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MI SAL Y MI PIMIENTA ~CAP. 7~   Lista de mensajes  
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Holas!
Si, otro capo más jeje, sólo porque hay quienes lo pidieron jajaja.
Por cierto, Feliz Año Nuevo a todas, que Diosito las cuide y llene de bendiciones hoy y siempre, que sus familias y seres queridos también sean tocados por la mano de Dios. Sigo pirateando una frase jeje, "no dejen que sus sueños se cumplan, mejor háganlos cumplir. (Las veo hasta el otro año , no sé cuando
 
Y para mi grupo de Singing, por ahí me enviaron una cadena de mis 14 mejores amigas, lo siento, aparte de no tener sus direcciones en la libreta, no puedo escoger 14 jeje. Así que ese mensaje es para todas las chicas que siempre han estado conmigo en las buenas y malas, ustedes ya saben!! Las kero mucho!
 
Besos
CuAdRiToS
 
CAP. 7
 
-        ¿Está desocupado? –esa voz femenina terminó por despertarme.
-        Sí –después de frotarme los ojos miré a quien había hablado antes, la cual ahora ya se instalaba en el asiento de mi frente.
-        Me encanta viajar en tren, ¿y a ti?
-        Es la primera vez que viajo –contesté sin detener mi observación, era una chica de cabello negro y lacio, ojos grises, tez blanca y complexión delgada; vestía unos jeans ajustados y una blusa que no tapaba más allá de su ombligo.
-        Ya veo. Por cierto, me llamo Mariana Gray –dijo extendiendo su mano.
-        Liy Logan –estreché su mano como respuesta al saludo.
-        ¿Liy? ¿Qué clase de nombre es ese? ¿Francés? –reí por su última pregunta para después explicarle con brevedad el origen de mi nombre.
-        ¿Estamos lejos de Inglaterra? –miré por la ventanilla, las horas que dormí me perdieron por completo del trayecto.
-        Demasiado, acabamos de salir de la estación de Dublín. Así que también vas a Inglaterra, ¿puedo saber el por qué?
-        Voy al colegio católico de Londres…
-        ¡¿No?! Esto es una enorme coincidencia, igual me dirijo para allá. Viendo que viviremos en el mismo lugar, ¿qué te parece si comenzamos a ser amigas? –Mariana era muy parlanchina, pero igual agradable y simpática, nada perdía con aceptar-. Te cuento, tengo dieciocho años recién cumplidos, huérfana de padres, hasta el día de hoy vivía con mi hermano mayor y su esposa, pero constantemente se muda gracias a su trabajo y por eso decidió enviarme al colegio. ¿Y a ti qué te lleva allá? –su vida era un poco parecida a la mía, aunque ella sonreía, quizá eso me inspiró la confianza suficiente para contarle mi historia.
         Al principio mi sonrisa se limitaba a una simple mueca labial, por eso me sorprendió la magnitud de mis carcajadas conforme nuestra charla iba avanzando. Hablamos de cosas serias, de escuela, familia, amigos, de trivialidades que nos atacaron de la risa. No recuerdo un momento de mi vida en que haya reído tanto, al menos no hace muchos años.
-        Alex –como se llamaba su hermano- dice que me parezco a mi madre, ella solía ser una anfitriona incomparable en las reuniones sociales, y bueno, yo hablo hasta por los codos; por eso decidí estudiar leyes.
-        Pues al menos ya sabré a quien acudir cuando tenga algún lío con la policía.
-        Abogada Gray a sus órdenes –dijo con una reverencia muy chistosa.
         Agradecía a Dios por no olvidarse de mí, porque de nueva cuenta ponía ángeles en mi camino. En mi interior hubo un sentimiento de algo grande, no sé si era bueno, pero debía serlo si el cielo brillaba mientras miraba por la ventanilla.
 
-        ¡Liy despierta! –entreabrí los ojos, conforme fui despertando estiré los brazos y vi como Mariana acomodaba sus maletas y se colocaba un suéter rojo.
-        ¿Te gusta ese color? Pregunto porque he observado que muchos de tus accesorios son en ese tono, y ahora el suéter.
-        ¡Me encanta! De hecho, a la primera oportunidad que tenga me teñiré el cabello de rojo –dijo con un tono que convencía-. Dentro de quince minutos llegamos a la terminal, mi hermano contrató un servicio de transporte que pasara por mí, ¿vienes? –preguntó con una sonrisa.
-        No quiero molestar…
-        No es molestia, además vamos al mismo lugar, ¿qué dices? –asentí con otra sonrisa-. Perfecto.
 
         Bajé del tren, las personas iban y venían por toda la estación, me sentí tan provinciana con mi vestido de tirantes y mi delgado suéter de lana, y en mi mano, mi vieja maleta de cuero; me encontraba ahogada de personas con traje y abrigos de piel…
-        Juro que la próxima vez que tenga que subir a este tren, seré lo suficientemente importante como para ir a casa y recuperar todo lo que me robaron –no pude quedarme callada, mi corazón se revolvía en mi interior y las lágrimas prometían escaparse de mis ojos.
-        Verás que así será, y yo iré contigo –Mariana me abrazó y me puse a llorar en su hombro, llevábamos horas de conocernos, sin embargo, era como si tuviéramos toda una vida compartida, comenzaba a tomarle un afecto especial.
         Había un lujoso auto esperándonos. El auto se movía con lentitud por las transitadas calles de Londres, fui mirando por el vidrio, nada me recordaba a Sligo, ese pueblito tan hogareño, con su nuevo centro comercial, su placita, su kiosco, sus restaurantes a lo largo de la playa y su iglesia con sabor a provincia; en Londres no existía eso, los edificios eran enormes, algunos con sus antiguos toques arquitectónicos y otros más, forrados de acero y vidrio; museos, fuentes, plazas públicas, jardines, tiendas gigantescas, me resultaba casi imposible enumerar todo lo existente en esa gran ciudad.
-        Hemos llegado, señoritas –el carro se detuvo frente al colegio católico, la fachada era gótica y su tamaño imponente.
-        Gracias –contestamos a coro cuando descendimos del coche.
 
 
-        Hija lo siento –miraba a través del espejo blindado de nuestra camioneta, papá rompió de pronto el silencio desde el asiento extremo-, sé que todo ha sido muy difícil desde la muerte de tu madre…
-        Pero papá –dije volviendo al fin mi vista a él-, yo quiero quedarme contigo, mis maestros en casa son muy buenos, extrañé a Marie y a Paul… y a ti –terminé por abrazar a mi padre.
-        No llores hija –el auto dejó de moverse-. Eres lo que más amo en el mundo mi niña y sabes que más que tu padre soy tu amigo y nunca haría algo que te lastimara, seguro que harás muchas amigas…
-        Señor, llegamos –dijo Paul, nuestro chofer, al abrir la puertezuela de papá.
-        Gracias Paul. Ivette, baja –tomé mi pequeña maleta con la mano derecha y con la otra la mano de mi padre para poder bajar-. Nunca olvides que te amo, hija –los labios de mi padre se estamparon en mi frente.
 
 
-        ¡Wow! Esto es más grande de lo que imaginé –realmente que sí, llevábamos más de media hora recorriendo los pasillos de aquella escuela y parecía interminable.
-        Y yo ya me cansé. Mar, será mejor que vayamos a la oficina de la Madre Superiora –comenté después de consultar el reloj-; sirve que nos asignan habitación y no tenemos que seguir cargando todo esto.
-        Sí, además mis tripitas están molestando –ambas reímos.
 
         Al llegar a la oficina, un hombre de aproximadamente cuarenta años salía de ahí, por su ostentosa vestimenta me di cuenta que era millonario. Lo acompañaba, la que me imaginé era, la Madre Superiora y una chica delgada de cabello castaño claro.
-        Buenas tardes –saludamos juntas, recibiendo una agradable respuesta de parte de las tres personas.
-        ¿Usted es la Madre Superiora?
-        Así es señorita, soy la hermana Sophia.
-        Soy Mariana Gray y ella Liy Logan –al igual que Mariana besé la mano de la Superiora.
-        Señoritas Gray y Logan, bienvenidas, las esperábamos. Les presento al señor George Blair y a su hija, Ivette.
-        Mucho gusto –dije con una sonrisa.
-        El gusto es nuestro, señoritas.
-        Hola –noté un poco de tristeza en la mirada de aquella chica.
-        Señor Blair, ellas serán compañeras de su hija, las tres son de la misma edad e ingresarán al mismo grado –nosotras nos miramos mutuamente-. Mariana y Liy, acompáñenos, como acaban de escuchar, compartirán habitación con Ivette y como creo que están cansadas por el viaje y seguramente tienen hambre, iremos de una vez a su cuarto para que se instalen, después bajarán a comer.
-        Claro Madre –los adultos caminaban delante de nosotras-. Y dime Ivette, ¿vino tu mami con ustedes? –la chica bajó la mirada-. ¿Pasa algo? Yo no quise –se disculpó Mar con preocupación-…
-        Nada, es que mi mamá murió hace dos años.
-        Lo sentimos.
-        ¿Liy te das cuenta? -¿de qué?, pregunté-. No me tomen a mal, pero las tres tenemos algo en común –seguía sin entender-, lamentablemente las tres somos huérfanas –Ivette paseó su mirada por nosotras-. Sí, es una larga historia –terminó por decir Mar al notar la actitud de ella.
-        Bueno… al menos entenderán mi dolor sin verme con lástima –comentó Ivette tímidamente-, y pueden llamarme Ivi.
-        Mar, es más corto –le dijo con una sonrisa.
-        Ivi, tu papá parece tener dinero, no entiendo por qué estás aquí.
-        Desde que mamá murió, abandoné la escuela y mi padre contrató profesores particulares, dejé de frecuentar a mis amigos; desde entonces reduje mi mundo a mi padre y a mí. Pero últimamente él ha estado muy ocupado en la empresa y le preocupa que yo pase tanto tiempo sola; la hermana de Marie, nuestra ama de llaves, le comentó a ella de este colegio y como dicen que aquí sobra amor, Marie le dijo a mi padre. ¡Y heme aquí!
-        Algo parecido –mientras llegábamos al cuarto contamos una introducción de nuestras vidas, pero aún había mucho por decir…
 
 


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Vie, 30 de Dic, 2005 11:36 pm

bryan_deutzy...
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31 de Dic, 2005
1:09 pm
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