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EL ANTISEMISTISMO EN LA ARGENTINA   Lista de mensajes  
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ARGENPRESS, Informes especiales (Fecha publicación:02/03/2003)
EL ANTISEMITISMO EN LA ARGENTINA
'CRITERIO' EN 1938 PROPONE CORTAR EL INGRESO DE JUDIOS A LA ARGENTINA
Por: Herman Schiller

El periodista y ex director de'Nueva Presencia', semanario judeoargentino
que enfrentó a la dictadura militar, está publicando, en capítulos su 'Cien
años de antisemitismo en la Argentina', en el periódico 'La Voz y la
Opinión'. Publicamos a continuación, por su interés histórico, el Capítulo
XVIII, titulado '1938: la revista católica «Criterio» propone cortar de
inmediato el ingreso al país de inmigrantes hebreos'.

En Alemania los nazis desencadenaron la 'Kristallnacht', que fue el inicio
de las matanzas de judíos. En Argentina, la Iglesia y las fuerzas
represivas, con la complicidad de la justicia, estaban convencidos que había
que 'desjudaizar al país' para impedir el avance del 'comunismo apátrida'.
1938 fue, en todas las latitudes, un año de vertiginosa ofensiva del nazismo
con la complicidad de Occidente.
El 13 de marzo de ese año, la Alemania de Hitler anexaba Austria sin que
ningún Estado protestara. Y, seis meses después, a fines de septiembre, las
potencias occidentales europeas, en la reunión claudicante de Munich y en
plena etapa de apaciguamiento suicida, le regalaban a Hitler la región
checoslovaca de los Sudetes.
Había euforia en Berlín. Los judíos extranjeros eran deportados en masa y
los nacidos en Alemania sufrían cada vez más persecuciones.
Los diarios alemanes, como 'Der Angrif' (El Ataque), hablaban de la 'derrota
del judaísmo
internacional'.
Era el avance del hitlerismo y nadie hacía nada. Hoy lo llamaríamos
impunidad. En Francia vivía refugiado un joven judío polaco llamado Herszel
Grinsz-pan. Tenía 17 años. Sus familiares habían sido expulsados de Alemania
a Polonia. Su padre le escribió a París el 31 de octubre de 1938 desde el
campamento de refugiados de Sbonszyn, en la frontera polaco-alemana. Allí,
en esa carta, hacía una impresionante descripción de las condiciones
miserables en las que vivía con otros judíos como él: 'Solamente tenemos lo
que llevamos puesto. No conocemos otra cosa que la humillación'.
En ese clima, Herszel Grinszpan, angustiado por la creciente hostilidad
antijudía, decidió hacer algo para despertar la atención del mundo. Y en la
mañana del 7 de noviembre logró dispararle a uno de los diplomáticos, Von
Rath, de la embajada alemana. Lo que sucedió después es muy conocido y entró
en la historia bajo la simplificada denominación de 'Kristallnacht' (La
noche de los cristales).
Los alemanes, que ya tenían minuciosamente preparado el pogrom de antemano,
tomaron este acto justiciero del joven Grinszpan como pretexto para
desencadenar sus matanzas. En una sola noche las tropas de asalto 'SS'
mataron unos doscientos judíos y más de 30.000 fueron enviados a la cárcel o
a los campos de concentración que los alemanes habían puesto en
funcionamiento prácticamente desde principios de la era nazi: Dachau,
Buchenwald y Sachsenhausen. También fueron destruidos 191 templos.
Decía que éste es un episodio, dentro del conjunto de aquella tragedia, por
demás conocido. Y dentro de poco se cumplirán 65 años. Pero lo que no es
conocido es lo que pasó en ese lapso de 48 horas que medió entre la
ejecución del nazi hasta el estallido del pogrom.
Charles Papiernik, que reside actualmente en Buenos Aires, que es
sobreviviente de Auschwitz y cuyo libro autobiográfico fuera presentado en
1997 en la AMIA, fue amigo de Herszel Grinszpan, en París en 1938. Ambos
militaban en el Partido Socialista. Y Papiernik, durante la entrevista
radial que le efectuara en 1998 en 'Memoria y realidad' por la onda de FM
Jai (poco antes de que el recordado programa, por presión de Corach y
Avirán, fuera levantado por el ubicuo y corrupto propietario de la emisora),
calificó a Grinszpan como 'un héroe que peleó por todos nosotros y que hizo
lo que tuvo que hacer en una circunstancia en la que no había demasiadas
opciones'.
Pero hace 65 años se pensaba distinto. En todos los diarios, archivos y
hemerotecas que he consultado en estos días, encontré que la inmensa mayoría
de las voces que se levantaron entonces desde el liderazgo judío fue para
repudiar a Grinszpan o para calificarlo de 'irresponsable'.
También la izquierda hizo otro tanto; y el diario 'L´Humanite', órgano del
PC francés, adujo que Grinszpan era un 'provocador judío' pagado por los
alemanes. En Buenos Aires, algunos periódicos judíos, en clara alusión a la
acción reivindicadora del joven polaco, señalaron que había que expulsar a
los 'indeseables' del judaísmo.
Pero el clímax mayor lo alcanzó el presidente del Consejo Judío de Londres,
David Goldblat, quien, en medio de las matanzas, sugirió que una delegación
de 'judíos prominentes', como Hore Belisha, Lord Samuel y el barón
Rothschild, viajara a Berlín 'para interceder ante Hitler a favor de los
hebreos'. La indignante iniciativa, por suerte, no se concretó, pero no deja
de producir estremecimiento sólo pensar que alguien con ese nivel de
liderazgo pudiera haber formulado semejante propuesta.
A esta altura de mi nota se podrá suponer que estoy haciendo la apología
indiscriminada de a violencia. Si bien justifico la violencia en situación
límite, especialmente cuando se hace imprescindible la defensa propia ante
el cierre de toda otra alternativa, éste no es el tema de mi propuesta de
hoy, sino el de la responsabilidad e irresponsabilidad.
Si nos detuviéramos a analizar en qué andaban los que entonces calificaban a
Grinszpan de 'irresponsable' (eso incluye a buena parte del liderazgo judío,
a algunos sectores de la izquierda y a la totalidad de la jerarquía
católica), se podrá deducir no con demasiado esfuerzo quiénes eran en
realidad los verdaderos 'irresponsables'.
Todo esto pasó hace 65 años. La prensa conservadora de París, en vez de
arremeter contra los nazis, se ensañó con sus víctimas. Y pidió medidas de
vigilancia hacia los judíos mientras aumentaba el antisemitismo en toda
Francia.
En Brasil, Getulio Vargas celebraba el primer aniversario del 'Estado novo',
erigido sobre el modelo fascista.
En España Franco, con ayuda de Hitler y Mussolini, se mostraba eufórico por
el segundo aniversario del asedio a Madrid, mientras los republicanos, en
condiciones dramáticamente desiguales, resistían al grito de 'no pasarán'.
En Roma, el Duce recibía, en reunión secreta, al embajador argentino, doctor
Manuel M. Malbrán, quien, en posteriores declaraciones a la prensa,
exaltaría 'las profundas coincidencias que existen hoy en día entre
Argentina e Italia, unidos por ideales comunes'. En Salzburgo (Austria), el
jefe nazi, doctor Rainer, declaraba solemnemente que esa ciudad había
quedado 'juden-rein', limpia de judíos. Eran los días en que un nombre
ilustre como Sigmund Freud, ya octogenario y después de toda una vida de
residencia en Viena donde había producido sus revolucionarias contribuciones
a la ciencia psicoanalítica, debía abandonar su tierra natal de la noche a
la mañana.
(Dicho sea de paso: el semanario 'Mundo Israelita' de Buenos Aires, dirigido
entonces por León Kibrick, ante el cuadro repugnante de los judíos burgueses
de Argentina que seguían comerciando con Austria, señaló en ese momento con
su pluma punzante: '¿No se dan cuenta los judíos de aquí que los austriacos
ya no son hoy sino nazis?¿Que fortifican y apuntalan el edificio nazi al
seguir su tráfico con Austria, so pretexto de que el ´boycott´ era sólo para
Alemania?¿Que se ponen en ridículo -ridículo trágico- a sí mismo al dar
tales respuestas?'.
El diario 'La Prensa' de los Gainza Paz (15 de noviembre de 1938, página 9),
insinuaba en un título que Alemania se había obligado a desencadenar las
persecuciones antijudías 'por la gran escasez de fondos del Reich'.
En Berlín, ante la desesperación de los judíos que anhelaban huir como
fuera, el consulado argentino -el consulado de nuestro país que algún
humorista calificó de hospitalario- colocó el siguiente cartel en la puerta
de calle:
'Solamente los granjeros con varios años de experiencia tendrán alguna
posibilidad de obtener la visación de sus pasaportes'.
Y en Buenos Aires, ante una virulenta manifestación por la Avenida Santa Fe
de nazis vernáculos que gritaban 'Mueran los judíos, viva Cristo Rey', la
DAIA (con la firma de su presidente Nicolás Rapoport y de su secretario
Moisés Toff) le envió urgentes telegramas -con solicitudes de protección- al
ministro del interior Diógenes Taboada, al jefe de policía general Andrés
Sabalain y al propio presidente de la República Roberto M. Ortiz.
Ninguno de los tres se dio por aludido. Y la comunidad judía sólo recibió
una muy escueta comunicación del secretario del presidente, Luis A.
Barberis: 'Por encargo del Excelentísimo Sr. Presidente hágole saber que su
telegrama ha sido pasado a sus efectos al Ministerio del Interior'.
El ascético mensaje de circunstancias suscripto por el colaborador de Ortiz
revelaba claramente que nunca se iba a hacer nada para parar la marea nazi
en la Argentina, sobre todo los atropellos perpetrados por aquellos grupos
que, como la llamada 'Alianza de la Juventud Argentina' (fundada por Juan
Queraltó en 1937 y luego devenida en la 'Alianza Liberta-dora Nacionalista',
que contó con muy fuertes respaldos en la Iglesia, las fuerzas armadas, la
policía y la justicia), hacían gala de una furiosa impunidad no sólo en el
plano de la propaganda, sino también -y casi diría, fundamentalmente- en la
'acción directa'.
En el resto del mundo, en aquel ´38 sangriento, el antisemitismo, el
prejuicio o la abierta hostilidad hacia los judíos, no eran muy diferentes.
La cuota que regia en los Estados Unidos para los judíos perseguidos era de
27.000 por año. Y, como ya esa cifra había sido colmada muy rápidamente, el
gobierno norteamericano de Franklin Delano Roosevelt (a quien,
paradojalmente, los nazis de todo el mundo solían calificar como un 'agente
judío y comunista') prohibió la entrada de judíos que huían de Alemania. En
buena parte del planeta ocurrió otro tanto. Y hasta Francia cerró sus
fronteras a los judíos por temor a que apareciera 'otro Grinszpan'.
Mientras tanto en Washington, la policía reprimió violentamente un intento
de las organizaciones sindicales de hacer un acto de repudio frente a la
embajada alemana, ya que la derecha norteamericana -que se etiquetaba a sí
misma como 'neutralista' para esconder su filonazismo- todavía ejercía gran
influencia para impedir cualquier inclinación de los Estados Unidos hacia la
trinchera antifascista.
(Esa misma derecha recién se vería obligada a guardar silencio a partir del
7 de diciembre de 1941 con el bombardeo de Japón, aliado de Hitler, a Pearl
Harbor. Esa misma derecha, que tuvo que aguantar con los puños crispados la
alianza con la Unión Soviética, recién recuperaría espacio -agresivamente-
después de la guerra a través de la campaña que encabezó el senador Joseph
Mc Carthy, cuya persecución a cualquier persona progresista sospechosa de
'comunista' entró a la historia con el nombre de 'maccarthismo'. Persecución
que, sobre todo en el ámbito de la cultura y en casos muy sonados como el de
los esposos Rosemberg, no ocultó sus fuertes connotaciones antisemitas).
También en Buenos Aires (donde el régimen no ocultaba en 1938 su
preocupación por el auge de las movilizaciones multitudinarias de las
organizaciones de izquierda y la proliferación de huelgas activas como las
que produjo por decenas el gremio de los trabajadores de la construcción) se
prohibieron las manifestaciones en la calle, pero no en lugares cerrados.
La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que en el año anterior había
sido fundada por Lisandro de la Torre (y que hasta el día de hoy sigue
siendo un baluarte en la lucha por los derechos humanos), realizó el 28 de
noviembre un acto masivo en el Luna Park para repudiar los pogroms en
Alemania.
Hubo 30 mil personas: 15 mil adentro y 15 mil afuera. Judíos y no judíos.
Obreros, estudiantes y clase media.
Hablaron, entre otros, el propio De la Torre, Nicolás Repetto, un
representante de la CGT y Emilio Troise, un infatigable militante comunista
que tuvo que enfrentar a propios y extraños para crear el Comité contra el
Racismo y el Antisemitismo de la Argentina, organismo multisectorial, con
fuerte presencia de la izquierda, que enfrentó con mucha decisión el avance
fascista en la Argentina de aquellos años.
La gigantesca asamblea, por aclamación, resolvió condenar las leyes y
medidas discriminatorias legales, exigiendo al mismo tiempo del gobierno de
Ortiz la abolición de las restricciones a la inmigración (que esencialmente
se aplicaba a los judíos) y la liberalización del derecho de asilo.
También hubo actos en la Casa del Pueblo organizado por el Partido
Socialista (oradores, Mario Bravo, Enrique Dickman y Alicia Moreau de
Justo); en el salón Príncipe Jorge de Sarmiento 1230 (donde hablaron el
dirigente de los obreros de la construcción Rubens Iscaro y el diputado
radical de origen árabe Emir Mercader) y en el cine Etoile, que estaba
ubicado en Corrientes 2795 casi esquina Pueyrredón, convocado por el Partido
Socialista Obrero (que estaba más a la izquierda del Partido Socialista
tradicional) y donde habló, entre otros, en nombre de la FUA, Julio Notta,
que después se hizo muy conocido por sus trabajos sobre la entrega de la
economía argentina a la voracidad de los monopolios. La DAIA, que se había
limitado a realizar un pequeño acto en el templo de la Congregación
Israelita Argentina de la calle Libertad al 700, emitió después un enérgico
comunicado. ¿Para qué? Para señalar celosamente que era la única institución
representativa con derecho a hablar en nombre del judaísmo argentino.

No al ingreso de judíos

Luego de la anexión de Austria por parte de los hitleristas, los nazis
locales -austriacos y alemanes- organizaron un gran festejo en el Club
Alemán al que asistieron unas 3500 personas.
El 'Landesgruppe', la organización nazi encargada de estrechar los vínculos
entre el Tercer Reich y los alemanes de ultramar, in-tentó en marzo sumar a
los germanos de Argentina al plebiscito organizado por Hitler para avalar el
'anschluss' (anexión) de Austria a Alemania, pero fracasaron ante la
decidida acción de los sectores antifascistas.
En cambio tuvieron éxito el 10 de abril al realizar un gigantesco acto en el
Luna Park de adhesión al nazismo, donde concurrieron más de 20000 personas
con gran despliegue de banderas con la cruz svástica y una abundante
vocinglería contra los judíos, los comunistas y la francmasonería.
A ese acto asistió nada menos que el gobernador de la provincia de Buenos
Aires, Manuel A. Fresco, acompañado por su ministro de Gobierno, Roberto J.
Noble, el mismo personaje que siete años después, en 1945, fundaría el
diario 'Clarín'.
Ambos -Fresco y Noble- no ocultaban sus simpatías por las potencias del Eje
(en alguna nota anterior recordamos el panegírico que Noble publicó sobre el
Duce); y ambos, el año anterior, en 1937, habían producido la clausura de
las escuelas obreras judías que existían en algunos lugares de la campaña
bonaerense, apoyando además a los grupos de choque fascistas que realizaban
tropelías en los barrios de la Capital densamente poblados por judíos.
Manuel A. Fresco, un conservador heterodoxo que tenia veleidades populistas,
logró manipular bajo su égida a algunos de los sindicalistas más venales. El
8 de julio de 1936 logró no pasar indiferente ante los lectores de 'La
Nación', cuando el diario de la oligarquía vacuna reprodujo uno de sus
discursos apologéticos del nazismo y el fascismo y en contra del voto
secreto y obligatorio. Fue una suerte de ideólogo del voto cantado ('el
verdadero macho, cuando se acerca a la urna comicial, no tiene que tener
miedo a que se conozcan sus simpatías políticas', solía argumentar). Y hasta
el ultimo día de su vida, cuando la Segunda Guerra Mundial hacía más de
quince años que había quedado atrás, solía mostrar orgullosamente sobre su
escritorio las fotos autografiadas de Hitler y Mussolini. Fresco cesó en su
cargo cuando el presidente Ortiz, el 7 de marzo del ´40, en uno de sus
últimos actos de gobierno, intervino la provincia de Buenos Aires no por su
antisemitismo y pronazismo sin o porque el fraude y la corrupción ya eran
cotidianos, sin disimulos y a la luz del día. Inmediatamente se dedicó a
luchar 'contra el capitalismo judío, ateo y comunista' y el 1º de mayo de
1942 presidió un acto organizado por los nazis de la Alianza y el general
Juan Bautista Molina. Y, poco después, en junio de 1943, en coincidencia con
el golpe, Fresco publicó el libro 'Conversando con el pueblo, hacia un nuevo
Estado', donde habla peyorativamente de los judíos Marx, Freud y Blum (este
ultimo, ex primer ministro de Francia) y en la página 151 se refiere a 'los
Protocolos de los Sabios de Sión, verdadero evangelio del liberalismo
plutocrático, ateo y judío'.
Pero volvamos a los nazis alemanes que, por muchos años, se pasearon
impunemente por buena parte de los intersticios de nuestro país.
El 27 de abril de 1938, diecisiete días después de aquel exitoso acto del
Luna Park, los alemanes de la Argentina decoraron profusamente con svásticas
sus 215 escuelas, empresas, bancos, negocios e instituciones de distinto
pelaje.
El objetivo era generar una gran demostración de fuerza de los hitleristas
alemanes residentes en esta parte del mundo.
Las juventudes de izquierda -especialmente la Federación Universitaria
Argentina- se movilizaron para arrancar y quemar los símbolos nazis.
El gobierno argentino -tal como había ocurrido en oportunidades anteriores-
pidió disculpas a la embajada alemana, y, de acuerdo a lo que informó Andrés
Horacio Reggiani en un excelente trabajo publicado en el número 376 de 'Todo
es historia', días mas tarde 'y para mayor indignación de las organizaciones
antifascistas, la policía reprimió con violencia a varios miles de españoles
que marcharon para conmemorar el aniversario de la Segunda República'.
No era fácil en aquellos días de la 'década infame', ganar las calles
argentinas para repudiar a Hitler, Mussolini o Franco.
El presidente Ortiz -catalogado como profundamente proinglés por algunos
historiadores, lo que era cierto porque su candidatura se pergeñó en los
salones de la Cámara de Comercio Británica-, fue sin embargo muy permeable a
la presión de los factores de poder cercanos al fascismo (no olvidemos que
no fueron pocos los ingleses, antes de la guerra, que admiraban a las
'potencias nacionales', porque habían sabido ponerle un dique de contención
a la 'subversión comunista'); y, cuando se produjo el pogrom de la
'Kristallnacht', Ortiz guardó silencio cómplice.
El ya citado Reggiani, con respecto a la condescendencia del gobierno de
nuestro país hacia las atrocidades nazis de allí y de aquí, conjeturó que
'probablemente el antisemitismo vernáculo jugó su parte en esta falta de
respuesta, pero la Argentina no constituye ninguna excepción a la época.
Como ya había ocurrido en Europa a fines del siglo XIX -particularmente en
Austria, Alemania y Francia-, durante los años ´30 el antisemitismo
argentino cambió el repertorio tradicional que asociaba al judío con
elementos folclórico-religiosos -ritos sacrificiales y el asesinato de
Cristo- por imágenes que hacían de él un símbolo de todos los aspectos
intolerables e incomprensibles de la sociedad moderna: desarraigo,
cosmopolitismo. Una segunda transformación importante fue que, de igual
manera que allende el Atlántico, el antisemitismo dejó de ser un rasgo
exclusivo de la élite para arraigarse en sectores medios y populares'.
Pero Ortiz estaba muy enfermo y, además, era despreciado por la ultraderecha
que descreía de la 'partidocracia' y pedía a gritos un gobierno de 'mano
dura con los comunistas subversivos y la plutocracia judía' al estilo de las
potencias fascistas que, en ese momento, aún venían arrollando en Europa.
Ortiz, que trató de conformar a la poderosa derecha argentina aceptando sus
exigencias de declarar la neutralidad del país frente a lo que sucedía en el
Viejo Continente, ya no podía más con su diabetes crónica que muy poco
tiempo después lo llevaría a la tumba. Y tampoco podía más frente a la
decisión de instituciones gravitantes como las fuerzas armadas y la Iglesia
que lo consideraban demasiado blando para dar con tierra con el espectáculo
para ellos 'bochornoso' de 'tantos trapos rojos levantados por miles de
obreros a instancias de los judíos apátridas para ensuciar las calles de
nuestra querida República'.
En ese clima, con su salud destruida -estaba prácticamente ciego- y su
impotencia y falta de vocación para detener el avance fascista en nuestro
medio, Ortiz, el 3 de julio de 1940, delegó el mando en su vicepresidente,
Ramón S. Castillo.
Los nacionalistas de derecha que, como Ramón Doll, solían alertar sobre la
'sífilis judaica' (expresión que utilizó, por ejemplo, en el libro 'Hacia la
liberación', publicado en Buenos Aires por la Editorial del Renacimiento en
1939), recibieron la caída de Ortiz y la llegada de Castillo al gobierno con
cierto alivio.
Ortiz no era confiable y Castillo al menos no estaba tan lejos de ellos. Los
nacionalistas de derecha e inclusive un hitlerista hasta los huesos como
Manuel A. Fresco, consideraban que la neutralidad era un buen negocio para
la Argentina y los periódicos nazis financiados por el embajador alemán
Edmond Von Thermann elogiaban todo lo que Hitler hacia en Europa, pero, al
mismo tiempo, consideraban que 'la neutralidad constituía un cachetazo a la
soberbia de los comunistas, los judíos y el imperialismo ingles'.
Castillo (1873-1944), abogado catamarqueño fuertemente ligado a los feudales
del noroeste argentino como Robustiano Patrón Costas, era abiertamente
fascista y, durante su gestión (que terminó al estallar el golpe del 4 de
junio de 1943, cuando los coroneles del GOU ya no lo consideraban una
garantía suficiente), no sólo se prohibió la película de Chaplín 'El gran
dictador' y se persiguió a las organizaciones judías sospechosas de
simpatizar con el 'marxismo', sino que también fue una etapa de máximo
esplendor para los grupos nazis.
En esos años de neutralismo pronazi de Castillo, Manuel A. Fresco llegó a
concretar la Unión Nacional Argentina Patria, que obtuvo personería y
abierto respaldo oficial, congregando en sus actos a miles de adherentes que
hacían el saludo nazi y reclamaban la muerte de los judíos. Por todas partes
proliferaron grandes y pequeñas bandas de choque -con lenguaje actual
podríamos calificarlas de bandas parapoliciales-, como 'Restauración',
'Afirmación Argentina' y, sobre todo, la 'Alianza Libertadora Nacionalista',
que llevaba un águila como emblema (sus acólitos decían que era un cóndor) y
llegó a reunir a mas de diez mil personas en una manifestación antijudia que
culminó en la Plaza San Martín.
En estos últimos párrafos estamos hablando de los tres primeros años de la
década del cuarenta, cuando Ortiz dejó el mando y el conservador fascista
Ramón S. Castillo fue presidente hasta el golpe del 4-VI-43. Pero volvamos
otra vez a 1938, es decir a los días de la 'Kristallnacht'.
La ultraderecha argentina -en el gobierno, en las fuerzas armadas, en la
Iglesia y en los demás factores de poder- le tenía pánico a la posibilidad
de una 'revolución social' en la Argentina, en vista de la fuerza creciente
que mostraba la izquierda en el movimiento obrero. Por eso se sintieron
alentados por las noticias de la consolidación de Hitler, Mussolini, Franco
y Oliveira de Salazar en Europa. Y buena parte del catolicismo se entusiasmó
con el curso que estaban teniendo los acontecimientos europeos.
Una de las publicaciones católicas más influyentes de la época fue
'Criterio' que, en 1938, era ya prácticamente un semanario oficioso de la
Iglesia. Su redacción y administración funcionaron durante muchos años en la
iglesia de San Juan, de Alsina y Piedras.
Fundada en marzo de 1938, su primer director fue Atilio Dell´Oro Maini, el
mismo personaje que, veintisiete años después, en septiembre del ´55, fuera
designado por el gobierno del general Eduardo Lonardi como titular del
Ministerio de Educación, desde donde emprendió una agresiva campaña a favor
da la enseñanza católica en las escuelas.
Cuando fue depuesto el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen
(6-IX-30), 'Criterio' dio la bienvenida al golpe 'no sólo porque Yrigoyen
había resultado un presidente funesto sino porque había sido elegido
popularmente para el cargo' ('Criterio', 9-IX-30, pagina
461).
En esos días, de inequívoca vocación elitista para la Iglesia, la revista
pasó a ser dirigida por un hombre de desorbitadas posiciones de
ultraderecha: Enrique P. Osés, quien, apenas algunos años después, llegó a
comandar el diario 'El Pampero', que financiaba la embajada del Tercer Reich
en Buenos Aires y fue la publicación antisemita de mayor tirada en la
historia argentina: unos 80.000 ejemplares todos los días.
Pero 'Criterio', a medida que avanzaba la década del treinta, caería en
manos de un obispo -monseñor Gustavo J. Franceschi-, que entremezcló la
línea derechista y antijudia con un pretencioso barniz intelectual.
Fue justamente bajo la conducción de Franceschi, que 'Criterio' no ocultó su
aversión por los judíos en aquellos momentos en que arreciaban las matanzas
y las depredaciones antisemitas en la Alemania de Hitler.
Algún día quizás publicaremos una antología completa de todos los escritos
antisemitas de 'Criterio' pergeñados en sus muchos años de revista
prejuiciosa y racista. Pero hoy nos limitaremos a ofrecer solo algunas
ejemplificaciones exclusivamente del año ´38, no sólo porque era la época de
'La noche de los cristales' sino también porque, de algún modo, se desprende
de sus páginas la posición oficial de un organismo férreamente disciplinado
y vertical como la Iglesia.
En suma, estas son algunas de las expresiones de 'Criterio' de aquel
sangriento 1938:

14-IV-38 (PAGINAS 433 Y 434): 'El pueblo judío, desde que rehúsa al
verdadero Mesías, jugará fatalmente en el mundo un papel de subversión'
(...). 'No debemos olvidarnos de los agravios inferidos al cristianismo por
la rabia judaica' (...). 'El 23 de febrero del año 155 hubo una gran fiesta
sabática en Esmirna y, al ser condenado San Poli-carpo al suplicio del fuego
lento, eran justamente los judíos los que con más saña atizaban el fuego'
(...). Fueron los judíos los que, en alianza con la francmasonería, hicieron
la Revolución Francesa atea'.

21-IV-38 (PAGINAS 456, 457 Y 458): 'El judaismo ha sido y es una potencia
revolucionaria que en tanta página de la historia ha dejado las huellas de
sus tremendos arañazos' (...). 'El judío es ante todo un hombre a quien hay
que convertir, desentelarañándole primero sus prejuicios
político-religiosos' (...).
'Hay que meditar sobre el origen histórico del cristianismo y el criminal
gesto de Israel' (...). 'Recorde-mos las bulas papales que hablan de la
impía perfidia de los judíos, la antigua perversidad de los judíos, la
perfidia endurecida de los judíos, la malicia de los hebreos' (...). 'Ya los
papas intervinieron antiguamente para ponerle restricciones a los judíos y a
sus actividades peligrosas' (...). 'El odio a los judíos es una autodefensa
justa de los cristianos'.

12-V-38 (PAGINAS 41, 42 Y 43): 'No andan descaminados quienes ven en el
judaísmo, en su ´oro´ y en su ´Kahal´, la más terrible de las amenazas
contra los estados cristianos y contra el orden nacional' (...). 'La raza
que prestó al Hijo de Dios su carne y su sangre y pidió luego su cuerpo para
crucificarlo, castigada por Dios a vagar por el mundo, sin patria y sin rey,
en la espera de la salvación final, está hoy coaligada, por haberse afincado
en una absurda obsesión político-religiosa, para la ruina de la sociedad
cristiana' (...). 'Con su secular tradición talmúdica se ubican en la cancha
extranjera para judaizarlo todo y para acapararlo todo con sus garras
económicas' (...). 'El antisemitismo no es la absurda persecución contra
unos pobres seres indefensos, sino que es una reacción lógica del mundo
cristiano'.

26-V-38 (PAGINAS 91, 92 Y 93): 'El italiano, el español, el alemán o el
francés son en nuestro medio social fácilmente reductibles. ¿Podemos afirmar
lo mismo con respecto a la inmigración judía, que ya en nuestro país
sobre-pasa el medio millón? Las estadísticas y la realidad toda de la
existencia del judío inmigrante revelan su completa, su agresiva
inadaptabilidad, tal como un peligroso microorganismo que ha formado esporo
y que vive a expensas del organismo que debilita hasta matarle. Corresponde,
pues, dosificar la inmigración judía'.

7-VI-38 (PAGINAS 232 Y 233): 'Se ataca al nazismo con encono y se lo
califica con expresiones ofensivas a veces brutales: los israelitas exageran
su pintura de la crueldad con que se los persigue en Alemania' (...). 'A los
judíos no los quieren en ninguna parte. Ni en Holanda, ni en Francia, ni en
los Estados Unidos, ni en ninguna otra democracia que ya los conozca' (...).
'Como primera providencia es preciso cortar de inmediato el ingreso de
inmigrantes hebreos, ya que hoy por hoy ingresan por centenares. La
situación afligente de los expulsados nos conmueve, pero se nos justificará
si declaramos que nos conmueve enormemente más la perspectiva de que en un
futuro más o menos lejano o cercano, estalle entre nosotros el antisemitismo
violento, que obligue a expulsar judíos en masa, como en Polonia, Rumania o
Alemania'.

11-VI-38 (PAGINAS 368 Y 369): 'El Comité contra el Racismo y el
Antisemitismo es una cueva de racistas e izquierdistas perniciosos proclives
a la subversión revolucionaria'.

25-VIII-38 (PAGINAS 416 Y 417): 'Está bien no ser antisemita y los
cristianos no pueden ni deben serlo; pero hay que tener en cuenta, al mimo
tiempo, que las cosas son como son y no como quisiéramos que fuesen. Y si la
masa de judíos actúa como disolvente y subversiva en nuestra sociedad -que
no los persigue ni molesta sino al contrario-, la sociedad velará por su
propia existencia defendiéndose de ellos' (...). 'El matutino ´El Diario´
publica burlas y blasfemias anticristianas. La propiedad, la dirección y
casi toda la redacción de ´El Diario´ son judíos, cuya circunstancia lo
explica todo, porque, como escribe Maritain, débese esperar de los judíos
muy otra cosa que un apego real al bien común de la civilización occidental
y cristiana'.

15-IX-38 (PAGINAS 71 Y 72): 'El Tercer Reich es uno de los más enérgicos
adversarios de la Unión Soviética y el más implacable enemigo de los judíos,
cuyo materialismo religioso está en la base del materialismo histórico de
Marx'.

13-X-38 (PAGINAS 169 Y 170): 'Que el gobierno fascista de Italia haya
resuelto encarar en forma decidida la solución del problema judío, aunque
este problema no ofrezca problemas agudos en la península, es cosa
explicable y hasta justificable. En otras palabras, el gobierno italiano
tiene derecho, dentro de su ámbito, a prohibir la inmigración hebrea, a
expulsar judíos de su territorio, a impedir que estos ocupen más posiciones
públicas que las que proporcionalmente a la población general del país
pueden corresponderles; a adoptar, en suma, todas las providencias
políticas, culturales y económicas que sean necesarias para una justa
defensa de la sociedad de cuyo bien es responsable. Corresponde entonces
recortar también aquí, y de inmediato, el ingreso al país de inmigrantes
hebreos'.
Hasta aquí el verbo feroz de 'Criterio', que era la expresión oficiosa y más
influyente de la Iglesia católica en 1938.
Varias décadas después, 'Criterio' decidió girar 180 grados y se convirtió
en un 'sincero amigo del pueblo judío'. Y su director, monseñor Gustavo J.
Franceschi, llegó a viajar a Israel invitado por su gobierno (como pasó con
otros antisemitas en años posteriores, verbigracia Enrique Llamas de
Madariaga) e inclusive habló, en mayo de 1956 en el cine Ocean de la calle
Lavalle, en un acto multipartidario de solidaridad con el Estado judío donde
también hicieron uso de la palabra, entre otros, Alicia Moreau de Justo y
Oscar Alende.
Pero el papel sombrío de 'Criterio' en los años en que allá gaseaban a los
judíos en Auschwitz y acá los fascistas proponían cosas parecidas, no es
posible borrarlo con el codo. Más allá de los olvidadizos y de la retahila
de oportunistas que siempre priorizan la sagrada 'real-politik'.






Lun, 3 de Mar, 2003 11:39 am

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