UN CHILE CON TERROR AL CAMBIO Y UNA CLASE POLITICA QUE LO ADMINISTRA A SU AMAÑO
6 de Julio de 2007
Osvaldo Romo y yo
por Osvaldo Torres
www.elm ostrador.cl
Osvaldo Romo irrumpió en mi vida apuntándome con una metralleta AKA, la
madrugada
del 30 de enero de 1975. Sin orden de detención un comando de la DINA me arrestó
junto
a mi compañera Nubia Becker, mi amigo y dirigente socialista Eduardo Charme y
Marcela
Bravo. Dejaron aterrados a los dueños de casa y al hijo de Nubia, Hernán A
Jaramillo de
sólo 4 años.
En Villa Grimaldi Romo se hizo cargo personalmente de torturarme junto a
Krasnoff, el
Teniente Pablo, el Troglo y toda esa fauna de funcionarios del Estado que
cumplían con
sus obligaciones. No fui el único, ni el más torturado por esos equipos; tuve la
suerte de
salir vivo.
Al conocer la noticia de su muerte reviví la experiencia, la comenté con Nubia y
recordamos a Eduardo. Pero también surgió la reflexión sobre el país que tenemos
y que
hemos construido desde esos años. Romo debe obligarnos a revisar el pasado
reciente y
las formas cómo se ha procesado; el ejercicio de la memoria es clave para
recordar sin
traumas que paralicen la acción política.
Romo se transformó en la figura que condensaba la tortura y la maldad de una
época. Esta
operación simbólica fue inevitable luego de sus declaraciones sobre cómo
torturaban,
mataban y dejaban morir; el valor que le asignaban de la dignidad y vida humana
y el
precio que cobraban por sus servicios en el Estado. Pero Romo simboliza mucho
más,
pues es la expresión del "castigo-aprendizaje", ya que la idea era aterrorizar a
la sociedad,
paralizarla por el miedo para poder gobernar e imponer su modelo de sociedad. Su
detención y condena ayudaron a espantar esos fantasmas, mas no a eliminarlos.
Romo tenía jefes y patrones. ¿Quién era el superior directo? ¿En la planilla de
sueldos de
qué institución estaba? ¿Su abogado era pagado por el Ejército? ¿Quién lo sacó a
Brasil o
luego lo escondió en Santiago el año 2002? ¿Si era infiltrado en la izquierda,
quién fue su
oficial superior? Romo se fue con muchos secretos y hay muchos cómplices dando
vueltas.
La democracia debe resolver estos enigmas, para que se confíe en ella.
Romo no fue una excepcionalidad histórica ni un "resto arqueológico". Fue un
instrumento
para concretar un proyecto de país en el cual vivimos. Proyecto ideado por
civiles y
ejecutado con el apoyo militar.
La tarea de ahora, si queremos procesar sin traumas el pasado, es transformar el
país que
nos impusieron. Parte de la tarea está realizada, pero a muchos el susto a
"volver al
desorden", "a los conflictos del pasado", léase la Unidad Popular, los ha
paralizado para
reabrir el debate y la movilización por ampliar la democracia y la justicia
social. En este
sentido el arquetipo de Romo se levanta como la figura que logra paralizar el
cambio,
pues han aprendido la lección de lo que nos podría llegar a ocurrir si
"repetimos la farra",
como si los contextos internacionales y nacionales no hubieran cambiado
definitivamente.
Las tareas pendientes son, qué duda cabe: la Asamblea Constituyente para que
todos los
chilenos, sin imposiciones de fuerza, construyamos la democracia que decidamos
libremente; el debate sobre las riquezas naturales y los verdaderos royalties
que se
debieran pagar –para no hablar del control nacional sobre esos recursos-; la
discusión
acerca de los impuestos a las utilidades para reducir las brechas de desigualdad
en
educación, previsión, salud y vivienda; el control civil sobre las FFAA, su
doctrina y
entrenamiento. Es obvio que abrir la agenda a estos temas es, particularmente
para los
poderes fácticos, desestabilizador y "querer regresar al pasado", pero el
problema más
complicado es que, quienes luchamos por el regreso a la democracia, no lo
tengamos
como norte de la acción política por "el temor al pasado", por creer que "se
abre una caja
de Pandora".
Mientras nos sigamos negando a poner en el centro del debate nacional la
transformación
del país, el espectro de Romo y sus amigos seguirá persiguiéndonos como una
"lección
aprendida". Superar a Romo es luchar por el Chile que queremos.
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