Holas! Le tengo más capos y agradezco el desgaste de sus ojos en leer este fic jeje.
BiSeS
cLaU
PD. May, siento tantos malos tratos jeje, eres mi víctima hasta ahora jeje
Cap. 4
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Amado Nervo
(En Paz)
- …y sigue enojado conmigo, ¿no crees que exageró?
- Acepto que Bryan no debió gritar cosas tan horribles, pero alguna razón tendrá para estar muy enojado, porque no recuerdo una ocasión en que se haya comportado de esa manera, ni cuando su ex-noviecita adorada lo engañó.
- ¿Pero qué?, ¿aburrido de mis
conversaciones?
- Es obvio.
- Dime –May arqueó una ceja y me observó con tedio.
- ¿En serio no tienes idea?
- No –dije, y Marianne se puso en pie.
- Liz, no puedo creer que estés tan ciega. ¿Por qué piensas que Bryan se desapareció de tu vida cuando fuiste novia de ése?
- Porque ellos nunca congeniaron, ¡ay! No me digas que Bryan lo odia tanto, entonces la regué al compararlo con él…
- ¡No tienes remedio! –bufó May-. Ve a pedirle perdón de rodillas.
- ¿Ya?
- Sí, ¡ya!
Sonreí y tomé mi mochila. Me despedí de May con un beso en la mejilla y acaricié su barriga que comenzaba a abultarse.
- Hola –saludé tímidamente al abrirse la puerta de la casa de Bryan.
- Hola
–tenía el cabello revuelto, llevaba puesta una bermuda color caqui y una playera sport blanca con una tabla de surf dibujada en el centro.
- ¿Podemos hablar?
- Pasa, cierra la puerta por favor –lo hice y dejé que me guiara hasta la sala, era raro ser sólo una
visita cuando hasta aparecía en el pequeño cuadro familiar-. Toma asiento, ¿deseas algo de beber?
- Agua, por favor –había corrido desde la casa de May, y realmente tenía sed.
Se alejó por el pasillo que conducía a la cocina. Su silueta de 1.80 era esbelta, nada parecido al chico de secundaria, al que todos llamaban Mcfatten. Recuerdo que desde primer semestre de preparatoria comenzó a jugar básquetbol, y en casa se
divertía levantando pesas. Bryan era un chico excepcional, talentoso en lo que hacía y, sobre todo, una persona de nobles sentimientos; su defecto, dejar que la gente se aprovechara de él. Sinceramente desconocía el por qué del disgusto de Bry, pero me alegraba saber que delimitaba mis actitudes para con él.
- Aquí tienes –no le sentí volver, sino hasta escuchar su voz.
- Bryan, perdóname. No sé porque te molestó tanto, pero un motivo muy fuerte debe ser, y me
encantaría saberlo para no volver a equivocarme. No quiero perderte, eres mi mejor amigo.
- Sólo no vuelvas a compararme con él. Yo también siento lo dicho, no quería lastimarte, hasta creo que dije de más.
- Vamos, yo sé que eso parece pero te juro que él no jugó conmigo, sólo, no sé, la distancia…
- Ya no importa Lizy, él se lo pierde –sonreí.
- Ivi está en casa.
- ¿En serio? –asentí- ¿Y qué hacemos aquí? –preguntó incorporándose y tomando mi mano- ¡Ay no, qué fachas! Espera, voy a arreglarme.
Bryan estuvo mucho tiempo enamorado de mi hermana, hasta el cuarto grado de primaria, realmente eran enredos de un niño chifladito como él. Ahora, ambos decían que esa relación nunca hubiera funcionado, eran seis años de diferencia, y bromeando, agregaban que eran demasiado perfectos para estar juntos.
- Nena –dijo Kian cuando recién llegamos-, May está en el hospital.
- ¿Qué le pasó? –intervino Bryan.
- Abortó.
- ¿Cómo? La dejé bien en casa.
- Su papá dijo que salió de bañarse y cayó, el piso estaba mojado.
- ¡Dios! –exclamé.
- Vengan, los llevo en el auto de Ivette –Kian tomó las llaves y nos dirigimos hacia la cochera.
Rumbo al hospital recordaba las palabras de May, “pase lo que pase, este niño nacerá y será muy feliz”…
* - * - * - * - * * - * - * - * - * * - * - * - * - *
- Creo que estoy embarazada –solté como quien tiene una bomba de tiempo entre las manos y lo único que desea es arrojarla lejos.
- ¿Qué? –él me miró atónito.
- Que quizá esté embarazada –volvió a recostarse, cubriendo su rostro con la almohada, yo permanecí inmóvil en la cama, sentada sobre mis piernas.
- ¿Qué vamos a hacer? Si al menos estuviera en noveno, yo no creo que mis padres –decía aún con la almohada encima, en ese instante supe algo que no sospechaba…
- Te lo estoy diciendo porque es mi obligación, pero si resulta cierto y no quieres quedarte con nosotros, no te preocupes, yo podré sola -…que era más valiente de lo que creía-, porque si éste niño está aquí –dije acariciando mi vientre con ambas manos-, va a nacer, no importa si el mundo completo me da la espalda. Nadie te forzará, si tu
decisión es no, nos alejaremos de ti –no lo miré porque entonces no soportaría las lágrimas, me quedé callada, esperando una respuesta que podía destruir mi vida en aquel momento.
- Claro que no te voy a dejar –dijo acercándose a mí-, es sólo que no estaba preparado para esto –me miró, y lo dos años que me separaban de él, desaparecieron-. Vamos a ser muy felices los tres –prosiguió mirándome a los ojos y con sus manos en mi vientre, yo sólo atiné a besarlo, y ese fue el único minuto en que le mostré que yo también tenía miedo, que sólo tenía dieciocho años y no sabía que iba a pasar.
Meses después, cuando ya no éramos nosotros, le pregunté entre lágrimas que hubiera ocurrido si ese bebé realmente hubiese existido.
- Yo ya no estaría aquí –contestó a través del teléfono-, estaría contigo y entonces la distancia no nos hubiera separado.
¿La distancia? ¿Realmente la distancia se
medía en kilómetros y horas? ¿Un bebé en mi vida? ¿Una familia cuando apenas estaba comenzando a vivir? Lo amaba con todo mi ser, pero cuan diferente sería mi vida si todo eso…
* - * - * - * - * * - * - * - * - * * - * - * - * - *
- Lizy, ¿no piensas bajar? –Bry me regresó al presente, apartando esos recuerdos que sólo eran míos y de nadie más.
- Sí.
El padre de May abrazaba a su esposa, ambos permanecían de pie en uno de los pasillos del hospital. Se notaban angustiados, la señora Anderson lloraba sobre el pecho de su
esposo.
Mi hermano, Bryan y yo, nos acercamos cautelosamente.
- Señor Anderson –dijo Kian, los padres de May pusieron su atención en nosotros-, ¿cómo está Marianne?
- La tienen en cuidados intensivos, perdió mucha
sangre, además se fracturó la pierna al caer y tiene algunos golpes leves.
- Lo sentimos tanto –contestó Bryan por los tres.
- Gracias chicos, May está sedada, hace una hora le hicieron las transfusiones de sangre y el doctor dijo que era mejor un rato de reposo.
- ¿Ya sabe lo de su bebé? –pregunté.
- Sí –dijo con más lágrimas la madre de May, que hasta entonces no había dicho algo- Está muy deprimida.
- La vida es tan misteriosa, que odio decir esto, pero siempre hay una razón para lo ocurrido –dije no sé por qué.
- Sólo Dios sabe –fue la última frase de Bryan, yo lo miré, me había repetido cientos de veces aquello y siempre le dijo que era tonto decirlo, pero hoy, por lo ocurrido con Marianne y mis recuerdos, comprendí la sentencia de Bry.
Esa noche, Bryan y yo cuidamos a May. Ella despertó en la madrugada, me acerqué a la cama y tomé sus manos, la escasa luz de la lámpara hacía brillar el agua de sus ojos.
No la dejé llorar sola, en silencio acompañamos nuestras lágrimas. Ella lloraba por su bebé, por ella; yo, por ese bebé, por ella, por él, por la historia que nunca existió y por mí.
Los sueños rotos de cristal astillaban mi corazón.
Al final, May se limpió el rostro y sonrió ampliamente. Estaba en paz, su niño sabía que lo había amado, y ahora se encontraba feliz en el cielo, y cuidando por ella. Y la paz en su rostro me
quemaba, la abracé tratando de no lastimarla, comenzando a derramar mis últimas gotas de sal.
- Sólo Dios sabe –Bryan, cuan acertado estabas, y aunque doliera aceptarlo, mi vida no podía ser de mejor manera, sino sólo de ésta.
Llama gratis a cualquier PC del mundo.
Con una excelente calidad de sonido.
Yahoo! Messenger