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LA TORTURA, POLITICA DE ESTADO DURANTE LA DICTADURA CHILENA   Lista de mensajes  
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El Informe de la Comisión sobre Prisión Política y Tortura del
Gobierno de Chile ratifica que el buque-escuela Esmeralda y
otros recintos fueron usados por la Armada para torturar e
incluye un catastro de todos los recintos utilizados por las
FF.AA. con este objeto, además de una descripción detallada
de la implementación institucional de esta abominable práctica
--un Crimen contra la Humanidad.


Tortura de Estado

por Jorge Escalante

FUENTE: La Nación

FECHA: 10 de octubre del 2004

La principal conclusión del informe de la Comisión de Prisión
Política y Tortura, que se hará público prontamente, afectará
especialmente a las dos ramas más antiguas. El documento terminará
por derribar la tesis de las Fuerzas Armadas sobre la actuación
individual de sus hombres en los crímenes cometidos durante la
dictadura militar encabezada por Pinochet.

El informe que está pronto a entregar la Comisión Nacional sobre
Prisión Política y Tortura, pone al Ejército y especialmente a la
Armada en el trance histórico más difícil desde que en marzo de 1991
se conoció el Informe Rettig. El texto es tan duro, no por su
lenguaje sino por lo que revela su contenido, que las Fuerzas
Armadas, y principalmente estas dos instituciones, no tienen aún muy
claro cómo enfrentarán la presión que se les viene encima.

El punto que más las inquieta es que el informe estableció que la
tortura fue una forma institucional de operar durante la dictadura
militar en todo el país, y no fueron actos de individuos que se
arrancaron de los mandos. Luego de recibir los testimonios de 35 mil
personas, la Comisión estableció que la tortura fue una política de
Estado.

Enfrentadas a estas dramáticas conclusiones, el conflicto para el
Ejército y la Armada es cuál será su respuesta. Para la Fuerza Aérea
y Carabineros lo será en menor grado, por lo que ha sido su pasar en
los últimos años respecto de estos asuntos. Las alternativas son
escasas. O admiten que así ocurrió y aprovechan la gran oportunidad
que tendrán para pedir perdón, o lo niegan, rechazan y descalifican
como lo hicieron con el Informe Rettig.

El problema es que hoy el tiempo es distinto al de 1991, con la
figura de Augusto Pinochet todavía como comandante en jefe del
Ejército, y con el continuador de la implacable línea Merino al mando
de la Armada, el almirante Jorge Martínez Busch, actual senador
institucional.

Pero la preocupación del Ejército y la Armada va más allá. Porque si
admiten que efectivamente la tortura fue una política de Estado y por
lo tanto un método institucional aplicado por las Fuerzas Armadas,
apenas medio metro más allá tendrán que reconocer que el exterminio
de opositores con más de 3 mil víctimas, también fue una política de
Estado. Lo que no aceptaron en la Mesa de Dialogo sobre Derechos
Humanos de 2000, donde tuvieron otra valiosa oportunidad de hacerlo
para pedir perdón por los crímenes.

Marinos sin vacilar

El informe en cuestión, que consta de unos ocho capítulos, establece
que los detenidos fueron torturados en cada lugar donde permanecieron
detenidos, de Arica a Magallanes. La redacción es detallada. Explica
y menciona cada lugar de tortura región por región y ciudad por
ciudad. Relata los tipos de tormentos aplicados. Y se extiende acerca
de los efectos que la tortura dejó en las víctimas, en sus familias y
en la sociedad chilena. Como la Comisión no tiene ámbito
jurisdiccional, el informe no entrega nombres de los torturadores ni
de quienes dieron las órdenes.

Que el texto revele una detallada cantidad de cuarteles y recintos en
los que se torturó afectará principalmente a la Armada. Porque de
todas las ramas uniformadas, ésta es la que, hasta ahora, ha sido
menos imputada por delitos cometidos. Si bien la Armada cuenta con
una cuota baja de detenidos desaparecidos y ejecutados (en el informe
de las Fuerzas Armadas sobre el destino de 200 desaparecidos emitido
en enero de 2001 después de la Mesa de Diálogo, a la Armada sólo se
le asignaron cuatro casos), la tortura se aplicó en muchos de sus
recintos. En verdad, la Armada fue, después de la DINA y el Ejército,
la institución que más torturó y se caracterizó por la crueldad de
los tormentos, la mayoría de las veces muy refinados. Los testimonios
recibidos por la Comisión así lo establecen, aunque ya se conocía
desde antes por quienes fueron sus víctimas.

Incluso la Armada torturó antes del golpe militar, como fue el caso
de los cerca de cien marineros, cabos y un suboficial
constitucionalistas acusados de planear apoderarse de los barcos de
la Escuadra para tratar de parar el golpe militar, detenidos a partir
del 5 de agosto de 1973. Una parte importante de ellos concurrió a la
Comisión a prestar su testimonio, mientras otros todavía permanecen
en el extranjero después de exiliarse.

Las torturas

Estos marinos sufrieron la tortura desde las primeras horas después
de su detención, fundamentalmente en el Destacamento Miller y la
Escuela de la Infantería de Marina en el Fuerte Vergara en Las
Salinas, en Viña del Mar; en el Cuartel de Orden y Seguridad Silva
Palma en el cerro Playa Ancha en Valparaíso; y en el Fuerte Borgoño
de la Infantería de Marina en Concepción.

Cuando todavía gobernaba el Presidente Allende, a los marinos se les
colgó desnudos a la intemperie en cruces de madera por días, donde se
les golpeó, aplicó electricidad y se les privó de alimentos y agua.
Fueron encerrados desnudos en tambores bencineros y echados a rodar
por pendientes. Desnudos, obligados a reptar "punta y codo" por
espacios techados con alambres de púa a no más de cuarenta
centímetros de altura, sobre piedras filudas y vidrio molido.

Colgados de helicópteros por las noches, se les sacó mar adentro en
Valparaíso para sumergirlos en el agua hasta que sintieran los
primeros síntomas de la muerte por inmersión. Se les perforaron los
tímpanos con golpes de manos aplicándoles "el teléfono". Desnudos, se
les obligó a permanecer sobre el canto de una banca por horas,
mientras se les sentaban encima. Sus extremidades superiores e
inferiores fueron torcidas en sentido distinto para causarles la
asfixia ("tirabuzón"). Se les amarró el pene a las muñecas con
alambre, mientras se les puso electricidad en los testículos y el ano
para que se causaran heridas en el miembro al abrir los brazos por el
dolor. Fueron obligados a comer sus propios excrementos y tomar su
orina, cuando ya no pudieron controlar el esfínter por el dolor y el
terror. Simulacros de fusilamiento, lamer las botas de los oficiales
o golpizas de diez o más contra un solo individuo desnudo y amarrado,
fue lo más suave. Los autores de estas torturas fueron,
principalmente, oficiales jóvenes: tenientes, capitanes y en muy
menor grado suboficiales o clases. Fueron casi los mismos tipos de
tortura que los oficiales de la Armada aplicaron después del golpe,
en forma masiva, a los prisioneros en múltiples recintos de la
institución.

Por ello, el informe de la Comisión dejará al descubierto como
evidencia oficial, que en la Armada se torturó a los detenidos en
muchos más lugares de los ya conocidos, como son el buque escuela
Esmeralda, el cuartel Silva Palma o la base aérea El Belloto en la
Quinta Región, y la Isla Quiriquina en la Octava.

Respecto del Ejército, el informe pondrá en evidencia que no sólo
torturó la DINA y la CNI en sus centros clandestinos más renombrados
en Santiago y provincias, sino que también se aplicó tormentos en
cada cuartel y regimiento de regiones de sur a norte donde se mantuvo
personas detenidas. Por lo tanto, el resultado de la Comisión sacará
a la tortura del exclusivo ámbito de la DINA y la CNI, para ubicarla
ahora en todos los recintos donde hubo prisioneros y no operaban
estos servicios de inteligencia, pero sí personal de Ejército.

Dimensión internacional

La expectación que existe a nivel internacional respecto de este
informe es tan grande, que los miembros de la Comisión y autoridades
de gobierno han recibido constantes visitas y llamados de organismos
defensores de los derechos humanos. No se conoce una experiencia
similar en América donde se haya sistematizado en detalle
exclusivamente la aplicación de la tortura en la efervescencia
político-social de este continente. Incluso para Europa, existiendo
documentos que dan cuenta de estas situaciones en períodos de
convulsión o guerras, se estima que el informe chileno constituirá
una revelación.

Si para el Ejército y la Armada el asunto será inmensamente
complicado de enfrentar, para el gobierno tampoco será fácil. Se sabe
que el Presidente Ricardo Lagos ya tomó la decisión de no hacerlo
público antes de las elecciones municipales del próximo 31 de
octubre. Y permanece la duda si lo hará antes de la reunión cumbre de
Presidentes de la APEC que se efectuará en Santiago el próximo 19 de
noviembre. Aunque algunos creen que sí lo hará. No está aún resuelto
cómo el Presidente lo dará a conocer al país. Lo que sí está claro,
es que el informe será público, porque no puede ser de otra forma. A
pesar de que desde el Ejército y la Armada se han enviado mensajes
sobre la inconveniencia de hacerlo público, o al menos no tan pronto
para postergarlo un tiempo más. Pero para el gobierno y especialmente
para el Presidente, este punto no está en discusión. Lagos sabe que
ésta será recordada como una de sus grandes obras en materia de
reparación para las víctimas de las violaciones a los derechos
humanos. Y sobre todo, respecto de un sector hasta ahora postergado
como son las víctimas vivas, o sobrevivientes de la tortura y la
prisión. Muchas de ellas, después de veinte o treinta años todavía no
terminan de rearmar sus vidas ni saldan cuentas con el dolor físico,
síquico y el horror vivido. En este sentido, no existe ninguna
alternativa para postergar la entrega del informe y menos esconderlo
de los ojos de los chilenos y el mundo.

Frente al Informe Rettig

El informe será tan minucioso y demoledor, que para las Fuerzas
Armadas y primordialmente para el Ejército y la Armada, no existirá
posibilidad de desvirtuarlo, negarlo o desacreditar a la comisión que
lo preparó, como sí lo hicieron con el Informe Rettig. Aunque, sin
aventurar reacciones, siempre cabe la posibilidad de "empatar" el
informe que vendrá por la recurrida vía de "los marxistas que
sembraron el odio durante la Unidad Popular" o "hubo víctimas por
lado y lado", lo que todavía argumenta el ex dictador Augusto
Pinochet para justificar los crímenes que ordenó cometer. Pero porque
hoy corren otros vientos, la expectación crece acerca de cuál será
esta vez la reacción de las Fuerzas Armadas frente a esta nueva
verdad.

"El Ejército no acepta asumir la responsabilidad de hechos que no han
sido probados, menos si las respectivas imputaciones atentan contra
su tradición de honor. La institución y su alto mando, jamás han
dejado de hacerse responsables ante la patria de las acciones que han
debido emprender a lo largo de su honrosa historia", dijo la
institución al descalificar el Informe Rettig. Y agregó "por lo
tanto, el Ejército rechaza potenciales actos e iniciativas que
pretendan reivindicar a personas o grupos que han sido y siguen
siendo negativos para una sana convivencia entre los chilenos". Esta
última parte cobra hoy importante validez ante lo que será la
respuesta que tendrá ahora el comandante en jefe, general Juan Emilio
Cheyre. Y lo mismo para la Armada, la Fach y Carabineros, que también
descalificaron en 1991 el Informe Rettig.

"La falta de un procedimiento idóneo y debidamente bilateral, y las
apreciaciones, juicios y conclusiones del Informe, desfiguran de tal
modo este proceso que la 'convicción' o 'verdad' que proclama, no
pasa de ser una simple opinión que puede ser compartida o rechazada",
dijo la Armada en su respuesta de 1991. "Es muy probable que una
parte importante de los testimonios estén inspirados en propósitos de
carácter político o de venganza personal", añadió la Marina. Otro
tanto hizo la Fach y Carabineros.

Por otro lado, se estima que la posición del Ejército y la Armada
estará también marcada porque difícilmente hoy aparecerán políticos o
empresarios (salvo Hermógenes Pérez de Arce y el grupo de ex
ministros de Pinochet que lo acompaña), que desvirtúen o rechacen el
contenido del informe. Y menos con la próxima elección presidencial
en la puerta. El "líder" Pinochet ya no es el mismo, y hoy incluso
está cuestionada su calidad moral y de honor al adquirir una oscura
fortuna vistiendo uniforme.

Sin embargo, se conoce que en la Armada se trabaja en la línea de, al
menos, rebatir el informe sobre algunos lugares donde se dirá que se
torturó. En este sentido, es en la Armada donde se comienzan a
visualizar líneas de respuesta crítica al documento. Pues, como lo
reconoció una fuente de esa institución a La Nación Domingo, la
Marina nunca "baldeará" la cubierta de el Esmeralda como símbolo para
lavar la sangre de los detenidos que, según se dice, corrió por allí.

Pero no sólo el informe confirmará que la Armada sí torturó en la
Esmeralda, sino que además entregará nombres de otros recintos menos
conocidos, o desconocidos hasta ahora, y ratificará que los tormentos
se aplicaron en otros lugares ya conocidos, pero que la institución
continúa negando.

El informe que se entregará al Presidente Lagos antes de que finalice
este mes de octubre y que en un apartado especial incluirá los
nombres de las cerca de 35 mil víctimas de la prisión y la tortura
que calificaron en la Comisión, propondrá también algunas medidas de
reparación. Entre ellas, las principales apuntan a establecer
reparaciones morales de variadas formas; asistencia en salud; y una
reparación económica.

Efectos de la tortura

La Comisión también incluirá en su informe un capítulo sobre los
efectos que en los individuos dejó la tortura, muchos de los cuales
persisten en algunos hasta hoy. Aunque acerca de estas secuelas ya
después del nazismo se destacaron sicoanalistas que, sobreviviendo a
la experiencia de los campos de concentración, dedicaron su vida a
sistematizar esta vivencia y enseñar sobre ello con el fin de
proteger al ser humano ante futuras situaciones similares. Uno de
ellos, el austríaco Bruno Bettelheim, recluido en los campos de
Dachau y Buchenwald, fue quien acuñó para referirse a la tortura el
término de la "traumatización extrema" ante una "situación límite".

Sus conclusiones están contenidas en su maravillosa obra
"Sobrevivir". En ella Bettelheim expone que, de quienes no murieron,
aquellos que mejor lograron sobrellevar el trauma síquico de la
tortura, tanto durante la prisión como después, fueron quienes tenían
una formación valórica firme y definida. A ello, el sicoanalista
austríaco Víctor Frankel, que también sobrevivió a Auschwitz y cuya
experiencia está registrada en el libro "El hombre en busca de
sentido", agregó que quienes mejor sobrellevaron esta situación
límite traumática, fueron aquellos que encontraron un sentido para
seguir viviendo, cualquiera que éste fuera.

Aún en dictadura, en Santiago en 1989 se realizó el seminario
internacional "Tortura, aspectos médicos, sicológicos y sociales.
Prevención y Tratamiento". En él se estableció que "para destruir el
cuerpo social, fue necesario destruir el cuerpo individual",
parafraseando al filósofo argentino León Rozitchner. "De este modo,
el objetivo esencial en la práctica de la tortura es trascender la
perversión del acto individual, e instalarse como sistema de horror
en lo inconsciente social, sabiduría siniestra del poder represivo
para lograr imponerse como tal", según escribieron en sus trabajos
expuestos en este encuentro las profesionales chilenas del Instituto
Latinoamericano de Salud Mental, ILAS, María Isabel Castillo, Elena
Gómez y Juana Kovalskys.

Otro de los resultados fundamentales de este encuentro fue que, de
acuerdo al seguimiento terapéutico de las víctimas de la tortura en
Chile, la mayoría de ellas enfermó, a veces seriamente, no ya de las
secuelas físicas, sino por trastornos somáticos severos en el aparato
digestivo, alteraciones dermatológicas complejas y crónicas, cuadros
de hipertensión y otras enfermedades. Las causas fueron por cierto la
tortura, pero estrechamente vinculado a los efectos de no poder
contar en palabras el sufrimiento y la humillación, silencio tanto o
más tortuoso que el dolor físico vivido que terminó por enfermar el
cuerpo y agravar el estado del alma.

Agregan las sicólogas del ILAS en su trabajo "la tortura como
experiencia traumática extrema en lo sicológico, somático y social"
que "el cuerpo social como metáfora del cuerpo individual está dañado
de una manera invisible. Así, la convivencia con lo siniestro durante
años se constituye en un modo habitual de vida, conformando un seudo
equilibrio adaptativo donde el horror y lo ominoso quedaron
encapsulados e ignorados en el registro síquico social [...] Los
argumentos que surgen tales como: trascender el dolor, olvidar o
perdonar, están íntimamente ligados a los mecanismos de renegación,
aún cuando su inspiración pueda ser muy noble".

--

[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]







Dom, 10 de Oct, 2004 2:49 pm

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