Holas!
Grax por los regalos y buenos deseos, Pami y Jael nos han seguido ayudando con el festejo que va para largo jeje esta si que ha sido una semana llena de fiesta!!!
Aunque después del show de mi cumple... qué vergüenza! Les juro que jamás había tomado jeje y ese día se me pasaron las copas y el pobre de Bryan tuvo que soportar mi crisis veinteañera jeje (porque yo si cumplí 20 jajaja pobre Jael, le están agregando años jeje pero amiga, está bien que te defiendas, un año de juventud no se puede dejar ir jeje).
Pero como dijo un poeta veracruzano, Jorge Hdez. Utrera, "Soy feliz porque no vivo con la edad que tengo, sino con la que siento", algo parecido a Gabo jeje
Bien, cambiando de tema, el poema del fic me agrada, y aunque parece no encajar, veámoslo desde el punto de vista en que ella cree que tiene una estrella casi extinguida... ya me entenderán al leer jeje.
BiSeS
cLaU
Cap. 6
Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y veras que hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.
Jaime Sabines
- ¿Ya los viste?
- ¿A quiénes? –pregunté a Ivi sin detener la lectura.
- A Kian y May. Míralos, últimamente están muy juntitos –en esta ocasión miré a mi amiga y a mi hermano.
- Alucinas. ¿Además, qué con eso?
- Yo quiero que Kian tenga una novia, May terminó una relación tormentosa, y le vendría bien comenzar algo con un chico inteligente, simpático, rubio, ojiazul…
- ¡Tú-estás-loca! –exclamé cerrando mi libro, previamente colocado el separador- Yo me voy
a leer a otro lado porque contigo no se puede –iba rumbo al jardín, cuando me fijé en Ivette, no apartaba la mirada de aquellas dos pobres víctimas de sus malos, sucios, negros y retorcidos pensamientos-. ¡Ivette Egan! –le grité.
- Lizy, en serio, ¿no lo has notado? –media hora después la tenía encima-. Es mucho tiempo compartido, May se sonroja cada vez que Kian abre la boca, Egan dice tonterías, tartamudea, May es pura risita tímida, Kian la ha invitado a casa tres veces en una sola semana, May le regaló unos pañuelos a Kian con sus iniciales
bordadas…
- Ivi…
- ¡Date cuenta!
- Sí, me voy cuenta que eres una perfecta chismosa.
- Sólo piensa: May sería la mejor cuñada que podríamos tener –fue entonces cuando reparé en el comportamiento de esas dos importantes personas en mi vida.
- Ivette, yo no creo que nosotras…
- Dios nos pone como una mano que hará su santa voluntad –gesticulé graciosamente, parecía de esos predicadores
baratos.
- Y bien, ¿cuál es el plan? –pregunté dándome por vencida, y poniendo mi Cien años de soledad en la mesita del jardín, para empezar mis martirizados veinte años de compañía con Ivette.
- Mira, yo con mi experiencia cupidesca -¡ay palabrita rimbombante!-…
Miré con nostalgia al voluminoso libro de pasta dura color verde olivo, sí, la edición conmemorativa de los cuarenta años de la obra, ésa especial lanzada por la editorial Alfaguara en conjunto con la Real Academia de la Lengua Española ; mi libro recién obsequiado por Bryan una semana antes y que apenas había comenzado a leer en la mañana. Lo miré con tristeza, porque al fin lo tenía, era mío, lo podría disfrutar, yo había jurado no leerlo hasta que fuese de mi propiedad y finalmente Bryan se había brincado la barda al
regalármelo, tanto que lo abracé eufóricamente y lo llené de besos, mi alegría consiguió sonrojarlo, seguramente de la vergüenza por tratarlo así en plena tienda departamental. Ivette no se callaba, observé detenidamente mi Cien años de soledad, le di un beso volado, y me resigné a no leerlo durante las siguientes dos horas, mínimo.
- En resumen, deben pasar más tiempo juntos, conocerse, la comunicación es la base de toda pareja.
- ¡Sabia! –señalé a manera de sarcasmo.
- La cuestión es, ¿cómo lograrás eso? –“¿lograrás?”, yo, Lizy, no, eso sí que no.
- Ivette, yo no soy buena para unir vidas, si no puedo conseguir novio ni para mí…
-
Un punto más a tu favor, con ello verás en que estás fallando –bufé resignada, Ivi me había atrapado.
- ¿Sabías que las estrellas son mágicas? –me preguntó una noche Bryan, el día en que Ivette me enredó con su plan “Rosas para May”.
- Sí, todo mundo dice
que hay que pedir un deseo a la primera –dije, mientras seguíamos recostados boca arriba en la azotea de mi casa, Bryan me interrumpió- …
- ¡No! No me refería a eso.
- ¿Entonces?
- Ya sabes que las estrellas son
cuerpos dotados de luz propia –asentí ante su clase astronómica-, ello se debe a factores físicos, químicos o lo que sean, según la ciencia. Pero yo siempre he pensado que la luz de las estrellas se enciende con la esencia de cada persona. Hay quienes dicen que los muertos se hacen estrellas, yo pienso diferente, pienso que cada ser vivo de este universo tiene su propia estrella, y sólo cuando se muere la luz se agota por completo, porque en vida, siempre tendrás una oportunidad más para encenderla –su teoría mágica-cósmica llamó mi atención y mi vista, lo escuché asombrada, cuando al fin calló, observé el manto azul lleno de lucecitas.
- ¿Cuál es tu estrella? La mía es aquella –dije señalando una de tamaño normal que
titilaba rápido, como si se apagara por instantes.
- La mía no se puede ver –lo miré triste, creyendo que Bryan tenía problemas como para creer que su estrella había dejado de brillar.
- ¿Por? –pregunté preocupada.
- Porque la mía se ve de día, ya sabes, el sol –estiré el brazo y lo golpeé en el estómago, ¡mendigo engreído!, él rió-. El plan de Ivette suena maravilloso, sobre todo porque ya imagino los líos en que te meterás –bromeó, cambiando drásticamente la conversación.
- Quizá, pero bueno, suena magnífico, May mi cuñada, me agrada la idea –nos miramos fijamente a los ojos, soltamos la carcajada por la imagen de May y Kian juntos, y regresamos la vista al cielo.
Yo miré mi estrellita, que no era tan pequeña, y estaba rodeada de muchas estrellas, presté atención en su lucha por no extinguirse, sentí como el corazón se me estrujaba. Quise que mi estrella fuera parecida a la de Bryan, así de enorme y llena de luz, bella; y al instante, admiré a Bryan por tener una estrella de tal magnitud…
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