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' º ' º ' Si aún es ella ' º ' º ' Cap. 7 y 8   Lista de mensajes  
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Holas!
No sé cuando vuelva a publicar porque ando con mucha tarea jeje, pero les dejo dos capos para que se entretengan.
Besos
cLaU
 

CAP. 7

 

-              ¡Pero es tu hija! –gritó Bryan, simplemente las palabras de Liz lo habían descolocado.

-              ¿Mi hija? ¡Ay Bryan! Yo no puedo verla así, o sea, soy muy joven, a lo mucho parece mi hermanita –era obvio que Liz no entendía su papel de madre, siempre había visto sólo por sus caprichos, porque ni ella misma se hacía cargo de su vida; la llegada de Liz le paso inadvertida, la relación a lo mucho era de una niña y su muñeca, lamentablemente, Sibyl era de carne y hueso.

-              Sibyl necesita de ti, de tus cuidados, tus atenciones. No puedes correr todo el tiempo a casa de tu madre para que cuide de la niña –Bryan era una persona muy paciente, además, el llanto de la beba lo hizo calmarse un poco-. Es tu hija, ¿entiendes? –pensó que Lizbeth sólo necesitaba tiempo, pero no, su esposa nunca cambiaría.

-              Aja –contestó ella mientras encendía el televisor.

** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ ** ~ **

-                ¡Estúpido, fíjate por donde conduces! –el rechinido del auto que venía en sentido contrario a él y los reclamos del conductor, sacaron a Bryan de sus pensamientos.

-              ¡Lo siento! –gritó al otro auto-. Liz, Liz –coraje, rencor, frustración, tantas cosas que nunca pudo decirle a Lizbeth.

 

 

-              ¡Shane! ¡Demonios! ¿Por qué no dijiste que venías? –a los gritos abracé al enano ése.

-              Bueno, yo me dije: Shane, Claudia no puede vivir sin ti –su comentario trató de ser sarcástico, sin embargo, había un dejo de tristeza en su voz.

-              A mí no me engañas, cosas buenas no te traen por aquí –lo senté a mi lado y me preparé a escucharlo.

-              Dana y yo discutimos, ella quiere cancelar la boda –abrí los ojos exageradamente, ese par tenía casi tres años de noviazgo, seis meses con preparativos de boda, y ahora Shane salía con esto.

-              ¿Y puedo saber cuál fue el motivo de la discusión? Digo, espero no sea un tontería –Shane me miró y agachó la cara-… ¡¿Qué?! No pueden echar a la borda tantos años por una tontería; tu actitud de huir no es muy buena, por cierto.

-              Dana está celosa de ti -¿what?-, dice que no es normal que todos los días hable por teléfono contigo, sin incluir que es una hora diaria de larga distancia; se queja de todo el tiempo estoy nombrándote, también dijo que no era normal que mientras tú estabas en Italia, yo pasara algunas noches contigo.

-                Imposible. Ella es una chica muy inteligente, según yo, entendía que nuestra relación era de hermanos, más que de amigos.

-              Pues ves que no.

-              ¿Por qué estás aquí, entonces? Eso la hará dudar más.

-              Fue ella quien me pidió que viniese. Quiere que descubra que tanto las amo a cada una.

-              ¿Cómo? –esa era una idea tonta, era obvio que él moría por ella.

-              Me dijo que a ti te extraño todo el tiempo, que hablo contigo porque no puedo vivir sin ti –sonaba lógico, pero Dana había olvidado los sentimientos de Shane, la vida no siempre es blanca o negra, puede haber grises.

-              Es absurdo, no puede poner a prueba tu amor de esa forma. Tú pudiste habérselo demostrado allá, hablando menos conmigo o yo que sé.

-              Está comprobado que no puedo perder contacto contigo, siempre serás especial para mí –esa frase me hizo recordar cuando nuestro noviazgo terminó, teníamos cinco meses de conocernos, salimos durante casi un año, pero al final descubrimos que el amor que mutuamente sentíamos era sólo amistad-. Lo que no sabemos ni ella, ni yo, es si yo puedo vivir sin ella –Shane me sorprendió, podía entender que Dana no confiara en le amor de Shane, que pensara que él aún me amara pero, ¿que Shane creyera eso?, simplemente asustaba.

-              Shane, ¿te das cuenta lo que estás diciendo? –él asintió.

-              Talvez ella tenga razón. Te veo luego, estaré en casa de papá –me besó la mejilla y salió de casa.

                A mí me dejó mil ideas en la cabeza, Shane había sido la única persona con la que mantuve una relación seria después de Bryan, y con él comprobé a quien amaba. ¿Si Dana tenía razón?, ¿sería yo capaz de intentar algo con Shane, otra vez?

 

-                Nuestro primer bebé.

-              No tienes idea de los feliz que me haces –esas fueron sus primeras frases al salir del consultorio, esto convertía al matrimonio de Ivi y Mark en algo perfecto.

-              Es… es –Ivette comenzó a llorar, podían ser lágrimas de alegría.

-              Nena, ¿por qué lloras? ¿Acaso no te pone feliz la noticia?

-              Por supuesto que sí, sólo que la recordé, cuando ella estaba embarazada…

-              Ivi, lo siento, pero sabes que no me gusta hablar de ella –Mark abrió la puerta del auto para Ivette y caminó al otro lado.

-              No lo entiendo Mark, ¿por qué nunca te agradó Liz? –Ivette miró a Mark mientras encendía el auto- Ella siempre fue muy amable contigo.

-              Ivette, no quiero discutir y sabes que si respondo a tu pregunta lo haremos.

-              Mark, todos ustedes piensan que ella era mala, ella sólo necesitaba un poco de comprensión, siempre fue la consentida de la casa, por eso a veces se comportaba… así. Sin embargo, Claudia si hizo daño y no por ello…

-                ¿Cuánto más vas a seguir ciega, Ivi? –ella bajó la mirada-. Hace mucho que sabes que eso no es cierto.

-              ¡No voy a enlodar la memoria de mi hermanita!

-              Pero prefieres seguir culpando a Claudia, te preguntaré algo. Si en lugar de Liz, hubiese muerto Claudia, ¿cómo estaría tu conciencia? –hubo un silencio sepulcral- No es necesario que respondas. Nena, eres una gran mujer, por eso decidí compartir mi vida contigo y sé que vas a hacer lo justo.

 

 

-              …si, Nicky, hijos, eso fue lo que dije, son parte de formar una familia.

-              ¿No crees que es muy pronto?

-                Tenemos un años de casados, además, no sé por qué te sorprende tanto, ya lo habíamos hablado y dijiste que sería una excelente noticia que pronto te convirtieras en padre.

-              Si, pero… yo –miró a Pamela, quien lo observaba llena de dudas por su comportamiento-. No sé si estoy preparado para ser papá –se pasó la mano por el cabello y soltó el aire contenido por la boca.

-                ¡¿Cómo?! O sea, si yo ahora te dijera que estoy embarazada saldrías huyendo. Cuando te vi con ese anillo entre las manos pidiéndome que fuese tu esposa, creí que habías madurado, ahora compruebo cuanto me equivoqué –salió azotando la puerta, con rumbo a casa de Claudia.

-              ¡Ay Lizbeth! Tanto daño me hiciste, te llegue a odiar, y hoy tengo miedo porque me parezco a ti –el vacío de la casa recibió sus palabras y el causó que volvieran a él.

 

 

-              Gracias –tras tocar la puerta de mi recámara, la cabeza de Bryan asomó en la entrada.

-                ¿Gracias? –dije a forma de pregunta.

-              Por hacerte cargo de Sibyl y por llevarla a tomar un helado; se me olvidaba –interrumpió antes de cerrar la puerta-, mi hija ya me contó que atinaste su sabor favorito.

-              Fue fácil, no sé por qué, pero Liz le inculcó muchos de mis gustos, como el amor por el helado de cacahuate –sonreí, sin querer mis ojos toparon con los de Bryan y sentí que mi piel se erizaba-. ¿Cómo te fue en el trabajo? –debía cambiar el rumbo de la plática, un tema más trivial me ayudaría a controlarme.

-              Bien. Disculpa que no platique mucho contigo, pero tengo que ayudar a Sibyl con su tarea.

-              No te disculpes, entiendo.

 

-              ¡¿Qué demonios pasa contigo Bryan?! No te compliques más la vida, pronto te alejarás de las Parker para siempre, como debiste de haber hecho el día en que Liz le tendió una trampa a Claudia –caminó con prisa al cuarto de su hija, mientras seguía hablando consigo mismo.

-              ¿De qué trampa hablaba Bryan? –Ivette alcanzó escuchar a su cuñado, pero quizá no tuvo el valor suficiente para aclarar su duda.

 

 

 

CAP. 8

 

-              Sí Bryan, es el restaurante “Avenue 9”… ¿Raro? Es un lugar muy elegante… Ya sé que es caro… ¡¿Estás insinuando que soy un tacaño?! Por esta clase de insultos es que no te invito a un sitio de prestigio… A las 7 p. m., ni un minuto más ni uno menos… Allá te explico… Adiós –Kian oprimió la tecla roja del celular y caminó a la salida del cuarto.

-              Kian, ¿qué se supone que estás haciendo? Citaste a Claudia en el mismo lugar y hora, y por lo que sé, tú tienes una junta de negocios, así que quedarás mal con los dos.

-              Bueno… yo… ¡está bien!, me descubriste. Pero conste que este trabajo de cupido lo aprendí de ti –Mary lo miró y no pudo evitar reír, Kian tenía cara de niño regañado.

-              ¡Ay Egan! Debiste platicarme lo que pensabas hacer, yo te hubiera ayudado para crear un plan perfecto –Mar y Kian eran cómplices en todo, en las travesuras, en las bromas, en el amor...

-              Lo sabía, sabía que estarías de acuerdo conmigo. Por eso te amo Mary, por tu apoyo incondicional –comenzó a llenarle el rostro de besos, mientras la abrazaba por la cintura.

-              ¡Kian no me hagas cosquillas! Egan mantén esas manos quietas… Egan… Ki… Te amo –terminó por decir al estar acostada sobre la cama.

-              Yo también May, te amo mucho –volvió a besarla, con pasión y ternura mezcladas en una caricia.

                Y en la recámara del cuarto de Kian volvieron a ser cómplices en el amor, a ser amantes tras esa puerta cerrada, como tantas veces lo habían sido antes.

 

 

-              ¿Bryan? –me sorprendió verlo en la mesa reservada por Kian, y sobre todo, descubrirlo solo.

-              ¿Kian también te citó? –preguntó al ponerse de pie y ayudarme a sentar.

-              Sí, me dijo que quería mi ayuda para darle una sorpresa a Mary.

-              Pues conmigo quería hablar de no sé qué –sonreímos tímidamente, recé por ver aparecer a Kian pronto, esta situación de estar sola con Bryan era incómoda.

                Sin embargo mi ruego no fue escuchado. La siguiente media hora paso lentamente, entre mis observaciones a todo el restaurante: descubrí una pintura de Van Gogh colgada a la pared de enfrente, conté alrededor de nueve bonsáis colocados por todo el lugar, canté en voz baja más de cinco canciones que se escuchaban para ambientar  y mis dedos acompasaron el sonido relajante del agua que caía de la cascada artificial e irrigaba todos los pasillos del restaurante haciendo de él, algo único.

-              Creo que nos dejó plantados –seguí la tímida sonrisa de Bryan y asentí -. Así es Egan, espero tu hermana  sepa ponerlo en su lugar, necesita de alguien que le jale las riendas –reí.

-              Pero aún así es un chico muy lindo. Eso sí, debió avisar sino podía venir.

-              ¿Van a ordenar señores? –un mesero muy joven se acercó a nosotros.

-              Ya estamos aquí, yo invito.

-              Está bien, no desaprovecharemos la oportunidad.

-              Aquí tienen –el chico nos extendió las cartas y después de unos minutos se alejó con nuestra orden.

 

                Vernos ahí debía resultar cómico para cualquiera de nuestros viejos amigos, nos comportábamos como en retroceso, quiero decir, simulábamos una pareja de jóvenes en su primera cita: miradas perdidas que de pronto se encontraban y asustadas corrían a posarse en otro punto; manos que iban del cabello a la cara y de ahí al cuello y tomaban pausa sobre la mesa, terminando con la servilleta enredada por ambas manos, dejándola con las obvias evidencias del sudor; monosílabos que se disparaban de forma inesperada y recibían una respuesta similar. Al final llegué a la conclusión lógica, Kian, inducido por mi pícara hermana, había maquilado esta peculiar cita con el propósito de unirme a Bryan; sin embargo, al término de la velada, descubrí que mi relación con Bryan no sólo seguía estancada, sino que había caído en la arena movediza de los recuerdos y ahora no encontraba un motivo al cual asirse para salir de las calumnias del pasado.

                Un seco y diplomático “buenas noches” por parte de Bryan, culminó “nuestra noche”, mientras yo cerraba la puerta de mi recámara.

 

 

-              …y desde hace una semana estoy en casa de mi madre –escuché con atención el relato de Pamela, me parecía un caso interesante dentro de la problemática marital, a la vez que presentaba algo tan vulgarizado en este ámbito, sin que por eso se le hubiese hallado una solución general; inmersa en mis cavilaciones, que sinceramente no me daban una forma de ayudar a mi amiga, exploté en una carcajada con la última frase pronunciada-. ¿Dónde está lo gracioso? Claudia, tengo un problema que amenaza con destruir mi matrimonio, esperaba un poco de comprensión de tu parte y no este excesivo ataque de risa.

-              Lo siento Pamela, tienes razón, además no me río del asunto en sí, pero me parece sumamente irónica la solución que le has dado, por no decir contradictoria.

-              Me explicas.

-              Te molestas con Nicky por su inmadurez, quizá familiarizada con la cobardía a asumir una responsabilidad tan grande como la de ser padre, pero paralelamente, en lugar de luchar por tu familia y por Nicky, huyes a casa de tus padres. ¿Qué solución se puede dar en tales circunstancias? Bien es conocido por el mundo, que el diálogo conduce a la luz. Abandonando tu casa, la cobardía de Nicco gana terreno y te pone a su nivel.

-              Él tiene que buscarme, y será cuando se vea obligado a tomar una solución…

-              Pamela, no es una obligación. Nicky y tú se casaron no para ser uno, sino para formar un tercero, que es el amor de ambos, un amor que debe tener una personalidad conjugada por los dos. Si ustedes, a pesar de sus diferentes gustos y objetivos, construyen un tercero con el que estén conformes, o mejor dicho, felices, habrán logrado su matrimonio. Es cierto que algunas veces él o tú tendrán que ceder, adoptando el parecer del otro, parecer al que el ‘seudo’ perdedor aportará intereses, gustos, convicciones o como quieras llamarle.

-              ¿A qué quieres llegar con esto?

-              Por lo que veo, Nicky no aborrece la idea de ser padre, sólo no se siente preparado, ¿por qué? Esa respuesta la tiene él. Como su esposa debes ayudarlo a encontrar su respuesta y ver la manera más viable en que puedan salir de este hoyo, ya sea retrasando un poco el embarazo, si es tiempo lo que él necesita o haciendo otra cosa. Si al final, aun con tu apoyo, todo sigue igual y tú no puedes renunciar a tu deseo maternal, entonces queda la separación. Al huir, no sólo actúas como él, sino que los dejas solo con su problema, que a luces es tuyo también, obligándolo a decidir; lo único que puede ocasionarse es una ruptura prematura o que él te complazca, siendo esta resolución de fatales consecuencias.

-              Tienes razón, algo está mal y no sabré que es ni como enfrentarlo si sigo lejos de Nix. Me quedaré en casa y no me apartaré de ahí, a menos que no haya otra solución.

-              Me alegra, ya sabía que mi amiga no podía ser tan infantil. Aunque te sigo viendo como la niña de coleta rubia y los lapiceros de figurillas rosas…

-              Tonta –mi comentario logró arrancarle una sonrisa-. Te dejo, tengo que ir por mis cosas a casa de mamá y papá. Cuídate –me puse de pie para despedirla y acompañarla a la puerta, donde nos despedimos con un abrazo y un beso.

 

 

 

 

 



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Vie, 9 de Feb, 2007 7:07 pm

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