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El dilema de Puerto Rico   Lista de mensajes  
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Las primarias demócratas estadounidenses han colocado de nuevo en el mapa a Puerto Rico, un peculiar país que sólo disfruta de soberanía en las competiciones deportivas y en los concursos de belleza. No es de extrañar, por tanto, la devoción que los puertorriqueños sienten por sus excelentes boxeadores y por sus misses, consecuencia éstas de un cruce racial que produce mujeres muy hermosas.

Desde la I Guerra Mundial, los puertorriqueños han dado su sangre, con generosidad, en todos los conflictos bélicos en los que se ha visto implicado EE.UU. No obstante, los habitantes de la isla, aunque ciudadanos estadounidenses, no pueden votar en las elecciones presidenciales. El estatus de estado libre asociado enmascara una situación de dependencia semicolonial. No satisface a ninguna de las partes, pero se ha mantenido así por motivos prácticos y porque parecía mejor que las alternativas. El historiador Michael Janeway lo expuso de manera muy gráfica en un reciente artículo en "The New York Times". Describió a Puerto Rico como un "lugar especial que cayó en nuestro regazo en 1898, como hijastro del imperialismo", y que EE.UU. nunca ha sabido cómo tratar.

Paseando por la parte vieja de San Juan, la capital, o por el centro de Ponce, la segunda ciudad de Puerto Rico, la herencia española es una evidencia. Fueron cuatrocientos años de presencia. Los apellidos de origen catalán proliferan: Rosselló, Prats, Pou, Pons, Mercader, Fábregas, Albors, Comas y tantos más. Entre los puertorriqueños de cierta formación, su conocimiento de la actualidad española es asombroso. Un matrimonio de cierta edad, ambos puertorriqueños de varias generaciones, que acudió el viernes al mitin de Hillary Clinton en el puerto de San Juan, me sorprendió con su dominio al detalle de los problemas más recientes de Mariano Rajoy para imponer su autoridad en el PP.

En el mismo acto de la candidata demócrata, Mario Ramos, nieto de un soldado asturiano que se quedó en la isla cuando España la perdió en la guerra de 1898 contra EE.UU., nos explicó su versión de la compleja identidad puertorriqueña, de un desgarro que arrastra este pueblo y que no termina nunca de resolver. Ramos, de 47 años y con sangre también corsa, es inspector de casinos y autor de un libro de ensayo político.

La conversación se produjo a raíz de una simple observación: en el mitin de Hillary, al contrario de lo que es norma en EE.UU., no se colocó una bandera gigante de las barras y estrellas tras el escenario. Seguramente fue una decisión estudiada para no herir susceptibilidades.

He aquí las reflexiones de Ramos: "El 95 por ciento de los puertorriqueños, en su diario vivir, no siente incompatibilidad en valorar las instituciones de Gobierno de Estados Unidos, la ciudadanía americana, en defender la democracia estadounidense y, por otro lado, manifestar su nacionalismo cultural (puertorriqueño)". Nuestro interlocutor resumió el gran dilema: los puertorriqueños quieren mantener a ultranza su idiosincrasia y, a la vez, no renunciar a los beneficios sociales, económicos y políticos que conlleva ser ciudadanos de EE.UU. "Hay patriotismo cultural (puertorriqueño) y patriotismo civil y político (estadounidense) –insistió Ramos, con una creciente pasión en sus palabras-. Parece una dicotomía pero no lo es. El puertorriqueño todo lo hace en español. Hasta con su esposa hace el amor en español. Yo amo al idioma español como si fuera mi madre."

Cabe añadir que Ramos, pese a su orgullo hispano, es partidario de que Puerto Rico se incorpore como estado número
51 a EE.UU.

Dos días después, durante la jornada de las primarias, el dirigente independentista Fernando Martín participaba en una marcha de repudio a la votación, por considerarla una "farsa" y "una falta de respeto a la dignidad del pueblo puertorriqueño", pues se le permite escoger a los candidatos pero luego no tienen derecho a votarlos en la elección de verdad. Presidente ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), profesor de Derecho y ex parlamentario, Martín, de 60 años, argumentó que la "ruta" de Puerto Rico no debe ser la de participar con más intensidad en los procesos políticos norteamericanos sino al contrario, "es la recuperación de nuestra soberanía nacional por la vía de la independencia". Las primarias, a su juicio, "se han convertido en un carnaval de asimilacionismo y anexionismo, viendo a esos políticos puertorriqueños correteando, como perritos meneando el rabo, detrás de los candidatos norteamericanos que vienen a Puerto Rico a decir lo que todo el mundo quisiera oír para luego darle la espalda, como ha ocurrido históricamente".

¿Es realista lograr la independencia?, le preguntamos.

"Lo que no sería realista sería pensar que Puerto Rico, como país, pudiera tener otro destino que no sea el de la independencia –contestó Martín-. Es evidente que el siglo XX fue el gran siglo americano y que Puerto Rico cayó dentro de las redes del afán hegemónico norteamericano en la región. Pero es una aberración que el colonialismo pueda tener vida en el siglo XXI".

Para Martín, el colonialismo es algo tan repugnante como lo fue "apartheid" sudafricano o la esclavitud. Su explicación de por qué el independentismo no es hoy una fuerza mayoritaria en Puerto Rico fue la siguiente: "La independencia siempre se ha asociado a un escenario de incertidumbre, por la dependencia de EE.UU. El independentismo es minoritario numéricamente, pero es la punta del témpano de un gran bloque de hielo que no tiene fisuras, que es el de la nacionalidad puertorriqueña. Irá emergiendo esa mayoría natural a favor del independentismo".

Sobre el papel de España en el debate, Martín se quejó de que lo que deberían haber sido voces "prístinas y claras", quedaran "asordinadas" por intereses coyunturales. "Los gobiernos españoles han sido muy tímidos con el tema de Puerto Rico –dijo-; durante la guerra fría, por no ofender a EE.UU.; en otros momentos, por asuntos internos propios de la política española como son los temas de la independencia del País Vasco o de Cataluña. Son temas que sabemos que son muy sensibles para el Gobierno español y pienso que preferirían que no estuvieran sobre la mesa". Sobre el paralelismo entre Cataluña y Puerto Rico, quiso dejar claro de que se trata de casos muy distintos y puntualizó: "Uno podrá favorecer la independencia de Cataluña, pero nadie podrá decir que Cataluña es una colonia de España, después de todo".




Mar, 3 de Jun, 2008 7:12 pm

defensor_del...
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xol7433
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3 de Jun, 2008
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