos negros.
  - ¿Se encuentra Mary? –volví a repasar el rostro del chico, quizá era alguno de sus compañeros en la universidad, eso comprobé segundos después-. Soy su amigo de clase, supe que Mary estaba hospitalizada, no sé si ya le dieron de alta –sonaba amable, hasta simpático.
  - Sí, pasa, acompáñame por aquí –subimos al cuarto de May-. Nena, tienes visitas –dije con una sonrisa al entrar a la recámara, imaginé que se alegraría con la presencia de su amigo.
  - ¿Quién es? –preguntó Marianne, quien se encontraba en su amplio sillón de la ventana, cubierta de las piernas con una delgada sábana.
  - Hola Mary, soy yo –él se asomó por la puerta y la sonrisa de mi amiga desapareció automáticamente, enseguida comprendí la situación y volteé furiosa hacia el umbral de la puerta.
  - ¿Qué haces aquí?
  - Necesitamos hablar Marianne –dijo avanzando dentro de la habitación.
  - Lizy, por favor –dudé en dejar sola a May con ese tipo, pero ella, entendiendo mi preocupación, añadió-. No hay problema –salí y preferí quedarme en el pasillo, no me gustaba escuchar conversaciones ajenas, pero no me iba a arriesgar con ese idiota que podía lastimar a mi amiga-. ¿Y bien? –le preguntó May al verse solos.
  - Nena, te extraño mucho, perdóname.
  - ¿Por qué no me dijiste eso antes?
  - Porque no quería aceptar mi estupidez por perderte.
  - Pues que coincidencia que lo hagas ahora que ya no estoy embarazada.
  - Mary, te amo, entiéndeme, tuve miedo, pero ya ves lo que ha ocurrido, como el destino se nos facilita para poder estar juntos –“¡madito sinvergüenza!”, mascullé.
  - Eres un imbécil –escuché a una Marianne serena, controlada-. Vete de mi casa y no vuelvas por aquí.
  - Chiquita, no puedes hacerme esto, te amo.
  - Cuando más te necesitaba, cuando más te amaba, tú me dejaste sin importarte nada. Lloré, no lo voy a negar, pero ese angelito que estuvo conmigo me dio valor y fortaleza para no dejarme morir, y me enseñó lo más importante, amarme a mí misma. Vete de aquí Adam, no te necesité antes, cuando otra vida dependía de mí, mucho menos ahora que aprendí a vivir sola y que tengo a mis seres amados conmigo. ¡Lárgate y haz de cuenta que nunca nos conocimos!
  - Marianne…
  - Olvídate de mi nombre, de mi rostro, de mi sonrisa, del aroma de mi piel, olvídate de mis ojos, de mi cuerpo, de mis caricias, de mis besos, olvídate de todos los momentos que pasamos juntos. Olvídame, porque yo ya no te recuerdo –Marianne, mi amiga de años, la niña de trenzas había madurado y dado un gigantesco paso, quise ser como ella, fuerte, valiente.
  - May…
  - Vete –el tal Adam salió y al toparnos en el pasillo, sólo alcance a sentenciarlo.
  - Ya no está sola, ni lo volverá a estar. Ahora aléjate para siempre de su vida, ya hiciste suficiente aquí.
 
- Hola Marianne.
  - Hola Kian –yo no sé como ocurrió, pero ellos dicen que todo se remonta a una fresca mañana de junio-. ¿Cómo te va?
  - Bien, creo. ¿Tú qué tal?
  - Bien, creo –contestó a burla, Kian frunció levemente el ceño-. ¡Oh Kian! Vamos, es una broma.
  - Lo sé. ¿Bryan y mi hermana?
  - Me han abandonado –dijo dramatizando su respuesta-. Bryan tenía una sorpresa para Lizbeth.
  - ¿Sorpresa?, ¿qué o qué?
  - No sé, creo que le pedirá que sea su novia –no es necesario haber estado presente, imagino que Kian comenzó a toser efusivamente, May debió burlase de él-. ¿Celoso, Kian?
  - No, pero Bryan, Lizy…
  - Me diviertes. Lógico que esa no era la sorpresa.
  - ¡Uff! –exclamó mi hermano a un suspiro- Esas bromas no se hacen, May.
  - ¿No te agrada Bryan para cuñado?
  - No es eso, sólo que… ¡olvídalo!
  - Pues no sé tú, pero a mí no me sorprendería que Bry…
  - May, ¿tienes algo por hacer? –preguntó para interrumpirla.
  - No, creo que no, ¿por?
  - Porque no hacer algo te hace pensar cada cosa. Vamos, te invito un helado antes de que el ocio te lleve a maquilar la tercera guerra mundial.
  - Kian, mejor acepta que venías a invitarme –Kian se sonrojó, sabía que no era cierto, pero aquel comentario de May desarmó a un tímido Kiki.
  No es que Kian fuese tonto, pero desde pequeños, Marianne siempre lograba poner en aprietos a mi hermano con sus bien planeados comentarios.
  - May, ¿cómo lo haces?
  - ¿Qué?
  - Encontrar mi punto débil –sus miradas se toparon, y esta vez fue May quien tiñó de rojo las mejillas.
 
Yo no sé como ocurrió, pero ellos dicen que todo se remonta a una fresca mañana de junio, donde según ellos, Bryan y yo fuimos los culpables. Yo siempre refuto ese comentario, “Bry y yo fuimos el pretexto”, digo muy a mi manera…
 



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#1490 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mar, 19 de Jun, 2007 4:57 pm
Asunto: *-*-^-^-*-*Recuento de los daños*-*-^ -^-*-* (Cap. 4)
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Holas! Le tengo más capos y agradezco el desgaste de sus ojos en leer este fic jeje.
BiSeS
cLaU
 
PD. May, siento tantos malos tratos jeje, eres mi víctima hasta ahora jeje
 
 
 

Cap. 4

 
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
(En Paz)
 
 
- …y sigue enojado conmigo, ¿no crees que exageró?
  - Acepto que Bryan no debió gritar cosas tan horribles, pero alguna razón tendrá para estar muy enojado, porque no recuerdo una ocasión en que se haya comportado de esa manera, ni cuando su ex-noviecita adorada lo engañó.
  - ¿Pero qué?, ¿aburrido de mis conversaciones?
  - Es obvio.
  - Dime –May arqueó una ceja y me observó con tedio.
  - ¿En serio no tienes idea?
  - No –dije, y Marianne se puso en pie.
  - Liz, no puedo creer que estés tan ciega. ¿Por qué piensas que Bryan se desapareció de tu vida cuando fuiste novia de ése?
  - Porque ellos nunca congeniaron, ¡ay! No me digas que Bryan lo odia tanto, entonces la regué al compararlo con él…
  - ¡No tienes remedio! –bufó May-. Ve a pedirle perdón de rodillas.
  - ¿Ya?
  - Sí, ¡ya!
  Sonreí y tomé mi mochila. Me despedí de May con un beso en la mejilla y acaricié su barriga que comenzaba a abultarse.
 
- Hola –saludé tímidamente al abrirse la puerta de la casa de Bryan.
  - Hola –tenía el cabello revuelto, llevaba puesta una bermuda color caqui y una playera sport blanca con una tabla de surf dibujada en el centro.
  - ¿Podemos hablar?
  - Pasa, cierra la puerta por favor –lo hice y dejé que me guiara hasta la sala, era raro ser sólo una visita cuando hasta aparecía en el pequeño cuadro familiar-. Toma asiento, ¿deseas algo de beber?
  - Agua, por favor –había corrido desde la casa de May, y realmente tenía sed.
  Se alejó por el pasillo que conducía a la cocina. Su silueta de 1.80 era esbelta, nada parecido al chico de secundaria, al que todos llamaban Mcfatten. Recuerdo que desde primer semestre de preparatoria comenzó a jugar básquetbol, y en casa se divertía levantando pesas. Bryan era un chico excepcional, talentoso en lo que hacía y, sobre todo, una persona de nobles sentimientos; su defecto, dejar que la gente se aprovechara de él. Sinceramente desconocía el por qué del disgusto de Bry, pero me alegraba saber que delimitaba mis actitudes para con él.
  - Aquí tienes –no le sentí volver, sino hasta escuchar su voz.
  - Bryan, perdóname. No sé porque te molestó tanto, pero un motivo muy fuerte debe ser, y me encantaría saberlo para no volver a equivocarme. No quiero perderte, eres mi mejor amigo.
  - Sólo no vuelvas a compararme con él. Yo también siento lo dicho, no quería lastimarte, hasta creo que dije de más.
  - Vamos, yo sé que eso parece pero te juro que él no jugó conmigo, sólo, no sé, la distancia…
  - Ya no importa Lizy, él se lo pierde –sonreí.
  - Ivi está en casa.
  - ¿En serio? –asentí- ¿Y qué hacemos aquí? –preguntó incorporándose y tomando mi mano- ¡Ay no, qué fachas! Espera, voy a arreglarme.
  Bryan estuvo mucho tiempo enamorado de mi hermana, hasta el cuarto grado de primaria, realmente eran enredos de un niño chifladito como él. Ahora, ambos decían que esa relación nunca hubiera funcionado, eran seis años de diferencia, y bromeando, agregaban que eran demasiado perfectos para estar juntos.
 
- Nena –dijo Kian cuando recién llegamos-, May está en el hospital.
  - ¿Qué le pasó? –intervino Bryan.
  - Abortó.
  - ¿Cómo? La dejé bien en casa.
  - Su papá dijo que salió de bañarse y cayó, el piso estaba mojado.
 - ¡Dios! –exclamé.
  - Vengan, los llevo en el auto de Ivette –Kian tomó las llaves y nos dirigimos hacia la cochera.
  Rumbo al hospital recordaba las palabras de May, “pase lo que pase, este niño nacerá y será muy feliz”
 
* - * - * - * - *               * - * - * - * - *               * - * - * - * - *
- Creo que estoy embarazada –solté como quien tiene una bomba de tiempo entre las manos y lo único que desea es arrojarla lejos.
  - ¿Qué? –él me miró atónito.
  - Que quizá esté embarazada –volvió a recostarse, cubriendo su rostro con la almohada, yo permanecí inmóvil en la cama, sentada sobre mis piernas.
  - ¿Qué vamos a hacer? Si al menos estuviera en noveno, yo no creo que mis padres –decía aún con la almohada encima, en ese instante supe algo que no sospechaba…
  - Te lo estoy diciendo porque es mi obligación, pero si resulta cierto y no quieres quedarte con nosotros, no te preocupes, yo podré sola -…que era más valiente de lo que creía-, porque si éste niño está aquí –dije acariciando mi vientre con ambas manos-, va a nacer, no importa si el mundo completo me da la espalda. Nadie te forzará, si tu decisión es no, nos alejaremos de ti –no lo miré porque entonces no soportaría las lágrimas, me quedé callada, esperando una respuesta que podía destruir mi vida en aquel momento.
  - Claro que no te voy a dejar –dijo acercándose a mí-, es sólo que no estaba preparado para esto –me miró, y lo dos años que me separaban de él, desaparecieron-. Vamos a ser muy felices los tres –prosiguió mirándome a los ojos y con sus manos en mi vientre, yo sólo atiné a besarlo, y ese fue el único minuto en que le mostré que yo también tenía miedo, que sólo tenía dieciocho años y no sabía que iba a pasar.
  Meses después, cuando ya no éramos nosotros, le pregunté entre lágrimas que hubiera ocurrido si ese bebé realmente hubiese existido.
  - Yo ya no estaría aquí –contestó a través del teléfono-, estaría contigo y entonces la distancia no nos hubiera separado.
  ¿La distancia? ¿Realmente la distancia se medía en kilómetros y horas? ¿Un bebé en mi vida? ¿Una familia cuando apenas estaba comenzando a vivir? Lo amaba con todo mi ser, pero cuan diferente sería mi vida si todo eso…
 
* - * - * - * - *               * - * - * - * - *               * - * - * - * - *
- Lizy, ¿no piensas bajar? –Bry me regresó al presente, apartando esos recuerdos que sólo eran míos y de nadie más.
  - Sí.
  El padre de May abrazaba a su esposa, ambos permanecían de pie en uno de los pasillos del hospital. Se notaban angustiados, la señora Anderson lloraba sobre el pecho de su esposo.
  Mi hermano, Bryan y yo, nos acercamos cautelosamente.
  - Señor Anderson –dijo Kian, los padres de May pusieron su atención en nosotros-, ¿cómo está Marianne?
  - La tienen en cuidados intensivos, perdió mucha sangre, además se fracturó la pierna al caer y tiene algunos golpes leves.
  - Lo sentimos tanto –contestó Bryan por los tres.
  - Gracias chicos, May está sedada, hace una hora le hicieron las transfusiones de sangre y el doctor dijo que era mejor un rato de reposo.
  - ¿Ya sabe lo de su bebé? –pregunté.
  - Sí –dijo con más lágrimas la madre de May, que hasta entonces no había dicho algo- Está muy deprimida.
  - La vida es tan misteriosa, que odio decir esto, pero siempre hay una razón para lo ocurrido –dije no sé por qué.
  - Sólo Dios sabe –fue la última frase de Bryan, yo lo miré, me había repetido cientos de veces aquello y siempre le dijo que era tonto decirlo, pero hoy, por lo ocurrido con Marianne y mis recuerdos, comprendí la sentencia de Bry.
  Esa noche, Bryan y yo cuidamos a May. Ella despertó en la madrugada, me acerqué a la cama y tomé sus manos, la escasa luz de la lámpara hacía brillar el agua de sus ojos.
  No la dejé llorar sola, en silencio acompañamos nuestras lágrimas. Ella lloraba por su bebé, por ella; yo, por ese bebé, por ella, por él, por la historia que nunca existió y por mí.
  Los sueños rotos de cristal astillaban mi corazón.
  Al final, May se limpió el rostro y sonrió ampliamente. Estaba en paz, su niño sabía que lo había amado, y ahora se encontraba feliz en el cielo, y cuidando por ella. Y la paz en su rostro me quemaba, la abracé tratando de no lastimarla, comenzando a derramar mis últimas gotas de sal.
 
- Sólo Dios sabe –Bryan, cuan acertado estabas, y aunque doliera aceptarlo, mi vida no podía ser de mejor manera, sino sólo de ésta.
 



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#1489 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Jue, 14 de Jun, 2007 1:39 am
Asunto: * *-*-^-^-*-*Recuento de los daños*-*-^ -^-*-* (Cap. 3)
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Holitas!! Les advertí, si quieren golpeamos en conjunto a la niña ésta, jeje.
Ya verán cambios en el fic, a partir del capo 5, jeje una nueva visión, pero por el momento se las dejo, porque yo ya no la aguanto jeje.
cLaU
 
 
 

Cap. 3

 
 
 
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.
Jaime Sabines
 (No es nada de tu cuerpo)
 
Después del adiós siempre queda lo peor: los recuerdos. Puedes olvidar su rostro, su nombre, sus gestos, quemar sus fotos y romper las cartas, de hecho, puedes desaparecer su identidad infiltrándote en el Sistema… pero los recuerdos, ni dios padre los destruye.
  En el momento menos indicado, justo cuando más te estás divirtiendo en la disco, bailando junto a un chico que parece erigir con su cuerpo un homenaje a los dioses griegos, suena la canción, “la de ustedes”, la que te dedicó, la que les gustaba. Y entonces el niño guapo deja de ser un prospecto a novio y se convierte en tu pañuelo de lágrimas, comienzas a contarle lo lindo que era tu sapo a pesar de que se estaba quedando calvo, y enumeras todas las frases baratas con las que te conquistó.
  La fiesta se acaba, viene el llanto magdaleno, y aunque no bebas ni una gota de alcohol, ni cuenta te das de cómo llegaste al auto de tu mejor amigo, mientras él maneja de regreso a casa a las doce de la noche.
  - Es que cada vez que me decía princesita sus ojitos adquirían un aspecto acuoso, te juro Bryan, hasta sonaba una música celestial –balbuceaba estúpidamente entre sollozos-. ¿Recuerdas cuando llevó el ramo de rosas rojas? –miré a Bry que seguía atento al volante- ¡Acuérdate! Fue en mi cumpleaños dieciocho –él siguió mirando la carretera-. Tienes muy mala memoria. Me encantaba cada vez que tenía puesta esa playera café de licra… ¡ay! –dije a un suspiro hondo.
  - Llegamos –Bryan ya había bajado y ahora abría mi portezuela.
  - Él siempre…
  - Te traje a casa porque no soy un desconsiderado y me preocupé al escucharte llorar, pero eso no cambia nada entre nosotros –yo siquiera atiné a poner un pie fuera del Ferrari azul, después de ese discurso lleno de reproche.
  - Yo, lo siento mucho, pensé que tú…
  - ¿Pensaste que olvidaría tu ofensa?, ¿qué detendría mi mundo y mi coraje al igual que tú para escucharte? Pues esta vez no, Liz; la vida sigue y no podemos pararla y hacernos a un lado por ti.
  Me quedé varada sobre la acera, el auto azul marino se iba perdiendo entre la oscuridad de la noche y la interminable avenida, importándole un comino mi mirada seguidora.
 
- ¿Acaso hoy no saldrás de la cama?
  - ¡¡Ivi!! –grité abalanzándome con todo y pijama de ositos sobre la esbelta figura femenina.
  - Estuvo buena la noche, traes unos ojos hinchados que sólo pueden ser de desvelo –sonreí de lado gracias a las últimas palabras de Ivette.
  - ¿A qué hora llegaste? –nos acomodamos entre las sábanas, el clima invitaba a seguir en cama.
  - Poco después de que saliste.
  - ¿Vino Shane contigo?
  - Él y yo terminamos.
  - ¡Ay, lo siento tanto!
  - Tranquila, no pasa nada –su rostro sonriente y sereno no mentían.
  No entendía como Ivette podía estar tranquila, recién había terminado una relación de cinco años, y simplemente estaba bien. ¿De qué manera se conseguía eso?
  Debió leer mi pensamiento, porque enseguida añadió…
  - Sabines decía que el amor era mortal como la vida -¿Sabines?, no conocía muchos poemas del señor, e Ivi sí, ¿quién estudiaba literatura?
  - ¿Y qué hay del amor eterno?
  - Para vivir eternamente hay que morir –mi hermana notó el signo de interrogación que dejaba en mi rostro-. Lo nuestro con Shane murió, Liz, y alcanzará la eternidad en lo bello que dejó. Terminamos bien, se dijo todo, se hizo todo, no nos debemos nada, nunca nos hicimos daño. Quizá si hubiésemos continuado toda la vida juntos, él me abandonaría al verme con quince kilos más –sonreí-; fue bueno ahora que todo está en paz –lindo discurso, pero…
  - ¿Qué hay entonces de los matrimonios como mamá y papá?
  - Shane y yo pudimos habernos aburrido con los años, pero gracias a terminar en el momento exacto, siempre amaremos lo que fuimos. Él no era el chico, que al igual que papá, me soportaría como a mamá –creo que comenzaba a entender-. Kian y yo planeamos ir a jugar gotcha, ¿vienes?
  - ¿Ya?
  - Después del desayuno.
  - Vale.
  Ivi era mi hermana mayor, tenía veintiséis años, se había graduado como asesora de imagen. Desde que fue a la universidad abandonó la casa, y sólo la veíamos en vacaciones o días festivos. De dos años a la fecha, nuestros encuentros eran menores, porque yo tampoco vivía con mis padres, estaba lejos estudiando la universidad.
  - ¿Kiki ya tiene novia? –me preguntó desde la cama, yo me cambiaba de ropa.
  - No, sigue soltero.
  - ¡Dios! ¿No será gay mi hermano? –yo lancé una carcajada por el comentario de La vie, un sobrenombre muy adecuado para mi hermana, ella era la vida, siempre alegre, llena de energía, optimista, realista…
  - ¡Qué la boca se te haga chicharrón! –le grité después de mi lapsus humorístico y lancé una de mis pantuflas a su rostro, suerte que se cubrió con la almohada.
  - ¡Hey! Respeto, soy la mayor.
  - Perdón, tienes razón, respeto a tus canas –me doblé de la risa y olvidé lo vengativa que podía ser Ivi.
  Segundos después la tenía aplicándome una llave imposible de vencer.
  - ¡Ay, ay, ay! –gritaba.
  - Te soltaré sólo si dices: Ivicita linda, la más bella y hermosa, lo siento, tú no eres vieja, al contrario, estás en la flor de la vida.
  - Sí, sí, sí, pero primero suéltame porque no aguanto, ¡ay!
  - Bien.
  - Ivicita linda, la más fea y horrorosa –salí corriendo e Ivi me perseguía por todo el pasillo-… no lo siento, tú estás vieja, y te nos estás quedando para vestir santos –gritaba y corría.
  - ¡Va de nuevo! –escuché decir a Kian que recién subía las escaleras- Se estaban tardando.
  - ¡Atrápala! –ordenó La vie, volteé a mirarla y cuando reaccioné, mis piecitos volaban en el aire y los brazos de Kian me asfixiaban.
  - No se vale, siempre me hacen montón, mendigos trogloditas –me quejaba, Ivi aprovechaba a hacerme cosquillas con la ayuda de Kian, quien seguía sosteniéndome.
  - Ya dejen a la niña -¡mi salvador!, ¡papi al rescate!
  - Pero es que ella papá –decían a coro mis hermanos-…
  - Veintiséis y veintitrés años y siguen aprovechándose de su hermanita –yo puse cara de angelito ante los ojos de papá, que no estaba enojado, simplemente seguía el juego.
  - ¡Papá! –protestaron.
  - Papá nada, de castigo lavan los trastes –protegida por mi padre les mostré la lengua, “lero, lero”.
  - ¡Mírala! –bufó Kian y otra vez cara angelical.
  Mis hermanos no se molestaron, pero continuaron el juego que ya era una costumbre familiar, bajaron lanzándome miradas asesinas.
  - Y usted jovencita, los ayudará –me dijo papá al quedar solos.
  - ¿Yo? –pregunté indignada.
  - Sí, usted, porque no crea que me engaña, con todo y aureola la cola no la puede esconder –me reí, nunca podríamos engañar a nuestros padres.
 
Al ir descendiendo las escaleras reflexioné en la frase de aquel poeta que Ivette había citado, “y como la vida, es mortal”. Él y yo habíamos terminado en el momento exacto, y por ello, mi amor también sería eterno (eso creía).
 


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#1488 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Sáb, 9 de Jun, 2007 6:44 am
Asunto: * *-*-^-^-*-*Rec uento de los daños*-*-^-^-*-* (Cap. 2)
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Agradezco sus comentarios, y entiendo que algunas personas aún no vean por donde caen los golpes jeje. Esta es una historia, de lo que a muchos nos pasa cuando terminamos una relación, y aunque advertí que no es 100% Real(siempre hay que agregar para ponerle emoción jeje) es lo que viví y estoy viviendo, como esas películas basadas en hechos reales jeje.
Además, hay historias de amor que se cuelan por ahí, y no sé, si la vida no es rosa, al menos que lo sea la ficción jeje. Así que espero no se aburran con mis cursilerías
Bises
cLaU
 
PD. Si comienzan a aburrirse de Liz me avisan, igual complotamos para matarla jeje

Cap. 2

 
 
 
Ayer
no tuve tiempo
de olvidarte.
Hoy
ya es
demasiado tarde.
Jorge Hernández Utrera
 
- ¿Perdón?
  - ¿Ocurre algo, May? –de pronto noté la ausencia de May.
  - …estoy embarazada –incrédula miré a esa chica pelirroja, era mi mejor amiga desde no sé cuantos años, algunos pensaban que nos comunicábamos telepáticamente porque siempre intuíamos cuando una necesitaba de la otra; y ahora, simplemente, la confesión de May me desarmaba por completo.
  - Pero, ¿cómo?, ¿tú, cuándo?
  May era de mi edad, entre ella y yo no existían secretos. Había sido la primera persona a la que llamé después de aquel veintidós de diciembre, y admito que me molestó no estar enterada de cómo había ocurrido su primera vez y todo ello, peor, no saber que estaba embarazada.
  - ¿Por qué no me dijiste algo? Acaso ya no confías en mí, porque…
  - Lizy, no hubo oportunidad de decírtelo. Todo fue hace un año y medio, tú estabas muy ocupada con tu noviazgo, casi no te veía o sabía algo de ti. Y después, ya sabes, me daba pena contarte de mis alegrías, mientras veía como te desmoronabas…
  - Lo siento –abracé a May y no permití que continuara.
  Ella tenía razón. Cuando estuve con él fui relegando el tiempo para mis amigos, no era que él me lo impidiera –porque tampoco seré injusta culpándolo de mis tonterías-, pero tenía muy poco tiempo para amarlo, nos veíamos en contadas ocasiones, quizá por ello fui haciendo mi vida a un lado. Cuando él me dejó noté cuan alejada me hallaba de mi anterior rutina, corrí con los chicos, con May, con Bryan, con todos, pero ni siquiera estaba con ellos; primero era contarles mi dolor, mi nueva derrota, ellos me consolaban, eran mis hombros para llorar, y casi un año más tarde, seguía fastidiándolos con lo mismo, y aunque ahora me escuchaban, ya no opinaban nada (algunos porque estaban hartos, otros se habían resignado, y los más, ya no tenían palabras de aliento o algún consejo que me salvara del barco que se hundía).
  No era raro que May no me contara, después de todo, me comportaba un poco egoísta hablando sólo de mí y mis problemas.
  - Perdóname –volví a abrazarla-. Te juro que ya nada me separara así de ti, ni de alguien más. Ahora dime, te veo preocupada, sabes que cuentas conmigo.
  - Tengo un mes de embarazo, ya lo saben mis padres. ¿Sabes? Pase lo que pase, este niño nacerá y será muy feliz –el dejo de dolor en su voz hacía entender que el padre no pensaba apoyarla.
  - ¿Puedo saber quién es?
  - Es un cobarde. Prefiero ahorrarme el nombre.
  - Güereja –dije aludiendo a ese irónico apodo que le inventé en la preparatoria-, no llores, aquí estamos los amigos. Bryan y yo seremos los padrinos, seguro que mi madre se emocionará con las chambritas y todas esas cosas que un bebé necesita le hagan.
  - Gracias Liz –sonrió de lado, y a partir de ese momento clavó la mirada en el suelo.
 
- ¡No! –era media noche, desperté agitada, con los ojos arrasados en lágrimas-. ¡No puedo!
  La rutina de muchas noches posteriores al adiós fue esa. Creía que había superado esta etapa de impotencia y llanto, pero esa noche comprendí que me hallaba muy lejos de ello. Esa noche me quedé llorando, rememorando, amarrando cabos para poder odiarlo, aunque al amanecer estuviera con miles de razones para creer que no había sido una mentira, que él sí me había amado.
 
- ¿Qué pasó con esos ojos? ¿Te desvelaste? –me tumbé en el sillón del cuarto de Bry, y lancé los lentes oscuros hacía quién sabe dónde.
  - Algo así…
  - ¡Jódete! ¿Vas a seguir llorando por él toda la vida?
  - Algo así.
  - Tú no tienes remedio.
  - Gordito no te enojes –dije haciéndole mimos a Bry.
  - ¿Vamos al cine?
  - Mmm… ¿cuál?
  - “Piratas del Caribe en el fin del mundo” contestó con aire de gloria.
  - Sipi, sipi, sipi –respondí dando pequeños saltitos en derredor de Bry-. ¿Y me vas a comprar palomitas? –Mcfadden asintió- ¿Y nachos?
  - Sí –dijo con tedio.
  - ¿Extra queso?
  - ¡Sí! –gritó y se lanzó sobre mí para tirarme en la alfombra- ¡Ya cállate! –repetía al hacerme cosquillas- ¿Sabes? –de pronto dejé de reír y lo vi sentado sobre mí- Me encantan tus ojos –mi rostro se congeló en sorpresa-, ese café entre claro y oscuro, no sé, tiene algo especial.
 
* - * - * - * - *               * - * - * - * - *               * - * - * - * - *
- ¿De qué color son mis ojos?
  - No sé… negros -¿negros? Seis meses juntos y me decía que mis ojos eran negros.
  - No, son café.
  - Por eso, café oscuro, he ahí la confusión.
  - No, no son oscuros –di la media vuelta y lo dejé cargando la maleta.
 
* - * - * - * - *               * - * - * - * - *               * - * - * - * - *
- ¡Quítate! –con brusquedad saqué a Bryan de encima.
  - Hey, tranquila, no haré nada malo…
  - ¡No vuelvas a mirarme así!
  - ¿Así, cómo? –Bryan aún tenía la sonrisa dibujada, como si todo fuese una broma.
  - Así… ¡así como él! –los ojos de Bryan se encendieron.
  - ¡Nunca vuelvas a compararme con ése! ¡Yo no soy un hipócrita, yo no engatuso a niñas para llevármelas a la cama y ver que se siente darle la bienvenida al sexo a una virgen! –sus palabras taladraron mi corazón, jamás vi a Bryan tan enfurecido.
  Salí azotando la puerta de su habitación, esperando a que él corriera tras de mí, pero no lo hizo…
 



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#1487 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 6 de Jun, 2007 6:40 am
Asunto: Sobre mi nuevo fic!!!
bryan_deutzy...
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Con eso del nuevo fic ya saben cual es la tradicón... La portada jeje!!
Se las dejo, espero les guste. Si quieren checar con mayor comodidad éstas y otras, pueden ir al grupo de Singing Forever By Westlife (hay muy buenos fics jeje)
Bises
cLaU



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#1486 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 6 de Jun, 2007 6:18 am
Asunto: *-*-^-^-*-*Recuento de los daños*-*-^-^-*-* (Cap. 1)
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Holas!!! Estoy de vuelta. Tengo fic nuevo, siento si alguien leía el anterior, pero debido al tiempo y otras circunstancias decidí no publicarlo más jeje.
Este es un fic no biográfico, pero si con muchos tintes personales (tanto propios como de personas cercanas a mí), y aunque no cuenta una historia Real al cien, puede sonar conocida para ciertas niñas de aquí. Pero no se ofendan, no trato de escribir lo que vivimos, sólo retomo la idea jeje.
Tengan paciencia porque apenas lo estoy trancribiendo.
Bises
cLaU
 

Recuento de los daños

Cap. 1

Tú no pediste nada
lo recuerdo
yo no tenía qué darte
soy bohemio
pero quería darte algo
lo confieso
y es que tanto te debo
que fue entonces
que a un impulso
de total entrega
te dí mis sueños
mi soledad
y mi silencio
y me quedé desnudo
para siempre
sediento
a la mitad de un paraíso
que dejó de ser el mío.
Jorge Hernández Utrera
 
Todos decían que el amor era complicado y demasiado difícil, y todos llegaban con sus tácticas y sus celos, con sus supuestos y sus dramas, con sus lágrimas y sus dolores, con sus sonrisas y sus alegrías; yo, tan inmune a ese laberinto desconocido, los veía con su ir y venir del carajo, el que menciona Gabo, y no sabía si burlarme de ellos, consolarlos o qué; al final terminaba escuchándolos, fastidiada por la manera en que se enredaban la vida con algo tan sencillo. “Haz esto, eso y esto”, les decía, como si estuviera recitando una fórmula matemática (quizá tenía razón, después de todo se nos ha enseñado que la vida es matemática), lo que no sabía es también influyen la química y la física (ya saben, ciertos elementos que aceleran o retardan una acción).
  ¡Sí! Piensan bien, lo que sabía del amor era teoría, eran ilusiones de amores nunca posibles. Realmente era una niña, todo un diamante en bruto, porque es mentira que la menstruación nos haga mujeres, eso sólo sucede cuando vivimos el amor, cuando te aman, cuando amas. No quiero justificarme, porque la gente siempre dijo que yo era muy inteligente, así que no soy víctima al cien por ciento. Sólo fui una niña, que fue mujer y siéndolo fue estúpida, y que ahora es una niña de corazón rasgado, de ilusiones rotas, con cuento de hadas aniquilado, una niña intentando construir sueños; porque como era bohemia y no tenía algo para darle, le di todo lo que yo era y me quedé vacía.
  No perderé el tiempo contándoles la historia de siempre: te dicen linda, te bajan el cielo, te entregas por completo, te pintan los cuernos, y para finalizar, “si te vi no me acuerdo”. Mejor les platico como sobrevivo, y les cambio la falsa historia rosa que hace tiempo me hizo suspirar, por los escombros de mi vida, corrijo, los cimientos de mi vida, es que morí y hasta hoy comienzo a vivir.
  Talvez porque morí, aún creo que el amor es tan sencillo como 2+2=4, previa instrucción en matemáticas. Realmente el amor es sencillo, sólo que se nos olvida aprenderlo antes de comenzar a resolverlo.
 
- Lo vi –solté de pronto, Bryan me observó con tedio y negó con la cabeza
  - Sabía que tenías algo que decirme de él, no es natural que aparezcas sin avisar. ¿Y? –quizá Bryan estaba cansado de mi dar vueltas y vueltas, pero nunca se rehusó a escucharme.
  - May tenía razón, subió de peso, no es que tenga algo contra las personas llenitas, pero el traje se le veía horrible con esa lonja. ¿Cómo pude andar con él?
  - Lizy…
  - Bueno, cuando fuimos novios no estaba así, o sea, nunca tuvo un cuerpo súper atlético, pero ahora –dije con cara de desaprobación-. Por cierto, es un pesado, me presumió cuanto pudo…
  - Lizy, ¿aún lo amas? –esa era precisamente la pregunta que no quería escuchar porque odiaba la respuesta.
  - Sí –suspiré hondo y solté esas dos letras.
  - Ése es el problema…
  - Que ya ha pasado un año y todavía lo amo –articulé adelantándome a Bry-. Ni modos, es el amor de mi vida, ya sabes, “eternamente, eterno”. C’est la vie!
  Bryan no dijo más, encendió el televisor y con las caricaturas fuimos olvidando esa conversación sin sentido, llenándome de mundo para, por un instante, hacer de cuenta que él no existía, él…
 
- ¿Lloraste de nuevo?
  - Kian, deja de fastidiar.
  - También yo soy víctima de él.
  - ¿Ah?
  - Admito que nunca me agradó, pero lo acepté por ti, nena; y cuando terminó contigo y te hizo llorar, ¡por Dios que me ahogaba en furia!
  - Termina, que no entiendo.
  - Lizy, antes me contabas todo, o casi todo, pero hace meses que sólo te escucho llorar sin saber por qué.
  - No te cuento porque siempre estás con lo mismo, “yo te lo dije”, y empiezan tus sermones. Lloro por él, Kian, si no puedes comprenderme entonces no vale la pena hablar.
  - Lizy –dijo sujetando mi brazo antes de que cruzara la puerta del estudio-, sólo recuerda que yo nunca me iré como él, únicamente recuerda que soy tu hermano –lo miré durante largos segundos de silencio, y enseguida me safé bruscamente.
 
Cuando él se fue aprendí que puedes estar en otro continente, al otro lado del océano, puedes ser talentoso o mediocre, puedes dejar de llamar, de escribir, pero quien nunca se irá, es tu familia.
 



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#1485 De: "exclusivasociedad" <exclusivasociedad@...>
Fecha: Sáb, 14 de Abr, 2007 6:31 pm
Asunto: INVITACION A UNA PREGUNTA GRATIS CON EL TAROT
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#1484 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Vie, 9 de Feb, 2007 7:07 pm
Asunto: ' º ' º ' Si aún es ella ' º ' º ' Cap. 7 y 8
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Holas!
No sé cuando vuelva a publicar porque ando con mucha tarea jeje, pero les dejo dos capos para que se entretengan.
Besos
cLaU
 

CAP. 7

 

-              ¡Pero es tu hija! –gritó Bryan, simplemente las palabras de Liz lo habían descolocado.

-              ¿Mi hija? ¡Ay Bryan! Yo no puedo verla así, o sea, soy muy joven, a lo mucho parece mi hermanita –era obvio que Liz no entendía su papel de madre, siempre había visto sólo por sus caprichos, porque ni ella misma se hacía cargo de su vida; la llegada de Liz le paso inadvertida, la relación a lo mucho era de una niña y su muñeca, lamentablemente, Sibyl era de carne y hueso.

-              Sibyl necesita de ti, de tus cuidados, tus atenciones. No puedes correr todo el tiempo a casa de tu madre para que cuide de la niña –Bryan era una persona muy paciente, además, el llanto de la beba lo hizo calmarse un poco-. Es tu hija, ¿entiendes? –pensó que Lizbeth sólo necesitaba tiempo, pero no, su esposa nunca cambiaría.

-              Aja –contestó ella mientras encendía el televisor.

** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **

-                ¡Estúpido, fíjate por donde conduces! –el rechinido del auto que venía en sentido contrario a él y los reclamos del conductor, sacaron a Bryan de sus pensamientos.

-              ¡Lo siento! –gritó al otro auto-. Liz, Liz –coraje, rencor, frustración, tantas cosas que nunca pudo decirle a Lizbeth.

 

 

-              ¡Shane! ¡Demonios! ¿Por qué no dijiste que venías? –a los gritos abracé al enano ése.

-              Bueno, yo me dije: Shane, Claudia no puede vivir sin ti –su comentario trató de ser sarcástico, sin embargo, había un dejo de tristeza en su voz.

-              A mí no me engañas, cosas buenas no te traen por aquí –lo senté a mi lado y me preparé a escucharlo.

-              Dana y yo discutimos, ella quiere cancelar la boda –abrí los ojos exageradamente, ese par tenía casi tres años de noviazgo, seis meses con preparativos de boda, y ahora Shane salía con esto.

-              ¿Y puedo saber cuál fue el motivo de la discusión? Digo, espero no sea un tontería –Shane me miró y agachó la cara-… ¡¿Qué?! No pueden echar a la borda tantos años por una tontería; tu actitud de huir no es muy buena, por cierto.

-              Dana está celosa de ti -¿what?-, dice que no es normal que todos los días hable por teléfono contigo, sin incluir que es una hora diaria de larga distancia; se queja de todo el tiempo estoy nombrándote, también dijo que no era normal que mientras tú estabas en Italia, yo pasara algunas noches contigo.

-                Imposible. Ella es una chica muy inteligente, según yo, entendía que nuestra relación era de hermanos, más que de amigos.

-              Pues ves que no.

-              ¿Por qué estás aquí, entonces? Eso la hará dudar más.

-              Fue ella quien me pidió que viniese. Quiere que descubra que tanto las amo a cada una.

-              ¿Cómo? –esa era una idea tonta, era obvio que él moría por ella.

-              Me dijo que a ti te extraño todo el tiempo, que hablo contigo porque no puedo vivir sin ti –sonaba lógico, pero Dana había olvidado los sentimientos de Shane, la vida no siempre es blanca o negra, puede haber grises.

-              Es absurdo, no puede poner a prueba tu amor de esa forma. Tú pudiste habérselo demostrado allá, hablando menos conmigo o yo que sé.

-              Está comprobado que no puedo perder contacto contigo, siempre serás especial para mí –esa frase me hizo recordar cuando nuestro noviazgo terminó, teníamos cinco meses de conocernos, salimos durante casi un año, pero al final descubrimos que el amor que mutuamente sentíamos era sólo amistad-. Lo que no sabemos ni ella, ni yo, es si yo puedo vivir sin ella –Shane me sorprendió, podía entender que Dana no confiara en le amor de Shane, que pensara que él aún me amara pero, ¿que Shane creyera eso?, simplemente asustaba.

-              Shane, ¿te das cuenta lo que estás diciendo? –él asintió.

-              Talvez ella tenga razón. Te veo luego, estaré en casa de papá –me besó la mejilla y salió de casa.

                A mí me dejó mil ideas en la cabeza, Shane había sido la única persona con la que mantuve una relación seria después de Bryan, y con él comprobé a quien amaba. ¿Si Dana tenía razón?, ¿sería yo capaz de intentar algo con Shane, otra vez?

 

-                Nuestro primer bebé.

-              No tienes idea de los feliz que me haces –esas fueron sus primeras frases al salir del consultorio, esto convertía al matrimonio de Ivi y Mark en algo perfecto.

-              Es… es –Ivette comenzó a llorar, podían ser lágrimas de alegría.

-              Nena, ¿por qué lloras? ¿Acaso no te pone feliz la noticia?

-              Por supuesto que sí, sólo que la recordé, cuando ella estaba embarazada…

-              Ivi, lo siento, pero sabes que no me gusta hablar de ella –Mark abrió la puerta del auto para Ivette y caminó al otro lado.

-              No lo entiendo Mark, ¿por qué nunca te agradó Liz? –Ivette miró a Mark mientras encendía el auto- Ella siempre fue muy amable contigo.

-              Ivette, no quiero discutir y sabes que si respondo a tu pregunta lo haremos.

-              Mark, todos ustedes piensan que ella era mala, ella sólo necesitaba un poco de comprensión, siempre fue la consentida de la casa, por eso a veces se comportaba… así. Sin embargo, Claudia si hizo daño y no por ello…

-                ¿Cuánto más vas a seguir ciega, Ivi? –ella bajó la mirada-. Hace mucho que sabes que eso no es cierto.

-              ¡No voy a enlodar la memoria de mi hermanita!

-              Pero prefieres seguir culpando a Claudia, te preguntaré algo. Si en lugar de Liz, hubiese muerto Claudia, ¿cómo estaría tu conciencia? –hubo un silencio sepulcral- No es necesario que respondas. Nena, eres una gran mujer, por eso decidí compartir mi vida contigo y sé que vas a hacer lo justo.

 

 

-              …si, Nicky, hijos, eso fue lo que dije, son parte de formar una familia.

-              ¿No crees que es muy pronto?

-                Tenemos un años de casados, además, no sé por qué te sorprende tanto, ya lo habíamos hablado y dijiste que sería una excelente noticia que pronto te convirtieras en padre.

-              Si, pero… yo –miró a Pamela, quien lo observaba llena de dudas por su comportamiento-. No sé si estoy preparado para ser papá –se pasó la mano por el cabello y soltó el aire contenido por la boca.

-                ¡¿Cómo?! O sea, si yo ahora te dijera que estoy embarazada saldrías huyendo. Cuando te vi con ese anillo entre las manos pidiéndome que fuese tu esposa, creí que habías madurado, ahora compruebo cuanto me equivoqué –salió azotando la puerta, con rumbo a casa de Claudia.

-              ¡Ay Lizbeth! Tanto daño me hiciste, te llegue a odiar, y hoy tengo miedo porque me parezco a ti –el vacío de la casa recibió sus palabras y el causó que volvieran a él.

 

 

-              Gracias –tras tocar la puerta de mi recámara, la cabeza de Bryan asomó en la entrada.

-                ¿Gracias? –dije a forma de pregunta.

-              Por hacerte cargo de Sibyl y por llevarla a tomar un helado; se me olvidaba –interrumpió antes de cerrar la puerta-, mi hija ya me contó que atinaste su sabor favorito.

-              Fue fácil, no sé por qué, pero Liz le inculcó muchos de mis gustos, como el amor por el helado de cacahuate –sonreí, sin querer mis ojos toparon con los de Bryan y sentí que mi piel se erizaba-. ¿Cómo te fue en el trabajo? –debía cambiar el rumbo de la plática, un tema más trivial me ayudaría a controlarme.

-              Bien. Disculpa que no platique mucho contigo, pero tengo que ayudar a Sibyl con su tarea.

-              No te disculpes, entiendo.

 

-              ¡¿Qué demonios pasa contigo Bryan?! No te compliques más la vida, pronto te alejarás de las Parker para siempre, como debiste de haber hecho el día en que Liz le tendió una trampa a Claudia –caminó con prisa al cuarto de su hija, mientras seguía hablando consigo mismo.

-              ¿De qué trampa hablaba Bryan? –Ivette alcanzó escuchar a su cuñado, pero quizá no tuvo el valor suficiente para aclarar su duda.

 

 

 

CAP. 8

 

-              Sí Bryan, es el restaurante “Avenue 9”… ¿Raro? Es un lugar muy elegante… Ya sé que es caro… ¡¿Estás insinuando que soy un tacaño?! Por esta clase de insultos es que no te invito a un sitio de prestigio… A las 7 p. m., ni un minuto más ni uno menos… Allá te explico… Adiós –Kian oprimió la tecla roja del celular y caminó a la salida del cuarto.

-              Kian, ¿qué se supone que estás haciendo? Citaste a Claudia en el mismo lugar y hora, y por lo que sé, tú tienes una junta de negocios, así que quedarás mal con los dos.

-              Bueno… yo… ¡está bien!, me descubriste. Pero conste que este trabajo de cupido lo aprendí de ti –Mary lo miró y no pudo evitar reír, Kian tenía cara de niño regañado.

-              ¡Ay Egan! Debiste platicarme lo que pensabas hacer, yo te hubiera ayudado para crear un plan perfecto –Mar y Kian eran cómplices en todo, en las travesuras, en las bromas, en el amor...

-              Lo sabía, sabía que estarías de acuerdo conmigo. Por eso te amo Mary, por tu apoyo incondicional –comenzó a llenarle el rostro de besos, mientras la abrazaba por la cintura.

-              ¡Kian no me hagas cosquillas! Egan mantén esas manos quietas… Egan… Ki… Te amo –terminó por decir al estar acostada sobre la cama.

-              Yo también May, te amo mucho –volvió a besarla, con pasión y ternura mezcladas en una caricia.

                Y en la recámara del cuarto de Kian volvieron a ser cómplices en el amor, a ser amantes tras esa puerta cerrada, como tantas veces lo habían sido antes.

 

 

-              ¿Bryan? –me sorprendió verlo en la mesa reservada por Kian, y sobre todo, descubrirlo solo.

-              ¿Kian también te citó? –preguntó al ponerse de pie y ayudarme a sentar.

-              Sí, me dijo que quería mi ayuda para darle una sorpresa a Mary.

-              Pues conmigo quería hablar de no sé qué –sonreímos tímidamente, recé por ver aparecer a Kian pronto, esta situación de estar sola con Bryan era incómoda.

                Sin embargo mi ruego no fue escuchado. La siguiente media hora paso lentamente, entre mis observaciones a todo el restaurante: descubrí una pintura de Van Gogh colgada a la pared de enfrente, conté alrededor de nueve bonsáis colocados por todo el lugar, canté en voz baja más de cinco canciones que se escuchaban para ambientar  y mis dedos acompasaron el sonido relajante del agua que caía de la cascada artificial e irrigaba todos los pasillos del restaurante haciendo de él, algo único.

-              Creo que nos dejó plantados –seguí la tímida sonrisa de Bryan y asentí -. Así es Egan, espero tu hermana  sepa ponerlo en su lugar, necesita de alguien que le jale las riendas –reí.

-              Pero aún así es un chico muy lindo. Eso sí, debió avisar sino podía venir.

-              ¿Van a ordenar señores? –un mesero muy joven se acercó a nosotros.

-              Ya estamos aquí, yo invito.

-              Está bien, no desaprovecharemos la oportunidad.

-              Aquí tienen –el chico nos extendió las cartas y después de unos minutos se alejó con nuestra orden.

 

                Vernos ahí debía resultar cómico para cualquiera de nuestros viejos amigos, nos comportábamos como en retroceso, quiero decir, simulábamos una pareja de jóvenes en su primera cita: miradas perdidas que de pronto se encontraban y asustadas corrían a posarse en otro punto; manos que iban del cabello a la cara y de ahí al cuello y tomaban pausa sobre la mesa, terminando con la servilleta enredada por ambas manos, dejándola con las obvias evidencias del sudor; monosílabos que se disparaban de forma inesperada y recibían una respuesta similar. Al final llegué a la conclusión lógica, Kian, inducido por mi pícara hermana, había maquilado esta peculiar cita con el propósito de unirme a Bryan; sin embargo, al término de la velada, descubrí que mi relación con Bryan no sólo seguía estancada, sino que había caído en la arena movediza de los recuerdos y ahora no encontraba un motivo al cual asirse para salir de las calumnias del pasado.

                Un seco y diplomático “buenas noches” por parte de Bryan, culminó “nuestra noche”, mientras yo cerraba la puerta de mi recámara.

 

 

-              …y desde hace una semana estoy en casa de mi madre –escuché con atención el relato de Pamela, me parecía un caso interesante dentro de la problemática marital, a la vez que presentaba algo tan vulgarizado en este ámbito, sin que por eso se le hubiese hallado una solución general; inmersa en mis cavilaciones, que sinceramente no me daban una forma de ayudar a mi amiga, exploté en una carcajada con la última frase pronunciada-. ¿Dónde está lo gracioso? Claudia, tengo un problema que amenaza con destruir mi matrimonio, esperaba un poco de comprensión de tu parte y no este excesivo ataque de risa.

-              Lo siento Pamela, tienes razón, además no me río del asunto en sí, pero me parece sumamente irónica la solución que le has dado, por no decir contradictoria.

-              Me explicas.

-              Te molestas con Nicky por su inmadurez, quizá familiarizada con la cobardía a asumir una responsabilidad tan grande como la de ser padre, pero paralelamente, en lugar de luchar por tu familia y por Nicky, huyes a casa de tus padres. ¿Qué solución se puede dar en tales circunstancias? Bien es conocido por el mundo, que el diálogo conduce a la luz. Abandonando tu casa, la cobardía de Nicco gana terreno y te pone a su nivel.

-              Él tiene que buscarme, y será cuando se vea obligado a tomar una solución…

-              Pamela, no es una obligación. Nicky y tú se casaron no para ser uno, sino para formar un tercero, que es el amor de ambos, un amor que debe tener una personalidad conjugada por los dos. Si ustedes, a pesar de sus diferentes gustos y objetivos, construyen un tercero con el que estén conformes, o mejor dicho, felices, habrán logrado su matrimonio. Es cierto que algunas veces él o tú tendrán que ceder, adoptando el parecer del otro, parecer al que el ‘seudo’ perdedor aportará intereses, gustos, convicciones o como quieras llamarle.

-              ¿A qué quieres llegar con esto?

-              Por lo que veo, Nicky no aborrece la idea de ser padre, sólo no se siente preparado, ¿por qué? Esa respuesta la tiene él. Como su esposa debes ayudarlo a encontrar su respuesta y ver la manera más viable en que puedan salir de este hoyo, ya sea retrasando un poco el embarazo, si es tiempo lo que él necesita o haciendo otra cosa. Si al final, aun con tu apoyo, todo sigue igual y tú no puedes renunciar a tu deseo maternal, entonces queda la separación. Al huir, no sólo actúas como él, sino que los dejas solo con su problema, que a luces es tuyo también, obligándolo a decidir; lo único que puede ocasionarse es una ruptura prematura o que él te complazca, siendo esta resolución de fatales consecuencias.

-              Tienes razón, algo está mal y no sabré que es ni como enfrentarlo si sigo lejos de Nix. Me quedaré en casa y no me apartaré de ahí, a menos que no haya otra solución.

-              Me alegra, ya sabía que mi amiga no podía ser tan infantil. Aunque te sigo viendo como la niña de coleta rubia y los lapiceros de figurillas rosas…

-              Tonta –mi comentario logró arrancarle una sonrisa-. Te dejo, tengo que ir por mis cosas a casa de mamá y papá. Cuídate –me puse de pie para despedirla y acompañarla a la puerta, donde nos despedimos con un abrazo y un beso.

 

 

 

 

 



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#1483 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Vie, 12 de Ene, 2007 5:35 am
Asunto: * ' * Si aún es ella * ' * Caps. 5 y 6
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Holas!! Aprovechando mis 2 últimos días de vaks jeje, les dejo dos capos para que se entretengan por si no puedo enviar la otra semana jeje.
A mi querido grupo: lo siento, volveré a desaparecer jeje, sorry!!!!

Besos a todas y disfruten de los capos
cLaU


CAP. 5

 

                Llevaba cuatro años de que mi buena estrella se apagara, no me pregunten como sobreviví. Ivi caso no intercambiaba palabra conmigo; Lizbeth, ella, bueno, no paraba en casa y cuando estaba, se mantenía encerrada en su cuarto con Bryan.

                Me sonaba extraño que mi hermana continuara con Bryan, aunque era bueno, para ella, para la familia y quizá, para mí.

-              ¿Y bien?

-              ¡Shane estás loco! Yo no puedo…

-              Oye, otra oportunidad como ésta no la tendrás. Claudia, mi papá te ayudará con los gastos de manutención, serán dos años y de ahí te convertirás en alguien totalmente independiente.

-              Es Italia, otra cultura, otro idioma…

-              Que tú manejas a la perfección. Quería una vida nueva, te la estoy dando en bandeja de plata.

-              Lo pensaré…

-              Mañana a las diez a.m. sale el avión, no lo pienses mucho.

 

                Era lógico que Shane tuviera razón, pero bueno, si quería una vida nueva tenía que acabar todo este enredo con Liz. No lo negaré, Bryan era un motivo muy fuerte para quedarme, guardaba la esperanza de recuperarlo.

-              No has comido nada –la sopa caía por mi cuchara una y otra vez.

-              Papá –el pretexto de la falta de apetito sería mi justificante, pero Lizbeth y Bryan llegaron en ese momento-…

-              Familia –Bryan y Liz estaba unidos por las manos, no soportaba esas escenas, continué con el juego de la sopa y la cuchara-, Bry y yo nos casaremos –todos los miramos sorprendidos, mi cuchara hizo un sonido horrible al chocar con el plato.

-              ¿No creen que son muy jóvenes? –fue lo único que atinó a preguntar mi madre para romper el sepulcral silencio.

-              Señor y señora Parker, yo quisiera…

-              Estoy embarazada. Bryan y yo queremos que el bebé nazca dentro de una familia.

-              Señor, sé que no es la forma correcta, pero acepto mi responsabilidad –mi corazón se detuvo, hice todo lo posible por no llorar, Mariana que se encontraba a mi lado apretó mi mano con la suya.

-              ¿Se dan cuenta de…?

-              Papi, entiendo que estés molesto, pero estamos haciéndonos responsables de nuestros actos –Liz era todo, menos responsable, algo extraño había en esta relación.

-              Anton, creo que ahora es cuando los chicos nos necesitan –papá miró a mamá y esa mirada derrumbó mi mundo.

-              Tu madre tiene razón Lizbeth. Si apoyé a Ivette con su matrimonio, también lo haré contigo –después de eso vino el abrazo paterno.

 

                Jamás pensé que papá perdonara tan fácil una falta de ese tipo, pero se me olvidaba, se trataba de Lizbeth, la consentida de la casa, la muñe. Liz fue quien otra vez influyó en mis decisiones. Había soportado cuatro años de ver a Bryan con mi hermana, pero esto era el colmo.

-              Me voy a Italia –dije de golpe.

-              ¿Cómo?

-              Papá, obtuve la beca. El padre de Shane me apoyará económicamente. Terminaré mi carrera allá y estudiaré la maestría.

-              Pero hija… Ya habías decidido no ir, ¿por qué el cambio? -¿qué contestaría a la pregunta de mamá?

-              …Una razón era el dinero, pero el señor Filan se ofreció a ayudarme, eso cambia las cosas.

-              ¡Felicidades! Hermanita te lo mereces, toda tu vida has luchado por esto –May fue la primera en expresar su alegría, papá y mamá le siguieron, Bryan sólo me dijo algunas palabras-. ¿No felicitarás a nuestra hermana? –preguntó Mary a Liz.

-              Suerte hermanita –ironía, coraje, envidia, sus palabras eran una mezcla de todos aquello sentimientos.

-              Gracias. Con permiso, tengo que empacar, el avión sale mañana temprano.

-              ¿Tan pronto?

-              Sí mamá. Felicidades Bryan, te deseo lo mejor Liz, sé que serán unos buenos padres.

** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **

-              Es terrible todo, es como un silencio absoluto, salvo cuando la niña regresa de clases y Mariana del trabajo; de ahí, sólo los insectos hacen ruido.

-              ¿Y cómo pasó? Todo fue tan de sorpresa –ya extrañaba a Shane, eran tres años de vivir con él, de verlos todos los días y a toda hora, lo echaba de menos; suerte que inventaron los teléfonos.

-              Mariana dice que Liz tomó una sobredosis de somníferos. Shane, mi familia está como hermética, nadie habla al respecto, creo que Liz estaba atravesando por una etapa de depresión. No he podido hablar tranquilamente con May.

-              No me asombraría que Liz estuviera con depresión, su vida no era muy normal. Las veces que fui a Florida me la topé con su familia, no lucía buen semblante.

-              Yo tampoco lo dudaría. Pero como sea, es algo que ya no puedo remediar y que nunca estuvo en mis manos componer; me duele porque es mi hermana, pero yo vengo a buscar mi verdad y a recobrar el amor de Ivette.

-              Lo logrará, ya lo verás. Nena, tengo que colgar, quedé de pasar por Dana para llevarla a cenar.

-              Entiendo. Cuídate y salúdame a la Flak –del otro lado escuché besos tronados y muchos ‘te quiero’.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAP. 6

 

-              El día que yo tenga una nena le llamaré Kelly.

-              A mí me fascinó “el retrato de Dorian Gray”, el libro de Wilde; así que a mi hija le pondré el nombre de la chica que se enamoró de Dorian.

-              ¿Cuál?

-              Si…

** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **

-              Sibyla, así le puso a la nena, también con eso intentó lastimarme. Recuerdo que una noche llamó y me dijo: Claudia, quiero invitarte al bautizo de tu sobrinita Sibyla. Puede sonar inmaduro, pero eso me dolió mucho.

-              Ni siquiera llamaste para felicitar, entiendo como estabas, pero eso también te restó puntos con Ivi. Creo que Ivette debería escuchar todas tus explicaciones, tiene que saber que tú no eres la mala.

-              Pami, para eso tengo que hallar las respuestas, Ivi no creerá en mi palabra. Ya no quiero hablar de eso, mejor cuéntame cómo vas con Nicky.

-              Ha sido un año maravilloso, nuestro matrimonio parece estar bien, de hecho estamos pensando en tener hijos pronto.

-              Te felicito. Me alegra saber que existen personas que si nacieron para formar una familia…

-              No lo digas con ese pesimismo, Bryan y tú tienen una oportunidad ahora…

-              Bryan y yo somos pasado, un pasado que hace mucho murió.

-              Mira Claudia, yo creo que…

-              Mi amor, ya llegué –la puerta se abrió de pronto, hubo ruido de llaves y después apareció Nicco, que raro lucía con ese traje negro, yo aún lo recordaba con el uniforme de fútbol americano-… ¡¿Claudia?!

-              ¡Nicholas! –nos abrazamos.

 

                Esa tarde decidí quedarme con ellos, había tanto por platicar, tantos recuerdos de cosas que viví con ellos y por tanto, eran los únicos con los que podría reír sobre viejas anécdotas y peor aún, con ellos recordaría lo que los años borraron de mi mente y no de mi corazón.

 

 

-              ¿Qué buscas aquí? –una noche decidí husmear en el cuarto que Liz e Ivette habían compartido, todo parecía seguir igual a cuando ellas lo habitaban.

-              …buscaba fotos, ya sabes, cosas que me ayuden a no olvidarla –contesté a Ivette, que me miraba seria y poco convencida de mi argumento.

-              A Liz no le agradaría que tú revisaras sus cosas. Además, desde hace mucho olvidaste que Lizbeth fuese tu hermana, hace mucho la olvidaste –me miró y yo no supe que responder a ese ataque, como fuese, Ivi tenía razón, aunque las cosas no eran como ella creía.

-              Quizá estás en lo correcto, pero créeme, encontraré lo que vine a buscar y que me hizo olvidarme de ella –al salir de la recámara pasé muy cerca de ella y sonreír, mi hermana se volteó sin importarle mi gesto amistoso, y más que nunca, comprendí que Liz debería responder todas mis preguntas, y sí ya había perdido una hermana, no perdería otra.

 

 

-              ¿Y? -¿dónde podría encontrar alguna evidencia? Yo sabía que Liz llevaba un diario, pero ¿dónde lo dejó?, ¿y si se lo había llevado con ella?- Claudia, ¿en qué piensas?

-              ¿Ah? –Mariana estaba de pie frente a mí y me observaba con extrañeza- Se te ve bien –dije al reaccionar y opinar sobre su vestido de novia.

-              ¿Qué pasa nena? ¿Tiene que ver con Liz?

-              ¡Ay Mariana! –exclamé a un suspiro y mi hermana, como pudo con ese vestido, se sentó a mi lado- No sé que estoy haciendo, yo debería estar ya en Italia y no aquí, moviendo un pasado que parece un laberinto sin salida. Ni siquiera sé si encontrar mis respuestas y limpiar mi persona es lo mejor.

-              Claudia, estás haciendo lo que debes de hacer, si eso te da tranquilidad. Nunca me agradó pelear con Liz, que ustedes ya no fueran las niñas inseparables que complotaban juntas; y fue más triste ver como Ivi se alejó de ti.

-              Lo sé, pero la verdad dañaría a Liz, ella ya está fuera de este mundo, se me hace poco ético salvarme hundiéndola a ella.

-              ¿No fue lo que ella hizo? Tú terminaste pagando todo. No quiero que pongas esa carita, anda, sonríe –dijo estirando mis labios con sus dedos a modos de formarme una sonrisa-. Ves, es mejor así. Te quiero mucho Clau, tanto como la quise y quiero a ella, pero no es justo –abracé a Mary, y apoyando mi cabeza en su hombro, suspiré-. ¡No se te ocurra llorar! Arruinarás mi vestido –ambas reímos,

 

 

-              Mamá era como tú, pero su cabello era rubio y el tuyo castaño, pero mami no usaba lentes –sorprendida, aparté la vista del libro, Sibyl estaba parada al pie de las escaleras, traía puesta una batita rosa de dormir y en su mano izquierda cargaba una almohadita.

-              Bueno, tú mamá y yo éramos gemelas, por eso nos parecíamos mucho. Cuando estábamos de tu edad, el color de nuestros cabellos era el mismo, el de ella un poco más claro y…

-              ¿Tú que haces? ¿También tienes bebés? ¿Dibujas vestiditos?

-              No, yo no soy diseñadora como tu mami –realmente Liz nunca fue diseñadora, estudió la universidad por cumplir el gusto de papá, pero jamás ejerció-. Yo trabajo en la radio, soy como reportera.

-              ¡Ah! ¿Cómo la tía Pami? –sentí algo de envidia hacia Pamela, a ella que realmente no era su familia, Sibyla le llamaba tía.

-              Algo así. ¿Y esa almohada? –Sibyl al fin decidió acercarse, al parecer la idea de explicarme todo sobre su almohada, la hizo perder el miedo.

-              Es mi almohadita de ositos mágicos, mamá la hizo para mí un día que no estaba enojada, cortó una colcha viejita que guardaban en ese cuarto –su dedito señalaba hacia mi antigua recámara, bueno, la que de nuevo habitaba.

-              ¿Me dejas verla? –mi sobrina puso su ‘tesoro’ en mis manos, al verlo de cerca, recordé mi sábana favorita, en otra situación me hubiese molestado mucho, pero la sonrisa de Sibyla al decirme la historia de su almohada me recordó mi misma alegría al taparme con ese pedazo de tela- ¿Sabes? Esa colcha vieja era mía, me alegra que tu mami la haya utilizado para esto.

-              ¿No te enoja?

-              Por supuesto que no, tómala como un regalo de tu tía Claudia. Pero, ¿qué haces despierta a esta hora?

-              Papá se durmió y olvidó cantarme, “Buenas noches princesa”, y no puedo dormir.

-              ¿Cómo va la canción? –Sibyl cantó dos veces su canción para que yo pudiera aprenderla-. Ven, sube –ella se recostó en mi regazo-… Buenas noches, mi princesa, es hora de dormir; tus ojitos azul cielo, deben descansar. Buenas noches, mi princesa, un beso te daré. Y duerme, duerme, mi princesa, aquí yo estaré, nada temas, a tu lado, yo me quedaré. Buenas noches, mi princesa, tu sueño velaré, y los ángeles, muy pronto, te harán soñar. Buenas noches, princesita, tienes que dormir” –la miré, dormía con la almohada abrazada a su pecho, era tan pequeña, tan frágil.

 

-              ¡Sibyl! ¡Sibyl! ¡¿Sibyla dónde estás?! –a lo lejos escuché los gritos de Bryan, me tallé lo ojos y miré el despertador, 7:30 a.m.- ¡Sibyla! –observé mi cama, la nena dormía conmigo.

-              Shh –salí del cuarto con una bata encima y silencié a Bryan-. Tranquilo, Sibyl está en mi cuarto, anoche bajo, platicamos un rato y nos quedamos a dormir juntas.

-              Ya estaba asustado, Sibyl me preocupa mucho, es tan pequeña para vivir todo esto. A veces me pregunto si entiende eso de que su mamá murió –vi a Bryan caer derrotado sobre el sofá, el cabello desaliñado le cayó sobre el rostro, agachó la cabeza y supe que lloraba.

-              Siento tanto todo esto que estás viviendo, Bryan. Pero no te preocupes, Sibyl es una niña muy inteligente, no es como las niñas de su edad.

-              Lo sé –sonrió un poco, realmente estaba orgulloso de su hija-. Es sólo que me encantaría darle una vida normal, que no sufriera estas cosas. No sabes todo lo que Liz –sacudió la cabeza y guardó silencio, más secretos-…

-              Bry, verás que todo sale bien, sé que eres un gran padre. No puedes seguir así, ella necesita a su papá, al hombre feliz que juega con ella y le canta antes de dormir. Bry, no estás solo, tu familia y la mía no los vana dejar.

-              Gracias Claudia. Y aprovechando el apoyo, ¿puedo pedirte un favor?

-              Claro, dime.

-              Del trabajo iré a casa, debe estar un desastre, no he ido desde que tu hermana falleció. El problema es que no tengo quien recoja a Sibyl de la escuela, no quiero que vaya a casa aún.

-              Iré encantada por ella. De hecho, creo que la llevaré porque ya se te hizo tarde y ella aún duerme.

-              Muchas gracias.

-              No hay que agradecer, Sibyla es mi sobrina.

 

 

 



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#1482 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mar, 9 de Ene, 2007 5:40 pm
Asunto: * ' * Si aún es ella * ' * (Caps.1- 4)
bryan_deutzy...
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Holas!! Ay no se enojen conmigo, sé que les debo un fic y que ha pasado bastante tiempo jeje, pero bueno, aquí está, hasta hoy pude darme un tiempo para él jeje.
Le dejo desde el inicio para que recuerden porque ni yo sé en que las dejé jajaja.

Besitos
cLaU

SI AÚN ES ELLA
CAP. 1
 
                Al abrir la puerta del departamento me topé con la correspondencia en el suelo; arrojé las zapatillas por un lado y caminé rumbo a la sala para tumbarme sobre el sofá. Recibo de agua, de luz, el gas, nada novedoso, excepto…
 
                El teléfono marcaba la luz roja, había un fax quizá de algunas horas, el número era de casa. Es cierto que Mariana de vez en cuando utilizaba ese método para comunicarse, pero no era ella, sino… Bryan. Leía aquella hoja mal redactada, al terminar tenía el rostro humedecido por las lágrimas.
               
                La quería tanto, tanto…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Claudia, ¿me ayudarás? Anda, tú ya presentaste ese examen, nadie lo notará.
-              Liz, ya sabes que estas cosas no me gustan, yo puedo pero…
-              Clau, por favor, Nicky me invitó a tomar un café –Liz no se alegraría porque el chico más popular de la escuela la invitara a tomar un café, pero bueno, era la vida de mi hermana, aunque sí, me dolía lo que la gente comentaba de ella-. ¿Sip?
-              Está bien.
-              ¡Clau! –Bryan apareció gritando por el pasillo-. Por fin te encuentro –el pobre cargaba una pila de papeles, seguro el periódico escolar, él y yo éramos los encargados.
-              ¡Wow! Hermanita, no sabía que tenías amigos tan guapos.
-              Es Bryan Mcfadden, mi amigo del periódico.
-              Clau… eh… yo… Ho –también Bryan se ponía nervioso ante mi hermana, bueno, era lógico, me asombraría que no fuese así- … Hola –cortésmente extendió su mano, pero olvidó los papeles.
-              Hola Bryan –Lizbeth no paraba de reír, yo sentí tanta pena por Bryan que lo ayudé a levantar el tiradero-. Gracias hermanita, te veo en casa, dile a mamá que tengo trabajo en equipo, llegaré tarde. Bye.
-              ¡Pero Liz, yo…! –siempre tenía que mentir.
-              ¿Ella es tu hermana? –asentí- Es hermosa –dijo embobado, yo lo miré de reojo-… no te ofendas, yo –Liz y yo éramos gemelas, aunque su cabello era castaño claro, totalmente lacio y le caía a media espalda, siempre bien peinado-…
 
                Y si ya empecé con el cabello, bien vale la pena decir todo. Sí, Lizbeth y yo hermanas gemelas idénticas, pero… No sé como decirlo, Liz era más… ¿femenina? Ya hablé del cabello, eso es poco. Sus pestañas siempre rizadas y separadas por el rimel, sus ojos delineados por el lápiz negro, sus párpados con sombra del color de su ropa, labios bien coloreados, rubor en las mejillas; linda en resumen. Yo, bueno, quitemos el maquillaje, pongamos una coleta mal hecha, unos lentes, un cuerpo muy delgado y… quedo yo. No quiero parecer un fenómeno delante de mi hermana, ni mucho menos digo que fuese fea, sólo que ella era la niña bonita y yo la simpática, buena amiga.
 
-              Bryan, te pido un favor, déjalo así –él sonrió apenado.
-              Tienes que presentármela.
-              Después que deje de salir con Nicholas Byrne.
-              ¿Permites que tu hermana salga con ése?
-              Bry, con Liz no es de permitir o no, ella hace lo que quiere. Pero no te preocupes, sabe cuidarse. Ahora dime, ¿qué deseas?
-              Una cita con tu hermana –lo miré con gesto raro-. Bromeaba “peque”, te tengo el material del siguiente número.
-              Perfecto. Oye, linda foto, ¿él es…?
-              ¡Oh sí! Kian Egan, el chico de último grado, ella es su hermana Pamela.
-              La conozco, comparto algunas clases con ella. Se ven lindos, ¿no?
-              Creo.
-              ¿Nicholas? Van siete números de ver su tonto rostro impreso. ¿Por qué tenemos que publicitarlo?
-              Porque es el capitán del equipo de fútbol de la escuela. A mí tampoco me agrada, pero es el consentido del director.
-              Y de todas las niñas de la escuela, incluyendo a mi hermana. ¿Qué pecado cometí para tenerlo en mi familia? –Bry me miró para luego encogerse de hombros.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Claudia, ¿ya lo sabes?
-              Sí, de hecho estoy empacando. En unas horas estaré allá.
-              Lo siento tanto. Cuentas conmigo.
-              Lo sé y te lo agradezco mucho porque sé que no es fácil para ti.
-              Eso es el pasado Clau. Además, tú y yo somos viejas amigas.
-              Gracias Pamela.
-              Nicky me pide que te diga que tienes todo su apoyo.
-              Dile que aprecio mucho esta muestra de amistad. Te veré en casa.
 
                No recuerdo como hice para empacar, yo no estaba en mis cinco sentidos; en el fondo de mi buró encontré una foto de ella, siempre hermosa….
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-              ¡Otra vez! –gritó Ivette al verme entrar disfrazada de Liz, no se veía muy contenta- Claudia, no me gusta que consientas todos los caprichos de Lizbeth, imagina que en mi lugar te hubieras encontrado con mamá, o peor, papá.
-              ¡Ni de broma lo digas! Nos matan, Ivi no te enojes, yo lo hago con gusto.
-              Como digas, y esta vez que fue.
-              … un examen –dije después de unos segundos.
-              ¡Ay Claudia! Nena, yo las quiero mucho a las dos, son mis hermanitas, pero no me agrada que Liz abuse de ti.
-              No es abuso, sólo es un favor.
-              Aja, ¿y ella cuándo te ha hecho un favor?
-              Bueno… eh… la vez que –traté de recordar algo que Liz hubiera hecho por mí, pero no pude- …
-              Lo ves, peque acéptalo, esto que hacen no está bien, ni siquiera es justo.
-              Pero… es mi hermana.
-              ¡Ay peque!
-              ¿Dónde es la fiesta de disfraces? –preguntó Mary al llegar-. ¡Ah, no! Ya sé, las gemelas han rolado vidas otra vez, ¿me equivoco? –claro que no lo hacía-. Claudia, ¿no has pensado en mantener ese look siempre? Digo, así no tienes que correr a cambiarte cuando Liz lo necesite.
-              Basta Mariana.
-              Lo siento Ivette, pero dime si no es una medida lógica –Mariana era un poco más dura conmigo que Ivi, yo sabía que tenía razón, pero quería mucho a Liz, además yo era la mayor por unos minutos, mi deber era cuidarla, como Ivi lo hacía con nostras tres.
-              Mary…
-              No digas más, Claudia, no quiero molestarme más contigo, realmente no peque –sacudió la cabeza y caminó escaleras arriba.
-              ¿Dónde se quedó Liz?
-              Ella… creo que en sus prácticas de baile.
-              ¿Hoy lunes? ¿No le toca los viernes?
-              Aja, por eso me pidió que la ayudara, ya sabes, práctica inesperada –Ivette no se la creyó del todo.
-              Sólo espero que esté aquí antes de que mis padres vuelvan. Y tú, sube a quitarte todo eso. ¡Ay Claudia, no sé que haremos con ustedes!
 
 
-              A… a… así… a –Lizbeth sólo tenía dieciocho años, pero ya era una experta en el sexo, más de media escuela conocía su reputación, no entiendo como Ivette nunca se enteró-… ¡Aa!
-              Como se ve que todo lo que dicen de ti es verdad eres estupenda en la cama –Nicky comenzó a vestirse ni bien satisfizo sus necesidades.
-              Y tú no te quedas atrás –ella no era el tipo de chicas que se envuelve en las sábanas “después de”, tampoco buscaba caricias o palabras dulces, ella sólo pedía sexo, por eso resultaba perfecta para la mayoría de los hombre, nada de compromisos.
-              Ya me voy –Liz aún se ponía la falda.
-              ¿Pagaste?
-              Claro.
-              De todos modos, salgo primero. Nicky –dijo volviéndose-, ¿esa tal Pamela Egan es tu novia?
-              Si, ella no debe enterarse.
-              Todo depende de ti, Nicky, necesito un lugar en el equipo de porristas.
-              Lo tendrás…
-              Pero, quiero ser capitana.
-              ¡¿Qué?! Parker estás loca, Pamela es la capitana, le dieron ese puesto por todo su historial…
-              No te pregunté, quiero el puesto. De eso depende tu relación con Pamela.
-              Pero no puedo hacerle eso. Ni siquiera tienes pruebas de lo que ha pasado.
-              Ella me creerá, ya lo verás –abrió la puerta del cuarto-. Tienes esta semana Nicholas –le advirtió antes de marcharse.
 
 
-              ¿Puedo pasar?
-              Si –Mary seguía pendiente a su restirador, algún plano debería estar dibujando.
-              Mary, yo sé que Ivette y tú tienen razón…
-              Claudia, no quiero hablar al respecto, es la plática de todos los días. Créeme, si esto fuese de vez en cuando o si ella pensara en ti, no me molestaría. A las dos las amo mucho, son mis hermanas, pero sé que Liz no es tan noble como tú.
-              No digas eso, lo que pasa es que ella es más sociable, más fiestera…
-              Más fácil.
-              ¡Mariana!
-              Claudia, no estoy ciega como Ivi, sólo aparento no darme cuenta. Clau, Liz no es buena, yo sé que puede cambiar, pero mientras no lo haga, el que tú finjas ser ella te puede traer graves problemas.
-              No, no va a pasar eso, además Liz aceptaría su responsabilidad si eso pasara.
-              Como quieras creerlo. Tú eres la más inocente de nosotras, peque, no quiero que te metas en problemas por los libertinajes de Lizbeth.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
Observé a mi alrededor, que sola me sentía, el departamento era demasiado grande para mí, miré por la ventana de mi cuarto, la ciudad ruidosa, el tráfico constante, el correr citadino sin importar los tres grados bajo cero. A pesar de todo, la carta había llegado en buen momento. Extrañaba mucho a mi familia, a mis amigos.
 
 
CAP. 2
 
-              ¿Y? –la gente necesaria estaba ahí, las flores necesarias llegaron, era de esperarse, se trataba de Liz Parker.
-              ¿Y qué, Kian? –Bryan lucía tan sereno, tan tranquilo.
-              ¿Qué viene? Bryan, no lo tomes a mal, todos sabemos que tu matrimonio con Lizbeth era una farsa. Aún eres joven, puedes…
-              Kian, tengo una hija, en lo que menos pienso es en lo que sigue con mi vida amorosa, de hecho, esa parte de mí terminó cuando me casé con ella.
-              La historia es conocida por todos, Bryan y…
-              Y no quiero hablar de ello. Punto.
-              ¡Papito! –la niña seguía inconsolable, pero al menos sus cuatro años la hacían no entender todo.
-              ¿Qué pasa nena? Ven –dijo alzándola entre sus brazos-, tranquila Sibyl.
 
 
                Aún no sabía si sólo debería meter ropa en la maleta, quizá mamá me haría pasar una larga temporada en casa, extrañaría mis fotos si eso pasaba, todas esas imágenes eran parte de mi vida; ¡sí! Ya sé que en Florida estarían todos los de esas fotos, pero no sé, me había acostumbrado a tan sólo verlos por retratos.
                Que graciosa era Pamela a sus dieciocho años, siempre fue muy bonita, de cabello rubio natural y aire infantil. No cabía duda que eso conquistó a Nicky, y después de siete años seguían juntos, a pesar de todo y todos…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Se acabó tu plazo.
-              Lizbeth estás mal, en una semana una porrista novata no puede ser capitana.
-              No me interesa que no se pueda, para eso estabas tú.
-              Dame al menos un mes.
-              No.
-              Todo esto lo haces con el fin de separarme de Pami, sabías que lo que me pediste es imposible.
-              ¡Wow! ¡Qué inteligente eres! Muy buena deducción Byrne, que pena que no lo hayas pensado antes. Bye, ‘Nickito’.
-              ¡Lizbeth! –gritó para detenerla, ella no volteó, mucho menos se detuvo.
 
 
                Nicky había conocido a Pami en la universidad. Yo conocía a él desde la secundaria, su fama de galán siempre la tuvo, aunque ahora su noviazgo con Pamela parecía haberlo hecho cambiar. Bueno, eso notaba en las pláticas que mantenía con Pami, quien me consideraba una de sus mejores amigas y me confiaba todo.
 
-              ¿Pamela Egan? –esa tarde todos entrenaban en el campo de fútbol, las porristas también estaban ahí.
-              Sí –Pamela sabía que Liz era mi hermana y después de mis hermanas y yo, ella era la única que mostraba buenos modales con Liz-. ¿Te puedo ayudar?
-              Sí –mi hermana era excelente actriz, lástima que yo no lo supe hasta años después-. Yo tenía muchas ilusiones de unirme a las porristas, pero no sabía como hacerlo.
-              Bueno, tienes que presentar una rutina.
-              Es que –Liz comenzó a llorar-… yo quise buscar ayuda, porque no soy muy buena en esto… yo de verdad estaba muy ilusionada con ser parte de las porristas… sé que hice mal, pero era mi sueño estar aquí.
-              Eh… ¿qué fue lo que hiciste?
-              Me da mucha vergüenza contigo, porque tú eres muy linda y noble, pero tengo que hacer lo correcto, y sobre todo, no te mereces lo que te hace.
-              ¿Lo que me hace quién, Lizbeth?
-              No sé como decirlo, yo lo hago también porque eres una gran amiga de mi hermanita.
-              Liz, dime que pasa –Pamela comenzaba a estar nerviosa por el comportamiento de mi hermana.
-              Yo fui con Nicky, a él lo conozco desde hace años, él me dijo que podía ayudarme, pero yo tenía que… que… yo –Lizbeth lloraba ahogadamente, como si fuese verdad lo que decía, cualquiera hubiera apostado por su sinceridad-…
-              ¡¿Qué tenías que hacer?! –gritó un poco fuera de sus casillas Pamela-. Liz, dime que pasó.
-              Nicky, él, él me pidió… me pidió que… que yo… que yo tuviera relaciones con él –se desató en un llanto incontrolable, mi amiga estaba estática, no podía creer que su novio fuese tan ruin-. Lo siento mucho, pero no es justo para ti –sollozó Liz, estaba preparando todo para dar la puñalada final.
-              ¿Aceptaste? ¡Lizbeth, ¿hubo algo entre ustedes?!
-              …sí. Él y yo tuvimos relaciones, se aprovechó de mis ilusiones, yo me entregué a él para estar aquí. Sé que fue tonto de mi parte, que actué muy mal. Tal vez no me creas, pero él me dijo… no me vas a creer, mejor no te digo.
-              ¡¿Qué diablos te dijo Nicky?! –Pamela estaba fuera de sí, tomó a Liz por los hombros y comenzó a sacudirla, le ordenaba que dijera eso que le había dicho Nicky, Liz decía que no.
-              Está bien, te lo diré, pero suéltame por favor, me lastimas –hasta entonces Pamela reaccionó y logró controlarse un poco, los presentes la estaban mirando mal; Lizbeth lo había conseguido otra vez, ser la víctima-. Cuando fui a buscarlo para saber si ya podía integrarme, él comenzó a burlase, me dijo que sólo me había pedido eso, para aprovecharse de mí. Yo le reclamé, también por ti, le grité que teniendo una novia tan buena como tú, no tenía por qué hacerlo, que era injusto. Y él…
-              ¿Él, qué? –aún me preguntó como Pamela soportó tanto; humillación, dolor, coraje, ¿cómo hizo para no caer en ese momento?
-              Él dijo que tú eras una tonta en el sexo, que con tu careta de niña virgen te le habías metido en la cama, pero que él sabía que eras una cualquiera y que estaba cansado de fingir placer contigo, que como mujer habías dejado de provocarle el más mínimo deseo desde la primera vez que tuvieron relaciones –los que estuvieron ahí, cuentan que Pamela no daba rastro de vida, excepto por permanecer de pie, y hasta después de muchos minutos, salió corriendo hacia los vestidores.
 
                Una o dos personas siguieron a Pamela, sabían que sufría; la mayoría se quedó con mi hermana, tal vez tenía mala fama, “pero nadie se merecía lo que Nicky había hecho”, además demostró “ser una gran persona” al contarle la verdad a Pamela, “era de amigas”. Sobra decir que muchos ya no miraron igual a Pamela, la gran mentira inventada por mi hermana fue aprovechada por las chicas que envidiaban a mi amiga. No me pregunten cómo Lizbeth lo hacía, no lo sé, sólo sé que lo hacía, y lo siguió haciendo.
                Pamela dejó de asistir una semana a clases; Lizbeth era alabada por las porristas y le dieron el puesto de capitana, bajo el agua hizo que las chicas destituyeran a Pami de su puesto y del equipo, por su indecente conducta, daba una “mala” imagen de lo que era ser porrista. Yo lamento haber estado tan involucrada en el periódico, porque no me enteré de lo ocurrido y, como lo habían pronosticado mis otras hermanas, Lizbeth me trajo muchos problemas.
 
-              Por favor Pamela, abre esa puerta –Nicky estuvo yendo todos los días a casa de Pamela, los primeros días, Kian le propinó algunos golpes, pero él insistió, hasta que la familia de Pami comprendió que sinceramente la amaba y que la versión de Lizbeth no había sido muy verídica.
-              Hermanita, creo que Nicky se merece una oportunidad –al reconocer la voz de su hermano, Pamela abrió la puerta, lucía tan deprimida y desarreglada, los ojos llorosos e hinchados con una coloración rojiza que te da el llorar por prolongado tiempo.
-              Vete Nicky, vete, no te creo nada, tú y ella… ¡vete Nicky! –no, Pamela no gritaba, su estado era demasiado triste como para exaltarse.
-              Te juro que no todo es verdad. Déjame que te cuente lo que pasó, después si quieres, córreme –Nicky no evitó las lágrimas cuando vio a su novia así, le dolía, le dolía porque por encima de todo, él era el culpable.
-              No tiene caso, ya no confío en ti –Kian fue escaleras abajo, este asunto era de dos-. Ella me lo dijo todo.
-              ¡Ella es Lizbeth Parker! –muy buena frase de Byrne, muy buena y muy cierta- Sí, yo tuve… yo tuve relaciones con ella, pero no ocurrió como te lo contó. Después de eso, me chantajeó para darle tu puesto de capitana…
-              Pero entonces, ¿cómo supo que tú y yo…?
-              Te juro que no le dije nada de eso. Mi vida –Nicky tomó la mano de Pamela entre las suyas-, sé que te fallé, pero te amo y jamás le conté a Lizbeth lo que hubo entre tú y yo, ella debió de enterarse por otra persona…
-              ¡No! No –Pamela se soltó-, no podría saberlo,  eso sólo lo sabíamos tú, yo y…. y… y –la cabeza de Pamela daba vueltas, si cabía una posibilidad de que Liz lo supiera, y no por Nicky-…
-              ¿Y quién?
-              Claudia Parker.
 
-              ¡¡No vuelvas a dirigirme la palabra!! –después de una semana de no ver a Pami, ella entró a la edición del periódico gritando muy enojada-. Tu hermana y tú planearon todo esto, ahora entiendo porque Nicky no te agrada seguro están interesada en él, y claro, como nunca se ha fijado en ti, aprovechaste nuestra amistad para planear  esto con tu hermana y separarme de mi novio –Bryan estaba igual que yo, no entendía nada.
-              No comprendo absolutamente nada, y deja te digo que Nicky nunca me ha interesado como hombre…
-              Eres una Parker, no creo en ti. Además tú eras la única que sabía lo que había pasado entre Nicco y yo, confié en ti porque eras mi amiga, y tú lo utilizaste para hacerme daño…
-              ¡Yo no conté nada…!
-              Ahora lo veo muy bien, tu hermanita y tú son igual de putas, de la misma camada al fin…
-              Escúchame bien Pamela, te aprecio mucho, pero no permitiré que me faltes el respeto, y menos a Liz –lo hice otra vez, ¿qué más podía hacer, era mi hermana?
-              Con esto compruebo que Nix no mintió, pero tu hermana y tú sí –salió azotando la puerta.
-              ¿Sabes de qué hablaba?, ¿de qué me perdí en la escuela?
-              No te lo quise decir, pero –por Bryan me enteré del asunto ocurrido en el campo-… Pobre Pamela, Nicky logró engatusarla con sus mentiras, no será la primera vez que miente –Bryan podía tener razón, hay que reconocer que ni Nicky ni Lizbeth eran de confiar, aunque en aquel entonces, sólo lo aplicaba a Nicky.
-              De verdad Pamela era mi mejor amiga, mejor dicho, la única, después de ti.
-              Peque, siempre me tendrás –me alegraba saberlo, y pensé que así sería.
 
                Fui muy ingenua al creer que todo acababa con la pérdida de mi mejor amiga, días después comprendí que no. Aunque mis amigos sólo eran Bry y Pami, me llevaba muy bien con mis compañeros, me invitaban a sus fiestas, todos me querían, me hablaban… pero yo me había “metido” con Nicky Byrne, y él destrozaría mi vida social. Iba por los pasillos saludando con una sonrisa, todos me ignoraban, entraba al salón y todos ponían mala cara, lo peor, comencé a estar en boca de todos.
-              Miren quien viene aquí, Claudia Parker, una de las gemelitas más zorras –intenté obviar a Nicky.
-              Nicholas, no vuelvas a ofender a m amiga, Pamela podrá creerte, pero no yo.
-              ¡Bryan Mcfadden! Salió el defensor. ¿No será Bryan, que Parker y tú comparten algo más que la dirección del periódico? –los que lo seguían comenzaron a reír.
-              Eres un estúpido Byrne…
-              ¡Ya sé! Mejor aún, te vas a la cama con Claudia y amaneces con Liz –Bry se fue encima de Nicky, nunca fui partidaria de la violencia, pero agradecía el apoyo de Bryan, aunque esto empeoró las cosas.
-              ¿Qué pasa aquí? –el director apareció justo cuando Bryan estampaba su puño en la cara de Nicco.
-              ¡Señor Filan! –exclamé asustada.
-              Explícame Byrne –los chicos rápido se incorporaron.
-              Bryan no soportó que yo le explicara a mis compañeros la relación ‘amorosa’, que él y la señorita, perdón, la joven Parker comparten.
-              Espero no sean calumnias señor Byrne. Señorita Parker, ¿se da cuenta de su situación?, usted es la directora del periódico escolar, no puede provocar estos comentarios, su reputación dudosa no habla bien de su persona.
-              Señor Filan, el joven Byrne miente.
-              No quiero averiguar eso. Si usted se acuesta con media escuela, no es mi problema, lo único que le pido es que sus asuntos personales no resten veracidad al periódico.
-              Despreocúpese, no ocurrirá de nuevo.
-              Bien, todos regresen a sus labores.
 
                Nicky se alejó con una sonrisa irónica, la sangre me hervía pero tendría que contenerme si quería continuar al mando del periódico, eso era de gran utilidad para la carrera que estudiaba.
-              ¿Estás bien?
-              Creo, no pega muy fuerte –dijo Bryan para arrancarme una sonrisa, siempre lo lograba.
-              Gracias.
-              No tienes que agradecer. Eres mi amiga.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CAP. 3
 
-              Quiero que me expliquen por qué están en boca de media escuela –yo hacía tarea en la mesa de mi cuarto y Liz se pintaba las uñas, cuando Ivi llegó.
-              No sé –contestó Liz despreocupada.
-              ¿Tú sabes algo? –preguntó dirigiéndose a mí.
-              Eh… ha de ser por un malentendido.
-              Clau, lo mejor es que Ivi se entere. Nicky inventó que Claudia tuvo relaciones sexuales con él, y que ella fue a gritarle no sé cuantas cosas a su novia –yo abrí la boca muy grande.
-              ¿Es cierto? –Ivi volteó a verme, a sus espaldas Liz me suplicaba que le dijera que sí.
-              Sí…
-              Mañana hablaré con ese Byrne, no tiene por qué decir esas cosas,
-              Ivi, mejor hay que dejar que el asunto se olvide. Además, Nicky se está aprovechando de que Claudia salió una vez con él…
-              ¡¿Saliste con Nicky?! –volvió a girar su mirada hacia mí.
-              Aja –contesté aún boquiabierta.
-              ¿Cómo puedes ser tan inconsciente? Mil veces te advertí que no te acercaras a él, sabes que no tiene muy buena fama, que un caballero no es…
-              ¡Ay Ivi, calma! Claudia sólo le aceptó un café, pero él se valió de eso, ¿verdad Clau?
-              Aja –repetí, mil veces me pregunto por qué acepté la culpa.
-              Liz tiene razón, esperemos que todos lo olviden. Me decepcionas, te consideraba más inteligente para escoger tus amistades –Ivi salió de la habitación y tras ella, Liz, que con una sonrisita me agradecía.
                Mariana había observado todo desde la puerta.
-              Te felicito por ser una, María Teresa de Calcuta, lamento no premiarte tu ‘obra de caridad’ –la palabras de Mary me hicieron llorar-, Ya calma.
-              Es mi hermanita.
-              ¡Ay Claudia! Pero tranquila, hablaré con Egan para que convenza a Pami de que tú no tienes nada que ver –Egan era mayor que Mariana por tres años, pero agradecía que ambos fueran del Concejo Estudiantil.
-              Muchas gracias May, te ‘kelo’ mucho.
-              También yo, por eso me enojo contigo cuando haces esto –le sonreí encogida de hombros-. Anda ya, vamos a comer.
-              Gracias hermana –agradecí de nuevo, esta vez con un beso.
 
 
-              Kian, necesito hablar contigo.
-              Hola Parker, dime.
-              Es con relación al asunto de mis hermanas.
-              No te preocupes, tus hermanas y tú son cosa aparte, nada cambia entre nosotros.
-              No es precisamente lo que te iba a decir. Creo que no sé contó toda la verdad.
-              ¿Qué se omitió?
-              Claudia no tiene nada que ver en el asunto, ella sería incapaz de faltar a la confianza de Pamela. Seguramente tu hermana le contó a Claudia como era su relación con Nicky en mi casa, que… es casa de Liz, también.
-              ¿Quiere decir que Liz escuchó por accidente o las espió? –Mariana asintió- Ya había pensado en lago así, no conozco personalmente a Claudia, pero sé que no es del tipo de personas que hacen estos líos; en cambio Liz… lo siento, se me olvida que es tu hermana.
-              No tengas cuidado. Lizbeth es mi hermana y sé como es, te puedo asegurar que no es mala, quizá poco caprichosa.
-              No estoy de acuerdo contigo, pero como quieras. Creo que deberías decirle a tus padres, puede que después haya consecuencias peores,
-              Papá está enfermo, pero gracias por el consejo, hablaré con Liz.
-              Y yo con Pamela, no creo que logre que Nicky arregle la imagen de Clau, pero si de que ya no diga más cosas.
-              Claudia se alegrara con recuperar a su amiga, lo demás es un simple chisme que ya pasara. Gracias de nuevo.
-              No te preocupes, hago lo justo. Pero también lo hago por ti –Mariana se sonrojó, a luces se notaba la atracción entre ambos.
 
-              Tú y yo vamos a hablar.
-              ¿De qué? –Liz nunca tuvo una buena relación con Mary, talvez porque era la única que no le consentía sus libertinajes.
-              ¿Por qué le echaste la culpa a Claudia?
-              Porque es tonta.
-              ¿Cómo puedes decirlo con tanta naturalidad? Ella está pagando las consecuencias de tus actos, y tú le llamas tonta.
-              ¿Pues tú cómo le llamarías? Mariana, si Claudia quiere ser la mártir, déjala, porque bien podría decir la verdad.
-              ¿No te miedo que lo haga?
-              No –contestó sonriente-, olvidas que soy su ‘hermanita’ –rió.
-              Algún vas a cometer un error y…
-              Y eso a ti no te preocupe, no pasará –finalizó, dejando a May sola en el patio de la casa.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Por qué Liz, por qué? –pregunté a la foto, era absurdo, la imagen no me daría explicaciones, como ya tampoco lo haría mi hermana.
                Había otra razón para regresar a casa: buscar las respuestas entre los que quedaban.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Hola.
-              Hola, pasa.
-              Kian habló conmigo. Siento no haberte creído, ¿amigas?
-              Amigas –contesté al abrazarla.
-              Quiero que sepas que entre nosotros todo está bien, pero no con tu hermana.
-              Pamela, ella…
-              Por favor, no la defiendas.
-              OK. ¿Celebramos con un helado de la cafetería?
-              Está bien, además aprovecho para pedirte trabajo.
-              ¿Aquí?, ¿y las porristas?
-              Me expulsaron del equipo.
-              Pero todo se arregló, Nicky terminó por culparme –reí.
-              Tu hermana es la capitana y todas las chicas están convencidas de que ella no mintió.
-              ¡Ops! Lo siento. ¿Te parece la sección de sociales?
-              ¡Me encanta!
-              Entonces está contratada. Bryan y yo necesitamos ayuda –ambas reímos y salimos tomadas de las manos como buenas amigas.
 
-              Bryan –llegué hasta Bryan con una sonrisita en los labios-, te tengo excelentes noticias.
-              ¿Tu hermana saldrá conmigo?
-              ¡Bryan no es eso! Y sinceramente, Liz no saldría con una troglodita –dije a broma.
-              Muy graciosa Parker, ya dime que te traes.
-              ¡Ay qué genio! No te enojes, recuerda que siempre serás mi troglodita preferido –Mcfadden me abrazó, no podía vivir sin mí-. Bueno, basta de tanto apapacho. Te cuento, tenemos nueva encargada de sociales.
-              ¡Perfecto, menos trabajo! ¿Quién es?
-              Prepárate Mcfadden, te presento a la nueva reportera de sociales –con ambas manos señalé a la puerta-, Pamela Egan –sí, adivinaron, Bryan estaba completamente sorprendido.
-              Bienvenida.
-              Gracias Bryan.
-              Paren esos abrazos que me pongo celosa –los tres reímos, pensé a futuro, seríamos el trío perfecto.
-              Parker tiene razón, hay mucho trabajo, Pamela aquí tienes.
-              ¿Qué es esto?
-              Las citas ‘sociales’ que tienes por realzar –Pamela me miró con angustia.
-              No la espantes, está comenzando. Pami, tranquila, nos repartiremos el trabajo.
-              Pues será entre ustedes, porque miren lo que tengo por hacer –al lado de lo que le había dado a Pamela, había otro tanto casi igual.
-              Adiós Bryan –jalé a Pamela y huimos del lugar, Bryan me miró feo, luego sonrió.
 
-              Quiero presentarles a Mark Feehily, mi novio –yo estaba muy feliz por mi hermana, Mark era muy apuesto y parecía quererla de verdad; lástima que papá fuera internado la noche anterior, mamá lo cuidaba y los dos se perdieron de conocer a Feehily.
-              Mucho gusto.
-              Ella es Mariana, estudia cuarto semestre de arquitectura.
-              Te pareces mucho a Ivi.
-              ¡Dios me libre! Yo no soy tan fea –a todos nos pareció gracioso el comentario.
-              Ellas son las gemelas. Claudia está estudiando comunicaciones, es la encargada del periódico de la universidad, nuestra peque.
-              Hola Clau, ¿puedo llamarte así?
-              Sip, bienvenido a la familia –exceptuando la enfermedad de papá, estos tres meses habían sido buenos, al menos para mí, pocos recordaban mi altercado con Nicky y él no era tan grosero.
-              Por último y no menos importante, Lizbeth, realmente la menor de casa.
-              Hola Marky, ¿sabes? Eres muy guapo, mi hermana tiene suerte.
-              Gracias Liz –Mariana no estaba muy contenta con la actitud de Liz, intuía cosas raras.
               
Mark había logrado llegar al corazón de las Parker en la primera visita, era muy caballeroso y cortés, pero sobre todo, porque era el mejor novio para Ivette. Ivi lucía muy feliz con él, ambos parecían comprenderse, eran como el complemento del otro. Yo también estaba alegre, por Ivette, porque era mi hermana y la quería mucho, como suele decirse en estas situaciones, se lo merecía.
 
 
-              Y pues Ivi está con Mark, y Mary parece comenzar a salir con Kian –dije en voz muy baja y rodeando mi bocas con las manos.
-              ¿Liz está libre?
-              Bryan, ¿por qué no le llegas a mi hermana de una vez por todas? –el tiempo iba rápido, ya corrían dos meses más.
-              ¿Quieres la verdad? –por supuesto, dije-. Tu hermana es muy bonita, pero hasta ahí, lo que te digo es sólo para molestarte, pero ya veo que no sucede nada.
-              ¿Por qué querías que me enojara?
-              ¿No te has dado cuenta?
-              Mmm, ¿de qué?
-              Olvídalo Parker –la mirada de Bryan me dijo todo, ¡¡yo sí que era tonta!!
-              Bryan –él me miró-, yo también te amo –nunca olvidaré su enorme sonrisa, y jamás los años lograron robarme ese beso, jamás.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CAP. 4
 
-              Ya todo está planeado, dentro de unos minutos Claudia aparecerá, espero no se te olvide lo que tienes que hacer. Recuerda, sólo si está sola.
-              Entiendo. Liz, ¿por qué quieres hacerle esto a tu hermana?
-              Porque siempre tiene lo que yo quiero. Desde hace una semana comenzó a salir con Bryan Mcfadden, ella sabía que él me gustó desde que lo conocí.
-              ¿Te gusta Bryan? Liz has salido con un montón de chavos en estos meses, no creo que él te guste.
-              Mira, tú no hagas deducciones. Nada más haz lo que te dije, ya recibirás tu recompensa –la última frase fue seductora, luego de eso, Liz se dirigió al salón donde se hacia el periódico, plan perfecto otra vez.
 
 
-              Hola Clau –ese era John, el supuesto novio de Lizbeth.
-              Hola Johny, ¿mi hermana?
-              No sé… yo quería hablar contigo a solas –como ya no era horario de clases, el pasillo se encontraba solitario,
-              ¿En qué te puedo ayudar?
-              Bueno –el abrir de una puerta se escuchó-… con esto –por mi cabeza no cruzó lo que John deseaba, él me abrazó y comenzó a besarme, no tuve tiempo de bofetearlo, no tuve tiempo de nada…
-              ¡Claudia! –era Liz… acompañada de Bryan- ¿Cómo pudiste? –sus ojitos comenzaron a llenarse de lágrimas, Bryan me miraba incrédulo.
-              Hermanita, no es lo que parece, él me besó, yo jamás te haría algo así…
-              ¡Claudia no seas cobarde! Si ya lo sabe no tenemos por qué seguirnos ocultando.
-              ¿Ocultado?
-              Lo siento Liz, yo estoy enamora de tu hermana y ella de mí…
-              ¡Oye! Eso es mentira, di la verdad, que tú estabas esperándome aquí y me besaste sin mi consentimiento.
-              Yo pensé que esto era importante para ti,  también. Reconoce que vinimos juntos, que nos amamos.
-              No, esto es broma. Tú ya estabas aquí cuando llegué.
-              ¿Por qué? ¿Por qué, Claudia?
-              Te juro que todo lo planeó él, no me preguntes por qué, pero él ya me estaba esperando.
-              No te creo, yo acabo de entrar al salón y en el pasillo no había nadie. Pues si se aman yo no me voy a interponer, yo te quiero mucho hermanita y me haré a un lado por ti.
-              ¡John dile la verdad! –grité furiosa.
-              Liz, tu hermana y yo salimos desde hace unas semanas, yo pensé que me amaba, pero ahora veo que te envidia y por eso me sedujo.
-              Liz, soy tu hermana, nunca te lastimaría, créeme.
-              Eso quisiera, pero después de lo de Nicky y lo que la escuela dijo de ti –la miré sorprendida, ¡esto era el colmo!
-              Liz no me hagas esto, lo de Nicky bien sabes que no fue culpa mía, tú eras la que…
-              ¿Me estás culpando a mí? Yo siempre he sido tu hermana, te he apoyado, te quiero mucho, ¿por qué quieres dañarme ahora?
-              ¿Es una broma? Tiene que ser una broma.
-              También yo lo quisiera. Si lo quieres, yo –salió corriendo con lágrimas escurriendo por sus mejillas-…
-              ¡Liz…! –hice un intento por seguirla.
-              ¡Déjala! ¿Por qué eres así? Me doy cuenta que con tu cara de niña ingenua nos has engañado a todos; eres una envidiosa, egoísta, no soportas la felicidad de los otros, me das lástima.
-              ¡Cállate! –grité, John me dio la espalda y comenzó a alejarse; hasta entonces recordé a Bryan- Bryan, ¿tú si me crees, verdad? –el pobre seguía de pie.
-              Quisiera hacerlo, pero estoy muy confundido, de pronto descubro que la persona que amo y creí conocer, es alguien completamente diferente, como si hubiera convivo con alguien que no existe –las palabras de Bryan me calaban profundo, ¡yo si existía! Yo era está, aquí estaba a quien amaba.
-              Tienes que confiar en mí –supliqué al punto del llanto-…
-              No puedo, no puedo. Necesito estar solo. Adiós.
               
                El pasillo se me hizo enorme, quería que el piso se abriera y desaparecer. No entendía que estaba pasando.
-              ¿Quién hace tanto escándalo? ¿Claudia?, ¿dónde está Bryan? –agradecí al cielo que Pami estuviera ahí.
-              ¡Ay Pamela!
-              No me espantes, ¿qué ocurrió?, ¿por qué lloras? –entre sollozos logré explicarle un poco de lo que había pasado, lo que yo pude comprender- ¡Lo sabía! Tu hermana es una víbora, seguro planeo todo. Enfréntala, tendrá que aceptar su responsabilidad, así Bryan te creerá.
-              ¡No! Liz es muy inteligente, podría empeorar todo –mis pensamientos eran un rompecabezas que apenas comenzaba a formarse-. Además, Bryan no me ama, si así fuera, nunca hubiera dudado de mí –Pamela me miró y me abrazó, yo ahogué mi llanto, mi rabia, a mí misma; morí ahí, en ese momento.
 
 
-              ¿Cómo pudiste?, ¿cómo me hiciste esto? –mis palabras se azotaban entre el coraje y la puerta fuertemente golpeada.
-              ¿Cómo pudiste tú?
-              ¡Estamos solas, deja tu farsa, tus mentiras, tu maldita obra de teatro que has creado!
-              Tú eres la que miente, tú que todo este tiempo has fingido ser otra –mi mano se suspendió en el aire.
-              ¿Qué pasa aquí? ¿A qué se deben estos gritos?
-              Claudia está loca, quiere golpearme.
-              ¿Qué?
-              Anda Lizbeth, explícale mi motivo.
-              La encontré besándose con mi novio.
-              Pero yo nada tenía que ver.
-              Lo mismo me hiciste creer en el asunto de Nicky. No te creo.
-              ¿Lo de Nicky? –dije irónica- ¿Por qué no le contamos a Ivette la verdad de eso?
-              ¿Cuál verdad?
-              Ahora Claudia quiere culparme también de eso, cuando fue quien delante de ti aceptó haber salido con él.
-              Lo hice porque tú…
-              ¡Cállate Claudia! Te oigo y no te conozco –miré a Ivette, ese día tenía que ser una horrible pesadilla.
-              ¡Ivette, no puedes creerle!
-              Ivi, Claudia me da miedo, siento que la persona con la que he compartido toda mi vida no fuese ésta, ella fingió ser otra con nosotras. No te conozco Claudia –sus palabras, su llanto, me explotaría la cabeza si la escuchaba una vez más.
-              Te prohíbo que te acerques a Liz, esto quedará entre nosotras sólo por la salud de papá. Vamos Liz, comienza a llevar tus cosas a mi cuarto –sentí algo enterrándose en mi corazón, ya había perdido a Bryan y ahora Ivette, ¿así de sencillo era quedarse sola?
-              Ivi…
-              Porque eres mi hermana te quiero aún, pero sino, te odiaría. ¿Qué te hizo Liz?
-              Destruyó mi vida –crucé mirada con Liz y no pude callarme, con esa frase cavé mi tumba.
-              No te conozco, no sé como eres mi hermana –ultimó Ivi.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Le avisaron?
-              Sí, yo mismo le mandé un fax porque no contestó mis llamadas.
-              ¿Fueron tan ingenuos de creer que vendría? Sino fuese su hermana, hasta pensaría que…
-              ¿Le dio gusto? ¡¿Cómo puedes ser capaz de pensar eso Ivette?!
-              Quizá tengas razón May, y exagere; pero aceptémoslo, no vendrá, siquiera regresó la llamada.
-              Ivi, no seas tan injusta con Claudia.
-              Mark, ya pasó un día de la muerte de mi hermanita y Claudia no se aparece, ¿qué quieres que piense?
-              Que el primer vuelo que encontró a Estados Unidos, llegaba hasta hoy –todos se sorprendieron al verme de pie en la puerta de la casa, sobre todo Ivette.
-              ¡Claudia! –me alegró mucho ver esa sonrisa en los labios de Kian.
-              ¡Peque! –abracé a Mariana- Que bueno que estés aquí –mamá y papá también se acercaron a mimarme.
-              ¡Ay hijita! No sabes cuan bien me hace tu presencia –las lágrimas de mi madre me dolían hasta el alma, la rodeé con mis brazos.
-              Lamento recordarles que no estamos de fiesta –miré a Ivi, sabía que en el fondo también           deseaba darme la bienvenida, pero había algo muy grande que nos separaba, el pasado…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Y esas cajas?
-              Son mis cosas.
-              ¿Ya no será esté el salón de edición?
-              No es eso. Renuncié al periódico.
-              ¡¿Cómo?!
-              Pami, ya han pasado dos semanas y Bryan no me dirige la palabra, no quiero hacerle más pesado el momento.
-              Pues que él se vaya…
-              Créeme que es mejor que sea yo, además ese idiota de John me ha puesto por los suelos, no quiero que esto arruine el trabajo de ustedes.
-              Claudia, esto no es justo. Verás que tarde o temprano todos descubrirán quien es tu hermana.
-              Ya no importa, puedo con esto.
 
 
Los días pasaron muy rápido, o muy lento, dependiendo del motivo para vivir que tengas, la cuestión es que de estos seis meses, Lizbeth y Bryan llevaban cuatro de novios. Ya estábamos por tercer semestre de la carrera, cuando un ángel apareció.
-              ¿En qué le puedo ayudar señor Filan?
-              Como no tienes actividades extras y eres muy buena alumna, me encantaría que ayudaras a mi hijo Shane a conocer la escuela –había un chico en uno de los asientos giratorios  que cuando terminó de hablar el señor Filan, volteó a mirarme.
-              Aa…
-              Shane Filan –se puso de pie y besó mi mano, un poco medieval, pero me pareció amigable.
-              Claudia Parker.
 
                Desde ese día, no sólo ayudé a Shane a acostumbrarse a la universidad, sino que nos hicimos amigo inseparables, aunque compartíamos muy poco tiempo porque estudiábamos diferentes carreras. Mi relación con Nicky mejoró gracias a Pamela, con decirles que hasta se encargó de limpiar mi imagen, ¡claro! El gusto me duró poco. Los cuatro éramos buenos amigos, a veces se nos unían Kian y Mariana, pero eran muy viejos para nosotros –risas-.
-              Así que ahora es Shane Filan –ese día esperaba a Shane de su última clase, un grupo de porristas se acercó a mí sólo para molestar.
-              ¿Qué quieren? –pregunté de mala gana.
-              Descubrirte. Porque primero fue Nicky, luego Bryan. Siguió John, que por cierto, era novio de tu hermana. Y ahora Shane, ¿cómo los eliges?
-              Pues Nicky salió dos o tres veces con tu hermana, Bryan estaba secretamente enamorado de Liz –ya sabía por donde iba éstas-. John era su novio, y por ahí rumoran, que a Shane no le es indiferente Lizbeth.
-              No me interesan sus conclusiones, díganle a mi hermana que se ahorre el jueguito, porque de seguro ella las envió.
-              Comprobado niñas, Claudia le tiene envidia a nuestra querida capitana. Pero hasta cierto punto la entiendo…
-              Yo igual, no es fácil ser el patito feo de la familia. ¿Qué se siente no ser tan bonita como tus hermanas?
-              ¡Ha de ser horrible! Por eso debes ser tan fácil con los hombres, porque sólo teniendo sexo con ellos puedes tenerlos…
-              ¡¡Te voy hacer que te tragues tus palabras!! –nunca digas no a la violencia, jamás sabes cuando será la solución, esa tarde comprobé que la única manera de callar a esas chicas, era acomodándoles unos cuantos golpes.
 
-              ¡¿Pero qué pasa aquí?! –creo que mi furia no se midió, sin darme cuenta habían pasado unos cuantos minutos y media escuela nos rodeaba; cuando el señor Filan apareció, yo estaba encima de una de las porristas; del susto al escuchar al director, solté a la chica y descubrí que varios de sus cabellos se hallaban en mis manos-. Señorita Parker, ¿otra vez usted?
-              Señor Filan, le juro que…
-              Director, ella comenzó todo.
-              Nosotras íbamos caminando y ella nos insultó.
-              Yo nada más le dije que se callara y Claudia se me vino encima.
-              ¡Mentirosas! Señor Filan, son tres, ¿cómo va a creer que yo…?
-              Parker lo siento mucho, pero es la segunda ves que la veo metida en escándalos; además, miré a la chica –después de mirarla cerré los ojos, su uniforme de porrista estaba decorado con rojo sangre-. Venga conmigo a la dirección –seguí al señor Filan, los mirones se dispersaron; bufaba a cada segundo, era injusto que sólo yo pagara los platos rotos, en eso pensaba cuando volteé y vi a la chica que golpeé, llorando; reí, al menos el castigo valdría la pena.
 
 
 
 
 
 
 
 

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#1481 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Lun, 31 de Jul, 2006 5:02 am
Asunto: '°'°'Si aún es ella'°'°' ]^°^Cap. 4^°^[
bryan_deutzy...
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Holas!
Yop con nuevo capo, porque como ya el martes vuelvo al calvario, esto significa estar lejos de casa y de la compu jeje. Así que antes dejo con que entretenerse.
Ivi, antes de que el fic termine te prometo una sorpresa muuuy especial con lo que me pediste jeje. Me encanta que odien a Liz, es mi parte podrida y sucia que pocas veces ve la luz del día   (jaja bromita, aunque hay algo de eso).
 
KiSsEs
cLaU McFaDdEn
 
 
CAP. 4
 
-              Ya todo está planeado, dentro de unos minutos Claudia aparecerá, espero no se te olvide lo que tienes que hacer. Recuerda, sólo si está sola.
-              Entiendo. Liz, ¿por qué quieres hacerle esto a tu hermana?
-              Porque siempre tiene lo que yo quiero. Desde hace una semana comenzó a salir con Bryan Mcfadden, ella sabía que él me gustó desde que lo conocí.
-              ¿Te gusta Bryan? Liz has salido con un montón de chavos en estos meses, no creo que él te guste.
-              Mira, tú no hagas deducciones. Nada más haz lo que te dije, ya recibirás tu recompensa –la última frase fue seductora, luego de eso, Liz se dirigió al salón donde se hacia el periódico, plan perfecto otra vez.
 
 
-              Hola Clau –ese era John, el supuesto novio de Lizbeth.
-              Hola Johny, ¿mi hermana?
-              No sé… yo quería hablar contigo a solas –como ya no era horario de clases, el pasillo se encontraba solitario,
-              ¿En qué te puedo ayudar?
-              Bueno –el abrir de una puerta se escuchó-… con esto –por mi cabeza no cruzó lo que John deseaba, él me abrazó y comenzó a besarme, no tuve tiempo de bofetearlo, no tuve tiempo de nada…
-              ¡Claudia! –era Liz… acompañada de Bryan- ¿Cómo pudiste? –sus ojitos comenzaron a llenarse de lágrimas, Bryan me miraba incrédulo.
-              Hermanita, no es lo que parece, él me besó, yo jamás te haría algo así…
-              ¡Claudia no seas cobarde! Si ya lo sabe no tenemos por qué seguirnos ocultando.
-              ¿Ocultado?
-              Lo siento Liz, yo estoy enamora de tu hermana y ella de mí…
-              ¡Oye! Eso es mentira, di la verdad, que tú estabas esperándome aquí y me besaste sin mi consentimiento.
-              Yo pensé que esto era importante para ti,  también. Reconoce que vinimos juntos, que nos amamos.
-              No, esto es broma. Tú ya estabas aquí cuando llegué.
-              ¿Por qué? ¿Por qué, Claudia?
-              Te juro que todo lo planeó él, no me preguntes por qué, pero él ya me estaba esperando.
-              No te creo, yo acabo de entrar al salón y en el pasillo no había nadie. Pues si se aman yo no me voy a interponer, yo te quiero mucho hermanita y me haré a un lado por ti.
-              ¡John dile la verdad! –grité furiosa.
-              Liz, tu hermana y yo salimos desde hace unas semanas, yo pensé que me amaba, pero ahora veo que te envidia y por eso me sedujo.
-              Liz, soy tu hermana, nunca te lastimaría, créeme.
-              Eso quisiera, pero después de lo de Nicky y lo que la escuela dijo de ti –la miré sorprendida, ¡esto era el colmo!
-              Liz no me hagas esto, lo de Nicky bien sabes que no fue culpa mía, tú eras la que…
-              ¿Me estás culpando a mí? Yo siempre he sido tu hermana, te he apoyado, te quiero mucho, ¿por qué quieres dañarme ahora?
-              ¿Es una broma? Tiene que ser una broma.
-              También yo lo quisiera. Si lo quieres, yo –salió corriendo con lágrimas escurriendo por sus mejillas-…
-              ¡Liz…! –hice un intento por seguirla.
-              ¡Déjala! ¿Por qué eres así? Me doy cuenta que con tu cara de niña ingenua nos has engañado a todos; eres una envidiosa, egoísta, no soportas la felicidad de los otros, me das lástima.
-              ¡Cállate! –grité, John me dio la espalda y comenzó a alejarse; hasta entonces recordé a Bryan- Bryan, ¿tú si me crees, verdad? –el pobre seguía de pie.
-              Quisiera hacerlo, pero estoy muy confundido, de pronto descubro que la persona que amo y creí conocer, es alguien completamente diferente, como si hubiera convivo con alguien que no existe –las palabras de Bryan me calaban profundo, ¡yo si existía! Yo era está, aquí estaba a quien amaba.
-              Tienes que confiar en mí –supliqué al punto del llanto-…
-              No puedo, no puedo. Necesito estar solo. Adiós.
               
                El pasillo se me hizo enorme, quería que el piso se abriera y desaparecer. No entendía que estaba pasando.
-              ¿Quién hace tanto escándalo? ¿Claudia?, ¿dónde está Bryan? –agradecí al cielo que Pami estuviera ahí.
-              ¡Ay Pamela!
-              No me espantes, ¿qué ocurrió?, ¿por qué lloras? –entre sollozos logré explicarle un poco de lo que había pasado, lo que yo pude comprender- ¡Lo sabía! Tu hermana es una víbora, seguro planeo todo. Enfréntala, tendrá que aceptar su responsabilidad, así Bryan te creerá.
-              ¡No! Liz es muy inteligente, podría empeorar todo –mis pensamientos eran un rompecabezas que apenas comenzaba a formarse-. Además, Bryan no me ama, si así fuera, nunca hubiera dudado de mí –Pamela me miró y me abrazó, yo ahogué mi llanto, mi rabia, a mí misma; morí ahí, en ese momento.
 
 
-              ¿Cómo pudiste?, ¿cómo me hiciste esto? –mis palabras se azotaban entre el coraje y la puerta fuertemente golpeada.
-              ¿Cómo pudiste tú?
-              ¡Estamos solas, deja tu farsa, tus mentiras, tu maldita obra de teatro que has creado!
-              Tú eres la que miente, tú que todo este tiempo has fingido ser otra –mi mano se suspendió en el aire.
-              ¿Qué pasa aquí? ¿A qué se deben estos gritos?
-              Claudia está loca, quiere golpearme.
-              ¿Qué?
-              Anda Lizbeth, explícale mi motivo.
-              La encontré besándose con mi novio.
-              Pero yo nada tenía que ver.
-              Lo mismo me hiciste creer en el asunto de Nicky. No te creo.
-              ¿Lo de Nicky? –dije irónica- ¿Por qué no le contamos a Ivette la verdad de eso?
-              ¿Cuál verdad?
-              Ahora Claudia quiere culparme también de eso, cuando fue quien delante de ti aceptó haber salido con él.
-              Lo hice porque tú…
-              ¡Cállate Claudia! Te oigo y no te conozco –miré a Ivette, ese día tenía que ser una horrible pesadilla.
-              ¡Ivette, no puedes creerle!
-              Ivi, Claudia me da miedo, siento que la persona con la que he compartido toda mi vida no fuese ésta, ella fingió ser otra con nosotras. No te conozco Claudia –sus palabras, su llanto, me explotaría la cabeza si la escuchaba una vez más.
-              Te prohíbo que te acerques a Liz, esto quedará entre nosotras sólo por la salud de papá. Vamos Liz, comienza a llevar tus cosas a mi cuarto –sentí algo enterrándose en mi corazón, ya había perdido a Bryan y ahora Ivette, ¿así de sencillo era quedarse sola?
-              Ivi…
-              Porque eres mi hermana te quiero aún, pero sino, te odiaría. ¿Qué te hizo Liz?
-              Destruyó mi vida –crucé mirada con Liz y no pude callarme, con esa frase cavé mi tumba.
-              No te conozco, no sé como eres mi hermana –ultimó Ivi.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Le avisaron?
-              Sí, yo mismo le mandé un fax porque no contestó mis llamadas.
-              ¿Fueron tan ingenuos de creer que vendría? Sino fuese su hermana, hasta pensaría que…
-              ¿Le dio gusto? ¡¿Cómo puedes ser capaz de pensar eso Ivette?!
-              Quizá tengas razón May, y exagere; pero aceptémoslo, no vendrá, siquiera regresó la llamada.
-              Ivi, no seas tan injusta con Claudia.
-              Mark, ya pasó un día de la muerte de mi hermanita y Claudia no se aparece, ¿qué quieres que piense?
-              Que el primer vuelo que encontró a Estados Unidos, llegaba hasta hoy –todos se sorprendieron al verme de pie en la puerta de la casa, sobre todo Ivette.
-              ¡Claudia! –me alegró mucho ver esa sonrisa en los labios de Kian.
-              ¡Peque! –abracé a Mariana- Que bueno que estés aquí –mamá y papá también se acercaron a mimarme.
-              ¡Ay hijita! No sabes cuan bien me hace tu presencia –las lágrimas de mi madre me dolían hasta el alma, la rodeé con mis brazos.
-              Lamento recordarles que no estamos de fiesta –miré a Ivi, sabía que en el fondo también           deseaba darme la bienvenida, pero había algo muy grande que nos separaba, el pasado…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Y esas cajas?
-              Son mis cosas.
-              ¿Ya no será esté el salón de edición?
-              No es eso. Renuncié al periódico.
-              ¡¿Cómo?!
-              Pami, ya han pasado dos semanas y Bryan no me dirige la palabra, no quiero hacerle más pesado el momento.
-              Pues que él se vaya…
-              Créeme que es mejor que sea yo, además ese idiota de John me ha puesto por los suelos, no quiero que esto arruine el trabajo de ustedes.
-              Claudia, esto no es justo. Verás que tarde o temprano todos descubrirán quien es tu hermana.
-              Ya no importa, puedo con esto.
 
 
Los días pasaron muy rápido, o muy lento, dependiendo del motivo para vivir que tengas, la cuestión es que de estos seis meses, Lizbeth y Bryan llevaban cuatro de novios. Ya estábamos por tercer semestre de la carrera, cuando un ángel apareció.
-              ¿En qué le puedo ayudar señor Filan?
-              Como no tienes actividades extras y eres muy buena alumna, me encantaría que ayudaras a mi hijo Shane a conocer la escuela –había un chico en uno de los asientos giratorios  que cuando terminó de hablar el señor Filan, volteó a mirarme.
-              Aa…
-              Shane Filan –se puso de pie y besó mi mano, un poco medieval, pero me pareció amigable.
-              Claudia Parker.
 
                Desde ese día, no sólo ayudé a Shane a acostumbrarse a la universidad, sino que nos hicimos amigo inseparables, aunque compartíamos muy poco tiempo porque estudiábamos diferentes carreras. Mi relación con Nicky mejoró gracias a Pamela, con decirles que hasta se encargó de limpiar mi imagen, ¡claro! El gusto me duró poco. Los cuatro éramos buenos amigos, a veces se nos unían Kian y Mariana, pero eran muy viejos para nosotros –risas-.
-              Así que ahora es Shane Filan –ese día esperaba a Shane de su última clase, un grupo de porristas se acercó a mí sólo para molestar.
-              ¿Qué quieren? –pregunté de mala gana.
-              Descubrirte. Porque primero fue Nicky, luego Bryan. Siguió John, que por cierto, era novio de tu hermana. Y ahora Shane, ¿cómo los eliges?
-              Pues Nicky salió dos o tres veces con tu hermana, Bryan estaba secretamente enamorado de Liz –ya sabía por donde iba éstas-. John era su novio, y por ahí rumoran, que a Shane no le es indiferente Lizbeth.
-              No me interesan sus conclusiones, díganle a mi hermana que se ahorre el jueguito, porque de seguro ella las envió.
-              Comprobado niñas, Claudia le tiene envidia a nuestra querida capitana. Pero hasta cierto punto la entiendo…
-              Yo igual, no es fácil ser el patito feo de la familia. ¿Qué se siente no ser tan bonita como tus hermanas?
-              ¡Ha de ser horrible! Por eso debes ser tan fácil con los hombres, porque sólo teniendo sexo con ellos puedes tenerlos…
-              ¡¡Te voy hacer que te tragues tus palabras!! –nunca digas no a la violencia, jamás sabes cuando será la solución, esa tarde comprobé que la única manera de callar a esas chicas, era acomodándoles unos cuantos golpes.
 
-              ¡¿Pero qué pasa aquí?! –creo que mi furia no se midió, sin darme cuenta habían pasado unos cuantos minutos y media escuela nos rodeaba; cuando el señor Filan apareció, yo estaba encima de una de las porristas; del susto al escuchar al director, solté a la chica y descubrí que varios de sus cabellos se hallaban en mis manos-. Señorita Parker, ¿otra vez usted?
-              Señor Filan, le juro que…
-              Director, ella comenzó todo.
-              Nosotras íbamos caminando y ella nos insultó.
-              Yo nada más le dije que se callara y Claudia se me vino encima.
-              ¡Mentirosas! Señor Filan, son tres, ¿cómo va a creer que yo…?
-              Parker lo siento mucho, pero es la segunda ves que la veo metida en escándalos; además, miré a la chica –después de mirarla cerré los ojos, su uniforme de porrista estaba decorado con rojo sangre-. Venga conmigo a la dirección –seguí al señor Filan, los mirones se dispersaron; bufaba a cada segundo, era injusto que sólo yo pagara los platos rotos, en eso pensaba cuando volteé y vi a la chica que golpeé, llorando; reí, al menos el castigo valdría la pena.
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1480 De: "milagros elena torreblanca perez" <torreblanca_24@...>
Fecha: Vie, 4 de Ago, 2006 5:00 am
Asunto: westlife
westlifecorazon
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solamente  gracias por pertenecer a westlife


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#1479 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Dom, 23 de Jul, 2006 4:26 pm
Asunto: '°'°' Si aún es ella '°'°' - - ]^°^Cap. 3^°^[
bryan_deutzy...
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Holas!
 
En vista que les ha gustado el fic jeje, me tomé la libertad de enviar otro capo. Una enorme aclaración: Shane no el es director, es su papi, ya después verán a que viene todo eso. Y mil gracias a todas las "enganchadas" a este fic
 
cLaU
 
PD. no se olviden que la historia va a dos tiempos, para que no se me pierdan
 
CAP. 3
 
-              Quiero que me expliquen por qué están en boca de media escuela –yo hacía tarea en la mesa de mi cuarto y Liz se pintaba las uñas, cuando Ivi llegó.
-              No sé –contestó Liz despreocupada.
-              ¿Tú sabes algo? –preguntó dirigiéndose a mí.
-              Eh… ha de ser por un malentendido.
-              Clau, lo mejor es que Ivi se entere. Nicky inventó que Claudia tuvo relaciones sexuales con él, y que ella fue a gritarle no sé cuantas cosas a su novia –yo abrí la boca muy grande.
-              ¿Es cierto? –Ivi volteó a verme, a sus espaldas Liz me suplicaba que le dijera que sí.
-              Sí…
-              Mañana hablaré con ese Byrne, no tiene por qué decir esas cosas,
-              Ivi, mejor hay que dejar que el asunto se olvide. Además, Nicky se está aprovechando de que Claudia salió una vez con él…
-              ¡¿Saliste con Nicky?! –volvió a girar su mirada hacia mí.
-              Aja –contesté aún boquiabierta.
-              ¿Cómo puedes ser tan inconsciente? Mil veces te advertí que no te acercaras a él, sabes que no tiene muy buena fama, que un caballero no es…
-              ¡Ay Ivi, calma! Claudia sólo le aceptó un café, pero él se valió de eso, ¿verdad Clau?
-              Aja –repetí, mil veces me pregunto por qué acepté la culpa.
-              Liz tiene razón, esperemos que todos lo olviden. Me decepcionas, te consideraba más inteligente para escoger tus amistades –Ivi salió de la habitación y tras ella, Liz, que con una sonrisita me agradecía.
                Mariana había observado todo desde la puerta.
-              Te felicito por ser una, María Teresa de Calcuta, lamento no premiarte tu ‘obra de caridad’ –la palabras de Mary me hicieron llorar-, Ya calma.
-              Es mi hermanita.
-              ¡Ay Claudia! Pero tranquila, hablaré con Egan para que convenza a Pami de que tú no tienes nada que ver –Egan era mayor que Mariana por tres años, pero agradecía que ambos fueran del Concejo Estudiantil.
-              Muchas gracias May, te ‘kelo’ mucho.
-              También yo, por eso me enojo contigo cuando haces esto –le sonreí encogida de hombros-. Anda ya, vamos a comer.
-              Gracias hermana –agradecí de nuevo, esta vez con un beso.
 
 
-              Kian, necesito hablar contigo.
-              Hola Parker, dime.
-              Es con relación al asunto de mis hermanas.
-              No te preocupes, tus hermanas y tú son cosa aparte, nada cambia entre nosotros.
-              No es precisamente lo que te iba a decir. Creo que no sé contó toda la verdad.
-              ¿Qué se omitió?
-              Claudia no tiene nada que ver en el asunto, ella sería incapaz de faltar a la confianza de Pamela. Seguramente tu hermana le contó a Claudia como era su relación con Nicky en mi casa, que… es casa de Liz, también.
-              ¿Quiere decir que Liz escuchó por accidente o las espió? –Mariana asintió- Ya había pensado en lago así, no conozco personalmente a Claudia, pero sé que no es del tipo de personas que hacen estos líos; en cambio Liz… lo siento, se me olvida que es tu hermana.
-              No tengas cuidado. Lizbeth es mi hermana y sé como es, te puedo asegurar que no es mala, quizá poco caprichosa.
-              No estoy de acuerdo contigo, pero como quieras. Creo que deberías decirle a tus padres, puede que después haya consecuencias peores,
-              Papá está enfermo, pero gracias por el consejo, hablaré con Liz.
-              Y yo con Pamela, no creo que logre que Nicky arregle la imagen de Clau, pero si de que ya no diga más cosas.
-              Claudia se alegrara con recuperar a su amiga, lo demás es un simple chisme que ya pasara. Gracias de nuevo.
-              No te preocupes, hago lo justo. Pero también lo hago por ti –Mariana se sonrojó, a luces se notaba la atracción entre ambos.
 
-              Tú y yo vamos a hablar.
-              ¿De qué? –Liz nunca tuvo una buena relación con Mary, talvez porque era la única que no le consentía sus libertinajes.
-              ¿Por qué le echaste la culpa a Claudia?
-              Porque es tonta.
-              ¿Cómo puedes decirlo con tanta naturalidad? Ella está pagando las consecuencias de tus actos, y tú le llamas tonta.
-              ¿Pues tú cómo le llamarías? Mariana, si Claudia quiere ser la mártir, déjala, porque bien podría decir la verdad.
-              ¿No te miedo que lo haga?
-              No –contestó sonriente-, olvidas que soy su ‘hermanita’ –rió.
-              Algún vas a cometer un error y…
-              Y eso a ti no te preocupe, no pasará –finalizó, dejando a May sola en el patio de la casa.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¿Por qué Liz, por qué? –pregunté a la foto, era absurdo, la imagen no me daría explicaciones, como ya tampoco lo haría mi hermana.
                Había otra razón para regresar a casa: buscar las respuestas entre los que quedaban.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Hola.
-              Hola, pasa.
-              Kian habló conmigo. Siento no haberte creído, ¿amigas?
-              Amigas –contesté al abrazarla.
-              Quiero que sepas que entre nosotros todo está bien, pero no con tu hermana.
-              Pamela, ella…
-              Por favor, no la defiendas.
-              OK. ¿Celebramos con un helado de la cafetería?
-              Está bien, además aprovecho para pedirte trabajo.
-              ¿Aquí?, ¿y las porristas?
-              Me expulsaron del equipo.
-              Pero todo se arregló, Nicky terminó por culparme –reí.
-              Tu hermana es la capitana y todas las chicas están convencidas de que ella no mintió.
-              ¡Ops! Lo siento. ¿Te parece la sección de sociales?
-              ¡Me encanta!
-              Entonces está contratada. Bryan y yo necesitamos ayuda –ambas reímos y salimos tomadas de las manos como buenas amigas.
 
-              Bryan –llegué hasta Bryan con una sonrisita en los labios-, te tengo excelentes noticias.
-              ¿Tu hermana saldrá conmigo?
-              ¡Bryan no es eso! Y sinceramente, Liz no saldría con una troglodita –dije a broma.
-              Muy graciosa Parker, ya dime que te traes.
-              ¡Ay qué genio! No te enojes, recuerda que siempre serás mi troglodita preferido –Mcfadden me abrazó, no podía vivir sin mí-. Bueno, basta de tanto apapacho. Te cuento, tenemos nueva encargada de sociales.
-              ¡Perfecto, menos trabajo! ¿Quién es?
-              Prepárate Mcfadden, te presento a la nueva reportera de sociales –con ambas manos señalé a la puerta-, Pamela Egan –sí, adivinaron, Bryan estaba completamente sorprendido.
-              Bienvenida.
-              Gracias Bryan.
-              Paren esos abrazos que me pongo celosa –los tres reímos, pensé a futuro, seríamos el trío perfecto.
-              Parker tiene razón, hay mucho trabajo, Pamela aquí tienes.
-              ¿Qué es esto?
-              Las citas ‘sociales’ que tienes por realzar –Pamela me miró con angustia.
-              No la espantes, está comenzando. Pami, tranquila, nos repartiremos el trabajo.
-              Pues será entre ustedes, porque miren lo que tengo por hacer –al lado de lo que le había dado a Pamela, había otro tanto casi igual.
-              Adiós Bryan –jalé a Pamela y huimos del lugar, Bryan me miró feo, luego sonrió.
 
-              Quiero presentarles a Mark Feehily, mi novio –yo estaba muy feliz por mi hermana, Mark era muy apuesto y parecía quererla de verdad; lástima que papá fuera internado la noche anterior, mamá lo cuidaba y los dos se perdieron de conocer a Feehily.
-              Mucho gusto.
-              Ella es Mariana, estudia cuarto semestre de arquitectura.
-              Te pareces mucho a Ivi.
-              ¡Dios me libre! Yo no soy tan fea –a todos nos pareció gracioso el comentario.
-              Ellas son las gemelas. Claudia está estudiando comunicaciones, es la encargada del periódico de la universidad, nuestra peque.
-              Hola Clau, ¿puedo llamarte así?
-              Sip, bienvenido a la familia –exceptuando la enfermedad de papá, estos tres meses habían sido buenos, al menos para mí, pocos recordaban mi altercado con Nicky y él no era tan grosero.
-              Por último y no menos importante, Lizbeth, realmente la menor de casa.
-              Hola Marky, ¿sabes? Eres muy guapo, mi hermana tiene suerte.
-              Gracias Liz –Mariana no estaba muy contenta con la actitud de Liz, intuía cosas raras.
               
Mark había logrado llegar al corazón de las Parker en la primera visita, era muy caballeroso y cortés, pero sobre todo, porque era el mejor novio para Ivette. Ivi lucía muy feliz con él, ambos parecían comprenderse, eran como el complemento del otro. Yo también estaba alegre, por Ivette, porque era mi hermana y la quería mucho, como suele decirse en estas situaciones, se lo merecía.
 
 
-              Y pues Ivi está con Mark, y Mary parece comenzar a salir con Kian –dije en voz muy baja y rodeando mi bocas con las manos.
-              ¿Liz está libre?
-              Bryan, ¿por qué no le llegas a mi hermana de una vez por todas? –el tiempo iba rápido, ya corrían dos meses más.
-              ¿Quieres la verdad? –por supuesto, dije-. Tu hermana es muy bonita, pero hasta ahí, lo que te digo es sólo para molestarte, pero ya veo que no sucede nada.
-              ¿Por qué querías que me enojara?
-              ¿No te has dado cuenta?
-              Mmm, ¿de qué?
-              Olvídalo Parker –la mirada de Bryan me dijo todo, ¡¡yo sí que era tonta!!
-              Bryan –él me miró-, yo también te amo –nunca olvidaré su enorme sonrisa, y jamás los años lograron robarme ese beso, jamás.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1478 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mar, 18 de Jul, 2006 3:47 am
Asunto: '°'°' Si aún es ella '°'°' ]~Cap. 2~[
bryan_deutzy...
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Holas!!
Yo de nuevo, molestando como siempre jeje. Grax a todas por su comentarios y a quien aún no lee el fic este es el momento para comenzar jajaja, broma.
Besos
cLaU
 
CAP. 2
 
-              ¿Y? –la gente necesaria estaba ahí, las flores necesarias llegaron, era de esperarse, se trataba de Liz Parker.
-              ¿Y qué, Kian? –Bryan lucía tan sereno, tan tranquilo.
-              ¿Qué viene? Bryan, no lo tomes a mal, todos sabemos que tu matrimonio con Lizbeth era una farsa. Aún eres joven, puedes…
-              Kian, tengo una hija, en lo que menos pienso es en lo que sigue con mi vida amorosa, de hecho, esa parte de mí terminó cuando me casé con ella.
-              La historia es conocida por todos, Bryan y…
-              Y no quiero hablar de ello. Punto.
-              ¡Papito! –la niña seguía inconsolable, pero al menos sus cuatro años la hacían no entender todo.
-              ¿Qué pasa nena? Ven –dijo alzándola entre sus brazos-, tranquila Sibyl.
 
 
                Aún no sabía si sólo debería meter ropa en la maleta, quizá mamá me haría pasar una larga temporada en casa, extrañaría mis fotos si eso pasaba, todas esas imágenes eran parte de mi vida; ¡sí! Ya sé que en Florida estarían todos los de esas fotos, pero no sé, me había acostumbrado a tan sólo verlos por retratos.
                Que graciosa era Pamela a sus dieciocho años, siempre fue muy bonita, de cabello rubio natural y aire infantil. No cabía duda que eso conquistó a Nicky, y después de siete años seguían juntos, a pesar de todo y todos…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Se acabó tu plazo.
-              Lizbeth estás mal, en una semana una porrista novata no puede ser capitana.
-              No me interesa que no se pueda, para eso estabas tú.
-              Dame al menos un mes.
-              No.
-              Todo esto lo haces con el fin de separarme de Pami, sabías que lo que me pediste es imposible.
-              ¡Wow! ¡Qué inteligente eres! Muy buena deducción Byrne, que pena que no lo hayas pensado antes. Bye, ‘Nickito’.
-              ¡Lizbeth! –gritó para detenerla, ella no volteó, mucho menos se detuvo.
 
 
                Nicky había conocido a Pami en la universidad. Yo conocía a él desde la secundaria, su fama de galán siempre la tuvo, aunque ahora su noviazgo con Pamela parecía haberlo hecho cambiar. Bueno, eso notaba en las pláticas que mantenía con Pami, quien me consideraba una de sus mejores amigas y me confiaba todo.
 
-              ¿Pamela Egan? –esa tarde todos entrenaban en el campo de fútbol, las porristas también estaban ahí.
-              Sí –Pamela sabía que Liz era mi hermana y después de mis hermanas y yo, ella era la única que mostraba buenos modales con Liz-. ¿Te puedo ayudar?
-              Sí –mi hermana era excelente actriz, lástima que yo no lo supe hasta años después-. Yo tenía muchas ilusiones de unirme a las porristas, pero no sabía como hacerlo.
-              Bueno, tienes que presentar una rutina.
-              Es que –Liz comenzó a llorar-… yo quise buscar ayuda, porque no soy muy buena en esto… yo de verdad estaba muy ilusionada con ser parte de las porristas… sé que hice mal, pero era mi sueño estar aquí.
-              Eh… ¿qué fue lo que hiciste?
-              Me da mucha vergüenza contigo, porque tú eres muy linda y noble, pero tengo que hacer lo correcto, y sobre todo, no te mereces lo que te hace.
-              ¿Lo que me hace quién, Lizbeth?
-              No sé como decirlo, yo lo hago también porque eres una gran amiga de mi hermanita.
-              Liz, dime que pasa –Pamela comenzaba a estar nerviosa por el comportamiento de mi hermana.
-              Yo fui con Nicky, a él lo conozco desde hace años, él me dijo que podía ayudarme, pero yo tenía que… que… yo –Lizbeth lloraba ahogadamente, como si fuese verdad lo que decía, cualquiera hubiera apostado por su sinceridad-…
-              ¡¿Qué tenías que hacer?! –gritó un poco fuera de sus casillas Pamela-. Liz, dime que pasó.
-              Nicky, él, él me pidió… me pidió que… que yo… que yo tuviera relaciones con él –se desató en un llanto incontrolable, mi amiga estaba estática, no podía creer que su novio fuese tan ruin-. Lo siento mucho, pero no es justo para ti –sollozó Liz, estaba preparando todo para dar la puñalada final.
-              ¿Aceptaste? ¡Lizbeth, ¿hubo algo entre ustedes?!
-              …sí. Él y yo tuvimos relaciones, se aprovechó de mis ilusiones, yo me entregué a él para estar aquí. Sé que fue tonto de mi parte, que actué muy mal. Tal vez no me creas, pero él me dijo… no me vas a creer, mejor no te digo.
-              ¡¿Qué diablos te dijo Nicky?! –Pamela estaba fuera de sí, tomó a Liz por los hombros y comenzó a sacudirla, le ordenaba que dijera eso que le había dicho Nicky, Liz decía que no.
-              Está bien, te lo diré, pero suéltame por favor, me lastimas –hasta entonces Pamela reaccionó y logró controlarse un poco, los presentes la estaban mirando mal; Lizbeth lo había conseguido otra vez, ser la víctima-. Cuando fui a buscarlo para saber si ya podía integrarme, él comenzó a burlase, me dijo que sólo me había pedido eso, para aprovecharse de mí. Yo le reclamé, también por ti, le grité que teniendo una novia tan buena como tú, no tenía por qué hacerlo, que era injusto. Y él…
-              ¿Él, qué? –aún me preguntó como Pamela soportó tanto; humillación, dolor, coraje, ¿cómo hizo para no caer en ese momento?
-              Él dijo que tú eras una tonta en el sexo, que con tu careta de niña virgen te le habías metido en la cama, pero que él sabía que eras una cualquiera y que estaba cansado de fingir placer contigo, que como mujer habías dejado de provocarle el más mínimo deseo desde la primera vez que tuvieron relaciones –los que estuvieron ahí, cuentan que Pamela no daba rastro de vida, excepto por permanecer de pie, y hasta después de muchos minutos, salió corriendo hacia los vestidores.
 
                Una o dos personas siguieron a Pamela, sabían que sufría; la mayoría se quedó con mi hermana, tal vez tenía mala fama, “pero nadie se merecía lo que Nicky había hecho”, además demostró “ser una gran persona” al contarle la verdad a Pamela, “era de amigas”. Sobra decir que muchos ya no miraron igual a Pamela, la gran mentira inventada por mi hermana fue aprovechada por las chicas que envidiaban a mi amiga. No me pregunten cómo Lizbeth lo hacía, no lo sé, sólo sé que lo hacía, y lo siguió haciendo.
                Pamela dejó de asistir una semana a clases; Lizbeth era alabada por las porristas y le dieron el puesto de capitana, bajo el agua hizo que las chicas destituyeran a Pami de su puesto y del equipo, por su indecente conducta, daba una “mala” imagen de lo que era ser porrista. Yo lamento haber estado tan involucrada en el periódico, porque no me enteré de lo ocurrido y, como lo habían pronosticado mis otras hermanas, Lizbeth me trajo muchos problemas.
 
-              Por favor Pamela, abre esa puerta –Nicky estuvo yendo todos los días a casa de Pamela, los primeros días, Kian le propinó algunos golpes, pero él insistió, hasta que la familia de Pami comprendió que sinceramente la amaba y que la versión de Lizbeth no había sido muy verídica.
-              Hermanita, creo que Nicky se merece una oportunidad –al reconocer la voz de su hermano, Pamela abrió la puerta, lucía tan deprimida y desarreglada, los ojos llorosos e hinchados con una coloración rojiza que te da el llorar por prolongado tiempo.
-              Vete Nicky, vete, no te creo nada, tú y ella… ¡vete Nicky! –no, Pamela no gritaba, su estado era demasiado triste como para exaltarse.
-              Te juro que no todo es verdad. Déjame que te cuente lo que pasó, después si quieres, córreme –Nicky no evitó las lágrimas cuando vio a su novia así, le dolía, le dolía porque por encima de todo, él era el culpable.
-              No tiene caso, ya no confío en ti –Kian fue escaleras abajo, este asunto era de dos-. Ella me lo dijo todo.
-              ¡Ella es Lizbeth Parker! –muy buena frase de Byrne, muy buena y muy cierta- Sí, yo tuve… yo tuve relaciones con ella, pero no ocurrió como te lo contó. Después de eso, me chantajeó para darle tu puesto de capitana…
-              Pero entonces, ¿cómo supo que tú y yo…?
-              Te juro que no le dije nada de eso. Mi vida –Nicky tomó la mano de Pamela entre las suyas-, sé que te fallé, pero te amo y jamás le conté a Lizbeth lo que hubo entre tú y yo, ella debió de enterarse por otra persona…
-              ¡No! No –Pamela se soltó-, no podría saberlo,  eso sólo lo sabíamos tú, yo y…. y… y –la cabeza de Pamela daba vueltas, si cabía una posibilidad de que Liz lo supiera, y no por Nicky-…
-              ¿Y quién?
-              Claudia Parker.
 
-              ¡¡No vuelvas a dirigirme la palabra!! –después de una semana de no ver a Pami, ella entró a la edición del periódico gritando muy enojada-. Tu hermana y tú planearon todo esto, ahora entiendo porque Nicky no te agrada seguro están interesada en él, y claro, como nunca se ha fijado en ti, aprovechaste nuestra amistad para planear  esto con tu hermana y separarme de mi novio –Bryan estaba igual que yo, no entendía nada.
-              No comprendo absolutamente nada, y deja te digo que Nicky nunca me ha interesado como hombre…
-              Eres una Parker, no creo en ti. Además tú eras la única que sabía lo que había pasado entre Nicco y yo, confíe en ti porque eras mi amiga, y tú lo utilizaste para hacerme daño…
-              ¡Yo no conté nada…!
-              Ahora lo veo muy bien, tu hermanita y tú son igual de putas, de la misma camada al fin…
-              Escúchame bien Pamela, te aprecio mucho, pero no permitiré que me faltes el respeto, y menos a Liz –lo hice otra vez, ¿qué más podía hacer, era mi hermana?
-              Con esto compruebo que Nix no mintió, pero tu hermana y tú sí –salió azotando la puerta.
-              ¿Sabes de qué hablaba?, ¿de qué me perdí en la escuela?
-              No te lo quise decir, pero –por Bryan me enteré del asunto ocurrido en el campo-… Pobre Pamela, Nicky logró engatusarla con sus mentiras, no será la primera vez que miente –Bryan podía tener razón, hay que reconocer que ni Nicky ni Lizbeth eran de confiar, aunque en aquel entonces, sólo lo aplicaba a Nicky.
-              De verdad Pamela era mi mejor amiga, mejor dicho, la única, después de ti.
-              Peque, siempre me tendrás –me alegraba saberlo, y pensé que así sería.
 
                Fui muy ingenua al creer que todo acababa con pérdida de mi mejor amiga, días después comprendí que no. Aunque mis amigos sólo eran Bry y Pami, me llevaba muy bien con mis compañeros, me invitaban a sus fiestas, todos me querían, me hablaban… pero yo me había “metido” con Nicky Byrne, y él destrozaría mi vida social. Iba por los pasillos saludando con una sonrisa, todos me ignoraban, entraba al salón y todos ponían mala cara, lo peor, comencé a estar en boca de todos.
-              Miren quien viene aquí, Claudia Parker, una de las gemelitas más zorras –intenté obviar a Nicky.
-              Nicholas, no vuelvas a ofender a m amiga, Pamela podrá creerte, pero no yo.
-              ¡Bryan Mcfadden! Salió el defensor. ¿No será Bryan, que Parker y tú comparten algo más que la dirección del periódico? –los que lo seguían comenzaron a reír.
-              Eres un estúpido Byrne…
-              ¡Ya sé! Mejor aún, te vas a la cama con Claudia y amaneces con Liz –Bry se fue encima de Nicky, nunca fui partidaria de la violencia, pero agradecía el apoyo de Bryan, aunque esto empeoró las cosas.
-              ¿Qué pasa aquí? –el director apareció justo cuando Bryan estampaba su puño en la cara de Nicco.
-              ¡Señor Filan! –exclamé asustada.
-              Explícame Byrne –los chicos rápido se incorporaron.
-              Bryan no soportó que yo le explicara a mis compañeros la relación ‘amorosa’, que él y la señorita, perdón, la joven Parker comparten.
-              Espero no sean calumnias señor Byrne. Señorita Parker, ¿se da cuenta de su situación?, usted es la directora del periódico escolar, no puede provocar estos comentarios, su reputación dudosa no habla bien de su persona.
-              Señor Filan, el joven Byrne miente.
-              No quiero averiguar eso. Si usted se acuesta con media escuela, no es mi problema, lo único que le pido es que sus asuntos personales no resten veracidad al periódico.
-              Despreocúpese, no ocurrirá de nuevo.
-              Bien, todos regresen a sus labores.
 
                Nicky se alejó con una sonrisa irónica, le sangre me hervía pero tendría que contenerme si quería continuar al mando del periódico, eso era de gran utilidad para la carrera que estudiaba.
-              ¿Estás bien?
-              Creo, no pega muy fuerte –dijo Bryan para arrancarme una sonrisa, siempre lo lograba.
-              Gracias.
-              No tienes que agradecer. Eres mi amiga.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1477 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 12 de Jul, 2006 1:31 am
Asunto: NUEVO FIC- - - - *°* Si aún es ella*°* Cap.1
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Holas!!!
Toy de vuelta, este fic creo que no es la gran cosa, quizá no tenga un mansajote jeje pero me gusta la temática. Espero les agrade, y siquiera los entretenga. Por cierto, el primer capo puede tener una escena ofensiva, prometo que es la única jeje.
 
cLaU
 
Si aún es ella
(la mujer de nuetras vidas)
CAP. 1
 
                Al abrir la puerta del departamento me topé con la correspondencia en el suelo; arrojé las zapatillas por un lado y caminé rumbo a la sala para tumbarme sobre el sofá. Recibo de agua, de luz, el gas, nada novedoso, excepto…
 
                El teléfono marcaba la luz roja, había un fax quizá de algunas horas, el número era de casa. Es cierto que Mariana de vez en cuando utilizaba ese método para comunicarse, pero no era ella, sino… Bryan. Leía aquella hoja mal redactada, al terminar tenía el rostro humedecido por las lágrimas.
               
                La quería tanto, tanto…
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Claudia, ¿me ayudarás? Anda, tú ya presentaste ese examen, nadie lo notará.
-              Liz, ya sabes que estas cosas no me gustan, yo puedo pero…
-              Clau, por favor, Nicky me invitó a tomar un café –Liz no se alegraría porque el chico más popular de la escuela la invitara a tomar un café, pero bueno, era la vida de mi hermana, aunque sí, me dolía lo que la gente comentaba de ella-. ¿Sip?
-              Está bien.
-              ¡Clau! –Bryan apareció gritando por el pasillo-. Por fin te encuentro –el pobre cargaba una pila de papeles, seguro el periódico escolar, él y yo éramos los encargados.
-              ¡Wow! Hermanita, no sabía que tenías amigos tan guapos.
-              Es Bryan Mcfadden, mi amigo del periódico.
-              Clau… eh… yo… Ho –también Bryan se ponía nervioso ante mi hermana, bueno, era lógico, me asombraría que no fuese así- … Hola –cortésmente extendió su mano, pero olvidó los papeles.
-              Hola Bryan –Lizbeth no paraba de reír, yo sentí tanta pena por Bryan que lo ayudé a levantar el tiradero-. Gracias hermanita, te veo en casa, dile a mamá que tengo trabajo en equipo, llegaré tarde. Bye.
-              ¡Pero Liz, yo…! –siempre tenía que mentir.
-              ¿Ella es tu hermana? –asentí- Es hermosa –dijo embobado, yo lo miré de reojo-… no te ofendas, yo –Liz y yo éramos gemelas, aunque su cabello era castaño claro, totalmente lacio y le caía a media espalda, siempre bien peinado-…
 
                Y si ya empecé con el cabello, bien vale la pena decir todo. Sí, Lizbeth y yo hermanas gemelas idénticas, pero… No sé como decirlo, Liz era más… ¿femenina? Ya hablé del cabello, eso es poco. Sus pestañas siempre rizadas y separadas por el rimel, sus ojos delineados por el lápiz negro, sus párpados con sombra del color de su ropa, labios bien coloreados, rubor en las mejillas; linda en resumen. Yo, bueno, quitemos el maquillaje, pongamos una coleta mal hecha, unos lentes, un cuerpo muy delgado y… quedo yo. No quiero parecer un fenómeno delante de mi hermana, ni mucho menos digo que fuese fea, sólo que ella era la niña bonita y yo la simpática, buena amiga.
 
-              Bryan, te pido un favor, déjalo así –él sonrió apenado.
-              Tienes que presentármela.
-              Después que deje de salir con Nicholas Byrne.
-              ¿Permites que tu hermana salga con ése?
-              Bry, con Liz no es de permitir o no, ella hace lo que quiere. Pero no te preocupes, sabe cuidarse. Ahora dime, ¿qué deseas?
-              Una cita con tu hermana –lo miré con gesto raro-. Bromeaba “peque”, te tengo el material del siguiente número.
-              Perfecto. Oye, linda foto, ¿él es…?
-              ¡Oh sí! Kian Egan, el chico de último grado, ella es su hermana Pamela.
-              La conozco, comparto algunas clases con ella. Se ven lindos, ¿no?
-              Creo.
-              ¿Nicholas? Van siete números de ver su tonto rostro impreso. ¿Por qué tenemos que publicitarlo?
-              Porque es el capitán del equipo de fútbol de la escuela. A mí tampoco me agrada, pero es el consentido del director.
-              Y de todas las niñas de la escuela, incluyendo a mi hermana. ¿Qué pecado cometí para tenerlo en mi familia? –Bry me miró para luego encogerse de hombros.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              Claudia, ¿ya lo sabes?
-              Sí, de hecho estoy empacando. En unas horas estaré allá.
-              Lo siento tanto. Cuentas conmigo.
-              Lo sé y te lo agradezco mucho porque sé que no es fácil para ti.
-              Eso es el pasado Clau. Además, tú y yo somos viejas amigas.
-              Gracias Pamela.
-              Nicky me pide que te diga que tienes todo su apoyo.
-              Dile que aprecio mucho esta muestra de amistad. Te veré en casa.
 
                No recuerdo como hice para empacar, yo no estaba en mis cinco sentidos; en el fondo de mi buró encontré una foto de ella, siempre hermosa….
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
-              ¡Otra vez! –gritó Ivette al verme entrar disfrazada de Liz, no se veía muy contenta- Claudia, no me gusta que consientas todos los caprichos de Lizbeth, imagina que en mi lugar te hubieras encontrado con mamá, o peor, papá.
-              ¡Ni de broma lo digas! Nos matan, Ivi no te enojes, yo lo hago con gusto.
-              Como digas, y esta vez que fue.
-              … un examen –dije después de unos segundos.
-              ¡Ay Claudia! Nena, yo las quiero mucho a las dos, son mis hermanitas, pero no me agrada que Liz abuse de ti.
-              No es abuso, sólo es un favor.
-              Aja, ¿y ella cuándo te ha hecho un favor?
-              Bueno… eh… la vez que –traté de recordar algo que Liz hubiera hecho por mí, pero no pude- …
-              Lo ves, peque acéptalo, esto que hacen no está bien, ni siquiera es justo.
-              Pero… es mi hermana.
-              ¡Ay peque!
-              ¿Dónde es la fiesta de disfraces? –preguntó Mary al llegar-. ¡Ah, no! Ya sé, las gemelas han rolado vidas otra vez, ¿me equivoco? –claro que no lo hacía-. Claudia, ¿no has pensado en mantener ese look siempre? Digo, así no tienes que correr a cambiarte cuando Liz lo necesite.
-              Basta Mariana.
-              Lo siento Ivette, pero dime si no es una medida lógica –Mariana era un poco más dura conmigo que Ivi, yo sabía que tenía razón, pero quería mucho a Liz, además yo era la mayor por unos minutos, mi deber era cuidarla, como Ivi lo hacía con nostras tres.
-              Mary…
-              No digas más, Claudia, no quiero molestarme más contigo, realmente no peque –sacudió la cabeza y caminó escaleras arriba.
-              ¿Dónde se quedó Liz?
-              Ella… creo que en sus prácticas de baile.
-              ¿Hoy lunes? ¿No le toca los viernes?
-              Aja, por eso me pidió que la ayudara, ya sabes, práctica inesperada –Ivette no se la creyó del todo.
-              Sólo espero que esté aquí antes de que mis padres vuelvan. Y tú, sube a quitarte todo eso. ¡Ay Claudia, no sé que haremos con ustedes!
 
 
-              A… a… así… a –Lizbeth sólo tenía dieciocho años, pero ya era una experta en el sexo, más de media escuela conocía su reputación, no entiendo como Ivette nunca se enteró-… ¡Aa!
-              Como se ve que todo lo que dicen de ti es verdad eres estupenda en la cama –Nicky comenzó a vestirse ni bien satisfizo sus necesidades.
-              Y tú no te quedas atrás –ella no era el tipo de chicas que se envuelve en las sábanas “después de”, tampoco buscaba caricias o palabras dulces, ella sólo pedía sexo, por eso resultaba perfecta para la mayoría de los hombre, nada de compromisos.
-              Ya me voy –Liz aún se ponía la falda.
-              ¿Pagaste?
-              Claro.
-              De todos modos, salgo primero. Nicky –dijo volviéndose-, ¿esa tal Pamela Egan es tu novia?
-              Si, ella no debe enterarse.
-              Todo depende de ti, Nicky, necesito un lugar en el equipo de porristas.
-              Lo tendrás…
-              Pero, quiero ser capitana.
-              ¡¿Qué?! Parker estás loca, Pamela es la capitana, le dieron ese puesto por todo su historial…
-              No te pregunté, quiero el puesto. De eso depende tu relación con Pamela.
-              Pero no puedo hacerle eso. Ni siquiera tienes pruebas de lo que ha pasado.
-              Ella me creerá, ya lo verás –abrió la puerta del cuarto-. Tienes esta semana Nicholas –le advirtió antes de marcharse.
 
 
-              ¿Puedo pasar?
-              Si –Mary seguía pendiente a su restirador, algún plano debería estar dibujando.
-              Mary, yo sé que Ivette y tú tienen razón…
-              Claudia, no quiero hablar al respecto, es la plática de todos los días. Créeme, si esto fuese de vez en cuando o si ella pensara en ti, no me molestaría. A las dos las amo mucho, son mis hermanas, pero sé que Liz no es tan noble como tú.
-              No digas eso, lo que pasa es que ella es más sociable, más fiestera…
-              Más fácil.
-              ¡Mariana!
-              Claudia, no estoy ciega como Ivi, sólo aparento no darme cuenta. Clau, Liz no es buena, yo sé que puede cambiar, pero mientras no lo haga, el que tú finjas ser ella te puede traer graves problemas.
-              No, no va a pasar eso, además Liz aceptaría su responsabilidad si eso pasara.
-              Como quieras creerlo. Tú eres la más inocente de nosotras, peque, no quiero que te metas en problemas por los libertinajes de Lizbeth.
** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **
Observé a mi alrededor, que sola me sentía, el departamento era demasiado grande para mí, miré por la ventana de mi cuarto, la ciudad ruidosa, el tráfico constante, el correr citadino sin importar los tres grados bajo cero. A pesar de todo, la carta había llegado en buen momento. Extrañaba mucho a mi familia, a mis amigos.
 
 


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#1476 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Vie, 14 de Abr, 2006 3:47 am
Asunto: ^°^MI SAL Y MI PIMIENTA^°^ -FINAL-
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Holas nenas!
Quiero agradecer a todas mis lectoras (me reservo nombres por aquello de la memoria jeje), por seguir este fic, muchas gracias por sus comentarios, espero no defraudarlas con este sencilo final.
Aquí se aclara todo, cualquier duda a mi correo jajaja.
Las kiero mucho, besotes a todas (os)
Clau Mc
 
 
CAP. 18
 
-        ¿Cómo está? Doctor, díganos que está bien –pobre Bryan, tanto tiempo esperando el amor y éste parecía esfumarse en un segundo.
-        La bala no causó gran daño, el problema es la pérdida de sangre.
-        Puede tomar toda la que quiera de mí –y creo que eso mismo hubiéramos dicho Mar, Mark, Kian o yo, realmente queríamos a Liy.
-        Bryan no creo que sea tan sencillo –era bueno que Bryan conociera al doctor, quizá otro no hubiera sido tan sensible con las noticias-. Liy tiene un tipo de sangre muy difícil de encontrar –sentí una pesadez en el cuerpo, eso no era muy alentador.
-        ¿Qué tipo de sangre necesita? Pagaremos lo que sea al hospital, pero no dejaremos que algo le pase a Liy.
-        El banco de sangre no tiene, es O negativo, comúnmente en estos casos se recurre a algún familiar –Mariana no tardó ni un segundo en mirar a Mark.
-        Hay que ir con su tía.
-        No lo creo Kian, para ella mejor si Liy muere. Y que yo sepa Liy no tiene más parientes.
-        Doctor, usted debe saber de alguien en Sligo con esa sangre.
-        Al menos aquí no tenemos algún expediente médico que indique algo. Es urgente encontrar un donante, tratamos de frenar la pérdida de sangre pero aún continúa.
-        Mi madre tiene esa sangre –vaya manera de al fin conocer a los padres de Mark, aunque…
-        Son más de dos horas a Londres, y en avión. ¿Es buen tiempo doctor?
-        Me temo que…
-        ¡No! Mi madre es de aquí. En menos de media hora regreso con ella -¿cómo?, ¿no que Mark y su familia eran de Cork?
-        Gracias Mark –Bryan lo abrazó antes de partir.
-        Agradece cuando Liy esté a salvo –vimos a Mark y Bryan correr por el blanco pasillo.
-        Aquí hay algo raro –dije acercándome a Mariana.
-        La vida misma es extraña, Ivette -¡sí! Algo raro había.
-        Ivette, será mejor que te sientes, el bebé y tú pueden resentir todo esto gravemente.
-        Kian tenía razón, Mary y yo nos sentamos a rezar un rato por Liy.
 
 
-        ¿Qué pasó? El Padre William me contó algo sobre Liy, ¿tuvo algún accidente? –los demás no se sorprendieron mucho al verme junto a Dana.
-        Gracias por venir. Exactamente no sabemos que pasó, cuando llegamos encontramos a Liy en el piso, está herida del hombro, alguien le disparó –los ojos de Dana se abrieron mucho.
-        ¿Robaron algo? –los chicos dijeron no saber, siquiera tuvieron tiempo de checar el lugar-. Porque quizá fueron asaltantes.
-        Lo pensé por un momento Dana, pero aunque no revisamos si faltaban cosas, descarté la idea; no había destrozos, las puertas no estaban forzadas –la actitud de Dana me preocupaba, hasta pude jurar que ella sabía algo.
-        Shane, ¿cómo se enteró el Padre William?
-        Creo que Bryan y Mark le avisaron, dijo que llevaban prisa. ¿Liy está grave?
-        Ha perdido mucha sangre –Ivette y Mariana estaban muy preocupadas, Kian trataba de mantenerse sereno.
-        ¿En qué podemos ayudarles? Si necesitan donantes, cuenten conmigo –entre todos los momentos malos, era bueno saber que la mujer que amaba había cambiado sinceramente.
-        Gracias Dana, pero se necesita sangre O negativo, la única persona que la tiene es la madre de Mark y ya han ido por ella. Pero muchas gracias de nuevo, también a ti Shane.
 
 
-        Me encantaría agradecerle a la madre de Mark –cuarenta y ocho horas después del incidente con Carol, había recuperado la conciencia.
-        Ella está afuera, la llamaré y creo que también es necesario que Mark pase, ahora que estás mejor y en casa, es el momento para que te enteres de todo.
-        Amor, ¿de qué hablas?
-        Sólo te puedo decir que te llevarás muchas sorpresas –esperaba que no fueran malas, ya suficiente había tenido con lo de mi tía-. Hay más buenas que malas, por cualquier cosa que se ofreciera, estaré afuera –Bryan me dio un beso en la frente y soltó mi  mano, segundos después de que el saliera alguien tocaba a la puerta de mi cuarto.
 
 
-        Adelante –la voz de Liy sonó desde adentro, miré a mi madre, ya todos sabían la verdad, ahora teníamos que contársela a ella.
-        Hola Liy –ella respondió a mi saludo con un beso en la mejilla-. Ella es mi madre –Liy se apresuró para agradecer a mamá por la ayuda -. Su nombre es Julia –dije interrumpiendo el entusiasmo de Liy.
-        ¿Julia? –Liy comentó haber escuchado a Carol decir aquel nombre, coincidencias dijo a una sonrisa.
-        No lo creo Liy, Carol hablaba de mí –mi madre quedo expuesta a la intrigante mirada de Liy.
-        Sí, ellas son viejas conocidas. Liy, mi padre era James Feehily, yo no soy de Cork, pero cuando te conocí a ti, tenía años de haber huido a Londres.
-        ¿Por qué todo este tiempo me has mentido Mark?, ¿Mariana ya sabe esto? –asentí-. ¿Tú me conocías? El tío debió contarte, usted misma debió contarle –dijo dirigiéndose a mi madre.
-        Así es Liy, Mark nos había escuchado hablar de ti, pero nunca te había visto. Fue una casualidad que tú y él se conocieran, al principio tuve miedo, pero ahora comprendo que fue una fortuna que así pasara.
-        ¿Miedo? ¿Ustedes se fueron huyendo de la tía Carol? ¿Y el tío? –sí, habían muchas preguntas por responder, para empezar, papá tenía cinco años de muerto, murió cuando recién decidió vivir con nosotros-. Lo siento mucho, en el último tiempo que pasé con él, le tomé cierto afecto. Pero creo que tienen mucho por contarme –así era, había toda una vida por decir.
 
 
-        ¡Por Dios! Este niño es una capia idéntica del padre cada día, los mismos ojazos –Dana disfrutaba de cargar a Andrew, ya había pasado un año desde que las vidas de todos tomaron su rumbo.
-        Sí, tan guapo como yo –Kian era el padre más consentidor, pero también el más vanidoso.
-        Egan no exageres, Andrew es una versión muy mejorada de ti –todos reímos por el comentario de Bryan, claro, excepto Kian; Bry era feliz cuidando a Sophia, la hermanita de Andrew, es que Ivette nos dio sorpresa doble.
-        Ya Bryan, deja a mi esposo tranquilo –Ivi y Kian ya tenían nueve meses de feliz matrimonio-, ya quiero verte cuando tú y Liy –falta mucho para eso, dijimos ambos interrumpiendo a Ivi-…
-        Mira que eso pensaba yo de esos dos, y de pronto, soy abuelo –Mariana apoyó al padre de Ivi, pero era obvio, ella y mi primo nos llegaron inesperadamente con la noticia de boda y ahora ya llevaban dos meses de casados.
-        Es cierto, sólo faltan Bryan y tú para completar la felicidad -¿también la tía Julia los apoyaría?
-        Miren que los señores Mcfadden se mueres de ansias por ser abuelos, ¿o no señora Mairead? –mi dulce y querida suegra respondió con un ‘sí’ a Shane.
-        Bryan, cada día soy más viejo, dentro de unos años ya no podré enseñarle a mis nietos a montar. Vamos Liy, ya es justo para Mairead y yo –Dana rió a los comentarios de Brendan.
-        Mira primita, Shane y Dana se casan en dos meses, ustedes pueden hacerlo un poco después –luego Mark abrazó a Bryan, explicándole las comodidades de tener esposa.
-        Feehily, llegando a la casa arreglamos cuentas –todos rompimos en carcajadas, era bueno tener a todos los amigos viviendo en este pequeño pueblo de la costa irlandesa.
-        Bien, me han convencido. Liy, ¿quieres casarte conmigo? –y terminada aquella frase, tenía a Bryan hincado a una pierna delante de mí, con un anillo de compromiso dentro de una caja de terciopelo negro.
-        ¡¿Lo tenías planeado?! -¡era una complot! Pero si todos serían así, bienvenidos con sus secretas alianzas.
-        ¿Eso es un sí? –lo era, y si no le quedaba claro, que mejor que con un beso.
-        Pero no lo olviden, yo los caso –el Padre William arrancó una sonrisa de mis labios, pero así sería, él nos casaría.
 
         Cinco años fuera de Sligo, fuera de una casa. Pero un año después estaba aquí, con todos los que quería y amaba. Dana había vuelto a ser mi compañera de andadas, junto a Mariana e Ivette que eran mis inseparables. Yo que había creído perder todo desde los ochos años, ahora tenía de nuevo a una tía y un primo. La historia es larga, de telenovela, pero algo que de vez en cuando pasa aquí en la vida. El abuelo se había divorciado de la abuela Erie, y al poco tiempo tuvo una hija llamada Julia, la madre de Mark; nunca supe de ella porque la tía Carol la odiaba, y aunque suene raro, la abuela Erie le había dejado parte de su fortuna a la tía Julia, ¿por qué? Quizá nunca lo sabré, el dinero fue otro motivo para que Carol ocultara la existencia de tía Julia. Con el paso del tiempo ellas se convirtieron en adolescentes, la tía Carol siempre presumió de su buen apellido y pisoteó a tía Julia por ser una “bastarda”; asistían a la misma escuela, aunque no se relacionaban; eran jóvenes, se enamoraron, para mala suerte, del mismo chico, pero aún, James se hizo novio de tía Julia. Cuando ellos estaban a punto de casarse, Carol hizo que ellos se separaran mediante intrigas y terminó casándose con el tío James. Sin embargo, la tía Julia estaba embarazada, era Mark, lógicamente. De ahí en adelante, toda la historia es conocida.
         Veo a cada uno de los que hoy me rodean, y no puedo dejar de sonreír, soy tan feliz con ellos; la tía Carol se perdió de esta hermosa familia, para el resto de sus días en ese manicomio, como lo dictaron las autoridades al aprehenderla.
 
-        ¿En qué piensas?
-        En ti, en la familia, en los amigos, en todo eso que le da sabor a nuestra vida.
-        ¿Sabor?, ¿cómo la sal y la pimienta a la comida?
-        Sí –y es que la vida al lado de tus seres queridos es un delicioso platillo-. Ustedes son mi sal y mi pimienta. Te amo –me besó para después abrazarme y llevarme de nuevo con los demás…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fin
 


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#1475 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 12 de Abr, 2006 1:26 am
Asunto: ^°MI SAL Y MI PIMIENTA^°^ CAP, 17
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Holas!!
Dana lo prometido es deuda, aquí está tu capi jeje. Ya casi termina esto, espero no tardar con el último capi (porque luego quieren lincharme). Mark?? Bueno no pregunten mucho, quiza ahora se hagan bolas, pero al final prometo que sabránq ue onda ocn él jaja.
Clau
 
 
CAP. 17
 
         Era tan bella y su perfección se acentúo más con el vestido de su desnudez; cada línea en su cuerpo parecía labrada por los ángeles, como una diosa, como una Afrodita, pero era real, y estaba aquí, para mí.
         El frío piso abrazó nuestros cuerpos, no nos importó el lugar ni el momento, sino el hecho, lo que estaba pasando entre Dana y yo. Las yemas de mis dedos rozaban la suavidad de su rostro, nuestras bocas estaban consumiéndose mutuamente y en mi cuello iban quedando las huellas de sus manos.
-        No te merezco Shane –con angustiosa expresión detuvo los besos.
-        Te amo Dana…
-        Y yo no merezco eso, tú eres tan bueno, yo tan sucia –evadió mi mirada, realmente las palabras venían de corazón-…
-        Dana, no me importa el antes si para estar conmigo tuviste que vivirlo…
 
 
         ¿Quién era yo para merecer todo esto? ¿Qué había hecho yo, para ganarme a Shane?
-        Shane –su nombre en un susurro escapó de mi boca, decían que los ángeles de la guarda existían, que eran personas que llegaban a ayudarnos en los malos momentos y ahora creía en ellos, porque Shane estaba rescatándome-…
-        Déjate amar Dana, deja que yo te ame –sentí su aliento resbalar por mi cuello y humedecerlo luego.
-        Ámame, ámame que yo ya te amo Shane.
 
 
         El sabor de sus pechos deleitó mi boca y mis manos, su cuerpo se arqueó un poco cuando mi lengua se detuvo en su vientre. Ella no era una santa, yo lo sabía, y eso no era bueno ni malo, no ahora que ella era casi mía. Mis manos aparcaron entre sus piernas, mis labios acariciaron su sexo, ella dejó escapar un gemido y con sus manos retuvo mi cabeza pegada a su cuerpo, era algo que los dos estábamos disfrutando. Ella se sentó abriendo sus piernas, yo la seguí, necesitaba volver a besarla, no existía sabor más dulce que el de sus labios. Mis dedos se deslizaron por sus muslos, mientras ella me entregaba de nuevo su cuello para cubrirlo de mis besos y mis caricias húmedas.
-        No sé que sea la eternidad, Shane, pero hazme eterno este momento… hazme el amor…
         Sus palabras me movieron el corazón, ya no era sólo el éxtasis del momento, ahora era algo más fuerte el motivo por el cual sentía estallar el pecho…
 
 
         Su sexo se erigió entre mis manos ni bien callé, por fin comprendía a que se refería esto del hacer el amor. Acaricié toda su espina dorsal, yendo y viniendo de arriba abajo, una y otra vez; me tomó las caderas atrayéndome hasta él. Así como estábamos, sentados, fue entrando poco a poco en mí, sus constantes miradas me hacían sentir segura, sabía que él no me dañaría. El sudor apareció sobre nuestras pieles, volví a sentir el piso tocando mi espalda; Shane fue aumentando el ritmo. Esa noche nuestros gemidos de placer fueron más fuertes que cualquiera que la naturaleza pudiera producir. Hicimos el amor no sé cuantas veces, y todas me parecieron maravillosas…
-        Dulces sueños, mi princesita hermosa.
-        Dulces sueños, mi cielo –me acurruqué entre sus brazos, creo que el frío de la noche me hizo temblar un poco.
-        ¿Tienes frío? –asentí con la cabeza- Espero estés mejor así –enseguida su camisa cubrió parte de mi cuerpo-. Te amo, Dana.
-        Yo también te amo, Shane –esa noche de lo último que fui consciente, fue de sus labios sobre los míos.
 
 
-        A primera hora hablaré con Dana, tengo que romper el compromiso.
-        ¿Cómo crees que lo tome? –teníamos más de tres horas sentados en ese sillón, yo no me cansaba de jugar con los rizos de su cabello, el olor floral que desprendía me agradaba.
-        No lo sé Liy, sé muy bien que Dana es otra conmigo, que puede ser una niña caprichosa cuando se lo propone, pero créeme, Dana no es mala.
-        Eso lo sé, Dana tan sólo es una persona demasiado influenciable.
-        Todo saldrá bien, ya nada podrá separarnos –retuve sus manos entre las mías, quería que supiera que esta vez me quedaría a su lado para siempre, que lucharíamos juntos contra todo.
-        Eso espero Bryan –lo mejor sería salir de ese estudio, los chicos se preocuparían por nosotros-. No lo dudes, sobre todo Mar e Ivi, la curiosidad las debe estar agobiando –me lo imaginaba, ellas eran raras.
 
 
-        Tengo que hablar contigo .dijimos a coro.
-        Yo primero, por favor, es muy urgente.
-        No Bryan, lo mío es importante –había algo extraño en Dana, mejor la dejaba hablar.
-        Está bien, ¿qué es?
-        Bryan, no puedo casarme contigo. Toda mi vida creí estar enamorada de ti, pero al fin me di cuenta que era una obsesión y ahora que he encontrado el amor verdadero –no sabía a que se refería Dana con todo esto, pero el tan sólo escuchar su primera frase me alegró-, no lo dejaré ir. Lo siento…
-        ¡Gracias! –no la dejé continuar, eufórico la levanté con mis brazos, que feliz estaba.
-        Bryan, no te entiendo.
-        Yo venía a decirte algo parecido.
-        Es Liy, ¿verdad? –asentí sin dejar de sonreír-. Se lo merecen, sí que los dos se aman, espero alguna vez me perdonen por haberme interpuesto tanto.
-        Tú no tuviste culpa de nada…
-        Te equivocas Bryan, aquella noche que Liy y tú fueron a la hacienda, yo puse sobre aviso a Carol, aunque ella fue quien descubrió el lugar. Perdóname, soy un poco culpable de esa separación.
-        Ya pasó, no puedo guardarte rencor, tú siempre has sido buena conmigo, muy a tu manera, pero lo has sido –la abracé y escuché sus sollozos-. Vamos Dana, no hay problema.
-        ¡Qué bueno eres! Ojalá Liy pueda perdonarme.
-        Ya verás que sí.
 
 
-        ¡Ni creas que te dejaré ser feliz! –la tía Carol entró como loca a la casa, ¿qué le pasaba ahora?
-        A mi casa no vengas a gritar, en tu casa…
-        No dejaré que seas feliz Liy –cada minuto la notaba más furiosa, comencé a temer, los chicos habían salido a dar un paseo.
-        Eso has intentado toda la vida, tía. Pero se acabó, ahora ya no puedes hacer nada.
-        Primero la herencia y ahora lo de ese tal Bryan, ¡no Liy! ¡¡Nunca serás feliz!! –que rápido corrían los chismes en Sligo; a pesar de todo aún era un pueblo.
-        Tía, por favor, déjame en paz. Si es el dinero, adelante, tómalo, pero déjame en paz –repetí.
-        ¡No! Juré vengarme de todos los Logan, y eso haré -¿todos los Logan?, ¿no recordaba su apellido?
-        ¿Te has vuelto loca? -¿qué más podía preguntar?
-        Primero esa tal Julia, terminó quitándome todo, y por culpa de tu abuela -¿quién era Julia?, ¿y qué tenía que ver la abuela Erie?-. Y luego tu madre, las dos son unas zorras.
-        ¡Basta! A mi madre la respetas, antes era una niña miedosa, pero si vuelves a ofender a mi madre, te juro tía, que te arrepentirás.
-        Yo nunca me arrepiento de nada Liy, ya deberías de saberlo. Tú eres igual que ellas, una oportunista, naciste en cuna de oro, pero no por eso seré menos que tú.
-        Por favor tía, tú también eres millonaria, la abuela tuvo que haberte dejado una gran fortuna.
-        Si ella no existiera, claro que tendría todo el dinero que quisiera -¿quién existía?
-        ¿Tía, de quién hablas?
-        De Julia, de esa tonta que acabó por quitarme todo. Primero a mi padre, luego la fortuna y por último a mi esposo -¡demonios! Esa era la mujer con la que mi tío se había ido.
-        Seamos realistas, tú eres la única culpable de estar sola. Quédate con todo mi dinero tía, pero déjame vivir tranquila, quiero ser feliz.
-        Y eso yo no lo permitiré, jamás, primero te mueres –la vi meter la mano a su bolso, todo un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando tomó el arma con ambas manos y apuntó a mi pecho-. Si yo, Carol Logan no pude ser feliz, menos lo serás tú.
-        No cometas una locura, tía por favor –necesitaba suplicar por mi vida, no podía morir ahora que comenzaba a ser feliz, recordé a Dios, lo había olvidado por tanto tiempo-. No lo hagas, por favor.
-        Siempre te he odiado Liy Logan, tú viniste a ser otra Logan cuando yo ya era la única; tú siempre fuiste mejor que yo.
-        ¡Por Dios! Yo soy tu sobrina, nunca nadie nos puso a competir, tú eres mi tía y yo tu sobrina –esta mujer estaba loca, amargada, ¿cuánto tiempo había convivido con una enferma mental?
-        Pero fuiste mejor para todos, hasta para mi madre; eres igual a Julia, por eso papá –no podía hacer nada, Carol me miraba con más furia, sobre todo cuando recordaba a esa Julia-… pero ahora es tu turno –la respiración se agitó, todo me parecía en cámara lenta.
         Una horrible explosión y de ahí todo negro, oscuro…
 
 
-        No me sorprende la reacción de Bryan.
-        Tampoco a mí, no sé si Bryan no se daba cuenta o fingía no hacerlo, pero era obvio su amor por Liy.
-        Así es el amor, nunca se esconde.
-        Nunca –Dana tomó mi mano mientras caminábamos por el centro de Sligo, sonreí a eso.
-        ¿Y qué harás con tu familia?, ¿cuándo se los dirás?
-        En cuanto llegue a casa, sé que mamá no lo tomará muy bien, pero es hora de tomar mis propias decisiones –no me había equivocado con ella, era una gran chica.
-        Puedo ir contigo, claro, si lo quieres.
-        Lo agradezco amor, pero tengo que enfrentarlos sola. Además, soy mayor de edad, no pueden obligarme a hacer algo que no quiero. De todos modos, si yo no rompía el compromiso lo haría Bry.
-        Dana, suena muy loco y apresurado, pero –desde la noche en que estuvimos juntos la idea me rondaba la cabeza-, ¿quieres casarte conmigo? –algo había en su rostro que me decía lo feliz que estaba-. Sé que falta el anillo, la cena y –no me dejó continuar, en seguida rodeo con sus manos mi cuello y me besó-… ¿es un sí? -¡¡qué preguntas las mías!!
-        Claro que sí Shane, te amor y quiero estar contigo toda la vida –ahora me tocaba a mí besarla, yo también la amaba.
-        ¿Cuándo quieres que sea la boda?
-        Lo antes posible amor. Me has hecho la mujer más feliz del universo.
 
 
-        Ven eso –todos giramos la vista al lugar que señalaba Mary.
-        Ahora entiendo por qué Dana no le hizo un escándalo a Bryan.
-        Se ven bien, hasta diría que felices.
-        Lo creo, creo que Shane tenía razón.
-        ¿En qué Mark?
-        En decir que Dana era buena chica, lo que le faltaba era enamorarse –el amor nos hace mejores, eso fue lo que dijo mi querida Ivette a Mark; la abracé y besé su frente, Dios me había bendecido con ella.
-        Eso de la paternidad los ha vuelto más melosos. Mark, necesitamos un bebé –pobre Mark, como que aquello le cayó de golpe, lo noté en su constante toser.
 
 
 
-        Liy, ya llegamos… ¡ay! –Ivette fue la primera en entrar, su grito nos asustó a todos.
-        ¿Amor, te sientes bien? –Kian se acercó rápido a ella, pero al instante nos dimos cuenta que no era precisamente ella la que estaba mal.
-        ¡Liy!
-        Liy, por Dios reacciona –verla sobre el suelo con el hombro perforado por una bala, volteó mi mundo.
-        Calma Mark, hay que llevarla al hospital. No la muevas –la voz de Kian me sonaba tan lejana, estaba actuando por instinto.
-        Ivi siéntate, respira –noté la atención de Mary dividida entre Ivette, Liy y yo.
-        No puedes Liy, no, nenita no –estaba llorando, el miedo de perderla me estaba haciendo olvidar la cautela.
-        Buenas ta –Bryan entró de golpe, y así también se topó con noticia -… ¿Qué ha pasado? –cuando lo vi, ya estaba frente a mí, creo que buscaba algún síntoma de vida en Liy.
-        No lo sabemos Bryan –Kian seguía al teléfono, tenía problemas con eso.
 
 
-        Tardaste mucho, sabes que no me gusta esperar –la ansiedad en la voz de Carol era extraña, debía estar en problemas.
-        Lo siento Carol, estaba arreglando unos asuntos con mis padres.
-        Pues ojalá tus papás hagan algo para que Bryan respete el compromiso, agrádeseme que Liy ya no sea un obstáculo –los cigarros de Carol se consumían velozmente, cuando mencionó a Liy lucía tan contradictoria.
-        Carol, fui yo quien rompió el compromiso, mejor dicho, fue un común acuerdo.
-        ¡Tú estás loca! No he hecho todo en vano Dana, no ha sido gratis todo este tiempo que invertí en ti –en lugar de estar molesta, como sus palabras lo hacían pensar, se encontraba sumamente nerviosa.
-        Carol tienes razón, invertiste mucho tiempo en mí, pero se acabó, quiero una vida nueva. Se terminó Carol, me voy de Sligo con Shane, adiós para siempre.
-        Eres patética, resultaste peor que Liy, al fin débil. Dame la espalda Dana, pero te repito, nada fue gratuito. Si quieres ser una tonta, adelante, pero hice mucho por ti y es hora de cobrarlo.
-        ¿Qué es lo que quieres?
-        Dinero, medio millón de euros –esa era una cantidad enorme, ¿para qué necesitaba tanto dinero?-. Y lo quiero hoy mismo, en esta cuenta.
-        Carol, dame al menos una semana –tenía el dinero, se lo daría si con ello rompía todo lazo con ella-…
-        Lo quiero ya, a todo Sligo conocerá tu no tan perfecto historial –el escándalo me daba igual, pero Carol podía ser peligrosa.
-        Bien, lo tendrás esta tarde. Carol, ¿por qué quieres tanto dinero?
-        Eso no te interesa, pero te advierto Anderson, si hoy no tengo el dinero en el banco, dile adiós a tu sueño rosa con ese tal Shane.
-        Lo tendrás, tenlo por seguro –no dejaría que nadie interfiriera en mi felicidad-. Hasta nunca, me encantaría decir que fue un placer tenerte como amiga, pero sinceramente no lo fue –cerré la puerta tras de mí, estaba abriendo la puerta a una mejor vida, sonreí, aunque no pude evitar sentir pena por aquella mujer que tanto había influido en mi existencia y ahora tenía lo que merecía… la soledad.
 
 
 
 
 


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#1474 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 29 de Mar, 2006 5:17 pm
Asunto: ^º^MI SAL Y MI PIMIENTA^º^ CAP. 16
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Holas!!
Para las que lo estaban pidiendo jeje aquì està, no sè porque me gusta complaverlas jajaja. Y Danita, te tendràs que quedar con la duda, pero no desesperes, prometo compensarte en el proximo capo jeje.
Besitos a todas
Clau
 
CAP. 16
 
-           ¿Tú crees que Liy dejé de ser algún día tan testaruda?
-           ¡Nunca! Ya hice de todo para unirla con Bryan, ni hablar lo deja, hasta pena me da el pobre –mes y medio en Sligo, como pasaba el tiempo, todos habíamos sido invitados a la boda de Bryan, además ninguno quería regresar a Londres; a excepción de Liy, que ahora trabajaba por Internet para la revista y había dejado las clases en la universidad.
-           Sí, pobre Bryan. Cambiando de tema, ¿dónde se metieron tú y Kian anoche?
-           Por ahí –algo escondía Blair, ese rubor en las mejillas la delataba.
-           ¿Te consideras capaz de engañarme? Bien sabes que a Mariana Gray no se le puede ocultar nada.
-           Lo sé. ¡Ay Mar, soy tan feliz! –dijo apretando el almohadón con fuerza a su pecho.
-           Ya lo creo –en su rostro se dibujaba una sonrisa enorme, y sus ojitos brillaban de forma distinta-. ¿Qué hay Ivi?
-           Prométeme guardar el secreto –lo prometía-. Ayer en la tarde, Kian y yo recogimos unos análisis que me hice. Mar, ¡estoy embarazada! -¿quién movió la silla? Ahora mi trasero descansaba en el suelo.
-           Voy a ser tía, voy a ser tía, voy a ser tía –repetí eso por más de dos minutos, como idiotizada-. ¡Felicidades hermanita! –me puse de pie para ir a abrazarla-. Eso quiere decir que anoche estuvieron festejando.
-           Sí, caminamos un rato por la playa, después cenamos en un restaurante cercano al mar. Mary, Kian es el amor de mi vida –lo era, sí que lo era, ellos estaban hechos el uno para el otro, no cabía duda.
 
 
-           ¡¡Nooo!! Júralo, es que es increíble –me divertía mucho cuando estaba con Shane, con él no tenía que fingir, le había tomado mucha confianza, trataba de ser la mejor para él, sin competir con alguien más.
-           De verdad, cuando me vi estaba en medio de esa disco gay, fue una experiencia rara –sus gestos eran tan graciosos-. ¡Ops! Es tardísimo.
-           No me di cuenta a qué hora se fueron los trabajadores. Vamos, te daré un aventón al pueblo, ya es muy noche.
-           Gracias –ya casi estábamos en la salida de la que sería mi nueva casa-. Espera, tengo unos planos arriba.
-           Te acompaño, sólo tenemos una lámpara y no me quedaré aquí sola, me da miedo –Shane, rió.
-           Pareces de seis años, aún te asusta la oscuridad, eso si que es gracioso.
-           ¡No te rías! Todos tememos a algo –quizá mi temor era exagerado, lo supuse porque iba pegada al brazo de Shane mientras subíamos las escaleras.
-           Ya miedosa, romperás la manga de mi camisa. Pasa –dijo abriendo la puerta para mí.
-           Gracias señor caballeroso –reverenció a burla-. Payaso –fue lo único que me salió decirle.
-           ¡Buuu! –cuando entré al cuarto donde guardaba sus planos, me apagó la luz de la lámpara.
-           ¡Shaneee! –grité aterrada, oí su sonora risa- No es chistoso.
-           Si vieses tu cara, sí –más carcajadas.
-           Trae esa lámpara, ya no confío en ti –pero en lugar de hacer lo que le pedía, estiró hacia arriba el brazo que sostenía la fuente de luz-. ¡Dámela!
-           Alcánzala enana –brinqué y brinqué, era muy alto para mí.
            De tantos saltos terminé por doblarme el tobillo y…
-           ¿Te lastimaste? –la lámpara cayó al suelo, mi cuerpo quedó entre los brazos de Shane, muy cerca del suyo.
-           Sí –no pude decir más, su aliento estaba rozando mis labios, sus ojos penetrando los míos-…
-           Yo –yo también lo amaba, en mi intento por vengar su rechazo, mi corazón terminó llenándose de él, y por primera vez en toda mi existencia, estaba enamorada.
            No fue necesario articular palabra para enterarlo de mis sentimientos, bastó con un beso, dulzura total…
-           … Te amo –completó al fin.
-           Y yo a ti, Shane te amo. Te juro que yo te amo, que esta vez soy sincera y…
-           Shhh –susurró sin alejarse, con su dedo sobre mi boca-. Te creo, no hace falta explicaciones cuando tus ojos me gritan la verdad -¡Dios! ¡Qué hermoso se sentía estar en el cielo!
 
 
-           Te pareces a tu padre –tanto tiempo evadiéndola y tenía que toparla hoy, en este lugar tan solitario.
-           Eso dicen las personas.
-           Aunque quizá no tanto, si fuese así, Liy ya lo hubiese notado. ¿Por qué no decirle quien es tu padre, Mark?, ¿por qué así te llamas, o no?
-           Markus, para ser exactos. Y usted sabe muy bien porque no le he dicho quienes son mis padres.
-           Me alegra que sepas lo que haces y no pongas en riesgo a tu madre, Markus –todavía tenía el descaro de sonreír.
-           Le advierto que no lo hago por miedo, sino por amor a mi madre y a Liy.
-           ¿Amor? Parece ser que a Liy y a ti les encanta mucho esa palabra, que pena que para ustedes sea algo imposible. Nos vemos, Mark –en sus labios la misma sonrisa irónica se dibujó.
-           Nos vemos, tía –volteó a verme con fuego en los ojos.
-           Ni de broma vuelvas a llamarme así –su lacerante mirada infundía pavor.
-           No se preocupe, en mi corazón no hay intención alguna por otorgarle ese título.
 
 
-           Linda, te buscan –después de tres golpes sobre la puerta del estudio, Kian hizo acto de presencia.
-           ¿Puedo saber quién? –pregunté apenas alejando la vista de la PC.
-           Buenas noches Liy –era evidente que esta ocasión no podría escapar-. ¿Interrumpo?
-           No, ya terminé –probablemente a mí también me hacía falta esa conversación-. Toma asiento –dije señalando la pequeña estancia del estudio.
-           Bien, yo me retiro. ¿Los esperamos para cenar? –preguntó Kian antes de salir.
-           ¿Te quedas a cenar, Bryan?
-           Mmm, sí, creo que sí.
-           Entonces sí Kian, espérennos a cenar.
-           Por supuesto. Con permiso.
-           ¿A qué debo tu visita, Bryan?
-           Creo que ya somos adultos y hay cosas del pasado que afectan nuestro presente y debemos solucionar.
-           No sé que decirte –me senté frente a él, inevitable era no toparme con esos ojos.
-           Perdóname, quizás a ti no te interesen mis disculpas, pero…
-           Pero tu conciencia no te deja en paz, ¿verdad? Bryan has venido a salvarte, no a disculparte.
-           Sea lo que sea Liy. Sé que te lastimé, que por mi culpa padeciste penas inmerecidas; sólo te pido que me perdones, de alguna manera puedo compensar el daño que te causé…
-           ¿Y qué quieres que te perdone?
-           El haber sido tan cobarde y no defender nuestro amor, el haberme rendido tan fácilmente…
-           ¿Nuestro amor? Si es eso lo que quieres que perdone, descuida, no puedo perdonar algo que no existió. Fue sólo mi amor Bryan, nunca el tuyo.
-           ¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso crees que cada beso, cada caricia o palabra de amor fue fingido? ¡Liy por Dios! Pensé que me odiabas, pero…
-           ¿Pero? –se puso de pie y paseo un poco, intentando tranquilizar su ira, que importaba él, si la mía seguía aquí y era el momento justo para deshacerme de ella-. Pero te enamoraste de ella en poco tiempo, nadie olvida rápido un amor tan grande, a menos que no exista.
-           ¡Existe…! –silenció y mis ojos interrogativos se clavaron en los de él.
-           ¿Qué quieres decir? –mi voz se endulzó un poco.
-           Yo sabía que te había perdido, y ella estaba ahí, siempre a mi lado, al principio fue por agradecimiento, con el paso del tiempo creía amarla; pero llegas tú, y lo que siento por Dana jamás se podrá comparar con este amor que ha estado aquí desde hace mucho. Ahora tengo que conformarme con tener a mi lado a alguien que me ama y a quien yo sólo aprecio –cabizbajo, derrotado, me dio la espalda y caminó a la puerta.
-           ¡Bryan! –tu pupila es azul, y cuando lloras las transparentes lágrimas en ella se me figuran gotas de rocío sobre una veleta, aquel poema de Bécquer me vino a la mente cuando Bryan me miró-. Yo… yo aún te amo.
            El tiempo se detuvo por ese instante, tan poco importaba el pasado y el presente, que el mundo se quedara allá fuera, tras esa puerta; que nuestras vidas fueran tan sólo esto, que todo nuestro espacio se redujera a este estudio; que la eternidad fuese esto, este momento. Estaba sintiendo la calidez de su cuerpo sin siquiera rozar su piel, y sus manos me recorrían sin estar sobre mí. Moriría con los ojos abiertos por la simple dicha de inmortalizar este tiempo.
-           ¡Repite eso! Repite eso y nada me importaría perder-. Jamás olvidaré esa imagen, sus ojos enjuagados en lágrimas y en sus labios la sonrisa-. Liy, por favor, repite eso.
-           Te amo –y con la segunda vez en decirlo, era como desahogarme, como quitarme un gran peso de encima-. Te amo, tanto o más que ayer.
 
 
-           ¡Ya lo mató! Ya no escucho ruidos, ¡ay, chicos! Entremos antes de que se convierta en una asesina.
-           Tranquila Mary, Liy no haría eso, ella sería incapaz de dañar a alguien.
-           Si amor, Kian tiene razón, Liy es una persona sensata como para…
-           ¡Ya lo mató! –Ivi y Mar gritaron a coro ni bien escucharon a Mark hablar de sensatez, eso me causó gracia.
-           Chicos, abran esa puerta aunque tengan que tirarla.
-           Ivi, por favor. Liy se molestará con nosotros por interrumpirlos.
-           Pues si no lo hacen ustedes lo haremos nosotras, llevan más de una hora dentro y ya se me hizo sospechoso tanto silencio.
-           Mariana regresa –la vimos muy decidida a tirar la puerta que los tres nos levantamos de nuestros asientos y fuimos tras ella.
            La puerta estaba entreabierta, no hubo necesidad de utilizar métodos cavernícolas para entrar, bastó con un pequeño empujón.
            Y entendimos el por qué de escaso ruido.
-           Será mejor dejarlos recuperar el tiempo perdido.
-           Creo que si mi amor, te apoyo.
-           ¿Cenamos? –Ivi y yo contestamos que sí- ¿Mariana?
-           Se ven tan lindos –la ternura en la voz de Mary nos arrancó una sonrisa a todos.
-           Amor, déjalos necesitan mucho tiempo solos.
-           si ya voy –dijo Mary antes de echar un último vistazo dentro del despacho, donde Liy y Bryan, sentados en el sillón, se besaban.
 


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#1473 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mar, 21 de Mar, 2006 5:22 am
Asunto: ~°~ MI SAL Y MI PIMIENTA ~°~ ^CAP. 15^
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Holas!!! Toy de vuelta, disculpen el retraso pero no tenía capos en la compu. Le dejo una recordadita del cap. anterior. Las quiero mucho y ya las extrañaba un buen!!! GRax por seguir leyendo!
Besitos
cLaU
Pd. Tarde, pero, Felicidades a todas las chicas del club por el día internacional de la mujer y ya saben, a vivr su libertad plenamente y no a la violencia contra la mujer! jeje
Pd. Ya bajé los fics de ustedes, en unos días me pongo al corriente
 
 
Al estar entre sus brazos sentí la calidez materna que en ella existía, mamá estuvo otra vez conmigo, su olor, su voz, su mirada…
-        Ivi, calma, nena.
-        Una niña nunca es linda cuando llora –sus dedos fueron limpiando mis lágrimas.
-        Gracias señora…
-        Mairead, que no soy tan vieja.
-        Gracias Mairead –todo me parecía tan raro, quizá la vida había planeado este momento para reencontrarme con mamá, talvez Mairead había sido escogida para ser el vínculo entre mamá y yo…
 
 
 
CAP. 15
 
-        Mairead fue muy atenta con nosotros, pero en esa comida estará Bryan, y tú…
-        Markus, Liy ya pasó esa prueba, además Mairead nos tendrá un exquisito desayuno preparado, no es bueno desperdiciar tanta comida –Liy no había pasado ninguna prueba, aún lo amaba, Bryan seguía en su corazón.
-        Mi bebé tiene razón. Mark, tú mismo lo has dicho, Mairead es una adoración de mujer, no podemos ser descorteses con ella y dejarla plantada.
-        Si amor, vamos, todo estará bien –con las palabras de Mariana comprobé que algo más preocupaba a Mark.
-        Iremos; Mark gracias por preocuparte, pero puedo con el asunto de Bryan –sonrisa de Liy, su inocente sonrisa.
 
 
-        ¡Bienvenidos! –mi padre fue quien recibió a las visitas-. ¡Liy, hija! ¡Qué hermosa te ves!
-        ¡Señor Brendan! –Liy y mi padre se abrazaron.
-        Vengan por aquí chicos, es muy pronto pero ya está listo el desayuno, además Bryan los llevará a conocer la hacienda después y no habrá tiempo de comer.
-        Gracias Mairead, por cierto, ¡qué bella casa tienes!
-        ¡Qué linda Ivi! –parecía que mi madre ya conocía muy bien a los chicos-. Kian, te preparé un pastel de chocolate, sé que te encantará.
-        Señora Mcfadden, veo que no olvidó que era mi pastel preferido –de pronto sentí una mirada sobre mí, Liy desvió sus ojos velozmente, ¿qué era aquello?
-        Y para ti, Mark, hice una barbacoa… ¡hum! –mamá fingió chuparse los dedos, seguro era el platillo predilecto de Mark.
-        Gracias mil –Mark besó a mamá en las mejillas.
-        Me pondré celoso, yo ya estoy viejo y ustedes tan jóvenes…
-        Señor Mcfadden, no diga esas cosas, viejos los cerros, a sus años sigue tan apuesto como su hijo, ¿o no, Liy?
-        ¡Claro! Quiero decir… que… usted –éramos dos tomates, ¡cómo en los viejos tiempos!-…
-        Entendemos Liy –mamá me miró y sonrió, ¡¡qué señora tan rara!
 
 
-        Las caballerizas están por acá, vengan –teníamos una hora de haber terminado el desayuno, ya habíamos recorrido los jardines de la hacienda, y ahora Bryan nos llevaba hacía los caballos-. Mark, Kian, estos son de los mejores que tenemos en casa –los chicos tenían ánimo de montar, así que Bryan les mostró dos hermosos sementales, un negro y una blanco con machas negras, ¡preciosos!
-        ¡¡Wow!! ¿Puedo montar éste? –Kian se acercó a la caballeriza del animal con manchas.
-        Claro Kian, en un momento hago que lo ensillen. ¿Mark, te gusta el que te mostré o prefieres otro?
-        Está bien éste –Markus seguía cortante con Bryan, no era para menos…
-        Y ustedes chicas, ¿cuál quieren?
-        Yo no sé mucho de caballos. Kian, amor, escoge uno para mí por favor –Kian fue revisando caballeriza por caballeriza y preguntando algunas cosas a Bryan acerca de cada animal, después me tocó turno.
-        El alazán de por allá, no sé, me llamó la atención desde un principio.
-        Perfecto, acompañen a los cuidadores afuera para acomodar el equipo. Liy, tú –obviamente le iba a preguntar por el caballo que escogería, pero se detuvo al verla al fondo, seguro frente al caballo de su elección-…
 
 
         Aún lo recordaba, creo que fue lo primero que buscó al entrar aquí. El animal lengüeteaba la mano izquierda de Liy, ella le acariciaba con la otra; a medida que me acercaba, descubrí una gota que resbalaba por su mejilla.
-        ¡Hey viejo, tienes visitas! –sorprendí a ambos con mi voz, al instante ella trató de ocultar la lágrima que ya le había visto.
-        Luce hermoso para la edad que tiene –al fin conversaba conmigo.
-        Por Malteadito no pasan los años, ¿verdad viejo? –mi fiel amigo respondió a un relincho.
-        ¿Me dejas montarlo? –miré a Malteadito.
-        Por mí no hay problema, pero desde hace años sólo deja que yo lo monté –dije abriendo la caballeriza y sacando a Malteadito de ella.
-        Siempre me quiso, no creo que me haga daño –contestó cuando le entregué la cuerda de los frenos.
-        Pero en cinco años pudo…
-        Hay quienes no me olvidaron, quienes en verdad me quisieron –la vi montar el lomo desnudo del caballo y con una leve patada lo hizo andar.
         Sus palabras eran más que eso, estaban haciéndome sentir un traidor, un cobarde…
-        ¡Yo te ama…! –traté de gritar antes que se alejara.
-        No lo hiciste, al menos no tanto. ¡Ea! –Malteadito comenzó a correr y mi corazón sintió un fuerte galope en el interior, la rabia para conmigo mismo volvió.
-        ¿Y aún la amas? –la voz de Kian tras de mí, me hizo reaccionar.
-        ¿Perdón?
-        ¿Aún amas a Liy, Bryan?
-        En tres meses me caso Kian, no creo que tu pregunta tenga mucho sentido ahora.
-        El amor nunca deja de tener sentido Bryan, simplemente se ama o no, no hay más, ni lógica ni coherencia de tiempo, espacio u otro elemento. Piénsalo, ¡ea!
         Otro más que me dejaba con los pensamientos girando en el cerebro para luego echarse a cabalgar, ¿así eran todos los londinenses?, ¿no había uno que se sentara a charlar como persona normal?
-        Los hay, Bryan, yo soy una de ellos –debí pensar en voz alta.
-        Me alegro Ivi, porque necesito hablar con alguien.
-        Aunque ahora no puedo sentarme, ¿qué te parece si me acompañas a montar?
-        Si me prometes platicar sin salir corriendo –me respondió con una sonrisa-… Espérame unos minutos en lo que me preparan un caballo.
-        Por supuesto.
 
 
         Dana Anderson, era la centésima vez en este día que se atravesaba en mis pensamientos. Quien haya inventado aquel dicho de, “nunca es tarde”, estaba completamente en un error, tarde había yo llegado a la vida de esa mujer. ¡Shane Filan, por Dios! ¿Qué de especial tenía Dana? Absolutamente nada, era tan superficial y frívola, pero ahí estaba yo, pensando noche y día en ella…
-        Arquitecto, terminamos el frente –uno de los trabajadores se acercó a mí.
-        Gracias por avisar, en un momento voy a checar cómo quedó.
-        Por cierto arquitecto, la señorita Anderson acaba de llegar –lo último que me faltaba-, preguntó por usted.
-        Si, ya voy.
 
-        ¡Espectacular! Shane todo está quedando perfecto, Bryan no se equivoco contigo.
-        Gracias Dana, ¿gustas ver lo que hemos terminado dentro?
-        Claro, ¿no ha venido Bryan?
-        No, ayer en la noche habló al hotel para avisarme que no podría venir hoy.
-        Que raro, él siempre viene. Deberá tener compromisos en el rancho.
-        Quizá, a mí sólo me dijo que no vendría.
 
 
-        ¿Y de qué querías hablar Bryan? –el campo, ese olor tan peculiar que lo distinguía de cualquier otro lugar, tanta paz, tanta calma.
-        De Liy,
-        ¿De Liy? –me hice la desentendida, recordé que una profesora de psicología usaba mucho esta técnica para ‘sacarnos la sopa’.
-        Sí, no sé que ha pasado, tres días de su regreso y de nuevo toda mi vida gira en torno de ella -¡wow! Estaba diciéndome más de lo que esperaba-. Y para todo el mundo parece que el tiempo nunca hubiera corrido, como si esto que vivimos ahora fuese tan normal…
-        ¿Y no lo es? -¡debí ser psicóloga!
-        …no –me contestó después de unos breves segundos de silencio, cabizbajo-. Pasaron cinco años Ivi -¡otra vez esa canción!-, y eso no es lo peor -¡uy! Al menos éste le cambiaba la tonada-, la forma en que se marchó no fue un “hasta luego”, era un “hasta nunca”, un “te odio”; y realmente me lo merecía, la entiendo y también ahora lo hago, de hecho, es poco con lo que merezco –ni quien lo discutiera.
-        ¿Y? ¿Qué es lo que te duele Bryan?, ¿el pasado o el presente?
-        El pasado –y yo que lo creía arrepentido…-, porque Liy sufrió por mi culpa, y nunca me perdonaré las lágrimas que le hice derramar –me había precipitado a juzgar su respuesta, al final de cuentas contestó lo que quería escuchar.
-        Tampoco seas tan severo contigo. He compartido cinco años con Liy, la he visto crecer, madurar; la conozco desde verla desaliñada por las mañanas, hasta cuando se mete a la cama con esa pijama deportiva; somos casi hermanas. Tienes razón, ella no tenía planeado regresar, pero lo hizo, sea cual sea el motivo que la trajo de nuevo a Sligo, ella está de nuevo aquí, es tu oportunidad.
-        ¿Oportunidad? Lo mejor sería que regresara y que nunca más volviera a este pueblo donde le hicimos daño. Te juro que cuando la vi y supe que era ella, tenía la firme intención de pedirle perdón, y no es que no lo vaya a hacer, sólo que ya no sé como empezar.
-        Liy es extraña, pero no peligrosa –Bryan me miró confundido-. Era un chiste –aclaré-. Tenía otra imagen de ti, pero me doy cuenta que eres una persona muy buena, no creo que pedir disculpas sea un gran problema pata ti.
-        Si al menos ella me dejara hablar…
-        Hazlo Bryan, te aseguro que cuando empieces, Liy no pondrá algún ‘pero’-
-        ¿Por qué tan segura? -¡alto!, la de la psicología inversa era yo.
-        Porque la conozco muy bien. Mira, los chicos han desmontado cerca del río, vayamos con ellos, quisiera lavarme la cara.
-        Si, por cierto, gracias Ivette –sonreí y él hizo lo mismo.
         Eso de andar de Cupido no era lo mío, para ello estaba Mariana, pero igual nada perdía con intentar. Estaba probando por una nueva faceta.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1472 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Vie, 17 de Feb, 2006 10:08 pm
Asunto: MI SAL Y MI PIMIENTA - CAP 14-
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Holas!
Sólo les advierto que después de este capo tendrán que esperar unas semanas para próxima publicación jeje, es que no tengo nada más en la compu y pues ya ven que luego tengo que ir al cyber jeje, pero les prometo que su espera valdrá lña pena porque ya nada más quedan 4 capos jeje.
Bueno para las que preguntan por Shane y Dana..aqui creo que les tengo algo jeje
Ah! Dana siento que te detesten tanto jeje pero sólo es por el fic jeje
Las kero
Clau
 
CAP. 14
 
-        Tía, te presento a Mariana Gray, ella se encargará de llevar los asuntos de la herencia.
-        Buenas tardes señora Logan –un escalofrío me recorrió al conocer a la tía de Liy, era como esas brujas de los cuentos de hadas
-        ¿Por dónde comenzamos? –sí que era grosera, siquiera respondió a mi saludo.
-        Necesito todos los números de cuenta y sus respectivas claves para comenzar la transacción en los bancos y queden a nombre de mi clienta, escrituras de todas las propiedades que hayan pertenecido al señor Patrick Logan y su señora esposa, así como las joyas y otras cosas materiales que menciona el testamento –dije sacando una copia del testamento de los padres de mi amiga.
-        Tengo una copia también, sé muy bien lo que se menciona –respondió ante mi iniciativa de mostrarle el documento.
-        De todos modos se la dejo, señora Logan, no sea que se le olvide otra vez como en estos quince años.
-        No se me olvidará, abogada Gray.
-        Pues bien, por el momento es todo señora Logan. Todo este papeleo para que mi clienta tome posesión de sus bienes nos llevará alrededor de tres semanas, la cuarta será para acordar la pensión que recibirá de la señorita Logan.
-        Entonces la veré hasta dentro de tres semanas.
-        No, porque según vayan dándose los cambios de propiedad del señor Logan a mi clienta, usted tendrá que firmar, ya que aún es la albacea.
-        Todo esto es muy fastidioso Liy, muy fastidioso –que poco respetaba mi presencia esta señora.
-        No te quejes tía, todo es por tu culpa, yo también estoy gastando gran parte de mi tiempo en esto, tiempo que debería estar ocupando en mi trabajo –me alegraba que Liy pusiera en su lugar a esa bruja-. Nos seguiremos viendo, tía.
-        Con permiso señora Logan, que tenga buen día –dije a sarcasmo, al final de cuentas, yo tampoco le había caído en gracia.
 
-        ¿Cómo pudiste vivir con ella tantos años?
-        No lo sé Mariana, mejor pregunta cómo sobreviví –ambas reímos.
-        Liy, desde anoche quiero preguntarte algo.
-        Ni me recuerdes lo de anoche, no me tienen muy contenta esa Blair y tú –dijo apresurando el paso y adelantándose, tuve que correr para alcanzarla.
-        ¡Por Dios, Liy! Deberías agradecernos por acompañarte en ese penoso momento.
-        Momento que ustedes planearon.
-        Como sea, tarde o temprano pasaría. Pero yo tenía una pregunta para ti.
-        ¿Cuál? –la detuve un momento y la miré con mi aire solemne.
-        ¿Lo amas? –comenzó a huir de mis ojos.
-        Han pasado cinco años, Mar…
-        Pregunté si lo amabas, no cuánto tiempo pasó.
-        Gray, el sol está a su máximo, vayamos a casa, no quiero quemarme -¿sol?, ¿cuál sol? Estábamos en pleno invierno.
 
 
-        ¿Cómo se ven estas flores hijo? -¡qué linda se veía con aquel vestido negro!, que cambiada estaba, pero todo era por fuera, en esencia seguía siendo la misma…-. Bryan, ¿me escuchaste?
-        Perdón mamá, ¿decías?
-        ¿Qué es lo que pasa Bryan? Hace mucho que no te veía esa sonrisita.
-        ¿De qué sonrisa hablas, mamá? No pasa nada.
-        No me engañes Bryan, recuerda que a una mamá jamás se le puede mentir.
-        Es que… bueno… Liy está en Sligo, coincidimos en la cena de anoche.
-        ¿Liy? ¿Cómo está? –mamá se mostraba tan feliz con la nueva.
-        Mucho más bella, aunque luce un poco citadina, estos cinco años le sentaron de maravilla. Es publicista en “The Mirror”, se ve que ha trabajado mucho este tiempo, luce tan feliz, tan fresca, aún sigue siendo una chica inocente y noble…
-        Ya veo que está bien, ese brillito en tus ojos lo dice, eso y mucho más -me sentí sonrojado.
-        No empieces mamá…
-        Yo no empecé nada, fuiste tú, desde la mañana te noté muy feliz. ¿No será que el regreso de Liy te tiene así?
-        ¡Mamá por Dios! Yo pronto me casaré con Dana –mi mamá sonrió-…
-        ¿Y el regreso de una amiga no te puede alegrar? No te traiciones a ti mismo –no paraba de reír, esa señora siempre lograba lo que quería-. ¿Estás seguro de casarte con Dana?
-        ¡Qué preguntas, mamá! Mejor iré a las caballerizas con papá.
-        ¿Dónde se está hospedando Liy?
-        En la casa de sus padres, la que está cerca del centro.
-        Más tarde iré al pueblo, la invitaré a desayunar mañana con nosotros, tu papá estará contento de tenerla en casa.
-        No vendrá, no quiere verme…
-        Vendrá, como que me llamo Mairead Mcfadden.
 
 
-        ¡Dame el control Mark!, ¡¡dámelo!!
-        Mira enano, yo gané el control, es mío, si lo quieres, alcánzalo –maldito Feehily, presumía de sus cinco centímetros de más.
-        La tele ha sido tuya desde las ocho de la mañana, no es justo que la tengas todo el día –el timbre detuvo nuestra pelea.
-        Ve a abrir –lo miré de reojo, ya me las pagaría después.
 
-        Buenas tardes –en la puerta me topé con una señora que daba miedo-. ¿La puedo ayudar en algo?
-        Dile a Liy que su tía Carol está aquí.
-        Liy no se encuentra –ahora entendía por qué Liy no quería regresar.
-        ¿A qué hora regresa?
-        No sé… permítame por favor. Mark, ¿sabes a qué hora regresa Liy?
-        ¿Quién la busca? –Mark se puso de pie y se aproximó a la entrada.
-        Su tía Carol –el color de Mark cambió al escuchar ese nombre, éste sí que estaba loco-. ¿A qué hora regresa? –insistí.
-        No dijo –Feehily seguía paralizado mirando a la tía de Liy.
-        Pues como verá señora, Liy no dijo a que hora venía.
-        Dile que vine a buscarla, que ya tengo algunos papeles, la espero mañana en mi casa.
-        Yo le diré. Que le vaya bien –se dio media vuelta ante mis narices, un poco seria la señora-. Si que da miedo la tía, ¿verdad? –le comenté a Markus, pero no respondió-. ¿Y a ti que mosca te picó?
-        Toma –dijo dándome el control-, subiré a mi recámara. Avísame cuando Mar llegué, por favor.
        
 
-        …aquí irán unos arcos para separar la entrada del salón principal, creo que también sería bueno colocar dos pequeños muros a cada lado –Shane se detuvo al verme, mi mirada lo ponía nervioso-…para enmarcar el ambiente y de forma sencilla resaltar el espacio.
-        Me parece perfecto, Shane –me coloqué a unos centímetros de él.
-        …para las escaleras –otra vez estaba nervioso, rápidamente se alejó-…
-        ¿Me tienes miedo? No como, Shany –por tercera vez me acerqué y coloqué mis manos sobre sus hombros y el pecho.
-        No es miedo señorita Anderson, es respeto a usted y mi amigo Bryan –tomó mis manos con las suyas y las alejó de su cuerpo, después dio media vuelta y siguió hablando de no sé qué. Acaba de despreciarme y me las pagaría.
 
 
-        ¡Mairead! –al abrir la puerta ahí estaba ella, la mujer que muchas veces sentí como mi madre y una de las tres únicas personas que verdaderamente lamentó mi partida.
-        ¡Liy, hija! –inevitablemente nos abrazamos, el olor de aquel perfume floral seguía en ella, ¡cuántos recuerdos me traía aquel siempre aroma!
-        Pase por favor. No sabe cuanto la extrañé.
-        Mejor sentémonos aquí, tu madre y yo solíamos pasar horas platicando en este jardín –me alegraba que Ivi hubiese limpiado la mesa y que Kian y Mark se ocuparán del jardín y la pintura-. ¿Piensas quedarte mucho tiempo? –la noté observando la transformación en el lugar, al menos esto ya no parecía un matorral, aunque faltaban flores.
-        No, sólo por un mes como máximo, si lo dice por los cambios, son gracias a mis amigos.
-        Deberías aprovechar el tiempo para repararla completamente, te servirá tenerla en buen estado para tu regreso…
-        Mairead, yo no…
-        Bueno, para venir de vacaciones.
-        Yo… esta es la última vez que vengo a Sligo, puedes visitarme en Londres junto con el señor Brendan.
-        No te noto segura de esa decisión Liy, ¿hay algo que te obligue a eso?
-        No quiero problemas con tía Carol, además allá está mi trabajo.
-        Ya no eres la niña miedosa, Liy, eso se nota a leguas, no creo que Carol sea un motivo, y el trabajo menos, siempre hay vacaciones. ¿Qué es Liy?
-        Mairead –de nuevo repetía su nombre ante mi falta de… ¿valentía?-…
-        Es por mi hijo, ¿verdad? –silencié de nueva cuenta-. No hace falta que lo digas, en tus ojos se dice todo.
 
 
-        Liy, la cena está casi lista. Buenas tardes –esa señora tenía cierto parecido con Bryan, seguro era Mairead, su mamá.
-        Mairead –sí, acerté-, te presento a Ivette Blair, una gran amiga.
-        Mucho gusto señorita Blair –la misma sonrisa encantadora de su hijo.
-        Liy siempre me ha hablado muy bien de usted, no es necesario tratarla para saber la grandiosa mujer que es, se nota en su mirar.
-        Gracias por los halagos, no creo merecerlos –el sonido de su risa era tan cálido, cuan afortunada había sido Liy por tenerla a su lado, era lo más parecido a una madre para alguien falto de una. Mamá, ¡cuánto te extraño!
-        Lo merece señora Mcfadden. ¿Pu… pue… puedo abrazarla? –no hizo falta que dijera palabra alguna, sus brazos se abrieron para mí apenas terminé la pregunta.
         Al estar entre sus brazos sentí la calidez materna que en ella existía, mamá estuvo otra vez conmigo, su olor, su voz, su mirada…
-        Ivi, calma, nena.
-        Una niña nunca es linda cuando llora –sus dedos fueron limpiando mis lágrimas.
-        Gracias señora…
-        Mairead, que no soy tan vieja.
-        Gracias Mairead –todo me parecía tan raro, quizá la vida había planeado este momento para reencontrarme con mamá, talvez Mairead había sido escogida para ser el vínculo entre mamá y yo…
 
 
 
 


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#1471 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Sáb, 4 de Feb, 2006 3:50 pm
Asunto: ^°^MI SAL Y MI PIMIENTA^°^ CAP. 13
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Holas!!
Muchísimas grax a todos los que leen el fic y mandan comentarios, quizá la cena no es lo que esperaban, pero vale la pena jeje.
Para las que están sacando conclusiones, pues...yo no sé nada jajajaja
 
Besos
CuAdRiToS
 
Pd. Ah! Lilly y toda la familia agradece su prensencia a la fiesta de cumple de la beba, por cierto, dice que los regalos de sus tíos y tías, estuvo genial; aunque fue mala idea que trajeran a Nicole, porque ahora las niñas están pidiendo hermanito nuevo jajaja, broma
Pd2: no se les olvide participar en lo de los minifics del 14 (o manden poemas jeje)
pd3: ya me pongo al corriente con los fics de todas!
 
CAP. 13
 
         En punto de las nueve las chicas ya estaban listas. Ivi había optado por un vestido color vino con la espalda totalmente descubierta y amarrado en la nuca, un largo debajo de la rodilla, sus zapatillas del mismo color eran de cintas y llevaba el cabello suelto con un pequeño prendedor de mariposa plateada; tenía boquiabierto a Kian, después éste comenzó a decir mil y un cumplidos, ella le agradecía a besos. Mi Mariana usaba un vestido azul marino de tirantes que la cubría hasta la rodilla y con un prolongado escote “V” por detrás, sujetó su cabello con palitos chinos y sólo un cairel rizado le caía al rostro, sus zapatillas eran muy sencillas pero bonitas; no pude evitar darle un beso enorme en cuanto mi asombro pasó, ella apenas se sonrojó.
         Para mi sorpresa, Liy fue la última en salir, siempre era al revés con ella. Pero valió la pena la espera, llevaba un vestido negro traslapado, que dejaba parte de su pecho al descubierto y se ceñía a su cintura con una cinta, el vestido se oleaba poco arriba de su rodilla, sus brazos se veían totalmente, las zapatillas eran altas de tacón delgado, su cabello iba alzado por una cintilla blanca, sus labios eran de un rojo brillante, sus ojos entornados en negro. Realmente estaba preciosa, jamás nunca la habíamos visto así, con un atuendo tan sexy, que podía provocar a cualquiera, pero al mismo tiempo su inocencia y dulzura resplandecían en el azul de sus ojos y en la sonrisa de sus labios. Creo que todos quedamos deslumbrados con ella…
-        ¿Listos? –preguntó acompañada de aquella tierna sonrisa que seguía en su rostro.
-        Sí –contestamos aún con atontamiento-…
-        Mira Liy, porque no mejor –Ivi y Mariana me miraron, yo quería evitar que Liy fuese, pero esas dos locas ya tenían plan armado y me matarían si se los arruinaba-…
-        Dime Mark –Kian me miró con lástima, como diciendo, “por piedad no lo hagas”, sí, nuestras novias podían resultar peligrosas.
-        Toma mi brazo, hoy seré hombre para ti y mi Marianita preciosa -¡sí, soy un cobarde!
-        Gracias.
 
 
-        Si mi amor, siento que no conocieras a Shane, pero como ya te conté, nos encontramos con una amiga de él y nos quedamos platicando.
-        No te preocupes bebé, ya lo conoceré en la cena. Lo que aún no me cabe es eso de las niñitas que conociste.
-        Seguro te agradarán, son muy amistosas, aunque eso sí, un poco raras, sobre todo Mariana.
-        ¿Y son bonitas?
-        Mmm... algo -¡lo que me faltaba! Esas tales Ivette y Mariana parecían un problema.
-        Cuidado bebé, pronto nos casaremos –dije besándolo mientras él aparcaba el auto.
 
 
-        Shane Filan a sus pies, señorita Anderson –la prometida de Bryan era bellísima, su cabello castaño hacía juego con sus ojos cafés claros… ¡Basta Shane! Es una mujer prohibida.
-        Encantada de conocerlo, arquitecto Filan –debía ser mi imaginación que me hizo sentir un toque de seducción en la voz de Dana.
-        Creo que hemos llegado muy temprano, aún no veo a tus amigos, Shane -¿qué, de qué hablaba Bryan? Yo seguía tan ensimismado con la sonrisa de Dana.
-        Claro, las personas de la ciudad se creen sumamente indispensables y por eso se dan el gusto de hacer sus groserías…
-        Yo soy de la ciudad señorita Anderson –la belleza no lo es todo, dicen algunos, al menos no si se trata de la física.
-        Lo siento arquitecto Filan, sólo ha sido un comentario cualquiera, sin afán de ofenderlo –no, no estaba disculpándose, al menos la tonalidad de sus palabras decían otra cosa.
 
 
         Shane Filan era tan guapo, tan diferente a Bryan, él parecía un hombre de mucha experiencia, mientras mi futuro esposo era tan sólo un hombre inocente. Quizá antes de casarme debía vivir una aventura más, después de todo, Shane no parecía indiferente a mis encantos, podía leer el deseo en sus ojos, yo le había gustado.
-        Ya llegaron –dijo Shane cuando cuatro jóvenes entraban al restaurante.
-        Me imagino que ellos son sus novios, pero falta una chica más, ¿recuerdas que mencionaron estar viviendo en casa de ella?
-        Sí, por cierto, ¿cómo se llamaba?
-        No dijeron su nombre –después de verlas de reojo comencé a jugar con mi copa, me daban igual.
 
 
         Antes de que Ivi, Mar y sus novios se acercaran a nosotros, miré a Dana, parecía disgustada, poco a gusto con la idea de esta cena.
-        Buenas noches –la voz de Ivette me volvió a ella-, disculpen el retraso pero nos perdimos.
-        No se preocupen. Shane Filan –Shane extendió la mano a los dos hombres.
 
 
-        Mariana, yo me largo, él es Bryan y ella Dana –antes de que los tres notaran mi presencia me iría.
-        Lo siento Liy, pero ya estamos aquí, no dejaré que te vayas sola a casa –contestó por lo bajo con una sonrisa disimulada.
-        Pero…
-        Pero nada, enfréntalos ya, de una vez por todas –quizá tenía razón.
 
 
         ¿Quién era la chica que hablaba con Mariana? No podía distinguirla detrás de todos ellos.
-        Les presento a Kian Egan, mi novio.
-        Mucho gusto –saludó éste.
-        Un placer Kian, ella es Dana Anderson, mi prometida.
 
 
         Cuanto me dolieron aquellas palabras, ¿por qué seguía amando a Bryan?
-        Markus Feehily –cuando Dana al fin saludó a Mark, él se presentó y ahora, ahora sólo faltaba yo.
-        Mark es mi novio. Ha sido un gusto conocerla Dana, tienes un novio muy guapo. Miren, ella es –de pronto, Kian y Mark se hicieron a un lado para que Shane, Dana y Bryan me vieran-…
 
 
         ¡Era la chica de la iglesia! Pude observarla detenidamente, era preciosa, tan perfecta y hermosamente encantadora; sus ojos azules, su cuerpo, sus labios, su cabello… no recordaba haber conocido a alguien tan bella… ¡sí! Sí había conocido a alguien así, pero eso había sido años atrás, esa persona era tan joven…
-        ….Liy Logan.
         No cabía en mi asombro, estaba de pie frente a ella, cinco años, cinco largos años, el tiempo suficiente para convertirla en una mujer. Los recuerdos se arremolinaron en mi corazón, toda mi vida pasó frente a mí en menos de cinco segundos, fue revivir la infancia, la adolescencia y la noche en que nos entregamos por completo…
-        Un placer señorita Logan –mi presente se volcó de súbito por Shane.
-        Si que le mundo es pequeño Liy, cinco años de no verte y en menos de veinticuatro horas ya te he topado tres veces –Dana lucía tan natural saludando a Liy, aunque yo no entendía muy bien todo.
-        Hola Liy –mi voz apenas fue audible, tenía tanto miedo de saludarla.
-        Hola Bryan -¿cuántas noches no me torturó la conciencia por haber sido tan cobarde?, ¿cuántas lunas dejé de dormir anhelando el sonido de su voz?
 
 
         Tenía que ser fuerte e indiferente, no sabía cómo, pero nadie descubriría que los nervios me absorbían por completo.
         Había esperado tanto por esto, por lucir triunfadora ante él y demostrarle que todo lo vivido era historia, pero no contaba con amarlo; fuese como sea, iba actuar según lo planeado, aún así tuviera que fingir.
-        ¿Desean ordenar? –ya todos habíamos tomado asiento, el mesero fue mi vínculo con la realidad.
 
 
         Cuando todos pedían la cena mis ojos seguían clavados en ella, en mi mente nunca pasó un reencuentro así, yo que creía haberla olvidado ahora me sentía tan vulnerable a su presencia.
-        ¿Qué vas a ordenar, mi vida? –noté cierto énfasis en la última frase de Dana, ¿acaso todo esto era muy notorio?
-        Eh… yo –Liy sonrió por lo bajo, tendría que controlarme-… crepas marineras.
 
 
         Diez minutos, diez eternos minutos, ¿cuánto duraría esta cena?, ¿cuántas sonrisas más tendría que fingir?
-        Señorita Logan, ¿usted a qué se dedica?
-        Soy publicista para “The Mirror” y profesora en la carrera de comunicaciones.
-        Es la mejor publicista.
-        Ni tanto –una pizca de rubor llenó mis mejillas.
-        Mira nada más Liy, aquí con esfuerzos hablabas y ahora resultaste publicista.
-        Todos podemos superarnos, Dana…
-        Además Liy es sumamente inteligente y nunca se conformará con ser una simple ama de casa en busca de un esposo millonario, eso es patético, ¿verdad, señorita Anderson? –ahora entendía en motivo de la cena, Dana estaba roja de coraje.
-        Claro, claro que lo es.
 
 
         Me alegraba saber que Liy había alcanzado sus sueños por ser una gran profesionista, aunque jamás la hubiese imaginado como publicista, siempre fue una persona muy tímida, también eso era bueno, había aprendido a defenderse de las demás personas.
-        Y tú Bryan, ¿en qué trabajas?
-        Soy médico zootecnista y me encargo de la hacienda de mis padres, recientemente he comenzado con mi propia propiedad.
-        Mairead y Brendan, ¿cómo están ellos? –el amor que Liy sentía por mis padres seguía intacto, que pena que no fuera lo mismo con el de nosotros.
-        Muy bien, mi padre sigue al frente de sus negocios con un poco de mi ayuda, y mi madre es como siempre…
-        La misma mujer extraordinaria –me alegró que Liy igualara mis palabras, todavía recordaba como el Padre William llamaba a mamá.
 
         Fue una velada extraña, Liy nunca me perdonaría, en toda la noche sólo me dirigió la palabra dos o tres ocasiones y nada que fuese relacionado conmigo. Al final de ese encuentro llegué a preguntarme que era lo que realmente buscaba en Liy, ¿su perdón o su amor? Tenía que ser lo primero, yo me casaría dentro de tres meses con Dana, no podía amar a otra… ¿o era que no amaba a Dana?
 
 
         Me asomé al balcón de mi recámara con la pijama puesta, había demasiado frío como para vestir una sencilla bata, pero que me importaba eso si mi único pensamiento era Bryan; el viento que soplaba arrebató la lágrima que resbalaba por mi mejilla, pero no el dolor que estaba inundando mi pecho…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1470 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Jue, 26 de Ene, 2006 10:33 pm
Asunto: ^º^MI SAL Y MI PIMIENTA^º^ CAP. 11 y 1 2?=
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Holas!!
Insisto, no dirè nada de Mark, aunque sea obvio!!! Prometì guardar silencio jeje.
Pues el regreso de Liy quizà no sea tan espectacular como creen, recordemos que es una historia corta jeje no quiero meterme en muchos lìos jajaja.
Odien a Mcfadden, eso me agrada jajaja, y de Nicky, porque me preguntaron de èl, pues no estarà en la historia, no es personal, sòlo que no hay mucho espacio.
 
Besitos
Clau
 
pd. Gabs, Rosy, Thais y Vale, denme tiempo, ya me pongo la corriente con ustedes
 
 
 
 
CAP. 11
 
-           ¡Padre William! –exclamé lanzándome a él en un abrazo.
-           ¿Quién es usted? –me reí al ver su cara de susto.
-           Padre, por favor, no puedo creerlo, que fácil se olvida de la abuela Erie, usted decía que siempre se la recordaba.
-           ¿Liy? –asentí con una sonrisa-. ¡Liy! –volvimos a abrazarnos-. ¡Cuánto has cambiado! Tan hermosa como tu madre y tu abuela. No puedo creer que estés aquí.
-           Ni yo Padre, de hecho, desde hace algunos años había decidido no volver.
-           Fue lo que comentaste en tu última carta, hija. Pero, ¿qué te hizo cambiar de opinión?
-           Mi tía, como siempre ella manipula mis ideas, yo pensé que eso había quedado en el pasado; pero otra vez es por ella que tomé una decisión.
-           No te entiendo Liy –nos sentamos.
-           Padre, mi tía me ha estado estafando, robando. Regresé por lo que es mío y para demostrarle a Carol Logan, quien soy yo.
-           Hija, la venganza es una mala consejera…
-           No he venido a vengarme, sólo a mostrarle que triunfé, que no logró vencerme.
-           Veo tus ojos Liy, y me encantaría decir que eres completamente feliz, pero mentiría. Sé que has triunfado, pero que eres feliz, eso no sé –sabía porque lo decía.
-           ¿Desde cuándo Padre? ¿Por qué no me lo dijo?
-           Un año después de que te fuiste comenzaron su noviazgo…
-           Cuatro años juntos, realmente me amaba –dije con ironía.
-           Liy, tú te alejaste por completo de él…
-           ¿Qué quería que hiciera, Padre?, ¿qué, cuando él me dio la espalda ante todo mundo? ¡Yo fui la mala y él no hizo nada, me dejó con toda la culpa…!
-           Baja la voz, estás en la casa de Dios, por si lo olvidas –el Padre William se había enojado.
-           Lo siento Padre, pero todo esto me enfurece, él… él…
-           ¿Lo amas?
-           Y me detesto a mí misma por eso, él nunca me amó, jugó conmigo, me utilizó.
-           Liy –dijo tomando mis manos entre las suyas-, podrás ser la mejor profesionista, tener millones de euros, pero si no tienes el amor, no tienes nada.
-           Están mis amigos y usted…
-           ¿Y llenamos tu corazón?, ¿o queda un espacio? O lo dejas ir ó luchas por él, pero no te cruces de brazos por siempre.
-           Se van a casar…
-           Entonces, actúa antes. Liy, el tiempo de odiar ya fue –depositó un beso en mi frente-. Vamos hija, ya es noche. ¿Dónde te quedas?
-           Estoy a una cuadra, en la casa pequeña, he venido con unos amigos. ¿Dónde está viviendo mi tía?
-           Sigue en casa de tu abuela.
-           ¿Sola?
-           Sola, Liy.
-           Me encantaría decir que siento pena o lástima por ella, pero no, se lo merece, a eso me condenó ella.
-           Has cambiado mucho, realmente has cambiado.
-           No tanto Padre, no tanto. Hasta mañana.
-           Ve con Dios, hija –salí del lugar, vaho salía de mi nariz al exhalar.
 
-           Buenas noches.
-           ¿Y la cena?
-           ¿La cena? ¡Ay se me olvidó! –Kian me mataría, su mirada lo decía.
-           Mark acompáñame a la tienda, no sé donde tienes la cabeza Liy –Mariana ya se ponía su suéter y Mark la seguía.
-           ¿Dónde has estado?
-           En la iglesia –Mar y Mark ya habían salido-. He visto al Padre William y…
-           ¿Y?
-           No, nada, olvídalo –sin evitarlo esos dos rostros volvieron a mi mente.
-           ¿Pasó algo Liy?, ¿viste a tu tía?
-           No, no la vi. Saben, caminar me cansó mucho, iré a dormir –noté a Kian e Ivi desconcertados, mejor me iba comportando normal o se darían cuenta.
            Cerré la puerta del cuarto tras de mí y me tumbé sobre la cama mirando hacia el techo, siquiera me quité algo de ropa, no tenía cabeza para pensar en pequeñeces como esas. Era él, lo había visto después de cinco años, el chico aquél que yo conocía se ocultaba bajo ese cabello largo y más castaño que nunca, era relativamente delgado a como le recordaba y quizá un poco más alto. Sus delgados labios seguían ahí, su voz dulce y chillona no había cambiado mucho, pero sus ojos azules eran tan poco alegres como los míos… ¡Demonios! Se merecía eso y más, no ser feliz, se merecía más que tristeza; aún así yo… yo… lo seguía amando.
 
-           ¿Estás bien? –Ivi y Mar se sentaron a cada uno de mis lados, ¿cuánto tiempo llevaba yo ahí?
-           Liy, siempre seremos tus hermanas, no puedes ignorarnos, además tienes que contarnos todo.
-           Lo sé Ivi. Gracias por estar aquí, conmigo, no saben lo que eso significa para mí –dije al mirar a cada una-. Lo vi –sí, esas dos ejercían una rara influencia sobre mí que me impedía guardar algún secreto.
-           ¿A quién?
-           A Bryan, tonta –la cabeza de Ivi rebotó en el colchón con el zape que Mar le propinó-. ¿Verdad, nena? –asentí-. ¿Y cómo está?, ¿más guapo, más viejo?, ¿se ve gordo, flaco? Liy, cuéntanos.
-           Se ve mucho más guapo –las dos lanzaron un grito, yo cubrí mis mejillas con una almohada.
-           ¡Lo amas! –exclamó Ivette con un grito ahogado, yo reí con pena.
-           De hecho Vetita, nunca lo ha dejado de amar. Ivi, ¡¡festejemos!! –al grito de Mar, me tapé la cara con las manos, en seguida recibí una lluvia de almohadazos.
-           Se va a casar –pronuncié de pronto para parar los golpes.
-           ¡¿Qué, cómo, cuándo?!–Ivi me miró con sorpresa.
-           Se casa dentro de tres meses con Dana.
-           ¡¡Maldita zorra!! De seguro lo engatusó con sus mentiras.
-           Son novios desde hace cuatro años, ¡el idiota nunca me quiso! –eso no era odio, eran celos, sí celos.
-           Bueno nena, eso de “se van a casar”, era antes de que tú volvieras; yo pienso como Mar, así que ahora debes ir con Bryan y decirle que lo amas, ya verás como lo tienes comiendo de tu mano.
-           No chicas, está claro que nunca me amó…
-           Si lo dices porque en aquel entonces fue cobarde, quizá tengas razón; pero yo si creo que te amó y se merece una segunda oportunidad.
-           ¡Perfecto! Voy y le digo que lo amo, él me contesta, “¿quién eres tú?”, yo le digo que soy Liy Logan y le repito que lo amo, después que salga de su sorpresa y me interrogue por todos estos años, dirá: “sí Liy, yo también te amé, pero me casaré con Dana, tendremos hijos y seremos muy felices; pero estás invitada a la boda”. ¡No! No iré.
-           Me encanta el optimismo con el que ves la vida. Bien, si te dice eso, regresarás a Londres, seguirás con tu vida normal, dentro de poco encontrarás a quien te ame de verdad, se conocerán, se casarán, tendrán una familia y vivirán felices por siempre, sin tus fantasmas del pasado y sin que pienses jamás en tu vida en el ‘hubiera’ –igual Mariana tenía razón, no perdía nada.
-           Enana, sabes que esta loca al fin habló sensatamente, no te hagas oídos sordos, al menos por el simple hecho de hacer sentir bien a Mar con su momento de sabiduría –mirada asesina de Mar a Ivi, sonrisita dulce de Ivi a Mar, no podía estar seria con estas.
-           Lo pensaré, además vine por el asunto de mi herencia, lo de Bryan puede esperar…
-           ¡Aaay! Cuando me sacas de quicio, me sacas de quicio Liy Logan. Mark y tú son igualitos, al fin –Mar detuvo sus palabras y me miró espantada-…
-           ¿Al fin qué, Mariana? –preguntó Ivette.
-           ¡Al fin irlandeses! Sí, irlandeses. Esta discusión me agotó, dulces sueños –besitos por aquí, besitos por allá, Mariana había escapado como loca, ¿quién la entendía?
-           Yo también voy a mi recámara. Descansa y piensa bien las cosas –más besos de buenas noches.
 
 
-           Tú y tu bocota Mariana Gray, por poco y le dices toda la verdad a Liy, tienes que medir tu lengua o pondrás en peligro a Liy y Mark –me metí a la cama enojada conmigo misma por mi casi indiscreción.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CAP. 12
 
-           ¡Buenos días!
-           Buenos dí –una Logan nunca olvida a otra, lo supe cuando mi tía se volvió para contestar mi saludo y su rostro se congeló en el asombro-…
-           Tía, ¿acaso no te alegra volver a ver a tu querida sobrina? Porque fíjate que yo si gozo con el reencuentro, los años no pasaron en vano, tiíta –observé la sala de la que había sido la casa de mi abuela, cuan triste y vacía se sentía.
-           No Liy, no me alegra tu regreso. Jamás me dará gusto el retorno de una desvergonzada…
-           Pongamos en claro eso, tía. ¿Te disgusta verme por la desvergüenza de haber tenido relaciones sexuales con Bryan sin estar casados? Ó… ¿por qué ya no te permitiré que me robes? –pregunté con toda la calma del mundo, su expresión se descompuso-. Tengo esa duda tía, respóndeme.
-           No sé de que me hablas, ¿cómo te atreves a llamarme ladrona después de que yo cuidé de ti?
-           No lo hiciste por gusto, tía, sino por dinero. Deja de fingir, lo sé todo, sé como mentiste con mi herencia, papá dejó mucho más que miserias, como tú le llamabas.
-           Tu acusación es muy grave, si no tienes pruebas más te vale…
-           Las tengo, tía, y con tu firma. Sabías muy bien el monto de la herencia y no sólo me mentiste con respecto a él, sino que me robaste, me estafaste. Sabes, de ti no quiero saber más, así que hagamos fácil esto, dame todos los números de cuenta en el banco, las escrituras, las joyas y demás pertenencias; firma los papeles que me acreditan como dueña de todo y tranquilamente me voy de Sligo sin hacerte escándalo alguno, hasta podría pasarte una pequeña pensión monetaria para que sigas con tu falsa vida de opulencia. ¿Te parece? –yo seguía con la sonrisa en los labios.
-           Me parece, sin escándalos –tanta accesibilidad en mi tía no era normal, aunque bien podría ser que el miedo al escándalo la hiciera actuar así, su ‘reputación’ ante todo-. ¿Cuándo empezamos los trámites?
-           Mañana, no tomará más de un mes.
-           ¡Liy! –su voz me detuvo antes de abrir la puerta-. Ojalá puedas quedarte a la boda de Bryan con Dana, o mínimo envía el regalo de bodas en tres meses, ella y tú fueron amigas de niñas –giré para mirarla.
-           Lo siento, tía, te ganaron, desde ayer sé que se casan. Lamento no poder darte tu momento de gloria, Liy Logan ya no es la misma, tenlo por seguro –la enfrenté con gallardía, debía quedarle muy claro que el pasado era eso, pasado.
 
 
-           Dana, es urgente que vengas a mi casa.
-           ¿Ahora, Carol? Le están haciendo unos arreglos a mi vestido…
-           Si en verdad te quieres casar, ven ahora -¿qué pasaba con esta mujer? Sonaba sumamente molesta.
 
-          Más tarde –
-           ¿Qué pasa, Carol?
-           ¡Pasa todo! Liy regresó a Sligo –el pequeño bolso que llevaba entre mis manos cayó al suelo.
-           Ese vodka ya te afectó el cerebro –dije recogiendo el bolso y recobrando la compostura.
-           Hace una hora estuvo aquí. Vino a pelear su herencia –tres copas de licor en menos de cinco minutos habían bajado por la garganta de Carol.
-           Querida, tú lo has dicho, vino por su herencia, eso a mí no me preocupa, ni es mi problema –la desesperación me ganó cuando Carol colocó sus manos alrededor de mi cuello, no podía respirar.
-           Ya te dije una vez, Dana, me hundo yo, te hundes tú. Si esa boda va a realizarse, es en gran parte por mí; no te conviene estar en mi contra, ¡niña estúpida!
-           Cof, cof, cof –respiré con agitación al sentirme libre-. Está bien Carol, te ayudaré en lo que pueda –a veces sentía miedo de estar con esa mujer, algo me decía que era capaz de matar y yo no me arriesgaría a comprobarlo.
 
 
-           Y bien arquitecto, ¿acepta el trabajo? –eran las doce del día y el sol llegaba en toda su intensidad.
-           Sí señor Mcfadden, prometo terminar la casa antes de su boda.
-           Muchas gracias arquitecto…
-           Shane, basta de arquitecto Filan, tenemos la misma edad.
-           Entonces Shane, de hoy en más soy sólo Bryan. Más tarde comeremos con mi prometida, quiero que la conozcas, además es ella con quien tratarás comúnmente, deseo que la casa sea a su completo gusto –Shane Filan era el mejor arquitecto londinense, Dana me había hecho buscarlo para terminar con la casa, se veía una persona confiable, honesta y trabajadora.
-           Será un placer, Bryan, por lo que me has platicado tu prometida es una mujer encantadora.
-           …Sí, lo es, Shane -¿por qué siempre titubeaba al hablar de mi futura esposa?, ¿por qué me costaba tanto adularla?
-           ¿Pasa algo, Bryan?
-           No es nada, es el calor que me provocó un pequeño dolor de cabeza. Sería mejor que regresáramos al pueblo.
-           Claro, ya vi todo lo que quería de la construcción.
 
 
-           ¿Cómo puedes comprar tanto en un pequeño pueblo?
-           Mariana, estaremos un mes aquí, yo no traje todos mis accesorios de belleza y discúlpame, pero Ivette Blair no andará como fantasma descolorido por medio Sligo.
-           El helado de chocolate relaja todo mi espíritu y evita que escuche todas tus barbaridades.
-           Buenas tardes joven Mcfadden, tome asiento –si mis oídos no me engañaban, ese mesero había pronunciado el apellido del tal Bryan.
-           Mariana, Mariana, ¿escuchaste?
-           Claro, no estoy sorda –las dos nos paramos en nuestras sillas para ver quien era ese Mcfadden.
-           Señoritas, ¿desean algo más?
-           Sí, por casualidad escuchamos el apellido Mcfadden hace unos segundos, ¿me podría decir si Bryan Mcfadden fue el que llegó?
-           Por supuesto, se encuentra por allá, ¿gustan que vaya y le diga que lo buscan?
-           No, nosotras… bueno…
-           Nosotras iremos, gracias –tomé a Mariana del brazo y caminamos hacia esa mesa.
-           ¿Estás loca?, ¿qué le diremos? “Hola, somos amigas de Liy Logan, ¿la recuerdas?”. Ivi no podemos hablar con él, nuestra amiga se molestaría mucho.
-           Así es, con Bryan no, pero si con él –dije señalando al acompañante de Bryan.
 
 
-           ¡Shane! Mi vida, que pequeño es el mundo -¿de dónde conocía Ivette a ese moreno buenote y bien dotado?
-           ¿Ivette? ¿Ivi Blair? –ella dijo ‘sí’ con la cabeza-. ¡Cuánto tiempo! ¿Cuatro, cinco años?
-           Cinco, Shane, cinco. Mira nada más, sigues igualito.
-           Mentirosa, tengo algunos kilos de más. Disculpa, te presento a Bryan Mcfadden, Bry ella es Ivette Blair, la hija de uno de los mejores amigos de mi padre y gran amiga mía.
-           Mucho gusto Bryan –no había sonrisa más falsa que la de Ivette en aquel momento.
-           El gusto es mío, señorita Blair.
-           Miren, ella es Mariana Gray.
-           Mucho gusto Mariana –saludó a un beso y un apretón de manos el amigo de Ivi.
-           Encantado, señorita Gray –sí, yo también estaba encantada del mundo en casi destripar la mano de Bryan-. ¡Ay!
-           ¿Lo lastimé? Lo siento mucho, soy de Dublín y acostumbramos ser de apretones fuertes.
-           Que raro, yo también soy de la capital pero no sabía de esa costumbre -¡demonios! Olvidé el pequeño detalle.
-           Bueno, es más una costumbre familiar.
-           Tomen asiento. Justo Shane y yo ordenábamos unas bebidas, ¿gustan algo?
-           Limonada –dijimos al unísono.
-           Y cuéntame Ivi, ¿qué te trae por aquí?
-           Verás, vengo de vacaciones con unos amigos, ya sabes, olvidarnos un poco del estrés de la gran ciudad. ¿No me digas que ustedes dos son amigos y paseas con él?
-           Para nada. Trabajo para Bryan, me ha pedido que termine su nueva casa.
-           ¿Mudanza, señor Mcfadden? –pregunté.
-           Prefiero el Bryan. No señorita, dentro de unos meses me caso y…
-           ¡Perdone! Ya lo escupí todo de limonada –dije limpiándolo con una servilleta, no podía creer que tan hipócrita lograba ser en ocasiones-. Es que usted se ve tan joven, que la noticia sorprende.
-           No se preocupe…
-           Mariana, menos ‘usted’ y más ‘tú’ –Ivi se reía por lo bajo y Shane me miraba raro-. Y felicidades por su futura boda.
-           Gracias Mariana.
-           ¿En qué hotel se hospedan? Quizá en la noche podamos cenar en algún restaurante de la costa.
-           Pues nos quedamos en casa de una amiga, cerca de la iglesia central.
-           Suena grandiosa la idea de la cena, ¿qué te parece Bryan, si tú y tu prometida nos acompañan? ¡Auch! –Ivi me había golpeado bajo la mesa.
-           Sería un placer. Me dan la dirección y pasamos por ustedes –miré a Ivette, nos divertiríamos con Dana, accedió a mi sonrisa.
-           No sé la dirección exacta, pero la casa pertenecía a…
-           ¡A personas que hace mucho tiempo se mudaron! Eso de cambiar de casa –si Ivi decía el apellido de Liy, adiós diversión con Danita.
-           Pero, ¿cuál es la casa? –insistió Shane.
-           No queremos molestar, mejor díganos en qué restaurante y a qué hora, y ahí estaremos –quedamos de cenar en el “Goleen Cost”, Liy nos mataría por esto, pero las travesuras a Dana bien valían la pena.
 
 
-           ¡No puedo creerlo! Sligo sigue siendo igual de pequeño –al caminar por la calle me topé con la chica de la iglesia, ¿se dirigía acaso a mí, cuando decía aquello?
-           ¿Perdón?
-           ¡Wow! Tienes buenos modales, Dana.
-           ¡Qué falta de respeto!
-           ¿Respeto? Pensé que en tu léxico no existía esa palabra desde hace muchos años.
-           ¿Quién eres? ¿Con qué derecho me tuteas? –la miré de pies a cabeza.
-           Con el derecho que me da el haber sido tu objeto de diversión en mi adolescencia, es hora de cobrarme un poco –la observé fijamente, sin reconocerla aún-. ¿He cambiado mucho? Ó… ¿tienes miedo de quién pueda ser? –su mirada de cielo era profunda, su cabello negro poseía unos rizos perfectos y llegaba más allá de sus hombros, y esa sonrisa, esa sonrisa…
-           Liy –pronuncié con el aliento perdido-…
-           Acertaste, Danita –cuantas veces no había humillado a aquella chica, y ella huía llorando, y siempre dejaba que yo la pisoteara por temor a no sé qué; no, no podía verla así, existía una gran diferencia entre ésta y aquella Liy-. ¿Por qué te has quedado callada? Recuerdo que siempre tenías las palabras justas para defenderte atacando a los otros. ¿No me digas que Dana Anderson me teme?
-           ¿Temerte yo? No sueñes Logan –quizá no era la misma Liy, pero yo era mejor que antes-. Por mucho que te hayan pulido en las callejuelas de la ciudad, sigo siendo superior a ti.
-           Tienes razón Dana, tú siempre me superarás en veneno, en perdición, en vulgaridad; pero jamás y nunca, en clase, en educación.
-           ¿De qué te sirve eso, Liy? Por muy culta y limpia que parezcas, la futura señora Mcfadden, soy yo –la sonrisa en sus labios me estaba haciendo perder el control.
-           Tú lo has dicho, ‘futura’, aún no lo eres, yo en tu lugar cuidaría muy bien a Bryan, no se te olvide que él siempre estuvo enamorado de mí…
-           Dudo de ello, talvez sólo te quiso por una noche –la expresión en sus ojos la traicionó-. Porque te reitero, quien se casará con Bryan Mcfadden, soy yo.
-           Haya sido por una noche o no, tú no eres ni la única ni mucho menos la primera con la que Bryan se ha sentido hombre, ese derecho, se me reserva a mí. Danita, Danita, confórmate con recibir mis sobras -¡maldita Logan! ¡Maldita!
 
 
-           ¿Dónde se han metido? Me dejaron todo un día a expensas de Mark, no saben lo terrible que es eso –Mark me miró de reojo, lo terrible era quedarse conmigo, dijo.
-           Ay amorcito, lo siento mucho, pero comprenderás que tu novia no puede quedarse sin un poquito de arreglo.
-           ¿Poco llamas a comprar en cada tienda de Sligo? –las gesticulaciones de Mariana me divertían.
-           ¡Exagerada! Por cierto mi vida, hoy tenemos una cena…
-           Entonces Marianita, nos quedaremos solitos –sí, la idea también me parecía muy buena, así Ivi y yo tendríamos toda la noche para nosotros igual.
-           Mark, siento desilusionarte, esa cena será para todos. Iremos al “Golden Cost” –mis planes se vinieron abajo.
-           ¿Ya le dijeron a Liy? Por cierto, ¿la han visto en este día? –Ivi descansaba sobre mis piernas, el aroma floral que despedía su cabello inundaba mis pulmones.
-           Para nada, ya ven que sólo dejó una nota en el comedor, según esto, ya debería estar aquí, son las cinco.
-           Me imagino que no debe tardar, se le iría el tiempo recorriendo las calles de Sligo –noté cierto aire de nostalgia en las palabras de Mark, raramente él era el único que no había puesto un pie fuera de esta casa-. ¿Y dónde queda el “Golden Cost”?
-           No sabemos –contestaron a coro.
-           Entonces, ¿cómo saben de él? Y peor, ¿cómo podremos ir a cenar a ese lugar?
-           ¿Recuerdas que te he platicado de mi amigo Shane? –si lo recordaba, el hijo de uno de los amigos de mi suegro-. Pues bien, hoy lo encontramos en un café del centro y acordamos reunirnos a cenar, Bryan y él nos han propuesto ese restaurante.
-           ¿Bryan? ¿De qué Bryan hablas Ivette? No me digas que del ex novio de Liy.
-           De ese mismo, amor –contestó Mariana-. También vendrá esa tal Dana Anderson.
-           ¡¡Ustedes se han vuelto locas!! –le quité las palabras de la boca a Mark.
-           ¿Y qué les hace pensar que Liy irá con nosotros? Eso aclarando que yo no participaré en esa cena…
-           Estoy con Mark. ¿Qué mosco les ha picado? Les recuerdo que son amigas de Liy y Dana es la chica que más daño le hizo en su pasado.
-           Chicos, por favor, conocemos la historia mejor que ustedes. Obvio que somos amigas de Liy, por eso hemos acordado esta cena.
-           Ivi y yo le tenemos preparada una cena no tan grata a esa tal Dana –las dos se abrazaron y sonrieron en complicidad.
-           No me parece una buena idea, tampoco será una cena muy agradable para Liy…
-           Eso si acepta ir, porque en cuanto sepa quienes vendrán no creo que acceda…
-           ¿Quién ha dicho que le diremos con quienes cenaremos?
-           Chicas no –de pronto la puerta se abrió, era Liy-…
-           Buenas tardes, ¿cómo les ha ido? –sonrió.
-           ¡Chitón! –nos dijo por lo bajo Mariana, eso sin pasar por alto su amenazante gesto.
 
 
-           Hemos tenido un día sensacional, paseamos por Sligo, compramos, tomamos un helado; Mar y yo nos la hemos pasado muy bien.
-           ¿Chicos, no han ido con ellas? –Liy nos observó.
-           No, eso de ir de compras con mujeres, es el error más grande que un hombre puede cometer, ¿o no, Kian? –él asintió.
-           ¿Estás seguro Mark? -¡ay! no recordaba lo enojona que Mariana podía llegar a ser.
-           Basta –Liy se reía con nosotros-, no vayan a terminar peleando.
 


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#1469 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Mié, 18 de Ene, 2006 8:22 pm
Asunto: ^°^MI SAL Y MI PIMIENTA^°^ CAP. 10
bryan_deutzy...
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Holas!!
Grax por leer, no saben como estoy de feliz por los resultados jeje.
Ya he recibido quejas en contra de Mcfadden, es bueno saber que lo odian jajaja, y para que ese sentimiento no pase, les dejo el siguiente capítulo... ah! Lo siento, el silencio de Feehily seguirá presente, ya veremos que resulta al final!
 
Las kero
CuAdRiToS
 
CAP. 10
 
-           Podemos regresar si lo quieres –al parecer también Kian había notado la intranquilidad de Liy.
-           No, todo está bien, además ya estamos aquí –al fin se apartó de la ventanilla del tren, no sin antes tratar de ocultar sus lágrimas.
            El viaje fue pesado, el ambiente que envolvía a Liy era de temor. Mark también se encontraba nervioso, lo noté en la transpiración de su mano, yo no podía hacer más que apretarla con mayor fuerza, era mi forma de decirle que contaba conmigo en estos momentos.
-           ¿Segura que estás bien? No es necesario que hagas esto, a todos nosotros nos queda claro la gran persona que eres, no tienes que demostrar nada –Ivi colocó su mano en el hombro de Liy, ésta sólo apretó sus ojos para tragarse sus lágrimas, había prometido no llorar.
-           No se preocupen, estoy bien y quiero hacer esto. Durante años me esforcé para demostrarle a mí tía quien era y este es el momento de que ella sepa quien es Liy Logan –sentenció con determinación.
 
 
            Sligo, no sólo yo había cambiado, aquel pueblito provinciano había evolucionado mucho, tampoco era la gran ciudad, pero al menos había ganado algunas comodidades.
-           ¿Podría llevarnos al centro de Sligo? –pregunté al conductor de uno de los tantos taxis que aparcaban fuera de la estación de trenes.
-           Claro señorita, aunque le recomendaría llevar otro taxi por el equipaje.
-           ¿Me haría el favor de buscar otro?
-           Con gusto, suban, el otro taxista y yo nos encargaremos de las maletas.
-           Gracias –Ivi, Mariana y yo nos acomodamos en el asiento trasero, Kian y Mark checaban el equipaje.
            La única señal que tuve para no perderme o equivocarme de casa fue la iglesia, a una cuadra de ella estaba ubicado el hogar en que pasé los primeros años de mi vida. Y sí, ahí estaba, la casa era grande, estilo victoriana, con un descuidado jardín al frente y un enrejado un tanto oxidado. Pero ni los deterioros del tiempo habían podido acabar con su belleza y mis memorias.
            Abrí la reja, y al pisar el primer peldaño de la escalera, los matorrales se transformaron en bellos rosales y árboles enormes repletos de manzanas rojas; respiré profundo antes de girar la llave en la puerta de entrada, con delicadeza abrí; observé con detenimiento, el olor característico del vacío y la vejez no se hizo esperar, y por mucho que lo había prometido, comencé a llorar, los muebles cubiertos por las sábanas ya no tan blancas me recordaron el día en que mi tía Carol me obligó a acompañarla y ponerlas…
-           ¿Miras todo esto? –asentí-. Pues es la última vez que lo verás.
-           ¿Pero mis papás y yo donde viviremos? –que sabía yo de la muerte a mis ocho años.
-           Yo sé que el Padre William te ha dicho que tus padres fueron a dar un largo paseo con tu abuela, pero ya es hora de que sepas cual es exactamente tu realidad. Tus padres murieron…
-           Sí, y el Padre William dijo que eso sólo es un paseo al cielo.
-           Pues no es así, tus padres nunca más regresarán, debiste haber entendido eso desde el primer momento.
-           Ellos no me pueden dejar –dije entre sollozos.
-           Los hicieron, de hecho, ni siquiera están en el cielo, sino en unas cajas bajo la tierra, ahí se los comerán los gusanos.
-           ¡No! ¡No! Mentira, mis padres fueron con Dios, no tía, dime que es mentira, no pueden, no. Tía vamos a sacarlos de esas cajitas, por favor, tía los gusanitos se los van a comer, hay que sacarlos –con insistencia halé su falda, mi pequeño rostro estaba lleno de sal y agua.
-           ¡Por favor Liy! No seas tonta, en la caja están y en la caja se quedan –con brusquedad apartó mi mano de su falda-. Y ahora pon estas sábanas sobre los muebles, rápido y sin llorar, me fastidian tus lloriqueos, mi hermano y tu madre te tenían muy consentida –tuve que aguantarme mi llanto y mi dolor, para seguir las órdenes de mi tía.
 
-           Calma, no te vamos a dejar –sentí los brazos de Ivi rodeándome y volví a mi presente.
-           Será mejor que subas a dormir.
-           No Mariana, son apenas las cuatro y tenemos que limpiar las habitaciones. Vengan, les enseñaré donde pueden quedarse.
            Limpiamos durante toda la tarde. Mark y Kian, se quedarían en las habitaciones del lado izquierdo; Mar e Ivi, en las del centro, y yo en mi antigua recámara, del lado derecho, la cual daba a la calle y del otro lado a la habitación de mis padres.
            Kian y Mark se la pasaron arreglando la TV y el equipo de sonido, Egan dijo que era necesario traer tecnología avanzada  a esta casa, todos reímos. La sala lucía tan bien con esos cuatro sentadotes en los sillones, el ambiente que se respiraba era de familia. Agradecí que Sligo ya no fuera ese pequeño pueblo, donde al instante hubiéramos tenido a los metiches.
-           ¿A dónde vas? –Mariana me miró por sobre su hombro desde el sillón, yo me ponía el abrigo y sujetaba los aguantes con la mano izquierda, el otoño nos iba dejando y los vientos fríos de la costa volvían.
-           Caminaré un poco, quiero reconocer el pueblo…
-           ¿Te acompañamos? –la pregunta de Mark me sonó más a afirmación, no sé porque se preocupaba tanto por mí en los últimos días.
-           No, descansen, además no quiero quitarles su momento.
-           Con cuidado, recuerda estar tranquila por cualquier cosa.
-           Tranquilo, no voy a la guerra, sólo a respirar un poco de aire fresco.
-           De todos modos cuídate, recuerda que ya no sabes que tan peligroso sea el lugar.
-           Gracias Kian, gracias a todos por preocuparse. ¡Ah! Traeré la cena.
 
            Cerré la puerta tras de mí y noté que hacía más frío de lo habitual para estas fechas; al instante me acomodé la boina negra, sujeté muy bien la bufanda al cuello, me coloqué los guantes y metí las manos en las grandes bolsas del abrigo.
            Apenas eran las ocho de la noche de un miércoles, las calles comenzaban a quedarse vacías, quizá por el frío o, seguramente, Sligo, con todas sus nuevas comodidades, seguía siendo un pueblito costeño de Irlanda, en el que las personas dormían temprano.
            Di vuelta a toda la cuadra, reconociendo lo viejo y conociendo lo nuevo, sinceramente no había muchas variantes, más allá de una tienda de abarrotes, una boutique y un pequeño casino, todo seguía igual, o al menos parecido. Justo llegué a la esquina de la iglesia, ¡cuánto había cambiado!
            El patio parroquial tapizado de pasto (en primavera debía ser de un verde exquisito) y plantas florales por doquier, se veía bella. La construcción tenía algunas modernidades, como la cúpula en el campanario y la entrada de cedro; colores más vivos la pintaban. ¡Tanto tiempo! ¿Seguiría el Padre William a cargo? Sólo había una forma de averiguarlo, yendo allá, aún estaba abierta, y si la memoria no me fallaba, los miércoles la misa terminaba a las 8:45 p. m.
            Entré, todavía quedaban algunas personas que ya iban saliendo, a lo lejos vi al Padre William frente al altar, eso me alegró; esperaría a que todos se fueran y hablaría con él, ¡lo sorprendería! Me senté en la penúltima banca, me arrodillé, me persigné, hice una pequeña oración y de nuevo tomé asiento, nada fuera de lo normal. Cuando alcé la vista el Padre venía acompañado de una chica y un joven, no los reconocí a primera instancia, a veces la mente nos traiciona, el corazón no.
            Una de esas personas era Dana, el cabello más largo y recogido en una coleta, sombra en los ojos, rubor en las mejillas, delineador y lápiz labial, un corsé poco ajustado de flores azules grandes, una falda larga en color azul, zapatillas, un chal blanco, aretes largos de plata… definitivamente Dana, ¿quién más le daba tanta importancia a los accesorios y al maquillaje en ese pueblo? Sino Dana Anderson. Con un meneo de cabeza y una sonrisa sarcástica quité mi vista de ella.
            El chico… él… él, ¿cómo comenzar?, ¿cómo?...
-           Dentro de tres meses Padre. ¿Usted cree que estarían bien alcatraces? ¿No se le hace muy común? –justo se situaron unas bancas adelante, parados en el pasillo para conversar; Dana y sus comentarios huecos.
-           Dana eso es lo de menos, lo importante es el sacramento. ¿Qué dices Bryan?, ¿no es así? –Bryan, no me había equivocado, era él.
-           Si Padre, como usted dice, importa el sacramento. Pero Dana, puedes poner las flores que gustes, es tu día.
-           Nuestro día, mi amor -¿mi amor? Todo el suelo se movió bajó mis pies-. Te recuerdo que se trata de nuestra boda –ni siquiera me repuse de la noticia anterior, cuando aquella frase golpeó mi pecho; boda, fue la única palabra que quedó en mi mente-, sé que importa el sacramento, pero también quiero que sea el evento del año, que todos sepan de mi felicidad.
-           Será como digas, pronto serás mi esposa y quiero que desde ahora seas muy feliz -¡Dios me perdonara por regresar el odio a mi corazón en su propia casa!
-           Que bueno que son felices –miré al Padre, siquiera sonrió.
-           Nos vemos Padre, es noche y llevaré a Dana a su casa, no quiero que sus padres se preocupen.
-           Vayan con Dios, hijos –ambos besaron la mano del Padre a su turno.
            Dana venía adelante, pasó sin reparar en mí. Yo seguía tan atontada por todo lo recién ocurrido, que al ponerme de pie tropecé con alguien y sino fuese por la rápida acción de esa persona, hubiera dado al suelo.
-           Lo siento, ¿se encuentra bien? -¿por qué tenía que haber sido él?
-           Sí, gracias –me entretuve sacudiendo mi abrigo para no levantar el rostro.
-           Bien, me alegra saberlo –sentí que Bryan intentaba mirarme, debió pensar que era alguna turista, por muy cambiado que estuviera el pueblo, mi ropa era demasiado citadina.
-           Amor, ¿nos vamos? –vi como Dana tiraba de la mano de Bryan, y vi, su reluciente anillo de compromiso.
-           Felicidades, noto que están comprometidos –no pude evitarlo, tenía que sacarme esta rabia de alguna manera.
-           Gracias –como siempre, Dana de altanera.
-           Gracias señorita…
-           De nada –no, aún no les daría el ‘gusto’ de saber que Liy Logan estaba de regreso. Ellos salieron después, hasta entonces levanté la vista y los vi salir.
-           ¿Puedo ayudarla en algo? –me había quedado entretenida en ver como ese par se alejaba, que no pude evitar asustarme con la voz del Padre William, inmediatamente giré…
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1468 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Sáb, 14 de Ene, 2006 6:10 pm
Asunto: ^º^MI SAL Y MI PIMIENTA^º^ - -CAP. 8 Y 9- -
bryan_deutzy...
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Holas!
Les dejo dos capos para que se entretengan un rato jeje en lo que vuelvo a publicar (no pregunten fecha jajaja). Grax por sus feeds y no me maten si esto va ràpido
Las kero!
CuAdRiToS
 
CAP. 8
 
-          Un año después –
-           ¡¿Lo viste?! ¡¿Lo viste?! ¡¡Dime que lo viste! Liy por favor, ese hombre no podía pasar inadvertido –después de un año en aquel colegio, decidimos poner un pie fuera de nuestro seguro ‘hogar’, y obvio, todo nos maravillaba, empezando por el chico que dejó con la boca abierta a Mariana.
-           Sí, lo vi, pero calma Mar, el chico se dará cuenta…
-           Muy tarde, viene para acá. Sonrían, bellas, bonitas –dijo Ivi que saboreaba su helado de vainilla.
-           ¿Cómo me veo? –Mar no se quedaba quieta y sus ojos seguían sobre aquel chico.
-           Se te corrió el rimel por toda la cara y tus cabellos están de espanto.
-           ¡Ay no! –exclamó Mar acercándose a uno de los retrovisores de los tantos autos que se encontraban estacionados-. ¡Tarada! Me has pegado el susto de mi vida por nada, has jugado vilmente con mis emociones –a Ivi parecía no dolerle el golpe que Mariana le dio, por el contrario, seguía muerta de la risa.
-           Mar calma, no es por nada, pero con esos gritos vas a espantar al chico. ¡Ivi mira! –exclamé señalando un puesto de libros-. Ahí tienen ese librito que tanto buscamos.
-           ¡Así! El de Charles Dickens, vamos, no creo que esté muy caro. Mar te dejamos, me parece que no sola porque ahí viene el muchacho de la otra banca –Ivi y yo lanzamos la carcajada al ver la cara de espanto de Mar.
-           ¡Hey! No me dejen aquí, puede ser un pervertido sexual, un secuestrador, un hombre casado en busca de aventuras… ¡¡regresen!! –nosotras ni siquiera volteamos a mirarla.
 
 
-           Hola, ¿te puedo ayudar? Te ves como asustada.
-           Ho… hola. No pasa nada, gracias.
-           ¿Estás sola? –preguntó el chico con una sonrisa que podía enloquecer a cualquiera.
-           No, mis amigas están por allá –dije señalando al par de locas que iban de un libro a otro sin escoger uno.
-           Por lo visto tardarán, te invito a tomar un helado, una chica tan linda no debe estar sola, algo grave puede pasarte –yo no oculté la sonrisa, no había coqueteo más viejo que aquél.
-           Mmm –de vez en cuando era bueno resistirse un poco-… pues –viré mis ojos al dueto de locas amigas que tenía-, sólo si lo comemos cerca.
-           Claro, si gustas lo compramos en la esquina y nos sentamos en una de estas bancas, así tus amigas no te tendrán que buscar.
-           Gracias –silencié al recordar que aún no nos habíamos presentado-…
-           Mark, Mark Feehily –extendió su blanca mano.
-           Mariana Gray, pero puedes llamarme Mar –su mano era suave, el apretón fue fuerte y cálido, miré a los ojos de Mark, era una persona sincera.
 
-          Media hora después –
-           Te lo dije, Mar no desaprovecha el tiempo, tú preocupándote de su soledad y ella risa y risa con ese moreno.
-           Fíjate que no me había dado cuenta antes, pero ese chico me recuerda a alguien –al final decidí que Coelho luciría mejor en mi biblioteca, de todos modos, entre el centenar de libros que Ivi compró iba “Oliver Twist”.
-           Algún galán de TV –talvez, el joven parecía sacado de una portada de revista juvenil, o de uno de esos grupitos de moda.
 
 
-           ¡Liy, Ivi! Les presento a Mark –ni bien nos acercamos a ellos y la chifladita de Mar nos jaló para que conociéramos a su nuevo amigo.
-           Hola, ¿qué tal? Mark Feehily, a sus pies –el chico no se veía mal, pero Liy sí.
-           ¿Feehily? –un año, y esa niña aún me espantaba cuando ponía cara de sorpresa.
-           Así es, ¿nos conocemos? –el chico sonrió.
-           No, sólo fue una coincidencia –esa Logan me debía una explicación.
-           Mark estudia agronomía, recién ingresó a la universidad.
-           Es una buena carrera, entonces eres de Londres…
-           No, soy de Irlanda.
-           Pues ya son tres irlandeses. Imagino que Mary ya te dijo que es de Dublín –Mark sintió-, Liy es de Sligo. ¿Y tú?
-           Yo –lo noté nervioso al escuchar Sligo-… de Cork, sí Cork.
-           ¡Qué bien! Cork me fascina…
 
 
            Tenía que ser una coincidencia, ni siquiera era de Sligo, ¡cuántos Feehily no existían en este mundo!
-           Y no sólo a ti, creo que a Mariana y a mí igual.
-           Obvio, no hay irlandés que no guste de Cork, es como la imagen representativa del país.
-           No es que sea aguafiestas, pero ya es tarde para nosotras.
-           Liy tiene razón –dijo Ivi al comprobar la hora en su reloj.
-           ¿Si gustan las llevo al colegio?
-           ¡Claro que gustamos! –al mismo tiempo Mar se prendió al brazo de Mark, Ivi y yo los seguimos.
 
 
-          Sligo –
-           ¡Wow! ¡Querida, ese collar está precioso! ¿Diamantes genuinos? –visité a Carol por la tarde de aquel lunes, su cuello relucía por toda la casa.
-           Por supuesto nena –su vanidad no podía ocultarse un poco.
-           ¿Has vuelto a bajarle la mensualidad a tu sobrinita? –pregunté al sentarme en el sillón individual.
-           Mejor, la tonta rechazó por segunda vez el dinero –la vi reír con holgura-, me hace las cosas más sencillas.
-           ¿No temes que Liy esté tramando algo para recuperar su herencia?
-           ¡Qué ingenua, Dana! Conoces a esa niña, es tan idiota…
-           No lo sé Carol, no lo sé. Desde lo que hizo con Bryan no confío en su inocencia.
-           ¡Ay Dana! Tan pesimista como siempre. Mejor cambiemos de tema y cuéntame como va todo con Bryan, ¿algún avance?
-           Que atrasada de noticias, Carol. Bryan y yo somos novios desde hace una semana, creo que ese amor ‘eterno’ que sentía por tu sobrinita se acabó. Aunque Mairead no está muy contenta.
-           No hagas caso por esa, es igual a Liy, con sus caritas de moscas muertas se ganan la confianza de todo mundo, no te preocupes por ella.
-           Lo sé, además para Bryan soy una niña inocente –dije con la expresión más falsa de pureza.
-           Pues ahora sólo te queda seguir con la farsa, Liy ya no está aquí para arruinar nuestros planes…
-           ¿Quién lo diría? Tan fácil fue conseguir que Liy dejara el pueblo, ahora podré casarme con Bryan sin que nade se interponga y tú podrás gozar de la herencia de tu sobrinita, a la que por lo visto no le quedan muchos ánimos de regresar.
-           Así es Dana, no creo que esa idiota vuelva a poner un pie en Sligo –miré a Carol con esa expresión tan frívola y de total desamor con la que nombraba a su sobrina, sentí un escalofrío… ¿remordimientos? Era muy tarde para dar media vuelta.
 
 
-           Y por segunda vez, Mariana Gray vuelve a vencer a su contrincante, Liy Logan –dije al colocar mi última ficha en una de las tantas series numéricas que descansaban sobre la mesa y bajar mi tablero.
-           Presumida, suerte de principiante –se defendió Liy mientras ponía las fichas boca abajo y ambas revolvíamos las piezas para comenzar una nueva partida.
-           ¡¡Lo encontré!! ¡Lo encontré! Ya sabía yo que existía, que Dios lo había creado y que los ángeles lo enviarían a mí, tal y como lo imaginé –Liy y yo nos miramos, Ivette seguía de un lado a otro con aquel discurso incoherente-… ¡Existe! ¡Sí existe! –gritó al final.
-           ¿Te pasa algo? –preguntó Liy tocando la frente de Ivi y tomándole el pulso, yo reí.
-           Me siento mejor que nunca –respondió ella con un sonoro beso a la mejilla de Liy.
-           Haber Ivi, toma asiento, respira, relájate y ahora sí, cuéntanos que pasó.
-           Es perfecto, es magnífico, inteligente, guapo, caballeroso, todo un intelectual; tiene unos ojos divinos, unos labios perfectos, un cuerpo atlético, una mirada enloquecedora y una sonrisa de ángel –culminó a un suspiro.
-           Sigo sin entender, ¿de quién hablas?
-           ¿Cómo de quién? Hablo de John, del hombre más perfecto sobre la Tierra.
-           ¿John? Ivi, ¿John qué? Porque John es un nombre muy común y no me dice nada.
-           ¡Ay! ¿Qué importa el nombre? Eso es sólo una etiqueta, importa él, el hombre –boquiabierta y con los ojos fijos en Ivi, traté de entender.
-           ¿Y a qué se dedica?
-           Él estudia finanzas. Chicas, es el hombre perfecto, lo que siempre esperé.
-           Jamás en este año y medio te había visto así, me alegro por ti. Pues no queda más que conocer a nuestro cuñado, ¿verdad Mary?
-           Claro, y ahora Liy, sólo faltas tú…
-           ¡Ay Mar! Liy sigue pensando en su príncipe de Sligo…
-           No es cierto, de Sligo no quiero saber nada, mucho menos de…
-           ¿De Bryan Mcfadden? ¿Por qué tanto miedo a pronunciar ese nombre? No lo has olvidado, ¿verdad?
-           Están locas las dos, no sé de que hablan. Y ya les dije, no quiero saber nada de Sligo, ¿entendido? –asentimos, pero lejos de la vista de Liy, Ivi y yo compartimos una mirada cómplice.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CAP. 9
 
 
-          Cuatro años después –
-           Buenas tardes –dejé las llaves sobre la mesita de la entrada y me acomodé sobre el sofá, las zapatillas venían martirizando mis pies.
-           Liy, linda, ¿cómo has estado? –Mark llegó hasta mí y saludó con un beso.
-           Muy bien, gracias, un poco cansada, hemos tenido trabajo en la oficina.
-           Llevo años diciéndote que tomes unas vacaciones, desde que comenzamos la universidad te la vives entre la escuela y el trabajo –vi a Mariana sentarse sobre las piernas de Mark.
            Quizá Mariana tenía razón, un año después de llegar al internado comencé a valerme por mí misma, trabajé para cubrir la colegiatura y mis gastos personales; por suerte, contenté con la amistad de Mariana e Ivette, que en varias ocasiones me apoyaron con algo más que cariño. Cuando cumplimos veintiún años, las tres abandonamos el colegio que fue una segunda casa y rentamos un departamento juntas. El padre de Ivi y el hermano de Mariana siempre nos cuidaron y me adoptaron en sus familias, porque de Sligo y toda su gente, jamás volví a saber algo.
            Ahora Mariana seguía con Mark, él trabajaba en proyectos para el campo subsidiados por el gobierno inglés y ella ejercía en uno de los despachos más prestigiados de Irlanda. Ivette vivía dirigiendo las empresas de su padre, ayudada por su hombre perfecto. Yo, yo me desvivía entre la escuela de comunicaciones y la revista de mayor prestigio en todo Reino Unido, era, como muchos decían, la mejor publicista y la persona con mayor facilidad de palabra; de mis tiempos como la pueblerina subyugada no quedaban ni rastros.
-           Por Dios Mariana, la revista está en su mejor temporada, las clases apenas iniciaron; definitivamente no creo que sea tiempo para unas vacaciones –me puse de pie y caminé hacia mi cuarto.
-           ¡Testaruda! –escuché que gritó.
 
 
-           Cuando las veo discutir, ¿me pregunto cómo es que se han soportado todos estos años?
-           Somos hermanas, Mark, peleamos como cualquier familia, pero nuestro amor es más grande.
-           ¿Tan grande como el que me tienes? –preguntó con una pícara sonrisa.
-           ¡Así de grande! –dije estampándole un beso en los labios.
-           Por favor, un poco más de respeto a esta casa –escuché que dijo Liy en son de broma, había regresado de su habitación con ropa más casera-. ¿Dónde está Ivette? –preguntó desde la cocina.
-           No tarda en llegar, dijo que iría a comer con su “John” –los tres estallamos en carcajada.
-           Cuidado amor, que sólo ella puede llamarlo así.
-           No la entiendo, ese nombre no me gusta para él –vi a Liy sentarse en el piso con las piernas entrecruzadas y un gran plato de comida sobre ellas.
-           Glotona –ella me miró al momento-, haber pasa un poco de eso.
-           No Mariana, hace mal a tu dieta, después Mark te dejará por alguien más delgada y no quiero ser la causante de tus desgracias –rió en pleno.
-           Parecen niñas chiquitas, y si amor, tienes que mantener la línea o si no…
-           ¿O si no qué? Mira Markus…
-           ¡Hola familia! –mi ataque asesino fue frenado por la ruidosa de Ivette Blair-. El tráfico está horrible.
-           Hola a todos.
-           Hola, John –dije para molestar.
-           Gray retráctate, bien sabes que sólo yo le llamo John a mi bebé –al tiempo se colgó del cuello de su novio y lo besó.
-           Hola Kian, ¿cómo te ha ido?
-           Ves niña, deberías de aprender los buenos modales de tu novio. Mark eres un amor.
 
 
            No lo negaré, a veces me sentía fuera de lugar en aquella casa, más cuando Mark y Kian estaban de visita. No diré que ellos me trataban mal, contrariamente, ellos eran como dos hermanos conmigo. Aunque con Mark la situación era diferente, cuando yo le preguntaba por su familia o su vida, él comenzaba a ponerse nervioso, era muy reservado con sus repuestas, llegué a pensar que yo no era de su confianza; por otro lado, me demostraba todo el aprecio que por mí sentía, así que nuestra relación como amigos era confusa, era como si me quisiera pero no existiera la confianza suficiente. Sinceramente, Mark era extraño.
-           ¿En qué piensas Liy?
-           En nada Kian, en nada…
-           Pues haces mal, deberías pensar en las vacaciones.
-           Vas de vuelta.
-           ¿Vacaciones? ¿Alguien dijo la palabra mágica? –preguntó Ivette, que al parecer había entrado a su cuarto mientras yo me sumergía en mis pensamientos.
-           Mariana trata de convencer a Liy de tomar unas vacaciones.
-           Oye sí, es una buena idea.
-           No, he dicho que no –de pronto, en mi cuarto, mi celular sonó-. Los dejo, me llaman.
-           ¡¡Sabia!! Como si no escucháramos el teléfono –bromeó Mar con ironía.
 
-           Buenas tardes, ¿quién habla? –aquel número parpadeando en mi móvil me era desconocido.
-           ¿Liy Logan? –preguntó una voz masculina en la otra línea.
-           Ella habla, ¿con quién tengo el gusto?
-           Señorita Logan, tengo años tratando de localizarla.
-           ¿Pasa algo?, ¿quién es usted?
-           Lo siento, soy el abogado Jack Farrel, mi padre era el abogado de su papá. Hace tres años, con la muerte de mi padre –le dije sentir mucho su pérdida, a lo que él agradeció-, yo tomé los asuntos que él llevaba y entre ellos encontré el suyo.
-           Disculpe abogado Farrel, pero hasta donde tengo entendido mi padre dejó todo su dinero a mi tía Carol, el cual ella administró durante mi minoría de edad; dinero que imagino ya se agotó gracias a la poca inversión de mi tía.
-           ¿De qué habla señorita Logan? El efectivo no es lo único que su padre dejó.
-           Bueno, también heredó mi casa a mi tía, como su única familia aparte de mí.
-           Creo que hay un error señorita. La única herencia que su tía obtuvo fue una pequeña cantidad monetaria. La casa en Sligo, el rancho, el dinero, las joyas y las inversiones que su padre tenía en la bolsa de mercado irlandés, son para usted; tomando en cuenta estos últimos años, usted es multimillonaria.
-           Usted está equivocado, mi tía dijo que mi padre había perdido gran parte de su fortuna antes de morir, que sólo tenía el rancho y una cuenta bancaria a mi nombre, que si bien costeaba mi manutención de forma holgada, ya no era nada comparado con los buenos tiempos de mi padre.
-           O su tía no conocía de este dinero, o la estafó.
-           Sin lugar a dudas es lo segundo –apreté con fuerza el puño de mi mano izquierda.
-           Lo siento mucho, yo acabo de poner un despacho en Londres, mi dirección es –busqué lápiz, papel y anoté-… es necesario que venga para aclarar todo esto, porque su padre ha ganado varias acciones en diferentes empresas de Reino Unido e Irlanda, un mal manejo podría acabar con todo; no considero justo que el esfuerzo de su padre por dejarle un bienestar seguro, se vea frustrado con el beneficio de terceras personas.
-           Lo mismo pienso abogado Farrel, gracias por su llamada –del otro lado escuché un hasta luego.
            Desde hace cuatro años había rechazado el dinero que Carol enviaba, primero porque era una burla, y segundo porque no quería saber nada de ella. Como le dije al abogado, yo sabía de mi fortuna y renuncié a ella para que Carol me dejara en paz, además que no era una cantidad significativa, eso había dicho mi tía. A mí no me movía el dinero, pero como el abogado Farrel, pensé que no era justo que mi padre hubiese trabajado para alguien que no se lo merecía; eso fue lo que me molestó sobremanera, dejar que el esfuerzo de mis padres muriera en las manos de la persona que más daño había hecho a la única hija que ellos procrearon con amor. Era hora de cobrarme todas y cada una de las humillaciones que Carol me había hecho, era tiempo de limpiar mi nombre, ya era momento de regresar por lo que me pertenecía y ocupar el lugar que en Sligo me correspondía.
-           ¿Quién era? –Mariana me encontró de pie junto a la cama, con mi rostro enmarcado en coraje-. Liy, ¿te sientes bien? –preguntó acercándose a mí con preocupación.
-           Muy bien Mariana, mejor que nunca –miré a la nada con rabia y odio.
-           Yo no te veo bien.
-           No te preocupes, ¿estás libre mañana?
-           Claro, pero, ¿para qué?
-           Ya lo verás mañana.
 
 
            Mark, Kian y yo discutíamos en la sala acerca de un programa televisivo de concursos, cuando Mariana y Liy se nos unieron; Liy rápidamente se integró a la conversación, se le veía animada, pero sus ojos no reflejaban lo mismo. Observé a Mariana que se notaba inquieta, y con la mirada le pedí una explicación, ella sólo se encogió de hombros y meneó la cabeza de un lado a otro.
-           Y bien, ¿ahora puedes decirnos que pasó? –acababa de cerrar la puerta que los chicos recién habían cruzado  para dejarnos a las tres solas.
-           Recibí la llamada del hijo del abogado de mi padre, que también es abogado.
-           ¿Qué te dijo? –Mariana entrecruzó las piernas sobre el sofá y puso un cojín sobre ellas.
-           Podríamos decir que mi panorama económico cambió drásticamente –le dije que no entendía-. El abogado Farrel –escuchamos a Liy explicarnos toda aquella llamada-… por eso, Mariana quiero que me acompañes al despacho, para que te hagas cargo del caso. Querías vacaciones, nos vamos a Sligo –que determinación de Liy, es lo que siempre le admiré.
-           ¿Sligo? No era exactamente el lugar que se me antojaba, pero te lo prometí un día, iría contigo para poner en su lugar a las arpías que se aprovecharon de tu bondad –Mariana era esa especie de chica sincera y franca, que muchas veces molesta a los mentirosos; me uní al abrazo entre ellas, ¡uno para todo y todos para uno!, agregué.
 
 
-           ¿Sligo? Yo… yo no sé si pueda… el trabajo.
-           Mark, tú me dijiste que tenías vacaciones, no me hagas esto, Liy necesita de nosotros, recuerda que somos las únicas personas que tiene y aprecia.
-           Linda… tienes razón, Liy me necesita más que nunca; pero antes quiero confesarte un secreto, quizá toda la confianza que me tengas se pierda por esto, pero tengo que hacerlo por Liy.
-           Mark, me estás asustando –los ojos grises de Mariana se fijaron en mí, estaban expectantes, un poco temerosos; mi corazón latió fuerte, tenía muy claro que podía perderla, pero ahora Liy estaba primero y yo sólo recé al cielo porque Mar me comprendiera…
 
 
-           Mary ya habló con el abogado Farrel e hicieron los trámites necesarios para que ella se ocupara de todo el asunto, a Dios bendito que el chico es accesible y no puso algún pero –mi cabeza descansaba sobre las piernas de Kian, los dedos de él jugaban con mis mechones de cabello suelto-. ¿Nos acompañarás?
-           Por supuesto amor, creo que Sligo será un buen lugar para relajarnos y sobre todo, no podemos dejar a Liy sola con esto.
-           ¡Eres un amor! –me incorporé para darle un beso más que ruidoso.
-           Aceptaré más seguido este tipo de viajes –comenzamos a besarnos, la puerta cerrada nos permitía hacer cualquier cosa, como el amor, esperábamos no molestar a mis vecinas…
 
 
            Tres días fueron una eternidad para mí, los conté uno a uno, hora por hora, centenares de veces me sorprendí checando las manecillas del reloj; esta vez, llené más de una maleta, y ninguna era vieja…
            Abrí el ropero, al fondo había un cofre con recuerdos y tesoros míos; las fotos, el rosario, la Biblia y… el velo. Además de un juego de llaves, el de la casa más pequeña que mis padres poseían en el centro de Sligo.
            Fue inevitable, imágenes de mi antigua vida llegaron a mi mente, apreté los ojos con fuerza, porque me di cuenta que el tiempo se había llevado algunos detalles y no quería que la próxima ocasión que recordara mi pasado, sólo quedaran cenizas…
-           ¿Lista? –vi a Mark apoyado en el marco de la puerta, lucía una chamarra de piel color rojo quemado.
-           Sí. ¡Hey cuñado! Atuendo muy llamativo, eh.
-           ¿Puedo pasar? -¿en qué mundo estaba éste?, ¿no se quejaría por mi comentario?-. Liy, quiero que sepas que cuentas conmigo para todo, en mí tienes un apoyo incondicional. Pase lo que pase, estaré contigo, mírame como a un hermano –levanté la ceja, ¿qué rayos ocurría con Feehily?
-           Gracias –atiné a decir y después sentí los brazos de Mark apretarme con fuerza-. ¡Me asfixias! –él me soltó disculpándose-. Calma Mark, tampoco me he enojado; salgamos, los demás estarán impacientes.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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#1467 De: Claudia Lizbeth Martínez Moreno <bryan_deutzycool@...>
Fecha: Vie, 30 de Dic, 2005 11:36 pm
Asunto: MI SAL Y MI PIMIENTA ~CAP. 7~
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Holas!
Si, otro capo más jeje, sólo porque hay quienes lo pidieron jajaja.
Por cierto, Feliz Año Nuevo a todas, que Diosito las cuide y llene de bendiciones hoy y siempre, que sus familias y seres queridos también sean tocados por la mano de Dios. Sigo pirateando una frase jeje, "no dejen que sus sueños se cumplan, mejor háganlos cumplir. (Las veo hasta el otro año , no sé cuando
 
Y para mi grupo de Singing, por ahí me enviaron una cadena de mis 14 mejores amigas, lo siento, aparte de no tener sus direcciones en la libreta, no puedo escoger 14 jeje. Así que ese mensaje es para todas las chicas que siempre han estado conmigo en las buenas y malas, ustedes ya saben!! Las kero mucho!
 
Besos
CuAdRiToS
 
CAP. 7
 
-        ¿Está desocupado? –esa voz femenina terminó por despertarme.
-        Sí –después de frotarme los ojos miré a quien había hablado antes, la cual ahora ya se instalaba en el asiento de mi frente.
-        Me encanta viajar en tren, ¿y a ti?
-        Es la primera vez que viajo –contesté sin detener mi observación, era una chica de cabello negro y lacio, ojos grises, tez blanca y complexión delgada; vestía unos jeans ajustados y una blusa que no tapaba más allá de su ombligo.
-        Ya veo. Por cierto, me llamo Mariana Gray –dijo extendiendo su mano.
-        Liy Logan –estreché su mano como respuesta al saludo.
-        ¿Liy? ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Francés? –reí por su última pregunta para después explicarle con brevedad el origen de mi nombre.
-        ¿Estamos lejos de Inglaterra? –miré por la ventanilla, las horas que dormí me perdieron por completo del trayecto.
-        Demasiado, acabamos de salir de la estación de Dublín. Así que también vas a Inglaterra, ¿puedo saber el por qué?
-        Voy al colegio católico de Londres…
-        ¡¿No?! Esto es una enorme coincidencia, igual me dirijo para allá. Viendo que viviremos en el mismo lugar, ¿qué te parece si comenzamos a ser amigas? –Mariana era muy parlanchina, pero igual agradable y simpática, nada perdía con aceptar-. Te cuento, tengo dieciocho años recién cumplidos, huérfana de padres, hasta el día de hoy vivía con mi hermano mayor y su esposa, pero constantemente se muda gracias a su trabajo y por eso decidió enviarme al colegio. ¿Y a ti qué te lleva allá? –su vida era un poco parecida a la mía, aunque ella sonreía, quizá eso me inspiró la confianza suficiente para contarle mi historia.
         Al principio mi sonrisa se limitaba a una simple mueca labial, por eso me sorprendió la magnitud de mis carcajadas conforme nuestra charla iba avanzando. Hablamos de cosas serias, de escuela, familia, amigos, de trivialidades que nos atacaron de la risa. No recuerdo un momento de mi vida en que haya reído tanto, al menos no hace muchos años.
-        Alex –como se llamaba su hermano- dice que me parezco a mi madre, ella solía ser una anfitriona incomparable en las reuniones sociales, y bueno, yo hablo hasta por los codos; por eso decidí estudiar leyes.
-        Pues al menos ya sabré a quien acudir cuando tenga algún lío con la policía.
-        Abogada Gray a sus órdenes –dijo con una reverencia muy chistosa.
         Agradecía a Dios por no olvidarse de mí, porque de nueva cuenta ponía ángeles en mi camino. En mi interior hubo un sentimiento de algo grande, no sé si era bueno, pero debía serlo si el cielo brillaba mientras miraba por la ventanilla.
 
-        ¡Liy despierta! –entreabrí los ojos, conforme fui despertando estiré los brazos y vi como Mariana acomodaba sus maletas y se colocaba un suéter rojo.
-        ¿Te gusta ese color? Pregunto porque he observado que muchos de tus accesorios son en ese tono, y ahora el suéter.
-        ¡Me encanta! De hecho, a la primera oportunidad que tenga me teñiré el cabello de rojo –dijo con un tono que convencía-. Dentro de quince minutos llegamos a la terminal, mi hermano contrató un servicio de transporte que pasara por mí, ¿vienes? –preguntó con una sonrisa.
-        No quiero molestar…
-        No es molestia, además vamos al mismo lugar, ¿qué dices? –asentí con otra sonrisa-. Perfecto.
 
         Bajé del tren, las personas iban y venían por toda la estación, me sentí tan provinciana con mi vestido de tirantes y mi delgado suéter de lana, y en mi mano, mi vieja maleta de cuero; me encontraba ahogada de personas con traje y abrigos de piel…
-        Juro que la próxima vez que tenga que subir a este tren, seré lo suficientemente importante como para ir a casa y recuperar todo lo que me robaron –no pude quedarme callada, mi corazón se revolvía en mi interior y las lágrimas prometían escaparse de mis ojos.
-        Verás que así será, y yo iré contigo –Mariana me abrazó y me puse a llorar en su hombro, llevábamos horas de conocernos, sin embargo, era como si tuviéramos toda una vida compartida, comenzaba a tomarle un afecto especial.
         Había un lujoso auto esperándonos. El auto se movía con lentitud por las transitadas calles de Londres, fui mirando por el vidrio, nada me recordaba a Sligo, ese pueblito tan hogareño, con su nuevo centro comercial, su placita, su kiosco, sus restaurantes a lo largo de la playa y su iglesia con sabor a provincia; en Londres no existía eso, los edificios eran enormes, algunos con sus antiguos toques arquitectónicos y otros más, forrados de acero y vidrio; museos, fuentes, plazas públicas, jardines, tiendas gigantescas, me resultaba casi imposible enumerar todo lo existente en esa gran ciudad.
-        Hemos llegado, señoritas –el carro se detuvo frente al colegio católico, la fachada era gótica y su tamaño imponente.
-        Gracias –contestamos a coro cuando descendimos del coche.
 
 
-        Hija lo siento –miraba a través del espejo blindado de nuestra camioneta, papá rompió de pronto el silencio desde el asiento extremo-, sé que todo ha sido muy difícil desde la muerte de tu madre…
-        Pero papá –dije volviendo al fin mi vista a él-, yo quiero quedarme contigo, mis maestros en casa son muy buenos, extrañé a Marie y a Paul… y a ti –terminé por abrazar a mi padre.
-        No llores hija –el auto dejó de moverse-. Eres lo que más amo en el mundo mi niña y sabes que más que tu padre soy tu amigo y nunca haría algo que te lastimara, seguro que harás muchas amigas…
-        Señor, llegamos –dijo Paul, nuestro chofer, al abrir la puertezuela de papá.
-        Gracias Paul. Ivette, baja –tomé mi pequeña maleta con la mano derecha y con la otra la mano de mi padre para poder bajar-. Nunca olvides que te amo, hija –los labios de mi padre se estamparon en mi frente.
 
 
-        ¡Wow! Esto es más grande de lo que imaginé –realmente que sí, llevábamos más de media hora recorriendo los pasillos de aquella escuela y parecía interminable.
-        Y yo ya me cansé. Mar, será mejor que vayamos a la oficina de la Madre Superiora –comenté después de consultar el reloj-; sirve que nos asignan habitación y no tenemos que seguir cargando todo esto.
-        Sí, además mis tripitas están molestando –ambas reímos.
 
         Al llegar a la oficina, un hombre de aproximadamente cuarenta años salía de ahí, por su ostentosa vestimenta me di cuenta que era millonario. Lo acompañaba, la que me imaginé era, la Madre Superiora y una chica delgada de cabello castaño claro.
-        Buenas tardes –saludamos juntas, recibiendo una agradable respuesta de parte de las tres personas.
-        ¿Usted es la Madre Superiora?
-        Así es señorita, soy la hermana Sophia.
-        Soy Mariana Gray y ella Liy Logan –al igual que Mariana besé la mano de la Superiora.
-        Señoritas Gray y Logan, bienvenidas, las esperábamos. Les presento al señor George Blair y a su hija, Ivette.
-        Mucho gusto –dije con una sonrisa.
-        El gusto es nuestro, señoritas.
-        Hola –noté un poco de tristeza en la mirada de aquella chica.
-        Señor Blair, ellas serán compañeras de su hija, las tres son de la misma edad e ingresarán al mismo grado –nosotras nos miramos mutuamente-. Mariana y Liy, acompáñenos, como acaban de escuchar, compartirán habitación con Ivette y como creo que están cansadas por el viaje y seguramente tienen hambre, iremos de una vez a su cuarto para que se instalen, después bajarán a comer.
-        Claro Madre –los adultos caminaban delante de nosotras-. Y dime Ivette, ¿vino tu mami con ustedes? –la chica bajó la mirada-. ¿Pasa algo? Yo no quise –se disculpó Mar con preocupación-…
-        Nada, es que mi mamá murió hace dos años.
-        Lo sentimos.
-        ¿Liy te das cuenta? -¿de qué?, pregunté-. No me tomen a mal, pero las tres tenemos algo en común –seguía sin entender-, lamentablemente las tres somos huérfanas –Ivette paseó su mirada por nosotras-. Sí, es una larga historia –terminó por decir Mar al notar la actitud de ella.
-        Bueno… al menos entenderán mi dolor sin verme con lástima –comentó Ivette tímidamente-, y pueden llamarme Ivi.
-        Mar, es más corto –le dijo con una sonrisa.
-        Ivi, tu papá parece tener dinero, no entiendo por qué estás aquí.
-        Desde que mamá murió, abandoné la escuela y mi padre contrató profesores particulares, dejé de frecuentar a mis amigos; desde entonces reduje mi mundo a mi padre y a mí. Pero últimamente él ha estado muy ocupado en la empresa y le preocupa que yo pase tanto tiempo sola; la hermana de Marie, nuestra ama de llaves, le comentó a ella de este colegio y como dicen que aquí sobra amor, Marie le dijo a mi padre. ¡Y heme aquí!
-        Algo parecido –mientras llegábamos al cuarto contamos una introducción de nuestras vidas, pero aún había mucho por decir…
 
 


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