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KISSINGER, INNOBLE PARA EL NOBEL
Kissinger, innoble para el Nobel
Por Juan Gabriel Tokatlian
La desclasificación de documentos oficiales sobre la situación de los
derechos humanos en la Argentina en el período 1975-1984 realizada por el
Departamento de Estado de Estados Unidos entre 2002 y 2004 revela lo que
varios académicos, observadores y periodistas argentinos y estadounidenses
señalaron por lustros: que en un contexto histórico determinado, mediante
señales esquivas y de modo turbio, altos funcionarios del gobierno del
presidente Gerald Ford alentaron al gobierno del general Jorge Videla a
implementar políticas represivas -torturas, ejecuciones y desapariciones-
contra la "subversión". No se trató sólo de tolerar, en un momento
específico, a nivel de la cúpula decisoria en Washington, la violación
sistemática de los derechos humanos en la Argentina. La clave fue el apoyo
al gobierno militar para que actuara con diligencia y destreza en materia
de lucha "antiterrorista". También la obstrucción de los esfuerzos de los
propios representantes de Estados Unidos en Buenos Aires -por ejemplo, los
del embajador Robert C. Hill- que se quejaban de la brutalidad del régimen
de facto. El mensaje era claro: maten y desaparezcan a los que deban pero
de manera rápida. Las distintas expresiones en privado del vicepresidente,
Nelson Rockefeller, y del secretario de Estado, Henry Kissinger, hacia el
Ejecutivo argentino fueron leídas y asimiladas como un gesto de
condescendencia hacia la estrategia de mano dura de Buenos Aires. Una
parte influyente de Washington daba luz verde a los militares argentinos,
quienes interpretaban los dichos de Rockefeller y Kissinger como una carta
blanca para proceder en su política de exterminio. Las detalladas
investigaciones sobre el tema efectuadas por Kathryn Sikkink, de la
Universidad de Minnesota, mostraron cómo, durante esa fase de vía libre
para la represión -junio 1976/enero 1977-, el número de muertos y
desaparecidos alcanzó cifras aterradoras. Ahora que es pública esta
información, es importante que el Comité Noruego de la Paz le retire el
Premio Nobel a Henry Kissinger que le otorgara en 1973. Kissinger recibió
ese galardón (el vietnamita Le Duc Tho compartió esa distinción pero no lo
aceptó) en razón de las negociaciones de paz en Vietnam. Cuando se le
concedió el Nobel el 16 de octubre de 1973 era poco lo que se sabía, con
certeza, sobre su rol en la caída del gobierno de Salvador Allende el 11
de septiembre de 1973. Pero ahora sabemos -gracias a que se han levantado
las reservas sobre documentos oficiales de EE.UU. en relación con Chile y
la Argentina- que, como consejero de Seguridad Nacional, aprobó las
acciones tendientes al golpe de Estado en Chile y que, como secretario de
Estado, sostuvo y avaló una política expeditiva de asesinatos y
desapariciones que condujeron al terrorismo de Estado en Argentina. Es
inaceptable que alguien que recibió el Premio Nobel de la Paz haya
auspiciado explícita y personalmente las peores violaciones a los derechos
humanos. Por el contenido simbólico de este galardón, quien habiéndolo
obtenido haya estimulado y respaldado acciones de tanta inhumanidad
debería, al menos simbólicamente, perderlo. Despojar a Kissinger del Nobel
demanda un conjunto de acciones. Entre otras, por ejemplo, un grupo de
personalidades (dentro y fuera de Argentina) y ONG (Amnistía
Internacional, Human Rights Watch y varias más) podrían pedir una
modificación de los estatutos del Comité Noruego del Nobel, para que se
incorpore una norma permitiendo el retiro del premio a la persona o
institución que, habiendo sido galardonada, promueva actos contrarios al
espíritu de ese homenaje. Adicionalmente, se puede solicitar al Storting
(Parlamento) noruego -encargado de designar al Comité de los Cinco que
concede la distinción del Nobel- que escuche los petitorios o denuncias
correspondientes en torno a la conducta de Kissinger en el Cono Sur.
Asimismo, es posible actuar en conjunto con individuos e instituciones de
Estados Unidos para que se conozcan con detalle las atrocidades ocurridas
en Argentina y Chile durante los años setenta; muchas de ellas
cohonestadas por Kissinger. Además, es factible fortalecer la campaña, ya
existente, para reducir su capacidad de movimiento: hoy no visita muchos
países por temor a ser detenido y, eventualmente, juzgado por crímenes
contra la humanidad. Se podrá decir que despojar a Kissinger del Premio
Nobel de la Paz podría abrir una caja de Pandora que lleve a considerar
otros casos. Es muy posible que eso ocurra y será sano para la humanidad
en su conjunto. Si alguien resulta innoble para la paz, que se sepa y se
actúe en consecuencia, así la sanción sólo pueda ser moral y simbólica.
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Lun, 11 de Oct, 2004 12:13 am
Fernando Ruiz, Ginebra
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