Enviado el: Domingo, 28 de Agosto del 2005 03:59 a.m.
Para: [lista] procastellano
Asunto: La diabetes se controla mejor con ayuda personal (y en español - USA)
La diabetes se controla mejor con ayuda personal
Un programa experimental utilizó promotores para educar y guiar en el manejo de su enfermedad
Josefina Vidal
Martes, 02 de agosto de 2005El control de una enfermedad crónica requiere mucho más que un diagnóstico y una receta, que es lo que había recibido Elsa Calderón cuando le informaron que tenía diabetes seis años atrás. Nadie le había explicado cómo tenía que vivir con ese padecimiento.
Eso no lo supo hasta cuatro años después, cuando conoció a una enfermera llamada María Blanco-Castellanos en la clínica Hubert Humphrey del condado de Los Ángeles. Ésta le dio la ayuda necesaria para que supiera lo que era diabetes y aprendiera a cuidarse no sólo en el aspecto físico, sino en el emocional.
“Fue entonces cuando encontré la paz”, dice Calderón, guatemalteca de 57 años que vive sola en Los Ángeles.
Además de la tranquilidad, halló la forma de comprender lo que le explicaba el médico, quien sólo habla inglés. Blanco-Castellanos visitó a Calderón en su casa y escuchó sus confidencias sobre su estado físico y emocional. Averiguó entonces que además de diabetes, la paciente tenía depresión, una condición frecuente en quienes padecen enfermedades crónicas.
Por otra parte, la enfermera conectó a Calderón con un trabajador comunitario o “promotor” quien, paso a paso, le explicó lo que era la diabetes y todo lo que tenía que hacer para controlarla bien, la nutrición adecuada, cómo llevar un registro de su azúcar, de las visitas médicas, y la ayudó a identificar otras condiciones médicas.
La atención individual que ofrecen los promotores al paciente tiene no sólo un efecto positivo sobre la diabetes, sino también en la depresión que las personas con este mal acostumbran a padecer. “Se sienten confiados para hablar de sus problemas”, dice Blanco-Castellanos.
Todo ello es parte de un programa llamado Amigos en Salud, en el cual se capacitó a personas de la comunidad para que dieran a pacientes con diabetes de bajos recursos y sin seguro servicios que los médicos en sus atareadas consultas no les pueden proporcionar.
Los promotores de salud conocían el idioma y cultura de los pacientes y a menudo ellos mismos eran personas afectadas por la diabetes o con familiares que la padecen.
Blanco-Castellanos, enfermera titulada que dirigió este programa piloto en la clínica Hubert Humphrey, sabe por experiencia que la diabetes se puede controlar si se cuida bien.
“Cuidé de mi padre, quien tuvo diabetes toda la vida pero nunca desarrolló las complicaciones que acostumbran a acompañar a este mal”, dice Blanco-Castellanos. “Creo que eso se debía a que contaba con seguro médico y me tenía a mí para defenderle y ayudarle a navegar por el sistema de salud”.
La diabetes es una de las principales causas de muerte e incapacidad en Estados Unidos, donde padecen este mal más de dos millones de latinos, dos veces más que personas de otra etnia o raza de la población. La proporción es casi la misma en el condado de Los Ángeles, donde un 16% de latinos tiene diabetes. En él, las estadísticas indican que entre 1990 y 2000 hubo un 53% de aumento en la mortalidad a causa de este mal.
El problema, aseguran los médicos, es que un alto porcentaje de personas que padecen diabetes lo ignora y eso contribuye a que se les diagnostique mucho tiempo después de su inicio. En muchos casos, dice Blanco-Castellanos, “no van al médico hasta que se sienten muy mal”, porque no tienen seguro ni un proveedor de servicios habitual. Estadísticas facilitadas por el programa Amigos en Salud citan que el 38% de las personas sin seguro en el condado de Los Ángeles es de origen latino.
El de Calderón es un caso típico. Después de criar a dos hijos sola y de trabajar en varios empleos sin ninguna prestación social, tuvo que cuidar por años a su padre enfermo. Cuando él murió, los males de Calderón empezaron a aflorar y entonces se sentía tan enferma que ya no pudo demorar más la visita al doctor. Fue a una clínica del condado y en la revisión que le hicieron se observó que el azúcar en su sangre estaba a 400 mg/dl., además tenía presión arterial alta y elevados niveles de colesterol.
Si bien existen clínicas y programas donde los no asegurados pueden encontrar atención médica, es difícil que reciban servicios integrales para su salud capaces de prevenir y tratar todos los problemas que los afectan. La barrera del idioma y el desconocimiento del sistema médico agravan la situación.
Calderón tiene ahora controlado su azúcar, colesterol y presión arterial, pero aún no ha logrado encontrar la ayuda necesaria para superar su depresión. “Le hacen correr a uno de un lado para otro, para que te vayan diciendo: ‘Aquí no le corresponde’”, dice.
Lo explica con lágrimas en los ojos a Blanco-Castellanos que fue a visitarla ese día a su domicilio. “El sistema de salud es disperso”, dice la enfermera; por otra parte, el carácter respetuoso de la mayoría de latinos les impide exigir la atención que merecen. “No comprenden que son empleados pagados por el público”, añade.
Blanco-Castellanos examina los frascos de medicinas que su paciente tiene sobre una mesita. Lee las etiquetas, pregunta por las dosis que toma actualmente. Se interesa por su nivel de azúcar, por su próximo control médico. “Estaba esta mañana a 116 mg/dl”, le responde Calderón. Le dice que su próxima visita en la clínica es el 25 de agosto.
“Pase antes por mi oficina y le daré una carta para su doctora”, indica la enfermera. La paciente se queja de dolores. “Prepararemos un resumen y veremos lo que debe hacerse”, le anuncia Blanco-Castellanos. El alivio se refleja ya en el rostro de Calderón. Otra vez siente que no está sola con sus problemas.
Eso es parte de los objetivos del programa, explica su directora. “Borrar el pesimismo de ‘Estoy solo, me voy a morir’ que tantas veces sienten. Queremos que los pacientes se den cuenta que no están solos”. Por eso el primer paso es el de visitarles en su propia casa.
“Necesitamos ver cómo es el ambiente en que viven día a día a fin de trabajar con el paciente e identificar qué es lo que necesita cambiar”.
El programa basado en promotores se llevó a cabo en plan experimental, además de en el condado de Los Ángeles, en New Jersey, Connecticut y Texas y fue financiado por de Pfizer Health Solutions, una subsidiaria de Pfizer Inc.
Su director, Ken Babamoto, se muestra satisfecho con los resultados obtenidos por el programa, en el que han participado a nivel nacional 15 mil personas. Su objetivo, asegura, “es ver que el programa de promotores puede extenderse a otras enfermedades crónicas”.
La esperanza de María Blanco-Castellano es que el modelo forme parte en el futuro de la forma en que se trata la diabetes en la comunidad.