EL PUEBLO HONDUREÑO SALE A LAS CALLES RECHAZANDO EL GOLPE.
El pueblo hondureño se ha lanzado a las calles de la capital Tegucigalpa y
ciudades del interior rechazando el golpe de estado y la expulsión del país del
presidente constitucional Manuel Zelaya. A medida que pasan las horas, queda al
descubierto la torpeza de los militares y de los sectores civiles implicados en
la conspiración, que han pretendido justificar su acción golpista acusando al
presidente de que la consulta popular no vinculante que hoy se iba a realizar en
Honduras tenía el propósito de "perpetuarse en el poder". Estos argumentos
fueron también generados desde sectores del congreso, de los medios de
comunicación privados e incluso apoyados por las jerarquías de las iglesias
evangelista y católica.
ZELAYA EN COSTA RICA: "SIGO SIENDO EL PRESIDENTE DE MI PAÍS"
Tras tomar la casa presidencial, los militares golpistas secuestraron al
presidente amenazando a sus familiares y colaboradores. Fue conducido a una base
áerea y expulsado a Costa Rica. Allí fue recibido como presidente en ejercicio
por el gobierno local, y poco después se realizaba una conferencia de prensa en
San José con la presencia de ambos mandatarios, Oscar Arias y Manuel Zelaya. El
presidente hondureño, que vestía aún ropa de dormir, expresó que había sido
traicionado por un sector de las FF.AA. y que el golpe respondía a una elite
voraz que quiere hacer retroceder al país 20 años o más, a la época en que las
demandas populares eran ahogadas en sangre. El presidente Arias deploró y
condenó a los políticos y personas de la sociedad civil "que solo por disentir
con la gestión de un gobierno, aplauden un golpe de estado." Manuel Zelaya ante
una pregunta de los periodistas, afirmó que no pedirá asilo político en Costa
Rica, país que le acogió solidariamente, porque sigue siendo el presidente
constitucional de su país. Invitó a su pueblo a resistir pacíficamente el golpe,
y a reafirmar la soberanía popular contra los golpistas.
ATROPELLO CONTRA LOS EMBAJADORES DE PAÍSES DEL ALBA
Los militares golpistas secuestraron a la canciller Patricia Rodas, considerada
una figura clave del gobierno de Zelaya. Pero también secuestraron a los
embajadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua a quienes maltrataron y retuvieron
durante un periodo no precisado. La canciller Patricia Rodas es considerada una
de las personas más significativas del gobierno de Manuel Zelaya. Desde varias
cancillerías se han hecho llamamientos para que sea respetada su integridad
personal y sea liberada. El embajador cubano relató que durante su cautiverio le
fue arrebatado su teléfono móvil, impidiendo la comunicación con su cancillería.
Estos hechos constituyen una flagrante violación del derecho internacional.
EN EL PARLAMENTO "INVENTAN" UNA SUPUESTA RENUNCIA DEL PRESIDENTE
A medida que la acción golpista recibía el rechazo internacional y crecía la
movilización y la protesta interna, los sectores civiles que desde el Parlamento
instigaron el golpe se dieron cuenta que su acción inconstitucional era
inviable. Intentaron entonces "maquillar" el golpe, inventando una falsa carta
renuncia del presidente en la que presentaba su dimisión alegando supuestas
razones de salud. Esto no hizo más que poner en evidencia la torpeza y la
improvisación de los políticos golpistas, que pretendieron justificar su
objetivo de desplazar al presidente con esta falsa carta, leída después que
Zelaya tras haber llegado a Costa Rica, proclamara en conferencia de prensa que
había sido secuestrado y expulsado por la fuerza de la residencia presidencial.
Pero este impresentable atajo de sinvergüenzas que anidan en el Congreso
hondureño, no se detuvieron allí.
Momentos mas tarde, aprobaban una disposición por la que "separaban de su cargo"
al presidente Manuel Zelaya alegando incumplimientos por su parte, y designaban
como presidente a Roberto Micheletti, diputado liberal que preside el
Parlamento. En nuestro envío 396-09 del dia 26, anticipábamos que éste era el
objetivo de la conspiración. En la noche del miércoles al jueves estuvieron a
punto de consumar ese paso, alegando entonces una presunta demencia de Zelaya.
No se sabe que ocurrió, pero finalmente en ese momento se echaron atrás.
PARAR LA CONSULTA "COMO SEA"
La directiva de los personeros de la oligarquía hondureña era "detener como sea
la consulta popular". A pesar de su carácter no vinculante y de ser apenas un
sondeo sobre la voluntad de los ciudadanos, a los poderes fácticos les
preocupaba que el pueblo hondureño saliera hoy a votar a los parques y otros
lugares donde serían colocadas las urnas y las papeletas. En su desesperación
por evitar esta pacífica expresión democrática, la fiscalía emitió una
resolución más propia de una dictadura o de un gobierno fascista que de un
régimen parlamentario. Firmado por el coordinador del Ministerio Público, se
emitió una orden en la que se advertía a quienes participaran en la consulta
popular "que incurrirían en el delito de traición a la patria cuya pena menor es
de diez años de reclusión." Pero advirtieron que estas amenazas tampoco surtían
efecto y que los hondureños, o al menos gran parte de la población se preparaban
para expresar su voluntad en esa consulta, felices de que su opinión empiece a
contar en los asuntos fundamentales del país. Hay que recordar que mas de
400.000 firmas de hondureños avalaban la solicitud de que se convoque una
asamblea constituyente en noviembre próximo en coincidencia con las elecciones
generales.
GOBIERNOS Y PUEBLOS DE A. LATINA RECHAZAN EL GOLPE
Con el transcurrir de la jornada dominical se fueron conociendo pronunciamientos
categóricos de gobiernos del continente rechazando el golpe. Argentina,
Venezuela, Cuba, Ecuador, Paraguay, Chile, Brasil, Bolivia y Uruguay entre
otros, condenaron oficialmente el golpe y exigieron la reposición de Zelaya en
su cargo. También lo hizo la Organización de Estados Americanos. En algunos de
estos países, se produjeron también reacciones populares con manifestaciones
contrarias a los golpistas hondureños.
ESTADOS UNIDOS SOLO RECONOCERÁ AL PRESIDENTE ZELAYA
Durante algunas horas permaneció la duda sobre la actitud que tomaría el
gobierno de los Estados Unidos. Fue el mismo embajador norteamericano en
Tegucigalpa el que despejó las dudas al rechazar cualquier intento de alterar la
normalidad institucional. "El único presidente que reconoce el gobierno de los
Estados Unidos es el Sr. Manuel Zelaya" fue su contudente afirmación. En la OEA,
el representante norteamericano también hizo conocer una nota del departamento
de Estado, firmado por Hillary Clinton, rechazando el golpe en Honduras.
SIGUE LA PROTESTA POPULAR
En las calles los manifestantes exigen la restitución de Zelaya frente a los
soldados, exigiéndoles que regresen a sus cuarteles. El grito de "queremos a
Mel" ( como popularmente llaman al presidente ), se mantuvo constante frente a
las barreras militares y las tanquetas, matizado por otras expresiones como "la
calle es del pueblo", y duros epítetos contra los congresistas. Se advertía que
incluso ciudadanos que no comparten la política de Zelaya, consideran un
retroceso grave en la vida democrática
del país este paso que han dado algunos militares y la mayoría de los
congresistas.
Así están las cosas al cierre de esta segunda crónica de urgencia. Una vez más
se demuestra que cuando quienes han ejercido el poder durante decenios en
América Latina ven amenazados sus intereses sectoriales, apelan a la violencia.
Ya lo insinuaron en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador cuando pusieron todas las
trabas posibles para la realización de las consultas populares y para impedir
las asambleas constituyentes. Para ellos estas reformas representan una
democracia directa que les quita el poder fáctico que suelen ejercer desde el
control de parlamentos, medios de comunicación y gran parte del poder judicial.
Por eso cuando el pueblo pasa a ser protagonista, se les suele caer el disfraz
de demócratas y aparece su verdadero rostro. El que tristemente conoció América
Latina en los años 70 y 80. El que incubaron las oligarquías del continente con
la complicidad de grandes grupos de poder económico y del departamento de Estado
norteamericano. Así se fraguaron las dictaduras de Uruguay, Chile, Argentina,
Brasil....
Pero las cosas están cambiando en el continente. Desde hace años hay un avance
popular constante. Los pueblos eligen nuevos caminos, diferentes en algunos
aspectos, pero coincidentes en cuanto a su independencia, su soberanía, su
voluntad de justicia. Convergen en la necesidad de romper los lazos de
dependencia que postergaron durante tantos años su desarrollo y alimentaron
internamente injusticias sociales y sometimiento político y económico.
Ratificamos nuestra intención de "hacer red" con todos los medios alternativos
para quebrar la cadena de manipulación y silencios de los grandes medios, dentro
y fuera de Honduras. En ese sentido, es destacable la tarea de muchas
radioemisoras comunitarias latinoamericanas y en particular del canal de TV
Telesur, que ha permitido ver en imágenes directas "la otra cara de la mentira",
mostrando al pueblo hondureño en las calles, a los militares formando cerco con
uniforme de combate, a los parlamentarios
anunciando la falsa renuncia de Zelaya, y al propio presidente desde San José de
Costa Rica desmintiendo enfáticamente esa vergonzosa mentira. Y también
recogiendo las expresiones de solidaridad de gobiernos y pueblos del continente.
También la de todos aquellos que desde Internet, no han descansado en remitir
nuestros y otros informes a sus amigos, familiares y compañeros.
Nos duele profundamente tener que ver nuevamente en las calles de un país
latinoamericano uniformes de campaña, tanquetas y fusiles amenazando a los
ciudadanos.
Es penoso ver otra vez a soldaditos en las calles, mandados por generalotes y
oficiales que parecen continuidad de aquellos uniformados represores que
torturaron, secuestraron y asesinaron a su propio pueblo. Creíamos que nunca más
veríamos este lamentable espectáculo. La torpeza de los golpistas no disminuye
su responsabilidad. Ni la de los medios de comunicación privados, cómplices de
la instigación y la mentira. Y menos aún, la de quienes desde alfombrados
despachos y solo midiendo sus intereses personales, alientan la violencia para
quebrar cualquier intento de cambio social, de avance hacia la justicia y la
equidad. Tarde o temprano, los pueblos sabrán poner las cosas en su lugar.
Como nos legó Salvador Allende en sus últimas palabras: "tienen la fuerza,
podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen
ni con la fuerza. La historia es nuestra, y la hacen los pueblos".
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* Carlos Iaquinandi Castro, Redacción de SERPAL, Servicio de Prensa Alternativa.