Jajaja como que ya andan con telarañas en la cabeza con este fic?? Liy es el nombre de la chica pero en español es María por eso que su papí la llamaba así. La sal y la pimienta?? nada que ver con el fic, es un título muy personal jeje es que incluyo cositas que aprendi como eso de la religión jajaja. Y bueno a las amantes y defensoras de Mcfadden les dejo este capo, disfruten mientras puedan de él jajaja que mala soy jeje.
Clau Mcfadden 
CAP. 2
- ¿Listos muchachos? –nos preguntó el Padre William que por detrás nos tomó de los hombros-. Tus padres ya nos esperan en casa –se dirigió a Bryan-, y sinceramente, mi estómago hace un ruido poco grato –dijo llevándose las manos al lugar indicado e hizo un gesto roba sonrisas.
- ¡Listos! –contestamos a coro.
- Padre William, necesitamos hablar con usted urgentemente –nos marchábamos cuando un grupo de personas se acercó a nosotros.
- Bryan, Liy adelántense, llegaré un poco más tarde.
- Claro Padre, dejaremos la camioneta para que Louis lo llevé.
- ¿Y ustedes en que irán?
- Pues en mi caballo, si a Liy no le molesta.
- Para nada, el Malteadito me quiere mucho y no creo que me tire…
- ¡¡Rayo!! –gritó Bry histérico.
- Bueno pues, Rayo; aunque Malteadito me gusta más –dije para molestarlo mientras me alejaba.
- Paciencia Bryan, ya la conoces, nunca pierde una discusión.
- Nunca ha discutido conmigo.
El camino a la Hacienda Mcfadden era largo, una hora a caballo, teníamos que atravesar unos enormes sembradíos. A pesar de que el trayecto era casi solitario, no había algún peligro.
- ¡Qué hermoso! –suspiré al comenzar nuestro camino por el campo libre, al tiempo que veía el cielo cubierto de estrellas.
- Gracias, ya sabía yo que era hermoso.
- Presumido, yo estoy hablando del cielo.
- Bueno, también –lo golpeé levemente en su cabeza por estar de engreído y payaso-. ¡Hey! –exclamó deteniendo el caballo-. Ese golpe me dolió, como se ve que no aguantas una broma.
- No te pegué fuerte, ahora dile a Malteadito que avance o llegaremos tarde.
- Se llama Rayo, ¿cuántas veces tengo que repetirlo? Y para que aprendas, Rayo y yo no nos movemos de aquí hasta que le pidas disculpas y lo llames por su nombre -¿qué? Disculpas debería pedir él a Malteadito, me quejé.
- No te das cuenta, Malteadito es el nombre que le gusta.
- Sabes, que decida él. Bajemos y que nos diga que nombre prefiere.
- Te ganaré.
- No, yo te ganaré –me ayudó a bajar y como loquitos nos colocamos frente al hermoso caballo-. Haber chico, es hora de que escojas tu nombre, piénsalo muy bien porque es el que tendrás por el resto de tu vida, el que te representará ante la sociedad y…
- Bryan, nos estás aburriendo. Vamos nene, ¿Rayo –el animal ni se inmutó-, ó Malteadito? –el relinchar gozoso me daba el triunfo-. Lo ves –me estaba burlando de Bryan-, te gané –sí lo sé, Malteadito no era un nombre muy adecuado para el animal, pero que importaba, a mí y a él nos gustaba.
- ¡Es trampa! -¿por qué las personas nunca aprenden a perder?
- Acéptalo, perdiste, perdiste –repetí burlona hasta acabar con la paciencia de Bry
- ¿Ah sí? Pues entonces te mereces un regalo –yo puse mi mejor cara, me fascinaban los regalos- ¡¡Una ración triple de cosquillas!!
El pobre Malteadito acabaría con mareo de tanto vernos correr alrededor de él, finalmente me di por vencida apoyándome en el cuerpo del caballo.
- ¡Paz Bryan, paz! –pedí clemencia con el poco aliento que me quedaba.
- Mmm déjame pensarlo –me respondió adoptando una pose muy seria-. ¡No! –exclamó con una enorme sonrisa y comenzando a hacerme reír con sus manos.
Aún no comprendía porque a nuestra edad seguíamos con ese juego tan infantil, aunque realmente a mí me gustaba mucho.
- ¡Ya, ya, ya! –gritaba entre carcajadas.
- Está bien –se detuvo de pronto y lo que pasó después, fue el inicio de todo esto…
Yo seguía entre el caballo y Bryan, ambos nos mirábamos fijamente como nunca antes lo habíamos hecho o al menos, como nunca antes nos habíamos dado cuenta. El silencio de la noche se mezclaba con los sonidos de la naturaleza, la luna nos iluminaba por completo, si había algún lunar o algún rasgo que yo no conociera del rostro de Bryan, en ese momento nada se ocultaría. Su mano llegó hasta mi quijada, acariciándola suavemente y entonces yo hice lo mismo con él; el viento soplaba meciendo mi cabellera suelta y jugando con los mechones de Bryan, siempre pensé que mi primer beso sería acompañado de te amos y te quiero, de miles de caricias, de una cita bien planeada y escenas de película… pero cambiaba todo eso, porque fuese ahí, en ese instante.
El tiempo, el mundo, todo se detuvo mientras sus labios se iban acercando lentamente a los míos y sus manos temblorosas llegaban hasta mi cintura, de pronto, una calidez enorme inundó mi ser cuando al fin su boca se mezcló con la mía; nos reímos entre besos, nos reímos de nuestra inexperiencia, nos reímos de nuestra inocencia y nos reímos, sobre todo, de que nuestros sentimientos fuesen mutuos.
Mi cabeza en su hombro y la suya en el mío, ahí, callados los dos, rememorando momentos, agradeciéndole a Dios…
- Te amo –dijo encontrando nuestras miradas.
Comencé a besar todo su rostro, a derramar lágrimas, a abrazarlo tan fuerte.
- Muchas gracias Bryan, muchas gracias –él con dulzura tomó mi quijada.
- ¿Por qué lloras? ¿Por qué me agradeces? –preguntó entre susto y preocupación y pude notar el brillo acuoso en sus ojos…
- No te preocupes, te agradezco por ser la persona que me ha dicho esas hermosas palabras en diez años, no sabes cuan feliz me haces. También yo te amo, te amé todo el tiempo sin saberlo, te amo por todo lo que eres, por todo lo bueno que has sido conmigo…
- No digas más, soy yo quien debe estar agradecido contigo por amarme tanto como yo lo hago, te amo.
Después de otros besos y tantas palabras de amor retomamos nuestro camino.
- Está bien, será nuestro secreto –sabíamos muy bien que sus padres no se opondrían, pero irían con mi tía a pedir su aprobación y ella diría que no, lo cual no nos importaba, el problema era que haría hasta lo imposible por alejarnos.
- Yo también quisiera gritarle al mundo lo nuestro, pero es lo mejor por el momento. Será nuestro secreto –y no el único ni el primero, sería otro a nuestra cuenta, como la vez en que rompí el jarrón de colección de la tía o la ocasión en que Bryan chocó la camioneta, lamentablemente ese último fue descubierto por el señor Brendan quien no nos creyó nuestra historia del asesino en serie y el fantasma, y que además, había observado cuando Bryan chocó contra el poste.
- Sí, tú secreto y mi secreto –íbamos a besarnos cuando Malteadito relinchó-, bueno, tuyo, mío y de Malteadito –reímos.
La Hacienda Mcfadden era enorme, pero nunca perdía su apariencia acogedora y la calidez hogareña que la inundaba, me gustaba estar ahí, recordar como era mi casa cuando mis padres vivían, me gustaba estar con Mairead, contarle todo lo que se le cuenta a una madre; me encantaba dejarme consentir por el señor Brendan, que me tratara como a su hija. Realmente era agradable sentirse parte de esa familia… tener en ellos una verdadera familia.
Esta sería una cena de navidad muy especial para mí, porque de nueva cuenta la pasaría en “familia”, aunque las circunstancias me hacían sentirme tonta.
- Padre somos muy afortunados, no todo el tiempo se cena en compañía de dos hermosas mujeres –la cena transcurría entre las innumerables y gratas charlas de los Mcfadden y el Padre William, Bryan y yo, frente a frente, permanecíamos en silencio y mirándonos constantemente.
- Así es hijo. La juventud de hoy, incomprensible –sentí como de súbito la conversación cambiaba de rumbo-, no hay misa en la que no sorprenda a los chicos conversando, como si no les alcanzara su tiempo libre; pero eso sí, cuando hay una reunión ni siquiera dicen ‘pío’, ¿o no Bryan? –sí, nuestro silencio era notorio, lo comprendí cuando el Padre William nos observó.
- Eh… sí… ¿qué dijo Padre? -¡ay! Ahora venía el interrogatorio.
- ¿Dónde estás hijo? –preguntó Mairead, y en mi mente pensé que estaba en el mismo lugar que yo… en la luna.
- Aquí –los adultos lo miraron raro-, quiero decir, que… ¡madre, qué rico te quedó el pavo! –yo cerré los ojos con terror porque…
- Hijo, hay una enorme diferencia entre el sabor del pavo y el de las langostas.
- Ah… -¡Dios mío! Me tocaba mi turno, no me habían preguntado algo y ya temblaba.
- ¿Tú sabes que le pasa a Bryan, hija? –la gran mentira que había formulado se vino abajo cuando Brendan me llamó ‘hija’.
- Yo… bueno… realmente no sé… creo que debió ser… ¡sí!... eso…
- ¿Alguno de ustedes dos me puede explicar? –Bryan y yo nos miramos para después sonrojarnos y volver nuestros ojos a la mesa.
- Insisto, juventud incomprensible, seguramente alguna travesura hicieron, además ya los conocen, este par es demasiado raro.
La cena terminó sin demás trabas y la noche siguió tranquila. En punto de las 12 hicimos todo el festejo religioso y después, cada uno obtuvo su regalo; Bryan y yo nos sentamos en el piso, junto al árbol de navidad, y como niños ansiosos comenzamos a romper la envoltura de nuestros respectivos obsequios.
Al siguiente día, muy temprano, regresé al pueblo acompañada del Padre William.
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