Por la vida de mis hermanos hoy a 71 días de huelga de hambre, por la
libertad tuya y nuestra.Libertad a todos los prisioneros!
PRESOS POLITICOS. EL LARGO CAMINO A LA LIBERTAD
Por Pedro Rosas A., desde la Cárcel de Alta Seguridad, CAS, Santiago Chile.
Los actuales prisioneros políticos, recluidos en la CAS, el hospital
penal y otras cárceles del país llevamos entre diez y 14 años de
prisión. Ha sido una larga y silenciosa presencia en los intramuros
de una transición política que de la noche a la mañana llama "presos
políticos" a quienes sólo ayer llamaba terroristas; torturándonos,
procesándonos y condenándonos como tales sin que mediara, obstáculo
ético, jurídico y político pues, la figura del terrorista abominable,
es la antítesis de todo sujeto de derecho. El artificio sin embargo,
no es exclusivo de los administradores del poder.
El concepto y su carga estigmatizante, resultó además, en extremo
peligroso para quienes aún cuestionando severamente el proceso de
transición pactada y sus amarres estructurales, hicieron libremente
la opción de no mirar y "dejar hacer" a quienes emprendieron la
"petit guerra sucia" contra los rebeldes que combatieron a la
dictadura y que siguieron su accionar durante los cuatro primeros
años de gobiernos de la concertación. Si la actuación de las
autoridades concertacionistas puede ser entendida como la reacción
drástica de la Razón de Estado ante el eventual juicio del
empresariado, la derecha y las fuerzas armadas, por la persistencia
de una disminuida pero hiperactiva insurgencia, lo que resultó
paradójico fue la actuación de la propia izquierda y de muchos de los
defensores de los DDHH frente al tema.
Más fácil que una elemental comprensión política del fenómeno y de
una crítica integradora fue la criminalización oportunista, realizada
desde los mismos actores sociales y políticos que antes habían
estimulado la acción política rebelde elevando a la categoría de
credo "todas las formas de lucha". Lejos de los "comandos de control"
diseñados para guiar convenientemente la lucha y el eventual retiro
de los movimientos políticos y sociales populares, los rebeldes
entendimos mal lo que era ser revolucionarios en Chile; pensamos que
la mantención del modelo económico, la continuidad institucional
impuesta a mano armada por la dictadura y la impunidad entre otras
joyas de la transición, eran razones legítimas para despreciarla.
Claramente nos habíamos equivocado y prontamente, los "guardalíneas"
del juego político formal, nos mostraron la "Targeta Roja".
Veredicto: de jóvenes idealistas pasamos a lumpen terroristas y nos
enterraron por una década.
El tratamiento carcelario incuestionado, fue pionero en cuanto a la
implementación de tecnología de vigilancia y en mecanismos de control
disciplinario. Las medidas de segregación tanto al interior del penal
(jaulas de espera, micromódulos, cámaras y micrófonos en patios,
escaleras y pasillos, micrófonos en celdas y salas de visita familiar
y conyugal etc.) como de los presos con el exterior (visitas
restringidas a familia directa) fueron justificadas por la "extrema
peligrosidad" de los terroristas del MIR, Lautaro y FPMR, que
entonces mayoritariamente fluctuábamos entre los 18 y los 25 años. En
reiteradas oportunidades los relatores de Naciones Unidas y veedores
de la Cruz Roja Internacional, denunciaron la CAS como un mecanismo
de tortura físico y sicológico desquisiante.
Eso ocurrió muchos años antes que los defensores de los derechos
humanos locales pusieran sus ojos en una cárcel que, a razón de 20 y
más huelgas de hambre, habíamos podido por lo menos hacerla más
humana (vgr. poder ver a nuestros hijos directamente y no por un
vidrio). En esa tarea, muchas veces, estuvimos solos y desnudos en
los patios y las celdas del castigo, frágiles pero inmensos en la
compañía de nuestros amigos y familiares de Chile y el mundo en cada
"Batalla" como llamaban algunos presos a las movilizaciones por
conquistar unos metros y unas horas para mirar a la cara a nuestra
gente.
No reiteraré aquí latamente, lo que hoy ya se ha vuelto público:
dobles procesamientos, condenas abusivas, leyes especiales, ausencia
de derechos y beneficios intrapenitenciarios etc. Digo por ejemplo el
nombre de Luka (19 años) quién luego de 8 años de cárcel recibió una
condena de cinco años y un día o yo mismo quién luego de estar 8 años
procesado por formación de grupo armado de combate, fui absuelto a
los diez años de cárcel. Mis otras condenas (sin defensa oportuna)
luego de esos diez años de cárcel, sumaron 28 años. Digo por ejemplo
que al ser diagnosticado de un cáncer, sólo se me comunicó el
resultado meses después y durante ese tiempo se me trató con
analgésicos que en Chile se compran en las farmacias sin receta
alguna. Digo, sólo por ejemplo.
Sin duda la libertad que hoy los prisioneros políticos reclamamos
tiene mérito propio. En ese empeño hemos puesto nuestra lucha y en
ella nuestra esperanza.
Hoy es pública nuestra existencia y hoy es innegable nuestra
condición de prisioneros políticos y revolucionarios. La evidencia
sin embargo no vasta para lograr una salida y nuestra demanda es
instrumento de pugna ajena; carne de intereses que juegan su propio
juego y del cual depende nuestra libertad. El proyecto de ley de
Indulto del parlamento destinado a favorecer a un grupo de
prisioneros que alcancen entre otros requisitos los diez años de
cárcel, aceptando un régimen de libertad vigilada y cinco años de
arraigo, ha estado desde Diciembre del año pasado para ser votado y
hasta hoy nada se sabe. Nada que tenga que ver con nuestra historia y
sí mucho con los intentos de la derecha para asegurar, mediante este
proyecto, la impunidad de sus criminales a sueldo. Obviamente tal
iniciativa genera repudio y hay incluso quienes piensan que
debiéramos seguir otros diez años en prisión para no favorecer tal
proceso.
Nosotros hemos rechazado el ser, en cualquier medida, una "moneda de
cambio" pero como rehenes reclamamos nuestra libertad ahora. El
proyecto de ley de indulto actualmente en el Senado, no es la única
solución posible. Para la mayoría de los casos exceptuando cuatro se
requiere exclusivamente una decisión del ejecutivo y Ricardo Lagos
podría indultar sin más trámite que firmar el decreto respectivo en
virtud de sus atribuciones. En el caso del proyecto de indulto
parlamentario, quedamos fuera de él, casi una decena de prisioneros
lo que hace que el Indulto presidencial sea más amplio sin involucrar
el riesgo de abrir una eventual salida para los violadores de
derechos humanos. ¿Porque entonces Lagos no indulta si el mismo
gobierno ha patrocinado el proyecto de indulto en el Senado? la
respuesta puede ser que no quiere llevar solo el costo de indultar
"terroristas", pero entonces ¿porque avala este proyecto en el Senado
llamándonos presos políticos y no usa simplemente su facultad de
indultar?
La respuesta es más simple aún: el gobierno quiere cerrar el tema de
los derechos humanos y no quiere hacerlo solo, necesita distribuir la
responsabilidad entre sus Senadores y los de la derecha. Dado que la
dicotomía entre impunidad y justicia es insoluble en el país actual,
con o sin ley de amnistía, con o sin jueces especiales, más allá de
algunos "casos emblemáticos" los amos de los verdugos no serán jamás
juzgados ni sancionados. Menos aún cuando comparten hoy los fueros y
títulos honoríficos de legisladores, empresarios y rectores de
exitosas universidades privadas. La clase política no puede juzgarse
a sí misma. El gobierno apuesta al olvido, a dar vuelta la página
definitivamente. Por ello, es que uno de los argumentos para
referirse a la necesidad de buscar una solución para nosotros, no es
la violación sistemática y sostenida de nuestros derechos humanos en
democracia. El argumento es tan eufemístico como brutal para quién
quiere entender en que país vivimos y que indecencia soportamos sin
asco: "estos presos son cosa del pasado", somos los restos de un
trauma, los estertores residuales de los parrillazos y los picanazos
que deben ser también olvidados. Quien crea que se nos "perdona",
quien crea que lo que se juega es la noción de justicia frente a las
brutalidades cometidas, quien crea que "decencia obliga" y por eso
"quieren liberarnos", primero desconoce nuestra larga y dura lucha y
segundo no quiere ver que la inmovilidad y la indiferencia de una
sociedad mercantilizada y embobada deja en manos de los lobos el
destino de los corderos del futuro. El matadero está abierto y sigue
funcionando.
Este momento no es fácil en el mundo del encierro, no hay ni una
perspectiva, ni una modalidad de acción unívoca; somos diversos y en
esta convivencia cotidiana y sin horizonte preciso, queremos ser
honestos y lograr la libertad sin mendigar y sin capitular aquello
por lo que hemos vivido y luchado.
Hoy se han sumado otras voces a nuestra voz, ya no estamos solos y
movilizaciones como las de nuestros hermanos rodriguistas dan la
vuelta al mundo. 70 días de huelga de hambre claman a la conciencia
de un pueblo y de un país que puede reclamar de la autoridad política
una acción concreta y coherente con lo que se ha dicho públicamente.
No es necesario esperar más ¿acaso la muerte de nuestros hermanos es
necesaria? ¿acaso no hemos tenido ya suficientes martires...,
suficientes muertos?. Pero vivimos en un mundo extraño, donde
extraños camaradas llaman a "últimas consecuencias" a quienes ya no
pueden sostenerse en pie. Creo que no es necesario "ultimar a la
consecuencia" para avanzar en cualesquiera sea nuestra lucha.
Invito aquí, primero a pensar y luego, a amplificar la demanda de
libertad sin condiciones, sin más sacrificio, sin transacciones que
nos indignan, sin más trámite que la decisión política arrancada por
una conciencia movilizada libre y creativamente. No soy ni adivino ni
mago, no se bien en que desembocará la actual situación y si
tendremos que esperar otro año u otros diez años; pero entonces ya no
importará, ya seremos otros seres, acaso nada en la memoria de nadie;
creo que el tiempo es ahora, no soy arquitecto, no tiro líneas; soy
un obrero aprendiz de historiador del Llanomundo: creo en la bondad y
la decencia humana y creo en nuestra fuerza y dignidad.
Por la vida de mis hermanos hoy en 70 días de huelga de hambre, por
la libertad tuya y nuestra. Libertad a todos los prisioneros
políticos sin condiciones y en plena dignidad.
Pedro Rosas A.
Cárcel de Alta Seguridad
22 de junio de 2004.
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P. Rosas. Prisionero político mirista, profesor de historia, Magíster
© en historia y Cs. sociales de Arcis, Colaborador del Colectivo de
Historiadores Luis Vitale de Concepción y de los Colectivos de
Trabajadores, CC.TT.