Holas!!! Toy de vuelta, disculpen el retraso pero no tenía capos en la compu. Le dejo una recordadita del cap. anterior. Las quiero mucho y ya las extrañaba un buen!!! GRax por seguir leyendo!
Besitos
cLaU 

Pd. Tarde, pero, Felicidades a todas las chicas del club por el día internacional de la mujer y ya
saben, a vivr su libertad plenamente y no a la violencia contra la mujer! jeje
Pd. Ya bajé los fics de ustedes, en unos días me pongo al corriente
Al estar entre sus brazos sentí la calidez materna que en ella existía, mamá estuvo otra vez conmigo, su olor, su voz, su mirada…
- Ivi, calma, nena.
- Una niña nunca es linda cuando llora –sus dedos fueron limpiando mis lágrimas.
- Gracias señora…
- Mairead, que no soy tan vieja.
- Gracias Mairead –todo me parecía tan raro, quizá la vida había planeado este momento para reencontrarme con mamá, talvez Mairead había sido escogida para ser el vínculo entre mamá y yo…
CAP. 15
- Mairead fue muy atenta con nosotros, pero en esa comida estará Bryan, y tú…
- Markus, Liy ya pasó esa prueba, además Mairead nos tendrá un exquisito desayuno preparado, no es bueno desperdiciar tanta comida –Liy no había pasado ninguna prueba, aún lo amaba, Bryan seguía en su corazón.
- Mi bebé tiene razón. Mark, tú mismo lo has dicho, Mairead es una adoración de mujer, no podemos ser descorteses con ella y dejarla plantada.
- Si amor, vamos, todo estará bien –con las palabras de Mariana
comprobé que algo más preocupaba a Mark.
- Iremos; Mark gracias por preocuparte, pero puedo con el asunto de Bryan –sonrisa de Liy, su inocente sonrisa.
- ¡Bienvenidos! –mi padre
fue quien recibió a las visitas-. ¡Liy, hija! ¡Qué hermosa te ves!
- ¡Señor Brendan! –Liy y mi padre se abrazaron.
- Vengan por aquí chicos, es muy pronto pero ya está listo el desayuno, además Bryan los llevará a conocer la hacienda después y no habrá tiempo de comer.
-
Gracias Mairead, por cierto, ¡qué bella casa tienes!
- ¡Qué linda Ivi! –parecía que mi madre ya conocía muy bien a los chicos-. Kian, te preparé un pastel de chocolate, sé que te encantará.
- Señora Mcfadden, veo que no olvidó que era mi pastel preferido –de pronto sentí una mirada sobre mí, Liy desvió sus ojos velozmente, ¿qué era aquello?
- Y para ti, Mark, hice una barbacoa… ¡hum! –mamá fingió chuparse los dedos, seguro era el platillo predilecto de Mark.
- Gracias mil –Mark besó a mamá en las mejillas.
- Me pondré celoso, yo ya estoy viejo y ustedes tan jóvenes…
- Señor Mcfadden, no diga esas cosas, viejos los cerros, a sus años sigue tan apuesto como su hijo, ¿o no, Liy?
- ¡Claro! Quiero decir… que… usted –éramos dos tomates, ¡cómo en los viejos tiempos!-…
- Entendemos Liy –mamá me miró y sonrió, ¡¡qué señora tan rara!
- Las caballerizas están por acá, vengan –teníamos una hora de haber terminado el desayuno, ya habíamos recorrido los jardines de la hacienda, y ahora Bryan nos llevaba hacía los caballos-. Mark, Kian, estos son de los mejores que tenemos en casa –los chicos tenían ánimo de montar, así que Bryan les mostró dos hermosos sementales, un negro y una blanco con machas negras, ¡preciosos!
- ¡¡Wow!! ¿Puedo montar éste? –Kian se acercó a la caballeriza del animal con manchas.
- Claro Kian, en un momento hago que lo ensillen. ¿Mark, te gusta el que te mostré o prefieres otro?
- Está bien éste –Markus seguía cortante con Bryan, no era para menos…
- Y ustedes chicas, ¿cuál quieren?
- Yo no sé mucho de caballos. Kian, amor, escoge uno para mí por favor –Kian fue revisando caballeriza por caballeriza y preguntando algunas cosas a Bryan acerca de cada animal, después me tocó turno.
- El alazán de por allá, no sé, me llamó la atención desde un principio.
- Perfecto, acompañen a los cuidadores afuera para acomodar el equipo. Liy, tú –obviamente le iba a preguntar por el caballo que escogería, pero se detuvo al verla al fondo, seguro frente al caballo de su elección-…
Aún lo recordaba, creo que fue lo primero que buscó al entrar aquí. El animal lengüeteaba la mano izquierda de
Liy, ella le acariciaba con la otra; a medida que me acercaba, descubrí una gota que resbalaba por su mejilla.
- ¡Hey viejo, tienes visitas! –sorprendí a ambos con mi voz, al instante ella trató de ocultar la lágrima que ya le había visto.
- Luce hermoso para la edad que tiene –al fin conversaba conmigo.
- Por Malteadito no pasan los años, ¿verdad viejo? –mi fiel amigo respondió a un relincho.
- ¿Me dejas montarlo? –miré a Malteadito.
- Por mí no hay problema, pero desde hace años sólo deja que yo lo monté –dije abriendo la caballeriza y sacando a Malteadito de ella.
- Siempre me quiso, no creo que me haga daño –contestó cuando le entregué la cuerda de los frenos.
- Pero en cinco años pudo…
- Hay quienes no me olvidaron, quienes en verdad me quisieron –la vi montar el lomo desnudo del caballo y con una leve patada lo hizo andar.
Sus palabras eran más que eso, estaban haciéndome sentir un traidor, un cobarde…
- ¡Yo te ama…! –traté de gritar antes que se alejara.
- No lo hiciste, al menos no tanto. ¡Ea! –Malteadito comenzó a correr y mi corazón sintió un fuerte galope en el interior, la rabia para conmigo mismo volvió.
- ¿Y aún la amas? –la voz de Kian tras de mí, me hizo reaccionar.
- ¿Perdón?
- ¿Aún amas a Liy, Bryan?
- En tres meses me caso Kian, no creo
que tu pregunta tenga mucho sentido ahora.
- El amor nunca deja de tener sentido Bryan, simplemente se ama o no, no hay más, ni lógica ni coherencia de tiempo, espacio u otro elemento. Piénsalo, ¡ea!
Otro más que me dejaba con los pensamientos girando en el cerebro para luego echarse a cabalgar, ¿así eran todos los londinenses?, ¿no había uno que se sentara a charlar como persona normal?
- Los hay, Bryan, yo soy una de ellos –debí pensar en voz alta.
- Me alegro Ivi, porque necesito hablar con alguien.
- Aunque ahora no puedo sentarme, ¿qué te parece si me acompañas a montar?
- Si me prometes platicar sin salir corriendo –me respondió con una sonrisa-… Espérame unos minutos en lo que me preparan un caballo.
- Por supuesto.
Dana Anderson, era la centésima vez en este día que se atravesaba en mis pensamientos. Quien haya inventado aquel dicho de, “nunca es tarde”, estaba completamente en un error, tarde había yo llegado a la vida de esa mujer. ¡Shane Filan, por Dios! ¿Qué de especial tenía Dana? Absolutamente nada, era tan superficial y frívola, pero ahí estaba yo, pensando noche y día en ella…
- Arquitecto, terminamos el frente –uno de los trabajadores se acercó a mí.
- Gracias por avisar, en un momento voy a checar cómo quedó.
- Por cierto arquitecto, la señorita Anderson acaba de llegar –lo último que me faltaba-, preguntó por usted.
- Si, ya voy.
- ¡Espectacular! Shane todo está quedando perfecto, Bryan no se equivoco contigo.
- Gracias Dana, ¿gustas ver lo que hemos terminado dentro?
- Claro, ¿no ha venido Bryan?
- No, ayer en la noche habló al hotel para avisarme que no podría venir hoy.
- Que raro, él siempre viene. Deberá tener compromisos en el rancho.
- Quizá, a mí sólo me dijo que no vendría.
- ¿Y de qué querías hablar Bryan? –el campo, ese olor tan peculiar que lo distinguía de cualquier otro lugar, tanta paz, tanta calma.
- De Liy,
- ¿De Liy? –me hice la desentendida, recordé que una profesora de
psicología usaba mucho esta técnica para ‘sacarnos la sopa’.
- Sí, no sé que ha pasado, tres días de su regreso y de nuevo toda mi vida gira en torno de ella -¡wow! Estaba diciéndome más de lo que esperaba-. Y para todo el mundo parece que el tiempo nunca hubiera corrido, como si esto que vivimos ahora fuese tan normal…
- ¿Y no lo es? -¡debí ser psicóloga!
- …no –me contestó después de unos breves segundos de silencio, cabizbajo-. Pasaron cinco años Ivi -¡otra vez esa canción!-, y eso no es lo peor -¡uy! Al menos éste le cambiaba la tonada-, la forma en que se marchó no fue un “hasta luego”, era un “hasta nunca”, un “te odio”; y realmente me lo merecía, la entiendo y también ahora lo hago, de hecho, es poco con lo que merezco –ni quien lo discutiera.
- ¿Y? ¿Qué es lo que te duele Bryan?, ¿el pasado o el presente?
- El pasado –y yo que lo creía arrepentido…-, porque Liy sufrió por mi culpa, y nunca me perdonaré las lágrimas que le hice derramar –me había precipitado a juzgar su respuesta, al final de cuentas contestó lo que quería escuchar.
- Tampoco seas tan severo contigo. He compartido cinco años con Liy, la he visto crecer, madurar; la conozco desde verla desaliñada por las mañanas, hasta cuando se mete a la cama con esa pijama deportiva; somos casi hermanas. Tienes razón, ella no tenía planeado regresar, pero lo hizo, sea cual sea el motivo que la trajo de nuevo a Sligo, ella está de nuevo aquí, es tu oportunidad.
- ¿Oportunidad? Lo mejor sería que regresara y que nunca más volviera a este pueblo donde le hicimos daño. Te juro que cuando la vi y supe que era ella, tenía la firme intención de pedirle perdón, y no es que no lo vaya a hacer, sólo que ya no sé como empezar.
- Liy es extraña, pero no peligrosa –Bryan me miró confundido-. Era un chiste –aclaré-. Tenía otra imagen de ti, pero me doy cuenta que eres una persona muy buena, no creo que pedir disculpas sea un gran problema pata ti.
- Si al menos ella me dejara hablar…
- Hazlo Bryan, te aseguro que cuando empieces, Liy no pondrá algún ‘pero’-
- ¿Por qué tan segura? -¡alto!, la de la psicología inversa era yo.
- Porque la conozco muy bien. Mira, los chicos han desmontado cerca del río, vayamos con ellos, quisiera lavarme la cara.
- Si, por cierto, gracias Ivette –sonreí y él hizo lo mismo.
Eso de andar de Cupido no era lo mío, para ello estaba Mariana, pero igual nada perdía con intentar. Estaba probando por una nueva faceta.
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