Holas!
Jeje creo que el capo anterior dejó dudas. Liz no estaba embarazada, y no fue por ello que terminó su relación, pero ya saben, esta es una niña muy rara, vive mucho del pasado.. o quizá, no sé!! Mejor analicen su psicología jeje.
Bises
cLaU 

Cap. 5
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del
ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo).
Jaime Sabines
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)
Los días siguientes al aborto de May, Bryan y yo nos mantuvimos la mayoría del tiempo con ella. De hecho, una mañana, cuando los padres de May se hallaban trabajando, fui yo quien recibió a la visita inesperada.
- Hola.
- Hola, ¿en qué puedo ayudarle? –el timbre de la casa había sonado insistentemente durante un par de minutos, al abrir la puerta, me encontré con una joven alto, de tez blanca y ojos negros.
- ¿Se encuentra Mary? –volví a repasar el rostro del chico, quizá era alguno de sus compañeros en la universidad, eso comprobé segundos después-. Soy su amigo de clase, supe que Mary
estaba hospitalizada, no sé si ya le dieron de alta –sonaba amable, hasta simpático.
- Sí, pasa, acompáñame por aquí –subimos al cuarto de May-. Nena, tienes visitas –dije con una sonrisa al entrar a la recámara, imaginé que se alegraría con la presencia de su amigo.
- ¿Quién es? –preguntó Marianne, quien se encontraba en su amplio sillón de la ventana, cubierta de las piernas con una delgada sábana.
- Hola Mary, soy yo –él se asomó por la puerta y la sonrisa de mi amiga desapareció automáticamente, enseguida comprendí la situación y volteé furiosa hacia el umbral de la puerta.
- ¿Qué haces aquí?
- Necesitamos hablar Marianne –dijo avanzando dentro de la
habitación.
- Lizy, por favor –dudé en dejar sola a May con ese tipo, pero ella, entendiendo mi preocupación, añadió-. No hay problema –salí y preferí quedarme en el pasillo, no me gustaba escuchar conversaciones ajenas, pero no me iba a arriesgar con ese idiota que podía lastimar a mi amiga-. ¿Y bien? –le preguntó May al verse solos.
- Nena, te extraño mucho, perdóname.
- ¿Por qué no me dijiste eso antes?
- Porque no quería aceptar mi estupidez por perderte.
- Pues que coincidencia que lo hagas ahora que ya no estoy embarazada.
- Mary, te amo, entiéndeme, tuve miedo, pero ya ves lo que ha ocurrido, como el destino se nos facilita para poder estar juntos –“¡madito sinvergüenza!”, mascullé.
- Eres un imbécil –escuché a una Marianne serena, controlada-. Vete de mi casa y no vuelvas por aquí.
- Chiquita, no puedes hacerme esto, te amo.
- Cuando más te necesitaba, cuando más te amaba, tú me dejaste sin importarte nada. Lloré, no lo voy a negar, pero ese angelito que estuvo conmigo me dio valor y fortaleza para no dejarme morir, y me enseñó lo más importante, amarme a mí misma. Vete de aquí Adam, no te necesité antes, cuando otra vida dependía de mí, mucho menos ahora que aprendí a vivir sola y que tengo a mis seres amados conmigo. ¡Lárgate y haz de cuenta que nunca nos conocimos!
- Marianne…
- Olvídate de mi nombre, de mi rostro, de mi sonrisa, del aroma de mi piel, olvídate de mis ojos, de mi cuerpo, de mis caricias, de mis besos, olvídate de todos los momentos que pasamos juntos. Olvídame, porque yo ya no te recuerdo –Marianne, mi amiga de años, la niña de trenzas había madurado y dado un gigantesco paso, quise ser como ella, fuerte, valiente.
- May…
- Vete –el tal Adam salió y al toparnos en el pasillo, sólo alcance a sentenciarlo.
- Ya no está sola, ni lo volverá a estar. Ahora aléjate para siempre de su vida, ya hiciste suficiente aquí.
- Hola Marianne.
- Hola Kian –yo no sé como ocurrió, pero ellos dicen que todo se remonta a una fresca mañana de junio-. ¿Cómo te va?
- Bien, creo. ¿Tú qué tal?
- Bien, creo –contestó a
burla, Kian frunció levemente el ceño-. ¡Oh Kian! Vamos, es una broma.
- Lo sé. ¿Bryan y mi hermana?
- Me han abandonado –dijo dramatizando su respuesta-. Bryan tenía una sorpresa para Lizbeth.
- ¿Sorpresa?, ¿qué
o qué?
- No sé, creo que le pedirá que sea su novia –no es necesario haber estado presente, imagino que Kian comenzó a toser efusivamente, May debió burlase de él-. ¿Celoso, Kian?
- No, pero Bryan, Lizy…
- Me
diviertes. Lógico que esa no era la sorpresa.
- ¡Uff! –exclamó mi hermano a un suspiro- Esas bromas no se hacen, May.
- ¿No te agrada Bryan para cuñado?
- No es eso, sólo que…
¡olvídalo!
- Pues no sé tú, pero a mí no me sorprendería que Bry…
- May, ¿tienes algo por hacer? –preguntó para interrumpirla.
- No, creo que no, ¿por?
- Porque no hacer algo te hace pensar cada cosa. Vamos, te invito un helado antes de que el ocio te lleve a maquilar la tercera guerra mundial.
- Kian, mejor acepta que venías a invitarme –Kian se sonrojó, sabía que no era cierto, pero aquel comentario de May desarmó a un tímido Kiki.
No es que Kian fuese tonto, pero desde pequeños, Marianne siempre lograba poner en aprietos a mi hermano con sus bien planeados comentarios.
- May, ¿cómo lo haces?
- ¿Qué?
- Encontrar mi punto
débil –sus miradas se toparon, y esta vez fue May quien tiñó de rojo las mejillas.
Yo no sé como ocurrió, pero ellos dicen que todo se remonta a una fresca mañana de junio, donde según ellos, Bryan y yo fuimos los culpables. Yo siempre refuto ese comentario, “Bry y yo fuimos el pretexto”, digo muy a mi manera…
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