Muchos llegan con arena del desierto en sus sandalias. Su viaje a la civilización occidental ha durado veinticuatro horas desde que partieron de los campamentos de refugiados del Sáhara en camión. Con una mochila donde caben todas sus pertenencias y aún sobra espacio dijeron hasta luego a su madre, padre y hermanos y en estos momentos se están instalando en casas con televisión, ducha y play station. Pero esta noche todavía preferirán una manta en el suelo antes que un colchón al que no están acostumbrados.
Son los niños saharauis y éste es su premio por haber estudiado este curso: abandonar por dos meses un desierto a cincuenta grados, por eso entre ayer y hoy llegan a Extremadura abrigados con manga larga, para pasar unas exóticas vacaciones en el sentido más inverosímil de la expresión. Las familias anfitrionas recibieron ayer a 221 niños de entre 6 y 12 años y hoy llegan, también en dos vuelos fletados desde el aeropuerto de Tindouf, 198 niños más.
Pero 25 de los que aterrizan hoy carecen de familia para pasar a formar parte del programa 'Vacaciones en paz'. 'Sólo es necesario ser una familia normal y hacerse cargo del coste de su billete de avión, que son 475 euros. Los niños vuelven todos la primera semana de septiembre. Se trata de algo más que unas vacaciones, ya que aquí reciben todos un reconocimiento médico, los que están enfermos se recuperan anímicamente, conocen lo que es un grifo del que sale agua, la luz eléctrica, montar en tren...
Los interesados pueden llamar al 924 257 074 o al 661 82 00 91 y les aseguro a los que se animen que merece la pena ver su sonrisa durante todo el verano', decía ayer Jose Miguel Suárez, vicepresidente regional de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui en extremadura, colectivo cuya delegaciones locales y comarcales respaldan este programa y están a disposición de las familias de acogida 'durante todo el verano las venticuatro horas del día', recalca este coordinador.
Este año los vuelos han llegado excepcionalmente puntuales. El primero de los aviones llegó al Aeropuerto de Badajoz a las nueve de la mañana de ayer y después a la diez y media. Allí se encontraba el director general de Infancia y Familia de la Junta de Extremadura, Francisco Javier Alonso de la Torre, quien afirmó que desde la Consejería de Bienestar Social también velan por que estos niños estén lo más a gusto posible en la comunidad autónoma.
Saludos desde la ventanilla, caras morenas y castigadas por el sol tan cansadas como emocionadas. Al otro lado, decenas de familias impacientes esperando abrazar al niño o niña con el que ya compartieron el verano pasado. Aunque las cifras de niños difieren según cada fuente consultada, por primera vez se ha puesto algo de orden en el proceso de adjudicación de las familias, decían ayer los padres en el patio del colegio San José de Talavera la Real, aunque otros matizaban que todavía se puede organizar mejor.
Acreditados y por riguroso orden, los mayores fueron abrazando a los pequeños y llamando por teléfono a sus madres biológicas para confirmar que todo había ido bien. Primero los que repiten, después los celíacos, ... y así hasta los que se estrenan este año y que fueron emparejados por sorteo. Tras el papeleo obligatorio y trasiego de pasaportes, a algunos todavía le quedaban horas y horas de viaje por carretera -otra cosa nueva para contar-, pues aunque aterrizaron en Badajoz su destino está este verano en cualquier comunidad autónoma.
José Miguel Suárez sabe que donde viven el nivel de desarrollo es muy bajo. Aún así, señala que el idioma español es la segunda lengua que estudian debido al pasado colonial de este pueblo que todavía nadie reconoce como Estado. En cuanto a la integración social, este coordinador asegura que el contraste de cultura no les choca tanto porque durante el resto del año unos y otros ya se encargan de contarse lo que hay aquí y saben perfectamente que en dos meses estarán de vuelta en su campamento, con su verdadera familia.
En cuanto a cifras, este verano llegarán, según la organización, 419 niños saharauis, de los que poco menos de un tercio vivirán esta experiencia por primera vez. Hay que tener en cuenta que hace pocos años llegaban a Extremadura más de seiscientos niños que previamente aterrizaban en Sevilla. Suárez explica que este descenso 'es algo normal' porque a la mayoría de las familias les gusta repetir. Hubo un auge hace tres o cuatro veranos, pero cuando los niños alcanzan los 12 años ya no pueden venir, de ahí que muchas de estas familias hayan optado por tomarse un respiro y descansar un verano. 'Ahora el reto -dice- es involucrar familias nuevas para los próximos veranos'.
Pero 25 de los que aterrizan hoy carecen de familia para pasar a formar parte del programa 'Vacaciones en paz'. 'Sólo es necesario ser una familia normal y hacerse cargo del coste de su billete de avión, que son 475 euros. Los niños vuelven todos la primera semana de septiembre. Se trata de algo más que unas vacaciones, ya que aquí reciben todos un reconocimiento médico, los que están enfermos se recuperan anímicamente, conocen lo que es un grifo del que sale agua, la luz eléctrica, montar en tren...
Los interesados pueden llamar al 924 257 074 o al 661 82 00 91 y les aseguro a los que se animen que merece la pena ver su sonrisa durante todo el verano', decía ayer Jose Miguel Suárez, vicepresidente regional de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui en extremadura, colectivo cuya delegaciones locales y comarcales respaldan este programa y están a disposición de las familias de acogida 'durante todo el verano las venticuatro horas del día', recalca este coordinador.
Este año los vuelos han llegado excepcionalmente puntuales. El primero de los aviones llegó al Aeropuerto de Badajoz a las nueve de la mañana de ayer y después a la diez y media. Allí se encontraba el director general de Infancia y Familia de la Junta de Extremadura, Francisco Javier Alonso de la Torre, quien afirmó que desde la Consejería de Bienestar Social también velan por que estos niños estén lo más a gusto posible en la comunidad autónoma.
Saludos desde la ventanilla, caras morenas y castigadas por el sol tan cansadas como emocionadas. Al otro lado, decenas de familias impacientes esperando abrazar al niño o niña con el que ya compartieron el verano pasado. Aunque las cifras de niños difieren según cada fuente consultada, por primera vez se ha puesto algo de orden en el proceso de adjudicación de las familias, decían ayer los padres en el patio del colegio San José de Talavera la Real, aunque otros matizaban que todavía se puede organizar mejor.
Acreditados y por riguroso orden, los mayores fueron abrazando a los pequeños y llamando por teléfono a sus madres biológicas para confirmar que todo había ido bien. Primero los que repiten, después los celíacos, ... y así hasta los que se estrenan este año y que fueron emparejados por sorteo. Tras el papeleo obligatorio y trasiego de pasaportes, a algunos todavía le quedaban horas y horas de viaje por carretera -otra cosa nueva para contar-, pues aunque aterrizaron en Badajoz su destino está este verano en cualquier comunidad autónoma.
José Miguel Suárez sabe que donde viven el nivel de desarrollo es muy bajo. Aún así, señala que el idioma español es la segunda lengua que estudian debido al pasado colonial de este pueblo que todavía nadie reconoce como Estado. En cuanto a la integración social, este coordinador asegura que el contraste de cultura no les choca tanto porque durante el resto del año unos y otros ya se encargan de contarse lo que hay aquí y saben perfectamente que en dos meses estarán de vuelta en su campamento, con su verdadera familia.
En cuanto a cifras, este verano llegarán, según la organización, 419 niños saharauis, de los que poco menos de un tercio vivirán esta experiencia por primera vez. Hay que tener en cuenta que hace pocos años llegaban a Extremadura más de seiscientos niños que previamente aterrizaban en Sevilla. Suárez explica que este descenso 'es algo normal' porque a la mayoría de las familias les gusta repetir. Hubo un auge hace tres o cuatro veranos, pero cuando los niños alcanzan los 12 años ya no pueden venir, de ahí que muchas de estas familias hayan optado por tomarse un respiro y descansar un verano. 'Ahora el reto -dice- es involucrar familias nuevas para los próximos veranos'.