De la austeridad (anti-cíclica?) y otras yerbas
AUSTERIDAD FISCAL EN CHILE
Los hechos detrás de las cifras…
Escribe Armen Kouyoumdjian – 11 agosto 2008
Empecemos con una cita del humorista estadounidense Will Rogers. “Yo no cuento
chistes. Solo miro al gobierno y cuento lo que hace”.
AUSTERIDAD EN EL GOBIERNO
La semana pasada, con mucha fanfarria, el gobierno de Chile anuncio medidas para
reducir gastos. El argumento fue que como muchos chilenos tenían que apretarse
el cinturón, también lo harían las autoridades. Todo muy bien, excepto que hay
una pequeña diferencia. Efectivamente la mayor parte de los chilenos encuentra
difícil llegar a fin de mes, con la inflación en torno al 10%, pero Hacienda no
tiene ese problema. En realidad, la austeridad en el gasto fiscal es tan
relevante como regalarle condones a los eunucos del harem.
De todos modos no es un programa tan, tan austero. El uso de teléfonos
celulares, electricidad y agua debe ser reducido en los círculos oficiales
(presumiblemente ya no tirarán la cadena después de cada “cagada”).
Solo los vehículos de más de seis años serán reemplazados. Las consultorías,
seminarios y viajes serán reducidos, y cada cual viajará en clase económica si
el vuelo es de menos de 10 horas.
Los gastos generales serán recortados en un 25%. No habrá tarjetas de fin de
año, excepto por correo electrónico. Detalles más, detalles menos, eso es todo.
El Banco Central ya había anticipado la medida. Durante algunos meses su sitio
web ha estado pidiendo notas y artículos para un seminario sobre la inflación a
realizarse en octubre.
La información estipula claramente que el BC no puede financiar ni los
gastos de viaje ni la estadía de quién venga de fuera (supongo que esto debiese
garantizar que ningún Iibre pensador extranjero vendrá a molestar su muy
confortable ideología).
¿Cuánto ahorrará todo esto? Las autoridades mascullaron una estimación de unos
U$ 40 millones. ¡Cielos! Una buena suma, a menos que sepas que en la primera
mitad del 2008 el Ministerio de Hacienda tuvo un excedente de siete mil
seiscientos cincuenta y dos millones de dólares. El ahorro propuesto equivale a
menos de un día de excedente (o sea 0,52%). De modo que los altos funcionarios
correrán el riesgo de una trombosis de clase económica cuando viajen a Bogotá o
a Caracas para ahorrar un cabo de vela. Tal vez pudiesen esperar un “up grade”
con LAN, pero si estas pensando en ello, Air France acaba de informarme
oficialmente que ellos “no ofrecen “upgrades” gratuitos
a menos que el avión esté más que repleto”.
AUSTERIDAD EN EL GASTO
Lo que precede sería anecdotico si no fuese porque hay amenazas de acciones más
serias para el presupuesto del 2009, que será austero como una medida
anti-inflacionaria (una teoría que he desacreditado en mi reciente nota
económica “101”).
Pero después de todo, ¿qué es lo que van a recortar? Proyectos que son
cruciales y con años de retraso. Obras de riego, agua potable para zonas rurales
y caminos en la región de los lagos, estos últimos para evitar que la población
pierda horas transportándose en barcos inseguros y sin vigilancia, todo ello
está en peligro. Lo que no va a reducir la inflación pero muy seguramente
logrará acortar algunas vidas.
Algunas instituciones estatales han estado sufriendo de la austeridad por años.
El Servicio Médico Legal estuvo en huelga hace unos días. Sus empleados
protestan no solo por sus salarios de menos de U$400 al mes (menos de 200 mil
pesos mensuales) sino por las espantosas condiciones en las que realizan su
trabajo.
Uno de sus dirigentes sindicales reveló que les dan solo un guante por
autopsia, y si tienen que utilizar las dos manos para manipular un cuerpo, la
otra no está protegida. Frecuentemente no hay gas en las instalaciones para
tomar una ducha caliente y limpiarse después de un trabajo potencialmente
peligroso. Para ello tienen que esperar llegar a casa.
Todo lo cual palidece comparado con la situación del Instituto Nacional. Fundado
en 1813, pocos años después de la independencia, este colegio público ha sido
por generaciones el modelo de la excelencia de la educación pública en Chile.
Hasta fines de los años 60, el país fue en realidad un modelo en la región por
el éxito de la educación pública. El Instituto Nacional era lo mejor de lo
mejor. Formó la élite sin tomar en cuenta sus orígenes. Fue el ejemplo a
mostrar, la vitrina, la Academia Gorodok del intelecto chileno. ¡Dieciocho
presidentes de Chile estudiaron allí!
¿Qué han hecho del Instituto Nacional? Arruinarlo.
Sus laboratorios y sus servicios higiénicos son una desgracia. Solo una de sus
salas de reuniones está en servicio. Las 25 personas encargadas de la limpieza
son insuficientes para cuidar de más de 100 salas de clase utilizadas por 4.200
alumnos en dos turnos. El sistema eléctrico no ha sido renovado en sesenta años
y el techo se llueve. El Instituto Nacional solía proponer actividades extra
curriculares tales como el ajedrez, idioma japonés y música. Hoy en día, la
falta de medios permite solo una: el fútbol.
Ni siquiera hay dinero suficiente para profesores, de modo que algunas
clases no reciben lecciones de matemáticas en todo el año, en un país en el que
los cajeros tienen que usar una calculadora para dar cambio de un billete de mil
pesos cuando el importe es de doscientos, excepto que los graduados del
Instituto Nacional no se supone que lleguen a ser cajeros del comercio sino
presidentes de la república.
Si lo piensas, puedes recordar el episodio en el que Ricardo Lagos, graduado del
Instituto Nacional, erró el cálculo de la potencia financiera relativa de Chile
y Venezuela en un seminario de la FLACSO.
Para devolverle el lustre al Instituto Nacional se requieren entre 10 y
11millones de dólares. Actualmente su presupuesto de mantenimiento anual es de
33 mil dólares. No hay que ser un genio para darse cuenta de donde está el
problema, ni hay que leer libros de economía política en Nueva Zelanda, ni
viajar a Irlanda ni invitar expertos de Dinamarca (para no mencionar al
presidente de Letonia, que hace poco estuvo en Santiago, tratando de darle
alguna credibilidad a esa asociación de aldeas folklóricas que se ve a sí misma
como una nación). Los ejemplos a seguir, cuando tienes todo ese dinero dándose
vueltas inútilmente, debiesen ser los países del golfo Pérsico.
Y LO QUE DICE LA GENTE…
El 6 de agosto se efectuó en Santiago un animado seminario de políticas
económicas auspiciado por la Cámara Chileno-Americana de comercio (AMCHAM). En
él, dos economistas de diferentes lados del espectro político discutieron el qué
hacer con los excedentes fiscales. Ninguno de ellos es un extremista en su
propio sector político, y les consideré como gente más bien lúcida.
No estuvieron de acuerdo en qué hacer con los U$ 30 mil millones acumulados
(llamados, grandilocuentemente, “fondos soberanos”). Como era de prever, dirás
tú. Bueno, lo creas o no, la discusión no fue acerca de saber si reemplazar las
instalaciones eléctricas del Instituto Nacional, o hacer más rico a un gestor de
inversiones de Lichtenstein. Uno de los dos quería invertir en proyectos (en el
extranjero desde luego) y el otro propuso invertir el dinero en acciones de
empresas extranjeras. ¿Bernie Cornfeld’s IOS o ENRON?
No obstante, no fueron los únicos en perderse. Hace unos días también
tuvimos las sugerencias de Ricardo Caballero, un economista chileno
recientemente nombrado Profesor de Economía Internacional en el MIT
(Massachussets Institute of Technology). El Sr. Caballero, como Franco
Modigliani (ver el último párrafo) que también es del MIT, tiene una
solución milagrosa para los problemas de Chile. “Hay serios problemas con el
mercado del trabajo en Chile” declaró el Sr. Caballero.
Pos bueno, pos vale, pos m’alegro. Sólo podemos concordar. ¿Qué clase de
problemas ve el Sr. Caballero entre los trabajadores de Chile? ¿El hecho de que
un reciente sondeo de opinión muestra que 45% están descontentos con sus
horarios de trabajo? ¿O bien los cientos de millones de dólares que cada año sus
empleadores les roban de las cotizaciones para la salud y las pensiones, con
plena impunidad? ¿O las lágrimas de cocodrilo de los patrones que protestaron
porque ya no podrán trampear pagando menos del salario mínimo? ¿O es la
costumbre de despedir a los trabajadores justo antes de tener que darles un
contrato estable, recontratándoles inmediatamente después para evitar pagar las
indemnizaciones y otros beneficios? ¿O el truco que consiste en crear una
empresa separada para cada tienda de una cadena comercial para evitar la
formación de sindicatos poderosos en una sola empresa?
Nada de lo que precede. El Sr. Caballero (que por esto se ganó el premio “La
huevada de la semana”) dijo que el mercado del trabajo no es suficientemente
“flexible”. Si todo lo ya dicho, unido a salarios miserables, no es
flexibilidad, entonces debe estar proponiendo el regreso al esclavismo. Me temo
que ni siquiera los seniles vejestorios de la Academia Sueca serían tan locos
como para darle el Premio Nobel en el futuro.
UN THINK TANK SE SUICIDA
Algo raro le ocurrió la semana pasada a Expansiva, el think tank que se supone
ejerce la mayor influencia en política económica. Para todos los efectos
prácticos, desapareció. Fue “absorbido” por un nuevo centro de investigación
creado en la moderada universidad Diego Portales. Con menos de 10 años de edad,
Expansiva, creación del ministro de Hacienda Velasco, más que un centro
ideológico fue más bien un club selecto o una fraternidad de elite cuya
membrecía era casi obligatoria si querías un cargo importante en el equipo
económico (en realidad era más bien al revés). El primer gabinete de Bachelet
tuvo cuatro de sus miembros en él. Solo el mismo Velasco permanece. Solo podías
entrar propuesto por otro miembro, y si ninguno de los integrantes se oponía.
Los miembros del núcleo central fueron invitados a una cena la semana pasada
(solo 20 de los 50 esperados aparecieron) y se les dijo que la organización
desaparecía. Las negociaciones con la universidad fueron conducidas a sus
espaldas. Puede ser que algunos de sus líderes estén juntando paja para la era
post Bachelet en una institución académica con más posibilidades de sobrevivir
que las miopes fundaciones alemanas, los grupos neofascistas estadounidenses y
los emolientes fondos Mossad que normalmente mantienen vivos los think tanks
chilenos.
CARTA NO PUBLICADA POR EL MERCURIO
El 24 de julio le envié una carta al Mercurio. A pesar de que a menudo
publican mis misivas, esta vez no lo hicieron. Por lo que reproduzco aquí su
texto en español. El propósito es intentar desinflar la exagerada influencia de
opiniones que encuentra su origen en grandes instituciones o apellidos.
Hace algunas semanas ya me referí al tema de los “expertos” chilenos. A fines de
los 80, en medio de la Crisis de la Deuda, tuve alguna
correspondencia con Modigliani. No, no el pintor, muerto hace mucho tiempo, sino
Franco, el homónimo Premio Nobel de economía. El estaba proponiendo, como
solución para el serio problema que enfrentaban los países endeudados, convertir
sus deudas en dólares en obligaciones en moneda local.
Su argumento era que esto eliminaría sus problemas de reservas de divisas.
Desafortunadamente, a pesar de su Premio Nobel, las cifras de Modigliani estaban
tan deformadas como las figuras que pintaba su primo. En la época en que
discutíamos el problema no era la escasez de dólares sino un desequilibrio
fiscal porque la carga de los intereses se estaba yendo de las manos.
En la medida en que en casi siempre las tasas de interés domésticas eran aun más
altas que las tasas internacionales, aun cuando los mercados de capitales
locales hubiesen podido manejar la conversión, habrían traído consigo una
crisis aún peor. Con reticencia Modigliani terminó por concordar conmigo (con la
mitad de su boca como decimos en armenio). Esta es la carta enviada al Mercurio:
Sr. Director,
Las opiniones y predicciones de los organismos multilaterales tales como el FMI
o el Banco Mundial suelen tener un gran impacto en Chile. No solamente permiten
a las autoridades auto congratularse con los elogios de los informes elaborados
en Washington, sino que además son tomados muy en serio por la comunidad
analítica y empresarial del país.
Durante mi carrera de 20 años en la City de Londres, tuve oportunidad de
interactuar estrechamente con dichos organismos. Debo decir que
contrariamente a lo que muchos piensan en Chile, no son ni el oráculo de Delfos,
ni una nueva versión de las tablas procedentes del Monte Sinaí.
No obstante la calidad y prestigio de algunos directivos de alto nivel, los
analistas que hacen el trabajo en estas organizaciones son simples mortales como
todos nosotros. Muchas veces son rezagados que no han podido obtener los puestos
mucho mejor pagados en Wall Street, o funcionarios de países en desarrollo
“recompensados” con un puesto en Washington. Una misión de varias personas
visita el país analizado por pocos días. Se quedan en los mejores hoteles del
sector oriente, y se pasean por oficinas gubernamentales y organismos
empresariales, donde tienen acceso a opiniones parciales, y la misma información
y las mismas cifras que cualquier analista que quisiera buscarlos. En general no
hacen ningún esfuerzo para entrevistarse con la sociedad civil y tomar el
verdadero pulso del país cuyo idioma varios de los
integrantes de la misión a menudo desconocen.
La crisis de la deuda de los años 80 y la década perdida que siguió, que resultó
en no poca medida de los programas extremos impuestos por estos organismos,
debería haber temperado en algo el prestigio exagerado del cual gozan. Nadie
sabe mejor si un país está o no en crisis que la gran mayoría de su población, y
no algún informe redactado a miles de kms.
Atentamente,
Armen Kouyoumdjian
Ex Subdirector General y Jefe de Estudios International Mexican Bank Londres