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Rosselló. ¿Se puede descartar? Por: Eudaldo Báez Galib
No tan de prisa. Eso creí cuando ocurrió el desbanque de un Senador para ser sustituido por él. Pequé, sin embargo, de lo que más critico. Hablar antes de pensar. Rosselló sí está dentro del marco de posibilidades para la gobernación el próximo cuatrienio. Obviamente, no estoy prediciéndolo. No soy ni politólogo ni adivinador. Es que revisé mis estadísticas electorales. Abrieron el apetito de análisis y forzaron a visualizar el marco amplio. Había concluido que Luis Fortuño tenía el camino expedito a la candidatura del PNP. Un joven con buena imagen, electoralmente atrayente, dentro de un borrascoso liderato político, brindando un paliativo para la normalidad. Me convalidó esa conclusión el catálogo de líderes que se le unía y las expresiones y decisiones desacertadas de los del ex-gobernador, así como el comportamiento legislativo de éste.
Veo ahora un nuevo escenario. Antes era una contienda entre Acevedo Vilá y Fortuño. La duda que me daba el concepto de “probabilidad”, se tornó en la aptitud de ocurrencia que ofrece la “posibilidad”. Generándose, colateralmente, una expectativa especial, ya que, dependiendo de quién fuere el candidato, Ro-sselló o Fortuño, habría una campaña a la gobernación diferente. Acevedo Vilá tendrá que esperar lo que ocurrirá entre éstos. Por supuesto, la política puertorriqueña sufre un suspenso especial, por eso y por los eventos en el PPD, donde incide la incertidumbre y otros problemas con raíces históricas.
Adicionémosle a esta interesante cocción una serie de realidades que necesariamente complican la receta. Trascendentales. El país atiende una situación económica muy difícil. Impactado, a su vez, por la discordia social que toca a todos, independientemente de condiciones personales. El impacto se aminoraría si existiera un sentido de esperanza. Pero no. Así que ese brebaje en nada ayuda a un análisis comprometedor. Ni mío ni de quien sea. Obscurece las proyecciones de buena fe o alimenta las de mala.
¿Por qué la viabilidad de Rosselló? Principalmente por su historial en las urnas. En la pasada elección general, recobró los votos perdidos por Pesquera y los superó. En todos los municipios, con excepción de Jayuya, obtuvo más votos que aquél. De más está plantear que su derrota en el 2004, no resultó de una contienda de Populares versus Penepés. De así haber ocurrido, Rosselló sería hoy gobernador. Hubo más Penepés en las urnas que Populares. La ya evidente ayuda de personas fuera del PPD dio el triunfo a Acevedo Vilá. Lo que costó al PIP su franquicia electoral y constituyó un mal llamado “gobierno compartido” a lo que es realmente “gobierno fraccionado”. Recuérdese que aún cuando el mismo partido controle todo, inclusive asumiendo el forzado “sello de goma”, la Constitución exige el compartir gobierno. Obviamente las malas costumbres acuñan malos nombres.
Así que Fortuño se enfrenta a quien ha demostrado la capacidad de “rebote”. Rosselló entiende el desquite electoral y aprendió a ajustarse a ello. Su demostración en el 2004, cualificada con alegaciones de fraude electoral, ha mantenido en la imaginación de su base, a un ganador. Muy parecido a la situación de Hernández Colón en la elección de 1980, que, en igual forma, se mantuvo electoralmente viable para la del 1984. Razón obvia por lo que la teoría del robo electoral la repiten insistentemente. El hoy “a las trincheras” de Rosselló.
Si consideramos el comportamiento del elector típico en primarias, él tiene la ventaja. A esos eventos acuden los incondicionales partidistas. El romántico “corazón del rollo”. Y ése, si consideramos todo lo anterior, deberá responder a Rosselló. La hipótesis pues: a menos electores que acudan a la primaria, más oportunidad de triunfo para el ex-gobernador. Lo que fuerza a Fortuño a movilizar las fuerzas estadistas no incondicionales que se han resentido con Rosselló por su práctica exclusionaria, la algidez del discurso de sus asociados y el entorpecimiento del movimiento socio-económico por una Legislatura que le responde.
Y quien crea que el PNP es un partido debilitado, se equivoca. La lucha por la candidatura a la gobernación enmascara su capacidad. Está, obviamente, por verse, si luego de la contienda logran unidad de propósitos. Dependerá de la astucia de los ganadores y la nobleza de los perdedores. Nótese, sin embargo, la estrategia de Rosselló de ser candidato sin ser candidato, lo que abonará a una petición de unidad. Pero se tendrá el siguiente marco de referencia si consideramos que la salud electoral de un partido se mide por los votos íntegros. Luego de experimentar el PNP aumentos sobre el cincuenta por ciento, la elección de 2000 le golpeó fuerte con una reducción del 4.9 %, ocasionada por una emigración masiva hacia los otros partidos. Nótese que el incremento de 1.2 % del PIP y de 3.7 % del PPD suma a ese 4.9 %.
Para la del 2004, Rosselló rescata un 2.9 % de los votos íntegros, ante una pérdida de 0.9 % para el PPD y un 2 % para el PIP. Así que, perdiendo él, triunfa su Partido. Rescató municipios, la Cámara de Representantes y al Senado (hasta el día del desbanque). Por lo que cabe ahora preguntarnos si, ante esa demostración electoral, puede ser descartado fácilmente. Ahora, unámosle otra realidad. Rosselló se “despojó” de cuatro de sus cinco maleficencias. Quedó liberado de las condenas por corrupción a miembros de su gobierno. No sólo oficialmente, sino por el transcurso del tiempo. Y aunque la “tarjetita” aún suena (no tanto-aquí el paso del tiempo valida), el tren, el superacueducto y el coliseo, se liberaron sustancialmente de sus pecados originales. Las imágenes ahora son otras.
Pero. En un país de tantas ambigüedades, ante posibles cambios trascendentales y siempre dependiente de imprecisiones estructurales, lo único seguro es, que nada es seguro. La historia “es un profeta mirando hacia atrás”. No descartar al senador Rosselló no significa una derrota de Fortuño. Sólo significa que éste no se lleve al engaño ni a complacencia. Ni que el PPD se regodee en ese revuelto río para ganar como pescador.
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