Claro que en esto de la violencia unos llevan la fama y otros cardan la lana. Una vez un compañero, profesor de Ética, promovió unas charlas sobre anticoncepción, a cargo de expertas en el asunto (en el asunto de las píldoras, digo). Le sugerí que se podía invitar también a gente contraria a dicha práctica, para dar más vida a la actividad, dicho sea sin ánimo de hacer un chiste negro. Aceptó, y la cosa se llevó a cabo, no sin antes sugerirme que “bueno, espero que no traigan bates de béisbol...”
He estado en sedes pro-vida y nunca he visto bates de béisbol, artículo que me parece más propio de un club de lesbianas. Lo cierto es que un líder pro-vida me contó una experiencia bien distinta: pasaba él las horas ante la puerta de una clínica de esas que Jesús Cueva llamaba de “verdugos blancos”, con el fin de tratar de disuadir a las clientes de cometer la despenalizada barbaridad. Con una lo consiguió. Se enteró una de las “siniestras comadronas” (Cueva, de nuevo), salió a la puerta y le espetó “¡estoy harta de ti!”, mientras le aplaudía las mejillas.
Por eso digo lo de la fama y la lana. Pero como algunos sigan promocionando la ley de Lynch, ya digo, me temo que otros tomen ejemplo. Jesús Sanz Rioja .
Fuente: www.piensaunpoco.com
Un saludo
Francisco González
www.irabia.org/chavales10/index.htm
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