A mi querido grupo: lo siento, volveré a desaparecer jeje, sorry!!!!
Besos a todas y disfruten de los capos
cLaU

CAP. 5
Llevaba
cuatro años de que mi buena estrella se apagara, no me pregunten como
sobreviví. Ivi caso no intercambiaba palabra conmigo; Lizbeth, ella, bueno, no
paraba en casa y cuando estaba, se mantenía encerrada en su cuarto con Bryan.
Me
sonaba extraño que mi hermana continuara con Bryan, aunque era bueno, para
ella, para la familia y quizá, para mí.
- ¿Y
bien?
- ¡Shane
estás loco! Yo no puedo…
- Oye,
otra oportunidad como ésta no la tendrás. Claudia, mi papá te ayudará con los
gastos de manutención, serán dos años y de ahí te convertirás en alguien
totalmente independiente.
- Es
Italia, otra cultura, otro idioma…
- Que
tú manejas a la perfección. Quería una vida nueva, te la estoy dando en bandeja
de plata.
- Lo
pensaré…
- Mañana
a las diez a.m. sale el avión, no lo pienses mucho.
Era
lógico que Shane tuviera razón, pero bueno, si quería una vida nueva tenía que
acabar todo este enredo con Liz. No lo negaré, Bryan era un motivo muy fuerte
para quedarme, guardaba la esperanza de recuperarlo.
- No
has comido nada –la sopa caía por mi cuchara una y otra vez.
- Papá
–el pretexto de la falta de apetito sería mi justificante, pero Lizbeth y Bryan
llegaron en ese momento-…
- Familia
–Bryan y Liz estaba unidos por las manos, no soportaba esas escenas, continué
con el juego de la sopa y la cuchara-, Bry y yo nos casaremos –todos los
miramos sorprendidos, mi cuchara hizo un sonido horrible al chocar con el
plato.
- ¿No
creen que son muy jóvenes? –fue lo único que atinó a preguntar mi madre para
romper el sepulcral silencio.
- Señor
y señora Parker, yo quisiera…
- Estoy
embarazada. Bryan y yo queremos que el bebé nazca dentro de una familia.
- Señor,
sé que no es la forma correcta, pero acepto mi responsabilidad –mi corazón se
detuvo, hice todo lo posible por no llorar, Mariana que se encontraba a mi lado
apretó mi mano con la suya.
- ¿Se
dan cuenta de…?
- Papi,
entiendo que estés molesto, pero estamos haciéndonos responsables de nuestros
actos –Liz era todo, menos responsable, algo extraño había en esta relación.
- Anton,
creo que ahora es cuando los chicos nos necesitan –papá miró a mamá y esa
mirada derrumbó mi mundo.
- Tu
madre tiene razón Lizbeth. Si apoyé a Ivette con su matrimonio, también lo haré
contigo –después de eso vino el abrazo paterno.
Jamás
pensé que papá perdonara tan fácil una falta de ese tipo, pero se me olvidaba,
se trataba de Lizbeth, la consentida de la casa, la muñe. Liz fue quien otra
vez influyó en mis decisiones. Había soportado cuatro años de ver a Bryan con
mi hermana, pero esto era el colmo.
- Me
voy a Italia –dije de golpe.
- ¿Cómo?
- Papá,
obtuve la beca. El padre de Shane me apoyará económicamente. Terminaré mi
carrera allá y estudiaré la maestría.
- Pero
hija… Ya habías decidido no ir, ¿por qué el cambio? -¿qué contestaría a la
pregunta de mamá?
- …Una
razón era el dinero, pero el señor Filan se ofreció a ayudarme, eso cambia las
cosas.
- ¡Felicidades!
Hermanita te lo mereces, toda tu vida has luchado por esto –May fue la primera
en expresar su alegría, papá y mamá le siguieron, Bryan sólo me dijo algunas
palabras-. ¿No felicitarás a nuestra hermana? –preguntó Mary a Liz.
- Suerte
hermanita –ironía, coraje, envidia, sus palabras eran una mezcla de todos
aquello sentimientos.
- Gracias.
Con permiso, tengo que empacar, el avión sale mañana temprano.
- ¿Tan
pronto?
- Sí
mamá. Felicidades Bryan, te deseo lo mejor Liz, sé que serán unos buenos
padres.
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- Es
terrible todo, es como un silencio absoluto, salvo cuando la niña regresa de
clases y Mariana del trabajo; de ahí, sólo los insectos hacen ruido.
- ¿Y
cómo pasó? Todo fue tan de sorpresa –ya extrañaba a Shane, eran tres años de
vivir con él, de verlos todos los días y a toda hora, lo echaba de menos;
suerte que inventaron los teléfonos.
- Mariana
dice que Liz tomó una sobredosis de somníferos. Shane, mi familia está como
hermética, nadie habla al respecto, creo que Liz estaba atravesando por una
etapa de depresión. No he podido hablar tranquilamente con May.
- No
me asombraría que Liz estuviera con depresión, su vida no era muy normal. Las
veces que fui a Florida me la topé con su familia, no lucía buen semblante.
- Yo
tampoco lo dudaría. Pero como sea, es algo que ya no puedo remediar y que nunca
estuvo en mis manos componer; me duele porque es mi hermana, pero yo vengo a
buscar mi verdad y a recobrar el amor de Ivette.
- Lo
logrará, ya lo verás. Nena, tengo que colgar, quedé de pasar por Dana para
llevarla a cenar.
- Entiendo.
Cuídate y salúdame a
CAP. 6
- El
día que yo tenga una nena le llamaré Kelly.
- A
mí me fascinó “el retrato de Dorian Gray”, el libro de Wilde; así que a mi hija
le pondré el nombre de la chica que se enamoró de Dorian.
- ¿Cuál?
- Si…
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- Sibyla,
así le puso a la nena, también con eso intentó lastimarme. Recuerdo que una
noche llamó y me dijo: Claudia, quiero invitarte al bautizo de tu sobrinita
Sibyla. Puede sonar inmaduro, pero eso me dolió mucho.
- Ni
siquiera llamaste para felicitar, entiendo como estabas, pero eso también te
restó puntos con Ivi. Creo que Ivette debería escuchar todas tus explicaciones,
tiene que saber que tú no eres la mala.
- Pami,
para eso tengo que hallar las respuestas, Ivi no creerá en mi palabra. Ya no
quiero hablar de eso, mejor cuéntame cómo vas con Nicky.
- Ha
sido un año maravilloso, nuestro matrimonio parece estar bien, de hecho estamos
pensando en tener hijos pronto.
- Te
felicito. Me alegra saber que existen personas que si nacieron para formar una
familia…
- No
lo digas con ese pesimismo, Bryan y tú tienen una oportunidad ahora…
- Bryan
y yo somos pasado, un pasado que hace mucho murió.
- Mira
Claudia, yo creo que…
- Mi
amor, ya llegué –la puerta se abrió de pronto, hubo ruido de llaves y después
apareció Nicco, que raro lucía con ese traje negro, yo aún lo recordaba con el
uniforme de fútbol americano-… ¡¿Claudia?!
- ¡Nicholas!
–nos abrazamos.
Esa
tarde decidí quedarme con ellos, había tanto por platicar, tantos recuerdos de
cosas que viví con ellos y por tanto, eran los únicos con los que podría reír
sobre viejas anécdotas y peor aún, con ellos recordaría lo que los años
borraron de mi mente y no de mi corazón.
- ¿Qué
buscas aquí? –una noche decidí husmear en el cuarto que Liz e Ivette habían
compartido, todo parecía seguir igual a cuando ellas lo habitaban.
- …buscaba
fotos, ya sabes, cosas que me ayuden a no olvidarla –contesté a Ivette, que me
miraba seria y poco convencida de mi argumento.
- A
Liz no le agradaría que tú revisaras sus cosas. Además, desde hace mucho
olvidaste que Lizbeth fuese tu hermana, hace mucho la olvidaste –me miró y yo
no supe que responder a ese ataque, como fuese, Ivi tenía razón, aunque las
cosas no eran como ella creía.
- Quizá
estás en lo correcto, pero créeme, encontraré lo que vine a buscar y que me
hizo olvidarme de ella –al salir de la recámara pasé muy cerca de ella y
sonreír, mi hermana se volteó sin importarle mi gesto amistoso, y más que
nunca, comprendí que Liz debería responder todas mis preguntas, y sí ya había
perdido una hermana, no perdería otra.
- ¿Y?
-¿dónde podría encontrar alguna evidencia? Yo sabía que Liz llevaba un diario,
pero ¿dónde lo dejó?, ¿y si se lo había llevado con ella?- Claudia, ¿en qué
piensas?
- ¿Ah?
–Mariana estaba de pie frente a mí y me observaba con extrañeza- Se te ve bien
–dije al reaccionar y opinar sobre su vestido de novia.
- ¿Qué
pasa nena? ¿Tiene que ver con Liz?
- ¡Ay
Mariana! –exclamé a un suspiro y mi hermana, como pudo con ese vestido, se
sentó a mi lado- No sé que estoy haciendo, yo debería estar ya en Italia y no
aquí, moviendo un pasado que parece un laberinto sin salida. Ni siquiera sé si
encontrar mis respuestas y limpiar mi persona es lo mejor.
- Claudia,
estás haciendo lo que debes de hacer, si eso te da tranquilidad. Nunca me
agradó pelear con Liz, que ustedes ya no fueran las niñas inseparables que
complotaban juntas; y fue más triste ver como Ivi se alejó de ti.
- Lo
sé, pero la verdad dañaría a Liz, ella ya está fuera de este mundo, se me hace
poco ético salvarme hundiéndola a ella.
- ¿No
fue lo que ella hizo? Tú terminaste pagando todo. No quiero que pongas esa
carita, anda, sonríe –dijo estirando mis labios con sus dedos a modos de
formarme una sonrisa-. Ves, es mejor así. Te quiero mucho Clau, tanto como la
quise y quiero a ella, pero no es justo –abracé a Mary, y apoyando mi cabeza en
su hombro, suspiré-. ¡No se te ocurra llorar! Arruinarás mi vestido –ambas
reímos,
- Mamá
era como tú, pero su cabello era rubio y el tuyo castaño, pero mami no usaba
lentes –sorprendida, aparté la vista del libro, Sibyl estaba parada al pie de
las escaleras, traía puesta una batita rosa de dormir y en su mano izquierda
cargaba una almohadita.
- Bueno,
tú mamá y yo éramos gemelas, por eso nos parecíamos mucho. Cuando estábamos de
tu edad, el color de nuestros cabellos era el mismo, el de ella un poco más
claro y…
- ¿Tú
que haces? ¿También tienes bebés? ¿Dibujas vestiditos?
- No,
yo no soy diseñadora como tu mami –realmente Liz nunca fue diseñadora, estudió
la universidad por cumplir el gusto de papá, pero jamás ejerció-. Yo trabajo en
la radio, soy como reportera.
- ¡Ah!
¿Cómo la tía Pami? –sentí algo de envidia hacia Pamela, a ella que realmente no
era su familia, Sibyla le llamaba tía.
- Algo
así. ¿Y esa almohada? –Sibyl al fin decidió acercarse, al parecer la idea de
explicarme todo sobre su almohada, la hizo perder el miedo.
- Es
mi almohadita de ositos mágicos, mamá la hizo para mí un día que no estaba
enojada, cortó una colcha viejita que guardaban en ese cuarto –su dedito
señalaba hacia mi antigua recámara, bueno, la que de nuevo habitaba.
- ¿Me
dejas verla? –mi sobrina puso su ‘tesoro’ en mis manos, al verlo de cerca,
recordé mi sábana favorita, en otra situación me hubiese molestado mucho, pero
la sonrisa de Sibyla al decirme la historia de su almohada me recordó mi misma
alegría al taparme con ese pedazo de tela- ¿Sabes? Esa colcha vieja era mía, me
alegra que tu mami la haya utilizado para esto.
- ¿No
te enoja?
- Por
supuesto que no, tómala como un regalo de tu tía Claudia. Pero, ¿qué haces
despierta a esta hora?
- Papá
se durmió y olvidó cantarme, “Buenas noches princesa”, y no puedo dormir.
- ¿Cómo
va la canción? –Sibyl cantó dos veces su canción para que yo pudiera aprenderla-.
Ven, sube –ella se recostó en mi regazo-… Buenas noches, mi princesa, es hora
de dormir; tus ojitos azul cielo, deben descansar. Buenas noches, mi princesa,
un beso te daré. Y duerme, duerme, mi princesa, aquí yo estaré, nada temas, a
tu lado, yo me quedaré. Buenas noches, mi princesa, tu sueño velaré, y los
ángeles, muy pronto, te harán soñar. Buenas noches, princesita, tienes que
dormir” –la miré, dormía con la almohada abrazada a su pecho, era tan pequeña,
tan frágil.
- ¡Sibyl!
¡Sibyl! ¡¿Sibyla dónde estás?! –a lo lejos escuché los gritos de Bryan, me
tallé lo ojos y miré el despertador, 7:30 a.m.- ¡Sibyla! –observé mi cama, la
nena dormía conmigo.
- Shh
–salí del cuarto con una bata encima y silencié a Bryan-. Tranquilo, Sibyl está
en mi cuarto, anoche bajo, platicamos un rato y nos quedamos a dormir juntas.
- Ya
estaba asustado, Sibyl me preocupa mucho, es tan pequeña para vivir todo esto.
A veces me pregunto si entiende eso de que su mamá murió –vi a Bryan caer
derrotado sobre el sofá, el cabello desaliñado le cayó sobre el rostro, agachó
la cabeza y supe que lloraba.
- Siento
tanto todo esto que estás viviendo, Bryan. Pero no te preocupes, Sibyl es una
niña muy inteligente, no es como las niñas de su edad.
- Lo
sé –sonrió un poco, realmente estaba orgulloso de su hija-. Es sólo que me
encantaría darle una vida normal, que no sufriera estas cosas. No sabes todo lo
que Liz –sacudió la cabeza y guardó silencio, más secretos-…
- Bry,
verás que todo sale bien, sé que eres un gran padre. No puedes seguir así, ella
necesita a su papá, al hombre feliz que juega con ella y le canta antes de
dormir. Bry, no estás solo, tu familia y la mía no los vana dejar.
- Gracias
Claudia. Y aprovechando el apoyo, ¿puedo pedirte un favor?
- Claro,
dime.
- Del
trabajo iré a casa, debe estar un desastre, no he ido desde que tu hermana
falleció. El problema es que no tengo quien recoja a Sibyl de la escuela, no
quiero que vaya a casa aún.
- Iré
encantada por ella. De hecho, creo que la llevaré porque ya se te hizo tarde y
ella aún duerme.
- Muchas
gracias.
- No
hay que agradecer, Sibyla es mi sobrina.
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