Las Movilizaciones indígenas en Santa Cruz:
una voz clara en medio de la confusión.
Gustavo Soto S.
Semiólogo, miembro del GAMS
grupodeapoyobolivia@...
En el marco de la defensa de la Democracia y de la Nación, la tarde
del jueves 27 de enero, la manifestación pacífica de indígenas,
campesinos, gremiales y ciudadanos que no se sienten representados
por las acciones autonomistas e ilegales del Comité cívico de Santa
Cruz, se dirigían a las oficinas de las transnacionales petroleras,
para cercarlas simbólicamente y señalar así, quién es el enemigo
principal. Con toda prontitud y eficacia, súbitamente recuperadas,
los organismos policiales y del ministerio del interior llegaron para
proteger los intereses transnacionales. ¿Por qué, durante una
semana, los "órganos de seguridad del estado" consintieron que los
paramilitares de la Unión juvenil cruceñista, tomaran el conjunto de
las oficinas públicas?. Esta acción iluminadora protagonizada por
los indígenas, es la única voz clara en medio de un año de
tergiversaciones, maniobras, cálculos cortoplacistas erróneos, en las
que han incurrido no sólo el gobierno sino los mismos movimientos
sociales. Este hecho social evidencia y corrobora, una vez más, que
el Estado neocolonial boliviano está exclusivamente al servicio del
los intereses transnacionales.
Bajo el antifaz de lentejuelas de la modernización, la globalización
y el achicamiento del Estado, desde 1985 y con énfasis singular entre
1993-1997, las transnacionales fijaron el destino de Bolivia:
Reservorio de hidrocarburos, minería, bosques, biodiversidad y agua --
léase energía y vida-- que debía ser gestionado por intereses
privados multinacionales, una vez expropiados dolosamente al pueblo
boliviano mediante sus gobernantes. Con el mayor sigilo, oscuridad y
corrupción manejaron el "sistema de partidos" para legalizar el
despojo, propiciaron sistemas multimedia para ocultar y manipular la
información, cooptaron agentes de opinión pública en los ámbitos
universitarios y de las ONG's. Construyeron así una hegemonía
circunstancial e insostenible, pues la lógica económica neo-
colonial horadaba, sin pausa, los ingresos, el empleo; aumentaba
la inequidad social y la imposibilidad creciente del Estado de
cumplir con sus obligaciones recurriendo al expediente del crédito
externo hasta para pagar salarios. Por otra parte, la economía
derivada de la coca --más de 500 millones de $us año (Cf.
Negociaciones Club de París, 2000) que daba respiración artificial a
este modelo de saqueo, fue interrumpida por designios imperiales,
dándonos el cuadro terminal del modelo al que hoy en día nos
enfrentamos.
A partir del 2000, los oprimidos que habían sido relocalizados,
flexibilizados, marginalizados, autoempleados, silenciados y
reprimidos –cuando no emigraron-- iniciaron este nuevo ciclo
histórico de rebelión y resistencias. Inventaron formas nuevas,
aunque efímeras bastante eficaces, de coordinación de
reivindicaciones y, con sus luchas y sacrificio, alumbraron un
camino colectivo de cambios estructurales e imprescindibles en el
marco democrático, expresados en una Ley de Hidrocarburos que permita
la industrialización del gas y la exportación de energía —y no de
materias primas enajenadas—, por una parte; y, por otra, la
Asamblea Constituyente soberana que defina principios y modalidades
del ordenamiento territorial (Autonomías regionales e indígenas),de
la administración del bien común y de los recursos naturales de la
Res pública boliviana. Este es el nudo gordiano—La agenda de Octubre—
que el gobierno de Mesa ha sido incapaz de desatar y, menos aún, de
cortar por sus connivencias neocoloniales —intelectuales y económicas—
, y, al contrario, ha intentado desvirtuar, diluir y dilatar
asumiendo claramente el rol de restaurador del viejo orden más que
el de un facilitador de la transición, como había prometido en su
posesión en Octubre del 2003. Durante trece meses, las acciones
gubernamentales sólo han diferido la resolución de contradicción
central que sobredetermina el sistema de conflictos por la tierra,
el agua, las autonomías regionales e indígenas: la Autodeterminación
del pueblo boliviano frente a las Multinacionales Petroleras. Este
Enemigo principal ha jugado, como es su costumbre en todas las
latitudes y a largo de su historia de lodo y sangre, en varios
tableros:
1) La sumisión voluntaria del gobierno (véase su propuesta de
ley de Hidrocarburos ratificadora de la expoliación y su referéndum
cooptador del MAS)
2) La ya clásica adquisición de parlamentarios de los partidos
derrotados de octubre 2003 (y ahora desprovistos de gran parte de su
electorado luego de las municipales 2004).
3) La trampa del "gasolinazo" activada por el FMI bajo los pies
de Mesa con argumentos de "racionalidad económica" derivada de la
ausencia de una Política nacional de hidrocarburos.
4) El chantaje a la unidad territorial del país, a través del
Comité cívico de Santa Cruz, que ha aprovechado el descontento
popular resultante, para proclamar gobiernos autónomos y cuyos más
delirantes orates empiezan ya a explicitar el tenor separatista,
solicitando la intervención de cascos azules (Cf. Canal Uno, Santa
Cruz, 24.01.05, "Que no me pierda")
Manifestamos pues nuestra profunda solidaridad y apoyo a la luminosa
tentativa de toma simbólica protagonizada por indígenas y
campesinos y en destacado lugar el pueblo chiquitano —que ha
luchado por sus derechos frente a Transredes ( ENRON-SHELL) y a la
mina de oro Don Mario (BM y Sánchez de Losada) para cuya explotación
se ha afectado al Bosque seco chiquitano, ecosistema único del
planeta— porque apunta la senda real para deconstruir esta trama
de legalidades ilegítimas y legitimidades ilegales.
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