EAF – III Años 12 Ediciones
ARTE Y ESTADO EN LA III REPUBLICA
RECAPITULACIÓN. La finalidad de la III República
apunta a la superación o crisis de la sociedad
nacional mediante una forma globalizada de vida social
(internacional) basada en una estratificación social
de niveles ocupacionales manifestada
institucionalmente en una estructura de poder
tecnocrática legalmente justificada por una ideología
operativa o eficientista. Preservando la movilidad
social (vertical) de la sociedad nacional, la sociedad
internacional presenta un sistema de pensamiento y
dominación basado, no en el principio de la propiedad
sino de la capacitación profesional.
En los Estados americanos, con mayor o menor grado
de agresividad, coexisten tres sistemas de pensamiento
y dominación antagonismos. Según regiones: la
comunidad feudal (estamental, aristocrática e
integrista) como tendencia residual a perimida; la
sociedad nacional (clasista, burocrática y liberal)
como tendencia predominante a residual; y la sociedad
internacional (ocupacional, tecnocrática y operativa o
eficientista) como tendencia emergente a predominante.
-----------------
El financiamiento a la cultura artística por el
sector privado en buena parte de América latina
destacó a la música y la plástica, el patrimonio y los
museos como prioridades reduciéndose ante el teatro,
la educación artística y la generación de sistemas
representacionales y especulativos opcionales. Como
práctica “políticamente correcta” se costeó espacios
de alto perfil. Los llamados sectores ABC1 de la
población. Así se jerarquizó lo jeraquizado y se
premió lo premiado. El sector privado, por otra parte,
desjeraquizó y condenó las expresiones de primera
fila; vanguardismo, experimentalismo. Una cultura
artística condicionada.
En la finalidad de la III República, la cifra Arte
y Estado apunta a cubrir -mediante el financiamento
del sector público- la diversidad incondicionada de la
cultura artística. Para ello es necesario comprender
nuevos términos como «política cultural» y «economía
cultural» en tanto principios operativos que superen
la política y la economía neta, oficial y
burocráticamente establecida.-
“CRISIS” Y “REVOLUCIÓN” EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
Fue el dilema de la estructura de pensamiento y
dominación del mundo moderno: cultura artística e
intelectual postergada o descalificada por la cultura
científica y técnica. Ante el proceso de
racionalización de la sociedad contemporánea se
planteó la alternativa cultura “humanista” opuesta a
cultura “científica”. Una en “crisis” y otra en
“revolución”. Así hay un “país ocupado” por artistas e
intelectuales como hay un “país conquistado” por
científicos y técnicos. El proceso de racionalización
de la sociedad contemporánea supuso la «conquista» de
la cultura científica de la capacidad de mando de la
sociedad «ocupada» tradicionalmente por la cultura
artística. El Estado, como pináculo de la estructura
de dominación moderna, priorizó dicha cultura
científica, revolucionaria y conquistadora,
postergando la cultura artística, ocupante y en
crisis. Por lo mismo el sector público jerarquizó y
premió, financiando su actividad, a científicos y
técnicos como inversión en defensa (educación, salud,
prevención).
No pudo ser el caso de la cultura artística
considerada como gasto inútil o suntuario; el
“desahorro”. Como esferas opuestas se planteó el
antagonismo economía política/cultura artística. Lo
cierto y lo incierto, lo firme y lo dudoso. La
economía política como trabajo productivo, actividad
material, tangible y mensurable, orientada por el
interés y la necesidad; en suma, como un motor del
desarrollo objetivo y común. Cultura artística, en
oposición, como actividad ociosa e improductiva,
subjetiva e impredictible, imponderable, como espacio
del desinterés y la autonomía; eventualmente, como un
obstáculo al desarrollo.
Gobiernos hubo que incluyeron la cultura artística
dentro del presupuesto oficial. En los bordes de lo
político, buscando réditos extra-artísticos, costearon
proyectos artísticos más o menos “cultos” o
“populares” descalificando expresiones difícilmente
manipulables. Lo demás fue formalismo limitado a
programas de radio y televisión, diarios y revistas,
“de cultura”, como crónica y reportaje de actualidad.
La rutina de lo complaciente y lo institucional. El
“arte de aeropuerto”.
Actualmente, dejando esos antagonismos y modalidades
en desuso, el financiamiento público de la cultura
artística supone nuevas reglas de juego. Arte y
Estado. Políticas culturales y economía cultural.
POLÍTICAS CULTURALES
Se las justifica en tanto conjunto de intervenciones
realizadas por el Estado, instituciones civiles y
grupos comunitarios organizados, a fin de orientar el
desarrollo simbólico, satisfacer necesidades
artísticas e intelectuales de la población, y obtener
consenso para un tipo de orden o de transformación
social. Por lo mismo las políticas culturales
constituyen la unidad simbólica de una nación y su
diversificación respecto a otras naciones. Por lo
tanto, el Estado, las instituciones civiles y los
grupos comunitarios, son los agentes destacados a las
políticas culturales. Esta justificación plantea una
interrogante:
¿Es posible conducir, desde cualquier tipo de
organización, una política o serie de políticas que
presuponen planificación a mediano y largo plazo,
acciones referidas a objetivos comunes? Es el caso de
una empresa o una fundación. ¿Poseen la misma
capacidad, el mismo «imperium», que las agencias
estatales para conducir políticas culturales? Esto
pone dos sectores en tensión. Lo público y lo privado.
En el modelo europeo el sector público, tanto fuera
nacional, regional o municipal, interviene
vigorosamente en la planificación y financiamiento de
las políticas culturales mediante reparticiones
(Secretarías, Subsecretarías, Direcciones,
Departamentos). En el modelo estadounidense el sector
público se autolimita a la asignación de fondos a
organizaciones independientes que subsidian a
entidades solicitantes.
Como fuera, las políticas culturales sugieren estudios
preliminares, determinaciones y definiciones de
objetivos; finalmente, un plan maestro y un curso de
acción. Una política cultural resulta de la
articulación de diversas acciones concordantes a
objetivos comunes. La Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO), el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) y la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) son referentes de diversas políticas
culturales al establecer planes de acción y
prioridades de investigación externos a gobiernos y
partidos políticos.
También es de señalar al Banco Mundial (BM), el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo
Monetario Internacional (FMI) cuyo financiamiento no
afecta negativamente las políticas culturales
elaborados por el sector público.
ECONOMÍA CULTURAL
Una interpretación operativa de la cultura artística
en tanto “industria” revela su espesura así que sector
económico, productivo, generador de bienes y
servicios, valores y beneficios, empleos y riqueza. Lo
artístico cultural inherente a sistemas
representacionales y especulativos opcionales, al
patrimonio, la diversidad creativa, la conformación de
identidades, la afirmación de las tradiciones y la
generación de novedades. Opcionalidades.
Por sí misma, pues que ente autónomo, la industria
artística coadyuva a la calidad de vida: educación,
salud, prevención.
A manera de sector económico, inclina las balanzas
comerciales de los países aunque todavía no se haya
logrado consensos sobre las transacciones culturales
en los acuerdos de la Organización Mundial del
Comercio (OMC).
Mientras en América latina la cultura artística está
acreditada dentro del presupuesto estatal (nacional,
provincial y municipal) y el sector público la
administra mediante instituciones oficiales, en el
sector privado el mercado artístico se incrementa. La
cultura formal de la radio y la televisión, los
diarios y las revistas, como crónica y reportaje de
actualidad –el “arte de aeropuerto”-, es excedida por
la industria artística e intelectual incorporando el
patrimonio, el turismo, la gastronomía, el diseño, la
moda, la vida cotidiana y el placer, a través de
múltiples sectores económicos. Se trata de empleos e
industrias que directa o indirectamente dependen de
infraestructuras y de gremios. Investigación,
desarrollo, producción, distribución,
comercialización. La idea del público “de arte” como
consumidor final. Las audiencias como tárgets.
Traducción, doblaje, páckaging, mercadeo.
Rubros oficiales existen como salud, educación y
seguridad racionalizados según criterios y maneras
estandarizadas que permiten advertir demandas y
diseñar estrategias. Hay una uniformización de esos
ítems. Una rutina oficial burocráticamente establecida
que condicionan una política y una economía neta. No
es el caso de la cultura artística que reclama más una
política cultural y una economía cultural que una
política y una economía burocráticamente establecida.
Arte y Estado ¿culturización de la economía?
¿economización de la cultura?
La economía recurre a elementos simbólicos y a
estrategias culturales a medida que la cultura
artística se incorpora a los principios del mercado.
Tal economización de la cultura implica superación de
la política y la economía rutinaria oficial y
burocráticamente establecida orientada a la
distribución.
El financiamiento de la producción es la clave de las
políticas culturales y la economía cultural.
Burocráticamente, haciendo política y economía neta,
el sector público costeó la cultura artística mediante
becas y subsidios, créditos y premios apostando al
consumo y financiando a la concurrencia con precios
populares, entradas gratuitas y llevando espectáculos
a espacios públicos y al aire libre. Esto ha omitido
los intermedios entre artistas y públicos, franja
donde se generan los puestos de trabajo para los
gremios, inherentes en una economía cultural.
La economización de la cultura, al incluir los
intermedios entre la producción y el consumo eleva los
costos. Tanto la distribución como el mercadeo de los
bienes y servicios culturales implican un aparato, una
máquina. La especialización y la concentración
diversificada propia de los productos, sus costos,
acceso y difusión.
La estrategia de Arte y Estado consiste en expandir
los márgenes de la distribución y el mercadeo
permitiendo la circulación de toda clase de
expresiones artísticas. Así resulta necesario el
esponsoreo de pequeñas y medianas empresas, la
convocatoria a nuevos proyectos, el trazado de
regulaciones y controles sobre cada rubro. Tal
producción y tal consumo abriría accesos a los bienes
y los servicios.
Pluralidad de necesidades y demandas. Ese es el nombre
del juego.
Sólo hay una advertencia: la autonomía del arte,
condición de condiciones.
EAF/2004.-
http://www.geocities.com/eaf_underground
http://www.geocities.com/eaf_iniciacion
------------
Los mejores usados y las más tentadoras
ofertas de 0km están en Yahoo! Autos.
Comprá o vendé tu auto en
http://autos.yahoo.com.ar