LA CONSTITUYENTE EN BOLIVIA: UNA PISCINA SIN AGUA
Por: Andrés Soliz Rada
La demanda de Asamblea Constituyente (AC) no está planificada. Es por ahora
un grito de repudio a la discriminación, la injusticia y el saqueo. Cada
sector social tiene sus propios motivos de angustia, los que están dispersos
y desarticulados. Las FFAA carecen de visión a largo plazo. Sus voceros,
como el general Plinio Iriarte, sólo atinan a exigir mayor seguridad
nacional y un porcentaje de las exportaciones del gas para el
fortalecimiento castrense. Olvidan que la Institución Armada, en taller
realizado el 26 de marzo último, se comprometió a defender las fronteras
junto a comunidades campesinas, a formar oficiales bilingües, a capacitar
soldados en técnicas agrícolas, a otorgar becas de ingreso al Colegio
Militar a jóvenes quechuas y aimaras, a terminar con la exclusión social en
sus estructuras.
Los grandes empresarios sólo saben defender a las transnacionales. Su
sometimiento mental al capital foráneo es para ellas más importante que la
recuperación estatal del gas y del petróleo. Los empresarios medianos y
pequeños, gremiales y artesanos tienen una visión diferente, pero no
plantean alternativas globales y coherentes. Los movimientos sociales, sobre
todo la Coordinadora del Agua de Cochabamba y la Coordinadora de Defensa del
Gas, de la ciudad de El Alto, obtuvieron victorias épicas, en abril de 2000,
y en octubre de 2003, al impedir la privatización del líquido elemento y
lograr la fuga de Gonzalo Sánchez de Lozada, pero carecen de continuidad, de
visiones integrales y de liderazgos permanentes.
La resistencia popular se diluye en pequeñas escaramuzas, traducidas en
ocupaciones espontáneas de tierras, bloqueos de calles y carreteras por
demandas localistas. La intelectualidad sufre de artritis galopante. En
Santa Cruz, la oligarquía busca la autonomía regional en reemplazo de la
Constituyente. No postula una nueva Constitución Política del Estado, ya que
se limita a exigir que los beneficios de la exportación del gas se queden en
el departamento. El Movimiento Sin Miedo (MSM), del alcalde Juan del
Granado, habla del agotamiento del Estado Nacional para manejar recursos
estratégicos, pero sin plantear una opción coherente que lo reemplace. El
rediseño de regiones, con mejor equilibrio de recursos humanos y naturales,
no está respaldado por estudios serios. La atomización de Bolivia en
naciones, nacionalidades y etnias no muestra los límites territoriales que
tendrían esas entidades y resta importancia a la corriente indomestiza que
unifica a la República. Lo anterior no ignora los aportes de nuestras
culturas milenarias ni la urgencia de rescatar sus visiones solidarias y
ecologistas, frente a un mundo que se deshace.
No se trata, sin embargo, de partir de cero. Por el contrario, el
pensamiento liberador de hoy en día debe arrancar de los planteamientos
incumplidos de la revolución del 9 de abril de 1952, traicionados por sus
conductores. Necesita actualizar la Estrategia para el Desarrollo Nacional
elaborada en el gobierno del general Alfredo Ovando y que permitió, en 1969,
recuperar el petróleo e instalarlas fundiciones de estaño. En 1993,
Conciencia de Patria (CONDEPA) publicó el Libro del Modelo Endógeno, de más
de 600 páginas, en el que enfatiza la necesidad del pensamiento propio.
Sostiene que los recursos estratégicos no renovables, en manos del Estado,
deben estar al servicio de los recursos renovables, dentro de una economía
mixta. Postula la autosuficiencia en alimentación vestido y vivienda y la
revolución moral basada en la Ley de Investigación de Fortunas y el control
social. Los errores en la conducción de esa entidad política no anulan la
validez de sus planteamientos.
El rescate de la autoestima y la urgencia de ser sujetos de
nuestro destino son postulados ridiculizados por los dogmas oligárquicos,
impenitentes tributarios de corrientes foráneas, para los cuales si algo no
proviene de los centros de mundial no merece ser debatido. Estos dogmas son
también antilatinoamericanos. Les cuesta, sin embargo, ignorar la creciente
influencia del Presidente Hugo Chávez de Venezuela, quien, en la línea del
argentino Jorge Abelardo Ramos, nos recuerda que en nuestra América, la
autodeterminación de los pueblos es el derecho a unirse frente a los
genocidios y expoliación del imperio del norte. Modelo endógeno de defensa
nacional y postulados latinoamericanos son las vertientes que deberían
llenar la piscina de la Constituyente.
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