INVOCACIONES CONSERVADORAS Y RECONSTITUCION AUTORITARIA
El pragmatismo político puro (ejercicio del poder) no se consuma ni por si
acaso en el simbólico y monótono acto “democrático liberal” de ejercer
rutinariamente el derecho al voto, ni de reproducir “racionalmente” el
repetitivo repertorio de “un ciudadano un voto”, ni siquiera aún con la
aparente y amplificada concesión soberana del derecho de participar
efectivamente tanto en la composición y organización del Poder Público, sino
sobretodo en cuanto a definir efectivamente que las Políticas Públicas sean
de interés general.
La coyuntural connotación electoral se constituye coincidentemente en la
oportunidad propicia, precisamente para redimensionar el significado
integral del concepto de la Política, siempre y cuando lógicamente no se
restrinja la reivindicación de su razón de ser para convertirse en una
reaccionaria reconstitución representativa del interés general pero que
favorezca a grupos de poder.
La aparente legitimidad se constituye consiguientemente en la categorización
cratológica que convalide la voluntad política de quienes accedan al
ejercicio de la titularidad del poder, como una iniciativa (re)
institucionalizadora únicamente para que repita retrógradamente la
monopólica manera de condensar discrecionalmente el poder en beneficio de
oligarquías.
No en vano consecuentemente la posición de los legatarios del régimen
partidocrático se han dirigido precisamente hacia esa (re)
institucionalizada intencionalidad y es que precisamente son los tributarios
de ese tradicional esquema quienes bajo el eficiente eufemismo de: Recuperar
la autoridad para garantizar la gobernabilidad, con el que precisamente
avala resumidamente la postura del inmigrante aspirante Jorge Quiroga, de
que sólo accederá al ejercicio del mando, siempre y cuando obtenga la
mayoría absoluta reflejan la discrecional licencia que conferirá la
quimérica legitimidad invocada impotentemente pero justificada remozada y
legalmente en la aplicación de un diseño sectario de políticas que respondan
reaccionariamente a los intereses de un proyecto político de clase.
Esta ficción electoralista, testimonialmente empieza entonces a percibirse
como una impotente y nostálgica propuesta de reconstitución retórica,
apelando precisamente a esotéricos expedientes autoritarios y bajo el
subterfugio institucional legalista que pueda -aun cuando sea -garantizar
una frágil gobernabilidad, tributaria de una estatalidad espuria .
El sesgado sofisma para apelar autocrática e impacientemente al ejercicio
del poder desde la atalaya autoritaria de ejercer el poder exclusivamente
para la instrumentalización “institucionalizada” de los objetivos de clase,
pretende ser la factible capacidad de imponer su intrínseco proyecto,
dejándolo instalado, aceptado e irrestrictamente compartido, como si se
tratase del interés colectivo, pero innegable e inevitablemente antagónico y
contradictorio al de los objetivos de clase en si y para si, orientados por
sus fines concretos e históricos (. Poulantzas)
Consiguientemente la ilusión de reconstituir hegemónicamente de las
relaciones político institucionales se desvanecen ante el accionar
emancipado de los Movimientos sociales que se han constituido en entidades
actorales capaces de revertir la proscripción cometida contra su
participación política, para redimensionar su intrínseco rol expropiado,
auto definiéndose como una personificada colectivamente emergente y
subjetivada autónomamente y sobretodo de gravitante incidencia decisional en
el campo político copado, también por esta protagónica categoría ontológica
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