CAP. 12
Por lo que se notaba, la comida había salido mejor de lo imaginado, cada uno disfrutaba de su parrillada. Nuestros queridos ‘hombres’ se levantaron de la mesa y entraron a la casa, con seguridad podía decir que se dirigían al salón de juegos; unas cuantas rondas de pocker y choques de copas con vino griego, era lo que acompañaría la charla de algunas horas.
Nosotras continuábamos en el jardín, platicando de nuestros trabajos, de los niños y los esposos. Jennifer se integró bien a la conversación, cuando Ivi habló del tiempo que vivió en Sligo con Mark. Denise y Jenni compaginaron al instante, quizás por la similitud de edades o por el trato íntimo con Daniel.
El pocker no es un juego de seis, al menos no es cómodo jugarlo entre más de cuatro. Shane y Daniel se sentaron sobre el sillón de piel, mientras saboreaban la fermentada bebida de uvas.
- ... Así que Jennifer y tú son sólo amigos. ¿Nunca hubo algo más? –preguntó con una sonrisa pícara Shane
- No... sabes, no dejé de amar a Denise ni un solo instante. A veces pienso que es el amor de mi vida, muchas veces me he visto con ella en el altar, con nuestros hijos... ¿estoy loco, verdad? –Daniel se sintió avergonzado ante la mirada penetrante de su hermano mayor
- No, por el contrario, me alegra que pienses así a tu edad –le dio una palmada en la espalda-. Es evidente que Denise te corresponde, es cuestión de recuperar los años perdidos
- ¿Sabes Shane? Nunca nada ni nadie me hará cambiar de parecer, Marisol y tú son los mejores hermanos que cualquiera puede desear –ambos se abrazaron
- ¡Chicos! –interrumpió Bryan-. Es su turno, Kian y Mark han perdido –los susodichos miraban con ánimos de ahorcar al que les había dejado casi en bancarrota, es un decir
Los niños iban y venían de un lado a otro por todo el jardín, Paul trataba de llevarles el ritmo, pero muy a menudo se detenía a tomar aire. Clarissa se mecía en el columpio del árbol y no apartaba el celular de su oído, probablemente Arthur estaba del otro lado de la línea; las chicas seguían platicando, yo me ofrecí a enseñarle nuestro jardín a Jennifer.
- Su hijo es un encanto –comentó al ver pasar corriendo a Paul
- Gracias, es un hijo muy bien portado –respondí a una sonrisa
- Lo noto, siento mucho que sea asmático, me imagino lo doloroso que debe ser para usted como madre, ver las limitaciones a que está sujeto su hijo, sobre todo en esta etapa de juegos –de pronto su mirada entristeció
- Lo es, y mucho. Para mi fortuna cuento con el apoyo incondicional de mi esposo. Bryan y Paul son mis dos grandes amores, no sé que haría o sería de mí, si uno de ellos me faltara... Paul ven –mi hijo volvió a pasar a nuestro lado-, quiero que conozcas a la amiga de tu tío Daniel, la señorita Jennifer
- ¡Hola Paul! –Jenni extendió sus brazos al frente, intentando atraer a mi hijo
Para mi sorpresa, mi hijo, que era un niño muy sociable y amistoso, no quiso acercarse a ella; el chiquillo se escondía tras mis faldas
- Paul no seas mal educado, saluda a Jennifer
- Ho... hola –dijo casi susurrante
- ¡Qué hermoso niño! –exclamó levantándolo con sus brazos
- ¡Mami, mami! –gritaba Paul, al tiempo que se abalanzaba a mis brazos y se movía bruscamente para zafarse de Jenni
- No te agrado, seguro es porque no me conoces –decía mientras me lo entregaba-... ¡auch! –dijo adolorida, la cadenita de Paul se enredó con uno de los dedos de ella
La noté rara, como nerviosa, temblaba. Su rostro era una mezcla de asombro, tristeza y alegría; me moría de ganas por preguntarle la causa de tantas emociones encontradas que se reflejaba en su cara.
- ¿Pasa algo?
- ¡Nada! Sólo estoy cansada por el viaje, será mejor que me retire
- Entiendo, llamaré a Daniel para que te lleve al hotel
- No hace falta, él está ocupado con sus amigos, no quiero molestar
- Entonces le pediré al chofer que te lleve
- Muchas gracias, pero prefiero un taxi, primero iré de compras –aún temblaba al hablar
- Como gustes
A penas se despidió de mí y caminó hacia la salida. Por lo visto llevaba prisa, ni siquiera dijo adiós a los demás.
CAP. 13
Pasaron algunos días en los que marqué en varias ocasiones al celular de Jennifer, planeaba invitarla a pasear, ir de compras, tomar un café y quizás, buscarle un departamento; pero, o no contestaba o decía que estaba ocupada. Seguramente visitaba a algunos amigos o familiares; Daniel no supo darme una razón, poco o nada sabía de la vida familiar de Jenni, decía que ella era muy reservada en eso. Sin embargo, no desistiría, Jennifer era una chica que yo apreciaba mucho, gracias a que era la mejor amiga de Daniel.
- ¡Yo abro Stephy! –pasaba por la sala cuando se escuchó un toque en la puerta principal-. ¡Hola! Hasta que vienes a visitarnos –abracé calurosamente a Jennifer y deposité un beso en su mejilla; la noté preocupada, apenas respondió a mi saludo- ¿Ocurre algo? Te noto angustiada
- Marisol, necesito hablar contigo, es un asunto muy delicado –entrecerré los ojos y la miré fijamente
- Claro, pasa –caminamos hasta la sala, le ofrecí un asiento frente a mí- ¿En qué puedo ayudar? ¿Algún problema, nena? –me acerqué un poco a ella y pasé mi mano por su mejilla, después sonreí tiernamente; ella era como la hermana que nunca tuve
- Marisol, ¿quién le dio ese dije a Paul? -¿dije? Seguro se refería al angelito que pendía de la cadena que Bryan compró al niño; la cadena original se tuvo que reemplazar
- Bueno... –esa era una pregunta que aún, después de cinco años, no me atrevía a contestar-. Erm... –tartamudeé, buscando entre mis ideas alguna invención
- Marisol –ese afán de llamarme por mi nombre a todo momento y con esa pronunciación seria, me intrigaba- ¿Paul es adoptado?
Mi rostro se trasformó en una imagen clara de susto, mis ojos parecían desorbitados. Me incorporé, comencé a caminar de un lado a otro, la mirada de Jennifer me seguía a cada movimiento; mientras mis manos se entrelazaban, los huesos de mis dedos producían un ruido desesperante. No sabía que decir, mi cerebro se había bloqueado por completo y las palabras no se podían formar en mi boca, donde los labios temblaban, al igual que todo mi ser. El corazón era el órgano más acelerado de todos...
- Lo es, ¿verdad? –ella se levantó del sofá, la afirmación me hizo detenerme de golpe
- ¿Quién te lo ha dicho? –ese era un sí, un sí oculto, un sí que no me gustaba pronunciar
Por un momento creí ver sus ojos brillantes, casi felices.
- Esa medalla... yo –pausaba al hablar, volvió a tomar asiento; ahora yo me convertía en la observadora, en la persona llena de dudas-... Yo soy la madre de Paul –después de segundos de silencio, sus palabras inundaron la estancia
Mi mente era una especie de disco rayado, repetía una y otra vez esa frase salida de la boca de Jennifer: “yo soy la madre de Paul”.
¡¿Cómo demonios se atrevía a decir eso?! La única madre de ese niño era yo. Al fin logré reaccionar, mi asombro y angustia se transformaron en odio, un odio que se inyectaba en los ojos de ella. La hubiese sacado a patadas, la hubiese asesinado en ese mismo instante; pero sus ojos de cristal –por las lágrimas-, me detuvieron; yo más que nadie, sabía lo que era llorar por un hijo. Antes de cualquier intento de asesinato, pondría las cosas muy en claro... ¿qué quería?
- No te creo, dame alguna prueba –mi semblante se tranquilizó, miré con seguridad
- Bien sabes que la única prueba es esa medalla, y aquella cadena de eslabones circulares -¡Diablos! No cabía ya la duda
- Perfecto, pero tengo que corregirte. La única madre de Paul, soy yo. Los únicos padres que él conoce, somos Bryan y yo. No permitiré que vengas a arrebatarme un trozo de mi vida –mis palabras brotaban de golpe, talvez incoherentes, tan sólo iba diciendo lo que sentía-. No puedes venir a quitarme ese niño, a ese niño que... ¡yo!, he cuidado; sólo nosotros dos –Bryan y yo-, hemos estado despiertos durante días enteros, en un cuarto de hospital, en la casa o en donde sea, cuidando de su salud. Nosotros le enseñamos a hablar y caminar. Nosotros lo hemos llevado a la escuela
tomado de la mano. Y escúchalo muy bien –mi dedo índice sobresalió de entre los demás, con gran esfuerzo articulaba las palabras, tratando de que el llanto no entorpeciera el sonido-... ¡Paul es sólo nuestro hijo!
- Marisol... por favor... no seas tan cruel -¿me hablaba de crueldad? Ella que venía a robarme mi felicidad-. Ambas sabemos el porque de todo. No me digas que vengo a arrebatarte tu vida, porque estamos en la misma situación –las lágrimas se deslizaban por sus mejillas-. No quiero quitarte nada, pero, por piedad, ponte en mi lugar. No sabes lo difícil que es vivir extrañando a tu hijo, las noches de angustia, ver en cada niño al tuyo. Por favor, por favor –esa mujer se deshizo delante de mí, ese por favor se internaba en lo más profundo de mí
¿Devolverle a su hijo, a mi hijo?
- Sal de mi casa –fue lo último que le dije, la vi salir derrotada
En cuanto la puerta se cerró, mis rodillas hicieron contacto con la alfombra del piso.
Me quedé estática. Mi mente se llenó de imágenes, de felicidad y dolor. Las lágrimas eran gruesas y largas, silenciosas. Apoyé ambas manos contra el suelo aterciopelado y entonces el ruido de mi llanto se comenzó a escuchar.
- ¡Dios mío! ¡Mi hijo! ¡Mi niño! –estaba viendo morir a mi hijo, muriendo en mi vida, casi lo veía perdido-. ¡No puedes, es mi hijo! –alcé el rostro, como quien intenta ver al cielo-. ¡No puedes! –grité con furia
CAP. 14
- ¿Qué pasó? –media hora después de haber recibido una llamada de Stephy, Bryan entraba a la casa-. ¿Dónde está?
- Charles la subió a su habitación, señor. La señora estaba muy mal, no dejaba de llorar
- ¡Dios mío! –subió las escaleras con velocidad, Stephy le seguía cercanamente-. Pero, ¿qué sucedió?
- No sé señor, estuvo platicando con la señorita Jennifer, después de que ella se retirara, la señora comenzó a ponerse a sí
- Bien. Encárgate del niño, yo me quedaré cuidando de ella –Stephy salió de la habitación-. Nena, ¿qué pasa? –él se sentó en la cama, a un lado mío, pasó una de sus manos por mi mejilla y con la otra acarició mi cabello
- ¡Bryan! –me lancé a sus brazos, mis lágrimas comenzaron a mojar el hombro de su camisa-. ¡Mi hijo, Bryan! ¡Mi niño! –pude verme en sus ojos, mi estado era terrible
- Paul está bien, calma...
- No Bryan, nos lo quiere robar... se quiere llevar a mi niño...
- ¿De qué hablas? –me tomó por los hombros, su mirada cayó en el desconcierto-. ¡Marisol dime de que hablas!
- Jennifer... Jennifer... ella... –el dolor me carcomía por dentro
- ¿Qué pasa con Jennifer? ¿Qué tiene que ver con nuestro hijo? No entiendo, explícame y trata de calmarte
- Jennifer es la mamá de Paul...
Lo miré con un gran pesar, su rostro se descompuso, parecía que un balde de agua fría le había caído de golpe. Se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro, se peinaba el cabello hacia atrás con ambas manos. Yo me senté al borde de la cama, observé como nuestro mundo iba cayendo por un abismo oscuro, como las sonrisas y la felicidad se iban alejando, sin que nadie pudiese hacer nada.
- Todo va a estar bien –dijo poniéndose de cuclillas frente a mí-, delante de la ley, Paul es nuestro hijo, no nos lo puede quitar
¿Ley? Los papeles decían que ese niño era nuestro, y ante Dios nosotros éramos sus padres, pero, ¿cómo? Talvez nos habíamos aprovechado de la penosa situación de Jennifer y ella como buena madre, prefirió el dolor de perder a su hijo a verlo morir de hambre.
- Bryan, y su quizás es justo que el niño regrese con ella... –mi propio dolor de madre me hacía por fin comprender a Jennifer
Bryan me miró con ternura, con amor; me dio un beso en la frente.
- Nena, haremos lo que tú digas –lo vi cerrar sus ojos azules y derramar algunas lágrimas-. ¿Sabes? Nunca me arrepentiré de haberme casado contigo, no sé si continuemos juntos toda la vida, pero pase lo que pase, casarme contigo fue la mejor decisión que pude haber tomado. Eres una gran madre, una gran esposa y una excelente mujer. Vamos a superar esto juntos, como siempre
Me oprimió contra su pecho, yo lo abracé con todas las fuerzas de mi ser; ambos llorábamos, íbamos a perder a nuestro niño, lo más valioso que teníamos.
Dejar ir a Paul me iba a matar en vida, pero si Bryan estaba a mi lado... para mí, sólo para mí, todo saldría bien... todo.
- Una semana después -
- Jennifer llegará hoy por el niño. Por eso me voy ya –ese hombre que siempre mantenía un brillo en los ojos y una sonrisa en sus labios, parecía el hombre más triste del universo
- Ánimo Bry –la mano de Nicky palmeó la espalda de su amigo-, yo sé que juntos lo van a superar. Además, para eso estamos nosotros, sus amigos. Particularmente, cuenta conmigo para todo
- Gracias Nicky –le agradeció el gesto con una leve mueca de sonrisa-. Nos vemos mañana, tengo que estar en casa antes que Jennifer, no puedo dejar sola a Marisol
- Entiendo, ve sin cuidado, yo me encargo de todo aquí –abrazó a su amigo, demostrándole que estaba con él
Preferí no ir al despacho durante esta semana, quería compartir los últimos días con mi hijo, hablar con él para que entendiera un poco el cambio enorme que iba a ocurrir en su corta vida.
Estaba a su lado desde que abría los ojitos, hasta cuando Bryan lo llevaba en sus brazos y lo depositaba en su cama. No concebía que dentro de unas horas, lo fuese a perder.
- Sabes que te amo mucho, ¿verdad? –casi me arrodillé delante de él, Bryan lo sujetaba de la mano; se veía tan lindo con su overol de mezclilla y sus tenis azules, la gorrita de béisbol le sentaba bien
- Yo también te amo, mami –me sonrió
- Toma –dije poniendo en su otra manita su carrito preferido-. Cuídalo mucho, es un regalo de tu papá y mío. Recuerda que te amo mucho, que siempre serás mi niño –sus ojitos inocentes no entendían absolutamente nada-. Te amo mi vida –lo abracé con todas mis fuerzas, traté de ocultar mis lágrimas, pero no pude
- Mamita, ¿por qué lloras? –Bryan y yo volteamos a vernos
- Señor, la señorita Jennifer ya está afuera –todos en esta casa estábamos tristes; vi como nuestro chofer levantaba las maletas de Paul
- Ya vamos
- Te amo mi niño, te amo –lo besé por última vez
Mientras ellos bajaban las escaleras, corrí a mi habitación, desde la ventana podría ver todo. Quizás era muy cobarde, pero yo no podía entregar a mi hijo. Pobre de mi Bryan, esto era demasiado para él solo.
- Papi, ¿a dónde vamos? ¿por qué mamá no viene con nosotros? –preguntó antes de que Bryan abriera la puerta
- Campeón –se agachó a la altura de Paul-, en la vida hay situaciones dolorosas, que quisiéramos que no pasaran; pero aunque nos duelan, hay que enfrentar esas situaciones. Tú eres un niño muy afortunado, me tienes a mí como tu papá, a todos tus tíos, tus primos, tus abuelos, tu mami Marisol que te ama tanto como yo, y... bueno, Jennifer es también tu mami y te ama como nosotros lo hacemos
- ¿Mi mami?
- Sé que no me entiendes mucho, pero cuando estés más grande lo harás
La angustia me estaba matando dentro de esa habitación, no quería ni asomarme por la ventana. De pronto, tomé fuerzas y abrí la cortina...
Jennifer estaba de pie, cerca de un auto estacionado en nuestro jardín, segundos después aparecieron Bryan y Paul, seguidos de Charles...
¡Me estaba muriendo!
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