Holas!
Les dejo dos capos para que se entretengan un rato jeje en lo que vuelvo a publicar (no pregunten fecha jajaja). Grax por sus feeds y no me maten si esto va ràpido
Las kero!
CuAdRiToS 

CAP. 8
- Un año después –
- ¡¿Lo viste?! ¡¿Lo viste?! ¡¡Dime que lo viste! Liy por favor, ese hombre no podía pasar inadvertido –después de un año en aquel colegio, decidimos poner un pie fuera de nuestro seguro ‘hogar’, y obvio, todo nos maravillaba, empezando por el chico que dejó con la boca abierta a Mariana.
- Sí, lo vi, pero calma Mar, el chico se dará cuenta…
- Muy tarde, viene para acá. Sonrían, bellas, bonitas –dijo Ivi que saboreaba su helado de vainilla.
- ¿Cómo me veo? –Mar no se quedaba quieta y sus ojos seguían sobre aquel chico.
- Se te corrió el rimel por toda la cara y tus cabellos están de espanto.
- ¡Ay no! –exclamó Mar acercándose a uno de los retrovisores de los tantos autos que se encontraban estacionados-. ¡Tarada! Me has pegado el susto de mi vida por nada, has jugado vilmente con mis emociones –a Ivi parecía no dolerle el golpe que Mariana le dio, por el contrario, seguía muerta de la risa.
- Mar calma, no es por nada, pero con esos gritos vas a espantar al chico. ¡Ivi mira! –exclamé señalando un puesto de libros-. Ahí tienen
ese librito que tanto buscamos.
- ¡Así! El de Charles Dickens, vamos, no creo que esté muy caro. Mar te dejamos, me parece que no sola porque ahí viene el muchacho de la otra banca –Ivi y yo lanzamos la carcajada al ver la cara de espanto de Mar.
- ¡Hey! No me dejen aquí, puede ser un pervertido sexual, un secuestrador, un hombre casado en busca de aventuras… ¡¡regresen!! –nosotras
ni siquiera volteamos a mirarla.
- Hola, ¿te puedo ayudar? Te ves como asustada.
- Ho… hola. No pasa nada, gracias.
- ¿Estás sola? –preguntó el chico con una sonrisa que podía enloquecer a cualquiera.
- No, mis amigas están por allá –dije señalando al par de locas que iban de un libro a otro sin escoger uno.
- Por lo visto tardarán, te invito a tomar un helado, una chica tan linda no debe estar sola, algo grave puede pasarte –yo no oculté la sonrisa, no había coqueteo más viejo que aquél.
- Mmm –de vez en cuando era bueno resistirse un poco-… pues –viré mis ojos al dueto de locas amigas que tenía-, sólo si lo comemos cerca.
- Claro, si gustas lo compramos en la esquina y nos sentamos en una de estas bancas, así tus amigas no te tendrán que buscar.
- Gracias –silencié al recordar que aún no nos habíamos presentado-…
- Mark, Mark Feehily –extendió su blanca mano.
- Mariana Gray, pero puedes llamarme Mar –su mano era suave, el apretón fue fuerte y cálido, miré a los ojos de Mark, era una persona sincera.
- Media hora después –
- Te lo dije, Mar no desaprovecha el tiempo, tú preocupándote de su soledad y ella risa y risa con ese moreno.
- Fíjate que no me había dado cuenta antes, pero ese chico me recuerda a alguien –al final decidí que Coelho luciría mejor en mi biblioteca, de todos modos, entre el centenar de libros que Ivi compró iba “Oliver Twist”.
- Algún galán de TV –talvez, el joven parecía sacado de una portada de revista juvenil, o de uno de esos grupitos de moda.
- ¡Liy, Ivi! Les presento a Mark –ni bien nos acercamos a ellos y la chifladita de Mar nos jaló para que conociéramos a su nuevo amigo.
- Hola, ¿qué tal? Mark Feehily, a sus pies
–el chico no se veía mal, pero Liy sí.
- ¿Feehily? –un año, y esa niña aún me espantaba cuando ponía cara de sorpresa.
- Así es, ¿nos conocemos? –el chico sonrió.
- No, sólo fue una coincidencia –esa Logan me debía una explicación.
- Mark estudia agronomía, recién ingresó a la universidad.
- Es una buena carrera, entonces eres de Londres…
- No, soy de Irlanda.
- Pues ya son tres irlandeses. Imagino que Mary ya te dijo que es de Dublín –Mark sintió-, Liy es de Sligo. ¿Y tú?
- Yo –lo noté nervioso al escuchar Sligo-… de Cork, sí
Cork.
- ¡Qué bien! Cork me fascina…
Tenía que ser una coincidencia, ni siquiera era de Sligo, ¡cuántos Feehily no existían en este mundo!
- Y no sólo a ti, creo que a Mariana y a mí igual.
- Obvio, no hay irlandés que no guste de Cork, es como la imagen representativa del país.
- No es que sea aguafiestas, pero ya es tarde para nosotras.
- Liy tiene razón –dijo Ivi al comprobar la hora en su reloj.
- ¿Si gustan las
llevo al colegio?
- ¡Claro que gustamos! –al mismo tiempo Mar se prendió al brazo de Mark, Ivi y yo los seguimos.
- Sligo –
- ¡Wow! ¡Querida, ese collar está precioso! ¿Diamantes genuinos? –visité a Carol por la tarde de aquel lunes, su cuello relucía por toda la casa.
- Por supuesto nena –su vanidad no podía ocultarse un poco.
- ¿Has vuelto a bajarle la mensualidad a tu sobrinita? –pregunté al sentarme en el sillón individual.
- Mejor, la tonta
rechazó por segunda vez el dinero –la vi reír con holgura-, me hace las cosas más sencillas.
- ¿No temes que Liy esté tramando algo para recuperar su herencia?
- ¡Qué ingenua, Dana! Conoces a esa niña, es tan idiota…
- No lo sé Carol, no lo sé. Desde lo que hizo con Bryan no confío en su inocencia.
- ¡Ay Dana! Tan pesimista como siempre. Mejor cambiemos de tema y cuéntame como va todo con Bryan, ¿algún avance?
- Que atrasada de noticias, Carol. Bryan y
yo somos novios desde hace una semana, creo que ese amor ‘eterno’ que sentía por tu sobrinita se acabó. Aunque Mairead no está muy contenta.
- No hagas caso por esa, es igual a Liy, con sus caritas de moscas muertas se ganan la confianza de todo mundo, no te preocupes por ella.
- Lo sé, además para Bryan soy una niña inocente –dije con la expresión más falsa de
pureza.
- Pues ahora sólo te queda seguir con la farsa, Liy ya no está aquí para arruinar nuestros planes…
- ¿Quién lo diría? Tan fácil fue conseguir que Liy dejara el pueblo, ahora podré casarme con Bryan sin que nade se interponga y tú podrás gozar de la herencia de tu sobrinita, a la que por lo visto no le quedan muchos ánimos de regresar.
- Así es Dana, no creo que esa idiota vuelva a poner un pie en Sligo –miré a Carol con esa expresión tan frívola y de total desamor con la que nombraba a su sobrina, sentí un escalofrío… ¿remordimientos? Era muy tarde para dar media vuelta.
- Y por segunda vez, Mariana Gray vuelve a vencer a su contrincante, Liy Logan –dije al colocar mi última ficha en una de las tantas series numéricas que descansaban sobre la mesa y bajar mi tablero.
- Presumida, suerte de principiante –se defendió Liy mientras ponía las fichas boca abajo y ambas revolvíamos las piezas para comenzar una nueva partida.
- ¡¡Lo encontré!! ¡Lo encontré! Ya sabía yo que existía, que Dios lo había creado y que los ángeles lo enviarían a mí, tal y como lo imaginé –Liy y yo nos miramos, Ivette seguía de un lado a otro con aquel discurso incoherente-… ¡Existe! ¡Sí existe! –gritó al final.
- ¿Te pasa algo? –preguntó Liy tocando la frente de Ivi y tomándole el pulso, yo reí.
- Me siento mejor que nunca –respondió ella con un sonoro beso a la mejilla de Liy.
- Haber Ivi, toma asiento, respira, relájate y ahora sí, cuéntanos que pasó.
- Es perfecto, es magnífico, inteligente, guapo, caballeroso,
todo un intelectual; tiene unos ojos divinos, unos labios perfectos, un cuerpo atlético, una mirada enloquecedora y una sonrisa de ángel –culminó a un suspiro.
- Sigo sin entender, ¿de quién hablas?
- ¿Cómo de quién? Hablo de John, del hombre más perfecto sobre la Tierra.
- ¿John? Ivi, ¿John qué? Porque John es un nombre muy común y no me dice nada.
- ¡Ay! ¿Qué importa el nombre? Eso es sólo una etiqueta, importa él, el hombre –boquiabierta y con los ojos fijos en Ivi, traté de entender.
- ¿Y a qué se dedica?
- Él estudia finanzas. Chicas, es el hombre perfecto, lo que siempre esperé.
- Jamás en este año y medio te había visto así, me alegro por ti. Pues no queda más que conocer a nuestro cuñado, ¿verdad Mary?
- Claro, y ahora Liy, sólo faltas tú…
- ¡Ay Mar! Liy sigue pensando en su príncipe de Sligo…
- No es cierto, de Sligo no quiero saber nada, mucho menos
de…
- ¿De Bryan Mcfadden? ¿Por qué tanto miedo a pronunciar ese nombre? No lo has olvidado, ¿verdad?
- Están locas las dos, no sé de que hablan. Y ya les dije, no quiero saber nada de Sligo, ¿entendido? –asentimos, pero lejos de la vista de Liy, Ivi y yo compartimos una mirada cómplice.
CAP. 9
- Cuatro años después –
- Buenas tardes –dejé las llaves sobre la mesita de la entrada y me acomodé sobre el sofá, las zapatillas venían martirizando mis pies.
- Liy, linda, ¿cómo has estado? –Mark llegó hasta mí y saludó con un
beso.
- Muy bien, gracias, un poco cansada, hemos tenido trabajo en la oficina.
- Llevo años diciéndote que tomes unas vacaciones, desde que comenzamos la universidad te la vives entre la escuela y el trabajo –vi a Mariana sentarse sobre las piernas de Mark.
Quizá Mariana tenía razón, un año después de llegar al internado comencé a valerme por mí misma, trabajé para cubrir la colegiatura y mis gastos personales; por suerte, contenté con la amistad de Mariana e Ivette, que en varias ocasiones me apoyaron con algo más que cariño. Cuando cumplimos veintiún años, las tres abandonamos el colegio que fue una segunda casa y rentamos un departamento juntas. El padre de Ivi y el hermano de Mariana siempre nos cuidaron y me adoptaron en sus familias, porque de Sligo y toda su gente, jamás volví a saber algo.
Ahora Mariana seguía con Mark, él trabajaba en proyectos para el campo subsidiados por el gobierno inglés y ella ejercía en uno de los despachos más prestigiados de Irlanda. Ivette vivía dirigiendo las empresas de su padre, ayudada por su hombre perfecto. Yo, yo me desvivía entre la escuela de comunicaciones y la revista de mayor prestigio en todo Reino Unido, era, como muchos decían, la mejor publicista y la persona con mayor facilidad de palabra; de mis tiempos como la pueblerina subyugada no quedaban ni rastros.
- Por Dios Mariana, la revista está en su mejor temporada, las clases apenas iniciaron;
definitivamente no creo que sea tiempo para unas vacaciones –me puse de pie y caminé hacia mi cuarto.
- ¡Testaruda! –escuché que gritó.
- Cuando las veo discutir, ¿me pregunto cómo es que se han soportado todos estos años?
- Somos hermanas, Mark, peleamos como cualquier familia, pero nuestro amor es más grande.
- ¿Tan grande como el que me tienes? –preguntó
con una pícara sonrisa.
- ¡Así de grande! –dije estampándole un beso en los labios.
- Por favor, un poco más de respeto a esta casa –escuché que dijo Liy en son de broma, había regresado de su habitación con ropa más casera-. ¿Dónde está Ivette? –preguntó desde la cocina.
- No tarda en llegar, dijo que iría a comer con su “John” –los tres estallamos en carcajada.
- Cuidado amor, que sólo ella puede llamarlo así.
- No la entiendo, ese nombre no me
gusta para él –vi a Liy sentarse en el piso con las piernas entrecruzadas y un gran plato de comida sobre ellas.
- Glotona –ella me miró al momento-, haber pasa un poco de eso.
- No Mariana, hace mal a tu dieta, después Mark te dejará por alguien más delgada y no quiero ser la causante de tus desgracias –rió en pleno.
- Parecen niñas chiquitas, y si amor, tienes que mantener la línea o si no…
- ¿O si no qué? Mira Markus…
- ¡Hola familia! –mi ataque
asesino fue frenado por la ruidosa de Ivette Blair-. El tráfico está horrible.
- Hola a todos.
- Hola, John –dije para molestar.
- Gray retráctate, bien sabes que sólo yo le llamo John a mi bebé –al tiempo se colgó del cuello de su novio y lo besó.
- Hola Kian, ¿cómo te ha ido?
- Ves niña, deberías de aprender los buenos modales de tu novio. Mark eres un amor.
No lo negaré, a veces me sentía fuera de lugar en aquella casa, más cuando Mark y Kian estaban de visita. No diré que ellos me trataban mal, contrariamente, ellos eran como dos hermanos conmigo. Aunque con Mark la situación era diferente, cuando yo le preguntaba por su familia o su vida, él comenzaba a ponerse nervioso, era muy reservado con sus repuestas,
llegué a pensar que yo no era de su confianza; por otro lado, me demostraba todo el aprecio que por mí sentía, así que nuestra relación como amigos era confusa, era como si me quisiera pero no existiera la confianza suficiente. Sinceramente, Mark era extraño.
- ¿En qué piensas Liy?
- En nada Kian, en nada…
- Pues haces mal, deberías pensar en las vacaciones.
- Vas de vuelta.
- ¿Vacaciones? ¿Alguien dijo la palabra mágica? –preguntó Ivette, que al parecer
había entrado a su cuarto mientras yo me sumergía en mis pensamientos.
- Mariana trata de convencer a Liy de tomar unas vacaciones.
- Oye sí, es una buena idea.
- No, he dicho que no –de pronto, en mi cuarto, mi celular sonó-. Los dejo, me llaman.
- ¡¡Sabia!! Como si no escucháramos el teléfono –bromeó Mar con ironía.
- Buenas tardes, ¿quién habla? –aquel número parpadeando en mi móvil me era desconocido.
- ¿Liy Logan? –preguntó una voz masculina en la otra línea.
- Ella habla, ¿con quién tengo el gusto?
- Señorita Logan, tengo años tratando de localizarla.
- ¿Pasa algo?, ¿quién es usted?
- Lo siento, soy el abogado Jack Farrel, mi padre era el abogado de su papá. Hace tres años, con la muerte de mi padre
–le dije sentir mucho su pérdida, a lo que él agradeció-, yo tomé los asuntos que él llevaba y entre ellos encontré el suyo.
- Disculpe abogado Farrel, pero hasta donde tengo entendido mi padre dejó todo su dinero a mi tía Carol, el cual ella administró durante mi minoría de edad; dinero que imagino ya se agotó gracias a la poca inversión de mi tía.
- ¿De qué habla señorita Logan?
El efectivo no es lo único que su padre dejó.
- Bueno, también heredó mi casa a mi tía, como su única familia aparte de mí.
- Creo que hay un error señorita. La única herencia que su tía obtuvo fue una pequeña cantidad monetaria. La casa en Sligo, el rancho, el dinero, las joyas y las inversiones que su padre tenía en la bolsa de mercado irlandés, son para usted; tomando en cuenta
estos últimos años, usted es multimillonaria.
- Usted está equivocado, mi tía dijo que mi padre había perdido gran parte de su fortuna antes de morir, que sólo tenía el rancho y una cuenta bancaria a mi nombre, que si bien costeaba mi manutención de forma holgada, ya no era nada comparado con los buenos tiempos de mi padre.
- O su tía no conocía de este dinero, o la
estafó.
- Sin lugar a dudas es lo segundo –apreté con fuerza el puño de mi mano izquierda.
- Lo siento mucho, yo acabo de poner un despacho en Londres, mi dirección es –busqué lápiz, papel y anoté-… es necesario que venga para aclarar todo esto, porque su padre ha ganado varias acciones en diferentes empresas de Reino Unido e Irlanda, un mal manejo podría acabar con todo; no
considero justo que el esfuerzo de su padre por dejarle un bienestar seguro, se vea frustrado con el beneficio de terceras personas.
- Lo mismo pienso abogado Farrel, gracias por su llamada –del otro lado escuché un hasta luego.
Desde hace cuatro años había rechazado el dinero que Carol enviaba, primero porque era una burla, y segundo porque no quería saber nada de ella. Como
le dije al abogado, yo sabía de mi fortuna y renuncié a ella para que Carol me dejara en paz, además que no era una cantidad significativa, eso había dicho mi tía. A mí no me movía el dinero, pero como el abogado Farrel, pensé que no era justo que mi padre hubiese trabajado para alguien que no se lo merecía; eso fue lo que me molestó sobremanera, dejar que el esfuerzo de mis padres muriera en las manos de la persona que más daño había hecho a la única hija que ellos procrearon con amor. Era hora de cobrarme todas y cada una de las humillaciones que Carol me había hecho, era tiempo de limpiar mi nombre, ya era momento de regresar por lo que me pertenecía y ocupar el lugar que en Sligo me correspondía.
- ¿Quién era? –Mariana me encontró de pie junto a la cama, con mi rostro enmarcado en coraje-. Liy, ¿te sientes bien? –preguntó acercándose a mí con preocupación.
- Muy bien Mariana, mejor que nunca –miré a la nada con rabia y odio.
- Yo no te veo bien.
- No te preocupes, ¿estás libre mañana?
- Claro, pero, ¿para qué?
- Ya lo verás mañana.
Mark, Kian y yo discutíamos en la sala acerca de un programa televisivo de concursos, cuando Mariana y Liy se nos unieron; Liy rápidamente se integró a la conversación, se le veía animada, pero sus ojos no reflejaban lo mismo. Observé a Mariana que se notaba inquieta, y con la mirada le pedí una explicación, ella sólo se
encogió de hombros y meneó la cabeza de un lado a otro.
- Y bien, ¿ahora puedes decirnos que pasó? –acababa de cerrar la puerta que los chicos recién habían cruzado para dejarnos a las tres solas.
- Recibí la llamada del hijo del abogado de mi padre, que también es abogado.
- ¿Qué te dijo? –Mariana entrecruzó las piernas sobre el sofá y puso un cojín sobre ellas.
- Podríamos decir que mi panorama económico cambió drásticamente –le dije que no entendía-. El abogado Farrel –escuchamos a Liy explicarnos toda aquella llamada-… por eso, Mariana quiero que me acompañes al despacho, para que te hagas cargo del caso. Querías vacaciones, nos vamos a Sligo –que determinación de Liy, es lo que siempre le
admiré.
- ¿Sligo? No era exactamente el lugar que se me antojaba, pero te lo prometí un día, iría contigo para poner en su lugar a las arpías que se aprovecharon de tu bondad –Mariana era esa especie de chica sincera y franca, que muchas veces molesta a los mentirosos; me uní al abrazo entre ellas, ¡uno para todo y todos para uno!, agregué.
- ¿Sligo? Yo… yo no sé si pueda… el trabajo.
- Mark, tú me dijiste que tenías vacaciones, no me hagas esto, Liy necesita de nosotros, recuerda que somos las únicas personas que tiene y aprecia.
- Linda… tienes razón, Liy me necesita más que nunca; pero antes quiero confesarte un secreto, quizá toda la confianza que me tengas se pierda por esto, pero tengo que hacerlo por Liy.
- Mark, me estás asustando –los ojos grises de Mariana se fijaron en mí, estaban expectantes, un poco temerosos; mi corazón latió fuerte, tenía muy claro que podía perderla, pero ahora Liy estaba primero y yo sólo recé al cielo porque Mar me comprendiera…
- Mary ya habló con el abogado Farrel e hicieron los trámites necesarios para que ella se ocupara de todo el asunto, a Dios bendito que el chico es accesible y no puso algún pero –mi cabeza descansaba sobre las piernas de Kian, los dedos de él jugaban con mis mechones de cabello suelto-. ¿Nos acompañarás?
- Por supuesto amor, creo que Sligo será un buen lugar para relajarnos y sobre todo, no podemos dejar a Liy sola con esto.
- ¡Eres un amor! –me incorporé para darle un beso más que ruidoso.
- Aceptaré más seguido este tipo de viajes –comenzamos a besarnos, la puerta cerrada nos permitía hacer cualquier cosa, como el amor, esperábamos no molestar a mis vecinas…
Tres días fueron
una eternidad para mí, los conté uno a uno, hora por hora, centenares de veces me sorprendí checando las manecillas del reloj; esta vez, llené más de una maleta, y ninguna era vieja…
Abrí el ropero, al fondo había un cofre con recuerdos y tesoros míos; las fotos, el rosario, la Biblia y… el velo. Además de un juego de llaves, el de la casa más pequeña que mis padres poseían en el centro de Sligo.
Fue inevitable, imágenes de mi antigua vida llegaron a mi mente, apreté los ojos con fuerza, porque me di cuenta que el tiempo se había llevado algunos detalles y no quería que la próxima ocasión que recordara mi pasado, sólo quedaran cenizas…
- ¿Lista? –vi a Mark apoyado en el marco de la puerta, lucía una chamarra de piel color rojo quemado.
- Sí. ¡Hey cuñado! Atuendo muy llamativo, eh.
- ¿Puedo pasar? -¿en qué mundo estaba éste?, ¿no se quejaría por mi comentario?-. Liy, quiero que sepas que cuentas conmigo para todo, en mí tienes un apoyo incondicional. Pase lo que pase, estaré contigo, mírame como a un hermano –levanté la ceja, ¿qué rayos ocurría con Feehily?
- Gracias –atiné a decir y después sentí los brazos de Mark apretarme con fuerza-. ¡Me asfixias! –él me soltó disculpándose-. Calma Mark, tampoco me he enojado; salgamos, los demás estarán impacientes.
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