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Visitar a un enfermo

 

 

Acababa yo de traer al mundo a mis preciosas gemelas cuando, sin saber cómo ni por qué, caí enferma. "¡No puede ser!", me decía una y otra vez. Cuando más me necesitaba la familia y yo con una gastritis galopante (fruto quizá de la comida del hospital).

Pasaron los días y a mi intranquilidad (siempre he odiado estar en cama) se unió otra cuestión mucho más peliaguda: las visitas.

Familia, parientes (próximos y lejanos), conocidos, vecinos, compañeros de trabajo... Todos querían conocer a las recién nacidas y saludar, de paso, a la enferma mamá. "¡Cuánta bondad!", pensaba yo sinceramente cuando me quedaba a solas, pero qué agotadora tarea la de recibir estando en cama.

De aquellos días, prácticamente no recuerdo ni los regalos ni las charlas, sólo los tirones de mis puntos y el dolor de tripa... un dolor que por mucho que yo lo intentaba no respetaba ni a primos ni a vecinos.

 

La antigua costumbre de hacer una visita de cumplido cuando una persona se encuentra indispuesta es un hábito que aún hoy no se ha perdido. Con ella se intenta demostrar a la persona que se encuentra en cama que es querida y apreciada. Pero como en todos los usos sociales, las visitas de cortesía también se rigen por una serie de normas que se deben respetar.

 

LO BUENO SI BREVE...

Cuando visitemos a un enfermo procuraremos no excedernos para no cansarle. Es lógico que nos interesemos por su estado y por lo tanto tendremos paciencia, dejando que nos explique sus dolencias cuando desee hacerlo pero, eso sí, procuraremos evitar que la enfermedad se convierta en el tema central de la conversación. Asimismo, huiremos de las referencias a otros casos semejantes. No hay nada más desagradable que transmitirle a un enfermo las secuelas o padecimientos de un amigo o conocido que

pasó por su misma situación. Si el enfermo fuese aprensivo podríamos agravar, incluso, su estado.

 

A HORAS INTEMPESTIVAS

Cuando se hace una visita de estas características hay que buscar el momento oportuno. Esto quiere decir que evitaremos las horas de las comidas y  de descanso (la hora de la siesta, por ejemplo), igual que las últimas horas de la tarde en las que el enfermo podría estar más cansado.

 

Si se presenta el médico, lo más aconsejable es salir discretamente de la habitación por mucho que la curiosidad nos tiente. También actuaremos de este modo cuando la enfermera entre para atenderle: a menos que deseemos caernos redondos al suelo evitaremos estar presentes en los momentos más críticos. Un pinchazo o el cambio de un apósito, por ejemplo, no son escenas agradables de contemplar.

 

¡OJO CON LA CAMA!

Otra costumbre totalmente inadecuada es la de sentarse en la cama del enfermo. Aunque éste no lo demuestre, el que una persona se siente tan cerca de él puede llegar a producirle ciertas molestias. Los recién operados necesitan espacio para moverse. Un espacio que, si nos sentamos sobre su embozo, estaremos limitando en nuestro afán de aproximación.

 

Cuando un enfermo ha recibido muchas visitas seguidas, lo más conveniente es averiguar si desea descansar. A veces, por no atreverse a pedirlo los pacientes aguantan y aguantan aún necesitando verdaderamente esos momentos de relax.

 

PREGUNTAR A LA FAMILIA

Si tenemos intención de hablar con los familiares sobre el estado del enfermo procuraremos recordar este último apunte: es más delicado hacerlo fuera de su habitación que en un rincón bajando el tono de voz.

 

Aunque no lo parezca el paciente podría estar escuchando pequeños retazos de la conversación que, sin lugar a dudas, le pueden dejar muy confuso y preocupado. Para evitar malos entendidos de este tipo reservaremos nuestras preguntas para los instantes en que estemos a solas y lejos del interesado.

 

En cuanto a los regalos, conviene que sean objetos que distraigan y agraden; libros entretenidos, poco pesados y no excesivamente complicados, pasatiempos, dulces... Cuando se trata de señoras, las flores y las plantas siempre son todo un acierto.

Irene Gutiérrez

 



Un saludo

Francisco González   

www.irabia.org/chavales10/index.htm



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