Holas!!
Dana lo prometido es deuda, aquí está tu capi jeje. Ya casi termina esto, espero no tardar con el último capi (porque luego quieren lincharme). Mark?? Bueno no pregunten mucho, quiza ahora se hagan bolas, pero al final prometo que sabránq ue onda ocn él jaja.
Clau
CAP. 17
Era tan bella y su perfección se acentúo más con el vestido de su desnudez; cada línea en su cuerpo parecía labrada por los ángeles, como una diosa, como una Afrodita, pero era real, y estaba aquí, para mí.
El frío piso abrazó nuestros cuerpos, no nos importó el lugar ni el momento, sino el hecho, lo que estaba pasando entre Dana y yo. Las yemas de mis dedos rozaban la suavidad de su rostro, nuestras bocas estaban consumiéndose mutuamente y en mi cuello iban quedando las huellas de sus manos.
- No te merezco Shane –con angustiosa expresión detuvo los besos.
- Te amo Dana…
- Y yo no merezco eso, tú eres tan bueno, yo tan sucia –evadió mi mirada, realmente las palabras venían de corazón-…
- Dana, no me importa el antes si para estar conmigo tuviste que vivirlo…
¿Quién era yo para merecer todo esto? ¿Qué había hecho yo, para ganarme a Shane?
- Shane –su nombre en un susurro escapó de mi boca, decían que los ángeles de la guarda existían, que eran personas que llegaban a ayudarnos en los malos momentos y ahora creía en ellos, porque Shane estaba rescatándome-…
- Déjate amar Dana, deja que yo te ame –sentí su aliento resbalar por mi cuello y humedecerlo luego.
- Ámame, ámame que yo ya te amo Shane.
El sabor de sus pechos deleitó mi boca y mis manos, su cuerpo se arqueó un poco cuando mi lengua se detuvo en su vientre. Ella no era una santa, yo lo sabía, y eso no era bueno ni malo, no ahora que ella era casi mía. Mis manos aparcaron entre sus piernas, mis labios acariciaron su sexo, ella dejó escapar un gemido y con sus manos retuvo mi cabeza pegada a su cuerpo, era algo que los dos estábamos disfrutando. Ella se sentó abriendo sus piernas, yo la seguí, necesitaba volver a besarla, no
existía sabor más dulce que el de sus labios. Mis dedos se deslizaron por sus muslos, mientras ella me entregaba de nuevo su cuello para cubrirlo de mis besos y mis caricias húmedas.
- No sé que sea la eternidad, Shane, pero hazme eterno este momento… hazme el amor…
Sus palabras me movieron el corazón, ya no era sólo el éxtasis del momento, ahora era algo más fuerte el motivo por el cual sentía estallar el pecho…
Su sexo se erigió entre mis manos ni bien callé, por fin comprendía a que se refería esto del hacer el amor. Acaricié toda su espina dorsal, yendo y viniendo de arriba abajo, una y otra vez; me tomó las caderas atrayéndome hasta él. Así como estábamos, sentados, fue entrando poco a poco en mí, sus constantes miradas me hacían sentir segura, sabía que él no me dañaría. El sudor apareció sobre nuestras pieles, volví a sentir el piso tocando mi espalda; Shane fue aumentando el
ritmo. Esa noche nuestros gemidos de placer fueron más fuertes que cualquiera que la naturaleza pudiera producir. Hicimos el amor no sé cuantas veces, y todas me parecieron maravillosas…
- Dulces sueños, mi princesita hermosa.
- Dulces sueños, mi cielo –me acurruqué entre sus brazos, creo que el frío de la noche me hizo temblar un poco.
- ¿Tienes frío? –asentí con la cabeza- Espero estés mejor así –enseguida su camisa cubrió parte de mi cuerpo-. Te amo, Dana.
- Yo también te amo, Shane –esa noche de lo último que fui consciente, fue de sus labios sobre los míos.
- A primera hora hablaré con Dana, tengo que romper el compromiso.
- ¿Cómo crees que lo tome? –teníamos más de tres horas sentados en ese sillón, yo no me cansaba de jugar con los rizos de su cabello, el olor floral que desprendía me agradaba.
- No lo sé Liy, sé muy bien que Dana es otra conmigo, que puede ser una niña caprichosa cuando se lo propone,
pero créeme, Dana no es mala.
- Eso lo sé, Dana tan sólo es una persona demasiado influenciable.
- Todo saldrá bien, ya nada podrá separarnos –retuve sus manos entre las mías, quería que supiera que esta vez me quedaría a su lado para siempre, que lucharíamos juntos contra todo.
- Eso espero Bryan –lo mejor sería salir de ese estudio, los chicos se preocuparían por nosotros-. No lo dudes, sobre todo Mar e Ivi, la curiosidad las debe estar agobiando –me lo imaginaba, ellas eran raras.
- Tengo que hablar contigo .dijimos a coro.
- Yo primero, por favor, es muy urgente.
- No Bryan, lo mío es importante –había algo extraño en Dana, mejor la dejaba hablar.
- Está bien, ¿qué es?
- Bryan, no puedo casarme contigo. Toda mi vida creí estar enamorada de ti, pero al fin me di cuenta que era una obsesión y ahora que he encontrado el amor verdadero –no sabía a que se refería Dana con todo esto, pero el tan sólo escuchar su primera frase me alegró-, no lo dejaré ir. Lo siento…
- ¡Gracias! –no la dejé continuar, eufórico la levanté con mis brazos, que feliz estaba.
- Bryan, no te entiendo.
- Yo venía a decirte algo parecido.
- Es Liy, ¿verdad? –asentí sin dejar de sonreír-. Se lo merecen, sí que los dos se aman, espero alguna vez me perdonen por haberme interpuesto tanto.
- Tú no tuviste culpa de nada…
- Te equivocas Bryan, aquella noche que Liy y tú fueron a la hacienda, yo puse sobre aviso a Carol, aunque ella fue quien descubrió el lugar. Perdóname, soy un poco culpable de esa separación.
- Ya pasó, no puedo guardarte rencor, tú siempre has sido buena conmigo, muy a tu manera, pero lo has sido –la abracé y escuché sus sollozos-. Vamos Dana, no hay problema.
- ¡Qué bueno eres! Ojalá Liy pueda perdonarme.
- Ya verás que sí.
- ¡Ni creas que te dejaré ser feliz! –la tía Carol
entró como loca a la casa, ¿qué le pasaba ahora?
- A mi casa no vengas a gritar, en tu casa…
- No dejaré que seas feliz Liy –cada minuto la notaba más furiosa, comencé a temer, los chicos habían salido a dar un paseo.
- Eso has intentado toda la vida, tía. Pero se
acabó, ahora ya no puedes hacer nada.
- Primero la herencia y ahora lo de ese tal Bryan, ¡no Liy! ¡¡Nunca serás feliz!! –que rápido corrían los chismes en Sligo; a pesar de todo aún era un pueblo.
- Tía, por favor, déjame en paz. Si es el dinero, adelante, tómalo, pero déjame en paz –repetí.
- ¡No! Juré vengarme de todos los Logan, y eso haré -¿todos los Logan?, ¿no recordaba su apellido?
- ¿Te has vuelto loca? -¿qué más podía preguntar?
- Primero esa tal Julia, terminó quitándome todo, y por culpa de tu abuela -¿quién era Julia?, ¿y qué tenía que ver la abuela Erie?-. Y luego tu madre, las dos son unas zorras.
- ¡Basta! A mi madre la respetas, antes era una niña miedosa, pero si vuelves a ofender a mi madre, te juro tía, que te arrepentirás.
- Yo nunca me arrepiento de nada Liy, ya deberías de saberlo. Tú eres igual que ellas, una oportunista, naciste en cuna de oro, pero no por eso seré menos que tú.
- Por favor tía, tú también eres millonaria, la abuela tuvo que haberte dejado una gran
fortuna.
- Si ella no existiera, claro que tendría todo el dinero que quisiera -¿quién existía?
- ¿Tía, de quién hablas?
- De Julia, de esa tonta que acabó por quitarme todo. Primero a mi padre, luego la fortuna y por último a mi esposo -¡demonios! Esa era la
mujer con la que mi tío se había ido.
- Seamos realistas, tú eres la única culpable de estar sola. Quédate con todo mi dinero tía, pero déjame vivir tranquila, quiero ser feliz.
- Y eso yo no lo permitiré, jamás, primero te mueres –la vi meter la mano a su bolso, todo un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando tomó el arma con ambas manos y apuntó a mi pecho-. Si yo, Carol Logan no pude ser feliz, menos lo serás tú.
- No cometas una locura, tía por favor –necesitaba suplicar por mi vida, no podía morir ahora que comenzaba a ser feliz, recordé a Dios, lo había olvidado por tanto tiempo-. No lo hagas, por favor.
- Siempre te he odiado Liy Logan, tú viniste a ser otra Logan cuando yo ya era la única; tú siempre fuiste mejor que yo.
- ¡Por Dios! Yo soy tu
sobrina, nunca nadie nos puso a competir, tú eres mi tía y yo tu sobrina –esta mujer estaba loca, amargada, ¿cuánto tiempo había convivido con una enferma mental?
- Pero fuiste mejor para todos, hasta para mi madre; eres igual a Julia, por eso papá –no podía hacer nada, Carol me miraba con más furia, sobre todo cuando recordaba a esa Julia-… pero ahora es tu turno –la respiración se agitó, todo me parecía en cámara lenta.
Una horrible explosión y de ahí todo negro,
oscuro…
- No me sorprende la reacción de Bryan.
- Tampoco a mí, no sé si Bryan no se daba cuenta o fingía no hacerlo, pero era obvio su amor por
Liy.
- Así es el amor, nunca se esconde.
- Nunca –Dana tomó mi mano mientras caminábamos por el centro de Sligo, sonreí a eso.
- ¿Y qué harás con tu familia?, ¿cuándo se los dirás?
- En cuanto llegue a casa, sé que mamá no lo tomará muy bien, pero es hora de tomar mis propias decisiones –no me había equivocado con ella, era una gran chica.
- Puedo ir contigo, claro, si lo quieres.
- Lo agradezco amor, pero tengo que enfrentarlos sola. Además, soy mayor de edad, no pueden obligarme a hacer algo que no quiero. De todos
modos, si yo no rompía el compromiso lo haría Bry.
- Dana, suena muy loco y apresurado, pero –desde la noche en que estuvimos juntos la idea me rondaba la cabeza-, ¿quieres casarte conmigo? –algo había en su rostro que me decía lo feliz que estaba-. Sé que falta el anillo, la cena y –no me dejó continuar, en seguida rodeo con sus manos mi cuello y me besó-… ¿es un sí? -¡¡qué preguntas las mías!!
- Claro que sí Shane, te amor y quiero estar contigo toda la vida –ahora me tocaba a mí besarla, yo
también la amaba.
- ¿Cuándo quieres que sea la boda?
- Lo antes posible amor. Me has hecho la mujer más feliz del universo.
- Ven eso –todos giramos la vista al lugar que señalaba Mary.
- Ahora entiendo por qué Dana no le hizo un escándalo a Bryan.
- Se ven bien, hasta diría que felices.
- Lo creo, creo que Shane tenía razón.
- ¿En qué Mark?
- En decir que Dana era buena chica, lo que le faltaba era enamorarse –el amor nos hace mejores, eso fue lo que dijo mi querida Ivette a Mark; la abracé y besé su frente, Dios me había bendecido con ella.
- Eso de la paternidad los ha vuelto más melosos. Mark, necesitamos un bebé –pobre Mark, como que aquello le cayó de golpe, lo noté en su constante toser.
- Liy, ya llegamos… ¡ay! –Ivette fue la primera en entrar, su grito nos asustó a todos.
- ¿Amor, te sientes bien? –Kian se acercó rápido a ella, pero al instante nos dimos cuenta que no era precisamente ella la que estaba mal.
- ¡Liy!
- Liy, por Dios reacciona –verla sobre el suelo con el hombro perforado por una bala, volteó mi mundo.
- Calma Mark, hay que llevarla al hospital. No la muevas –la voz de Kian me sonaba tan lejana, estaba actuando por instinto.
- Ivi siéntate, respira –noté la atención de Mary dividida entre Ivette, Liy y yo.
- No puedes Liy, no, nenita no –estaba llorando, el miedo de perderla me estaba haciendo olvidar la cautela.
- Buenas ta –Bryan entró de golpe, y así también se topó con noticia -… ¿Qué ha pasado? –cuando lo vi, ya estaba frente a mí, creo que buscaba algún síntoma de vida en Liy.
- No lo sabemos Bryan –Kian seguía al teléfono, tenía problemas con eso.
- Tardaste mucho, sabes que no me gusta esperar –la ansiedad en la voz de Carol era extraña, debía estar en problemas.
- Lo siento Carol, estaba arreglando unos asuntos con mis padres.
- Pues ojalá tus papás hagan algo para que Bryan respete el compromiso, agrádeseme que Liy ya no sea un obstáculo –los cigarros de Carol se consumían velozmente, cuando mencionó a Liy lucía tan contradictoria.
- Carol, fui yo quien rompió el compromiso, mejor dicho, fue un común acuerdo.
- ¡Tú estás
loca! No he hecho todo en vano Dana, no ha sido gratis todo este tiempo que invertí en ti –en lugar de estar molesta, como sus palabras lo hacían pensar, se encontraba sumamente nerviosa.
- Carol tienes razón, invertiste mucho tiempo en mí, pero se acabó, quiero una vida nueva. Se terminó Carol, me voy de Sligo con Shane, adiós para siempre.
- Eres patética, resultaste peor que Liy, al fin débil. Dame la espalda Dana, pero te repito, nada fue gratuito. Si quieres ser una tonta, adelante, pero hice
mucho por ti y es hora de cobrarlo.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Dinero, medio millón de euros –esa era una cantidad enorme, ¿para qué necesitaba tanto dinero?-. Y lo quiero hoy mismo, en esta cuenta.
- Carol, dame al menos una semana –tenía el dinero, se lo daría
si con ello rompía todo lazo con ella-…
- Lo quiero ya, a todo Sligo conocerá tu no tan perfecto historial –el escándalo me daba igual, pero Carol podía ser peligrosa.
- Bien, lo tendrás esta tarde. Carol, ¿por qué quieres tanto dinero?
- Eso no te interesa, pero
te advierto Anderson, si hoy no tengo el dinero en el banco, dile adiós a tu sueño rosa con ese tal Shane.
- Lo tendrás, tenlo por seguro –no dejaría que nadie interfiriera en mi felicidad-. Hasta nunca, me encantaría decir que fue un placer tenerte como amiga, pero sinceramente no lo fue –cerré la puerta tras de mí, estaba abriendo la puerta a una mejor vida, sonreí, aunque no pude evitar sentir pena por aquella mujer que tanto había influido en mi existencia y ahora tenía lo que merecía… la soledad.
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