
INTRODUCCIÓN
El mundo, un astro más sobre el universo. Tan grande, tan pequeño…
Aún recuerdo aquel día, sigue presente en mi mente, el tiempo no toco mis memorias. Fue un día, un día que prometía ser el inicio de una nueva vida, mi segunda oportunidad; ¿quién me diría que mi vida daría un giro drástico? ¿Cómo imaginarme siquiera, que mis prejuicios, que mis reglas de moral, se irían como el polvo que arrastra el viento?
¿Cómo es que una segunda oportunidad para ser felices, se convierte en nuestra arma destructiva?
Todo fue un juego, un juego de este mundo, este mundo que gira sin darse cuenta que con sus vueltas coloca a las personas menos indicadas en el mismo lugar. Cuestión de geografía o… de la misteriosa vida… o del travieso Dios… quizás una combinación.
De pronto me encontré ahí, junto a él, rodeada de sus brazos, por sus ‘te amo’; recorrida por sus labios… de pronto me encontré con él.
Todo comenzó así, como una célebre novela del más magnífico escritor… creo que eso fue, Dios tomó su pluma, tomó nuestros nombres y escribió su novela. El triángulo amoroso más complicado en el que me encontré atrapada.
Esta es la historia, la historia de él, la de ella y la mía…
Claudia Phillips
CAP. 1
- ¡¡Gabriela!! –me sorprendí al verla; tres años, ya era toda una mujer, ya no usaba aquellos aretes grandes y coloridos, ni cientos de pulseras enormes en las manos, mucho menos llevaba esos pantalones flojos y las peculiares ombligueras escandalosas; era toda una universitaria
- ¡¡Claudia!! –en cuanto la vi aparecer por la puerta de arribo del aeropuerto, corrí a abrazarla
Los años de casada la habían hecho madurar más, aquel traje sastre en azul marino y esas hermosas zapatillas la hacían lucir como toda una señora… una joven señora.
Sí, eran tres años, los tres años más felices de mi vida, hasta que la muerte me arrebató al hombre que más había amado, al primero que me entregué, Alfred, mi esposo.
Tenía poco más de seis meses de haber enviudado, hace un mes me ofrecieron un puesto como catedrática en la Universidad de Cambridge para la clase de poesía. Viajé desde Galway para reunirme con mi hermana menor que estudiaba aquí, se preparaba para ser la mejor psicóloga.
- Hay tantas cosas que contarnos, ya sabes que el teléfono te priva de mucho –desde el aeropuerto no paró de hablar, mientras manejaba con rumbo a su departamento, sus labios seguían sin quedarse pegados por más de cinco segundos-. Sabes, rompí mi trato –la miré con atención, sonreía-… me enamoré –eso si que era una sorpresa, una agradable sorpresa
- Te felicito, llegué a pensar que eras como aparentabas, frívola, sin sentimientos, despiadada –enumeré una gran cantidad de defectos, me encantaba hacerla enojar-. Ya, sólo era una broma –dije cuando el semáforo le permitió detenerse y me envió una mirada asesina
- Aún no entiendo, como es que he logrado reprimir mi instinto asesino ante tus bromas –después de dos segundos de silencio, soltamos la carcajada
Si que extrañaba a mi hermana, sus consejos, la forma en que jugaba con mi mente y lograba sacarme mis secretos; entre ella y yo, ella era una psicóloga nata, era como mi Aristóteles en psicología. También extrañaba sus guisos, yo siempre fui pésima en la cocina, creo que es notorio cuando tu departamento está infestado de cajas de pizza, sopas instantáneas y paquetes de comida a domicilio.
- ¡Sí! ¡Aquí vive Gaby! –dejó caer las maletas sobre el suelo de madera y observó cada rincón de mi ‘acogedor’ hogar
- ¡Limosnera y con garrote! –grité desplomándome sobre el sillón de la sala y tomando el control del televisor- ¡Ah! Se me olvidaba –me puse de pie como impulsada por un resorte-. Te mostraré tu recámara, mira que me esmeré en su arreglo, ¿sabes?, tiene una hermosa vista, sé que te encanta abrir las ventanas a plena mañana y recibir los primero rayos del sol –la tomé del brazo y caminamos por el angosto pasillo
¡Wow! De verdad me sorprendió Gabriela. La habitación no era muy grande, pero sí cómoda; la cama estaba a pocos pasos de la enorme ventana de cortinas gruesas en azul marino, la sábana tenía estampado grande y florido; había un sillón frente a la ventana, con una pequeña mesa a lado, Gaby dejó el primer libro que leería en Cambridge, “Las cartas del joven Werther”, escrito por uno de mis preferidos, Goethe. Había un modesto tocador de caoba y un enorme armario…
- ¿Tú sola hiciste esto? Piensa bien antes de intentar engañarme, siempre te descubro
- No, no fui yo sola, algunos amigos de la universidad me ayudaron con la pintura y la decoración, pero todo fue mi idea
Seguimos charlando por horas, tener de nuevo a mi hermana conmigo es una bendición del cielo; siempre está dispuesta a oír mis problemas, a aclarar todas mis dudas. Aunque a veces es malo, me acostumbro tanto a ella, que termino volviéndome dependiente de… ¡su comida! Sí, su comida, bueno por algo no he aprendido a cocinar… cuando lo intenté, poco faltó para llamar al departamento de bomberos de Galway.
Ese día era sábado, gracias al todopoderoso, la noche nos pasó por encima. Después de darse un baño, Clau y yo nos instalamos en su cama. Así nos dio el día, abrí los ojos, descubriéndome acurrucada entre sus brazos, ella era como una madre para mí… ¡sí, eso era! Mi hermana – mamá.
CAP. 2
- Vamos Bryan, sal a divertirte –irrumpió de golpe en mi cuarto, cerrando el libro que tenía sobre mi pequeña mesa-. El día es hermoso, no puedes desperdiciarlo aquí
- Está bien hermanito –acomodé el libro en el estante, junto a los otros, y me puse de pie-. ¿A dónde iremos? -pregunté caminando hacia mi armario
- Los chicos han organizado un día de campo en la playa… ¡Ah! Oye irrespetuoso, que no soy tu ‘hermanito’, llámame: hermano mayor Kian –tomó una pose aristocrática, exagerando cada gesto, yo sólo pude soltar una carcajada-. Sí, sí, ya sé, está bien, sólo soy mayor por unos minutos, pero esos dos minutos, me hacen merecedor de tu respeto –lo vi secarse unas lágrimas falsas, volví a reír
- Kian, en ocasiones creo que exageras –me quité los pantalones y me puse aquella bermuda amplia de color beige y la remera celeste-. Sabes, papá tiene razón, tú y yo no parecemos hermanos, ni siquiera físicamente, nunca te has puesto a pensar en que no somos gemelos, creo que a ti te adoptaron, en mi familia sólo hay persona bellas –esta vez, el payaso era yo
- Sabes Bryan, te voy enseñar a respetarme –yo lo miré sentado desde el borde de la cama, me ataba los tenis… reaccioné tarde, se echó sobre mí y comenzamos a jugar ‘peleitas’, como cuando éramos dos pequeños de seis años-. Te enseñaré que con súper Kian no se juega
- ¡Niños! –gritó mi madre que pasaba con un cesto de ropa-. Se pueden lastimar, ustedes no crecen –de resignó al vernos reír y siguió su camino
- Ya ves, madura Bryan, madura –salió de mi cuarto mientras yo volvía a sonreír… hasta que vi el estado de mi cama
- ¿Vienes? –me preguntó Gaby que acomodaba su traje de baño en una mochila deportiva
- No gracias, mi vejez les arruinaría la diversión –me dedicó un gracioso gesto
La vi apoyada en el marco de la puerta, lucía un vestido de algodón con tirantes delgados, era azul; se veía tan cómoda con los pies tocando el piso… ya tenía a Goethe en sus manos, seguro aprovecharía que yo me iba de fiesta para devorarse el libro.
- Como tú digas, pero para nada que seas vieja –tan sólo tenía 29 años-. Más bien eres… una mujer madura –ambas sonreímos
- Con cuidado –media hora después, pasaba por mi cuarto para despedirse
- No te preocupes hermana, sé cuidarme muy bien –me dio un beso en la mejilla, segundos más tarde la puerta de entrada se cerraba; yo me enfrascaba en mi mundo… los libros
- ¿Ya viste quién llegó? –Shane era un primo mío, de mi misma edad-. Tu admiradora número uno –voltee al lugar que Shane observaba; era ella, la chica de psicología, Gabriela Lowe-. ¡Uuy! Que bien se ve con ese short de mezclilla –su mirada se clavaba en ese par de piernas andantes -. Aún me cuestionó el porque de tu soltería, con tremendo pedazo de mujer –la vi venir hacia nosotros, con esos grandes ojos verdes, esas mejillas rosas y sonriendo vivazmente
- Lo mismo me pregunto Shane, lo mismo –respondí con una sonrisa de lado, mientras enumeraba todas las cualidades de Gabriela
En realidad yo también me hacía esa pregunta, ¿por qué? Gabriela era ese tipo de chica con la que cualquier hombre se sentiría afortunado. Físicamente era bellísima, cuerpo escultural, sonrisa agradable, ojos hermosos y mirar cautivador. Era una niña muy inteligente, con un nivel de cultura muy alto, con gran sentido del humor y de nobles sentimientos… ¿qué más se podía pedir?... Nada.
Pero yo, Bryan Mcfadden, todavía seguía buscando un pretexto para no acercarme a ella; Gabriela, la mujer ‘perfecta’, estaba enamorada de mí, y yo apenas le regresaba un “hola”.
Me encontraba sumergido en mis pensamientos, hallando la razón que me impedía encender una chispa en mi corazón con sólo ver a Gabriela, cuado su melódica voz me hizo regresar a la playa.
- ¡Hola! ¿Por qué tan solos? –le planté un sonoro beso en la mejilla a Shane, el novio de mi amiga Jael-. Bryan, ¿cómo has estado? –me acerqué a él y le di un beso menos festivo-. ¿Bryan? –parecía estar en la luna, nada novedoso, estaba acostumbrada a tratar con personas como él, mi hermana era idéntica; ese par vivía sumergido en sus novelas de la época romántica y la medieval… ¡o cómo se les llamara!
- ¿Ah? Perdón, ¿qué decías? –lo miré desconcertado, sólo atiné a soltar una sonrisita
- Olvídalo Bry. ¿Cómo has estado? –volví a preguntar
- Mu… -no sé si era mala suerte, pero nunca podíamos platicar largo y tendido, siempre había algo que nos interrumpía…
- ¿y Jael? –algo como Shane
- Se quedó platicando con Mariana
- ¡Hola Gaby! –Nicky, el prospecto a novio de Mariana, llegó a saludarme efusivamente-. Todos los chicos están por allá, vamos
- En un momento los alcanzo –quería pasar más tiempo cerca de Bryan
- No, vamos ya –repuso tirando de mi brazo
- Te veo luego Bryan –Nicky ya me había separado lo suficiente como para despedirme sólo con un movimiento de mano
La noche transcurrió de lo más tranquila, creo que cuando vives en un mundo de letras, formando tus teorías acerca de cómo vivir mejor… te olvidas de vivir. Mientras todos bailaban, reían, bromeaban; yo permanecía sentado sobre la arena, observándolos, me sentía invisible ante ellos, cosa que me gustaba. Ella reía, sus ojos brillaban con intensidad, era como si un aura de alegría la rodeara; era tan bella, tan joven. Encontré mi porque, yo había madurado lo suficiente como para saber, que Gabriela era una chica, una perfecta chica… pero era sólo eso, una chica.
Me levanté apoyándome con las manos, que después sacudí. Me acerqué a Kian y Shane para despedirme, mi cuñada Ofelia y Jael los acompañaban.
Lo vi ponerse de pie, era tan guapo, tan diferente a los otros… tan hombre. Se acercó a su hermano y a su primo, estrechó las manos de ambos y se despidió de Ofe y Jael con un beso en la mejilla. Paso de largo junto a mí, no sé si no me vio o quizás me ignoró. “Otro día más Gaby, otro día más”, me repetí.
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