La diversión, par tanto, ha de contar, como ingrediente principal ‑aunque, como la sal en muchos platos, esté y no se note ‑, con las normas morales. Sin ellas no cabe la felicidad que siempre andamos de alguna manera buscando. Es lamentable que se ignore u olvide tanto esta verdad: las normas morales establecidas par Dios no tienen otra finalidad que la de hacer feliz al hombre. Dios nos ha creado y nos ha revelado unos Mandamientos para que sepamos par dónde se va a la felicidad temporal y a la eterna. Digámoslo con palabras de Cervantes: “Están nuestras almas en continuo movimiento, y no pueden parar ni sosegar si no es en su verdadero centro, que es Dios, para quien fueron criadas». No hay experiencia más universal que ésta. Lo que aleja de Dios no es bueno; o, lo que es lo mismo, nos hace daño, sobre todo en el alma.
Un saludo
Francisco González
www.irabia.org/chavales10/index.htm
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