Chile es el país de Latinoamérica que más gasta en armamento, superando
incluso a Colombia. Con el valor de los F16 se podría pagar más de un año
de salario mínimo a los desempleados. Hay que preguntarse, además, para
qué guerra se está armando Chile, ya que su contrincante histórico,
Bolivia, es un débil infante frente a la fuerza chilena.
Por Ernesto Carmona
Fuente: Paralelo 21
La noticia de un nuevo gasto de US$ 350 millones en 4 fragatas holandesas
sacó de la clandestinidad la subrepticia "carrera armamentista" que anima
en Chile el gobierno de Ricardo Lagos, aunque la gran prensa, la derecha y
la Armada exhiben moderada alegría porque se trata de naves usadas.
Otros sectores critican que los dineros públicos no mitiguen los grandes
males de la sociedad, pero sus reparos no tienen cabida en los medios
periodísticos convencionales, dominados todos por el mismo discurso
ideológico neoconservador, en un país donde no existen alternativas
equivalentes al monopolio de la opinión pública ejercido por los diarios
nacionales y regionales, la televisión y la radio, excepto la cadena Bío
Bío.
Dos submarinos contratados en 2003 costarán US$ 450 millones de dólares,
que sumados a las fragatas totalizan US$ 800 millones, que servirían para
construir 96.000 viviendas básicas para atender necesidades de 380.000
personas, aseguró el Dr. Edgardo Condeza Vaccaro, presidente del
Movimiento por la Consulta y los Derechos Ciudadanos, una organización de
la "sociedad civil".
El Ejército ya adquirió 200 tanques alemanes Leopard a Holanda y le tiene
echado el ojo a otros 180. El Comandante en jefe, general Juan Emilio
Cheyre, se propone comprar, de aquí al Bicentenario del 2010, helicópteros
artillados antitanques, vehículos blindados de transporte de tropas y
sistemas de tele control por otros US$ 1.000 millones
A fines del pasado enero llegó otra fragata comprada usada a Gran Bretaña
en US$ 50 millones. En estos días, un equipo de la Policía de
Investigaciones (Pich) pesquisa en Europa coimas por US$ 15 millones
vinculadas a 25 Mirages comprados usados en los años 90 en US$ 109
millones, luego que Bélgica los diera de baja. En 2002 se pactó la compra
de 12 aviones F16-reconstruidos- en US$ 1.200 millones, operación
criticada como el precio del "fast track" del ansiado TLC con EE.UU. Las
críticas indican que se compran desechos pero no a los precios reales del
material de segunda mano.
La armada recibirá este año 2004 el primero de dos submarinos Scorpene
nuevos encargados al consorcio Franco-Hispano DCN-IZAR. También es posible
la compra de otras dos fragatas usadas adicionales a la Marina Real
británica. Simultáneamente, un llamado "Plan Fragata" prevé adquirir otras
tres unidades nuevas, dos de ellas a construirse en Chile por la empresa
Asmar, con licencia y tecnología del proveedor que resulte elegido en una
licitación todavía en curso.
Críticas sensatas
Chile invierte sólo US$ 500 millones anuales en tecnología e
investigación. Con el valor de los F16 se podría pagar más de un año de
salario mínimo a los desempleados, estimulando así al alicaído comercio
interno que todavía se queja de niveles de ventas poco satisfactorios.
Cada tanque Leopard costaría lo mismo que el presupuesto anual de la
División de Cultura del Ministerio de Educación, aseguró el Dr. Condeza.
Las críticas más progresistas a las compras militares invocan el
desempleo, pobreza, salud, educación, delincuencia, vivienda, situación de
los jubilados y otros males sociales, aduciendo que los aviones, fragatas
y submarinos no sirven para atacar a esos graves problemas y hacerles la
guerra de frente.
La organización del médico Condeza puso énfasis en que el destino final
del gasto militar es la muerte de otros seres humanos. Chile aprobó con
Argentina un proceso de homologación militar "transparente", que también
comenzó con Perú. El Ejército, por otra parte, se comprometió a eliminar
todas las minas antipersonales sembradas por miles en la frontera con ese
país. Sin embargo, pareciera existir gente tras una guerra.
Secretos imposibles
Todas las transacciones se fraguaron con el mayor sigilo, como es habitual
en el negocio de las armas. Aunque los ciudadanos tienen derecho
-teóricamente- a conocer a fondo cómo se gasta su dinero, el "secreto
militar" pretende encerrar las operaciones en una caja negra. Pero el
hermetismo de estos gastos públicos sólo afecta a la opinión pública
local, porque el mercado mundial de armas sabe al dedillo quién vende,
quién compra y a qué precio.
Chile es el país de América Latina que más gasta en armamentos en relación
a su tamaño, población y Producto Interno Bruto. El último informe anual
del privado Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres,
IISS por su sigla en inglés, lo identificó como el país de América del Sur
que gasta más dólares por habitante en armas (160) y que destina mayor
porcentaje de su Producto Geográfico Bruto a estas compras (4,1%, contra
1,6% de Bolivia, 1,4% de Argentina, 1,6% de Perú y 3,7% de Colombia, el
único país que libra una guerra interna de prácticamente medio siglo)
"El presupuesto de Defensa aumentó de 1.100 millones de dólares en 2002 a
1.200 millones de dólares en 2003", aseguró el informe "The Military
Balance 2003-4" (Balance Militar) que cualquier investigador puede
consultar on line en www.iiss.org, pagando una suscripción. "Pero
considerando los aportes extra presupuestarios, incluidos 233 millones de
dólares provenientes de la ley del cobre, la cifra se acerca a 2.800
millones de dólares", indicó.
El IISS tiene más información que muchos chilenos sobre su país. Saben,
por ejemplo, que el 10% de todas las ventas brutas de cobre -no de las
utilidades, sino de la venta global- que efectúa la minera estatal Codelco
va directo a las arcas militares, como si fuera un impuesto, según una
"ley" de la dictadura no modificada por la "democracia". Si el precio
mundial del cobre no cubre "el piso mínimo" de 233 millones de dólares, la
diferencia presupuestaria debe cubrirla el Estado, o sea, el bolsillo de
todos los chilenos. El reporte público sobre las capacidades militares y
económicas de defensa de 169 países se elabora con una metodología
establecida universalmente por la OTAN, el pacto militar del Atlántico
Norte.
David y Goliath
¿Contra quién está armándose Chile? Si está convirtiéndose en el Israel de
esta parte del mundo, la pregunta es por Palestina? El "enemigo" no
debería ser Bolivia porque entre ambos países hay tantas asimetrías como
entre un adulto sobrealimentado enfrentando a un niño desnutrido.
Chile tiene casi 16 millones de habitantes, Bolivia 8,5 millones; en 2002
gastó o comprometió US$ 2.557 millones en armas contra US$ 119 millones
del país mediterráneo y su Producto Interno Bruto (PIB) es 8 veces mayor
que el del país del altiplano. Sus efectivos de 77.300 hombres duplican
holgadamente la fuerza boliviana de 31.500 hombres, pero dos tercios -unos
55.000 individuos- son profesionales rentados, con la experiencia de años
de preparación en su oficio de matar gente, en tanto en Bolivia es al
revés, las dos terceras partes -20.000 soldados- son reclutas inexpertos
del servicio militar de un año.
Una agresión a Bolivia concitaría el repudio universal. Su reclamación
territorial marítima no es militar, sino económica, política y tan
simbólica como el Peñón de Gibraltar. Si su aspiración últimamente se ha
internacionalizado en los foros mundiales es porque Chile la evade
"bilateralmente" por más o menos un siglo. Y ésa actitud de no hacerle
caso explica el apoyo creciente que La Paz concita en el mundo.
Una legión de diputados y senadores chilenos de todo el espectro político
chileno recorre en estos días Europa -también con dinero de los
contribuyentes- en un esfuerzo por contrarrestar la creciente simpatía por
Bolivia. Esta "operación de propaganda directa" recuerda a los emisarios
de la dictadura que vagaban por el mundo civilizado de los años 70 para
"explicar la verdad de lo ocurrido en el Chile de Salvador Allende" y cómo
el golpe de 1973 fue "una acción salvadora a favor de occidente"
¿Por qué tanto "secreto"?
El analista chileno Raúl Sohr se pregunta en el diario La Nación, de
propiedad del gobierno, ¿por qué "en los dos Libros de la Defensa
publicados por el gobierno, a diferencia de los textos europeos, se omite
toda referencia a los sistemas de armamento"? La ciudadanía tiene derecho
a conocer los fondos involucrados y el propósito de tantos preparativos
bélicos.
El "secreto", sin embargo, poco tiene que ver con la "seguridad nacional"
y resulta poco creíble, como muchos temas castrenses, simplemente porque
los fabricantes difunden a los 4 vientos sus éxitos comerciales, sin
escatimar detalles para interesar a eventuales nuevos compradores. Y
quienes pierden estos negocios se dan el trabajo de investigar y dar a
conocer sus irregularidades para ganarse a futuro a esos clientes. Los
"secretos" gubernamentales sólo manipulan a la opinión pública local que
en cada país de América Latina tiene derecho a saber cómo se gastan sus
impuestos. "La autoridad debería explicar por qué el país requiere
cuatrocientos tanques pesados o una docena de F-16", escribió el chileno
Sohr.
Nada con "la libertad de prensa"
Chile tiene abierta una licitación para otras 3 fragatas nuevas, el
llamado Plan Fragata, que incluye la fabricación local de 2 navíos, pero
la Armada impuso a los 11 astilleros participantes la cláusula de
abstenerse de hablar con la prensa. ¿Por qué y para qué? Según el mando
naval, es para impedir presiones de los competidores.
El gobierno se declara partidario inclaudicable de ..."la libertad de
prensa", en particular "en la transparencia en materias de interés
público", aunque ciertos temas suelen tratarse en "sesiones secretas" del
Congreso que los ciudadanos electores no tienen derecho a conocer. La
pretendida competencia libérrima del libre mercado neoconservador proclama
la transparencia como una virtud esencial. Pero... "en el área de la
Defensa suele confundirse el necesario secreto operacional con el
ocultamiento de antecedentes comerciales que merecen atención pública",
aseguró Sohr, sobre todo "en un rubro que es notorio, en todas las
latitudes, por el pago de coimas y niveles significativos de corrupción".
Chile es un país hartado de coimas en obras públicas, compras militares y
otros gastos del Estado. Las últimas guerras que involucraron a sus
fuerzas armadas ocurrieron hace más de un siglo y fueron libradas...
contra sus propios conciudadanos, la contienda civil de 1891, donde la
Armada derrocó al presidente José Manuel Balmaceda -quien fue defendido
por el Ejército-, y la "Pacificación de la Araucanía" (1883), nombre
oficial del sometimiento definitivo de la etnia mapuche que no pudo lograr
la corona española, más allá de que la dictadura militar de 1973-1990
pretendió que también hubo una "guerra" -en la que no respetó la vida de
los prisioneros. Y excepto el breve episodio bélico Perú-Ecuador de 1995 y
la llamada "Guerra del Fútbol" de El Salvador-Honduras en 1969, la región
vive más de medio siglo de paz. El continente hoy necesita mucho más paz
para enfrentar una guerra contra la pobreza y construir el bienestar de
sus pueblos, no sólo de sus grandes grupos económicos.
*Ernesto Carmona es periodista chileno.