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La objeción de conciencia vista desde el mundo de la educación   Lista de mensajes  
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La objeción de conciencia vista desde el mundo de la educación  

 Andrés Rosàs, subdirector del colegio Santa Isabel de Barcelona31/10/2002

Ponencia de la III Jornada Objeción de Conciencia en el ejercicio profesional, organizada por Metges Cristians de Catalunya


Más que hablar, en sí, de si la objeción de conciencia está en peligro dentro del mundo de la educación o dar ejemplos reales que hayan pasado dentro de una Comunidad Educativa, he creído oportuno hablar de la importancia que tiene la educación en la formación de una conciencia responsable para que cada persona pueda afrontar de una manera consecuente los conflictos de objeción que tendrá en su futuro profesional.

La formación de la conciencia desde temprana edad y durante todas las diferentes etapas educativas es decisiva para que la vida del ser humano vaya vinculada a la búsqueda del bien y, por lo mismo, a la satisfacción más profunda que produce el actuar de acuerdo a la propia condición humana. La conciencia es, por decirlo de alguna manera, el radar que ayuda a saber dónde se está para decidir cómo actuar en una determinada circunstancia.

En el transcurso de la historia personal de cada ser humano, el ejercicio de la libertad conlleva el adoptar, por una parte, actitudes y, por otra, la toma a diario de decisiones en la forma de obrar, muchas veces ante complejas situaciones individuo-sociedad, y cuya consecuente y voluntaria actuación depende, a mi entender como educador, de la recta formación de la conciencia. Y más en una sociedad como la actual, de contenido pragmático y excesivamente materialista en la que los valores trascendentes están constantemente amenazados.

Ejemplos de esta situación tenemos muchos cada día, como aquel padre (esta anécdota verídica muchos ya la habrán escuchado) que se acercó al ayuntamiento a solicitar un día para que su hijo hiciera la Primera Comunión por lo civil. No eran católicos, ni sabían lo que significa recibir a Jesús por primera vez -o no creían en ello-, pero como es una celebración encantadora y con muchos regalos, no querían dejar de hacerla; o cómo la televisión entra en nuestros hogares influyendo en nuestra propia familia, volviéndonos un poco más materialistas cada día que pasa (se acerca la Navidad y, después del bombardeo de anuncios, los niños empiezan a hacer sus interminables listas y los padres se empiezan a asustar y a mirar la cuenta bancaria); o, incluso, la creación de los falsos ''stars'', ídolos del deporte o del espectáculo en general que hasta ponen de moda el corte de pelo, como ahora sucede en Madrid con lo de Ronaldo, ... y muchos ejemplos más.

Por todo ello, considero importante plantear que, además de la formación del conocimiento intelectual, es fundamental la formación de la conciencia de la persona en valores de referencia, tanto desde la óptica individual como social. Hay tres tipos de conciencia: la metafísica, que es la que ayuda a reconocer mi esencia humana (quién soy); la psicológica, que responde a las preguntas ¿qué soy? y ¿cómo soy?; y la moral, que es la que dicta el ¿qué debo hacer?. Esta última se desarrolla a través de la educación y en esta cuestión me voy a centrar.

La conciencia moral es el juicio propiamente dicho que presenta la bondad y maldad de los actos humanos y, por ello, es parte importante para reafirmar nuestro valor como personas. Es la siempre nombrada, y a veces mal nombrada (sobre todo cuando no nos interesa escucharla), ''voz de la conciencia''. Es un elemento vivo, es dinámica e involucra a toda la persona. Cuando nosotros juzgamos, lo hacemos con todas nuestras capacidades: inteligencia, voluntad y sentimientos. La conciencia no es algo que se pone o quita según el caso, ni tampoco una serie de costumbres impuestas por unos cuantos adultos, o por una cultura determinada.

El ambiente que rodea a los hijos contribuye al desarrollo moral de la persona y, por ello, no podemos ignorarlo por su trascendencia. Está representado por todas esas personas, que en constante relación con ellos aportan su manera de ser, pensar, relacionarse, ver la vida, de tal forma que pueden influir en su comportamiento.

Estos factores hacen que la conciencia moral corra el peligro de no formarse adecuadamente y que llegue el momento en que ya no juzgue con rectitud y la deformación se adueñe de sus decisiones. Así se convierte en una conciencia falseada que es aquélla que juzga con ligereza y sin fundamento serio por costumbre, una conciencia en la que hay un defecto en la forma de juzgar.

Por esto es muy importante que los centros educativos impartan una educación correcta. La educación es un proceso de maduración que no debe ser frenado. Es un fruto que madura poco a poco, con el esfuerzo diario; no se alcanza de repente o a saltos, sino paso a paso. Es un crecimiento continuo en pos de unos objetivos.

Para que de la educación de hoy en día salgan hombres y mujeres que no sólo estén formados a nivel intelectual sino que sean capaces de guiar sus vidas por un sólido criterio ético, es indispensable que los centros favorezcan la formación de una conciencia equilibrada y sana. Educar en la verdadera libertad, desde la interiorización de los propios valores, favorece la felicidad personal y la transformación de la sociedad.

Papel importante, el que ejercen los formadores en la formación de la conciencia. Son los principales instrumentos, dentro del mundo de la educación, para lograr la formación adecuada de quienes desean ser educados. El educador es el que, a través sobre todo de la empatía, debe transmitir al alumno la importancia de sacar lo mejor de sí mismo en todas las facetas de su vida.

Uno de los aspectos importantes que el formador debe conseguir es formar la voluntad de la persona, o sea, el desarrollo y orientación de esa fuerza interna que nos lleva a realizar actos y también la necesidad de que la persona quiera y quiera el bien. Sin embargo, es necesario para que, cuando la persona quiera y quiera el bien, conozca la bondad o maldad que encierra esa acción concreta para poder decidir de acuerdo a un juicio que ella emite en función del contenido moral de cada acto.

El formador, sobre todo en las primeras etapas educativas, está proporcionando esa ''voz de la conciencia'' que está desarrollando el alumno para que más tarde, y con el ejercicio de la reflexión, se apropie de los principios morales.

Para educar la conciencia, es necesario que se abra al conocimiento del bien y del mal. Formarla para que cumpla sus funciones, que son las de: darle a la persona el concepto del bien y del mal, proponer una obligación a la voluntad para seguir ese bien y evitar ese mal y aprobar o reprobar la actuación diciendo si se ha obrado correctamente o no. Se tiene que conformar la propia vida de acuerdo con un valor. Después, cuando se ayuda a organizar la vida, el pensamiento, las experiencias en base a una jerarquía de valores, estamos educando la conciencia.

Si en la parte formativa de la persona el centro educativo es importante, la familia es pieza básica de la formación en general y de la conciencia en particular. Los padres son el modelo de vida más importante para sus hijos, no sólo durante los primeros años, sino durante toda la vida. Son su marco de referencia. El hijo imita, después imita y admira y, finalmente, se apropia de las formas de actuar de los adultos.

Los padres deben recordar que ellos no son la conciencia de los hijos, aunque por un tiempo hayan ejercido como tal. Deben pasar de ese hacer que el hijo se porte bien a que valore realmente el buen comportamiento, que lo quiera y finalmente quiera actuar así.

Un obstáculo para la formación de la recta conciencia se da cuando hay discrepancia entre los principios morales que se enseñan a los hijos y la conducta de los mismos adultos. De ahí la necesidad de una vida auténtica y acorde por parte de los padres. El mejor ambiente para educar la conciencia es aquél en el que se viven las virtudes esenciales de sinceridad, humildad, paciencia, respeto, generosidad y justicia.

Concluyendo, creo que la idoneidad de una seria y acertada educación de una conciencia moralmente responsable, en las etapas del descubrimiento y afianzamiento de la personalidad individual frente al mundo exterior, constituye el fundamento de una futura actuación en la vida, acorde con los valores de referencia propuestos desde el respeto a la libertad de la persona y con la firme convicción de la fe cristiana.

Concluyo con una frase un poco complicada, que alguien dijo en algún momento y que expresa de una manera muy acertada lo que he hablado: ''Es importante vivir como se piensa porque de otra manera se termina pensando como se vive, pero es más importante pensar como se debe''.

       

© 2001-2002 E-cristians.net

 



Un saludo

Francisco González   

www.irabia.org/chavales10/index.htm



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