El Tsunami y la solidaridad
Guillermo Velasco Arzac
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La gigantesca desgracia de los países asiáticos: India, Indonesia, Malasia,
Sri Lanka, Tailandia, Somalia, Bangladesh la costa de las Islas Maldivas y
Cocos, Banda Aceh, Sumatra, Birmania y Singapur ocasionada por el terremoto
y maremoto a Tsunami, ha sido la noticia y el comentario dominante en los
medios de comunicación, 160 mil muertos, miles de desaparecidos, miles de
millones de dólares de pérdidas materiales, cinco millones se quedan sin
empleo y miles de familias quedan incompletas con un terrible dolor.
Como pocas veces en la historia la solidaridad internacional es un
imperativo humano social y político.
De acuerdo a las noticias sobre las campañas de solidaridad, las colectas de
recursos económicos y materiales. Sobretodo alimentos, la respuesta mundial
es un hecho real pero por debajo de lo indispensable.
La sociedad internacional debe dar mucho más en la reciente movilización del
2004 con la causa del pacifismo mundial hubo mayor participación pública.
Los mexicanos que han padecido el terremoto de septiembre de 1985, el
huracán Gilberto y muchos otras desgracias, y que tenemos arraigada las
solidaridad cuando hay motivos humanos deberíamos ser mucho más activos en
la solidaridad con los paises asiáticos en este momento y no pensar que sólo
le toca a las naciones poderosas y organismos internacionales.
Quisiera invitar a los lectores de Yo Influyo a desarrollar en nuestra
conciencia la solidaridad con los paises asiáticos, a partir de la
aceptación y el reconocimiento de la que todos los pueblos formamos la
humanidad con la misma dignidad de personas, por encima de enormes
diferencias culturales.
Algunos pensadores convencidos de los extraordinarios valores de la
civilización occidental, perciben a las culturas orientales no sólo como
algo ajeno sino incluso como amenaza lo cual genera lógicamente una cierta
desconfianza a las personas de esas culturas sobre todo por algunas
costumbres que percibimos como raras.
La competencia mundial de los productos pone el énfasis en las economías de
los países y se deteriora la capacidad de percibir a otros pueblos por
ejemplo los chinos como nuestros semejantes. Porque son competidores
ventajosos.
Nos cuesta trabajo la solidaridad con las naciones de Asia l porque tenemos
ciertas resistencias y prejuicios.
Por la globalización de la tecnología, la comunicación y la economía, la
humanidad avanza a una creciente interacción cultural y a una civilización
mundial.
La gran duda es si esta interación y la perspectiva de una civilización
global significa una amenaza fatal para la identidad cultural de las
naciones, o puede ser una oportunidad de enriquecimiento cultural y
espiritual para toda la humanidad.
Cuando Juan Pablo II habla de una civilización del amor, se trata de una
propuesta tan audaz y difícil que estamos tentados a dejarla a nivel
sentimental o utópico, como un deseo que sería maravilloso si fuera posible.
La civilización del amor es antes que nada civilización, es decir que debe
incluir solidaridad relaciones comerciales, comunicación social, derecho
internacional, visión mundial, promoción de los valores que realmente son
universales y perspectiva de la humanidad.
Insisto, porque es una realidad inevitable la interdependencia económica, el
comercio internacional; y el derecho internacional y la comunicación mundial
es inevitable la interación cultural.
La terrible desgracia de los paises asiáticos debemos convertirla en una
oportunidad para avanzar en la civilización del amor; para pensar en que
cada cultura aporte al escenario internacional lo mejor de sus valores; y
hoy por hoy, todos los pueblos debemos vivir y manifestar profunda
solidaridad a los pueblos de los países afectados por el Tsunami.
gvelasco@...