EAF - III Años
Arte y Estado
El mapa de los "Estados inseguros"
Segunda Edición Corregida y Aumentada
Las tres Américas experimentaron sus etapas de
integración y consolidación de las sociedades
nacionales (estatales) con arreglo a un proceso de
racionalización y una estructura política y jurídica
hoy dominativa con tendencia a residual. Al presente
experimentan los embates de la expansión o crisis de
la sociedad multinacional (post-estatal) con arreglo a
un proceso de globalización y una estructura de
dominación emergente con tendencia a dominativa.
Mientras que, oficialmente (burocráticamente), se
enuncia una hipotética Unión Sudamericana de Naciones
(2004), los hechos de la región refieren datos por
demás contrastantes al poder político
dominativo-residual. Desde las ciencias políticas,
Gabriel Tokatlian describe esos hechos. Un nuevo mapa.
Todavía más, puntualiza la probabilidad de "Estados
inseguros".
El justísimo MERCOSUR, un intento de integración
sudamericano, corre el riesgo -según Ana Gershenson-
de derrumbarse.
Como sea, la expansión o crisis también diseña el
mapa del continente y los mercados de las industrias
culturales. La producción artística e intelectual de
la región depende de esas junturas.-
¿NUEVAS BANDERAS EN AMÉRICA DEL SUR?
América del Sur es la región del mundo en la que
se han fundado menos Estados nuevos en el último siglo
y medio. Desde mediados del siglo XIX, y durante el
XX, sólo se han creado tres. En 1903, Panamá, como
resultado de su desmembramiento de Colombia, alentado
expresamente por Estados Unidos. En 1966 y 1975 se
independizaron, respectivamente, Guyana y Surinam. Aún
queda un territorio colonial: la Guayana francesa.
Si se compara militar y geográficamente la formación,
partición o emancipación de Estados en 150 años,
América del Sur es el área más estable e incruenta del
planeta.
Al ingresar en el siglo XXI, sin embargo, el espectro
de fracturas o secesiones se cierne sobre nuestra
región. En algún momento, y por razones políticas, se
especuló acerca de que el fracasado proceso de paz
entre el gobierno de Colombia y las FARC (del 7 de
enero de 1999 al 20 de febrero de 2002) podría
conducir a un proceso de autonomización del sur
colombiano que culmine, eventualmente, en una
desarticulación territorial del país.
La persistencia de tensiones diplomáticas por la
irresolución de la demanda de bolivia sobre la salida
al mar en un área en que convergen aymaras de Chile,
Bolivia y Perú y que sufre serios problemas ecológicos
de desertización, alimenta reclamos de autogobierno en
la zona.
La expansión cada vez más asertiva de la cuestión
indígena es un hecho irrebatible en los Andes
centrales (Bolivia, Perú y Ecuador). Esto ha situado
el tema del desmembramiento en un lugar inusualmente
destacado de los debates políticos internos.
Movimientos indigenistas activados y elites blancas o
mestizas desplazadas se pronuncian con mayor
frecuencia sobre las bondades de la secesión.
Problemas territoriales se expresan también en Brasil
y en la Argentina. La recurrente preocupación que
muestra Brasilia frente a la Amazonia y la que exhibe
Buenos Aires respecto de la Patagonia revelan la
existencia de pulsiones fragmentarias larvadas en
ambos países.
La irrupción de una agenda étnica vigorosa en medio de
un proceso de globalización que debilita el papel del
Estado exacerba la conflictividad social y erosiona
las identidades nacionales. Está generando en nuestra
región nuevos fenómenos políticos, simbólicos y
espaciales que pueden, eventualmente, alentar una
inesperada fractura geográfica.
En este contexto, y al comienzo del segundo bienio de
la administración del presidente Néstor Kirchner,
sería conveniente que el actual gobierno estableciera
una unidad especial de diagnóstico y análisis en torno
de lo que se podría denominar "Estados inseguros".
Se trataría de constituir dicha unidad en la
Cancillería, en coordinación con los ministerios de
Defensa e Interior.
Sus labores fundamentales serían construir un "mapa de
debilidades estatales" (institucionales, económicas,
sociales, etc.), desarrollar una metodología de
evaluación rigurosa (empírica y no ideológica) y
brindar al Ejecutivo un instrumento de acción
anticipada, ante la potencialidad de crisis.
La diplomacia argentina debería calificarse mejor para
entender y prevenir situaciones críticas en la región.
Esto no sólo sería funcional a nuestros intereses
nacionales, sino que nos brindaría la posibilidad de
crear una suerte de soft power periférico:
credibilidad en nuestro compromiso con la democracia,
reputación en la solución de disputas y legitimidad
para la proyección de la influencia en el área. (Juan
Gabriel Tokatlian, 30/5/05)
FUENTE: http://www.lanacion.com.ar/708439
La integración trunca
MERCOSUR: PELIGRO DE DERRUMBE
A más de una década de la firma del Tratado de
Asunción, tanto los intereses económicos como
políticos de los principales socios del Mercado Común
del Sur parecen cada vez más contrapuestos.-
En diciembre de 1991 quedó sellado el Tratado de
Asunción. Su artículo primero es claro: "Los Estados
Partes deciden constituir un Mercado Común, que deber
estar conformado al 31 de diciembre de 1994, el que se
denominará Mercado Común del Sur (Mercosur)". Catorce
años después de aquella cumbre, la Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay no lograron hacer realidad siquiera
este primer artículo, al menos literalmente.
La idea era crear una unión aduanera, con la
consiguiente eliminación de los aranceles nacionales y
restricciones no arancelarias y la adopción de un
arancel externo común para el comercio extrarregional,
pero además diseñar una política comercial única para
los cuatro países del bloque. Poco de eso sucedió como
se había planeado.
"El Mercosur hoy no pasa más allá de un área de libre
comercio con una serie de restricciones y medidas de
tipo no arancelario. Desde hace un buen número de
años, el movimiento del Mercosur hacia la unión
aduanera está paralizado, retrocediendo y fragmentando
más el mercado en relación al nivel de integración que
había logrado en el pasado", evaluó Roberto Bouzas,
investigador de Flacso y especialista en relaciones y
negociaciones internacionales, ante una consulta de LA
NACION.
En la década del 90 se habló reiteradamente de ir más
allá de los objetivos meramente comerciales y
profundizar un esquema de integración regional que
diplomáticos, políticos y analistas imaginaban como
una adaptación del modelo de la Unión Europea en
América del Sur.
Es cierto que se avanzó mucho desde la mañana del
Tratado de Asunción: por lo pronto, el comercio entre
los países miembros se multiplicó por cinco. Pero
también es real que aunque hubo anuncios y
resoluciones para profundizar la integración, a través
de los años se zigzagueó en el camino de los choques
continuos de los dos socios más influyentes: Brasil y
la Argentina. Y aunque cambiaron los presidentes y los
ministros de Economía en Buenos Aires y en Brasilia,
los conflictos de intereses siempre terminaron
estallando en las primeras planas de los diarios y
resolviéndose a medias en abrazos o fotos de ocasión.
En la década de la convertibilidad, los industriales
argentinos se quejaban por la falta de competitividad
de un peso alto frente a los precios brasileños. Así y
todo, la balanza era superavitaria para la Argentina.
La devaluación cambió las cosas, pero no para bien: en
el 2004 la balanza fue 2089 millones de dólares
deficitaria, pero para la Argentina. Los reclamos se
intensificaron, a tal punto que el ministro de
Economía, Roberto Lavagna, propuso el año pasado a
Brasilia un sistema de salvaguardas para regular los
desfases. Formalmente, todavía no tuvo respuesta. Y
sobrevino, naturalmente, la crisis. "¿Es viable el
Mercosur como proyecto común?", parece ser la pregunta
obligada luego de la crisis más reciente que volvió a
enfrentar a los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires.
El presidente Néstor Kirchner admitió que es un
planteo válido para los tiempos que corren, cuando
dijo días atrás: "Tenemos asimetrías profundas y,
hasta que no las solucionemos, el Mercosur no va a
tener la viabilidad que tienen otras integraciones".
El politicólogo brasileño David Fleischner, desde su
despacho en la Universidad de Brasilia, cree que "en
principio el Mercosur es viable, porque en estos
últimos catorce años el bloque se presentó como un
incentivo de cambios comerciales entre los cuatros
países. Lo que sucede es que el problema del señor
Kirchner es político, porque está organizando sus
próximas elecciones y quiere presentar un resultado
populista, y es claro que para retomar el proyecto de
desarrollo industrial en la Argentina necesita
protección contra las exportaciones brasileñas, pero
tiene que entender que eso debe ser negociado".
Dice Bouzas: "Si uno entiende al Mercosur por un
proceso de cooperación político, diplomático e incluso
económico en la región creo que no sólo es viable,
sino que es inevitable, pero si se entiende al
Mercosur como algo más preciso, como por ejemplo lo
que los documentos fundacionales del bloque plantean,
que es una unión aduanera y eventualmente un mercado
común, está claro que como unión aduanera el Mercosur
ha tenido un desempeño bastante pobre".
En los últimos meses, el Presidente culpó
concretamente a los empresarios brasileños, más
precisamente de la influyente San Pablo, de ser
"duros" e intentar bloquear el desarrollo industrial
de la Argentina. "Tienen que abrir el juego a toda la
región", les advirtió Kirchner esta semana.
"Cuanto mejor le vaya a la Argentina, mejor para
Brasil. Somos solidarios", dijo a LA NACION Rubén
Barboza, presidente del Consejo de Comercio Exterior
de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo
(Fiesp). Pero también recordó que "el arancel externo
común es perforado muchas veces, las reglas no están
internalizadas, hay muchas cosas que no se cumplen. La
visión de los empresarios de San Pablo es que los
gobiernos tienen que hacer cumplir el Tratado de
Asunción, que falta voluntad política no empresarial".
Cuando Lula Da Silva ganó las elecciones en 2002 y un
año más tarde se acomodó en la Casa Rosada Néstor
Kirchner, un presidente identificado con el llamado
"progresismo", su mismo espacio político, muchos
analistas presagiaban que finalmente, había llegado el
momento de la sintonía política necesaria entre los
dos socios mayores para avanzar en la consolidación
del Mercosur ante el mundo.
En los años 90, el ex presidente Carlos Menem se había
concentrado sólo en lo comercial, como lo había hecho
en Brasil Fernando Collor de Mello hasta la llegada de
Fernando Henrique Cardoso. Después vinieron las
fricciones, primero por la crisis brasileña a partir
de la salida del Plan Real, y luego la recesión en la
que la Argentina cayó a partir de 1998.
En la gestión de Fernando de la Rúa nada fue mejor,
producto de los sofocones internos en la que se
concentró la breve gestión de la Alianza argentina.
De allí que, cuando Lula da Silva se acomodó en el
Palacio del Planalto, y Kirchner levantó con sus dos
manos el bastón presidencial en el Congreso, las
expectativas se instalaron dentro y fuera del bloque.
¿Por qué no sucedió lo que todos esperaban?
Bouzas lo explica así: "Hay una serie de tensiones
desde la década del 90 que tienen que ver con visiones
distintas con respecto de hacia adónde los países
querían orientar sus economías, la Argentina tenía una
política más abierta y Brasil una política con
preservación del modelo industrial. Hoy en día esas
diferencias en la superficie parecen menores, pero hay
otras que colocan obstáculos. En el campo de la
política, hay diferencias sobre los recursos para
invertir en la economía. Brasil tiene una política
activa en muchos campos que generan asimetrías, como
los estímulos para la inversión. Y la Argentina colocó
esos temas de fondo sobre la mesa".
El analista de Flacso no es el único que cree que el
problema central, hoy por hoy, tiene que ver más con
la política que con la economía. "Desde el punto de
vista comercial no hay mayores problemas. Además, la
Argentina está creciendo un 8 por ciento y Brasil un
3,5 por ciento. Pero en relación al Mercosur hay un
problema porque lo que necesitamos es voluntad
política de los cuatro países para cumplir el acuerdo.
El acuerdo no está siendo cumplido, y ése es el gran
problema del bloque", insiste Barboza.
Falta de voluntad
El argentino Eduardo Amadeo, jefe de Gabinete de la
Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur
que preside Eduardo Duhalde, apuntó también a la falta
de voluntad de los países del bloque para profundizar
la integración, más allá de los protocolos y discursos
de las cumbres presidenciales.
Consultado por LA NACION, Amadeo admitió que "el
Mercosur tiene un gravísimo déficit de
institucionalidad, es decir, que menos del 50 por
ciento de las normas comunitarias han sido
incorporadas a las legislaciones nacionales; todavía
no tenemos normas agrosanitarias comunes, ni código
aduanero común, y efectivamente lo que hay que hacer
es poner toda la energía posible para consolidar la
institucionalidad del bloque". Y fue más claro:
"Detrás de cada norma hay ganadores y perdedores, y es
razonable que los sectores defiendan sus espacios, la
gran pregunta es si los cuatro países entienden o no
que ganan con el espacio unido".
Desde el principio, los conflictos de intereses
frenaron la integración, la relación entre Brasil y la
Argentina marca los tiempos de fortaleza y debilidad
del Mercosur como bloque insertado en el mundo. Y en
los últimos años, otro elemento se sumó a los
desencuentros bilaterales: la estrategia que el
presidente Lula diseñó para posicionar a Brasil como
el líder indiscutido de la región.
"El Mercosur resulta poco interesante para Brasil,
Lula se ha convertido en un embajador comercial de su
país en todo el mundo y actualmente Brasil usa el
Mercosur para ganar nuevas partes del mercado", afirmó
la semana pasada Stephane Monclaire, de la Universidad
de la Sorbona, en un coloquio sobre el futuro del
Mercosur que se realizó en París.
Hubo un cambio de actitud en Brasilia. Rosendo Fraga,
director del Centro de Estudios Nueva Mayoría,
sostiene al respecto que "la constitución de la Unión
Sudamericana de Naciones, que nació en Cuzco el 9 de
diciembre de 2004, marca un cambio en la prioridad de
la política regional de Brasil. Hasta esa fecha fue el
Mercosur, desde entonces pasó a ser América del Sur
como región". Lo mismo cree el politicólogo brasileño
Fleischner: "Brasil está utilizando al Mercosur como
plataforma para la Unión Sudamericana de Naciones y
para las negociaciones con Estados Unidos. Por eso
para su diplomacia el Mercosur es importante".
"Si Brasil quiere cumplir su rol de líder, debe
también recordar que los líderes son generosos, como
lo fue Alemania con Francia en la Unión Europea",
razonan en la Cancillería, todavía en voz baja.
"Brasil debe asumir que su liderazgo real requiere a
veces de cierta benevolencia", opina Fraga. Desde la
Universidad de Brasilia, Fleischner agrega con
idéntica apreciación: "Brasil tiene que ser más
flexible con la Argentina".
Nadie duda de que los destinos de Brasil y la
Argentina están unidos inexorablemente, aunque también
desde los dos países las voces coinciden en que
tampoco puede continuar tal como está ahora. Bouzas es
contundente con lo que puede venir: "Ningún acuerdo
internacional se disuelve, salvo cuando se entra en
guerra. Lo que pasa con los acuerdos de integración
generalmente es que languidecen y se tornan
irrelevantes. El problema principal del Mercosur como
acuerdo comercial es que en la práctica se transforma
en un acuerdo irrelevante para los países del bloque".
Ese es el riesgo de los días que corren. (Ana
Gerschenson, 29/5/05)
FUENTE: http://www.lanacion.com.ar/708051
EAF/2005.-
http://www.geocities.com/eaf_underground
http://www.geocities.com/eaf_iniciacion
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