El 10 de diciembre de 1997, en la Casa de José Carlos Mariátegui, asistí a la presentación del ensayo de mi querido amigo y colega activista José Montalvo, ¿A quién le importa? Las batidas en las discotecas de ambiente del
centro de Lima”.[1] Ese día fue de triple significación para mí porque me encontré con otros amigos como Susana Villarán y Óscar Ugarteche; porque estuvimos en la casa de nuestro gran Amauta; y porque conmemoramos 49 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aquella noche, de repente, pasé anónimamente del público asistente al panel de presentación, gracias al tenor de una hermosa “Carta a un amigo” que Susana me había escrito, como un modo creativo de comentar el provocador ensayo de Montalvo. Para entonces, llevaba apenas un año de haber salido de mi “clóset personal”, hacía apenas dos días que le había redactado una carta a Susana contándole “mi verdad”, y yo me comenzaba a sentir más inquieto por querer “hacer algo”, sin tenerlo aún claro.
Enhorabuena, ella vaticinó lo que vendría, al motivarme y retarme esa noche: “Se trata de ti... a quien yo quiero, que tienes un nombre, que estás en la memoria de mi corazón. Que lo estarás siempre: hetero u homosexual. Lo que importa es que seas feliz, así de simple. Tú sabes que no será fácil, pero lo que importa es que seas digno, que sigas siendo luchador; que ahora, más libre y con más coraje, incorpores a tu lucha, la lucha por el respeto a tu diferencia. Estarás en esto, como en todo lo demás, estoy segura...”. Aquel día, varios de los asistentes salimos entusiasmados, especialmente José y yo, por todo lo que significaban para nosotros los comentarios y retos lanzados por Susana y Óscar, destacados intelectuales y activistas de izquierda, a quienes respetamos y admiramos por su compromiso, trayectoria y
aportes a los movimientos LGBT y de derechos humanos.[2] Esa fecha quedó inscrita en mi biografía. Tras la participación en una fallida experiencia de un colectivo juvenil, Pepe y yo aceptamos la invitación a ser parte de lo que sería el Movimiento Raíz, donde militamos y creamos aquel colectivo que finalmente se denominaría Raíz Diversidad Sexual. Desde entonces y hasta la fecha, participo en este perseverante colectivo, aunque en los últimos tres años les acompaño a través del ciberactivismo y la comunicación política, porque vivo en el Distrito Federal, por mis estudios de posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde mi experiencia personal, profesional y académica, vinculada al activismo de derechos humanos en Perú y en México, hoy, en este aniversario de RAÍZ, comparto estas breves reflexiones. Felicito a todo el grupo y aliento a mis colegas activistas a persistir en esta lucha por justicia, igualdad, dignidad y reconocimiento de derechos. En ella ha sido fundamental el ejercicio de "ponerme en el lugar del otro u otra", sobre todo con relación a las personas y grupos que por diversos motivos son discriminados. Estas vivencias y aprendizajes llevaron a afianzarme como periodista de derechos humanos y como militante de y por la vida. Fue este mismo activismo el que me dio más fuerza, confianza e integridad para quererme y aceptarme como disidente sexual y ciudadano gay, más comprometido con esta lucha. En 1996, llegué a publicar un artículo en un diario limeño -con seudónimo-, donde me refería a la condición homosexual como "una realidad digna que nos desafía a descubrir
dentro ella posibilidades para vivirla y recrearla".[3] Ya en 2003, en un texto testimonial, escribí: “Quererme libre, honesto y digno, aferrado a mis convicciones y principios, me llevó a romper con la “norma” heterosexual y a reconocerme disidente de un sistema hegemónico, masculino, occidental, blanco, racista, homofóbico y adultocentrista, que busca deslegitimar toda disidencia libertaria y prefiere reproducir en cadena la hipocresía, la doble moral, la intolerancia y la homofobia”. Tuve que ser valiente y aceptar quien era, a construir mi autonomía, en libertad. En la medida que en Raíz Diversidad Sexual es central la militancia viva y
reflexiva, me parece muy importante resaltar para los tiempos actuales el papel de las y los activistas LGBT y no-LGBT en el Perú y en toda nuestra Latinoamérica, asumiendo la importancia de forjar, promover, acompañar y alentar nuevos activistas, particularmente en los espacios juveniles. En intercambios vía e-mail, una amiga, Fátima Aparecida Silva, activista del movimiento negro de Brasil, me escribía que ser activista de derechos humanos es “estar implicada(o), comprometida(o) con el ser humano como sujeto histórico, atenta(o) a las violaciones de la dignidad humana”. En un bello texto, Alexis Ponce, un admirable militante ecuatoriano de trayectoria, escribe que el activismo de derechos humanos: “[...] Se juega en la calle, además de jugarse en la oficina, el ministerio, el diálogo o la institución; está integrado por activistas voluntarios: es voluntariado a secas, es decir real, que no tiene otro tipo de camisas de fuerza
que no sean los de la realidad circundante. “[...] Nadie regala espacios, se los conquista a pulso, con inteligencia, transparencia, corazón y credibilidad”. Para finalizar, diría que hoy mi vida se sintetiza en la expresión: “Soy activista, defensor de derechos humanos”, lo cual involucra mi
integridad, mi profesión, mi interés académico/profesional, y mis anhelos y propuestas para contribuir a transformar la realidad actual, asumiéndome como un sujeto político, ciudadano del mundo. A lo largo de este proceso, ser activista me ha brindado mucha satisfacción personal y crecimiento intelectual, pero sobre todo, me ha hecho y me hace ser cada vez mejor ser humano, y eso lo disfruto mucho porque logro que otros y otras también lo disfruten, y en ese marco, hay quienes se sienten identificados y se unen a esta causa por la defensa y promoción de los derechos humanos. Creo más en el ser humano y en su potencialidad para transformar el mundo, y sueño mientras trabajo que otro Perú, otro México, y otros mundos son posibles. 1] Mención especial del primer concurso “Pensando y haciendo Perú” del Instituto de Defensa Legal (IDL). [2] Reconocido economista, intelectual, académico y escritor peruano; activista gay, fundador del Movimiento Homosexual de Lima (Mhol); y, desde el año 2005, académico e investigador de
la UNAM. [3] “La opción de muchos jóvenes gay. Somos buses: ¿y qué?” (I y II), en La República, Editora Perú, Lima, 14 y 15 de noviembre de 1996, p. Opinión. [4] Su Manifiesta, en Alas, Leopoldo, Ojo de loca no se
equivoca. Una irónica y lúcida reflexión sobre el ambiente, Barcelona, Planeta, 2002, p. 64. |