Holas!!!
Toy de vuelta, este fic creo que no es la gran cosa, quizá no tenga un mansajote jeje pero me gusta la temática. Espero les agrade, y siquiera los entretenga. Por cierto, el primer capo puede tener una escena ofensiva, prometo que es la única jeje.
cLaU 

Si aún es ella
(la mujer de nuetras vidas)
CAP. 1
Al abrir la puerta del departamento me topé con la correspondencia en el suelo; arrojé las zapatillas por un lado y caminé rumbo
a la sala para tumbarme sobre el sofá. Recibo de agua, de luz, el gas, nada novedoso, excepto…
El teléfono marcaba la luz roja, había un fax quizá de algunas horas, el número era de casa. Es cierto que Mariana de vez en cuando utilizaba ese método para comunicarse, pero no era ella, sino… Bryan. Leía aquella hoja mal redactada, al terminar tenía el rostro humedecido por las lágrimas.
La quería tanto, tanto…
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- Claudia, ¿me ayudarás? Anda, tú ya presentaste ese examen, nadie lo notará.
- Liz, ya sabes que estas cosas no me gustan, yo puedo pero…
- Clau, por favor, Nicky me invitó a tomar un café –Liz no se alegraría porque el chico más popular de la escuela la invitara a tomar un café, pero bueno, era la vida de mi hermana, aunque
sí, me dolía lo que la gente comentaba de ella-. ¿Sip?
- Está bien.
- ¡Clau! –Bryan apareció gritando por el pasillo-. Por fin te encuentro –el pobre cargaba una pila de papeles, seguro el periódico escolar, él y yo éramos los encargados.
- ¡Wow! Hermanita, no sabía que tenías amigos tan guapos.
- Es Bryan Mcfadden, mi amigo del periódico.
- Clau… eh… yo… Ho –también Bryan se ponía nervioso ante mi hermana, bueno, era lógico, me asombraría que no fuese así- … Hola –cortésmente extendió su mano, pero olvidó los
papeles.
- Hola Bryan –Lizbeth no paraba de reír, yo sentí tanta pena por Bryan que lo ayudé a levantar el tiradero-. Gracias hermanita, te veo en casa, dile a mamá que tengo trabajo en equipo, llegaré tarde. Bye.
- ¡Pero Liz, yo…! –siempre tenía que
mentir.
- ¿Ella es tu hermana? –asentí- Es hermosa –dijo embobado, yo lo miré de reojo-… no te ofendas, yo –Liz y yo éramos gemelas, aunque su cabello era castaño claro, totalmente lacio y le caía a media espalda, siempre bien peinado-…
Y si ya empecé con el cabello, bien vale la pena decir todo. Sí, Lizbeth y yo hermanas gemelas idénticas, pero… No sé como decirlo, Liz era más… ¿femenina? Ya hablé del cabello, eso es poco. Sus pestañas siempre rizadas y separadas por el rimel, sus ojos delineados por el lápiz negro, sus párpados con sombra del color de su ropa, labios bien coloreados, rubor en las mejillas; linda en resumen. Yo, bueno, quitemos el maquillaje, pongamos una coleta mal hecha, unos lentes, un cuerpo muy delgado y… quedo yo. No quiero parecer un fenómeno delante de mi hermana, ni mucho menos digo que fuese fea, sólo que ella era la niña bonita y yo la simpática, buena amiga.
- Bryan, te pido un favor, déjalo así –él sonrió apenado.
- Tienes que presentármela.
- Después que deje de salir con Nicholas Byrne.
- ¿Permites que tu hermana salga con ése?
- Bry, con Liz no es de permitir o no, ella hace lo que quiere. Pero no te preocupes, sabe cuidarse. Ahora dime, ¿qué deseas?
- Una cita con tu hermana –lo miré con gesto raro-. Bromeaba “peque”, te tengo el material del siguiente número.
- Perfecto. Oye, linda foto, ¿él es…?
- ¡Oh sí! Kian Egan, el chico de último grado, ella es su hermana Pamela.
- La conozco, comparto algunas clases con ella. Se ven lindos, ¿no?
- Creo.
- ¿Nicholas? Van siete números de ver su tonto rostro impreso. ¿Por qué tenemos que publicitarlo?
- Porque es el capitán del equipo de fútbol de la escuela. A mí tampoco me agrada, pero es el consentido del director.
- Y de todas las niñas de la escuela, incluyendo a mi hermana. ¿Qué pecado cometí para tenerlo en mi familia? –Bry me miró para luego encogerse de hombros.
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- Claudia, ¿ya lo sabes?
- Sí, de hecho estoy empacando. En unas horas estaré allá.
-
Lo siento tanto. Cuentas conmigo.
- Lo sé y te lo agradezco mucho porque sé que no es fácil para ti.
- Eso es el pasado Clau. Además, tú y yo somos viejas amigas.
- Gracias Pamela.
- Nicky me pide que te diga que tienes todo su apoyo.
- Dile que aprecio mucho esta muestra de amistad. Te veré en casa.
No recuerdo como hice para empacar, yo no estaba en mis cinco sentidos; en el fondo de mi buró encontré una foto de ella, siempre hermosa….
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- ¡Otra vez! –gritó Ivette al
verme entrar disfrazada de Liz, no se veía muy contenta- Claudia, no me gusta que consientas todos los caprichos de Lizbeth, imagina que en mi lugar te hubieras encontrado con mamá, o peor, papá.
- ¡Ni de broma lo digas! Nos matan, Ivi no te enojes, yo lo hago con gusto.
- Como digas, y esta vez que fue.
- … un examen –dije después de unos segundos.
- ¡Ay Claudia! Nena, yo las quiero mucho a las dos, son mis hermanitas, pero no me agrada que Liz abuse de ti.
- No es abuso, sólo es un favor.
- Aja, ¿y ella cuándo te ha hecho un favor?
- Bueno… eh… la vez que –traté de recordar algo que Liz hubiera hecho por mí, pero no pude- …
- Lo ves, peque acéptalo,
esto que hacen no está bien, ni siquiera es justo.
- Pero… es mi hermana.
- ¡Ay peque!
- ¿Dónde es la fiesta de disfraces?
–preguntó Mary al llegar-. ¡Ah, no! Ya sé, las gemelas han rolado vidas otra vez, ¿me equivoco? –claro que no lo hacía-. Claudia, ¿no has pensado en mantener ese look siempre? Digo, así no tienes que correr a cambiarte cuando Liz lo necesite.
- Basta Mariana.
- Lo siento Ivette, pero dime si no es una medida lógica –Mariana era un poco más dura conmigo que Ivi, yo sabía que tenía razón, pero quería mucho a Liz,
además yo era la mayor por unos minutos, mi deber era cuidarla, como Ivi lo hacía con nostras tres.
- Mary…
- No digas más, Claudia, no quiero molestarme más contigo, realmente no peque –sacudió la cabeza y caminó escaleras arriba.
- ¿Dónde se quedó Liz?
- Ella… creo que en sus prácticas de baile.
- ¿Hoy lunes? ¿No le toca los viernes?
- Aja, por eso me pidió que la ayudara, ya sabes, práctica inesperada –Ivette no se la creyó del todo.
- Sólo espero que esté aquí antes de que mis padres vuelvan. Y tú, sube a quitarte todo eso. ¡Ay Claudia, no sé que haremos con ustedes!
- A… a… así… a –Lizbeth sólo tenía dieciocho años, pero ya era una experta en el sexo, más de media escuela conocía su reputación, no entiendo como Ivette nunca se enteró-… ¡Aa!
- Como se ve que todo lo que dicen de ti es verdad eres estupenda en la cama –Nicky comenzó a vestirse ni bien satisfizo sus necesidades.
- Y tú no te quedas atrás –ella no era el tipo de chicas que se envuelve en las sábanas “después de”, tampoco buscaba caricias o palabras dulces, ella sólo pedía sexo, por eso resultaba perfecta para la mayoría de los hombre, nada de compromisos.
- Ya me voy –Liz aún se ponía la falda.
- ¿Pagaste?
- Claro.
- De todos modos, salgo primero. Nicky –dijo volviéndose-, ¿esa tal Pamela Egan es tu novia?
- Si, ella no debe enterarse.
- Todo depende de ti, Nicky, necesito un lugar en el equipo de porristas.
- Lo tendrás…
- Pero, quiero ser capitana.
- ¡¿Qué?! Parker estás loca, Pamela es la capitana, le dieron ese puesto por todo su historial…
- No te pregunté, quiero el puesto. De eso depende tu relación con Pamela.
- Pero no puedo hacerle eso. Ni siquiera tienes pruebas de lo que ha pasado.
- Ella me creerá, ya lo verás –abrió la puerta del cuarto-. Tienes esta semana Nicholas –le advirtió antes de marcharse.
- ¿Puedo pasar?
- Si –Mary seguía pendiente a su restirador, algún plano debería estar dibujando.
-
Mary, yo sé que Ivette y tú tienen razón…
- Claudia, no quiero hablar al respecto, es la plática de todos los días. Créeme, si esto fuese de vez en cuando o si ella pensara en ti, no me molestaría. A las dos las amo mucho, son mis hermanas, pero sé que Liz no es tan noble como tú.
- No digas eso, lo que pasa es que ella es más sociable, más fiestera…
- Más fácil.
- ¡Mariana!
- Claudia, no estoy ciega como Ivi, sólo aparento no darme cuenta. Clau, Liz no es buena, yo sé que puede cambiar, pero mientras no lo haga, el que tú finjas
ser ella te puede traer graves problemas.
- No, no va a pasar eso, además Liz aceptaría su responsabilidad si eso pasara.
- Como quieras creerlo. Tú eres la más inocente de nosotras, peque, no quiero que te metas en problemas por los libertinajes de Lizbeth.
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Observé a mi alrededor, que sola me sentía, el departamento era demasiado grande para mí, miré por la ventana de mi cuarto, la ciudad ruidosa, el tráfico constante, el correr citadino sin importar los tres grados bajo cero. A pesar de todo, la carta había llegado en buen momento. Extrañaba mucho a mi familia, a mis amigos.
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