Historia: Inspirado por rituales prehispánicos Tradición en Matamoros... Pan de muertos Los panaderos de El Trigal se afanan por terminar producto que ‘volará’ Mañana Digital/ 30 de octubre de 2006 | |
Matamoros, Tam. (El Mañana).- La historia del Pan de Muerto que don José se desayunará el lunes inicia la madrugada de ese
mismo día en la parte posterior de la panadería El Trigal. Es la una de la mañana y Gerardo Rivera, de 65 años de edad, inicia la preparación de la masa: mezcla harina de trigo, huevo, leche, sal, mantequilla, levadura y esencia de naranja. Después la masa reposará por unas horas, para iniciar la labor de creación de uno los alimentos de mayor tradición en México: la Calavera o Pan de Muerto. DESDE LA CONQUISTA El Pan de Muerto tiene fechado su origen en la época de la Conquista. Inspirado por rituales prehispánicos, forma parte de los alimentos de la última quincena de octubre y los primeros días de noviembre para los matamorenses, al ser uno de los elementos esenciales de las ofrendas a los Fieles Difuntos. Este pan de fiesta es dedicado a los difuntos que
regresan a reencontrarse con sus familias el 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, de acuerdo con la tradición de “Día de Muertos”. El Pan de Muerto es una sustitución que pensaron los españoles para que los indígenas dejaran sus sacrificios rituales; pasar del corazón latiente que se arrancaba a una doncella y que se introducía en una olla con amaranto, por el rito de elaborar un pan de trigo en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo, simulando la sangre de la jóven elegida. Este fue el génesis del Pan de Muerto, que por cierto está cada día más vivo en las tradiciones mexicanas. José Luis Curiel Monteagudo, en su libro “Azucarados Afanes, Dulces y Panes”, comenta: “Comer muertos es para el mexicano un verdadero placer, se considera la antropofagia de pan y azúcar. El fenómeno se asimila con respeto e ironía, se desafía a la muerte, se burlan de ella
comiéndola”. Otros historiadores tienen la teoría de que este alimento proviene de un rito que hacían los primeros pobladores de Mesoamérica. Cuando un ser querido moría éste era enterrado con sus pertenencias. El pan se laboraaba con semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl. Se cree que de allí surgió el Pan de Muerto, el cual se fue modificando de diversas maneras hasta llegar al actual. UNA TRADICION Al ver el Pan de Muerto quizá nos preguntemos por el significado de su composición: el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos. Para otros, el pan lleva las cuatro canillas en forma de cruz, porque con ellas
se designan los cuatro rumbos del nahuolli (el universo). Son, a su vez, los cuatro puntos cardinales, definidos por igual número de divinidades: Quetzalcóatl-Camaxtli, Xipetotec, Tláloc-Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, expresiones de la concepción del mundo prehispánico. Lo cierto es que para las seis de la mañana, quienes hacen el pan de El Trigal ya suman una amplia variedad de piezas: de las famosas conchas a las empanadas, además de lo que será el Pan de Muerto. Jesús Ruvira de 57 años, también llegó de Tabasco, Zacatecas, como su compañero Gerardo Rivera. José Luis Arriaga es el más jóven, 26, originario de Matamoros, donde también nació Mary Gómez, quien interviene en el proceso final. El dueño y fundador de El Trigal, Gudadalupe Rodríguez, también se involucra en el proceso. El primer contacto con este negocio lo tuvo precisamente como panadero, en 1955. Una década mas tarde abría La Perla, su primera panadería en
Matamoros. Con la masa lista, Gerardo y Jesús empiezan a elaborar el Pan de Muerto. Primero la estructura semiesférica, que se va colocando en una larga mesa de madera. Después empiezan a hacer los huesitos o lógrimas que se colocarán encima del pan. Este lunes cocinarán 60 panes chicos y 30 grandes. Los dedos de Gerardo construyen los huesitos con agilidad y experiencia. El pan se va colocando en anaqueles, que más tarde tomará doña Mary para meterlos al horno, que para ese momento ya cocina otras piezas, como los cuernitos. El olor a pan me abre el apetito. Es una mañana fria y eso favorece el interés en estas delicias heredadas de españoles, franceses y con su toque indígena. |
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