La dirigencia montonera ¿puede ser responsable de la desaparición de sus propios
compañeros, o ha vuelto la teoría de los dos demonios?
Creo que el tema es muy complicado, y además, no descuido que con tantos temas
"de candelero" hay olor a "tengamos siempre temas para que no aparezca lo que
afecta la vida cotidiana de la gente". En cuanto a este tema, creo que mezcla
varias cosas, como tantos otros, por otra parte:
1. se mezclan por una parte simpatías y antipatías, a veces no con personas sino
con ideas, agrupaciones, ideales juveniles, compromisos, sueños, historia,
amigos...
2. en ese mismo grupo se mezclan deseos, intuiciones, olfatos...
3. finalmente se mezcla con un tema judicial.
Creo que esto lo vuelve complicado. Y voy a dar mi opinión personal tratando de
ser preciso en estos diferentes aspectos:
1. tuve y tengo simpatía por la "patria socialista"; sigo creyendo que algún
tipo de socialismo, de justicia en la distribución de las riquezas, de
participación en las ganancias, de bienes compartidos, de idealismos solidarios,
incluso de generosidades a veces irracionales dispuestas a dar la vida, todo
esto -y mucho más- es sin duda mucho más evangélico, más cristiano, más humano y
más vivo que todo el genocidio perverso-económico del menemato. Tuve y tengo
simpatía por decenas y decenas de amigos y amigas que entregaron su vida, y les
fue arrancada en el sueño de un futuro mejor, de una sociedad de hombres nuevos,
con varones y mujeres solidarios. Tuve y tengo un corazoncito que a lo mejor no
me deja ser objetivo. Tuve y tengo decenas de amigos y parientes que siguen
desaparecidos, y que no puedo sanar el dolor porque nunca me dieron esa
oportunidad.
Recuerdo que en mi adolescencia empecé mi militancia política que dejé por
entrar al seminario, y en ella dieron la vida mis compañeros de camino (y con
los pocos sobrevivientes pude reencontrarme recién hace muy poco tiempo). Y yo
estoy vivo, y ellos no. Y mucho tuvo que ver en ello "la institución", a la que
quizá le debo la vida, pero sin que me haya dado la posibilidad de elegir. Por
tanto, quizá haya una cierta sensación de culpa (que creo no tener) y una clara
conciencia del dolor por todos los que no están que no son "desaparecidos" sino
Juan, Alejandro, Daniel, Namba, etc... Sé que no soy objetivo al mirar el
pasado. Y la verdad, creo que no quiero serlo. También hay otros y otras que
pude ver mucho después cuando la vida había ganado parte de la batalla, pero con
los que todavía nos debemos parte de la historia: Marcelo, Magda, Vero, Eduardo,
etc... Y que no estén, o que no hayamos caminado juntos con toda la vida que
había en común, no es fruto del azar. Hay hechos, y también aquí hay nombres
responsables de todo esto.
2. Hace muchos años organizamos desde el cementerio de la Recoleta, donde estaba
entonces enterrado el cura Carlos Mugica, una marcha hasta la Villa 31. En medio
de la marcha apareció Firmenich. Marta, la hermana de Carlos le dijo que se
fuera; cuando "el Pepe" dijo que había sido discípulo de su hermano, ella le
dijo que si lo hubiera sido, estaría como él, muerto. Pero lo interesante es que
del grupo "villero" surgieron piedrazos que hicieron que tuviera que correr e
irse, a la altura del entonces ATC. Este es un hecho, después viene la memoria:
la reunión en París con Massera y la desaparición de Elena Holmberg (¿no atentar
contra el Mundial a cambio de una columna montonera y dinero?), y los elementos
que hoy se recordaron en la radio: reunión con Santucho y pronta muerte de este;
detención de su mujer e hija y que aquella no fuera torturada ni esta entregada
como "botín de guerra" como era -repugnantemente- habitual; y los "errores y
excesos" tales como el "pase a la clandestinidad", la "militarización de la
orga", la "agudización de las contradicciones", la detención y desaparición muy
extraña de Roberto Quieto, y -tema de hoy- la decisión de "la contraofensiva".
La verdad, no tengo ningún elemento para sostenerlo, pero estoy absolutamente
convencido que Firmenich fue traidor, y fue -por lo menos funcional- cómplice
del genocidio y de la barbarie; y deberán hacer mucho para convencerme de lo
contrario (1). La otra variante sería creer que era ignorante, inepto, incapaz y
bruto, y habiéndolo escuchado personalmente y participado en actos, no creo esto
ni remotamente. Creo que Firmenich fue la quinta columna del ejército en las
organizaciones populares; y la muerte de Norma E. Arrostito es -para mi
intuición- el ejemplo más evidente de la traición.
Cuando hoy escuché a los amigos de Firmenich hablar de la vuelta de "los dos
demonios", cuando de hecho muchos creemos que no se trata de "dos" sino que en
este caso se trata del mismo, el terrorismo de Estado y sus cómplices, no
hicieron sino confirmarme en mis intuiciones.
3. Claro que esto que planteo no es -para nada- judiciable; esto ya es otra
cosa, otros métodos, otras pruebas, otras "leyes". Creo que los que volvieron
para la "contraofensiva" eran "gente grande" o por lo menos responsables. Me
consta de casos donde gente muy importante de "la orga" buscaba afanosamente
convencer a los exilados a "volver". Y me consta -precisamente- contado por los
que no volvieron. Personalmente sospecho que "el Pepe" es responsable de las
muertes que hoy le atribuyen, creo que es entregador, y hasta traidor, pero no
sé cómo se puede "judicializar" eso. Desearía que lo sea, especialmente por la
memoria de aquellos y aquellas que dieron su vida -incluso ingenuamente-
confiando en delincuentes, traidores y cretinos y que contribuyeron, igual que
las Fuerzas Armadas del genocidio, a desinflar esperanzas, a apagar antorchas y
a matar entusiasmos de vida. Demasiado funcional al "sistema" para ser "error de
apreciación". Demasiada muerte generosa para no ser una causa miserable.
P. Eduardo de la Serna
14 de agosto de 2003
(1).- Hago acá memoria del "Negro", amigo y hermano malogrado. Exilado en España
que una vez en un tren se encontró con Firmenich y no pudo escupirle la cara por
un cierto temor, pero que se atrevió a escribir una carta de lectores en La
Vanguardia el 10 de septiembre de 2000.