| Una amenaza vergonzosa |
| Ricardo Iglesias Ahora resulta que la Santa Madre Iglesia nos ha advertido a los católicos sobre el peligro de los escritos de Jon Sobrino. Cosas veredes. El centralismo Vaticano ejecuta, de nuevo, un noble y notable esfuerzo para promover el debate de las ideas entre sus seguidores. La inquisición vuelve a la carga. Supongo que algunos altos señores de la Iglesia añorarán las ordalías, los infieles en la hoguera y el potro. ¡Cómo se regodearían viendo a los herejes quemándose en las llamas del infierno, oliendo a azufre y en presencia del mismísimo Diablo! No conozco personalmente a Jon Sobrino. No tuve la suerte de tenerlo como Profesor. Lo he escuchado en varias conferencias y tengo algún libro suyo. Me llama mucho la atención la paz que parece emanar de su persona y la agudeza de su intelecto. Me eduqué con los Jesuitas y trabajé con ellos muchos años. Siempre admiré su capacidad de análisis, su sed de saber, a pesar de que, por supuesto, tienen sus cositas – el voto de obediencia al Papa, para comenzar –. "Oblíguense a pensar, pelmazos" nos decía un querido profesor jesuita. Este es el resumen de la educación jesuita: crítica, razón, duda, búsqueda de la verdad, pero también valentía, corazón y opción por los desposeídos. Pero la razón – también me lo enseñaron – siempre es incómoda para el poder. Sé tanto de cristología como de física cuántica. Sin embargo, en el colegio llegué a admirar al rebelde de Galilea, como le llama Galeano. Me costó tragar eso de su divinidad – aún estoy un poco atragantado, he de confesarlo –, pero su profunda humanidad me impresionó. No veo nada de malo en analizar desde la teología esa su humanidad, si eso era precisamente lo que le acercaba más a nosotros, mortales imperfectos. De hecho, buscar la humanidad de Jesús puede servir para que esta especie – la única que mata por placer y la única que puede ser cruel con sus congéneres –, pueda paliar un poco toda la barbarie que hemos creado. Y estoy convencido que la humanidad de Jesús ha sido lo que personas como Monseñor Romero, Jon de Cortina, Ignacio Ellacuría, Amando López y tantos otros, trataron de seguir como ejemplo para lograr un mundo mejor. Esta amenaza de silencio – que ha provocado mucho ruido – no ayuda, por cierto, a la tarea de Jesús. Si algo vino a hacer el Nazareno fue a retar las ideas de su tiempo y, según recuerdo, no mandó callar a nadie. Antes bien, enfrentó el debate y lo hizo con inteligencia y humildad. Esa inteligencia y humildad que le falta al Vaticano. Prepotencia, arrogancia. Esas son las palabras que normalmente se me ocurren cada vez que pienso en el Vaticano y en los círculos de poder de toda clase. Jon Sobrino conoce la realidad de nuestros pueblos y de nuestros pobres mucho más que los "Príncipes" de la Iglesia, cuyas sacrificadas vidas transcurren en palacios de lujo, más allá del bien y el mal, entre séquitos de sirvientes y lacayos. Los millonarios predicadores de la pobreza de Jesús, como también dijo Galeano. ¿Cómo osan tratar de callar a alguien y de prohibir lúcidas reflexiones sobre nuestra realidad humana?. ¡Y hablan de la infalibilidad del Papa! Quizá el otro Jon – a quien me atreví a llamar amigo, el de los niños desaparecidos, y que estará en el Edén, según las creencias de la Iglesia – se ha de estar desternillando de risa a la par de Jesús. Y es que por más que el Vaticano imponga el silencio, la verdad siempre estará allí. Al final, no podrán impedir que una inteligencia tan preclara como la de Jon Sobrino deje de pensar ni creo que dejemos de conocer lo que en adelante escriba este teólogo de los pobres, este teólogo de América Latina. |