Como quisiera vivir como tú vives,
y hacer mi hoguera de esa leña:
poder sentir el aroma perfumado del ambiente
que golpeando mi conciencia,
y anida en mi olfato
ya impregnado de resinas olorosas.
Cómo quisiera poder descubrir mis sentimientos
desecar la fuente de nuevos escritos
y en dos palabras puras
sintetizar
amor
libertad
sin producir equívoco alguno.
Como quisiera gritar como tu gritas,
al viento,
al prójimo,
a la vida
y a la muerte:
poder remontar distancias en el aire
y llevar aliento a todos rincones
donde todo aquel que se percate de mi grito
descubra la esperanza
y libertad
emergiendo del propio esfuerzo cotidiano.
Dale leña, dices.
Dale la mejor leña.
El fuego histórico es humano
consume carne
y sangre
y estupor
y lágrimas:
nunca se han visto peores atrocidades en la maraña humana
que los obstáculos interpuestos para encender la llama
que ha de iluminar las oscuras tinieblas de la más básica necesidad.
Sé leña. Vive para ser consumido,
sin temor de muerte:
la inmortalidad es otra forma de vida.
Vuélvete luz:
ilumina la sórdida existencia de los desamparados
disipando temores, venciendo angustias,
aun a pesar de tu carne calcinada.
La dulce recompensa de convertirse en luz
tiene por castigo
la inevitable creación de sombras.
Tenlo claro, y no te asustes:
es imposible atrapar la luz,
y querer el recinto iluminado.
Atte.
Pipilenca