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CHILE: CASO CARAVANA DE LA MUERTE Y "EL MUNDO [DE MENTIRAS] EN QUE   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #9171 de 13418 |

From: Aldo Cabello

Subject: Respuesta al articulo publicado en El Mercurio, "El mundo en
que vivimos"

 
Con fecha 6 de abril, apareció en El Mercurio de Santiago un artículo
titulado "El mundo en que vivimos" del periodista Hermógenes Pérez de
Arce,
 
http://diario.elmercurio.com/2005/04/06/editorial/
hemogenes_perez_de_arce/noticias/E746D735-1413-4944-AEC2-
E12AA1EEA997.htm
 
que es una mentira de comienzo a final y al cual he dado la siguiente
respuesta:
 

Señor Director:
 
Le escribo en relacion a un artículo publicado en El Mercurio, en la
página editorial de hoy día 6 de Abril, titulado "El mundo en que
vivimos", del periodista Hermógenes Pérez de Arce.

No tengo claro si el periodista en cuestión es un mentiroso o está
desinformado. Cualquiera que sea el caso, pareciera que el periódico
que usted dirige no se cuida de la ética de sus colaboradores.

En este artículo se hace mención a la tristemente célebre "Caravana de
la Muerte", cuya fatídica trayectoria a su paso por Copiapó terminó,
entre otras, con la vida de mi hermano Winston Cabello.

En el juicio que mi familia entabló contra Armando Fernandez Larios en
una corte de EEUU se demostró, sin lugar a dudas, que Fernández
participó en los crímenes cometidos por la comitiva que encabezaba el
general Arellano.

El propio Fernández Larios reconoce haber estado en Copiapó ese día y a
esa hora. Es decir, la propia persona que el periodista trata de
defender reconoce no haber estado durmiendo plácidamente en su cama en
Santiago.

Las muertes de Copiapó no ocurrieron como el periodista sibilinamente
sugiere. Los cadáveres tenían claras señas de tortura. El examen
forense revela que fueron asesinados con corvos. Algunos de los cuerpos
mostraban claramente heridas cortantes en la garganta y en el estómago.
Esto es bien conocido, sabido y ampliamente divulgado. No obstante su
columnista, impertérrito, dice que los prisioneros trataron de escapar
y que "resultaron" muertos por heridas de bala. No comprendo cómo puede
alguien medianamente informado mentir de esta manera.

Déjeme agregar que el monto adjudicado a mi familia por la corte
norteamericana que juzgó a este asesino de la dictadura, esa suma de 4
millones de dólares, si algún día es percibida será entregada a
organizaciones que dedican sus esfuerzos a perseguir a asesinos y
violadores de derechos humanos. Nadie en nuestra familia necesita ni
quiere ese dinero.

El enfoque de este artículo evoca lo que aún hoy día recitan los
detractores del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, quienes no
reconocen los bárbaros crímenes perpetrados por el régimen nazi en
contra de los judíos.

Resulta vergonzoso que individuos de tan baja estofa tengan tribuna en
un periódico del nivel de El Mercurio.

Saluda atentamente a usted,
 

Aldo Cabello Bravo
397 Moraga Avenue,
Piedmont, California,
United States of America
tel 510-654-4110

***

El siguiente es el artículo de la infamia:


Miércoles 6 de abril de 2005

El Mercurio

El mundo en que vivimos

En este mundo de cerebros lavados, la verdad no tiene mucho caso.

Por Hermógenes Pérez de Arce

En octubre de 1973, un anciano dirigente socialista, detenido en
Copiapó y a la espera de juicio, confidenció al auditor de guerra
local, abogado Daniel Rojas Hidalgo, que otros presos planeaban un
intento de fuga, lo que lo hacía temer por su vida. Informados el
comandante del regimiento, Oscar Haag Blaschke, y el de la guarnición,
general Joaquín Lagos Osorio, resolvieron el traslado de todos (eran
13) a un penal más seguro, el de La Serena. Partieron en la noche del
15 al 16 de octubre, en un viejo camión militar. Éste tuvo una falla
eléctrica en la cuesta Cardones. El capitán a cargo, Patricio Díaz
Araneda, informó después que, aprovechando la oscuridad, los presos
intentaron fugarse. Tras un disparo de advertencia que resultó
inefectivo, ordenó a sus hombres abrir fuego, resultando muertos todos
los fugados. Regresó entonces a Copiapó con los cuerpos, y esa misma
mañana el comandante ofició al administrador del cementerio, Leonardo
Meza Meza, pidiéndole las respectivas sepulturas. Éste confirmó lo
anterior judicialmente.

El 18 de octubre, el diario "El Día" de La Serena informó de las
muertes de la madrugada del 16. En la página 152 del libro "Los
zarpazos del puma" se señala, asimismo, que todo "habría ocurrido al
anochecer del 15 o en la madrugada del 16 de octubre". Posteriores
testimonios de izquierda confirmaron la fecha.

Está comprobado, más allá de duda, que al momento de esas muertes el
general Sergio Arellano, delegado del general Pinochet, entonces
Comandante en Jefe y Presidente de la Junta, se encontraba en Santiago.
El 16 en la mañana, cuando el administrador del cementerio recibía el
oficio pidiendo las sepulturas, Arellano recién viajaba a La Serena.

Todo lo anterior consta en el juicio conocido como "caso Caravana". Sin
embargo, el sustanciador, Juan Guzmán, sometió a proceso a Arellano por
haber "ordenado sustraer de la cárcel pública (de Copiapó), en horas de
la noche" del 16 -es decir, casi un día después de los hechos- a esas
13 personas. Lo sindica como autor de su secuestro y homicidio, al
igual que al general Pinochet, por haberlos ordenado.

Una monstruosidad en todo el sentido de la palabra, pero ha
prevalecido. La mayoría de los ministros de las cortes de Apelaciones y
Suprema la avalaron. Y su autor ha ganado, merced a ella y a otras
semejantes, fama internacional: "metió preso a Pinochet". En estos días
se anuncia la publicación de sus memorias en seis idiomas. La principal
"mujer-ancla" de la TV norteamericana, Bárbara Walters, desea
entrevistarlo. Decenas de millones admirarán al juez "ejemplar".

Por supuesto, la mayoría de los chilenos también cree que Pinochet
ordenó a Arellano secuestrar y matar a esas 13 personas, y que éste lo
hizo. Los abogados comunistas se han encargado de llevar a declarar a
legiones de testigos que así lo afirman.

Y un jurado norteamericano acaba de condenar a un teniente chileno
residente allá, Armando Fernández Larios -que dormía plácidamente en
Santiago a la hora de las muertes-, como autor de ellas, por haber
integrado la comitiva de Arellano. Deberá pagar cinco millones de
dólares a la familia de Winston Cabello, uno de los caídos. Poco antes,
un hermano de Fernández me había parado en Providencia para pedirme un
ejemplar de mi libro "La verdad del juicio a Pinochet", en el cual se
acreditan los hechos reales, a fin de enviarlo para la defensa en los
EE.UU. Entré a una librería y se lo compré. Si alcanzó a llegar, fue en
vano, porque su hermano fue condenado. En todas partes se cuecen habas.
En este mundo de cerebros lavados, la verdad no tiene mucho caso.






Jue, 7 de Abr, 2005 11:40 am

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8 de Abr, 2005
8:12 pm
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